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13/11/09

Medidas del alma XIV


-He conducido aún más borracho, créeme.-fui hasta él y lo abracé tomándolo por las caderas, esas caderas que en movimiento me excitaban más que cualquier play boy.-Lamento comportarme como me comporto.-susurré en su oído.-A veces me doy asco a mi mismo.-añadí apartándome para mirarme al espejo y colocarme mejor el sombrero.- Anda, vamos fuera.

-Espera un poco.-dijo sonriéndome a través del espejo.-Aquí esta el aire más fresco.- cruzó sus piernas y se quedó mirándome.-Me he portado mal ¿verdad.-murmuró con cara apenada.-Lo lamento, en estas fiestas se pierde el sentido común.

-Me ha gustado verte así y no llorando, lo prefiero.-dije acariciando su rostro con una sonrisa.

Entonces entró un ex, el último mono que quería ver en la fiesta. Era Mario y apestaba a alcohol.

-Tú por aquí.-dijo alzando una ceja.

-Ya ves.-dije intentando evitar cualquier confrontación. Su hermana seguía siendo amiga mía, por así decirlo, por lo tanto no podía ser un desgraciado sin modales.

-Hacía semanas que no sabía nada de ti, pero escuché que dejaste a Yue.-puso sus manos sobre mi pecho.-Ese mocoso es un incordio, seguro que me echas de menos.-besó suave mis labios y lo aparté casi de inmediato.

-Estás que te caes al suelo.-comenté molesto.

-Bebí algo.-reía bajo jugueteando con sus manos sobre mi chaqueta.

-Mario joder que ya tenemos edad.-comenté tras un suspiro.

-Sí, dieciocho… muy buena edad.-me guiñó un ojo y volvió a besarme.

Yo me aparté como pude. No quería que me tocara y mucho menos frente a Olivier, no quería que pensara que teníamos algo. Yo era alguien libre, aunque atado mentalmente a él.

-Sí, pero de mente de diez años.-lo miré a los ojos dejándolo quieto en un lado del servicio.-Iré a por tu hermana, porque supongo que no has venido solo.-sabía que él solo no iría a un lugar así.

-Ve, búscala está con su novia pasando de mí.-dijo entre carcajadas.

-Quédate ahí quieto joder.-comenté antes de salir del baño.

Busqué a su hermana durante unos cinco minutos, nada más llegar hasta ella me miró sorprendida. Estaba bastante elegante y su novia por supuesto deslumbraba, ambas eran adoradas por hombres y mujeres por su elegancia. A pesar de ser tan sólo unas niñas tenían la apariencia y experiencia de adultas.

-¿Mario?-interrogó confusa.- ¿Qué hizo?

-Tu hermano está en el servicio totalmente ebrio y sacándome de las casillas. Estaba con un chico y empezó a molestar.-murmuré dejándola sorprendida.

-Pensé que lo dejaste con ese chico, al menos eso me dijo mi hermano.-comentó y yo simplemente la tomé de la mano.

-Te la robo unos minutos.-dije a su novia y ella rió asintiendo mientras pedía un refresco.

Nada más llegar al aseo masculino ella se horrorizó, había estado dando la nota y ahora vomitaba manchando uno de los cubículos de los baños.

-¿Oly?-interrogué confuso buscándolo incluso en la zona de urinarios.

-Si buscas al tipo raro con el que estabas se marchó.-rió carcajeándose.

Yo de pura rabia fui hacia él mientras su hermana le gritaba, lo golpeé duro y ella se quedó sorprendida.

-Me has hecho perder a Oly, imbécil.-comenté marchándome por el lado que él había dicho.

Entré en la fiesta y no lo hallaba. Pregunté a varios modelos y ellos me indicaron donde estaba. Al final llegué a él y sonreí aliviado, no se había marchado de la fiesta y podríamos seguir con la conversación. Estaba a punto de caer, podía sentirlo, pero aquella interrupción me alejó de él.

-Lo siento.-dije tomándolo de la cintura, pegando mi torso bien a su espalda. Me gustaba notar sus nalgas cerca de mi entrepierna, eso hacía que mi imaginación y mis hormonas se dispararan.-Su hermana sigue siendo mi amiga y bueno... lo he dejado a buen recaudo.-sonreí satisfactoriamente.-Pensé que te quedarías ahí, según tú hacía menos calor.-murmuré antes de besar su mejilla.

-Sí que hacía menos calor.-murmuró zafándose de mí.-¡Pero no me quería quedar a ver como te la chupaban por los buenos tiempos!-sus amigos se quedaron con los ojos clavados en mí, no sólo ellos sino muchos de los que estaban próximos a nosotros se giraron.-¡Vete con ellos! ¡Vete! ¡A ver si te montas con ellos dos un trío! ¡Seguro que incluso te hace ilusión! ¡Tanto que los quieres!-me dejó asombrado esa reacción, esos celos y esa mirada de fierecilla indomable. Después de ese despliego de capacidad pulmonar echó a correr hacia las escaleras.

Me había rechazado, pero me estaba echando en cara todo. Fui tras él a la misma velocidad, creo que comencé a llorar por la frustración que sentía y lo idiota que había sido. Todos sus comportamientos eran celos, le hacía sentirse mal por ser un zopenco. Cuando llegué a él le giré aun llorando.

-Yo no quiero saber nada de él.-le dije bien claro.-Sólo no le pegué porque su hermana es mi amiga.-mi voz se había quebrado.-Por favor, por favor...-el llanto se hizo más amargo.-Créeme, yo... yo te amo. No sé porqué tienes celos, no sé porqué me tratas así. Si quieres estar conmigo ¿por qué no me aceptas? Ya... yo tengo un límite.-me aparté de él para marcharme. En esos momentos cambiamos las tornas, yo no podía estar más ni un minuto en esa fiesta tras lo que había dicho y hecho.

-¡No seas mentiroso!- gritó desde lo alto de la escalera, antes de que saliera.-¡No puedes sentir todo eso! ¡No me conoces! ¡Ni te has... no me puedes querer! ¡Y yo también tengo mi límite y aquí fue!-gritaba a pleno pulmón sin importarle nada, yo simplemente me salía del lugar escuchando sus gritos desde lo lejos.

1/9/09

Bonjour VI



-Mario, piérdete o le diré a seguridad que te echen.

Estaba dispuesto a echarlo de la fiesta. No me importaba lo que pensara su padre. Estaba molestando y creando un ambiente desagradable. Si él quería jugar conmigo debía de saber que ese plan que llevaba sólo me haría rehuirle. La madre de Yue también estaba presente y me observaba seria mientras conversaba con la mía. Fue ella quien vino hacia nosotros, Clarissa de La Rosa, la reina de hielo en persona. Mi madre se aproximó a nosotros con una sonrisa cordial y una misión, largar a Mario de donde estábamos ambos.

-Mario.-susurró.-tu madre te está buscando.-sonrió mientras lo decía, era como una realidad palpable aunque todos sabíamos que era falso. Cuando hablo de todos hablo de mí y de Mario. Si bien obedeció, ya que quedaría aún más incorregible e intratable.-Olivier, cariño.-murmuró cuando mi ex amante se marchó.-Creo que esto ha resultado un auténtico desastre. Pero de todas formas, siempre resulta de este modo.-sonrió y noté su cansancio, creo que él también lo hizo.-Hizaki, amor.-dirigió sus ojos fríos a mí, clavándolos como siempre hasta la última vértebra de mi columna llevando la sensación hasta la médula.-le podrías llevar a casa.-asentí a su petición y regresó sus ojos a su amigo.-Creo que estarás un poco harto, pero creo que hemos conseguido nuestro propósito en cierta medida. Ya que tenemos las dos inversionistas que nos hacían falta.-volvió a mirarme.-Hizaki ¿me harías ese favor corazón? El de llevarle a casa, pues creo que nadie mejor que tú podrías llevarle, nadie mejor que alguien de la familia, para que así sea tratado como se merece.

Hacía unos meses me había sacado el permiso. Antes de navidad. Me había regalado un coche que era un sueño. Siempre desee un coche como aquel. Para mí su motor era uno de los mejores, ya que era un Opel de alta gama. Su carrocería era negra, uno de mis colores favoritos. Para más señas era un Opel Gt. Sus asientos estaban tapizados en cuero negro y con todas las prestaciones costaba unos treinta mil euros.

-Claro mamá, será todo un placer poder conversar de camino a su hogar.-sonreí a mi madre. Ya que recordaba el día que me lo compró. Era algo increíble. Creo que jamás grité tanto como aquella mañana a las siete, recién levantado y con ojeras, pero con una potencia de pulmones que creo que despertaron a todo el barrio.-Espero que esta invitación no la rechaces, como los cuadros.

-Clarissa no es necesario.-intentaba negarse como siempre, ese chico parecía que tan sólo sabía decir no.-Quizás puedo irme con Trevor.-era su amigo, así que entendí que se sintiera más cómodo con él que conmigo. Aún así, deseaba que mi madre siguiera insistiendo, cosa que hizo.

-Por supuesto que es necesario.-replicó ella con una encantadora sonrisa.-Aparte, mi corazón.-dijo agarrándome del brazo de forma afectuosa, cosa que me dio miedo.- ¿No crees que encargarte con mi hijo representa una muestra de la confianza que te tengo? mira que te presto a uno de mis dos mas grandes tesoros.-casi abro los ojos más de la cuenta, eso no era normal en ella. ¿Mi madre diciendo eso? O el vino era garrafón o estaba más animada de costumbre.

-Bueno, si lo pones así, no puedo negarme Clarissa.-susurró aceptando la proposición de mi madre.-Será un enorme favor el que me haga, joven Hizaki.-dijo con una sonrisa, de nuevo sonreía y yo otra vez lo miraba con ganas de desnudarlo.

-Ven, te enseñaré a mi pequeño.-amaba mi coche, mis motos... dios como amaba la velocidad.-Está en el garaje con las motos que poseo. Espero que te gusten los descapotables.-dije haciéndole un gesto para que me acompañara.-Vengo ahora.-sonreí a mi madre de forma ¿encantadora?

Él me siguió como pollito. Me preguntaba si mi madre se habría percatado de mi interés en él, aunque no fuera sexualmente hablando. Quería conocer a personas de mi edad que no fueran el círculo de siempre, me quejaba de que únicamente tuviera un par de amigos y el resto me causaran cierto repelús.

Cuando entramos al garaje encendí la luz y mi coche se iluminó por su carrocería brillante. Fui hacia el lado del copiloto y lo abrí, el mío simplemente lo salté hacia dentro y me puse el cinturón.

Al montarnos puse uno de mis cds, era yo cantando pero seguramente ni se daría cuenta. Lo había grabado con mi padre, era un estilo distinto al rock que llevaba sino algo más pop y bailable. Lo habíamos hecho antes de navidad, en un estudio algo casero. Pero sonaba bien y terminaría grabándolo en mejores condiciones que en la cual fue grabado por primera vez. La canción pegaba demasiado con mi forma de vida, pero mientras Olivier no me juzgara por eso y me siguiera tratando como hasta ahora todo iría bien.

