Mostrando entradas con la etiqueta atsushi sakurai. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atsushi sakurai. Mostrar todas las entradas

29/5/11

Una boda, una bala, prisas y sexo. Capítulo 16


Creo que estuve dándole vueltas a todo hasta que llegó el momento de llevarlo a la boda. Aquel día daría un giro inesperado a mi vida en todos los sentidos, pero yo sólo pensaba que vería como un ciclo nuevo se cerraba en la vida de mi padre y yo tenía que estar presente. Y sólo quería estar a su lado, para que todo fuera más llevadero.

Cuando fui a buscarle creo que mi mandíbula se desencajó. Vestía un traje gris humo, sin camisa y con una pañoleta larga adornando su cuello. Eso hizo que pensara que tenía poca ropa y que podía secuestrarlo amordazándolo con su propio complemento, sin embargo sacudí la cabeza y abrí la puerta de mi coche para que él se montara.

Llegamos en media hora, aproximadamente, y todo el perímetro parecía acordonado por los hombres de Kamijo. Así que únicamente podían pasar vecinos y personas que tuvieran invitación. Aparqué justo en frente de la casa. Le ayudé a bajarse como buen caballero, aunque él fuera un hombre era delicado y me gustaba tener ese tipo de comportamientos.

-Ya verás, nos vamos a divertir.-dije con media sonrisa esperando que fuera cierto, porque por dentro me olía que algo no iba a ir de todo bien.

Sabía bien que mi padre estaba arreglándose en el piso superior, Phoenix también. Entré con la llave que tenía y todos los floristas terminaban de arreglar todo. Lo había recogido en su casa, se lo dije. Quería verlos antes de que todo se volviera un revuelo y ayudarlo.

Ahí estaba Yue, Hiro, Aniel e Ismael. Los cuatro ayudaban con los arreglos. Eran mis amigos, personas con las cuales prácticamente había crecido y deseaba que Oly los conociera, además que ellos lo aceptaran de buena manera.

-¡Quita idiota!-gritó Hiro.-¡No seas estúpido!-apartándolo porque se había abrazado a él soplándole en la oreja.

-¡Tratame con cariño ahora que somos familia!-gruño Ismael empujado por Hiro, esto hizo que cayera de culo frente a todos.

-¡Ted cuidado! ¡Ted cuidado!-decía Aniel mientras con su hermano, mientras los floristas intentaban hacer lo que ellos le pedían. Mi padre les había dejado indicaciones para así no perder él el tiempo.

Oly estaba enganchado a mí y yo observándolos a todos. Creo que les daba miedo, aunque no lo dijera.

-Hiza ¿ayudamos a algo?-preguntó en mi oído.
Yo de inmediato besé su sien sonriendo como cualquier enamorado, como un auténtico gilipollas. Pero, eso era algo que no podía controlar. Me hacía feliz estar con él y poder lucirlo frente a todos, era algo que había sacado de mi padre. Ambos nos sentíamos orgullosos de tener a quienes teníamos y cuanto más se arreglaran mejor.

-Tú no, te has arreglado demasiado para estar cargando con eso.-dije tomándolo de la mano para entrar dentro. Aún estábamos en el pasillo hacia el salón viendo a todos moverse de un lado a otro.

-Sí, gracias.-murmuró algo abrumado por todo el mundo que allí se encontraban.

Yo al final no había llevado la corbata, el traje era negro, la camisa también, los pantalones y zapatos. Todos se quedaron estáticos mirándome, más bien mirándonos a ambos.

-¡Ay! ¡Mi Hiza que guapo estás!-corrió Aniel saltando como gamo encima mía. Los demás bajaron de las escaleras y se pusieron alrededor. Ismael ya conocía de vista a Oly.

-Vaya... ¿ya estás bien del pie?-preguntó mirándole fijamente con cierto desprecio.

-No mires así idiota, que intimidas.-dijo Hiro golpeándole bien fuerte. Era igual que Yue pero más masculino y adulto. Tenía veintitrés años, pero el parecido era increíble.

No soltó mi mano, es más creo que la apretó con ganas. Se notaba nervioso, sobretodo cuando se percató que estaba Yue.

-Hola, mucho gusto.-saludó a todos, de esa forma tan dulce que estuve a punto de lanzarme sobre él sin piedad.

Como pude me saqué a Aniel de encima sin separarme de Oly. A veces me asfixiaba que fuera tan loca, aunque yo también lo era y no podía decirle que no hiciera cosas que yo incluso hacía peor.

-¡Aire coño! ¡Aire!-grité y todos dieron unos cuantos pasos.-Uno a uno.-dije con una sonrisa, mientras observaba a mis amigos con corbata.

-¡Dijiste que te pondrías!-gritó Ismael.-Eres un bastardo mentiroso!

-Y tú un ojete que se ha quedado sin verme de corbata hoy, además yo suelo ponérmela, cosa que tú no.-murmuré y sonreí satisfecho por ser el único que no había caído en llevar la soga. Hacía demasiado calor para llevar algo así, quería estar fresco y cómodo.

-Él es Olivier... ellos son Hiro, Aniel, Ismael y a él lo conoces.

Yue no se había movido del sitio, observando todo con ganas de echar a correr. Notaba en sus ojos una decepción terrible. Creo que esperaba que apareciera solo para así lanzarse a mis brazos, rogar que volviéramos y hacerlo en alguna parte de la boda. Sí, eso era lo que sucedía en las películas románticas que tanto le gustaban... pero la realidad era distinta. Yo amaba a Olivier, yo quería estar con mi diseñador de alta costura y no con él.

-¡Ne! ¡No seas tozudo lo cargo yo!-gritó alguien mientras me giré y lo vi. Era Cat con mi hermano pequeño en brazos.

-¡Es el hermano de la novia de mi padre yo lo cargo!-respondió Eduart

-¿Vosotros también ya aquí?-los miré perplejo, porque no esperaba siquiera que vinieran.

Eduart tenía invitación y supongo que invitó a Cat porque sería su acompañante ya que su pareja, Sam, no pudo asistir por complicaciones en su trabajo. Ambos sonrieron al vernos, creo que se sintieron aliviados que estuviéramos allí entre tanto extraño. Aunque, ellos no conocían todavía a Oly.

Sonrió de forma cortés a todo el mundo, sin soltar mi mano, e inclinando su cabeza como saludo. Cada vez que la casa se llenaba un poco más, el se aferraba más a mí. Me recordaba a un niño perdido en medio de una multitud, pero para su suerte no esperaba quedarme hasta el almuerzo, sólo en la ceremonia.

-Hola Olivier.-dijo Cat intentando que no le quitaran el niño de encima.

-¡Dámelo!-gritó Eduart.

-¡No! ¡Es mio!-lo mecía mientras empezaba a reír de forma escandalosa, el niño simplemente lo imitaba completamente feliz de estar en sus brazos.

-Tú, suelta a mi hermano o le pegas lo idiota.-dije aquello como broma y él simplemente sacó la lengua, hizo lo mismo Jun para luego aferrarse a él.

-¡Yo tengo que aprender! Yo tendré hermanos...-gritó a todo pulmón Eduart, pero entonces vio a todos allí y se sonrojó. Creo que se avergonzó tanto que casi se cae y fue a esconderse prácticamente tras Cat.

-¡Chicos! ¡Os dejasteis el peluche!-ese era Lionel, entrando precipitadamente en el salón, y claro nos vio a todos.-Ho...hola.-balbuceó algo sonrojado, pero se relajó leve al verme a mí y vino con una sonrisa.-Hacía mucho que no te veía Hiza-kun.-dijo abrazándome.-Ho...hola.-estaba algo sonrojado observando a Olivier.

-Oly, este es Lio.-dije con una leve sonrisa.-Esos de allí son Cat y Eduart.

-Hola ¿qué tal?-dijo algo azorado y pude leer en sus ojos ciertos celos que me animaron.-Sí, a ellos les conocía de antes... un gusto volver a verlos.-un gusto que no parecía ser tanto, pero era encantador cuando se ponía de esa forma..-¿Entonces todos llegamos antes de tiempo?-sonrió quedándose quieto pegado a mí.

-Sí...-sonrió leve mirando a Oly, con cierta admiración, para luego pasar su mirada a mí.-No he podido traer a Tay... tu padre lo quiere fusilar.-me miraba con una sonrisa.-Te veo incluso mayor... dios...-comenzó a reír bajo y luego fue hacia los chicos tomando el niño.-Vamos dentro, vamos.

-¡Anoria!-gritó a pleno pulmón y todos miraron a Oly, para luego mirarme a mí.

Oly estaba tan rojo que en vez de zanahoria era tomate, un tomate bien maduro.

-Que majo... mi hermano.-murmuré casi golpeando mi cara con mi mano abierta.

-Le llamas anoria...-murmuró Hiro rascándose la cabeza, intentando saber de dónde venía esa palabra.-Anoria... ¿zanahoria?-interrogó mirándome con malicia.-Bonito nombre.-le fui a dar una patada giratoria y se apartó.-¡Oh! más suerte la próxima vez.

-Capullo.-murmuré tomando a Oly para ir arriba.-Vamos arriba, quiero ver a Kamijo y a mi padre.

-Hiza...-balbuceó intentando buscar excusa, quizás.-Creo que es mejor que vayas con tu padre solo.-creo que le daba algo de malestar estar cerca de mi padre, por lo sucedido con mi madre.-No es prudente, no soy de la familia.

-¿Y dejarte con esa pandilla de impresentables?-dije mirando hacia la planta inferior. Yue se había quitado la chaqueta y tenía una camisa algo trasparente, intentaba llamar mi atención o la de cualquiera con un par de centímetros entre sus piernas.

Abajo sólo se veía como se molestaban unos a otros, se empujaban y prácticamente pegaban por una psp.

-¿Ves? Son como canívales.-murmuré con media sonrisa, para ir a la puerta de mi padre y llamar.

-¡Un momento!-gritó Kamijo, escuchándose pasos apresurados hacia la puerta.

-¿Sí?-preguntó el amigo de mi padre abriendo un poco la puerta, era el llamado y mencionado como alcoholico... Imai, observando todo.-Oye viejo verde aquí está tu niñito... el cual te hará un abuelo respetable.-canturreó y Toll lo metió para dentro agarrándolo del cuello.-¡Animal!

La puerta cedió y yo entré dentro, donde estaban todos en reunión. Parecía un clan de la mafia reuniéndose para la boda de uno de sus miembros. Toll a Imai estaban sentados en una esquina, mientras Hide acomodaba bien la ropa de mi padre. Él era el experto en moda y discreción, mi padre se dejaba guiar pos sus consejos y también por sus propios gustos. Kamijo simplemente observaba todo desde un lugar prudente cerca de la ventana.

Todos estaban de negro impoluto, menos mi padre que parecía de merengue. Acomodaba la chaqueta cuando entré y casi me caigo de espaldas al verlo así.

-Dios pareces...

-Di algo Hizaki y te juro que te tiro por las escaleras.-dijo acomodando el chaleco esta vez.

27/7/10

Un buen chico V


-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

-Oh, Yue es el chico que me contaste ¿verdad?-dijo cuando regresé con las bebidas, tal vez había estado recordando ciertas conversaciones que habíamos tenido.-Que bueno que se han arreglado. Ah, ira Max ¿también?-realmente era el único de mi círculo que conocía, yo tampoco conocía a los suyos.

-Por desgracia sí, vendrá Max...y espero que no termine intimidando a ninguna de mis amigas... tiene las manos muy largas.-murmuré y eché a reír.-Recuerdo que le presenté a la hermana de Yue cuando aún no salia con mi amigo.-tuve que parar de hablar un segundo porque las carcajadas iban solas.-Y bueno terminó con las baquetas rotas en la cabeza.

