Mostrando entradas con la etiqueta yutaka. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta yutaka. Mostrar todas las entradas

27/7/10

Un buen chico V


-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

-Oh, Yue es el chico que me contaste ¿verdad?-dijo cuando regresé con las bebidas, tal vez había estado recordando ciertas conversaciones que habíamos tenido.-Que bueno que se han arreglado. Ah, ira Max ¿también?-realmente era el único de mi círculo que conocía, yo tampoco conocía a los suyos.

-Por desgracia sí, vendrá Max...y espero que no termine intimidando a ninguna de mis amigas... tiene las manos muy largas.-murmuré y eché a reír.-Recuerdo que le presenté a la hermana de Yue cuando aún no salia con mi amigo.-tuve que parar de hablar un segundo porque las carcajadas iban solas.-Y bueno terminó con las baquetas rotas en la cabeza.

-¿Será por eso son amigos?-alzó una de sus cejas mirándome, sabía que me estaba acusando de tener las manos largas.-¿Quién más que conozca irá a la boda? ¿Irá Wilde?

-Irá mi hermana, su marido, el hijo de su marido, el novio del hijo de su marido o eso creo, Kamijo, Jasmine, mis amigos de la banda y por supoesto que estará tu amado Wilde. El cual no para de tontear con el nuevo cura.- cura que no era como Lionel, ese era heterosexual. Pero sabía bien que un halago no amarga a nadie, y más si esos halagos luego tenían recompensa en el cepillo. Entonces recordé.-Sólo espero que Lio no venga con su novio... Taylor es capaz de aparecer y entonces a mi padre le da un paro cardíaco.

-Boda gay.-murmuró.-Tenía que estar llena de hombres probando que pueden ser más zorras que cualquier grupo de mujeres.-se echó a reír cuando dijo eso, en realidad tenía algo de razón pero no del todo.-Eso te lo aseguro.

-¿Quién es Taylor? ¿Tu padre no se lleva bien con él? ¿O qué?-preguntó seguro por lo que había dicho del infarto.-Creo que al único amigo de tu padre que conozco es a U-ta, muy caballeroso se porto conmigo, es muy propio él.-bueno no era el único, también conocía a Paulo.

-Uta sigue enamorado de mi padre, no creo que le sea grato asistir a la boda. Sí estará Anii que es su hermano, Imai y también Hide. Todos son como Uta, todos son como mi padre, claro que Uta se descontrola si toma azúcar... es como ver un antes y un después... es como un adolescente y por lo que sé se la pasa molestando al resto del grupo.-sonreí cuando recordé algunas cosas que me contó mi padre.-El hermano de Taylor casi mata a Uta, mi padre mató a ese hombre cuando lo vio sobre el que era su novio mientras intentaba violarlo... y bueno mi padre tuvo que huir de Japón. Añade que Taylor es el ex novio de Phoenix... tienes una mezcla explosiva.-el mundo era un pañuelo, y más cuando tanto asiático terminaba en este país intentando buscar un nuevo futuro, o tal vez tan sólo huyendo de un pasado tormentoso.-Aunque Lionel es.-sonreí como un adolescente.-Creo que fue el primer chico que me gustó, a parte de Lexter, él era cura y un cura peculiar... la verdad.

Se quedó mirándome casi ojiplático. Parecía haber bajado de una atracción de esas que vas a toda velocidad y haces giros en el aire. Boqueó un momento y siguió intentando averiguar más.

-Pues que vocación tan rara.-dijo volteando hacia los músicos para no mostrar ante mi sus dotes de expresividad.-Mira que ser sacerdote y modelo, no es algo que se vea todos los días.

-Dejo de ser sacerdote, ahora se casará con Taylor y es modelo. Aunque con lo tímido que es no sé como aguanta modelar.-reí bajo al recordar lo rojo que se ponía cuando hacían halagos sobre tus dotes de profesor, aunque más bien todas las chicas lo hacían por su físico, también algún chico.-Aunque siempre va Cat con él suelen trabajar juntos.-eso para Lionel era un punto de apoyo, no conseguía averiguar como ese niñato tenía tantos contactos y conocía a tanta gente.-Así que no hay problemas.-tomé aire dejando que la música me dejara como en coma un instante.-Cat también estaba en la fiesta, creo que incluso te saludó. Su novio es el amigo del mejor amigo de mi hermana. Ese no sé si irá, no creo que tenga invitación. Ese maldito siempre se pasa la vida buscándome para que nos peguemos y a la mínima se sonroja el muy idiota.-claro que hablaba de Amaury, no había otro idiota en la ciudad como él.

20/1/10

Madurar V


-Sí, no sé como mi madre tiene amigos así.-comenté como si nada.-Además, hace unos meses tuve unos sueños raros.-murmuré.-No les di importancia hasta que supe su nombre y que venía a la ciudad.

-¿Sueños raros? ¿Qué clase de sueños?-sus cabellos comenzaron a alborotarse un poco por el viento, pero eso al menos nos refrescaba porque aún hacía calor.

-Sueños en los que aparecía un chico delgado dibujando... luego tuve otro con un bebé... luego mezclado y por último digamos.-suspiré.-Su nombre, pero no vi su cara.-me eché a reír.-Cuando lo vi en la fiesta descalzo y con esa falda larga... no paraba de observarlo como si fuera a darle un buen susto cargado de balas.

-¿Tal vez tienes sueños premonitorios no? por que el bebe... y sabemos de donde sale.-dijo agarrándome mejor mientras caminábamos hacia el vehículo.-Oye... ¿no crees que estés tan obsesionado con ese chico por que casualmente soñaste con él?

-¿Seis meses antes?-pregunté y eché a reír.-Mi hermana soñó con gemelos.-dije posicionándome frente a él.-Mi abuela tenía esos sueños, mi padre solo tiene palpitos.

-No tiene nada que ver con el tiempo.-intercambiamos miradas, ambos serenos pero intentando buscar lógica a los sueños.

-No, créeme. No sabía que existía, no sabía nada. Tan sólo lo supe unas semanas antes y no vi foto alguna. Mi madre estaba emocionada con la velada, yo únicamente resoplaba porque tendría que soportar a los niños y niñas ricas... revoloteando a mi alrededor.-automáticamente se empezó a reír de lo que había dicho.

-¿Niños ricos? Hizaki ¿Quién comprará un apartamento caro y sin problemas de dinero?-le miré frunciendo el ceño, a pesar de que no iba a tener problemas de dinero yo no era un niño idiota. Pensaba por mi mismo, tenía mi talento y el dinero de mi familia era por esfuerzo de generaciones.- Además, no todas las personas tienen que ser tan frívolas como...-

-No me refiero a eso, me refiero a comportamiento. Por mucho dinero que tenga y no soy como ellos, soy distinto.-me puse las gafas de sol y miré la casa de Oly.-Es ahí... pero no quiero molestar... otro día vamos y te lo presento.

-¡No!-comenzó a tirar de mi brazo para ir a llamar a su apartamento.-¡Anda! ¡Vamos! ¡Preséntamelo! ¡Quiero conocerle!-todos nos miraban y él se sonrojó parando su berrinche.-U otro día... sí quieres.-recuperó la compostura como pudo y se aferró a mí aún rojo como un tomate.- ¿Vamos a lo de mi hermano? Y luego donde tú quieras.

-Papá te estará esperando.-dije alzando y bajando las cejas.-Últimamente se arregla demasiado, seguro que quiere verse bien para la boda. Sólo quedan unas semanas y cada vez se hace más tratamientos, compra ropa más juvenil y casi viste como yo.-pensaba que era para Phoenix, nunca pensé que podría ser para otro. Cuando comenzó a vestirse más actual e informal pensé que era para mi madre, pero me di cuenta que era porque tenía una pareja más joven.-Seguro que no para de acosarte, su lívido cada vez está más alto.

-Hiza.-susurró tras negar con la cabeza.-Te va ser incómodo oírlo, pero tu padre tiene días ya que ni me toca, ni me dice amor y los besos no son lo de antes.-comencé a realizar mis análisis y temblé. Mi padre estaba tal vez volviendo a las andadas, pero no quise pensar más en ello y supuse algo totalmente distinto.-Honestamente hasta he pensado que deberíamos suspender la boda, no sé si sera que eso lo tiene presionado o si es algo peor...

-No digas tonterías, lo vi salir de la joyería el otro día y estuve espiando que compraba.-no le dije nada porque no quería hablar con él porque me veía presionado a contarle lo de ella, lo de Anne.-Compró un colgante de esos que le gusta comprar pero no vi cual era.-desde tan lejos no era capaz de ver bien, tenía gafas pero no las usaba y a veces no llevaba mis lentillas.-Seguro que trama algo.

Se quedó parado tocándose su colgante. Yo tenía uno parecido, todos a quienes amaba mi padre tenía un colgante de aquella tienda. Los compraba como obsequio para representar cómo éramos, a veces incluso nos compraba un par o más. Hero tenía el de dulzura e inteligencia. Sin embargo, él parecía haber resucitado a fantasmas del pasado.

-No es para mí Hizaki.-dijo sacándose el collar de debajo de la camisa. Lo sostuvo entre sus finos dedos acariciándolo primero, pera luego apretarlo.-No es para mí.-masculló intentando no llorar.-Llévame con mi hermano, por favor.