-Espero que no te importe.-dije abrochándome el cinturón para hacer rugir a mi maravilla.

-No, no importa.-respondió mientras salíamos al fin, al principio no pero al final terminé manejando bastante rápido.

Noté como pegaba su frente a la ventanilla con los ojos cerrados, así que supuse que la velocidad no iba con él. Estábamos parados en un semáforo, esperaba impaciente que me diera vía libre.

-De nuevo tengo que pedirte disculpas, me olvido del mundo cuando conduzco.-entonces escuché un fallo en la pronunciación de una palabra. Tendría que mejorar mi inglés.

-Lo lamento, en realidad lo lamento joven Hizaki.-susurró y yo tan sólo miraba a las chicas que estaban a punto de cruzar.-Sólo no estoy acostumbrado, pero nunca he podido viajar a gran velocidad.-decía y yo esperaba pacientemente el cruzar de aquellas bellezas. Se me olvidó de con quien iba, de que había estado toda la noche persiguiéndole.-Incluso en el avión es un poco difícil...por eso prefiero navegar

Pasaron al fin por el cebrado y me quedé mirando sus piernas, una de ellas se giró y se quedó mirándome. Yo sólo sonreí y cuando pasaron todas arranqué sin más. Cuando lo miré me di cuenta que estaba como acobardado en el asiento, no entendía esa actitud que había tomado. Tampoco conducía tan rápido y mucho menos pensaba que mi compañía fuera tan aburrida.


-Para de llamarme joven Hizaki.-dije con una sonrisa en mis labios.-Todos me llaman Hizaki a secas o Hiza.-me sentía cómodo con él.-Aminoro la velocidad porque no me gustaría que te marearas ¿Qué clase de anfitrión y futuro amigo sería? espero que seamos amigos, me agradas. No eres como los típicos niños insoportables, además mi madre me habló bien de ti.-giraba lentamente hasta llegar a una de las calles que darían al barrio dormitorio.

-Su madre es una mujer extraordinaria, seguro que ha exagerado al hablar de mí.

-Dijo que eras algo tímido, no mintió en ello ¿por qué si en el resto? Tienes talento, lo he visto por mis propios ojos.-cuando paré en otro semáforo sonreí aún más.-Aunque debo de decir que no me dijo que eras tan joven, pensé que tendrías su edad.-entonces reí bajo recordando el día que me ofreció el leer aquella revista.

-Entre a la escuela de diseño muy joven y dure muy poco tiempo... ya tengo casi 10 años en el diseño.-

-Lo que no pensé es que Mario creyera que quiero estar contigo, ese maldito crío es insoportable. Si mi madre supiera... se moría.-dije cuando comentó aquello. Sabía bien su carrera.

-Supongo que es tonto preguntar si tus gustos son.-balbuceó intentando encontrar la palabra.-amplios.-casi me carcajeo con la definición que le otorgó a ser bisexual o gay.-No creo que Clarissa se altere con eso.-no conocía a mi madre, se notaba. En ese aspecto no la conocía. Aunque sería un alivio.-al menos, conmigo, conmigo.-murmuró algo sonrojado.-Conmigo fue de mucha ayuda cuando.-tartamudeaba aún al hablar, era muy dulce.-Cuando tuve que irme de Paris por, por asuntos personales.-no sabía esa faceta de mi madre, pero me agradó conocerla.-Supongo, bueno, creo que eso tiene que ver un poco con lo que ha sucedido.-se sacudió un instante la cabeza y se autoabrazó un poco más.-Lo siento, he hablado demasiado.-murmuró.-Perdóneme por favor.-paré en un nuevo semáforo y comencé a reír.

-¿Te han dicho que te ves encantador así sonrojado y balbuceante?-pregunté volviendo al volante.-Soy bisexual, si es a lo que llamas gustos amplios.-reí bajo observando el semáforo, se puso verde pero no había nadie así que podía quedarme con él hablando sin más.-Y deja de tratarme de usted, yo no lo hago.-me daban ganas de revolverle los cabellos. Sin duda era todo un show. Parecía más pequeño en edad que yo.- ¿En qué calle dijiste que era? esta parte de la ciudad no la sé muy bien.-tenía que desviar el tema de la conversación, era cierto que mi madre era su amiga... no sé si me mataría si lo acosara pero, no me pude morder la lengua.-Me pareces atractivo, en parte Mario tenía razón, pero no pienso acosarte porque mi madre me mataría. Mandaría hacer sushi con mi joven cuerpo... No tienes porqué preocuparte por mi, no te voy a meter mano.-de momento... eso faltó decirlo. Sin embargo, no quería asustarlo más de lo que estaba.

-En un par de manzanas más, de vuelta a la derecha.-no levantaba su mirada, estaba con sus cabellos sobre su rostro algo avergonzado.-es un loft, antes eran edificios dedicados a industrias o cosas parecidas.-explicó algo más relajado.-Pero, últimamente, han ocurrido movimientos artísticos por aquí que han hecho interesante este lugar.

-Mi hermana vive por aquí, mi madre no lo sabe. El día que lo sepa creo que se morirá de rabia, eso sí sin soltar ni una palabra.-observé las casas y comencé a entender porqué todos venían aquí, eran bastante apartadas del ruido, se debería dormir de una pierna.-Oye, en serio mi propuesta de los cuadros está en pie. Además si deseas usar la biblioteca que tenemos puedes pasarte, yo encantado te presto el libro que quieras.- Total, eran de mi padre y son mi herencia.-Tú me dirás.-entré en la calle que me dijo, así que a esperar que me dijera donde.

-Muchas gracias por su invitación, quizás la tenga a consideración después.-me alivié, pensé que tal vez aceptaría y lo volvería a ver pronto.-Es aquí.-dijo señalando uno de los edificios.-En este.-abrió la puerta y sonrió.-Gracias por traerme, muy amable.-se despedía cuando salía y se cayó.

Salí apresurado del vehículo pero, cuando cerré la puerta para auxiliarlo, ya estaba en el suelo. Lo levanté con cuidado pegándolo a mí, a pesar que había notado que el contacto físico no le agradaba.

-Espera.-dije buscando por el lugar en la acera un banco, solía tener en estas calles de anchas aceras bancos y pequeños árboles, eran lugares agradables para pasear. Entonces lo vi y con cuidado lo tomé por la cintura.-Agarra bien, voy a mirarte ahora el pie y si hace falta vamos al centro de salud para que lo venden. No pises, agárrate bien a mí.-caminé con él unos pocos pasos para sentarlo y me senté a su lado agarrando el pie observándolo.-Se pondrá feo, algo hinchado hoy y mañana quizás.-lo toqué lentamente palpando si veía fractura o algo peor.-Pero no creo que tengas que ir al médico, eso sí no lo pongas en el suelo.-lo miré sonriendo intentando contenerme las ganas de besarlo. Era adorable, adorablemente violable.

-¿No está roto verdad?-lloraba mientras hablaba en un hilo de voz y tenía los ojos cerrados.-Pero duele.

-Claro que duele, te has lastimado el pie.-dije observando su rostro, intentaba quitarle hierro al asunto pero al verlo llorar no pude. Lo tomé del rostro limpiando sus lágrimas con mis dedos.-Ey, mírame y piensa algo bueno solo lo vi yo. Imagina, esto te pasa en un supermercado y te hubieras muerto de la vergüenza.-eso sería un alivio, al menos para mí lo sería.-Vamos, te llevo a tu casa y te ayudo a ponerte una venda.-me levanté y lo tomé en brazos, no pesaba demasiado porque era muy delgado. Caminé hacia el portón de la vivienda.-Dame las llaves para que pueda abrir.

30/8/09

Bonjour V



Después de estar con Lexter me encamé con varias personas, entre ellas ese muchacho. Se puso a tiro, estaba deseando que lo tomara y el sexo me gustaba. No sé si lo recuerdan, tal vez le suena el nombre de Mario. Sus padres habían vuelto al círculo de mi madre al regresar a la ciudad y yo tenía que ser cortés. Ya le había perdonado su desliz, pero sabía que él me pediría volver a salir o intentar algo conmigo.

-Hizaki.-dijo su padre e hizo que me girara, claro que yo puse la mejor de mis sonrisas.- ¿Vienes a conversar con nosotros? está Mario allí y desea hablar contigo.-se aproximaba a mí. Sabía que su hijo era homosexual y que estaba encaprichado. Si no fuera un joven de alto nivel adquisitivo me compraría como esclavo. Ese niño tenía todo lo que quería.

-Un momento.-respondí y se marchó.-Yo también tengo mis obligaciones, pero a veces las salto.-dije manteniendo las distancias.-Sobretodo cuando son un coñazo.-murmuré en voz baja.

-¡Hizaki!-gritó afeminado, repelente y odioso.-Es un sueño volver a verte, un alborozo para mí.-más repipi no podía ser.

-Oh, sí y si supieras cuanto para mí.-era sarcástico, pero él no lo notaba.

-¿De verdad?-dijo puramente ilusionado mientras se colgaba de mi brazo. Yo tan sólo miré a Olivier y sonreí.

-Sí, justo se lo comentaba a Olivier.-me agarró aun más del brazo y estuve a punto de reírme a carcajadas. Esa situación era para reír o llorar.-Oye, ¿por qué no vas a por ponche para los dos?-el asintió y yo comencé a reír de puro nervio, me sacaba totalmente de mis casillas.-Bueno espero que sus obligaciones sean más entretenidas que las mías.-me despedí con un gesto de mi mano, Mario se había ido por el ponche correteando prácticamente.-Espero poder conocerle más y ser amigo suyo, es alguien interesante.-noté su sonrojo cuando me aparté de él, fue en la misma dirección que mi desagradable compañía.

Los seguí a ambos. Notaba la mirada de arpía de Mario y no iba a dejar que se tomara la delantera. Olivier se colocaba con rapidez unas pinzas en la cabeza, de esos palillos orientales que servían para hacer recogidos. No tardó mucho en hacerse presente y ponerse histérico.

-Entonces ¿Eres el nuevo regalito que trajo Clarissa porque se siente culpable por su divorcio?-eso fue lo que escuché y mis ojos llamearon, pero permití a Olivier que él le respondiera.

-En primera, joven, es de pésima educación y peores maneras, hablar mal de la anfitriona.-decía aquello mientras se echaba su bebida.-Así como aludir esa clase de proposición y sobre todo, indagar en asuntos personales que no le tienen ninguna incumbencia.-me reí bajo ante lo que había dicho, sin duda tenía un genio de los mil demonios. Era algo más para añadir a la lista de encantos que poseía.

-Para que te vayas entendiendo.-dijo acercándose a él.-Vas a tener que hacer fila

-Nunca he necesitado eso.-se veía a leguas que no hacía falta. Ese cuerpo tan delgado te hacía pensar en que posturas dejarlo y como disfrutar de él.-Créame.-añadió con una sonrisa.-Así que si me permite.-dijo intentando alejarse de él.