-¿Será por eso son amigos?-alzó una de sus cejas mirándome, sabía que me estaba acusando de tener las manos largas.-¿Quién más que conozca irá a la boda? ¿Irá Wilde?

-Irá mi hermana, su marido, el hijo de su marido, el novio del hijo de su marido o eso creo, Kamijo, Jasmine, mis amigos de la banda y por supoesto que estará tu amado Wilde. El cual no para de tontear con el nuevo cura.- cura que no era como Lionel, ese era heterosexual. Pero sabía bien que un halago no amarga a nadie, y más si esos halagos luego tenían recompensa en el cepillo. Entonces recordé.-Sólo espero que Lio no venga con su novio... Taylor es capaz de aparecer y entonces a mi padre le da un paro cardíaco.

-Boda gay.-murmuró.-Tenía que estar llena de hombres probando que pueden ser más zorras que cualquier grupo de mujeres.-se echó a reír cuando dijo eso, en realidad tenía algo de razón pero no del todo.-Eso te lo aseguro.

-¿Quién es Taylor? ¿Tu padre no se lleva bien con él? ¿O qué?-preguntó seguro por lo que había dicho del infarto.-Creo que al único amigo de tu padre que conozco es a U-ta, muy caballeroso se porto conmigo, es muy propio él.-bueno no era el único, también conocía a Paulo.

-Uta sigue enamorado de mi padre, no creo que le sea grato asistir a la boda. Sí estará Anii que es su hermano, Imai y también Hide. Todos son como Uta, todos son como mi padre, claro que Uta se descontrola si toma azúcar... es como ver un antes y un después... es como un adolescente y por lo que sé se la pasa molestando al resto del grupo.-sonreí cuando recordé algunas cosas que me contó mi padre.-El hermano de Taylor casi mata a Uta, mi padre mató a ese hombre cuando lo vio sobre el que era su novio mientras intentaba violarlo... y bueno mi padre tuvo que huir de Japón. Añade que Taylor es el ex novio de Phoenix... tienes una mezcla explosiva.-el mundo era un pañuelo, y más cuando tanto asiático terminaba en este país intentando buscar un nuevo futuro, o tal vez tan sólo huyendo de un pasado tormentoso.-Aunque Lionel es.-sonreí como un adolescente.-Creo que fue el primer chico que me gustó, a parte de Lexter, él era cura y un cura peculiar... la verdad.

Se quedó mirándome casi ojiplático. Parecía haber bajado de una atracción de esas que vas a toda velocidad y haces giros en el aire. Boqueó un momento y siguió intentando averiguar más.

-Pues que vocación tan rara.-dijo volteando hacia los músicos para no mostrar ante mi sus dotes de expresividad.-Mira que ser sacerdote y modelo, no es algo que se vea todos los días.

-Dejo de ser sacerdote, ahora se casará con Taylor y es modelo. Aunque con lo tímido que es no sé como aguanta modelar.-reí bajo al recordar lo rojo que se ponía cuando hacían halagos sobre tus dotes de profesor, aunque más bien todas las chicas lo hacían por su físico, también algún chico.-Aunque siempre va Cat con él suelen trabajar juntos.-eso para Lionel era un punto de apoyo, no conseguía averiguar como ese niñato tenía tantos contactos y conocía a tanta gente.-Así que no hay problemas.-tomé aire dejando que la música me dejara como en coma un instante.-Cat también estaba en la fiesta, creo que incluso te saludó. Su novio es el amigo del mejor amigo de mi hermana. Ese no sé si irá, no creo que tenga invitación. Ese maldito siempre se pasa la vida buscándome para que nos peguemos y a la mínima se sonroja el muy idiota.-claro que hablaba de Amaury, no había otro idiota en la ciudad como él.

25/7/10

Un buen chico IV


-Sí, seguro.-estaba ido completamente, casi ni se dio cuenta que habíamos llegado a la planta baja y llegado hasta el vehículo.

-Diez euros que estás pensando en la ropa que te vas a poner.-dije con la puerta abierta esperando que subiera. Besé su mejilla y fui hasta mi lado del conductor.-Vamos, Oly... sube.

No contestó nada en absoluto, tan sólo subió al auto quedándose con esa cara de estar en otra galaxia. Yo encendí el motor y comencé a salir del parking.

-Debería comprarme uno, eso de ir por el mundo en taxi no es agradable.-escuché sus palabras y una idea vino a mi cabeza.-Además no hace tanto tráfico aquí como para odiar manejar, quizás sea un ben momento para aprender a manejar al fin.

-Yo puedo ser tu chofer, además puedo prestartelo cuando te lo saques... mi padre me compró para cuando vaya con el niño uno más normal, menos deportivo, pero está bien... claro que me quedo con este. Es el que me compró mi madre.-decía mientras conducía.-lo dejaré en casa de mi padre, cuando lo quiera voy a por él o puedo comprar uno de los parking en venta del edificio... más bien debería comprar dos... para las motos... deberías de verlas... las amo.-cuando hablaba de mis niñas me brillaba incluso la mirada.

-No me gustan las motos... se me hacen poco practica. No puedes cargar nada, te asoleas todo el día, y te puedes partir la crisma en cualquier segundo.-miraba por la ventana los edificios, él aún no estaba hecho a la ciudad y algunas zonas aún eran nuevas.-Yo compraré algo pequeño, tal vez un pt o audi. No sé, algo que no estorbe mucho. Gracias por ser mi chofer, sólo que no creo que sea justo que te traiga así Hiza

-¿Ha pensado en un mini?-pregunté mientras aparcábamos en la puerta del local.-Es pequeño ¿no?-vi como un par de chicas nos miraban, yo simplemente me hice el desentendido y como al lado estaba el hora pagué dos para poder estar tranquilos en el local.

Nada más bajar se colgó de mi brazo, era ya una costumbre, para salir de la zona de estacionamiento. Yo simplemente sonreí observándolo como si no existiera otra cosa en toda la vía. Realmente para mí era un placer que me vieran con él, era como mostrar con orgullo un logro... que él me quisiera y permitiera compartir conmigo la noche.

-Podría ser.-respondió sobre el mini.-Es el que tiene el techo de cuadritos ¿no?-preguntó porque no sabía nada de automóviles.-Es bonito ¿es buen auto?

-Tiene buen motor y lo tiene algo subido, así que no se calará mucho con las lluvias. Aunque no tiene un gran maletero, pero he visto algunos que tienen de todo y además puedes pedir que te diseñen el interior como quieras. Claro, que eso lo haces después de comprarlo. Hoy en día un coche lo puedes modificar a tus necesidades.-le iba comentando mientras llegábamos a la entrada y daba los pases.-Hoy se entra sólo con pases Oly, usualmente no es así, pero hoy es especial. Si deseas venir con amigas o amigos, ya sabes donde es.

-Pero el techo sí que lo dan a cuadritos ¿verdad?-parecía que no se sacaba el diseño del coche de la cabeza.-Sobre lo del local, gracias. Traeré luego a los demás.-dijo entrando en el lugar.

Aquel antro era un antro con clase. Había mesas segregadas y algo separadas unas de otras, era un espacio para la intimidad y las conversaciones amenas. No había mesas de más de cuatro ocupantes, usualmente eran más vistas las de dos. Había una gran barra tallada en madera con motivos de notas musicales. Las luces eran bajas, el humo casi excesivo, el sonido era el de un melancólico jazz que parecía trasportar a todos a los años veinte.

-Es donde iba a celebrar mi cumpleaños... pero todo se jodió por así decirlo. Aunque lo preferí.-dije susurrándoselo al oído para llevarlo a la mesa que tenía reservada, justo frente a los músicos.. pero en una esquina. Agradecía que se hubiera jodido porque había estado con él, eso era mucho mejor-¿Quieres que te pida algo?

-Ah, sí. Un ruso por favor.-dijo tomando asiento en la mesa, contemplando a los músicos mientras tambolireaba sus dedos sobre la mesa.-¿Por qué no festejaste tu cumpleaños?-preguntó antes que me marchara hacia la barra.

-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

22/7/10

Un buen chico III


-No importa, cualquier lugar es bueno si te tengo así.-susurré buscando sus labios, estrechándolo entre mis brazos, pegándolo bien a mí.-Pero sé la ilusión que te haría ir allí.-dije mirándolo fijamente a los ojos.-Ve a ponerte la camisa que te compré y a cepillar tu pelo... yo estaré aquí esperándote.

-¿Seguro?-dijo antes de recargarse sobre mi hombro. Tenerlo así tan frágil era una sensación intensa, me gustaba demasiado.-Vamos pues.-soltó un suspiro y se levantó de mis piernas.-No tardo.

Se metió en su habitación para encender la secadora, supongo que quería peinarse bien el cabello. Yo sabía que estaría casi media hora ahí encerrado y sólo por su pelo. Encendí la televisión que tenía incorporada en mi móvil, primero miré algunas noticias de música y luego fui a los canales más comunes. Ahí fue cuando salió mi spot, bueno empezó la musiquilla y yo salí corriendo para que él lo viera. Lo planté frente a su cara con sonrisa infantil esperando ver su reacción.

-Mira... mira.-dije en un tono casi infantil.-¿A que salgo bien?

Apagó la secadora para escucharlo y analizarlo, sonrió aunque noté como ligeramente fulminaba a mis compañeras del video.

-Sales muy bien.-dijo como si nada, y yo esperaba algo más.-Aparte te será de mucha ayuda en tu carrera.-tomó un cepillo para desenredar sus cabellos.-Será de gran promoción... ahora no podrás salir a la calle... te tendrás que quedar aquí refugiado en mi atellier.-aquellas palabras y esa sonrisa si era algo que quería oír y ver.

-¿Es una proposición indecente Oly?-dije rodándole por la cintura, pegando su espalda a mi pecho.-¿Has hecho una proposición indecente?-besé su cuello.-Si es así, me puedes atar a la cama si quieres... pero no voy a salir créeme... vas a tener que llamar a esas gatas, como las llamas, para que me arranquen de tu cama.

-Fue una proposición para que te quedes en mi casa, no en mi cama-me sonrió através del espejo, yo simplemente lo contemplaba algo ido. Siguió cepillándose el cabello y yo estaba comenzando a desear revolvérselo.-Y esas gatas no entrarán a mi casa ni de broma, las únicas mujeres son mis modelos y ellas se saben comportar.-hizo su cabello hacia un lado acomodándolo sobre un hombro.-Créeme que mi cama tiene un alto estándar para quedarse ahí.

-Uy esquisto el nene.-dije agarrándole bien de una nalga.-Pues yo me he quedado en ella, así que... también entran mocosos como yo.-susurré besando su cuelo.-¿No? y perros malcriados... aunque yo también me malcriaré si me haces proposiciones como esa.

-¿Dudas que tengo un gusto exquisito?-se giró hacia mí rodeándome con sus brazos para besarme. -Todo lo que me gusta... es de marca, de gran calidad...-murmuraba mientras seguía besándome.-Y creo que la marca Sakurai es de gran renombre.-susurró pegado a mis labios.

-Sí, sobretodo en Japón.-susurré acariciando su cintura con una sonrisa en los labios.-No dudo de tu buen gusto, más bien es interesante.-lo agarré bien del trasero y lo besé de forma profunda, para apartarme tomando la camisa.-Póntela o terminaré secuestrándote en tu propia cama.

Sonrió dejándome la camisa en la mano, como si no quisiera ponérsela y hacerme enloquecer un poco más.