-¿Para quién? Quizás es un modelo nuevo, así que hazte el sorprendido cuando te lo entregue.-no quería darme cuenta de la realidad, si lo hacía lo molía a golpes.-Seguro que es uno nuevo. En esa tienda siempre traen nuevos modelos.-me rasqué el cuello y saqué el mio.-Honor.-sonreí.-Me lo compró en mi ultimo cumpleaños.

-Sí.-murmuró como respuesta.-El mío es de la belleza.-dijo mientras le abría la puerta para que se montara.-Me lo dio tu padre cuando.-me miró a los ojos desde aquella vulnerable posición, demostrándome porqué todos se perdían en ellos. Era su alma, su alma se veía nítida en aquellas pupilas ámbar.-Cuando aún seguía con tu madre... cuando éramos sólo amantes.-yo no pude moverme de donde me encontraba, me quedé sin argumentos para poder calmarlo.-No me engañas con esto Hizaki.-susurró.-Él me engaña aunque lo niega y tú lo ayudas a encubrirse.-eso era falso, jamás encubrí a mi padre en algo así. Le dije lo del colgante porque pensé que ya se lo había entregado o estaba a punto de hacerlo.-y aun así no me siento capaz de dejarle.

-No seas bobo.-dije revolviendo sus cabellos.-No digas tonterías Phoenix.-sonreí ampliamente.-Seguro que te ha comprado el de amor, estaba en el escaparate. Ahora sois pareja, no hay nada de malo en comprarlo.-arranqué colocándome el cinturón. Quería matarlo, realmente deseaba destrozarlo.

No haría nada en contra de Uta, se notaba como lo amaba y como lo admiraba. Para mi "tío" sólo existía mi padre. A veces me dolía ver como hablaba de él con ese entusiasmo, con ese deseo de ser correspondido. Le entendía, entendía que quisiera tener a mi padre con él... a quien no entendía era a mi padre. Él debía de frenarle en seco y regresar a casa con su hijo y su prometido.

Había tan sólo dos clínicas destinadas a desintoxicación y enfermedades mentales. Una era de pago en una zona lujosa, la otra estaba subvencionada y era prácticamente para enfermos mentales. Sabía bien que mi padre había pedido lo mejor para Seth. Conduje hasta las murallas del norte, eran caminos algo alejados del tráfico continuo de coches, pero sus barrios residenciales eran increíbles y muy tranquilos. Allí había una enorme extensión de terreno donde se encontraba la clínica, esta gozaba de todas las medidas de seguridad que una cárcel necesitaba. Tenían videovigilancia, vallas electrificadas, puestos de vigilancia y unos horarios muy marcados.

-Es aquí.-susurró mirando los altos portones negros.

-No pongas esos morros. Tan sólo busca bien por la casa y verás que está ahí el paquetito.-besé su mejilla y luego lo abracé.-Deja de ponerte así.-dije al separarme para terminar de aparcar y bajar.-Vamos dentro, quiero conocerlo.-comenté abriendo la puerta y esperando que él saliera.

-Te aviso que no esta en su mejor momento.-susurró mientras se aferraba a mi brazo y pulsábamos el botón de la entrada.

Esperamos unos segundos hasta que preguntaron qué deseábamos, después entramos en aquel enorme recinto. Había un camino de graba que daba a otro asfaltado con una fuente en el centro; después otro estrecho camino hacia la imponente mansión.

Entramos en la sala y nada más entrar repetimos lo mismo que habíamos dicho en la entrada principal, después nos colocaron un papel acreditativo de quienes éramos y qué enfermo íbamos a visitar. Nos rogaron que esperáramos en la sala porque iban a darle el aviso a su hermano. Yo simplemente observaba todo y a todos. Las personas que estaban allí iban a visitar a sus hijos, hermanos, primos, nietos, amigos y padres. Había incluso un niño de no más de cinco años que tomaba de la mano a su madre mientras descansaba apoyando su cabeza sobre su brazo.

Llevábamos veinte minutos allí sentados, sin decir una sola palabra, cuando vino la enfermera y nos pidió que la siguiéramos. Caminamos tras ella y subimos dos plantas que apestaban a esterilizarte y lejía. Al llegar a una amplia sala vi los nombres de cada persona en sus puertas, eran habitaciones individuales y algunas estaban abiertas. En el fondo de este gran pasillo estaba una sala blanca, pulcra como ella sola, y con diferentes enfermos que conversaban en voz baja o leían.

Phoenix corrió hacia su hermano y lo estrechó entre sus brazos. Seth parecía distinto a lo que había imaginado. Era muy delgado y con unos ojos profundos, además de grandes. Sus cabellos eran negros y largos, prácticamente le tapaban la cara.

-Quítate el pelo de la cara, Seth.-dijo con una sonrisa mientras le acariciaba el rostro y le miraba. Ambos parecían analizarse, reencontrarse una vez más.

-Vamos a mi habitación.-murmuró tomando a Phoenix de la mano, yo los seguí en silencio.

-Hola.-dije tras pasados unos minutos y estar al fin los tres a solas.

-Seth el es Hizaki, el hijo mayor de Atsushi.-dijo Phoenix intentando presentarnos de la forma más cortés que sabía. Su hermano me miró fijamente y yo a él. Ambos nos observábamos y examinábamos con cautela.

-¿Por que has llorado?-preguntó girando su rostro hacia su hermano.-Phoenix...-él tan sólo sonrió obviando la pregunta de su hermano, intentando sonreír como si nada pasase.-La semana pasada vinieron Jasmine y el Swan también.

-Te llamé para explicarte porque no podía venir.-su hermano sólo asintió.

-Lo sé.-susurró sentándose en su cama.-Pero ¿era necesario que Swan viniera con el cura con el que anda? sabes que no me gustan los párrocos.

-Ya no es cura, es modelo.-declaré.-Trabaja para mi novio, al igual que un amigo de mi hermana.-me di cuenta que usé la palabra novio, pero a penas era mi amigo.-Aunque no es mi novio, es alguien con el que salgo.-estaba recargado de tal forma que era exacta a la de mi padre, no me fijaba en mis movimientos y tampoco en lo que imprimía en ellos.

-¿Tu novio es modisto?-preguntó mirándome fijamente como si aquello fuera una revelación de algo.-¿Cómo Jasmine la loca?-cuando dijo eso su hermano le dio un golpe.

-¡Jasmine no es loca!.-gritó intentando defender lo indefendible.-es original.-dijo Phoenix frunciendo el ceño para terminar riéndonos a carcajadas.-Además no es como Jasmine, no se viste de chica.... explícitamente.-comentó sacando pequeñas pinzas de su peinado para ponérselo a él.-Así, mucho mejor.-murmuró mientras Seth bufaba.

-¿Mejor?-gruñó.-¡Me has puesto peinetas rosas!-

-Ven Hizaki, trae esa silla y siéntate con nosotros.-me pidió Phoenix.

-No vas a crecer más ya.-añadió su hermano.

-Si si, ven Hizaki, acercate más.

Me acerqué sentándome junto a ellos mientras los observaba.

-¿Cómo va lo de la boda?-preguntó haciendo sentir incómodo a Phoenix.

-Pues... bien... hablé con el doctor... pero dice que para esa fecha no es conveniente aún que salgas... habrá muchos licores.. y gente que fuma y eso...-sabía que ambos tenían la ilusión, o al menos esperanza, de poder pasar ese día juntos, un día especial para Phoenix como para mi padre..

-No es modisto, es diseñador.-recalqué con el ceño fruncido después de un rato.-No es una loca.-miré hacia otro lugar.-Sólo es algo tímido.-luego le miré fijamente.-¿A ti Jasmine la loca también te acosa o se comporta? por cierto... no tienes mal gusto para el porno.-dije casi riéndome a carcajadas.

-Jasmine...-dijo de forma atropellada mientras resonaban aún las carcajadas de Phoenix.-Jasmine es loca con todos...ahora que tiene chico intenta que no pero igual se le sale el loca.-su hermano asintió a todo lo que decía mientras le llenaba el pelo con trenzas pequeñas.-Yo soy el que está encerrado en este maldito lugar... y tú eres el que esta más que flaco.-eso era un regaño de hermano pequeño a hermano mayor, sin duda alguna.

-Compré una pizza enorme y tuve que comérmela prácticamente yo.-resoplé.-Mi padre intenta que coma pero dice que se ve gordo.-ambos lo miramos mal.-Creo que ahora le superamos en número ... me pido el poli bueno.

-No pues, los dos se unieron contra mí.-bufó cruzándose de brazos dejando a su pobre hermano como si fuera el hermano perdido de Jasmine.

-Pues listo, si cuando salga de aquí no has engordado al menos quince kilos recaigo.-eso era un chantaje en toda regla, pero poco eficaz.

-No bromees con eso Seth, no es gracioso.-dijo algo molesto, pero Seth reía bajo como si hubiera sido una buena broma.

-Yo pienso atiborrarlo a dulces, a la Zanahoria también. No sé como vive sólo con verdura y fruta.-cerré los ojos y bufé.-Con lo bueno que es un filete con salsa de pimiento y roquefort...

Seth negó con un dedo cuando dije aquello y me miró fijamente a los ojos.