-¿Se puede saber qué demonios estás diciendo?-increpé sin alzar el tono de voz. Olivier aún estaba próximo a nosotros.

-No estoy por la labor que ese me quite el puesto, ya tengo bastante con que sólo sea el juguetito cuando te cansas de tus ex. Quiero volver a conquistarte como hace meses.-me tomó de la corbata y sonrió.-Entre tu novio, las fulanas... no quiero más competencia, además sé que me echabas de menos.-esas maneras... no me agradaban. Lo agarré bien de los brazos y le observé con el rostro de asesino en serie regalito de genes de mi padre.

-Vuelve a increparlo y te juro que no tendré compasión, no eres nadie. ¿Entiendes? Nadie. Te debe dar igual si hablo con amigos, si me tiro a quien me tire. Eres el último mono, que te quede claro.-me alejé de él molesto tras agarrar un vaso de whisky y beberlo de un trago. Fui hasta Olivier y me masajeé la frente.-Discúlpalo, es un inútil del cual me tengo que hacer cargo en las fiestas. Su padre es amigo de mi madre, hacen negocios importantes y su madre es una de sus mejores amigas. Es insoportable, no tiene modales y sobretodo a veces me pone en ridículo.-no quería añadir “y me puso los cuernos”.-Lo lamento, realmente lo lamento.-

-No necesita disculparse.-su sonrisa aparecía al fin, era conciliadora pero me gustó.- por mucho que no este agradecido de haber sido blanco de tan fútil ataque, no es su culpa...-Soltó un suspiro mientras su mano acariciaba la nuca. Esos dedos finos que tenían me hacía pensar en lo bien que quedarían sobre mi piel.-Estoy acostumbrado.-murmuró.-de alguna manera, siempre atraigo a personas así.-eso que dijo me entristeció y más aún con lo que prosiguió en su frase.-por mucho que me mantengo alejado de todo... pareciera como si tuviera pintada en la frente alguna señal de moléstame.

Reí ante aquello, intentaba ser amable y a la vez me hizo gracia lo del cartel. Yo tenía uno muy sutil “tiéntame que traigo ganas”. Todos los idiotas de la ciudad me buscaban para terminar en mi cama. Observaba su rostro y su cuerpo, me giré a su alrededor y quedé de nuevo frente a él.

-No te veo ninguna señal, ningún papel. Deben verlo solamente ellos.-sonreí intentando calmar mis nervios.-Espero que no te moleste nadie. Si tienes algún problema dímelo, intentaré hacer que te sientas cómodo. Porque según noto no te gusta este tipo de eventos... aunque creo que eso ya lo dije.-mi tono de voz era conciliador y entonces vino la loca.

-¡No tienes derecho! ¡No puedes hacerme eso!-puse mi mano en su cara y resoplé.

-Mario, piérdete o le diré a seguridad que te echen.

10/7/09

De los errores se aprende VI


Después de tranquilizarme en los aseos con algunos conocidos, decidí ir hacia casa. No podía permitir que alguien me viera de ese modo, cualquiera. Me monté en la moto y desaparecí sin esperar mi parte del dinero. Llegué a mi habitación y no tenía ganas de nada, tan sólo me tiré en la cama esperando que todo fuera una pesadilla. Sin embargo, él entró en la habitación y se sentó a mi lado.

-Hizaki.-susurró acariciando mis cabellos.

-¡Ni me toques!-gruñí alejándolo de mí.

-Has estado meses esquivándome y no entiendo porqué.-aquello me jodió más que todo lo que había hecho. Me creía idiota o quizás tan cegado por él que no me daba cuenta de las cosas.

-Entérate cabrón ni me toques ¿te enteras?-me levanté colocándome a la defensiva y él rió.

-Si no te importara no hubieras tenido este comportamiento.-se aproximó a mí y me sentí acorralado además de acosado.-Vuelve a mi cama Hiza, es donde mejor estás.-me acarició el rostro y tomé su mano retorciéndola.-¡Bastardo!-gritó mientras lo empujaba en la cama.

-¡No te acerques a mí!-grité bien fuerte, enfurecido y entonces él rió observándome.

-Tan sólo lo hago porque lo deseas.-susurró acariciando su entrepierna.-Nadie te sabe domar como yo.

Me tentó hacerlo, me tentó y yo simplemente lo hice. Pateé sus pelotas pisando también parte de su mano. Mis botas de carreras, las de la moto, que era bastante pesadas y una sola patada con ellas podían hacerte ver las estrellas. Él gritaba retorciéndose y yo simplemente lo pateaba aún más.

-¡Vete de mi cuarto!-mis ojos eran seguramente dos aces de fuego.

-No quiero.-respondió mirándome fijamente.

-¡Vete!-ese alarido hizo que mi hermano entrara en el cuarto y nos viera.

-Hiza ¿qué pasa?-preguntó observando a Lexter.-¿Por qué está en la cama?-fui hasta él y lo tomé en brazos saliendo del dormitorio.

-Nada, ¿de acuerdo?-dije dejándolo en su habitación.-No digas nada a mamá, nada.-él asintió y yo besé su frente observando sus dibujos.-¿Son gatos?

-Sí, yo tendré un gato.-respondió mostrándome algunos dibujos.-El que más me gusta es este, es negro completo con una mancha blanca.-sonrió y mostró los que eran en acuarela.

Era algo heredado, sin más. El amor por los felinos y la pintura sin duda era de mi parte paterna, de mi padre. Revolví sus cabellos olvidando que ese desgraciado aún seguía en mi cuarto, sonreía observando que aún mi hermano seguía inocente y alejado de la realidad que a veces nos rodeaba.

-Debes mostrárselo al viejo.-dije sentándome a su lado.

-¿Crees que me comprará uno?-siempre preguntaba lo mismo, no le importaba obtener la misma respuesta… un no tajante por parte de nuestra madre.

-No te dejará mamá.-resopló y agarró la DS. Tenía un juego donde tenía que cuidar mascotas, su favorito era cuidar gatos.

-Ese es nuevo.-dije observándolo.

-Sí, es que el otro ya murió. Estaba algo viejo, este es su hijo.-comentó y yo eché a reir.

-¿Tiene ese nombre tan idiota?-pregunté mirando la pantalla.

-Nya no es un nombre idiota, es bien bonito y además tú no eres su dueño. No tienes porqué decirle idiota a mi gato, tiene más neuronas que tú.-empecé a reír a carcajadas, ese orgullo y prepotencia… era genial en ese cuerpo tan delgado.


-Está bien Nya es un nombre elegante.-respondí tras carcajearme un buen rato.

-Tú ríete, pero seguro que algún día un dibujo animado se llamará Nya y yo seré su creador.-miré los tomos que estaba leyendo de mangas y sonreí.

-Nekos, siempre nekos. Si no tienen nekos no te gustan.-me mostró entonces un dvd.

-Se llama Chii.-sus ojos brillaron.

-Chii.-respondí.-¿Pipi?

-Sí, luego dices que Nya es idiota. Pues esta gata se llama Chii.-besé su frente y me levanté para irme al dormitorio, esperaba que él no estuviera.

-Adiós baka.-escuché a mi hermano decirme aquello, pero no respondí.

Al entrar en mi habitación él no estaba, parecía haber sido un sueño extraño. Me quité la ropa y me puse en bata para poder chatear por la mensajería. Hablaba con amigos de forma amena hasta que él se conectó. Mario seguía con ese nick desesperado para que le hiciera caso, acto seguido apagué la sesión y me tumbé recordando que tenía que hacer los ejercicios de varias asignaturas.

Estuve toda la madrugada para terminarlos, ni cené, pero lo preferí. Tenía la mente ocupada, no me torturaba nada de lo que había pasado en los últimos meses. Terminé a eso de las dos de la mañana y caí rendido. Al día siguiente sería otro día.

30/6/09

De los errores se aprende I




Capítulo 3: De los errores se aprende, unas veces más y otras menos

Durante semanas estuve saliendo con Mario como acordamos. Él tenía sus noches románticas y no me acosaría. Aunque he de ser sincero, me volví fiel. Se lo aclaré, que realmente no buscaba sexo en otros y únicamente en él. Se sintió halagado y fortalecimos el pacto. Sin embargo, comenzó a dejarme de lado. A veces no quería quedar, decía que tenía demasiados exámenes y era falso. Sin embargo, pensé que llegó el momento para él de tomarse su tiempo. Todos necesitamos momentos de soledad, quien diga que no miente o nunca ha meditado a solas.

Cada vez que quedábamos teníamos discusiones. Él quería verme más antes, pero se volvió gritos por hacer coincidir cuando ambos podíamos. Eso me confundía. Que dejara de estar sobre mí me dolía en parte, sólo en parte. El sexo era ocasional y al ser fiel a él me estaba desesperando.

Un día habíamos quedado a las seis de la tarde en una pizzería, tomaríamos algo y después iríamos a caminar por la ciudad hasta decidir qué hacer. No era un plan sumamente detallado, pero habíamos hecho planes. Me dijo que no podría al final, me llamó y canceló la cita. No entendí porqué. Era sábado, teníamos más tiempo libre y él dijo que no porque no le apetecía.

Tuve una idea brillante, comprar la pizza y alquilar películas para verlas. No sería demasiado romántico, pero los títulos de los dvd prometían. Llevaba una camiseta que él mismo me regaló, junto con mi chupa de cuero y mis jeans algo caídos. Llamé a la puerta y nadie abría, se suponía que quería dormir. Sin embargo, tenía un as en la manga y recordé que solía guardar una copia de la llave en una maceta del pasillo. Lo hacía por si se olvidaba las llaves dentro.

Al abrir dejé la pizza en la mesa del salón, me quité el mp4 y entonces escuché gemidos. Eran audibles aunque leves, eso me crispó los nervios. Sentí que de mi cabeza creían astas. Ya no eran pequeños cuernos, sino que un venado tenía menos cuernos que yo. Fui hasta el dormitorio y lo vi con otro metido en la cama. Disfrutaba como no lo hacía ya conmigo y me harté. Retiré al cabrón que usurpaba mi puesto y lo apaleé hasta dejarlo inconsciente. Él salió corriendo pero terminé por agarrarlo de su melena rubia.

-Eres peor que una puta.-dije en un tono bajo, pero lleno de veneno y rencor.-Desgraciado de mierda.-nada más decir eso le pegué un buen puñetazo en la cara, tanto era así que mi único anillo rasgó su mentón.

-Por favor Hizaki.-balbuceó llorando. Momentos antes tan sólo había gritado como un loco.-Por favor, perdóname.-rogó acariciando mis deportes, deportes que estuvieron a poco de patearle la cabeza.-No sé que me pasa, cuando alguien al fin me hace caso yo…

-¡Tú eres una puta!-grité a pleno pulmón.

-Mi amor… yo.-cuando dijo mi amor yo levanté mi deportiva y pisoteé su mano.

-No me toques, no vuelvas a tocarme ni siquiera los zapatos. Eres basura, eres una gran mierda hedionda. No quiero que te acerques a mí.-mis ojos brillaban llenos de cólera y tomé la pizza y se la tiré encima, aún quemaba, al igual que los refrescos.