-Tengo que terminar de arreglarme.-comentó sentándose frente al tocador. Prendió la plancha para alizarse más el cabello, para dejarlo aún más liso de como lo tenía. A mí me gustaba de cualquier forma, así que no entendía ese ritual de acicalamiento. Mientras se calentaba se puso la crema en el rostro, un poco de rimel y demás potingues, y todo eso lo hacía sin dejar de sonreírme.

-Y dice mi madre que yo me pongo potingues.-dije con media sonrisa.-Pero sólo uso crema para las ojeras y es casera... no sabes lo bien que viene internet y las recetas de la abuela.-comenté pegándome de nuevo a él, acariciándole el estómago.-Estás muy flaco... oye ya hablé con todos mis amigos.-cambié de rumbo la conversación.-Podrán venir encantados a la pequeña fiesta... pero ya sabes que tenemos en un par de días ¿Verdad?

-¿Uhm?...-parecía un gato zalamero cuando le tomé por detrás, su expresión fue esa. Sonrió siguiendo con lo suyo.-¿Fiesta? ¿Cuál fiesta?-preguntó girándose para mirarme.-¿Ya me habías dicho?

-El jetlag te deja en las nubes... pues el del apartamento.-comenté.-Pero lo otro ya te dije, la boda... Oly... la boda.-besé su sien y luego la comisura de sus labios cuando le giré un poco el rostro.-Boda... de mi padre ¿ahora?

-Sí, ya.-dijo al final terminando de arreglarse para colocarse la camisa.-¿Cuándo será eso? Tengo que encontrar un regalo, como no lo recordé antes... podría haber traído regalo.-se giró y me miró nuevamente tras abotonarse la camisa.-Listo, ¿que tal me veo? Sólo deja que encuentre una, una bufanda que combine.-más que bufanda era pañuelo largo de color rojo oscuro.

-No hace falta que les compres nada, conociendo como es su relación terminaran lanzandoselas a la cabeza... para luego abrazarse y decirse que se quieren.-me quedé clavado observándolo.-No hace falta ningún complemento Oly... así estas demasiado bien.-la ropa le quedaba perfecta.-hurgar en la ropa para ver tu talla... vino bien.

Se sacó el pañuelo mirándome entre sorprendido y con ganas de diversión.

-¿Espiaste en mis cajones?-me pasó el pañuelo por detrás del cuello sonriéndome con esa coquetería que se cargaba. Lo hizo mientras me pegaba a él, jalando bien de la tela.-Hizaki Sakurai, niño malo ¿qué no te han dicho que es de mala educación hurgar en las cosas de los demás?

Se aceró un poco más para besarme. Yo puse mis manos sobre su cintura acariciándolo leve. Se separó quitándome el premio por esa intromisión. Acomodó la prenda a su cuello y quedó parado frente a mí.

-Sí soy malo...-mascullé clavando mis ojos en él.
-¿Vamos?-caminó hacia fuera de la habitación.

-Sí, soy malo... pero así supe tu talla.-murmuré tomándolo de la mano para salir de la habitación hasta el salón y de ahí a la puerta de salida frente al ascensor.-Te gustará, es el mejor local de la ciudad.

-Ok, está bien.-dijo subiéndose al elevador.-¿Dónde será la boda de tu padre?-preguntó mordisqueándose el pulgar.-Quizás podrías regalarles una ida al spa, que sé que dijiste que no debía regalarles nada pero es mejor llegar con algo ¿no?-seguía dándole vueltas a eso, cuando no tenía porqué ponerse a pensar.

-Será en el jardín de la casa, es estilo nipón... todo ello es estilo nipón.-dije mientras abría el coche.-Allí te presentaré a Jasmine, seguro que termináis hablando de moda.-comenté con media sonrisa.-Es el novio de Kamijo ¿recuerdas?.. y sobre el spa estará bastante bien, yo les di ya el regalo... fue una docena de botellas de vino barolo.

-Sí, seguro.-estaba ido completamente, casi ni se dio cuenta que habíamos llegado a la planta baja y llegado hasta el vehículo.

-Diez euros que estás pensando en la ropa que te vas a poner.-dije con la puerta abierta esperando que subiera. Besé su mejilla y fui hasta mi lado del conductor.-Vamos, Oly... sube.

10/5/10

Tritones de piscina IV


-Bueno quien dice gay, dice bisexual. Pero sé que ha tenido un desengaño con un chico en la ciudad.-dije encogiéndome de hombros.-Además he oído que hay otro escritor importante por las calles... el escritor de fantasía juvenil del año.-suspiré.-Aunque a ese no le conozco, si lo hiciera estaría pidiendo que firmara todos los libros que tengo de él.

Aquel escritor de fantasía era algo inaccesible. Jamás había dado una rueda de prensa, siempre se movía por su representante, y por lo que sabía tenía un par de años más que yo. Era un joven con talento, un talento innato.

Las historias de fantasía siempre se han popularizado como para críos, para que los niños vayan a la cama. Pero hay libros de fantasía donde se describe actos carnales, vamos sexo para dar y tomar, entre personas de la iglesia y seres fantásticos. Incluso hay uno que relata sexo entre hermanos en una iglesia el día del funeral de un familiar, de alguien cercano a ellos. También hay guerras cruentas, dragones que devoran hombres y se describe como sus miembros amputados caen sobre sus compañeros. Los libros de fantasía no siempre son color de rosa, más bien casi siempre son oscuros y quién piense que son para niños está muy equivocado. La fantasía juvenil era algo increíble, sobretodo cuando se trataba de Garwain.

Él sólo firmaba con su nombre de pila. Y su nombre se había quedado bien marcado en mi mente. Era como una necesidad cuando veía una nueva obra suya, sentía ganas de lanzarme a la librería más cercana. Una vez en plena noche leí que había sacado un libro nuevo, un tomo nuevo de sus aventuras más resonadas “La piedra del dragón”. La piedra del dragón narraba la historia de un huérfano que luchaba para conseguir sobrevivir en un mundo fantástico, encerrado en aquellos frondosos bosques parecidos a los de Inglaterra. Árboles inmensos donde tenía que refugiarse de las bestias, de las personas, de todo. Era increíble. Sobretodo como describía la perdida de su virginidad con veinte años, como fue sodomizado prácticamente por un estúpido, y también la descripción increíble del reino Olvidado, un reino donde los dragones protegían ferozmente el secreto de la vida.

Wilde y Garwain eran mis escritores favoritos, escritores contemporáneos, después prácticamente no le hacía caso a otros. Leía, sí, pero no leía para sentirme en sus mundos, sino más bien por conocer a otros y tal vez encontrar esa magia en sus textos. Pero creo que no podía. No podía aceptar a otras personas en ese círculo. Ellos eran los que me motivaban, sus historias eran algo más que fechas y datos estúpidos sobre romanticismo.

Los autores más antiguos me gustaban. Creo que llegaban a ese extremo. Pero tan sólo un grupo reducido. Algunos como Lovecraft, Poe o Oscar Wilde. No es que desprecie su talento, el de los autores que iban naciendo y que aún están, sino que sus historias no me hacían sentirme el protagonista. Eran buenas, tenían cosas interesantes, pero nada que me hiciera caer en la cuenta de algo. Era literatura para pasar el rato, no literatura para pensar. A mí siempre me gustó aquella que me hiciera pensar.

-El de ese premio es compatriota mío ¿no?-murmuró.-Bueno, no tardaras en enterarte de donde se encuentra... chismosillo.-dijo estirando sus piernas.-Y no, quien dice gay no dice bisexual. A mí nunca me ha gustado una mujer, ni siquiera cuando adolescente. Las considero hermosas, pero no me mueven ni un pelo. Una sola mujer me ha besado en mi vida y fue como besar a mi hermana.-comentó con cierta cara de asco.-¿Habrá que invitar a Wilde a la fiesta no crees?

-Si tanto te gusta Wilde quédatelo... yo me quedo con el otro francés.-dije recostándome en la tumbona después de terminar. No le demostraría celos, porque ya me estaba molestando.-Además dicen que no tiene más de veinte años... claro que seguro que Wilde da con él.-reí bajo.-Según sé, más bien he escuchado, está frenético deseando encontrarlo para pedirle un trabajo conjunto...-lo de trabajo lo hice en un tono bastante irónico.

-No tiene más de veinte años ¿verdad? Quizás deba de ponerme en su búsqueda también.-dijo con una sonrisa.-He descubierto que me gustan los jovencitos, tienen mucha energía.-estiró su pie descalzado tocando mi muslo.-Aunque si Wilde lo encuentra quizás quiera compartirlo un poco ¿menage? ¿Cómo se dice Hizaki?

-Menage a troi.-murmuré con una sonrisa aguantando las ganas de destrozar a Wilde.-Aunque no te creas, no todos tienen mi energía.-dije recargado en la silla.-Además los tríos son aburridos, no son como lo pintan, o al menos eso noté. Lo pintan como algo innovador, pero no va muy allá, prefiero centrarme en una persona y hacer disfrutar como nunca.-le miré clavando mis ojos en él mientras acariciaba su pie masajéandolo.

Soltó un suspiro al sentir mis manos sobre su pie. Era muy sensible, eso era lo que más me gustaba de su comportamiento. No sólo era sensible hacia el arte, también su piel lo era.

-Pues habrás tenido una mala experiencia Hiza cariño.-murmuró.-Pero por mí, mientras no entre una mujer, he aprendido que hay ventajas de ser el pasivo. Son más manos, más bocas, más... tú sabes.-dijo entrecerrando los ojos mordisqueándose el labio inferior.

-No importa, prefiero estar con una sola persona.-masajeaba bien su tobillo, era el de la caída y lo hacía a conciencia. Ya estaba bien, pero siempre era bueno frotar en una zona afectada recientemente. Intentaba no mirarlo porque terminaría encima suya y le haría rectificar en todo.-En los tríos no hay amor, no hay nada, solo sexo... y yo de eso estoy harto.

-A veces es mejor Hiza, una persona de confianza con la que se puedan descargar impulsos. Cuando quieres a alguien todo se vuelve más complicado, y un beso no es sólo un beso. Ya una caricia no es nada más que eso. Llegar a la cama puede ser atemorizante.-lo escuché dejando el masaje por unos momentos mientras indagaba en cada palabra.-De todas maneras, una pareja puede invitar a un tercero y seguir demostrándose amor, ese tercero entra como un invitado, parte del fore-play... ¿Te imaginas? quieres tanto a alguien que deseas poder brindarle placer de mil maneras diferentes... lo considero todavía más amor si le dejas en manos de alguien que sabrá hacerle disfrutar, es confianza...

-No tenemos el mismo concepto.-dije serio observando su pie, intentaba concentrarme en su tobillo que en pensar como sería si me pidiera algo así. Jamás podría permitirle a otro tocarlo y si lo hiciera entonces yo me esfumaría, significaría que yo no era capaz de hacerle feliz.-Digamos que en ese sentido soy egoísta.-alcé la mirada con una sonrisa.-Soy clásico... salí en eso a mi padre.-también a mi madre, pero ella poco demostraba ese concepto de pertenencia, de amor recíproco y único protegido por uñas y dientes.-Creo que antes le cortaba las manos a quien sea que toque a Phoenix...-entonces eché a reír. Todos me miraban, pero no podía dejar de carcajearme.-Se pegó con el ex de Phoenix, bueno ambos como si fueran gallitos de corral en pleno hospital hace como un año... y la de vueltas que da la vida ¿no crees? Taylor se casará con su amado cura y mi padre con su...-entonces caí en la cuenta. Quedaba poco para la fecha, muy poco, y yo no tenía acompañante. Yo quería que me acompañara él, era necesario que fuera él y no otro.-La boda es en dos semanas ¿quieres venir conmigo?