-Nada, lo mejor son los perritos calientes con mucho queso, salsas, y papas fritas con mucho ketchup.-comentó casi babeando, sabía que en la clínica le hacían comer sano y equilibrado. Esas porquerías, o delicias como quieran verlo, era un lujo que no era permitido.

-Pues yo ahora sólo paso más o menos el dulce, y por cierto, te haré una torta de chocolate y te la traeré la próxima vez que venga.-su hermano de inmediato negó.

-Sabes que no te dejaran entrar con eso.-murmuró aunque sus tripas gritaron por un trozo de esa tarta.

-Pues tu hermano hace buenas tartas.-dije levantándome para recostarme en la cama.-Si no te importa, lo necesito. Me hago viejo.-comenté cerrando los ojos.-Dios, después de comer tanto siempre me da sueño.-observé fijamente a Phoenix y sonreí.-Si enflacas más mi padre no podrá agarrar nada

-Ya de por si no agarra nada.-murmuró algo apesadumbrado.-Sólo trabaja y tan sólo viene a casa a dormir..-su hermano negó con la cabeza al escuchar aquello.

-Es un idiota entonces, si no fueses mi hermano y te tuviese en mi casa no te dejaría solo nunca.-eso hizo sonreír a Phoenix que le dejó un beso sonoro en la mejilla.

-Tonto, no hables así de él.-dijo sentándose donde nosotros.

-Vale.-dijo desatando sus cabellos.

-No, no es idiota. Es sumamente gilipollas.-dije levantándome algo molesto.-Me mato en regalos, en paseos, en intentar que me sonrían y sé que cuando sea totalmente mío no sería capaz de hacer lo que te hace ese maldito viejo pervertido.-entonces cerré los ojos y me calmé.-Aunque sé que intenta arreglarlo, con regalos caros, pero tal vez es para que veas que ... bueno... se toma su tiempo al menos eligiendo algo para ti.-ese colgante tenía que ser el de amor o el de promesa, no quería pensar que era para otro. Ambos me miraban sorprendidos sin saber bien que decir.

-Ya Hiza.-susurró Phoenix acariciando mis cabellos.-Ya

-Es el problema, todos en este puto mundo siempre intentan comprar el cariño.-dijo Seth recostado a mi lado. En ese momento los tres ocupábamos una cama estrecha pero cómoda.-Meten la pata y llegan con regalos costosos, todo en este mundo gira en torno a la plata.-murmuró frunciendo el ceño.-Que asco.-dijo cerrando los ojos para luego mirar directamente a su hermano.-¿Qué pasó con el tal Uta que me comentabas en tu anterior visita? ¿Sigue jodiendo?

-Uta no es como piensas, Seth.-dije mirándole fijamente.-Mi padre nunca lo dejó, por lo que sé o he podido averiguar estuvo haciendo doblete con él los primeros tiempos del matrimonio de mis padres. Él lo ama, lo ama por encima de su orgullo y de cualquier cosa.-me senté de nuevo en la cama y me tumbé a su lado.-Es duro, pero si alguien tiene la culpa es mi padre. No tiene culpa Uta de volverse loco solo por un "te queda bien esa camiseta".

-Te lo dije ¿no?-dijo Seth mientras Phoenix se levantaba de la cama.-Te dije que él no te haría feliz.- eso molestó a Phoenix, pude notarlo por su rostro y porque cruzó sus brazos.

-Es mi vida Seth, no te incumbe.-

-Es curioso... eso mismo te dije yo y aún así me metiste aquí.-eso fue un reproche que no debió haber hecho.

-Te estabas destruyendo Seth, es distinto

-Es igual.-le recriminó.-A ti esa relación te esta destruyendo, tú mismo me lo has dicho.-mis ojos se quedaron fijos en Phoenix, puesto que sabía que eso no era del todo cierto o al menos eso creía.-No te para ni media ahora y has llorado, y mucho.-se levantó de la cama y yo también furioso.-Lo veo en tus ojos, el maquillaje no esconde los ojos hinchados.

-Seth mi padre no lo hace a posta.-reclamé.-No es como piensas, no lo conoces, no conoces nada.-mi tono de voz era calmado, pero algo en mí se removía. Era la imagen de mi madre en ese instante, no quería estallar... pero lo haría y frente a mi padre.-El ama a Phoenix, lo sé.

-Como digan.-dijo con una sonrisa tras ver a Phoenix asentir con firmeza.

- Hizaki...-dijo acercándose a mí para tomarme de mis manos. Hizaki... si tú supieses algo... me lo dirías ¿verdad? no me dejarías seguir con esta farsa ¿cierto?-preguntó con los ojos a punto de llorar.

-¡Uno! es su padre y no hará que quede mal.-dijo su hermano contando con los dedos.-y ¡dos! Aunque así fuese tú no lo vas a dejar Phoenix.-sentenció.-En otra época tal vez, pero ahora has cambiado y no le dejarías aunque te metiese ese tipo en casa.

-Uno no me conoces Seth, dos mi padre le ha pedido matrimonio y si no lo quisiera pediría que se terminara la farsa; y por supuesto tres soy amigo de tu hermano, además del hijo de Atsushi.-me molestaba sumamente que pensaran que yo haría lo mejor para mi padre.

-Tengo que hacer, en todo caso, lo que mi corazón me dicte. Son mis sentimientos, es mi elección.-dijo con voz firme.-Yo amo a Atsushi.-susurró agarrando el colgante que mi padre le había regalado.-Sí, lo amo.-se reafirmó mirando a su hermano.-Lo amo.-repitió mirándome a mí.-Y aunque hasta el momento todos los esfuerzos que he hecho por recuperar su atención han sido en vano... yo seguiré intentándolo. No puedo, no quiero y no me permito, concebir un futuro en el que él no esté conmigo porque ya no sé vivir sin él.

-Aunque te suene duro oírlo.-susurré sentándome bien en la cama.-Mi madre aún le ama, lo noto. Cuando la dejó estuvo días encerrada en casa, llorando a escondidas y créeme que no fue agradable.-me levanté ojeando la habitación.-No sé que tiene mi padre para que Megumi, U-ta, mi madre y tú estáis detrás de él como quinceañeros.-me giré y le observé fijamente.-Quien gana en su corazón eres tú, créeme. Aunque se distancie, ganas tú.

Cuando el ambiente se enrareció entró un enfermo sin llamar, me pareció poco educado porque podía interrumpir algo privado. No sé porqué me di cuenta de la suerte que tenía de no haber acabado como él. Era una suerte que pocos teníamos, ya que cada vez más muchos caían en las drogas y el alcohol. Era el centro privado, por lo tanto era mejor que el público y compartían menos zonas. Personas que querían desintoxicarse, personas

-Nos vemos tio.-dije estrechando su mano.-Te traeré algo menos gay para poderte recoger los cabellos.-comenté antes de salir.

-Nos vemos.-respondió intentando quitarse los ganchos que tenía en el pelo.

-No, déjatelos te quedan bien.-escuché mientras salía de la habitación para caminar deambulando por aquellos pasillos.

Era todo de un blanco que dolía. Podía notar las miradas de cada enfermo, me observaban tras los pequeños cristales irrompibles de sus celdas. Eran celdas, más que habitaciones comunes. Me sentía en el infierno, o tal vez en el purgatorio, rodeado de almas que intentaban alcanzar la libertad y tocar la belleza de un mundo que les repudiaba.

Me crucé con una enfermera y un par de doctores, también con un carro lleno de medicamentos. Todos parecían estar en otro plano, como si todo lo que me rodeara no existiera realmente. En mi cabeza sonaba una vieja melodía hecha entre juegos infantiles, pero me di cuenta que en realidad procedía de una de los cuartos. Su voz era lóbrega y parecía machacada por el dolor de esa tragedia. Aceleré el paso, no podía estar más tiempo ahí y me negaba a mi mismo contemplar aquello un minuto más.

Correteé por los pasillos como si fuera un niño asustado, giraba mi rostro hacia atrás y veía el pasillo inmenso siendo tragado por las sombras. La luminosidad de la salida me hizo sentirme tranquilo, como si llegara a estar a salvo sólo con que me diera la luz de nuevo.

Me fui hasta mi coche y me quedé apoyado encendiendo un cigarrillo. Todo lo que había visto me desconcertaba y aturdía. No quería volver allí, lo sentía por Seth y ya enviaría algo a Phoenix para que se lo llevara de mi parte. Eso era un infierno blanco, blanco y frío.

Esperé a Phoenix una media hora observando los jardines perfectos que tenían, se notaba que pocos salían al patio y los que lo hacían eran sedados prácticamente. Nunca nos damos cuenta de lo importante que es la libertad, la seguridad y la salud, hasta que vemos algo así frente a nuestras narices. Era como una sonrisa hacia la tragedia más cruel. Me preguntaba cómo podía sobrellevar aquello la pareja de mi padre, como podría llevarlo cualquier familiar y también los enfermos que allí estaban. Ese lugar daba miedo.

Vi caminar apesanumbrado a Phoenix, caminar hacia mí con la cabeza gacha y los hombros caídos. Sabía que eran malas noticias lo que había escuchado allí, tal vez era el efecto del lugar en él. Alzó la mirada al llegar a mí e intentó serenarse.