Agarré las películas y me fui. Eran alquiladas, las devolvería al día siguiente o cuando el enfado se pasara. Tenía que ir a mi lugar especial, tenía que volver al mirador. Pero entonces mi hermano pequeño me llamó al móvil, nada más salir del edificio.

-Hiza tengo sueño y no puedo dormir.-eso fue lo primero que me dijo, algo en mí se ablandó y dejé de pensar en mis problemas.

-Voy para casa, acuéstate en mi cama y ya voy.-dije con una fingida felicidad, una de esas que se inventan y meten en lata de sonrisas falsas.

-Onii-chan.-murmuró antes de cortar la comunicación.-Te quiero.

Sonreí y esta vez lo hice de todo corazón. No podía sentirme mal si él estaba, si estaba ahí. Mi hermano pequeño me daba las alegrías que no me daba nadie. Con una sola palabra conseguía que todos nos quedáramos escuchándole. Tenía un carácter a veces siniestro, por culpa de los genes de mi padre, sin embargo era dulce y cariñoso.

Caminé hasta casa, pude coger un taxi pero necesitaba pensar. Me fumé unos cuatro cigarrillos mientras observaba a las parejas pasar a mi alrededor. Todos tenían a alguien para amar, para disfrutar de la noche, y yo únicamente me había quedado con las ganas de matar a alguien.

Si bien, sabía que esa carencia me había llevado a esas consecuencias, a sentirme frustrado y solo. Además también de cornudo, con el honor por los suelos y también el orgullo. Apreté los dientes y seguí caminando con una colilla en los labios, el aire frío de la noche se pegaba a mi cara y ya era Marzo. Pronto llegaría la primavera y el mundo sería un hervidero de hormonas. No sabía realmente qué hacer. No volvería fácilmente a estar con alguien, eso me decía y estaba cien por cien seguro que no lo cumpliría.

El deseo de tener una pareja era natural en los adolescentes, yo no era una excepción. Quería un chico a mi lado que me dejara protegerle, darle todo y que él se dejara llevar. Me gustaba cuidar y dar cariño a mis parejas, aunque todo salía mal. Los chicos y las chicas de una noche, a veces de tan sólo una hora, me venían bien y nunca tenía problemas.

No llegué ni a pisar el salón cuando lo vi. Era mi hermano, se había dormido en las escaleras esperándome. Tenía una linterna entre sus manos y un peluche en sus brazos. Sonreí al verlo de aquella forma. Fui hasta él y lo tomé en mis brazos. La linterna cayó de su mano y se rompió, sin embargo él ni cuenta se dio. Seguía dormido profundamente, lo había logrado aunque prácticamente en el salón. Al llevarlo a mi habitación lo acomodé en mi cama, me saqué la ropa y me tumbé a su lado. Le di calor, ya que estaba helado, y él se pegó bien a mí.

27/6/09

Ser O No Ser X


Me excitó con facilidad y yo a él. Parecía que nos cumplimentábamos de alguna forma. Sus labios ardían y prendían a los míos, pronto los tuve pegados a mi entrepierna. Me agarré de sus cabellos pegándolo bien a mí, no quería que dejara de hacerlo. Era bueno con la boca, realmente bueno. Sin embargo, no me quedé quieto y terminé cogiéndomelo de forma que lo dejé roto en mis brazos. Me movía de forma brusca y él gemía buscando donde agarrarse.

-¡Hizaki!-gritaba descontrolado.

-¡Muévete!-le reprochaba, mientras le maniataba las muñecas.

Era desquiciante el ritmo que tomábamos. Tanto era así que no tardamos demasiado en finalizar entre alaridos. Mis manos se aferraron con fuerza a sus nalgas, se aferró a la almohada, y su espalda se arqueó echando hacia atrás su cabeza para apoyarla a mi pecho. Juro que jamás vi a alguien contorsionarse tanto al momento de la eyaculación.

-Te quiero.-dijo girándose para quedar cara a cara.-Te quiero.-repitió besando mis labios con cierta ansiedad.

Yo por supuesto no dije nada, decir algo hubiera quedado falso y una mentira no era lo mejor. Tan sólo lo abracé arropándolo bien con las mantas, para dejar mi mente en blanco hasta que él se quedó dormido. No pude pegar ojo hasta pasadas las dos de la mañana, entonces caí en un sueño extraño del que sólo recuerdo fragmentos. Los fragmentos eran únicamente ojos café, un aroma agradable y la sensación de un abrazo lleno de dulzura. Ese sueño hizo que al despertar me sintiera bien, por primera vez en mucho tiempo me notaba lleno de paz.

Eran las ocho de la mañana, él dormía y yo decidí largarme sin decir nada. No dejé ninguna nota, no estaba acostumbrado a ello. Me di una ducha rápida antes de marcharme y al llegar a casa me inventé la excusa de que ensayaba para la obra. Mi madre se alegró de que hiciera algo artístico además de estudiar, que me desahogara de alguna forma. No sabía lo bien que me había desahogado la noche anterior, no tenía ni idea.

Los días fueron pasando, yo me fui preparando exámenes y el libreto. Él seguía mandándome mensajes, quedábamos para desfogarnos y también lo hacía con mujeres. Ellas me tentaban, a pesar de no querer nada con ellas siempre me apetecieron. Chicas descaradas o maduritas con demasiado bisturí encima, no importaba. Todas caían a mis pies, eso me hacía resarcirme de fracasos. Cuando llegó el día acordado para el casting, más bien para la designación de quién sería quién, me sentía bastante nervioso. Una semana completa había trascurrido, una semana de ensayos frente al espejo y al final lo logré.

Mario dijo que debíamos celebrarlo, que era un logro. Ambos habíamos conseguido papeles importantes dentro de la obra, yo por supuesto el del Tenorio y él mi contrincante. Por supuesto que lo festejamos y fue en los servicios del instituto en horas de clases. Allí volvió a pedirme salir formalmente, me dijo que lo necesitaba y yo acepté. Lo hice por la euforia que mantenía tras la prueba.

-Soy feliz.-susurró abrazándome con fuerza.-No te arrepentirás.

-Supongo que no.-dije acariciando su rostro antes de abrir la puerta de los baños.-Nos vemos a la noche, hoy tengo clases de baile y Aikido.-él sonrió apoyado en los lavabos mientras acomodaba la corbata del uniforme.

Pasadas las clases de Matemáticas e Historia del Arte llegó la hora de la comida. Solía comer en casa, pero iba con prisas así que fui al comedor. Había un buen menú mediterráneo con ensaladas y macedonia de frutas. Creo que repetí, no lo recuerdo bien, sin embargo sé que fue la primera vez que me sentí satisfecho de la comida de la cafetería. Después corrí hasta mi moto, Elena, la cual me esperaba dispuesta a que la montara hasta la academia en la zona nueva de la ciudad.

Digamos que la zona nueva es donde está parte dormitorio de la ciudad, hoteles caros y construcciones de más de veinte pisos. Por sus calles había tiendas de moda, cafeterías bohemias, el casino y galerías de arte. Se estaba convirtiendo en un lugar para descansar y para el ocio. Los trabajos serios estaban en el centro de la ciudad y en la zona norte, donde se encontraban las fábricas junto al campamento militar.

Nada más llegar a la academia “Apocalipsis in the Scene” me sentí como en casa. Fui hacia los vestuarios y me arranqué prácticamente el uniforme, colocándome la ropa de baile. La ropa era algo holgada y parecida a la que usaba en el gimnasio. Entré en el salón de baile donde estaba mi maestra y sonrió.

-Hola cariño-dijo caminando hacia mí.-Te eché de menos el otro día cuando no pudiste venir.-me abrazó y besó mi mejilla.-Te tengo una sorpresa, espero que sea de tu gusto.-me extendió entonces un Cd.-Tiene canciones que aprenderás a bailar, son de varios cds que tenía en casa y que opino que sacan lo mejor de uno mismo.-miré el listado que había en el dorso de aquella cajetilla y sonreí.

Las canciones que había escogido tenía distintos ritmos, pero predominaba el gran Michael Jackson. La primera de todas era sensual “In the closet”, la siguiente movida y que se podía aplicar a mi familia “Smooth Criminal”, seguida de la mítica “Thiller” y mi favorita “Bad”. También había algo de Elvis “Jailhouse” o “Heartbrak” añadiendo a James Brawn con “I feel good” y por supuesto como colofón “Let’s dance” de David Bowie. Ella tenía una filosofía bastante tajante a cerca de la música de baile, la que usábamos para aprender, y era que la buena música se había hecho en los ochenta y noventa, que ahora tan sólo eran ecos de vertederos. La entendía, mucho mejor de lo que ella pensaba.

-Vaya, menuda selección.-sonreí y ella me acarició el rostro.

-Lo mejor para mi mejor alumno, además hoy no vendrá nadie más.-comentó tomando el cd de mis manos.

-Genial, a veces me ponen de los nervios los que comienzan.-dije mientras ella daba a play a la minicadena y esta comenzó a resonar la voz del Rey.

-Lo sé y eso que solo damos clases con tres más durante tu estancia en el aula.-rió bajo quedándose frente a mí y sonrió.-¿Has visto alguna vez el videoclip?

-Sí, por supuesto.-he de ser sincero pues la primera vez que vi el video no me fijé en Michael, sino en Naomi.

-Bien, inténtalo conmigo y veremos en qué hay que corregirte.-inició esos movimientos provocadores y yo me quedé mirándola fijamente.

Mi profesora se llamaba Victoria, era de orígenes cubanos y su suave tono de piel canela me incitaba. Había sido mi amante de una noche, lo habíamos pasado bien y la verdad es que se movía mejor en la cama que en la pista de baile. Creedme era y es una gran bailarina, la mejor que haya conocido en mi vida, pero sobre el colchón era la mejor.

Los pasos surgieron de mis pies a medida que el ritmo llegaba a ellos, me movía parecido a él ya que igual era imposible. Se puede imitar, pero no igualar, y ella me lo dijo mil veces. Cada uno tiene un estilo, una forma de ser que deja en sus pasos. Nuestros cuerpos se tocaban, los pies se deslizaban por el parquet y al término de mis pasos me di cuenta que ella aplaudía algo alejada de mí.

-Lo has hecho muy bien.-se aproximó a mí y me besó en la mejilla.-Deberías de inscribirte en el concurso de baile, se hará en un mes y seguro que terminarás deslumbrando. Aunque deberemos de mostrar pasos nuevos, algo que sea interesante y atractivo.-se cruzó de brazos frente a mí y me miró de arriba hacia abajo.-Con esa pinta de gángster que siempre llevas podríamos hacer algo atrevido, que recuerde a Jackson pero que a la vez deslumbre.

-Siempre con él en los labios.-ella asintió con una sonrisa.

-Es mi ídolo y me alegro que a ti te guste, no te soportaría si no fuera así.-me revolvió los cabellos y fue hacia la minicadena pasando a una de las pistas de Brown.