-¿Dentro de dos semanas?-interrogó meditando y calibrando su agenda. Sabía que él era como mi madre, o tenía hueco o no tenía.-Salgo a París de nuevo el próximo fin de semana, deberé estar aquí para entonces. Si Clarissa no me mata antes, supongo que sí. Será un gusto acompañarte.-decía aquello con una sonrisa, pero su cerebro parecía seguir en su mundo.-¿Podré llevar a alguien más?

-¿Cómo?-interrogué.-¿A quién?-quería que él fuera mi acompañante, pero no podía decir que no porque quedaría como un celoso compulsivo, como el culo.-Puedes traer a quien gustes ¿pero de quién se trata?-me crispaba los nervios, toda la comida se revolvía en mi estómago.

-Que bien, Phi dijo que llegaba de Montereal en unos diez días. Se fue de vacaciones, aunque no sé a que va a Canadá. No es un destino turístico que yo elegiría, pero así está de loco.-rió bajo y me miró.-Si te había hablado de él ¿no? De Philippe.

-No recuerdo ¿o sí? a veces se me olvidan las cosas.-y más con los celos que tenía, estaba que mordía a alguien. Sin embargo, intentaba hacer el truco de mi madre... hielo por todas partes.-¿Quién es? ¿familiar? ¿hermano?-rogaba que fuera hermano.

-Sí, nunca me prestas atención.-dijo enfuruñando.-Phi, es diseñador industrial, tiene treinta años y es mi hermano. Philippe Jean Mursell. Y sí, te había hablado de todos ellos, es bueno saber que me haces caso.-la había cagado, metido la pata hasta el fondo y llenado de mierda hasta las orejas. Bajó su pie de mi regazo bastante molesto.-Es más te comenté ese día que estábamos en el bar, de seguro que ni recuerdas cuantos hermanos y hermanas tengo.

-Tienes dos sobrinas que le gustan jugar en la arena de la playa, tus padres siguen casados, adoras a tu familia y tienes una hermana.-dije mirándole fijamente más relajado.-A veces olvido cosas, pero es porque me pones nervioso.-murmuré incorporándome para besar su mejilla.-Anda... perdóname.

-¡Sácate de aquí!-manoteó quitándome de su lado.-El caso es que Phi viene a visitarme y quiero presentarle a una chica. La mejor ocasión de todas es una boda ¿no? A ver si sienta la cabeza, bueno es lo que mi familia quiere. Sin embargo, les digo que aún no es su tiempo. Que mi hermana se haya casado tan joven es otra cosa.

Me eché a reír cuando dijo que quería hacer de celestino con su hermano. Era imposible que le gustaran las chicas que conocía mi madre, o que conocía yo. Eran chicas refinadas, chicas demasiado metidas en el ideal Barbie. Las que conocía mi padre eran pocas, bien escasas, y la mayoría estaban casadas.

-Las chicas que conozco no son para nada compatibles con él, seguro.-me senté frente a él de nuevo tomando asiento en mi lugar.-Pero quizás pueda presentarle alguna, aunque yo no tendré la culpa si se enamora de una tonta que solo dice "osea" .-dije riendo bajo.-De verdad, no creo que las chicas que conoce Clarissa le motiven.

-Mi hermano necesita una mujer que le guste la aventura, andar en kayak, la tirolesa, los rappels y todo eso. ¿Por qué crees que se fue a Canadá? Está loco te digo. Así que uno de estos ejemplares de colección, figurita de porcelana, se le rompe a la primera excursión que la quiera llevar.-comentó intentando describir su mujer ideal.-Es diseñador industrial y una vez tuvo que hacer entre los tres un proyecto, un proyecto de un puente en medio de una quebrada. Él andaba feliz como cabra brincando entre las pendiente. Mi padre y Ettiene casi le dejan ahí.-comenzó a reír y yo también.

-¡No jodas!-creo que se iluminaron mis ojos.-Dios ya tengo a alguien para llevármelo de escalada.-me senté feliz en la silla incorporándome hacia delante.-Rappels ¿has ido al río del Ángel? son geniales, sientes adrenalina por todo el cuerpo.-mis ojos brillaban de una forma increíble, estaba feliz.-Creo que más que una chica le voy a presentar la región

5/5/10

Tritones de piscina III


-¿De Trevor?-inclinó su cabeza intentando comprender, o al menos meter esa información en su mente.-¿Celoso de Trevor?-alzó leve la voz y empezó a reír a carcajadas.-¿Tienes idea de como es él y de cómo soy yo? Se no ta que no le conoces, ese tipo de hombre no coincide conmigo. Él es, él es...-no pudo reprimir su risa, así que volvió a reír a carcajadas. Yo tan sólo no entendía que había de imposible en ello.-En serio Hiza no sé de donde sacas eso.

-De mi madre... te dije que es cruel conmigo.-dije serio, pero luego me eché a reír.-Dios casi mato a alguien de camino al lavabo donde me acordé de...-seguí riendo.-Sólo me tranquilizó un poco de agua en la cara y un cigarrillo a escondidas... ni fumar me deja, bueno ya lo dejé.-comenté rascándome la cabeza.-Mi hermana me tiró la cajetilla por el inodoro.

-Bueno.-murmuró mirándome a los ojos.-Mucha gente pensó que él y yo, bueno que después de las fotos.-suspiró.-Sobretodo mi pareja, él creyó que yo me había acostado con Trevor y terminé, gracias a eso, con un brazo enyesado.-aquello me crispó los nervios, no podía mentir. Mis ojos llameaban por culpa de todo lo que había hecho ese cretino.-Él estuvo ahí conmigo, no sé si sentía culpable o qué.-yo también lo hubiera hecho, por culpabilidad y amistad.-Pero me ayudó, me ayudó con tu madre. Entonces entre los dos me convencieron para venir a esta ciudad. Por eso tal vez se quedó con esa idea.

-Vaya... así que un brazo roto.-las piernas le rompía yo a ese, o al menos es lo que pensé cuando lo observaba. Intentaba no mostrar mis sentimientos de ira, así que me intenté apaciguar y al menos tensarme demasiado.-A mí me pondría celoso unas fotos insinuantes, pero jamás te tocaría. Pienso que quien hace eso no tiene honor, ni orgullo y mucho menos derecho a nada.-lo miré y sonreí.-No te preocupes, tienes un guardaespaldas ahora.

-No son fotos insinuantes, de hecho es un trabajo bastante vulnerable, a mí me gustaron mucho y son las que te quería enseñar la noche en que te enojaste.-entonces me di cuenta que ese inútil y yo teníamos algo parecido, aunque su cólera la pagaba con él y yo simplemente me largaba.-Tengo un par de dibujos de otros amigos, conozco mucha gente que se dedica al arte y entre nosotros pues es normal ayudarnos e inspirarnos, por ejemplo tú en mi colección. Son favores nos vamos haciendo.-él me estaba inspirando para mi novela, también para mis canciones. No era por mera inspiración de amistad o favores, era porque le amaba y quería tenerlo conmigo aunque fuera por escrito. La imaginación me permitía sobrevivir a sus tira y afloja.

-Yo espero ser más que inspiración... aunque con los celos que te dan ya lo doy por hecho.-dije mostrándole mi mano aún con las marcas de sus uñas.-Mira que pensar que Bou era mi amante...

Eso hizo que cruzara los brazos sobre su pecho para echarse hacia atrás en la silla. Se molestó porque le recordara lo de la mano, pero momentos atrás también había demostrado posesivo. No le quería decir más, verlo un poco molesto me hacía sonreír.

-Eso fue por decirme idiota.-declaró.-Aparte tu padre no se explica bien. Aunque sabía que no podías tener gustos así, no es tu estilo.

-Mientras que sean inteligentes, agradables, delgados y diseñadores... me conformo.-sonreí deleitándome con su figura, se veía atractivo a pesar de no haberme dado lo que quería. No estaba en bañador, pero esa ropa le sentaba bastante bien..-Sobretodo franceses y vegetarianos.-me levanté y me quedé de rodillas en su silla de playa.-Ahora sólo me gustas tú, antes no tenía sentimientos.

-Bueno eso deja un grupo reducido.-se giró hacia mí para sonreírme.-Sería entre Jean Loutur y yo. Así que me aseguraré que no te topes con ese engreído come fresas pronto.-entonces se quedó pensativo como recordando algo.-Hablando de comida ¿podemos pedir algo? No desayuné nada más que un té negro ¿tienen servicio de cafetería aquí?

-Por supuesto.-dije con una sonrisa mientras me inclinaba levemente en una reverencia.-Si me acompañas te llevo.-puse mi brazo para que se enganchara a él.-Además hacen licuados de frutas tropicales, creo que te gustará.

-¿No pueden traerlo aquí?-preguntó sin hacer siquiera intento de levantarse.-Me gusta estar así. Tienen que tener servicio fuera del edificio.-susurró mirándome a los ojos.-Yo sólo quiero una ensalada y un té, sin azúcar.-dijo en un pequeño ruego y yo como idiota tan sólo asentía.-Mejor nos quedamos aquí ¿no?

-De acuerdo.-dije sentándome esperando que pasara algún camarero.

Solían venir algunos para traer los pedidos que se habían realizado en el restaurante. Cuando pasó uno cerca simplemente me levanté corriendo tras él. y cuando pasó un camarero me lancé a correr hasta llegar a él.

-Disculpa.-comenté quedando frente a él.-Sergio.-dije su nombre al ver la etiqueta que tenía puesta en el uniforme.-Me gustaría saber si podrías traerme un pedido.-indiqué el lugar donde estábamos.-Te pagaré propina.

-Por supuesto.-dijo con una sonrisa triunfal, sabía que yo dejaba buenas propinas y mi madre también.

-Quiero un sanwich vegetal, una cocacola, un té frío sin azúcar y una ensalada de frutas.-dije con una sonrisa y él asintió intentando memorizar todo.

-En unos diez minutos lo tienes señor Sakurai.-comentó.

-Te acuerdas de mi apellido.-me rasqué la cabeza.-Yo soy malísimo para eso.

Él sólo rió metiéndose dentro del local para traer el pedido. Yo regresé junto a Olivier con una sonrisa triunfal. Había conseguido lo que quería.

-Traerán el aperitivo en máximo diez minutos.-acerqué mi tumbona a la suya y miré el libro.-Oh el libro de tu amor...-dije en tono de burla.-¿Sabías que yo también escribo?

-¿En serio?-ese tono de voz fue “sí, te creo. Te creo, tú escribes y yo soy un alíen de otro planeta venido aquí para procrear”.-Si me hubieras dicho el otro día a lo que íbamos no hubieras batallado tanto conmigo para levantarme. Aparte, me hubiera vestido más decente.-alcé una ceja escuchándolo, sintiendo como no me creía.-¿Sabes qué deberíamos hacer? Estrenar tu loft.-me cambió radicalmente el tema.-Dando una fiesta, bueno el mío tampoco lo he inagurado.-dijo mirándome por encima del libro.-Invitas a tu padre y sus amigos, su pareja, a tu madre que se nos infarte, a Trevor, a Wilde... sería divertido.-sonrió y yo simplemente no podía dejar de pensar en su “ya, ya... te creo”

-No me crees.-dije algo molesto porque no me creía.-¿Quién crees que me hace las canciones?-comenté levantándome para ir a por mi mochila y buscar mi libreta. Era negra con una cruz plateada céltica. Siempre la llevaba conmigo a todos lados. Era especial. Necesitaba a veces dejar constancia de mis pensamientos y dejarlo en una nota siempre tenía la posibilidad de perderlo, desde que tenía el cuaderno me sentía más yo. Podía ver frases simples, poemas, canciones, escritos largos, comienzos de poemas.-Son míos, ten piedad. Están por fecha.-El primero era algo antiguo, dos años, pero siguiendo hacia delante había de todo, incluso tenía garabatos, había dibujado a mi padre y sus aventuras... cosas que me contaba y yo lo caricaturizaba.-La fiesta estará bien.