-Lo siento.-susurró.-Pero debía hablar con el doctor que lleva su tratamiento.-puse mi mano sobre su cabeza y me fui hacia el lado del copiloto para abrirle la puerta. Se subió pensativo y yo también lo hice.-Deseaba que Seth viniera a mi boda, pero el doctor no da su visto bueno.-suspiró.-Después que salga tendrá que vivir con nosotros y a tu padre no le cae bien Seth.

-Eso es falso, lo que no le cae bien es su actitud. Sin embargo, piensa que cuando deje todas esas porquerías se verá más centrado.-dije dirigiéndome al asiento del conductor para comenzar a manejar por la ciudad.-Por si no te has dado cuenta... mi padre me cuenta todo

-Sé que te cuenta todo.-murmuró mirándome de reojo mientras encendía la innición del motor y levantaba el freno de mano.-Por eso sé que tú más que nadie me diría si él estuviese con alguien.-volvía a lo mismo, parecía que ese era su único pensamiento junto con Seth.-Por eso confío en ti.-me besó en la mejilla y noté que era un intento de ponerme blando y tirarme de la lengua, pero realmente no sabía nada.

-Por ahora sólo me ha contado las aventuras que tuvieron los de la banda, lo cuenta todo como si deseara que volviera a ocurrir. No lo de Uta, sino que su juventud hubiera ocurrido de forma distinta. Por eso deja la alcaldía, quiere volver a la música porque se siente como realmente es.-decía mientras conducía.-Por eso quiero cantar, bailar y ser actor... porque soy como él.

-Oye Hizaki.-dijo mientras bajaba las ventanillas para que entrara un poco de viento y refrescara el vehículo.-Yo tengo muchos amigos en el mundo del espectáculo.-murmuró con una sonrisa.-Y también en la televisión.-lo sabía porque él era periodista, seguía en contacto con todos sus amigos y conocidos.-Así que si te lanzas en cualquiera de esas ramas puedes decirme, tu padre y yo te queremos ayudar.

-No, quiero ganármelo por mi mismo. Mucho es que mi padre pague el estudio.-la casa de mi padre no estaba lejos, el silencio breve que hicimos tras ello duró unos minutos y en esos minutos estábamos frente al hogar que ambos tenían.

-Eres malo conmigo, me has traído de nuevo a mi jaula de oro.-susurró tras un suspiro.-Menos mal que tengo a Jun, Astaroth y teléfono...-se bajó del vehículo nada más aparcarlo bien cerca de la acera.-Mi propuesta en todo caso sigue en pie.-dijo dando la vuelta al vehículo para luego meter la cabeza y besarme en la mejilla.-Cuídate mucho y suerte con tu Oly.-rió bajo.-Tenme al corriente.

-Por supuesto, además al rato lo veré.-dije con una sonrisa esperando que todo se solucionara, o tendría que partirle las piernas a mi propio padre.

14/12/09

Estrés IV


-¡Yo os mato! ¡Hijos de la grandísima puta! ¡Yo os mato! ¡A ti y a Eduart! ¡Os mato a los dos! ¿¡Como se atreve ese idiota de casi cuarenta años dejar preñada a mi princesa?! ¡Joder! ¡Ese tio es un soberano gilipollas! ¡Me cago en su putísima madre! ¡Me lo cargo! ¡Y tú! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Te casaras con la chica y punto!-el Atsushi conservador se mezcló con el neurótico atolondrado de su juventud y dio una mezcla muy extraña y prácticamente letal. Yo, no podía pensar en nada. Creo que simplemente sentía que el mundo se abría bajo mis pies y el infierno me llamaba con una canción desfasada de guateque de los sesenta.

-¡Se casará con otro! ¡Pienso quedarme con el niño yo!-comencé a llorar por culpa de los nervios, la tensión siempre me hacía desfogarme de ese modo.- ¡No se hablará más!

-Mi Acchan.-creó que escuché de labios de Yutaka mientras lo abrazaba-Acchan, tu corazón. Por favor, por favor... Toma aire, por favor.

-¡No me grites! ¡Tampoco hables así de mi Eduart! ¡No me trates como a una niña! ¡Ya no lo soy! ¡Te guste o no! ¡Ya no lo soy!-ahí empezó Miho a gritar de forma desesperada, al igual que yo.-Y alégrate, mejor lo sabes tú y no él.-murmuró cuando todo quedó en silencio.

Noté como mi madre se sentía fuera de lugar, aunque intentaba mantener la compostura de la forma más correcta posible.

-Atsushi.-susurró al fin mirando directamente a mi padre.-No.-balbuceó.-No actúes así.-susurró mientras iba tomando la confianza suficiente para tomar su tono normal, ese que daba la impresión que ella podía con todo.-Un hijo jamás es una desgracia y ten en cuenta que tu hijo no es tan pequeño.-por unos instantes deseé ser un niño. Quería ser un niño de nuevo sin preocupaciones, o más bien la única era hacer la tarea antes de la hora de los dibujos.-Si tuvo la madurez para meterse con alguien, la tendrá para criar a un hijo.-se giró hacia la madre de Miho.-Felicidades supongo.-dijo observando con frialdad a Megumi.-No puedo creer que seré abuela, Hizaki.-murmuró acariciándose suavemente la sien mientras me miraba.-Sólo una cosa te digo, es tu responsabilidad, y como tal, aprenderás a responder por ese niño.-sus ojos estaban clavados en los de mi.-No consentiré ni que tu padre o nadie te ponga todo en bandeja de plata.

-Pienso seguir empeñado en mi carrera, tendré tiempo para cuidarlo y papá me debe un piso. Se lo recuerdo ahora porque lo necesito.-él parecía aún con deseos de matarme o vengarse de alguna forma. No le gustaba estar desubicado, no tener el control en lo que sucedía en nuestras vidas.

-Sólo diré una cosa.-dijo con su mirada firme en mí-Ni se te ocurra dejar que esa mujer se largue con él.

Me di cuenta de porqué había dicho aquello, tenía a mi hermana aún detrás observando todo y esperando su turno. Ella creció lejos de él, su niñez y adolescencia fue un caos sin su control, o al menos el lo vería así. Mi padre era estricto como padre en ocasiones, en otras era demasiado permisivo. Sabía que nos permitiría a ambos salir adelante, pero extremaría su control sobre nosotros como si fuéramos peones de un tablero de ajedrez.

-Papá se casa con otro, no me dijo que tenía novio y el novio no lo sabe. El novio está en Japón... yo.-las imágenes de Anne golpearon a mi mente de una forma que me hicieron quedarme en silencio unos segundos.-Por una extraña razón cuando me lo dijo pensé que dejaría a su pareja, pero su idea era distinta. Quería abortar y no lo permití, ese niño es tan mío como suyo.-apreté con fuerza los puños y los dientes para tomar fuerza en lo que iba a decir.-No controles mi vida, ya se lo dije a mamá... no quiero que ninguno se meta en mis decisiones.

-Por una vez hiciste algo sensato.-es lo que tuve como respuesta inmediata.-Pero.-tomó aire y supe que vendría otro gruñido.- ¡Existen los condones! ¡Joder!.-gritó con fuerza y Yutaka lo abrazó de nuevo.- ¿Estás bien?-miró a Megumi y después a mi madre.- ¿Estáis las dos bien?-

-Acchan.-mi tío, por llamarlo así de alguna forma, se aferró con fuerza a mi padre. Yo lo considero mi tío, al menos se ha portado como tal. Creo que le debo muchas cosas que jamás le confesaré, es un pequeño gran hombre con aspecto debilucho y cara de niño.

-Sí, estoy bien.-dijo levantándose para ir hacia Miho.-No voy a decirte nada como tu padre, simplemente espero que él este contigo para apoyarte, ayudarte y hacer lo que un hombre debe de hacer con la madre de sus hijos.

-Se que estará conmigo y sé que existen los condones, pero si te toca...-susurró mirándola a los ojos.-Te toca.-lo de los condones y la miradita fue un gancho directo para el viejo, como así le decíamos algunas veces en nuestras conversaciones, el infartado simplemente resopló e intentó no gruñir más de lo debido.-Los niños no se planean. Llegan.-cerró sus ojos y leve sus puños. Era parecida en gestos a mí, pero ella sería la que pariría y esa parte me la ahorraba por ser hombre y no mujer.

-Seré abuela.-empezó a decir la madre de mi hermana.-Debes de dejarme cuidarte o al menos. Cuidar de mi nieta o nieto, pero quisiera que fueran dos.-la cara de Miho fue un poema, la pobre marimacho casi se cae de espaldas.-Déjame soñar Miho.

-Por dios Megumi no digas eso ni de broma.-murmuró mi padre mientras echaba su cabeza hacia atrás en el sofá.-Mierda de día. Primero el capullo en el aparcamiento, el idiota del camarero y ahora esto... ¿y mi jodido refresco?-parecía que lo llamó con la mente al servicio de habitaciones.

-Ya voy yo, tú calmado.-dijo Uta levantándose para ir hacia la puerta.

-Aquí tiene lo que pidió.-comentó aquel estilizado camarero que intentaba ojear la escena. Como todos los del servicio de habitaciones, siempre intentan ojear lo que sucede en un lugar y poder cotillear perversamente con sus compañeros.