-Cuando alguien es bueno, con tanto talento y pasión, hay que admirarlo sin más.-se giró con esa encantadora sonrisa y me tomó de la mano.

-Con esta canción haremos los pasos que te mostré el otro día, ya sabes cuales son, y te dije que debías de aprenderlos bien en casa.-eran difíciles, demasiado acelerado, pero un par de noches que no pude dormir me vinieron bien.

-Lo sé.-iniciamos el ritual frente al espejo que había en el fondo y comenzamos a movernos.

-Paso al frente, giro… paso.-su voz resonaba junto a “I feel good”.

Yo simplemente tarareaba mientras bailaba junto a ella. Terminamos riendo a carcajadas, pues nos estaba quedando bastante bien a pesar de unas leves equivocaciones mías.

Las horas pasaron con rapidez, dos horas inigualables. Amaba esa música de los cochenta, música que realmente valía la pena, y también la de los noventa junto a Elvis que siempre sería el rey de cualquier época. Tenía razón cuando decía todo aquello, lo notaba tras las clases. Al llegar a casa simplemente me di una buena ducha y estudié el resto de la tarde hasta la noche.

Ser O No Ser IX

Ya que en este blog uso a Lee Jun Ki para ser Hizaki... he decidido hacer una edición especial en memoria de MJ. Espero que no le importe a nadie

-¿Qué?-dijo algo incrédulo.-¿Pretendes jugar a un videojuego antes que pasar conmigo cinco minutos al menos?-su tono de voz era bastante molesto, sin embargo sabía que podía calmarlo con dos palabras.

-Necesito descargar tensiones y no quiero hacerlo contigo, mejor dame un videojuego.-me apetecía echar una partida, si era con alguno de rol o golpes mucho mejor.

-No tengo.-mentía, lo veía en su cara.

-¿DS?-interrogué como si fuera un niño pequeño.

-Menos.-sus ojos estaban entrecerrados, sus brazos cruzados y se sentó a mi lado con la espalda demasiado erguida.

-Aburrido.-resoplé tirándome hacia atrás en el sofá.

-No, soy alguien que ama la literatura y prefiero leer antes que matar marcianitos.-aquello me hirió en parte, se las daba de intelectual como si yo no tuviera cerebro.-Tú no me entenderías, pero amo leer.-alcé una ceja cuando escuché esas palabras, parecía que tenía ganas de que lo humillara.

-En casa tengo una biblioteca de más de mil ejemplares, tengo el sumo gusto de aclararte que he llegado a leer dos volúmenes al mes e incluso tres si son demasiado finos.-me levanté y eché a caminar hacia la puerta.-Si crees que yo no estoy a tu nivel te equivocas, más bien soy yo quien está por encima de ti. Tranquilo, me iré y así no tendrás que soportar conversar conmigo. Tal vez te molesta demasiado que sepa más que tú y te lo restriegue en la cara.-al abrir el pomo de la puerta me giré.-Sobre el libro que estás leyendo, porque he visto que es el único que está fuera y con marcapáginas, te diré que lo leí con diez años. Es algo entretenido ver como encierran a un chico en una torre para luego darle el trono que merece, además del trato, regresándolo mientras le hacen pensar que es un sueño. Pero claro, qué puedo decir yo de Calderón pues soy tan lerdo que no sé ni a penas leer.-decía saber mucho de mí, pero no conocía mis notas en literatura y quizás tampoco en matemáticas o historia. Me había molestado tanto que tenía ganas de golpearle.

-¡Hizaki!-gritó corriendo hacia mí para agarrarme de la muñeca.-Perdóname, por favor.-rogó lloriqueando de nuevo.

-Suelta.-dije con el ceño fruncido.

-No, por favor Hizaki.-susurró con temor de que me fuera por esa puerta y jamás me volviera a ver. Se podía leer eso y mucho más en su expresión corporal, en su tono de voz y en su mirada.

-¿Por favor qué? Piensas como todos. Que por ser un niño rico, un tanto patán y amante de las peleas soy un idiota. No tengo cerebro ¿o qué? ¿Crees que compro mis notas? ¿Es eso?-pregunté empujándolo.

-Es que no es lo normal, no eres el chico típico.-si intentaba arreglarlo con ello, la estaba cagando más conmigo.

-¿No soy normal? ¿Qué soy? ¿Un juguetito nuevo? Uno de esos que consigues para un rato, le dices que son especiales y te los tiras. Terminas enamorándolos, los llevas a una felicidad estúpida y lo tiras como clínex. ¿O quizás soy tu única oportunidad de tener a alguien que no te use a ti? ¿Piensas que soy una hermanita de la caridad lo bastante idiota como para quedarse a tu lado? ¿Qué pretendes? Tan sólo nos hemos acostado una noche, nada más. Hemos mantenido una relación esporádica, podíamos haber seguido siendo amigos y poco a poco irnos conociendo. Si la cosa daba más, pues daba a más. Pero no, el señorito quiere meterme en una relación estable cuando no quiero.-no hablaba, estaba bien callado escuchando todo y se iba molestando aún más. Cuando llegó a su tope noté un buen bofetón.

-¡Cállate! ¡No vuelvas a juzgarme!-gritó agitándose entero.-¡Pensé que eras distinto! ¡Que me protegerías!-se abrazó a si mismo mientras lloraba.

Yo no sabía qué hacer, lo abracé y besé en la sien. Me había comportado como un idiota. Él temblaba bajo mis brazos, se aferraba bien a la tela de la camiseta. Ya no me iría, me quedaría. Sabía que con esas lágrimas me tenía que quedar a la fuerza. Sabía conmoverme como pocos, me hacían desear llegar a quererle o desearle como él lo hacía conmigo. Como él decía.

-Vamos, ya es tarde.-dije secando sus lágrimas.-Podemos ir a la cama, descansar y mañana será otro día.

-Será lo mejor.-susurró apartándose para ir hacia la cama y recostarse.

Yo me quité la ropa y me quedé en boxer bajo las cobijas y él hizo lo mismo. Abrazar a alguien era mejor que hacerlo a una almohada. Su piel cálida se pegaba a mí y sus manos acariciaban las mías que estaban sobre su vientre. Fue agradable esa sensación.

-Hizaki.-susurró tras un buen rato, casi una hora.-¿Nunca seré tu novio?-preguntó girándose para quedar recostado sobre mi pecho.-Necesito tenerte, saber que eres mío.-mis dedos inmediatamente acariciaron sus cabellos, se adentraron en ellos mientras le escuchaba.-Me gusta estar así contigo.

-A mí también.-dije besando su frente para después buscar sus labios y separarme antes de besarlos.-Verás, no estoy preparado aún para tener pareja.

-Yo tampoco lo estoy, pero quiero hacerlo contigo.-regresé a la búsqueda de su boca y esta vez sí me pegué a su aliento, me adentré entre sus labios y me hice dueño de sus impulsos.

No sé lo que sucedió, pero de un momento a otro estábamos comenzando a iniciar el sexo. Los besos se intensificaban y su mano bajo hasta mi entrepierna. Parecía dispuesto a darme lo que fuera con tal de que me quedara con él. Puede parecer patético por su parte, sin embargo empecé a pensar que quizás no era mala idea ser su pareja.

25/6/09

Ser O No Ser VIII


Cuando me di cuenta era de noche y al mirar el móvil para ver bien la hora ahí había más de veinte mensajes. Todos eran de él, todos disculpándose y pidiendo una nueva cita más calmada. Quería que nos viéramos a escondidas, decía que me necesitaba y extrañaba. Ese chico tenía una especie de obsesión conmigo, me estaba dando cuenta y no me agradaba del todo. Pero mi ego, sobretodo mi ego, me gritaba que era una oportunidad única. Esa oportunidad de hacer que alguien me adorara hiciera lo que hiciera, sus alabanzas resonarían en la cabeza los malos días y los buenos.

Terminé por llamarlo y citarme con él ese mismo fin de semana. Sería el sábado por la tarde, unas películas, palomitas, media luz y una manta. Eso era lo que quería, me sonaba más a noche de pareja que a otra cosa. Pero no lo vi mal, quería ver algunas que todavía no había logrado conseguir. Así que simplemente me propuse estudiar bastante el viernes y después por la mañana practicaría horas.

Por supuesto cuando llegó la cita aparecí puntual. Él se abalanzó a mi cuello y besándome, mientras cerraba la puerta. Parecía haber olvidado todo lo que había pasado en la cafetería, claro que el viernes fue un día de mensajes subidos de tono por su parte y fríos por la mía.

-Hizaki.-dijo tomándome del rostro.-¿Podríamos intentarlo? Sé que no vas a salir del armario, también que no soy tu tipo.-en eso tenía razón. Por aquellas fechas únicamente me atraían los asiáticos o los europeos de cabellos oscuros.-Sin embargo, yo puedo hacerte feliz.-lamió la comisura de mi boca y se apartó contoneándose.-Anda, vamos al salón alquilé varias películas.

-Yo también traje.-mis ojos seguían hieráticos, al igual que mi actitud.-Además de cerveza.-levanté las latas que llevaba en la bolsa y pasé siguiéndole.

-¿Lo intentamos?-preguntó recostándose en el sofá, quizás pensaba que eso me la pondría dura.

-No.-respondí.-Amigos y nada más.-estaba siendo terco cuando en realidad quería sexo. Desde lo de Anne yo era alguien algo frívolo en ese aspecto. No me importaba en absoluto el sexo por sexo.

-Por ahora estará bien.-dijo poniendo una de sus películas y al mirarlas resoplé.

-¿Romeo y Julieta? ¿Shakespeare in love?-interrogué con el ceño fruncido. No me gustaban las románticas, no quería ver ese tipo de cine.

-Pensé en algo más como El último samurai, Constantine o Death Note.-quería ver esas películas, algo de acción con argumentos lejos del colapso por colesterol.

-No.-dijo buscando el tono de brillo adecuado.-Es una tarde especial, no está bien ver ese tipo de película.-se recostó sobre mí al sentarme a su lado.-Anda, podemos tener una velada romántica.-susurró mordisqueando mi cuello, para luego abrazarme con una sonrisa de enamorado.

-¿Tan bien follo?-dije con cierto tono ególatra.

-¿Cómo?-preguntó algo dudoso.

-Debo de hacerlo bien para que te creas enamorado y que todo saldrá como quieres.-se despegó de mí observándome de forma confusa.

-¿Sólo sexo?-era evidente que sólo fue eso, pero me di cuenta que él puso su ilusión y su deseo de que no fuera de ese modo.

-Lo he dicho varias veces y creo que no escuchas.-se levantó del sofá sin saber bien qué decir o qué hacer.-Amigos está bien, no quiero otra cosa.-tomé unas cuantas palomitas como si lo que dijera fuera normal o habitual.

-Pero sabías que estaba enamorado de ti.-eso no lo sabía, conocía sus ganas de mí pero no lo otro.

-Falso, que estabas obsesionado sí.-cuando escuchó esas palabras vi como le temblaba el labio.