Tomó la libreta y comenzó a dejar pequeñas caricias sobre la pasta, dibujando las líneas de la cruz con sus finos dedos.

-No es que no te crea, sólo que nunca me habías dicho nada Hiza.-intentaba conciliarme como siempre hacía mi madre, empezaba a pensar que tenía complejo de Edipo.-Mira hacemos esto cher, no me gusta leer así esto. ¿Por qué no tenemos una cena y aprovechas para leerme algo cher?-sonrió haciéndome ojos de cordero.-¿S'il vous plaît?

-Oui.-dije resignado.-Si quieres puedes quedártela, leerla y decirme qué fallos encuentras. Mi padre tan sólo me adula, mi madre si tuviera existencia de la dichosa libreta la quemaría. No quiere que me dedique a escribir ni a cantar ni a bailar... tan sólo carreras, eso no me llena Oly.-comenté algo dolido porque no me comprendía mi madre, alguien que apreciaba a pesar de las diferencias que teníamos.-Yo quiero ser yo, no quiero que nadie me cambie.

Tomó mi mano mirándome a los ojos, la apretó leve y por unos instantes sentí escalofríos. Deseaba abrazarlo, pero sabía lo que pensaban ya muchos. Estaba cometiendo locuras por estar a su lado, por tener un poco de él.

-Quiere lo mejor para ti, ella cree que lo mejor es una carrera como la de tu padre. Aunque ahora se dedique a otras cosas.-sonrió leve.-Anda, sí vamos a desayunar con ella. Espero que puedan hablar de todo eso con calma.-suspiró y apartó su mano de la mía cambiando de tema.-Entonces cher ¿Cuándo quieres hacer la fiesta? Invitas a tus amigos, yo a los míos y que sea algo íntimo de no más de cincuenta personas.

Entonces apareció el camarero y él hizo el intento de pagar con su tarjeta.

-Mercí.-murmuró estirando la mano con la tarjeta de crédito.

-Ni se te ocurra cobrarle nada.-dije mirándole algo furioso. Yo le había hecho el pedido, a quién tenía que cobrar era a mí.

-Sí.-balbuceó.-Sí señor.-dijo tomando la mía que yo le ofrecía.

-Pagaste las bebidas de la otra noche ¿crees que voy a dejar que pagues esto? Al menos se equitativo.-ni de broma iba a dejar que pagara de nuevo, no quería que gastara dinero en nuestras salidas.

-Vengo en un momento... con...su tarjeta.-intervino el camarero antes de marcharse y yo simplemente sonreí relajando el rostro.

-Sobre la fiesta de acuerdo, no tengo más de diez amigos pero le diré a Miho que traiga a los suyos... no son muchos tampoco y me gustará conocerlos... -más bien madrear a uno de ellos. Quería golpear a Amaury, joderle todo el rostro y dejarlo para el arrastre. Me molestaba enormemente que mi hermana le tuviera cariño.

Tomó un tallo de apio mojándolo en el aderezo que traía, mientras se ponía pensativo. Esa pose me gustaba, me gustaba observarlo haciendo pequeños gestos que cualquiera pasaría por alto. Abrió su teléfono apuntando ciertas cosas, no podía ver bien qué anotaba pero simplemente veía sus dedos inquietos machacar las teclas.

-¿No crees que sería interesante tener una banda en vivo mon cour?

-Los salvajes de los amigos de mi hermana, ella puede cantar también y no olvides que tengo grupo.-sonreí de lado.-¿No sería bueno tocar nosotros? así verías nuestro talento.-después recordé a mi padre.-Puedo incluso invitar al viejo y que cante conmigo.-me gustaba que me hablara en francés, pero si yo hablaba en japonés no me entendería, yo sí a él porque sabía varios idiomas.-¿Te gusta el rock gotico y rock normal?... son los únicos grupos que conozco y que tocarían tan sólo por la comida... ah... y el hijo del novio de mi hermana toca el violín, el piano... podría dar un pequeño concierto ... pero sus piezas dudo que sean clásicas.

-No sé Hizaki, suena a mucha gente y si algo he aprendido con los grupos es que entre más sean más desastre. ¿Por qué no escoges tú a uno? Aparte, si tú estás tocando eso significa que no podrás ayudarme en las demás cosas que se presenten ¿no?

En ese momento mis celos se activaron. No cantaría yo. No tocaría yo. Sólo me pondría a su lado intentando no matar con la mirada a nadie. Se quedó viendo hacia el frente, a un punto fijo indefinido, y suspiró.

-Está bien.-murmuré, pero él siguió hablando.

-Yo no se´mucho de esa música pero ¿no es muy escandalosa? Digo si esa música dejaría hablar cómodamente a las personas, recuerda que los loft no son tan amplios.

-Entonces sólo le pediré a Eduart y a Cat, he oído que son buenos con los pianos y los violines. ¿Qué tal eso? Claro que si viene Cat vendrá su pareja... y el idiota de Amaury tendrá que venir.-murmuré el nombre de Amaury como un gruñido.-Pero si invito a mi hermana y a sus amigos este viene seguro, sí o sí.-sonreí ampliamente.-¿Qué tal así? Además conozco a alguien que sabe tocar jazz... el saxo... bastante bien.-ese era mi padre, era un vicio oculto, como muchos otros.

-Eso suena muy bien.-dijo con una sonrisa amplia.-Y los gatos de todo irán a partes iguales ¿eh?-me señaló con una tira de zanahoria, como si eso me amedrentara.-No haremos este despliegue de vanidad cada vez que necesite pagar algo.

-Los musicos vendrán gratis.-dije con una sonrisa bastante felina, una que recordaba a mi gato, el gato al cual pertenecíamos Miho, Hero, Jun y yo mismo... así lo llamaba mi hermana "gato sonrisas"-El que toca Jazz lo conozco desde que era niño, créeme lo hará gratis mientras haya sushi.

-Bueno, entonces creo que será perfecto.-se recostó sobre la silla cuando en un segundo brincó todo ilusionado.-¿Y si la hacemos temática? ¿Algo de los años veinte o treinta? Tú sabes, big bands, trajes, sombreros y demás.

Reí a carcajadas al ver como se iluminaba. Parecía un niño pequeño frente a muchos paquetes de regalo.

-Perfecto, invitaré a mi profesora de baile para que nos ayude a decorar todo... ahora con los últimos acontecimientos está algo mal, pero una fiesta la reanimará, supongo.-era una buena amiga, quería verla sonreír de nuevo.-¿Te confieso un secreto? el saxofonista es mi padre, aunque ese secreto lo desconoce mi madre. No quería quitarse el look serio ante ella, tal vez por miedo al rechazo, no sé.

Movió los pedacitos de lechuga de un lado a otro, tomó un último cubito de pan tostado y dejó el plato a un lado. Terminó por recargarse en el respaldo de la silla subiendo los pies al asiento. Yo lo observaba mientras terminaba lo que me había pedido, observándolo bien sin perder detalle.

-Supongo que ninguno de los dos conoce suficientemente bien la historia como para ponernos a opinar sobre todo. Es más, ni ellos mismos la conocen. Cada quien tiene su versión, pero es triste que nunca pudieron compartir sus pasiones por miedo a algo. Es realmente triste si lo piensas bien Hizaki. Es triste que tus padres tuvieron miedo de ser ellos mismos durante tanto tiempo, incluso con la persona que más amaban. Digo tu padre por temor a no ser el hombre serio que creía que esperaba tu mamá, Clarissa por temor a no ser la mujer perfecta que él supuestamente esperaba. Es algo triste. Al menos tu padre ha tenido el valor de recuperar mucho.

Sí, era triste. Era lamentable que ambos desearan ser lo que el otro debía esperar, o más bien creía que esperaba. Mi padre cortó su cabello, algo que le hundió porque era terriblemente apegado al rock y a sus pintas de macarra. Sin embargo, siempre delante de mi madre se mostró alguien centrado y sin aspiraciones artísticas más allá de una simple afición pasajera. Mi madre ocultaba tantas cosas, tantos secretos, que jamás pude averiguar qué es lo que jamás le mostró a mi padre y que sí. Ella era un misterio en sí y se hacía la mujer de hielo porque así la educaron. Sabía que mi padre amaba cuando mi madre se enfurecía o reía a carcajadas, pero lo hacía sólo en momentos puntuales. Creo que él buscaba que fuera más ella, más humana, menos centrada y más libre. En parte se cansó de sus intentos y también de ponerse máscara, se cansó de todo y fue perdiéndose la magia. Tenía mi versión porque yo viví sus buenos y malos momentos, yo era el fruto de uno de los mejores momentos de mi familia... fui en parte uno de los logros de mis padres y por ello buscaban que fuera lo que ambos deseaban, cada uno me presionaba a su forma aunque no se dieran cuenta.

-Ella no hace su vida porque no quiere.-le dije mirándole fijamente.-Es mi madre, pero no por ello diría que es atractiva si no lo fuera. Sin embargo, no creo que esté por la labor de escoger rápidamente a cualquier hombre que pase por delante. Exclusiva es en su ropa imagina en un hombre.-mordisqueaba lo que me habían traído y luego sonreí.

-Sí, supongo que eso es cierto. Es bastante quisquillosa. Me la llevará a París cuando vaya a la semana entrante, a ver si le puedo servir de Matchmaker y con eso tal vez me congratulo con ella de nuevo.-sonrió de nuevo mientras bebía agua y yo deseé ser el borde de la botella.

-Sí, porque además dudo que haya hombres en la ciudad que sean de su gusto... el único que conozco es Wilde y tiene dos defectos que lo hace incompatible. Wilde es gay y amigo de mi padre.

-Así que Wilde nada más es gay.-dijo con cierto asombro.-Pensaría que es bi, con ese porte que tiene. Yo sé de varios que se pondrán felices de saber eso.-sonrió nuevamente y deseé saber qué demonios pensaba, juro aún que me podía apostar mis motos a que lo imaginaba semidesnudo frente a él con un letrero de “soy tuyo”

-Bueno quien dice gay, dice bisexual. Pero sé que ha tenido un desengaño con un chico en la ciudad.-dije encogiéndome de hombros.-Además he oído que hay otro escritor importante por las calles... el escritor de fantasía juvenil del año.-suspiré.-Aunque a ese no le conozco, si lo hiciera estaría pidiendo que firmara todos los libros que tengo de él.

12/4/10

Volvernos a encontrar I


Volvernos a encontrar

Al día siguiente del concierto estaba completamente agotado. No podía ni pestañear. Tras el concierto fuimos a festejarlo a una discoteca bastante exclusiva. Mi padre se marchó a casa pero sus amigos vinieron conmigo, Bou y Shinji también tuvieron que dejarme. Finalmente me vi con cuatro hombres maduros que parecían incluso de mi edad si comparábamos nuestra madurez, exceptuando a Hidehiko. Ese hombre parecía el silencio en persona.

Desperté a eso del medio día, en casa, con la ropa mal colocada y tirado de mala manera en el sofá. Apestaba a whisky y ron. La cabeza estaba a punto de explotarme. Rogaba porque me hubieran traído a casa y no haber conducido ebrio, puesto que no me acordaba de nada. Mucho era que recordaba el concierto y pocas conversaciones de felicitaciones por parte de personas de la organización.