-Arigato, después pagamos.-con toda la diplomacia del mundo le plantó un buen portazo.-Atsu...Atsu...-murmuró mientras le ofrecía el refresco.

-Hablando del rey de Roma.-murmuró dando un trago mientras intentaba tranquilizarse.

-Hizaki...me retiro, tengo miles de pendientes.-era un glaciar, me hacía sentir que no le importaba nada, pero sabía que ese no era el lugar apropiado para hablar del tema.-Me gustaría hablar contigo en cuanto puedas, a solas.-recalcó.-Doy por hecho, que no me necesitas aquí para nada.-se levantó de forma exquisita, tomó su bolso y se giró hacia la puerta.

-Si te he llamado es porque te necesito.-aquello surgió de mí como una autentica demanda, jamás había pedido a mi madre nada desde que era bien pequeño. Me había alejado de ella, la aparté de mi vida y ella de mí, pero sabía que en esos momentos sólo ella podía consolarme. Mi padre no lo haría, mi padre solamente quería echarme el sermón de la década.-En este momento estoy cagado de miedo, y no es únicamente por lo que penséis de mí. ¿Te crees que no tengo miedo? ¿Que no tengo miedo a ser un desastre de padre? ¿Te crees que nací sabiendo cambiar pañales? Con Hero he aprendido un par de cosas, con Jun también. Pero no son mis hijos, no tengo que educarlos yo.-empecé a agobiarme y las lágrimas surgieron solas.-Es la primera vez que tengo miedo.

-No llores inútil, que por el embarazo estoy más sensible de lo normal y me harás llorar igual que tú.-inmediatamente Miho me abrazó, sentí su perfume a cerezas y eso me calmó en parte. No sabía que hacer, no sabía nada. Me sentía angustiado y que el mundo se venía encima.-Y créeme, no eres el único que tiene miedo...

-Si os hemos hecho llamar es por algo. No para que uno nos encañone prácticamente, otra casi despelleje el sofá y tú te largues como si no pasara nada. Carajo ¿ya olvidáis como os sentisteis vosotros?-rodeé a mi hermana quedándome pegado a ella, éramos de distinta estatura y ella era algo más baja que yo pero las suelas de sus botas hacían que no nos viéramos tan dispares. Me había aferrado a mi hermana en esas semanas, sobretodo desde que cargábamos un secreto parecido.-Yo no pedí ser padre, pero tengo los huevos suficientes para aceptarlo. Tan sólo quiero apoyo, ya tomé mi decisión.

-Dejen de portarse como si fuera el fin del mundo...todos.-esa fue la voz de mi madre regañando a mi padre y a Megumi, sobretodo a ellos dos, para luego mirarnos a nosotros. Yutaka creo que fue el único que se libró de aquella mirada de hielo.-Ella estará embarazada, pero al parecer ama a su pareja. Tampoco es que sea tan niña como para tener un hijo.-observó a Megumi y sonrió leve calculando su edad, mi madre siempre sonreía cuando despellejaba a alguien mentalmente o simplemente intentaba hacer cálculos.-Con un leve cálculo rápido, si no fallo, no fue mucha la diferencia de edad a la cual tú tuviste a tu hija.-Yutaka intentaba rehuir su mirada, Megumi se calmaba como podía cerca de mi padre y él simplemente esperaba que se marchara.-Y a ti... si necesito repetirte que tienes mi apoyo, quizás no me conoces bien Hizaki.-clavó sus ojos azules en los míos dejándome sin aliento..-Aún intento procesar e imaginar como será oír que alguien me llame abuela...

-No es el fin del mundo Clarissa.-dijo mi padre levantándose.-No soporto a su novio, es un descarado que no tiene los suficientes huevos de plantarme cara. Y nuestro hijo.-hizo un inciso mientras caminaba hacia mí, se quedó tan cerca de nosotros que pude notar su aliento en mi cogote.-Aún no tiene ni diecinueve años.

-¿Y qué? a caso no he cuidado bien de Hero ¿no es así? ¿A caso no cambio los pañales de tu hijo cuando me lo pides? Más de una vez te he hecho de canguro, Miho también. No veo ningún problema en que no sepamos tratar a...-intentaba hacer memoria de todo aquello, no dejarme achantar.

-Eso ha sido una visita, no es el día a día. No es igual a cuando llora y no sabes qué tiene. No es todo pañales, nanas y comida. Recuerdo aún los primeros meses tuyos. Era un caos, no parabas de llorar. Siempre tenía miedo y angustia porque te ocurriera cualquier cosa.-no me imaginé jamás que mi padre se portara así conmigo, sobretodo tan nervioso como decía haber estado. Siempre lo vi firme, seguro, y tan sólo se molestaba cuando algo salía de sus enfoques.-Tu madre se llevaba despierta horas acunándote... no estabas enfermo, no tenías hambre, no tenías el pañal sucio... pero llorabas. Pensábamos que era del calor del verano... pero ahí estabas llorando y después descubrí que eran sólo intentos tuyos de chantaje desde que tenías pañales. Intentos de que siempre estuviéramos a tu alrededor.

-Tan egocéntrico como tú Atsu ¿qué querías? Además el niño tiene razón.-intervino Yutaka dándole bien duro donde más le dolía.-Por favor Atsu. Tú siempre serás un greñudo busca pleitos ¿acusas a tu hijo de ser un idiota que sólo busca peleas? ¿Quién se pegó el otro día con otro madurito por culpa de una pelea tonta? Por favor...-se encogió de hombros con aquella sonrisa y mi padre lo fusiló con una de esas miradas de ogro.

-Uta...-siseó.

-¿Sí?-preguntó como si nada, con una inocencia en su rostro que no se lo creía ni él.

-Cállate y deja de ponerme en evidencia.-al decir aquello él se quedó de puntillas palmeando la cabeza de mi padre, parecían dos niños discutiendo en un recreo.

-Es la verdad, trágatela.-respondió y pasó frente a mi madre-Felicidades, piénselo como un pequeño regalo. A vuestra edad no es lógico tener ya más hijos, por lo tanto esto es un regalo. Podéis vivir la maternidad y la paternidad de nuevo sin tantas complicaciones.-se giró antes de salir de la habitación.- ¡Miho! nos vemos en casa... tengo que contarle todo esto a tu otro tío.-puso sus manos en su mejilla y creo que simplemente se sacudió deseando de contar el chisme por todos lados.

Cuando mi madre se marchó sentí que el mundo entero caía sobre mis espaldas. Mi padre besó a mi hermana y a mi me miró fijamente.

-Vamos Megumi te acompaño a tu habitación.-dijo tomando la mano de Megumi.

Nosotros nos quedamos allí aún cerca el uno del otro, a solas. Mi hermana me miró preocupada y yo toqué su vientre unos segundos, me preguntaba si esa era la mirada que poseía Anne en esos momentos.

-Todo irá bien, tu hijo saldrá fuerte.-comenté con una sonrisa.-Además tu madre te ayudará, Yutaka también, el musculitos ya fue padre una vez y tienes a Eduart junto a tu extraño amigo.

-Eso lo sé, pero me da miedo decirle todo.-se aferró a mí y yo la abracé.

Supongo que tenía miedo que todo el cuento de hadas se fuera por la borda. Él aún estaba casado, su mujer lo abandonó pero seguía siendo su legítima mujer. Miho no podía decir nada, si ella se interponía se quedaría sola. Yo no permitiría que a mi hermana le hicieran daño, era mi hermana y, aunque fuera mayor que yo, tendría que defender su honor y cuidarla.

-Debo irme.-dije mirándola fijamente a los ojos.-Vamos a pasar la habitación y te llevo a casa.-comenté tomándola de la mano y ella accedió.

No dijimos nada mientras caminábamos por los pasillos del hotel hasta la salida, al final Yutaka había pagado la habitación y no tuve que hacer desembolso de lo poco que llevaba en la cartera. Al montarnos en el coche ella comenzó a llorar de nuevo, pero tenía puesta las gafas de sol para evitar que otros se dieran cuenta.

-Lo siento.-comentó.-Estoy más sensible que de costumbre, todo por culpa del maldito embarazo.

-No tienes que pedir disculpas, no creo que la carrocería del coche se agriete por un par de lágrimas.-dije abriéndole la puerta para ayudarla a subirse.

-Tendrás que comprar otro coche, este coche no tiene espacio para el bebé y sus cosas.-ya empezaba a pensar como una madre, pero era lo mismo que yo opinaba.

Jamás pensé que tendría que renunciar a conducir siempre este coche, tendría que ir acostumbrándome a llevar uno familiar aunque con aspecto deportivo. Conduje hasta su casa, ya sabía donde vivía su novio y supuse que querría ir allí para cuidar a Eduart. Al bajarse nos despedimos con la mano. No dijimos mucho durante el trayecto, tampoco en el adiós.

Cada uno iba pensando en lo que sucedía y sucedería pronto. Era necesario que nos diéramos cuenta de que ya éramos adultos, para nada unos adolescentes o unos inmaduros sin complejos. Teníamos que aprender a dar más que recibir, a los madrugones y las noches en vela.