Empezó a llorar como un crío abandonado en medio de un parque en pleno invierno. Sí, eso parecía. Tan sólo faltaban los mocos congelados y el oso de peluche en la mano. Lo estuve contemplando varios segundos en silencio, me gustaba ver como sufría por mí y quizás rogaba porque yo le amara alguna vez.

-Me hiciste muy tuyo.-dijo con una leve sonrisa, una amarga y que quizás intentaba borrar el sufrimiento que crecía dentro de él.

-Te hice el sexo.-respondí.

-Pero yo bien que te dije que te quería.-me levanté del sofá nada más escuchar eso. Me iría, si no captaba lo que era un sexo por sexo que no lo hubiera hecho. Le dejé bien claras mis intenciones.-Espera, no te marches.-dijo tomándome del brazo.-Por favor, quédate.

-Me quedaré, pero no pienso ver esas películas. No soy fan de las historias románticas, es más me dan urticaria.-en realidad me agradaban un par de películas de ese género, pero para nada eran europeas u occidentales.

-De acuerdo.-susurró abrazándome.

-Salgamos.-dije apartándolo para ir hacia la puerta.

-No, si salimos no podré pegarme a ti.-eso me hizo resoplar y bien alto.

-¿Qué no entiendes? Si me acosté contigo es porque tenía ganas, sólo eso.-sus brazos me rodeaban por encima de mis hombros y acariciaba mi nuca con sus dedos.-En serio Mario, que no quiero nada contigo.-besó mi oreja izquierda y la mordisqueó.-¡Mario!-lo aparté como pude y él se quedó con la mirada gacha.

-Si nos acostamos haré lo que quieras.-era una oferta tentadora y sólo era acostarnos.

-¿Sólo sexo?-pregunté.

-Sexo y de vez en cuando tener cenas, algo romántico aunque sin ser excesivo. Podrás salir con otros y otras, verte con quien quieras, pero volver a mí.-me sugería un buen negocio, un trato bastante deseable.

-Conforme.-respondí y él me besó con cierta ternura. Supe que me arrepentiría, pero en esos momentos me venía bien tener ciertos favores y cariño.

-Entonces genial.-puso su mano en mi entrepierna y la acarició.-No veremos películas ¿te apetece otra cosa?-susurró bien pegado a mi cuello, para luego lamerlo.

-Sí, ¿tienes play?-no tenía ganas de sexo y ya, quizás primero podría desfogarme con algún videojuego.

22/6/09

Ser O No Ser VII


-¿Dónde decías que era esa cafetería?-pregunté y él se apartó de mí, para correr a vestirse.

-¡Está aquí al lado!-gritaba subiéndose los pantalones.

Fui con él a esa maldita cafetería. Durante el camino me observaba con una sonrisa en sus labios, esa que es muestra de haber mantenido sexo la noche anterior. Me rozó la mano y rió bajo para luego apretarla.

-¿Qué haces?-dije apartándola.

-Yo…-susurró guardando sus manos en los bolsillos de su chaqueta.

-Tú nada, no quiero que nadie sepa lo mío y se te ocurre hacer eso.-cada palabra mía era un puñal para él, lo sabía y no me importaba demasiado.

-Podríamos empezar a salir, no sé.-se puso frente a mí caminando de espaldas.-No digo ser novios desde el primer momento, pero sí quedar e ir conociéndonos.-veía sus ganas de besarme, de abrazarme en medio de todo el mundo y sobretodo de que le dijera que sí.

-No, por ahora amigos si así deseas.-recalqué bien la palabra amigos.

-Por ahora.-susurró y se giró para caminar más rápido.

Su trasero tenía un movimiento hipnotizante, esos jeans oscuros le sentaban bastante bien. Tenía de esas nalgas prietas, redondas y algo alzadas. Sí, esas que son ideales para apretar entre tus dedos y sentir su dureza. Me provocaba morderlas, pegarle un azote y rozarme sobre ellas.

-Dime.-volvió a quedar frente a frente y me agarró de las solapas de mi chaqueta.-¿Ese por ahora significa que podemos en un futuro tener algo?-sus labios gritaban que los devorara, que no importaba si me tomaban fotos con él en pleno romance o así sería el titular.

-No lo sé.-dije soltándome de él, lo agarré por las muñecas y lo aparté.

-Me pones así, cuando te haces el macho.-rió bajo contoneándose frente a mí para pararse frente al local.-Aquí es.-indicó haciendo tintinear las campanillas de la puerta de entrada.

-Vaya, es un sitio acogedor.-por no decir que era minúsculo, aunque olía bastante bien aquellos cruasanes recién hechos.

-Sí, además aquí me conocen.-se dirigió a la barra y golpeó el llamador.

-¡Ya voy!-era la voz de una mujer mayor, de unos sesenta y al salir sonreí por mi acierto.-Mario ¿no me digas que este chico es tu novio?-dijo ella sonriendo como lo haría una madre.-Mario, cariño que buen gusto tienes.

-No se confunda.-dije con un tono de voz bastante serio y calmado.-No confunda, tan sólo es mi amigo.-tomé una carta para ojearla.

-Se llama Hizaki ¿a qué es guapo?-rió a carcajadas después de decir eso.-Pero sí, sólo es mi amigo. Ojala fuera mi novio, sería el chico más envidiado de la ciudad ¿no crees?-preguntó tomando una de las minimagdalenas que había para degustar.

-Mario no me agrada que hablen de mí en mi presencia.-comenté sin quitar la vista de cada producto de la carta.-Deseo un café con leche y un cruasán con relleno de chocolate.-ellos estaban en silencio, quizás por mi forma cortante de dirigirme.-Por favor.-añadí dirigiéndome a una de las mesas.

-Es un poco amargado.-comentó la mujer.-Chico, deberías de tomar la vida con más soltura y felicidad. Pronto tendrás arrugas.-al decir aquello fijé mis ojos en ella y sonreí de forma leve.

-Al contrario que ustedes, los blancos, nosotros los nipones tenemos mejor cutis.-era cierto, se podía comprobar, y hasta en eso parecía no ser mestizo sino cien por cien japonés.

-No seas así, compórtate.-dijo él trayendo su pedido y el mío.

-Soy como soy.-me molestaba, más bien odiaba, que hablaran de mí como si no estuviera presente. Además, con esos argumentos sobre mi sexualidad o si era atractivo o no.

Tomé el desayuno en silencio mientras él parloteaba. Hablaba de la primera vez que vino al local, de cómo conoció a Mary y sobretodo los buenos recuerdos que tenía en la mesa que nos habíamos sentado. Me contó su vida prácticamente en la media hora, yo no lo escuchaba. Tal cual entraba la información en mi cerebro la borraba, formateaba el disco duro y me olvidaba.

-Otro me hubiera mandado a callar.-yo estaba por pegarle un tiro.-Pero tú eres distinto, me has dejado expresarme y me escuchas.-no escuchaba, simplemente intentaba sobrevivir.

-No, no es como piensas.-tomó una de mis manos acariciándola.-¡Suelta!-me levanté observándole con la mirada digna de mi padre, de sus ojos, y solté el dinero suficiente para el desayuno.-Cuando entiendas que únicamente amistad, que no quiero nada contigo, me avisas. Por ahora no quiero saber nada de ti, absolutamente nada.-salí apresurado a la calle y encendí un cigarro.

Él simplemente se precipitó a salir por la puerta, casi se cae con el hielo del suelo al haber nevado. Me tomó del brazo y al girarme lo vi llorando.

-No, no me ablandarás con eso. Lo siento, pero no soy idiota. Pretendes tener un novio, un chico a tu lado, sin embargo yo no soy lo que tú buscas. No quiero pareja, además me gustan las mujeres.-lo aparté y se cayó de espaldas prácticamente.

No dijo nada, allí lo dejé y no me giré para ver si seguía como un idiota clavado en la acera. Al llegar a casa me di un buen baño de agua caliente, relajante, y dormí prácticamente todo el día. Mi madre entró varias veces argumentando que debía de cuidar a mi hermano, de vigilarlo, pero yo simplemente quería ivernar una larga temporada.

21/6/09

Ser O No Ser VI


Al despertar lo sentí pegado a mí, dormía sobre mi pecho y sus cabellos estaban alborotados. Era la primera vez que me quedaba a dormir con alguien de una noche. Usualmente me marchaba antes de que el marido o los padres regresaran, a veces simplemente no me agradaba que una desconocida me rodeara. También he de reconocer que era el primer chico con quién lo hacía, chico que no fuera Lexter.

-Hizaki.-susurró incorporándose.-¿Vamos a desayunar? Conozco una cafetería pequeña que hace los mejores cruasanes de la ciudad.-besó con dulzura mis labios y se abrazó mejor a mí.-Ha sido el mejor sexo que me han dado.

-No puedo quedarme a desayunar, debo de ir a casa.-respondí bastante cortante. No quería que pensara que significaba algo el haber dormido con él.

-Sólo será media hora más ¿qué tiene de malo?-me rogaba con la mirada, sus manos acariciaban mi pecho y yo quería huir.

-Pues que mi madre no sabe que me fui.-respondí.-Últimamente no le agrada que salga sin decírselo, quiere tenerme mínimamente controlado.-él rió bajo mientras me mordisqueaba el cuello, para luego lamerlo.

-Eres un niño grande, no deberías dar tantas explicaciones.-susurró bien pegado a mi oreja.-Hueles tan rico.-dijo mientras me acariciaba el pecho.-Mis sábanas ahora huelen a ti y no me apetece dejarte marchar.

-Mario, tengo que irme.-lo retiré sin ser demasiado brusco.

-Está bien, podemos quedar otro día para hablar o ir al cine.-me estaba intentando sonsacar un tal vez para una cita, yo no quería citas.

-Mira, quiero que te quede claro una cosa.-respondí a su petición mientras me subía los boxer y buscaba mis pantalones.-Nunca repito, eres el chico de una noche y que te quede bien claro.

-¿Así eres?-preguntó bastante decepcionado.-Pensé que había química entre nosotros, lo pude ver en tus movimientos y en la forma de tratarme.-se arropó con las sábanas quizás porque se sintió vulnerable. Yo me hubiera sentido de ese modo, al menos.

-Podemos ser amigos, pero no quiero una relación contigo de otro tipo.-por un momento me sentí como mi ex, me sentí una basura al tratarlo de ese modo.

-No puedo ser tu amigo, me gustas demasiado.-declaró destapándose para correr hacia mí mientras me subía la cremallera.-No he dormido mejor en mi vida.-sus manos rodaban por mi vientre.-Además jamás he tenido a un chico como tú en mi cama.-sus dedos jugueteaban con mis pectorales algo marcados.-Eres algo más que belleza y exotismo.-buscó mi boca y se colgó rodeándome con sus brazos por encima de mis hombros.

-No.-dije apartándolo.-No quiero una relación, no estoy preparado.-me di le espalda tomando mi camisa, para ir abotonándola hasta la salida.