El timbre comenzó a sonar y mi cabeza comenzó a explotar. Me arrastré como pude hasta la puerta y al abrir me lo encontré ahí. A pesar de estar agotado, de no tener fuerzas para nada, di un fuerte portazo. La persona que no quería ver, la menos indicada, estaba ahí. Era Yue.

No sabía como había dado con mi dirección aunque teniendo en cuenta que toda la prensa rosa me perseguía era inevitable que diera conmigo, que encontrara mi madriguera o mi bunquer. Había dado conmigo. Yo no quería volverlo a ver en mi vida. Después de los numeritos que me había formado no quería saber nada de él.

-¡Hiza!-gritaba pulsando una vez y otra el timbre. La cabeza estaba a punto de explotarme.-¡Hizaki!-golpeaba fuerte la madera de la puerta retumbando en toda la casa, o al menos lo percibía así en mi estado de salud. No estaba bien. Aún me duraba la ebriedad y no quería aguantarlo.

Abrí la puerta y le miré como si mirara a un enemigo, en realidad él lo era. Le atravesé con la mirada de demonio y gruñí golpeando fuerte el marco de la puerta. Mi aspecto no era el mejor, creo que parecía que me había pasado por encima un tren.

-¡Vuelve a gritar una sola vez y te mato! ¡Te juro que saco un revolver y lo apunto a tu sien! ¡Maldito chupapollas! ¡No quiero saber más de ti! ¡No me molestes más joder!-entonces noté la lluvia de flashes.

-Este joven dice ser su amante ¿es cierto?-preguntó uno mientras le hacían fotos mientras él lloraba, yo sólo gruñía.

-¡No es cierto! ¡Es un maldito acosador y no tengo nada que declarar sobre él salvo que estoy harto!-cerré la puerta y me fui a la ducha arrancándome prácticamente la ropa.

Sabía la repercusión que eso tendría en la prensa. Ese maldito crío no dejaba de molestarme y me había hecho una encerrona. Estaba con ganas de agarrarlo a golpes. Ya no era sólo que no quería ser su amigo ni su amante, ya era simplemente que no quería que respirara el mismo aire que yo. Además estaba mintiendo en la prensa y Olivier podría pensar mal sobre ello. No quería que pensara que seguíamos juntos.

Mientras me duchaba sentía como la cabeza me retumbaba fuerte. El cabreo y la resaca hacían un efecto doloroso. Era como una bomba de relojería a punto de explotar. Me dolía la sien y sentía que todo mi cuerpo caía. Ese maldito idiota decía amarme pero sólo complicaba mi vida, la hacía una ruina.

Nada más salir de la ducha puse la televisión, aunque bajé bastante el volumen, y vi como los malditos programas del corazón me ponían a parir. Hablaban de cosas que ni sabían. Yo me quedé ojiplático ante todo lo que se montaba en los platós. El teléfono comenzó a sonar y acepté la llamada.

-Hijo pon la siete.-dijo mi padre.-Hazme caso y pon la siete.-era su móvil, no había visto el número. Tan sólo acepté la llamada para que no sonara más.

Al poner la siete vi como hablaban de un supuesto embarazo de una chica, una chica que decían que estaba embarazada y que al parecer yo era el padre de la criatura. Ahí no quedaba la cosa. Todo ese follón lo había empezado Yue. Sus berrinches y lloros en mi puerta estaba dando la vuelta a todo el maldito país.

-¡Yo a ese capullo lo mato!-grité molesto sin despedirme de mi padre, tan sólo apagué el móvil y furioso rompí un cojín haciendo que las plumas de este llenaran todo el salón.-¡Hijo de puta!

Durante horas los programas de televisión no paraban de emitir imágenes mías del concierto, pero entre ellas había comentarios sobre a quién cantaba realmente y si Olivier sabía que tenía un amante y un hijo esperándome. Algunas de las chicas de mi club de fans en la ciudad intentaron defenderme en vano porque las cortaban, hacían como si las llamadas se cortaran o ellas colgaran.

Finalmente los abogados de mi familia intervinieron. En los juzgados hubo movimientos rápidos puesto que denunciaron por una intromisión a mi privacidad, además de injurias y calumnias hacia mi persona. Los programas al día siguiente estaban tan acojonados que no hicieron nada. Esa era la valentía de la prensa rosa. Las mentiras se pagan caras, muy caras. Pero aquel día fue una pesadillla.

A mí no me importaba hacer declaraciones o conversar durante horas en un plató de televisión. Para mí ese mundo era algo brillante y su brillo me cegaba. Si bien, odiaba que hablaran únicamente de mi vida en vez de mi trabajo. Terminé por decepcionarme profundamente. Muchos de mis programas de música dejaron de emitir canciones mías y videos míos por el hecho de todo el revuelo que se había formado. Pensaban que yo mismo lo había hecho para darme repercusión. A mí no me hacía falta eso.

Tuve que darme varias duchas y correr bastante en mi bicicleta estática, incluso hice pesas durante casi todo el día y di buenos golpes al saco que tenía de boxeo. Cuando me relajé escribí un poco más de aquella novela. Ya iban más de quinientas páginas. No tendría más de setecientas, estaba llegando a los momentos culmen.

Sin embargo, en plena noche me puse mi ropa de deporte y salí a correr. La prensa no pensaba que podía salir a eso de las dos de la mañana, estaban dormitando en sus coches haciendo guardia. Pasé por sus lados arañando sus vehículos sin que se dieran cuenta de mi jugada. Sonreí de forma cínica guardando mis llaves y comenzando a correr como alma que se la llevaba el diablo.

Pasadas algunas calles me quité la capucha y abrí mi sudadera. Noté la humedad de la noche sobre mi cuerpo, más bien sobre mi piel. Corría por los parques cercanos hasta decidir ir a ver aquella maravilla de la naturaleza. Fui al mirador. Eran más de tres horas corriendo, pero no importó. Llegué casi al filo de las seis de la mañana y vi amanecer. Alcé mis brazos estirando las puntas de mis dedos hacia el cielo y tomé aire.

-¡Que os jodan a todos malditos bastardos! ¡Ojala os pudráis! ¡Maricones de mierda! ¡Desgracia social! ¡Me cago en la prensa de este puto país de mierda! ¡Que os follen!-grité a pleno pulmón aferrándome al puente de madera.

-Sabía que vendrías aquí.-escuché una voz familiar, pero no podía dar crédito que fuera él.

Al girarme vi a un hombre harapiento con barba mal cortada de al menos tres meses. Parecía ojeroso y no haber comido bien en semanas. Su ropa apestaba a alcohol barato. Era Lexter. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos las caras.

-¿Qué quieres?-dije asustado.

-Volverte a ver.-murmuró.-Te diría que no has cambiado nada, pero pareces un chico más seguro e incluso pareces haber crecido.-dijo con cierta melancolía en la voz.

-¿Para qué me querías ver?-pregunté maldiciéndome por no haber recurrido a uno de mis escoltas para aquella aventura.

-Quería ver de nuevo a la única persona que realmente he amado.-respondió.-El único hombre que me ha llevado a la locura y a la miseria.

-¡Cállate!-grité molesto.-¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!-espeté.-¡Me usaste! ¡Usaste a mi madre!

-¡Estaba confundido! ¡Cuando supe que te amaba ya me habías echado de tu vida y tu madre me había largado a la calle!-gruñó.-Pero no te culpo porque es lo que me merezco.

-Te mereces la muerte.-dije desafiándolo con la mirada.

-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

Alas de papel II


-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.

Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.

-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.

-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.

-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.

-¿Puedo fumar?-interrogó.

-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.

-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?

-Ambas.-respondí.

-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.

-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.

-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.

Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.

Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.

Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.

-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.

-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.

-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.

-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.

-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!

-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.

-Es divertido coquetear sin más.

Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.

Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.

-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.

-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.

Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.

Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.

-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.

-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji

-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.

Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.

Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.

Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.

6/4/10

Alas de papel I


Alas de papel

No podía más. No tenía nada que hacer. Él ya no estaba en la ciudad. Tenía que ensayar y hacerlo con toda mi alma. Sin embargo a encender la televisión tuve una fuerte bofetada en el rostro. El mando a distancia se escurrió de mis manos y mis ojos se quedaron fijos en el plasma. No podía articular palabra, las lágrimas salieron solas y me pregunté cuando ese hombre se hizo tan importante para mí.

De inmediato llamé a mi profesora de baile, y también amiga, ella sollozaba y yo intentaba averiguar algo más. No había nada más. Ese nada más era la incertidumbre, si bien el mundo se volvió más oscuro y la inocencia más amarga. Pronto se alzaron voces clamando al gran ídolo de masas y quienes lo insultaban guardaban silencio. Se había muerto la gallina de los huevos de oro, el chico de los pies mágicos, el muchacho que enamoraba con una tímida sonrisa y el criminal de muchos envidiosos.

Muere Michael Jackson. Era Junio. En pocos días daba un concierto y yo también. Era una coincidencia que me hizo sonreír cuando la supe, si bien en ese instante se hizo un crespón negro... un nudo intenso en mi garganta.

Para muchos era sólo un héroe de la música, no lo sentían como lo podemos sentir quienes nos dedicamos al mundo del espectáculo. Aquellos que le señalaban como buenos verdugos... vieron que era inocente. Quienes lo acusaban cambiaban su versión ante los flash de las cámaras. Se arrepentían. Todos pedían perdón. Todos lloraban la muerte del gran Rey del Pop.

Toda la mañana estuvieron emitiendo noticias de última hora, debates sobre su vida y los documentales sobre su música, o la gran huella que había dejado, se reflejaba en los televisores de miles de millones de personas en todo el mundo. La sonrisa de Jackson se borraba, las lágrimas de sus fans aparecían. El mundo entero se volvió oscuro y el firmamento aceptó una nueva estrella entre ellos.

En parte él tenía la culpa de mi pasión por el baile. Desde niño quería imitar esos pasos imposibles, ser tan bueno como él era mi sueño y creo que el de cientos de miles de bailarines. Quería brillar, deslumbrar, como él. Yo era uno más, alguien que quería rozar la excelencia.

Fui a la ducha aún con incredulidad. Un ídolo caía, pero yo tenía que seguir mi sueño. Seguiría ese sueño que emprendí gracias a él. Me afeité y corrí hacia el lugar del ensayo. Ese día lo hice a pie, no quedaba muy lejos de donde vivía. Corría como alma ante el mismísimo diablo. Lo hacía con la radio del mp4 activada. Hablaban de Billie Jean, una de las canciones que rompió barreras racistas en las radios de Estados Unidos. Porque fue la primera canción de cantante negro en la única emisora que quedaba por conquistar. Él rompió vallas racistas y aún así le colgaban la etiqueta de serlo con su mismas raíces, uno más de los bulos ilógicos y estúpidos como el propio ser humano.

Nada más llegar al estudio vi a todos mis bailarines pegados a una pequeña pantalla de televisor, de esos que se llevan portátiles. Todos veían las últimas noticias en la MTV. Yo entré quitándome la camiseta y puse orden. Se quedaron atónitos ante mi aspecto agitado y mis ojos llenos de una sensación extraña.

-Ha muerto un ídolo y ahora es leyenda.-comenté tras una fuerte palmada.-Quiero hacer algo en el concierto, algo que le recuerde, pero a la vez no quiero que sea como todos los que le harán.-les miré fijamente a los ojos, uno a unos.-A parte de ensayar lo de siempre hay que crear una nueva coreografía.-ellos asintieron y aplaudieron la idea.-¿Y Victoria?

-En el servicio.-dijo una de las chicas.-Sabes que lo adoraba.