Ella se marchó a descansar y yo por mi parte me dirigí a la academia de interpretación, para inscribirme rellenando el formulario que me entregaron. Tenía todo aprobado, aunque no había terminado el curso. Quedaban los exámenes de recuperación, para aquellos que habían suspendido, y los exámenes para subir nota de aquellos alumnos que lo desearan.

Iba a ser actor, costara lo que costara. Tenía una carrera que iba brillando lentamente en los escenarios como cantante y bailarín, poco a poco las letras parecían ir mejor en las plantillas de escritura de mi ordenador y en mi libreta, pero ya que no podía expresarme como pintor me aferré a la interpretación. La obra de teatro y sus ensayos, siempre tenía alguno que otro en los descansos, en horas extras lectivas y en algunos fines de semana. Pero era una obra que me sabía, me inspiraba, y que me alentó a decidirme a decir sí a ese cartel maltrecho que había en un tablón de anuncios.

Quería cuidar a mi hijo, ser padre responsable, pero también seguir mis sueños. No iba a dejar de tener lo que quería por mi hijo. Sé que suena egoísta, pero tenía la corazonada de que todo saldría bien y que era la mejor decisión de todas. Siempre podía terminar estudiando algo relacionado con las finanzas, se me daba bien ese ámbito y mi padre podía ayudarme con sus conocimientos.

Tenía posibles soluciones en la mesa y en mi manga, iba a coger el tren de aquella oportunidad y a intentar entrar con la mejor nota. Ya que la solicitud de inscripción iba más allá. Tendría que pasar pruebas y demostrar que yo era el adecuado. Por primera vez mi nombre no tendría importancia, sería yo quien consiguiera algo y eso me alentaba aún más.

Ya no hacía aquello por mi orgullo, sino porque mi hijo pudiera estar orgulloso de mí. Era algo que deseaba con tanta fuerza que mi hijo entendería. Tenía mi pequeña fortuna, ya que todo lo que me aportaba mi padre en mi cuenta de ahorros no lo gastaba. Siempre estaba ahorrando y revisando mi estado de cuentas, tal vez por miedo a un futuro o simplemente porque no sabía en qué invertirlo. La ropa siempre me la pagaba mi padre o mi madre, también eran regalos y no tenía que pedirla. Los demás gastos estaban descontados porque vivía en casa y lo único que tenía que pagar era la gasolina de mi coche. Cuando salía no gastaba en exceso, siempre me tomaba mis copas pero sin ser excesivo y los lugares donde iba era de entrada libre. Por ello tenía suficiente dinero para un año sin empleo, si todo iba mal.

11/12/09

Estrés III


-Ya van a empezar con sus juegos de críos.-escuché de lejos a mi hermana.-Tu viejo, compórtate como lo que eres y tú.-dijo mirándome con aquellas enormes gafas de sol.-Tú si que no tienes remedio.-me levanté y fui hacia ella quedando a su lado, me dio un leve golpe en el hombro intentando tranquilizarme.

-Miho, no se secretea cuando hay más personas en la habitación.-su madre parecía más pendiente a Miho que la mía, mi madre simplemente carraspeaba cuando hacía algo indebido.

-Sí, mamá.-sacó entonces unos papeles de su bandolera, con ellos comenzó a abanicarse y yo me pegué un poco intentando buscar un poco de aire.

-Pondré el ventilador, aunque pronto vendrá la reina de hielo y todo se congelará un poco.-escuché las palabras de Yutaka y supe que eran referencia a mi madre, me dolía que todo el mundo pensara así de ella pero era la verdad. Era una mujer fría en su aspecto, pero por dentro sabía que podía ser un volcán a punto de erupción.

-Clarissa.-balbuceó mi padre con un enorme tic en el ojo.- ¡Para qué demonios viene Clarissa!-gritó muy molesto.

-Sabe lo de Miho, creo que pasa olímpicamente del tema.-al decir aquello se vino hacia mi y me levantó del suelo, en peso, agarrándome del cuello.

-¡Te mato! ¡Jodido cabrón! ¡¿Cómo te atreves?!

-Mi...Mi...Miho.-estiraba el brazo intentando que ella me ayudara, era la que tenía más cerca.

-¡Atsushi!-gritaba y Megumi no sabía que hacer.

-¡Bestia! ¡Me lastimas!-le agarré el brazo de forma fuerte, pero es que era lo único que podía hacer. Él incrementó la fuerza de su agarre y yo perdía las mías.-Inútil.-dijo ella interviniendo.- ¿Qué no le dijiste que venia tu madre?-tanto Miho, como mi padre... y por supuesto yo, miramos hacia un lado y vimos la expresión de cera que tenía Megumi.

-¿Clarissa?-interrogó y Miho corrió hacia ella para tomarla del rostro.

-Sí, ella también viene.-entonces la agarró de las manos y la miró con cierta preocupación por la expresión de su madre.-No tienes que preocuparte de nada, no te hará nada.-decía en susurros arrodillándose frente a frente.-Lo hace y la mato.- “la mato” esa expresión tan Sakurai, tan nuestra, en sus labios se oía incluso dulce.

-Dime que pasa, anda, dime de una buena vez.-dijo tomando el rostro de su hija entre sus manos, soltándose del agarre de ella.

-Nada, no pasa nada.-comenzó a decir Yutaka con un tono de voz suave.-Sólo pensaron que era bueno ajustar cuentas.-tomó a mi padre por la muñeca y lo apartó.-Ven, yo te voy a relajar por el hotel y cuando llegue tu madre Hizaki...márcame al busca.

-Bestia... casi me aplasta las vértebras.-murmuré turbándome en el sofá mientras me sobaba el cuello.

Nos quedamos a solas y en silencio sepurcral. Creo que ni Miho ni yo queríamos decir nada, nada hasta que Uta estuviera cerca y pudiera echarnos una mano. Yo me sentía un inútil y más aún cuando escuché el timbre de la habitación. Al abrir estaba ahí mi madre con esos ojos glaciales y tras ella llegaban aquellos dos de muy buen humor, humor que se quedó cortado por la leve inspección que hizo mi madre.

-Bien tomad asiento, ambos tenemos que dar una noticia a nuestro padre y bueno.-carraspeé.-No quiero morir solo, ni ella tampoco, así que como el asunto es parecido en ambos...nos... Uta, tío Uta.-miré a Yutaka rogándole que me echara una mano.

-Serás... igual que tu padre cuando intentaba explicarle algo a Miho.-cuando dijo Miho supuse que era a mi abuela.-No los matéis, yo estoy con ellos en este asunto y es más estoy aquí por mero apoyo. Lo que van a decir no es tan duro... sólo quedaréis un rato en shock.-comentaba todo aquello mientras yo me preguntaba si mi abuela, estuviera donde estuviera, estaría orgullosa de mí. Uta se sentó al lado de Megumi y ella iba enterrando sus uñas en el sofá. El momento era tenso, muy tenso, y casi se podía cortar el aire con un cuchillo como si fuera mantequilla.

-Atsushi sostén a mi madre, que si me zafo de ella seguro que cae al suelo.-murmuró Miho mirándolos unos segundos.

-Gracias, así sólo nos van a matar.-mascullé a Yutaka quedando al lado de mi hermana e intentando tener un poco de valentía.

-Pues sí, tenemos que decirles algo.-dijo tomando las manos del que consideraba prácticamente su padre, nuestro tío-Pero que primero empiece Hizaki.-murmuró quitándose las gafas.

-No, querida no.-respondí bastante nervioso.-Soy todo un caballero y creo que tú primero.-estaba nervioso, no acobardado, simplemente tenía miedo que mi padre tuviera un infarto y que ellas se pusieran mal.-Primero las damas Miho.-cerré bien fuerte los puños y luego para liberar tensiones jugueteé con mi pendiente. Mi madre me miraba directamente a los ojos, aunque intentara bajar la cabeza sabía que me observaba.

-Idiota, si fue idea tuya.-respondió Miho prácticamente bufando.

-Hizaki o lo dices o te juro que mueres ahora mismo.-intervino mi padre agarrando bien a Megumi, porque parecía desfallecer.

-Ahí va...-suspiré tomando la determinación que ya era hora, no podía huir.-He dejado en estado a una chica y Miho también lo está de su novio.-cerré los ojos esperando un grito huracanado de mi padre, de esos que te peinan con solo una vocal.

-Pues sí, yo estoy embarazada de Eduart y ese inútil dejo preñada a una chica.-la muy cobarde se quedó detrás mía.

-Hiza.-balbuceó mi madre, sentía que había roto todos sus esquemas.-Hizaki.-susurró notando que intentaba controlarse, sus ojos lo decían todo pues en ese momento los abrí y la miré-¿De cuánto tiempo estamos hablando?

-Será niño, está de seis meses pero tranquila que no me pienso casar con ella.-en ese momento la cara de mi padre era un poema, podía recitarlo de pe a pa. Se llevó la mano al pecho intentando tomar aire y ahí vino el gran estallido.

-¡Yo os mato! ¡Hijos de la grandísima puta! ¡Yo os mato! ¡A ti y a Eduart! ¡Os mato a los dos! ¿¡Como se atreve ese idiota de casi cuarenta años dejar preñada a mi princesa?! ¡Joder! ¡Ese tio es un soberano gilipollas! ¡Me cago en su putísima madre! ¡Me lo cargo! ¡Y tú! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Te casaras con la chica y punto!-el Atsushi conservador se mezcló con el neurótico atolondrado de su juventud y dio una mezcla muy extraña y prácticamente letal. Yo, no podía pensar en nada. Creo que simplemente sentía que el mundo se abría bajo mis pies y el infierno me llamaba con una canción desfasada de guateque de los sesenta.