-Si piensas que deseo salir del armario contigo, no es así. Podíamos aparentar ser amigos y tener encuentros por las noches, podemos tener un mundo de posibilidades si lo miramos bien.-sus intentos me molestaban y estallé.

-No quiero una replica de mi madre en hombre, entiéndelo.-su rostro cambió con lo que dije.

-¡Pues entonces no haber aceptado! ¡¿Crees que era solo un calentón?! Por dios no me hubiera expuesto tanto por alguien como tú. Pensaba que eras distinto, veía dulzura y pasión en tus gestos. ¡Pero me equivoqué! ¡Eres solo un chulo más! ¡No tienes corazón ni alma! ¡No te mereces a nadie! ¡Ni a mí ni a nadie! ¡Ojala te vaya mal en el amor!-gritaba algunas verdades y ese estallido me atrajo, me atrapó. Fui directo hasta él atrapándolo por las caderas, mientras mis labios callaban a los suyos. Su cuerpo dejó de agitarse para rozarse sensual contra el mío. Mis manos fueron a sus nalgas pellizcándolas y sus dedos jugueteaban con los cabellos de mi nuca. Era un beso lento, de esos que empiezan con furia y van perdiendo intensidad hasta durar minutos.-Hizaki.-murmuró con una leve sonrisa.

-¿Dónde decías que era esa cafetería?-pregunté y él se apartó de mí, para correr a vestirse.

-¡Está aquí al lado!-gritaba subiéndose los pantalones.

20/6/09

Ser O No Ser V


-No fue broma.-respondió en un tono tan bajo que me costó distinguir bien lo que decía.-No fue broma.-repitió algo más elevado.-Pero no debí.-dejé de darle la espalda y alcé su rostro. Estaba empapado en lágrimas y noté que eso no era un juego, más bien era algo importante para él.-Sé que no eres gay, que te gustan las chicas y pensé que coquetear sin decirte lo que había era…-lo callé besándolo y empujándolo hasta dentro de aquel pequeño departamento.

-No era broma, está bien.-dije dando un portazo bien sonado.-Pues si no es una broma empecemos.-él no sabía si hablaba en serio o no, pero tan sólo se arrodilló ante mí acariciando mi bragueta.

-¿No bromeas tú?-interrogó inquieto.-¿Voy a tenerte bien dentro?

-No me gustan los rubios, pero contigo haré una excepción.-dije antes de alejarlo de mis pantalones para bajarme la cremallera.

-A mi me gustas mucho y te conozco bien, lo de esta mañana lo hice para despistar. No quería, no deseaba, que supieras que te necesitaba.-sus ojos estaban clavados en mi entrepierna.

-Deja de hablar y mirar.-murmuré tomándolo del mentón.-Empieza de una vez.

-Sí.-susurró algo más calmado y de rodillas.

Antes no dije como era, quizás por descuido, pero aquellos cabellos rubios y largos te incitaban a tirar de ellos. Sus ojos azules se fijaban en los míos, tan cafés como los de mi padre. Era un extraño contraste, un chico de orígenes ingleses pegado a mi entrepierna. Su piel clara parecía suave, y al tocarla con la yema de mis dedos noté que aún lo era más de lo que simulaba ser. Gemí profundo al notar sus labios sobre mi sexo, aún no estaba erecto pero ese contacto tan experto me hizo echar hacia atrás la cabeza. Mis caderas iniciaron un movimiento lento y sin pausa, quería aumentar la fricción de su boca. Su lengua humedecía el glande y notaba también sus dientes mordisquear la piel contigua.

-Joder.-susurré agarrando mejor su cabeza, apoyando mis manos sobre esta y sus hombros. Mis ojos estaban entreabiertos observándole, él parecía sonreír bastante excitado y me incitaba a decir ya basta.-Para.-dije apartándolo para levantarlo prácticamente en peso.

-¿Vamos a mi cuarto?-preguntó rodeándome el cuello con sus débiles brazos.

-Será lo mejor ¿vives solo?-dije acariciando sus caderas que sensualmente se rozaban contra mi cuerpo.

-Sí, no nos interrumpirá nadie.-besó mis labios de forma dulce.-Anda, vamos a la cama.-dijo separándose de mí para caminar casi contoneándose.-Quiero saber como es ese estilo que dicen tener los asiáticos, más pasionales que los latinos y a la vez pervertido.-murmuró riendo bajo para quedarse pegado en el quicio de la habitación contigua. Allí estaba su dormitorio, donde lo haríamos.

-Créeme el estilo de los Sakurai es mil veces mejor al de un asiático cualquiera.-no sé si habló mi orgullo o mi ego, quizás ambas partes de mí se pusieron de acuerdo.

Me aproximé a él tomándolo por las caderas, subiendo su camiseta para quitársela. Su musculatura era leve, delgado y con algo de cadera que le daba una forma indiscutiblemente atractiva. Los huesos de sus caderas estaban algo pronunciados y se veía por encima de aquel bode del pantalón. Mis dedos recorrían su pecho y él jadeaba nada más al sentirlos próximos a sus pezones.

-¿Es una de tus zonas erógenas?-pregunté y él solo me miró con los ojos cargados de deseo.-Ya veo.-dije antes de lamerlos para notar su cuerpo estremecerse.

-Vamos a la cama.-rogó con la voz ronca, sus piernas temblaban y sabía que hoy me estrenaría con los hombres de una forma distinta.

-Si así te pones sólo jugando ¿qué sentirás a la hora del momento crucial?-murmuré besando su cuello.

-Llévame a la cama, por favor.-respondió con los ojos cerrados y la respiración agitada.-No sabes lo excitado que estoy.-sí lo sabía, nada más verlo y notarlo. Bajo sus pantalones debía haber bastante presión, pues el bulto de su pantalón era considerable.

-Iremos a la cama.-dije tomándolo de las muñecas para maniatarlo y pegarlo más a la pared. Mi pierna rozó su entrepierna y él se estremeció.

-Hizaki.-susurró mordisqueándose el labio inferior.

-¿No me vas a dejar jugar ni un poco?-pregunté soltando una de sus manos para desabrochar su pantalón.-¿No?-mordisqueé su cuello en el lado derecho, para luego depositar un beso en el lado contrario. Entonces, solté su pantalón dejándolo alrededor de sus pies descalzos.

-Hizaki.-su voz cada vez estaba más perdida y ronca, cada vez se ahogaba más en su excitación.

-Mario, sé buen chico y no me detengas.-comenté rozando mis labios con los suyos.-Mejor quédate gimiendo nada más.-lamí la comisura de su boca y su lengua buscó instintivamente la mía.

Mientras nos besábamos bajé sus boxer y acaricié su sexo erguido. Reí internamente al ver lo divertido que era descontrolarlo. Dejé de besarlo únicamente para hacerle girar y rozar mi miembro por entre sus nalgas.

-¿Te gusta?-pregunté mordisqueando la cruz de su espalda.-Dime.

Tan sólo le pregunté para que abriera bien su boca e introducir dos de mis dedos, jugueteaba con su lengua y él succionaba. Me excitaba y también lo excitaba a él. Al apartarlos, de entre sus labios y lengua, los hundí en su entrada. Ese agujero íntimo que me llevó hasta su esfínter para palpar su próstata.

-Hizaki, vamos a la cama.-dijo aferrándose al marco de la puerta de su dormitorio.

-Sí, será lo mejor.-dije dejando tranquilo su cuerpo para quitarme la camisa, zapatos, calcetines y pantalones. Me dejé los boxer dirigiéndome hacia donde él se había metido.

Al entrar lo vi tirado en la cama de forma sensual, parecía decirme que todo era para mí por esa noche. Me bajé los boxer frente a él y eso hizo que se incorporara del colchón. Terminó arrodillado frente a mis caderas, en la cama, acariciando mi sexo y humedeciendo, con su saliva, mis testículos.

-Así.-murmuré colocando una mano sobre su cabeza.-¿Dónde tienes los preservativos?

-En la cómoda de ahí.-respondió al apartarse mientras la señalaba.

Fui hasta donde dijo y hurgué por entre su ropa interior, al final encontré una caja de condones estriados. Sonreí nada más acomodarlo sobre mi sexo ya que él me esperaba con las piernas abiertas. Me invitaba a entrar, pero pensaba que aún no estaría dilatado lo suficiente.

-¿Tienes lubricante?-pregunté y él asintió señalando de nuevo el mueble.

Volví a la búsqueda y di con un buen bote de vaselina. Tenía un aroma parecido al chocolate, según leí incluso era comestible. Reí bajo al ver un dildo entre sus boxer.

-Juguetitos y todo.-lo mostré sin pudor alguno, lo contrario que él en sus mejillas.-No te pongas así, es normal. Aunque a mi me va más estar en el lado contrario.-lo introduje en sus entrañas empapado de ese bálsamo, y comencé a girarlo lentamente. Sus gemidos eran tan profundos, sus manos se aferraban a mi espalda y yo me masturbaba ante todo aquello.-¿Así estás más calmado?-dije algo ronco porque yo también empecé a excitarme más de la cuenta.-Creo que ya basta de juegos.-lo retiré dejándolo a un lado para entrar de una vez entre sus nalgas. Ese trasero tan duro me recibió gustoso, al igual que sus piernas rodeándome como sus brazos.

-Hizaki.-gimió bien alto mi nombre, más bien lo aulló, sin tiendo mi impetuosidad entre sus paredes chocando con la próstata. Di rápido con su punto de placer, fue cuestión de suerte.

-Mario.-me oculté en su cuello, lamía su piel y la mordisqueaba. Fui hasta su pecho y dejé rodar mi lengua en sus pezones. Estaba tan necesitado de mí y yo tanto de sexo que nos fundíamos a la perfección.

Tras unos minutos que me parecieron segundos nos vinimos, él antes que yo y yo intenté hacerlo con rapidez para no molestarle. Al recostarme a su lado agotado eché de menos un cigarro. Fui hacia mis ropas y tomé la cajetilla, me alegré de llevarla encima. Encendí uno y lo fumé como si mi vida se fuera en cada calada. Él estaba aferrado a mí con sus cabellos pegados a su cuello, sus hombros y su frente.

-Nunca pensé que te gustaran los chicos, tantas chicas que van tras tu fama de conquistador y de bomba sexual en la cama.-dijo con la respiración aún entrecortada.

-Soy bisexual, los hombres me llamaban poco la atención hasta hace unos meses.-comenté con el pitillo bailando sobre mis labios.

-¿Quieres ir mañana al cine? Podemos ir ya que no tenemos nada que hacer por la huelga. Además la cartelera está repleta de estrenos nuevos.-me estaba invitando a una cita.-Me encantará lucirme a tu lado, bien pegado a ti y hacerte lo que más te guste en pleno film.-agarró mi miembro y lo acarició, tan sensible que estaba me hizo reaccionar.