-Está bien, ve a por ella y dile que tiene que ayudarnos. Contraté su profesionalidad y su pasión... la contraté porque ella ama el baile y lo ama con todas sus fuerzas. Recuérdale porqué es profesora y bailarina, recuérdale porqué está hoy aquí.-ella asintió para ir a los baños a buscarla.

-¿Cual haremos?-interrogó.-¿O dejarás que elija ella?

-The way you make me feel.-respondí tras unos segundos meditándolo bien.

-Esa sonará bien.-dijo ella con una sonrisa apareciendo de la nada. Sus ojos estaban rojos de llorar, pero parecía entera.

Estuvimos ensayando más de tres horas esa misma canción. La coreografía era exacta al video. Además tuvimos que pedir permiso de derechos de autor y otros permisos necesarios para el evento. Tras el descanso y el papeleo volvimos a la rutina. Estuvimos bailando los seis temas que tendría que interpretar con el cuerpo de baile. Fueron seis horas intensas. Al ir al móvil tenía un mensaje de él pero contesté de forma formal, algo que no solía hacer. Estaba algo bajo de ánimos y con pocas ganas de hablar.

Al llegar a casa seguí con mi relato. Si bien, alguien me sacó de mi inspiración llamando a mi puerta. Se me hizo curioso que fuera Paulo, el mismísimo Paulo Wilde. Aquel que quería matar y a la vez intentaba pedir consejo. Apareció con unos jeas deslavados y rotos, una camisa fuera del pantalón y una americana negra. No nos llevábamos más de diez años, realmente en aquellos tiempos no sabía su edad, pero su corte intelectual no estaba salvo por sus gafas.

-Me pediste ayuda.-comentó levantando una bolsa de comida japonesa.-Llamé a tu padre y le pregunté cuándo estarías en casa.-le hice un gesto para que pasara y cerró la puerta tras él.-Quieres ayuda para explicarle al mundo tus sentimientos y que no sepan que son tuyos.

-No es eso.-repliqué.

-Quieres algo imposible Hizaki Sakurai.-dijo dejando la bolsa en la barra americana que dividía el salón con la cocina.-Hizaki.-colocó sus manos sobre mis hombros y suspiró.-Déjame ayudarte, tienes mucho talento y quiero que lo explotes. No sólo vales para canciones estúpidas, sé que hay algo más en ti.-sus ojos claros se clavaron en los míos y sonrió.-Deja que esa furia que leí en tu mirada el otro día se muestre, que el orgullo se haga renglón y que los sentimientos de desesperación ahoguen a tu lector.

-¿Y si no sé sacarlo?-interrogué.

-Oh, el miedo del primerizo.-dijo alejándose de mí para acomodar las gafas y reír bajo.-Es como el sexo Hizaki.-esa sonrisa que tenía de diablo me desconcertó.-Primero tiemblas con el primer avance. Crees que el corazón va a salir por tu boca y tus labios arden. Tus manos no saben donde deben ir pero al final llegan donde tienen que estar.-se pegó a mí tomándome de las manos y las miró.-Manos fuertes, manos inteligentes, que terminan siendo patosas y débiles. Pero luego de los primeros minutos, de llegar al momento de entrar, no se duda y se hace. Terminas gozando como un maldito demonio, gimiendo al son de tu pareja, y ah... el orgasmo.-me revolvió entonces el cabello.-No seas crío y rompe tu miedo, sino te quedarás virgen literariamente para siempre.

-Sí.-fue lo único que pude decir y él rió girándose para mirarme con su pose de nerd encantador.

-¿Comemos antes?-sonrió como si tuviera doble personalidad, ese hombre no podía ser el otro que casi me engulle contándome todo aquello.

-¿Qué eres?-pregunté intentando volver a ser racional.

-Depende de cómo me mires.-respondió.-Hay muchas cosas que no sabes de mí, muchas que no sabrás aunque me conozcas durante diez años.

-Supongo que es parte del encanto por el cual tantas mujeres se mueren por ti. Además no sólo mujeres. Sé que tus obras son reflejo de lo que eres, de quién eres en parte. Tu bisexualidad hace que parezcas más sensible tal vez, además de enigmático e imposible. Al tener tanto donde elegir...

-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

28/3/10

Te esperaba IV


Levantó sus pequeñas manos y se quedó mirándose los dedos arrugados como pasas. Allí metido entre tanta espuma se hacía más apetecible. Yo no me quería mover de su lado para ver su cuerpo otra vez.

-Oh, está bien.-dijo mirando la toalla.-¿Salte? Vamos que no me puedo secar si estás aquí.-dejó el brick del zumo en el piso y estiró los brazos para tomar la toalla, pero no hizo intento de levantarse.

-De acuerdo.-dije saliendo para darle intimidad. Me quedé tras la puerta, a un lado, porque yo también quería darme una buena ducha. Claro que mis buenas duchas eran de cinco minutos, no tanto tiempo como él usaba.

-Dios qué calor.-murmuré con la espalda pegada a la pared.

-Listo.-dijo saliendo con una toalla enorme alrededor de su cadera. No sé como lo hizo, pero supuse que sería con alguna de las gomillas que usaba para enrollar los cables.-¿Tendrás algo que pueda usar de pijama?-preguntó mientras yo babeaba como un idiota.

-Te dejé unos boxer grandes y una de mis camisetas de estar por casa.-dije antes de meterme en el baño.-Si quieres algo más espera que salga.

Me metí en la ducha tras vaciar la bañera y me di un buen enjabonamiento, aunque de forma rápida. No quería pensar en lo que había acabado de ver, aún tenía las hormonas revueltas. Noté que se había acabado el agua caliente, pero en vez de refunfuñar di las gracias. Tenía que enfriar mi cuerpo.

Salí pronto empapado con una toalla en la cintura y la otra agitando los cabellos. Entré en el cuarto con unos desodorantes en la mano y se los lancé a un lado en la cama.

-Te saliste sin ellos.-comenté.-No hay otro.-fui hacia las cajas que había desarmado y saqué unos boxer.-Aún no saqué todo, me cuesta horrores organizar la casa.

-Oleré raro.-replicó al notar el perfume de uno de los aerosoles.-Bueno raro no, simplemente no oleré a mí.-me giré y le vi con la nariz arrugada olfateando de forma cómica el aire. Casi me eché a reír, pero era lógico. Él no usaba ese tipo de olores.-Esto es demasiado masculino para mí.-reí bajo mientras me subía los boxer, e intentaba que no se molestara porque no podía contenerme.-¿Tendrás crema hidratante?-preguntó cruzando sus piernas en forma de flor de loto.-Mi piel es muy seca y necesito usarla.

-Compré algo para el bebé, me estoy comprando ya las cosas para no hacer desembolso de golpe y porrazo.-fui hacia el cuarto del niño y tomé el bote que compré.-Huele a cerezas, no sé si te irá bien. Estuve aprobándolo unos días para lavarme las manos, el gel, y la verdad es que para un niño huele bien.-y le miré sonriendo.-A ti te queda perfecto.-había notado que usó el gel de prueba, además olía a cerezas. Besé sus labios cuando me senté a su lado nada más que con los boxer. No me iba a poner nada más aunque me lo rogara.

-¿Dices que huelo a bebé?-preguntó riendo mientras se echaba crema en las piernas y en los brazos.-Sólo porque no ande por ahí oliendo a maderas y cosas fuertes...-susurró y me miró.-Cuando me vuelva a quedar aquí me tienes que recordar traerme mi maletín de viaje.-dijo sin pensar, porque cuando recapacitar se quedó pensativo.

-Tranquilo, te compraré algo especial para ti.-dije mordisqueando su cuello y luego su oreja.-Debemos dormir.-murmuré acariciando su vientre mientras lo abrazaba.-¿Quieres otro zumo? ¿o algo más?-me preocupaba que no estuviera cómodo.

-No gracias, estoy bien.-se recostó contra las almohadas entonces, parecía algo aturdido.-¿Prefieres algún lado de la cama?-preguntó metiendo las piernas bajo las sábanas, agarrando la almohada para abrazarla.

-Donde tú quieras.-dije acomodándome a su lado, agarrándolo suavemente de las caderas.-¿No soy mejor que la almohada?-pregunta besando uno de sus hombros.-Realmente te queda bien la crema.

-Gracias.-se giró dándome la espalda agarrando bien la almohada, pero terminó acomodándose leve contra mi pecho.-Así está mejor, sólo no se te ocurra levantarme temprano porque descubrirás algo muy feo de mí.-sonrió leve y se acomodó un poco más.

-Eso ya lo sé.-dije acariciando bien su cuerpo. Tenerlo así después de lo que había pasado y dicho me hacía sentirme más próximo a él, era todo un paso.-Mañana te llevaré a una presentación literaria, te gustará.

-Tengo mucho trabajo pendiente Hiza.-murmuró.-Me atrasé mucho estos días.-bostezó tomando mi mano para llevarla entre las suyas, para que lo abrazara.-Me urgen que estén listos y no lo estarán si no vigilo lo que hacen, son incompetentes a veces.-bostezó de nuevo y suspiró.-Ahm, no quiero hablar de trabajo antes de dormir porque me dará pesadillas.

-Será media hora y habrá un pequeño aperitivo...es al medio día.-iríamos, dijera que si o que no. Tan sólo media hora y para colmo nos regalarían el libro. Era un libro que ya había leído, no tenía la firma del autor. Todo era fantasía con novela romántica pero gay. Era interesante.

Casi no pude dormir. Tenerlo tan cerca me volvía loco. Su aroma era distinto al mío a pesar de haber usado mis cremas y lociones. Él olía distinto. Su piel daban ganas de morderla, sobretodo su cuello y sus hombros. Besé su cuello y su mejilla, además de sus manos mientras él dormía. Era demasiado tentador tenerlo así. Pegué sus nalgas a mis caderas, sentía su trasero pequeño y priego rozar mi entrepierna, y eso me hacía alterarme aún más.

-Me vuelves loco.-susurré antes de mordisquear su oreja.

Él seguía durmiendo. No se percataba de nada. Lo peor de todo era eso, que no se diera cuenta. Tal vez si lo hubiera hecho me hubiera golpeado, echado de la cama, largado de mi casa o como mínimo golpeado con el despertador o la almohada.

No sé a que hora me quedé dormido. Tal vez lo hice a eso de las tres de la mañana. Sin embargo, siempre me despertaba a la misma hora. Sonreí al verlo acurrucado hacia mí, abrazado rodeando mi cuello con sus brazos. Reí bajo al ver su rostro dulce que no pegaba para nada con sus gemidos, su movimiento de cadera o simplemente con la perversión con la cual me incitaba.

Cuando me desperté mi padre me había mandado un mensaje. No quería decirme quien era el autor hasta la fecha clave. Cuando vi el mensaje me eché a reír a carcajadas. Tomaba café en la cocina. Había descansado de forma plena y preparaba un buen desayuno. El nombre era el de Paulo, Paulo Wilde. Me sonaba esa forma de escribir, pero jamás pensé que alguien como él tratara fantasía.

Eran apenas las nueve cuando me preparaba el desayuno, ya prácticamente estaba sobre la mesa y bebía el café recién hecho, esperando que él se despertara, pero no lo hizo. Cuando llegó las diez y media fui a por él. Yo me había duchado, afeitado, desayunado y prácticamente vestido. Él no. Él seguía entre las sábanas revueltas. No dudé en hacerle una fotografía con mi móvil. Se veía apetecible, tanto que volví a hacerle otra después de apartar las sábanas.

-Dios mío Olivier.-dije subiendo un poco su ropa.-Joder.

-¿Qué?-murmuró adormilado y yo oculté el móvil.

-Es la hora Oly.-comenté con una sonrisa.