8/12/09

Estrés II


Mientras me vestía y terminaba de arreglarme la lluvia cesó, el solo apareció y poco a poco las escasas nubes que quedaban se marcharon. Hero dormía, no tenía clases y sabía que disfrutaba de esos días de huelga escolar. Cerré la ventana y eché las cortinas para dejarlo descansar, antes de irme besé su frente y le arropé mejor porque en casa siempre había corrientes de aire.

-Nos vemos después, eso espero.-dije apartando algunos cabellos que caían sobre su frente.-Cuidate mucho Hero.

Cerré la puerta mientras enviaba un mensaje de móvil a Miho, quería saber si estaba todo preparado y si ella se encontraba con fuerzas para lo que íbamos a hacer. A penas nos conocíamos como hermanos y ya estábamos dispuestos a morir el mismo día.

Su respuesta no se dejó esperar, ella también estaba impaciente y aterrada pero estaba con Yutaka. Estar con el tío Uta tranquilizaba a cualquiera, era algo irremediable, él daba buenos consejos y con unos abrazos te reconfortaba. Supongo que era una de las cualidades por las cuales mi padre quedó enamorado de él, o porque Miho se sentía tan unida a su tío. Yo, a decir verdad, siempre lo veía como un adolescente eterno y su aspecto también hacía pensar lo mismo.

Cuando entré en el parking de casa miré el móvil, tenía que llamar a mi padre. Preferí hacerlo nada más llegara al hotel. Quería saber si había visto el email de Yutaka, como mis mensajes al móvil, o los mensajes de Miho, recordándole que tenía que asistir. Todos estábamos nerviosos, sobretodo por él y por su corazón, era importante no darle demasiado fuerte al decirle aquello.

Una casualidad de la vida, una pura casualidad del destino, había hecho que sus dos hijos mayores le hicieran abuelo a la vez. Tres nietos quizás, o tal vez dos, que llegarían al mundo en unos meses y él aún no se había enterado. Tenía nervios, pensaba en Olivier durante el trayecto y en sus palabras.

Mi madre, mi madre lo tomaría a mal por no haber puesto medios en la cama y seguramente se preguntaría demasiadas cosas. Si bien, ya le había dicho que tenía algo importante que decirle y que sólo lo haría junto a mi hermana. Por ello iba más preparada que mi padre, mucho más, aunque con curiosidad y preparando la mirada desafiante al oír algo negativo, eso sin duda.

El tráfico era denso, no demasiado fluido, y yo me desesperaba. El sol pegaba fuerte y con el casco quería morir. Di gracias a que era de esos aerodinámicos que tenía pequeñas zonas de refrigeración, es decir para que corriera el aire por dentro del casco, pero si no me movía esas zonas no servían de nada. Miraba impaciente los cambios de los semáforos, las señales, los huecos para colarme y la forma en la que entrar el primero en las glorietas.

Nada más llegar al hotel me saqué el casco y jadeé, tenía el cabello empapado y nada más estar bien aparcado busqué una máquina de agua en el interior del gran hall. Fui al baño y la eché entera en la cabeza. Después de refrescarme me miré al espejo, lo que veía ante mí era un adolescente estúpido que había cometido un gran error pero que no se arrepentía. No sabía si eso me hacía estúpido o maduro. Yo quería ser padre, tenía ganas de que alguien dependiera de mí y poder sentirme importante.

Allí mismo llamé a mi padre. Mis manos temblaban con el teléfono móvil en mis manos. Creo que tuve que abrir varias veces la agenda hasta que pulsé su nombre. El tono sonó una vez, dos veces y la tercera fue la vencida.

-¿Qué demonios quieres?-interrogó.-¿Por qué tengo que ir hoy al Hotel? ¿Qué has hecho?

-Cuando venga el resto lo sabrás.-dije cerrando los ojos, intentando pensar en una escapatoria si todo salía mal.

Eso fue lo más relevante de toda la conversación. Creo que ahí se dio cuenta de que no estaríamos solos, que no era cosa de uno, y supongo que ya se intuía algo al ser llamado por Miho y por Yutaka. Los tres éramos cómplices, pero tan sólo dos éramos los que perdíamos.

Nada más salir del cuarto me fui a la habitación, más bien pedí la llave en recepción y subí. El trayecto en el elevador me hizo palpitar el corazón a mil por hora, creo que incluso sentí una leve claustrofobia. Pegué mi cabeza al cristal del espejo y suspiré, necesitaba llevar aire a mis pulmones pues los nervios me podían. Cuando salí del ascensor me metí en la habitación y puse un poco el aire acondicionado.

Me senté en el sofá meditando. Los recuerdos en mi mente se agolparon. Momentos con mi padre jugando en la playa, dibujos en la pared con su consiguiente regañina, los primeros pasos de mi hermano y sus primeras palabras, las magdalenas de Clara los domingos por la mañana cuando iba a la escuela y me las preparaba para el desayuno del lunes... como esos todos los momentos dulces de mi infancia, todos los que había compartido con mis padres y que yo quería compartir con mi hijo.

Estaba tan concentrado en lo que estaba meditando que cuando sonó el timbre di un brinco, rezaba porque fuera Megumi, Yutaka y mi hermana; pero no todo lo que deseamos en esta vida se cumple, más bien nada. Al abrir la puerta vi la figura imponente de mi padre, me hice a un lado y entró sentándose en uno de los sofá.

-Pide un refresco para cada uno, necesito algo que calme la sed que traigo.-dijo al finalmente para levantarse e ir al aseo.

-De acuerdo.-prácticamente balbuceé. Se olía algo, estaba algo nervioso y lo había notado.

Aún cuando él estaba dentro llegaron el resto, mi madre aún no llegaba a la cita y eso era extraño. Abrí la puerta y los dejé pasar para que se acomodaran. Prácticamente no me dio tiempo a nada, tan sólo a llamar al servicio y a notar que el aire acondicionado no funcionaba.

-Pasad.-dije caminando hacia dentro de la habitación.-Aún falta una invitada ¿queréis algo de tomar?-pregunté antes de que llegara el servicio para incrementar los refrescos que deberían subir.-Oye piernas largas, si sobrevives tú... dile a Oly que quiero un hermoso ataúd decorado por él.

-Venga, que no será tan malo. Os golpeará, seguro, y no será el único. Pero es una buena noticia.-Uta se veía muy convencido de lo que pasaría y no pasaría.

-Si serás idiota, pero de acuerdo, si esa es tu última voluntad se la haré saber por cierto...-se quedó callada unos instantes meditando.-Quisiera que me dejaras de herencia la moto de día que te conocí-dijo sentándose en una de las sillas para quitarse la chaqueta, de tela, que llevaba.-Y sí, es buena noticia…-murmuró mirándome directamente a los ojos.-De que el viejo se infarta, ¡se infarta!

-Buenas tardes Megumi, un gusto conocerla. Más bien un placer.-besé su mano y me comporté como un caballero, luego me acerqué a mi hermana y la codee.- ¿ves? tengo modales, no como tú marimacho.

-Un gusto Hizaki-respondió Megumi un tanto sorprendida por el beso de su mano.

-Deja de llamarme marimacho, mocoso.-dijo con uno de sus instintivos movimientos de macho. No podía evitarlo, mi hermana era atractiva pero todo un hombre en ese sentido.

-Veo que te llevas bien con tu hermano.-Megumi parecía una autentica dama de clase alta, más que de clase alta de otra época. Su forma agradable de hablar, su forma de expresión y toda ella le daban una imagen impresionante. Entendí a papá en ese mismo momento. Cualquier hombre, de cualquier nación, caería ante ella.

-Algo bueno debe de tener este inútil para que me caiga en gracia.-se levantó de nuevo para ir a la cocina y servir agua a su madre.

-Hizaki, deberías decirle al servicio que ya tardan con mi refresco.-comentó mi padre entrando en escena. Estaba con el cabello empapado a lo sexsimbol, una buena entrada supongo.

-Dijeron que traerían. Se agotaron, pero que traerían. Comprarían donde fueran, ya que tú eres uno de sus mejores clientes.-decía quedándome cerca de Yutaka como si eso fuera a librarme de la reprimenda.

-¿Qué hace ella aquí? ¿Qué encerrona es esta?-preguntó bastante desconcertado y molesto, al menos esa es la impresión que me causo y no fue nada buena. Temía que me cortaran en trocitos en ese mismo momento o que me hicieran desaparecer con unas hermosas botas de acero.

-Miho y yo tenemos algo que decir, algo importante, pero aún falta alguien más.-no me dejó ni hablar más, me agarró de la camiseta y me miró directamente a los ojos. Esos ojos asesinos que te hundían en la miseria, daban realmente miedo.

-Dime que no es ese maldito bastardo, dímelo.-agaché y negué con la cabeza, sabía a qué bastardo se refería y yo con Lexter hacía tiempo que no quería saber nada.-Bien, porque hoy he tenido un buen día y si veo a ese maldito musculitos lo usaré de saco de boxeo.-entonces me dejó en paz y se fue hacia Megumi.-Te queda muy bien esa blusa, si me lo permites.-besó su mejilla y se acomodó a su lado.