-No, espera. No quiero que nadie sepa de mi bisexualidad, lo siento.-sus ojos cambiaron, se volvieron algo fríos.-No es por ti, me gustas, pero no estoy dispuesto a que me cuelguen un cartel que ponga maricón.-apagué el cigarro en el suelo y me giré hacia él.-Escucha.-dije tomándolo del rostro.-No me importará ir contigo al cine, sin embargo nuestro comportamiento será de amigos.

-Está bien, supongo que es demasiado pedir para un chico de una noche.-besó mi mejilla y se acomodó entre mis brazos.-Envidio a quien te pueda tener todos los días de este modo.-su frente se apoyó sobre mi torso.

-Supongo.-fue lo único que dije hasta quedar dormido.

Ser O No Ser IV


Nada más llegar a mi cuarto me quité lo que me quedaba de ropa, incluso los calzoncillos estaban empapados. Al meterme bajo el agua caliente jadeé y agité mi cabeza. Me sentía un animal salvaje, lo que era realmente, que se liberaba tras haber estado encerrado semanas.

Durante la noche tuve varios mensajes con un número oculto. Al abrirlos pensé que eran de una chica en un principio, no sabía como había dado con mi número y terminé creyendo que algún amigo se lo pasó. Había chicas que me pedían mi teléfono, pero yo jamás lo daba por seguridad. Si quería una chica me gustaba dar el paso yo y no verlas a ellas venir hacia mí, además no deseaba a una mujer como pareja tras lo de Anne.

“No sé como me atrevo, pero lo he hecho. Estoy escribiéndote mensajes. Lo hago de forma anónima porque no me atrevo al rechazo. Me conformo con esto.”

Ese fue el primero de una larga cadena, me divertía ver como tonteaba sin a penas dar pie a nada.

“Pensarás que lo que hago es desesperado, pero tenía tantas ganas de liberarme al menos así. Me gustas y yo sé que a ti no te gusto yo.”

Eché a reír imaginando que seguramente era una de esas chicas poco agraciadas, pero inteligentes, y que era probable que pensara que únicamente miraba el físico en mis parejas. Era lo normal, tanto en hombres como en mujeres, y la tendencia sigue. El físico lo es todo para el noventa por ciento, otros optan por físico y psicología… pero son escasos los que únicamente se quedan con el interior de la persona sin importar nada.

“No sabes cuanto me gustaría que estuvieras aquí, que rellenaras el hueco frío de mi cama y me hicieras sentir placer como jamás me lo han hecho”

Aquello subió de tono y contesté, no perdía nada en hacerlo y la verdad me sería divertido ver hasta dónde llegaba todo.

“¿Cuánto?”

Fue escaso, pero seguro que di alas a su mente y a sus manos. Me imaginaba a una chica común medio desnuda en la cama, desquiciada porque estuviera a su lado y algo en mí se activó. Tuve una leve erección, aunque simplemente fue por pura imaginación.

“Más de lo que crees, más de lo que puedes imaginar. Suelo hacer pensar que no te conozco, pero lo sé todo de ti. Desearía que fueras mi Tenorio.”

Aquello me dio una pista, pensé en la chica que me ayudó a rellenar la ficha en el ordenador días antes. Era una muchacha delgada, sin mucho pecho y con unas minúsculas gafas. Siempre iba mirando al suelo, se quedaba absorta observando por la ventana y era la típica chica con grandes notas. Nunca me llamó la atención sexualmente, pero sí creaba en mí curiosidad por saber que albergaba tras su desarrollado cerebro.

“Si quieres, esta noche puedo serlo”

Al día siguiente no tenía clases, por huelga estudiantil, así que no me suponía un problema quedar y ver de quién se trataba.

“No, si me ves me rechazarás y te burlarás de mí. Eso como mínimo.”

Esa respuesta era más que evidente, pero yo insistiría como cualquier adolescente cargado de hormonas.

“Vamos, no seas estrecha. Tú misma te has puesto en contacto conmigo y estoy dispuesto a darte todo.”

Media hora tuve que esperar para su siguiente respuesta, casi me quedo dormido. Sin embargo mereció la pena. Me envió su dirección y me pidió que si no sucedía nada que fuera discreto. Entendía sus miedos, yo también quería discreción por mi madre.

Llegué a la hora acordada y llamé a la puerta. Tardó en encenderse la luz de la ventana próxima a la entrada, para luego sentir nervios por poder al fin ver quien tonteaba conmigo sin pudor alguno. Al ver quien estaba detrás de aquella puerta de madera y chapa me quedé en shock. Era el chico de la audición y sus ojos evitaban cruzarse con los míos. Pensé entonces que se había burlado de mí y no le golpeé por ser civilizado.

-¿Te ha gustado hacer la broma?-pregunté y él agachó aún más la cabeza con timidez.-Voy a hundirte.-susurré antes de girarme.

-No fue broma.-respondió en un tono tan bajo que me costó distinguir bien lo que decía.-No fue broma.-repitió algo más elevado.-Pero no debí.-dejé de darle la espalda y alcé su rostro. Estaba empapado en lágrimas y noté que eso no era un juego, más bien era algo importante para él.-Sé que no eres gay, que te gustan las chicas y pensé que coquetear sin decirte lo que había era…-lo callé besándolo y empujándolo hasta dentro de aquel pequeño departamento.

18/6/09

Ser O No Ser III


En definitiva, odiaba el comportamiento territorial de mi madre. Estaba herida, yo era idéntico a él según ella y todo iba para mí. Sin embargo, nunca había visto a mi padre dejar una habitación como la mía. Era el orden en persona, podía morir si veía una mota de polvo en la pantalla de su ordenador. Pero si ella lo decía sería por algo, no me daban ganas de discutir y menos de escucharla.

Ese día fue largo y duro, tanto porque empecé a crear huecos en mi calendario para exámenes como para exhibiciones. Pero tuvo sus frutos en la hora de descanso. Busqué al organizador del evento y rogué que me hiciera una audición, me quedaría incluso con la estatua con tal de participar. Terminó dándome un libro y el número para la audición. Tendría que aprenderme varias partes del diálogo de Don Juan y ya vería si encajaba en él, o en cualquier otro. No era él quien elegía, sino un profesor, pero él colaboraba estrechamente siempre en ese tipo de actos y tenía efecto en la decisión.

-Así que únicamente tengo que estudiarme este pequeño fragmento.-dije con una sonrisa ojeando la obra.-Siempre me atrajo Don Juan, pero jamás me dio por profundizar en ello.-el chico estaba frente a mí, sentado en una mesa escuchándome como si fuera algo interesante.

-Muchos no se leen jamás la obra, tampoco acuden a conocerla en el teatro.-susurró encendiendo un cigarrillo, para luego dejar pasar el aire lentamente entre sus labios.

-Yo tengo una pequeña biblioteca en casa, leo de todo y me gusta porque me da respuestas, en ocasiones, a problemas que caen sobre mí de la nada.-al decir aquello comenzó a reír a carcajadas.

-Eres el Quijote, más que un Tenorio.-murmuró bajando de la mesa, donde se había sentado, para venir hacia mí.

-Quizás.-dije sin perder ojo al libreto. Releía una frase y otra, me sentía cómodo en ese papel y lo quería.

-Eres atractivo, pero sería el primer don Juan que fuera asiático.-comentó aproximándome a mí, calando su cigarro y dejando su aroma en mí uniforme.

-Gracias, pero soy mestizo.-respondí girándome hacia la ventana. Sentía el frío en mi cara y podía notar la tormenta que se avecinaba. Amaba la lluvia, sería un día especial con relámpagos hasta que la ciudad pareciera consumirse en ella misma.

-Lo supuse, por tu apellido.-me giré cuando dijo aquello y noté su sonrisa.-Sakurai podía haber otra familia japonesa, pero De la Rosa, no. Tu madre es muy conocida en el círculo de la alta aristocracia y tu padre tiene cierta fortuna.-realmente nadie conocía a cuanto ascendía. Si decían que los judíos eran buenos con los negocios, nosotros éramos aún mejor. Sabíamos ver venir las crisis económicas, vender todo lo que era posible antes de las recesiones y tomar un suculento jugo de los cadáveres que quedaban después. Tiburones financieros tan bien equipados contra cualquier fatalidad que jamás moríamos en las costas, sino que mejorábamos la especie.-Pensé que los asiáticos erais bajos de estatura, nunca vi a tu padre lejos del atril.-mi padre era de mi estatura, causaba pavor a los oponentes cuando los tenía cara a cara. Ese maldito imbécil no sabía ni con quien trataba, había escuchado campanas en el aire y no sabía en qué iglesia.

-Vaya, pues mi padre tiene mi estatura y que yo sepa hay personas de escasa altura en cualquier pueblo.-no me gustaba hablar de raza, me sentía como un racista sin escrúpulos. Si bien, yo me sentía superior a muchos y no era por mis rasgos sino por mi fuerza además de agudeza mental.

-Eso lo desconozco, no soy muy dado a la política.-quedó junto a mí en la ventana.-Espero que mañana haga mejor día.-comentó como si nada.

-No lo hará, lloverá hasta el fin de semana próximo.-sonreí observando las primeras gotas caer hasta la cancha de basket al aire libre próxima al gimnasio.

-Vaya, mal tiempo entonces.-murmuró.

-No, el mejor de todos.-sonreí colocándome bien el flequillo para luego girarme e ir hacia la puerta.-Nos veremos el día de la audición.-dije girándome para despedirme con la mano.

-Claro, pero si tienes alguna pregunta que plantearme ya sabes dónde encontrarme.-

No tenía dudas. Conocía la obra, me apasionaba el teatro y su representación siempre era el día de San Juan por tradición. Pensaba hacer un buen papel y después ir a la playa, allí había fogatas y celebraría mi cumpleaños. Mi cumpleaños era el día cinco, pero jamás lo festejaba ese día ya que siempre tenía exámenes o trabajos para aumentar mis notas globales. Por ello se hacía de forma tardía, no me importaba en absoluto.

En mi vuelta a casa vi el cielo aún más oscuro, llovía y las gotas se precipitaban con violencia sobre la tierra reseca. Eché a correr con la chaqueta quitada. La maleta tiraba de mí hacia atrás, si bien lo tomé como una especie de entrenamiento. Cuando llegué a casa lo hice calado hasta los huesos, me despojé de la camisa y la corbata en la entrada.

-¡Hizaki!-esa era la voz de Clara.-Vas a terminar con una gripe o una pulmonía.-me arrebató la mochila y la chaqueta.-Ve a la ducha.-me tomó del mentón y me hizo mirarla.-Ahora.-indicó y yo sonreí como un diablo.-Hizaki Sakurai, si te ve tu madre así terminarás sin salir en un mes. Ve a la ducha y cámbiate de ropa ya.-asentí sin respiración. Había hecho el trayecto en menos de diez minutos, había tomado mis atajos, corrido hasta matar mi alma en cada pisada.

Nada más llegar a mi cuarto me quité lo que me quedaba de ropa, incluso los calzoncillos estaban empapados. Al meterme bajo el agua caliente jadeé y agité mi cabeza. Me sentía un animal salvaje, lo que era realmente, que se liberaba tras haber estado encerrado semanas.