-¿Qué hora es?-preguntó frotándose los ojos.

-Son las diez y media de la mañana.-respondí viendo el despertador de la mesilla y él de inmediato me agarró del rostro.

-Es plena madrugada Hiza.-masculló haciéndose un ovillo.

-Hay que ir donde la presentación del libro.-susurré mordisqueando su cuello.-Oly, no seas cruel conmigo y vístete que así provocas.-puso su pie en mi pecho y me empujó.

-¡Largo! ¡Quiero dormir!-gritó mientras yo perdía el equilibrio y caía al suelo.

-¡Olivier!-grité como respuesta intentando tirar de las sábanas y él jalaba con la misma fuerza.-¡Vas a romper las sábanas! ¡Oly que hemos quedado!

-¡Mentira! ¡Has quedado tú! ¡Vete a tu casa!-respondió molesto.

-¡Tú estás en mi casa!-cuando dije eso él dejó de tirar y volví a caer al suelo.

-¿En serio?-preguntó bostezando y estirándose.-Ya no me acordaba, es verdad.-se rascó la cabeza.-No tengo tan mal gusto decorando.

-Gracias por tu halago.-murmuré levantándome del suelo.

-Lo siento Hiza, pero no me gusta que me despierten tan temprano.-susurró como excusa, pero el golpe me lo había llevado yo. Cuando recordé el móvil me di cuenta que estaba tirado a mi lado. Creo que fue un milagro que no se rompiera.-¿Está bien?

-Sí, no se ha roto.-respondí mirando las fotografías y sonreí por acto reflejo.

-¿Por qué sonríes?-preguntó estirándose e inclinándose hacia mí.

-Por un mensaje que me acaba de llegar.-dije guardándolo en el bolsillo de mi pantalón.

-¿De quién?-interrogó de forma seria, parecía molesto o más bien celoso.

-De mi padre, me acaba de decir una sorpresa del evento.-me levanté bien sacudiéndome y colocando bien la poca ropa que me había puesto.-Es a las doce y sólo tienes una hora para ducharte, arreglarte y hacerte a la idea que tienes que mover el culo.

-¡Es muy temprano!-refunfuñó.-Yo no quiero ir.

-Si no vas te arrepentirás.-dije caminando hacia la sala.-Te prometo que te gustará.

Llegamos tarde. Llegamos tarde porque estuvo enfuruñado todo el camino, incluso desde antes de levantarse de la cama. No paraba de echarme en cara que estaba desaliñado y que tenía jaqueca. Todo eso era por despertar en plena madrugada según él.

Como apenas había podido parar en su casa sólo se había marchado por una playera de color azul calo, unos jaeans CK, y no demasiados complementos. Su cabello era un desastre, según él, pero a mí me gustaba vérselo de esa forma. Sin embargo, llevaba un gorro y unas gafas que ocultaban su rostro y su pelo.

-Me deberás una grande.-murmuró antes de entrar conmigo en la sala.

-El viejo ya la soltó...-dije y Wilde tenía los ojos que se le salían de las órbitas.

Creo que le habían sacado el aliento. Mi padre era de dar noticias sin más. Había dicho que pertenecía a su partido, que sería su sucesor. Y el pobre de Paulo simplemente balbuceaba. Se colocó las gafas y echó sus cabellos hacia atrás, su flequillo revuelto y su rostro de circunstancia lo decía todo. Si bien, tomó agallas y empezó a dirigirse a los presentes mientras los flash fotográficos iluminaban su cara.

-Como...-tosió.-Como ha dicho mi gran amigo.-aunque de amigo no tenía nada, era un pacto de demonios lo que habían hecho ambos.-me quedo con su puesto en la presidencia del partido.

Vino batería de preguntas y él mostró el libro. Intentaba que sólo se hablara del libro. No quería hablar de política sino de su pasión. Me eché a reír recordando el mote que le había puesto mi hermano.

-Pobre polvos de talco.-susurré riéndome bajo

-Hoy importa mi libro, mi arte, mi pasión... mañana si quieren doy otra rueda de prensa, pero por ahora ruego que se centren en el libro y como preguntas sobre este ya han realizado... procederé a firmarlo quien desee.-

-Ven conmigo.-dije tomándolo de la mano para hacernos hueco entre todos ellos.

Mi padre tenía una triunfante sonrisa en los labios, había conseguido dar un golpe de efecto. Un golpe que tal vez le devolvían nada más marcharse todos. Paulo estaba que quería matarlo.

-Hiza... no.-dijo deteniéndose mientras jalaba de mi mano.-¿Cómo voy a saludarlo viéndome así?-se sonrojó y avergonzó de forma tan tierna que me hizo sonreír.-Ve y saluda tú.-balbuceó nervioso.-¡Te espero viendo libros!-quería largarse, pero le agarré bien.-

-Oly... mi padre seguramente te ha investigado incluso que talla de calzoncillos usas.-dije siendo sincero.-Es Yakuza, quiera o no, así que no te pongas con remilgos porque seguro que ha visto fotos tuyas de todos los estilos.-llegamos a la mesa y saqué de mi bandolera dos libros.

-Hiza.-empezó a decir algo más, pero ya eso yo no lo escuché.

-Buenas Paulo.-dije como saludo cuando llegué antes que se formara la gran cola.- ¿Aún con los huevos de corbata?-interrogué e hice reír a mi padre.

-Hizaki.-carraspeó tras decir mi nombre, como si intentara aliviar sus nervios y mis ganas de matarme.-Digamos que vuestro padre se propasó.-añadió intentando relajarse y acomodándose las gafas.

-Dije la verdad.-intervino él encogiéndose de hombros y él le miró por el borde de sus gafas.

-¿Nos firmas?-sonreí orgulloso dejando los ejemplares.

-Por supuesto.-dijo sacando su pluma mientras yo veía la reacción de Olivier. Sabía que quería salir corriendo hacia la puerta y tal vez hacia el aeropuerto más cercano.

-Señor Wilde.-murmuró al fin.-Tengo toda su trilogía pasada.

-Es un placer conocer a un lector habitual.-sonrió de forma afable, aunque sabía que era el demonio en persona.

-Te dije que te gustaría ¿ahora no soy tan cruel al despertarte temprano verdad?-Paulo rió bajo ante mi comentario y él solo se sonrojó más.

-No deberías ser tan descortés Hizaki.-murmuró alzando los ojos para colocarse bien las gafas.-El joven no habría podido dormir bien.-clavo de nuevo sus ojos con una sonrisa en Oly y de seguro miraba el chupetón claro que tenía en su cuello.

-Oh.-se sonrojó, pero acabó sonriendo con cierto leve de coquetería.-No se preocupe por mi señor Wilde, mis horas de sueño están bien cuidadas desde que usted dejo de ocupar mis noches.-sonrió aún más coqueto y eso hizo que mi tic nervioso apareciera. Era un tic herencia de mi padre, un tic que no podía evitar sacar a la luz.-y será un placer que a partir de hoy vuelva a entrometerse en ellas.-dijo señalando el otro volumen para aproximárselo un poco más.

¡Yo lo mataba! ¡Juro que lo mataba! ¡Los mataba a los dos! Pero mi expresión quedó fría, como si no pasara nada. Mi padre nada más de ver el tic que se formó en mi ojo se echó a reír a carcajadas.

-Será un honor.-comentó Paulo mientras tomaba el libro de Oly y lo observaba.-¿Olivier verdad? usted sigue las letras, yo las tendencias en moda.-mi tic se acentuó y miré hacia otro lado.

Intenté calmarme, porque como no me calmara mi padre se quedaba sin sustituto. Iba a golpearlo hasta en la foto del pasaporte. Quería arrancarle la cabeza y pisotear sus gafas. Deseaba sacarle los ojos como si fuera un buitre.

-Semana de la moda, en el invierno pasado, ¿no es así?-interrogó sin apartar sus ojos de Paulo. Mi padre simplemente sonreía de forma socarrona. Yo sólo apretaba los puños intentando controlarme.-No recordaré cara de políticos, pero sí recuerdo las caras de los asistentes de primera fila.-esa coquetería me hartaba. Jamás se había comportado así conmigo y sin embargo con ese paliducho de gafas de culo de vaso sí.-Ha sido un placer ponerle al final nombre a su rostro.

Entonces como de la nada escuché la voz de alguien, una voz familiar, que gritaba mi nombre. Era Bou. Hacía meses que me preguntaba que fue de él, no lo volví a ver y tampoco por el instituto. Me pregunté si había terminado cambiando de idea para la escolarización en mi pasada escuela. Yo simplemente hice un gesto para que se aproximara, hice que se saltara la fila y quedara frente a mí.

-Sí, así es.-indicó Wilde ofreciéndole el ejemplar con una sonrisa, pero yo simplemente intenté evitar mirar más hacia la mesa.

-Gracias por su firma, será un placer volver a soñar con usted.-ese murmullo me crispó. Pero ya estaba Bou frente a mí.

Me alegré profundamente que él estuviera solo sin su primo, su primo me causaba repelus y prefería mantenerlo lejos de mi vista.

-¡Hola!-exclamó con un tono lleno de felicidad, como si la energía le hiciera brincar cada sílaba.-Tiempo sin verte.-comentó con una sonrisa.-¿Cómo has estado Hizaki?-se quedó parado frente a mí.-Pensé que podrías estar aquí así que convencí a Ahinji para venir.-al decir el nombre de su primo sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.

-Me alegra verte.-dije apoyando una de mis manos en sus hombros. Entonces miré hacia Oly y sonreí.-Te presento a Bou, que no sabía que estaría aquí.-era un buen chico, siempre me pregunté donde diablos se había metido todo ese tiempo.-Él es mi.-en esos momentos no sabía como decirle a Oly...-amigo especial.

-Bonita forma de llamar a tu amante, esa no la conocía.-dijo mi padre riendo bajo.-Dios no sabía que iba a ser tan divertido.

-Cállate o te dará otro infarto.-gruñí.

Mi padre se carcajeó tanto que terminó cayéndose de la silla, pero no dejó de reír. Muchos le observaron con lágrimas en los ojos. Era un maldito capullo cuando le daba el día de ir de divo del universo.

-Encantado.-dijo mi amigo inclinándose leve hacia Olivier.

Olivier me apretaba la mano clavándome sus uñas, enterrándolas bien en la palma de mi mano y haciéndome sentir que estaba ante un demonio cargado de celos. Sus ojos estaban ocultos por sus gafas de sol pero hubiera jurado que lo examinaba como a un experimento genético, no perdió detalle. Yo mientras intentaba no llorar del dolor.

-Enchante.-siseó.

-Lo de amante te lo dice a ti...idiota.-murmuré intentando no chillar.-Bou sólo es mi amigo... amigo Oly... el único amante eres tú.-dije mirándole con los ojos llenos de lágrimas-Deja de clavarlas.-me apretó con más ganas y finalmente me soltó.

-Parece que te salió celoso.-dijo mi padre entre carcajadas, ya se había sentado de nuevo en la silla. Paulo simplemente sonrió.

-¡Papá!-grité molesto, pero él se fue a saludar a otros viejos conocidos.

-¡No me llames idiota!-replicó algo molesto.-Olivier Mursell, un placer conocerle.-comentó al fin y yo respiré aliviado observándome la mano destrozada por las uñas. Se veían bien las marcas y eso me daba una mayor sensación de dolor.

-Bou... ¿y tu primo?-pregunté buscando a esa maldita lapa. Tomé una de las botellas frías mientras los movía hacia otro lado para que no interrumpieran a las fans de Paulo.-Olivier es mi pareja, como ves asenté la cabeza y me llevo mejor con mi padre.