-¡Hola Atsushi!-esa hiperactividad en aquella mujer me hizo gracia-Gracias por lo de la blusa, me gusta mucho y la compré hace unos días. Es perfecta para el calor, no llevo mangas y veo que tú te estás ahogando.-rió bajo mirándonos a todos, sabía que nosotros nos moríamos de calor.

-Sí, yo también se lo dije al verla.-murmuró Yutaka aunque juraría que estaba babeando por otra camisa, la de mi padre, y por el cuerpo que ocultaba.

-¿Tardará mucho esa persona?-preguntó por mi madre, temía mi hermana a mi madre y eso era normal.- ¿Si le dijiste que era hoy verdad?-susurró en un leve ruego y yo simplemente asentí.

-¿Alguien más va a venir?-su madre parecía desconcertada, pero aún así actuó como toda madre actua.-Miho, quítate las gafas. Estamos en una habitación cerrada, no deberías de usarlas.

-Me gusta así, pero luego me las quito.-resopló.

-¿Quién vendrá? ¿Ese novio nuevo tuyo?-a mi padre por ese entonces no le agradaba Olivier, creo que era más que evidente. Llamaba novio a Olivier, aunque sabía que sólo éramos amigos. Lo decía de esa forma para incomodarme y como burla, jamás pasaba por su mente que termináramos juntos. Supongo que era porque mi madre era la “segunda” madre de Oly.

-Yo lo conozco, hablé con él antes de saber que era el chico de Hizaki. Lo vi aquí hace algún tiempo, tomándose algo en la cafetería.-ese comentario de Yutaka tuvo una ligera mirada de recriminación por parte de mi padre.

-¡Queréis dejar de hablar de mi zanahoria!-mierda, se me acabó escapando y no había vuelta atrás. Todos habían escuchado ese estúpido nombrecito que tenía para mí.

-He escuchado motes tontos de parte de tu padre, pero ninguno como ese.-las carcajadas de Uta eran tan sonoras y contagiosas que todos terminaron secundándolo.

-Iros a cagar los dos.-resoplé bien alto porque me indignaba.

-Yo también lo conozco.-Miho intervino carcajeándose aún.-Es todo mono, pero sobretodo hace diseños muy buenos.-eso tuvo reacción en Megumi y casi salta sobre ella.-Un día de estos, si a Hizaki no le molesta, te llevaré.

-Sí, claro.-sonrió, aunque parecía molesto aún. Lo había hecho tal vez con sarcasmo, con mi padre nada se sabía.

Yutaka se sentó al lado de mi padre aferrándose a su brazo mientras se calmaba, parecía totalmente abstraído de lo que sucedía.

-¿Diseñador de moda?-gruñó bien fuerte porque sí, era Olivier y no era sólo un amigo y ya era uno más uno...no había que ser muy listo para darse cuenta.

-Sí.-dije intentando no agazaparme.-Pero no es mi chico, es un amigo.

-Dime que no es el amiguito de tu madre, ese diseñador al que fuisteis a ver el otro día... ¡Santo Dios Hizaki!-gritaba mientras me agarraba de la camiseta y tiraba de mí, yo simplemente ponía un pie sobre su pecho deseando que no empezáramos a pelearnos frente a todos.

-¡Es amigo de mamá, pero te juro que no se parece a ella!-mi padre jamás me puso la mano encima, pero me acojonaba con esos movimientos bruscos.

-Ya van a empezar con sus juegos de críos.-escuché de lejos a mi hermana.-Tu viejo, compórtate como lo que eres y tú.-dijo mirándome con aquellas enormes gafas de sol.-Tú si que no tienes remedio.-me levanté y fui hacia ella quedando a su lado, me dio un leve golpe en el hombro intentando tranquilizarme.

11/10/09

La hora de la verdad III




-Es un lío distinto mamá.-dije recargándome en la silla.-Uno bien distinto a los que me ves usualmente.-suspiré de forma profunda y la miré.-No sé como le sentará a papá, pero sé que no le va gustar.

-¿Qué es Hizaki?-estaba preocupada, realmente desconcertada.

-Mamá lo sabrás en pocos días, tan sólo dame valor para decírtelo.-me levanté.-No es el momento, lo siento.-susurré colocando un cigarro en mis labios sin prenderlos.-He quedado, tengo asuntos que atender con la obra teatral de la escuela.

-Hizaki.-no sabía que decirme, lo notaba.-Espero que no sea perjudicial para tu futuro.

-Digamos que tan sólo modificará un poco mi vida, pero creo que será para bien.-sonreí de lado como lo hacía mi padre y me giré encendiendo el cigarrillo.

En realidad tan sólo iría a dar vueltas por la ciudad. Durante meses me había estado preparando el papel, ya a penas quedaba nada. Había ensayos todas las tardes, pero por faltar a uno no me moriría. Además era sólo dos horas de ensayos, lo cual lo veía estúpido. Pensaba que con ese poco tiempo nadie se prepararía el papel como debía.

Al subirme en la moto sentí que mi alma volvía a su sitio, volvía a ser yo. Tenía uno de esos cascos con auriculares para el móvil, para usar de ese modo manos libres. No sé si está permitido o no, pero los hay. Así que conecté mi móvil exclusivamente para poder escuchar música. Mis grupos favoritos eran variados, encontrabas desde Metallica hasta grupos nipones como Malice Mizer. Pero tenía un amor platónico por Bowie, inculcado por mi padre, y por Placebo. Broken Promise me recordó tanto a Yue, se conectó como por arte de magia. Estuve dando vueltas y esa canción no se iba de mi cabeza, a pesar de estar AC/DC golpeando con fuerza mis neuronas.

-¡Mierda!-grité al llegar a un semáforo, ya no podía más.

Aparqué en cuanto pude y miré todas sus llamadas perdidas y sus mensajes. Todos eran causados por la desesperación que le causé, por mi promesa rota. Lo llamé y contestó de forma rápida.

-Hola mi amor, mi Hiza.-susurró y noté su voz apagada, parecía algo afónico.-Mi vida por favor no me cuelgues, dame una oportunidad.-susurró.-Podemos arreglar lo que sea que vaya mal, por favor.

-Tan sólo te llamo para disculparme.-dije montado en mi moto, no me bajé de ella.

-Hiza, claro que te perdono y no tienes que disculparte. Te he hecho pastel de vainilla.-aquello comenzó a parecerme mala idea, llamarlo no fue algo inteligente.-Te lo iba a llevar, pero ya que me llamas dime donde estás y nos lo comemos juntos. ¿Qué tal si hacemos un picnic?

-Yue.-susurré.

-¿Sí?-había remontado el ánimo con sólo un par de palabras mías.

-Sólo quería disculparme por haber roto mi promesa de estar contigo, nada más.-murmuré.-Y por dejarte en el hotel solo.

-No rompes promesas, estamos juntos y ya. No voy a tenerte rencor por nada, anda dime donde estás y nos comemos el pastelito juntos.-parecía no entender, no lo había llamado para volver.

-Yue, escúchame atentamente es algo muy importante lo que tengo que decirte.-todo el mundo se quedaba mirando mi moto y a mí, me reconocían por ser quien era mi padre.

-¡Sí quiero!-gritó de la nada, no entendía que quería.

-Yue, escúchame.-resoplé sintiéndome agotado. Él me agotaba.

-Sí.-su voz jovial me mataba, me destrozaba tenerle que meter en la realidad y no en la suya.

-Lo hemos dejado, no quiero volver y sólo llamaba para disculparme por haberte hecho daño.-inmediatamente colgó.

No quiso escucharme, no deseaba que le metiera en la realidad. Él prefería mentirse constantemente, como cuando decía que siempre fue rubio natural. Yo incluso llegué a creerlo, pero después descubrí que era un tinte muy similar al tono de pelo que tenía su madre. Se engañaba y engañaba al resto, hacía lo que quería con todos como buen manipulador. Pero yo le quería, le adoraba como a un hermano pequeño y al final caí en la trampa de darle un capricho. Yo era su capricho desde hacía años, yo quería sexo y un poco de cariño… y todo se desmadró.

Me marché a casa, me metí en mi habitación y ahí quedé en letargo. Pedí que me dejaran estar, que por favor no me molestaran. No sé porqué pero Clara me hizo caso. Parece que notó que las cosas no iban bien, o tal vez que estaban siendo un desastre. Al llegar las once de la noche bajé a prepararme algo, necesitaba tan sólo unas patatas y un refresco. No quería algo más. No me veía con ánimos de comer sano y mucho menos con alimentos “nutritivos”.

-¿Qué haces Hiza?-era la voz de Clara, me había pillado con la cabeza dentro del frigorífico.

-Busco un refresco, lo necesito.-respondí sin mirarla. Había estado llorando, mis ojos estaban enrojecidos y me sentía un fraude.

-¿Qué te pasa?-interrogó inquieta colocando su mano sobre mis cabellos para revolverlos y acariciarlos.

-Nada, son cosas mías.-dije agarrando una lata de refresco al azar.

-La misma respuesta que siempre me ha dado tu padre cuando ha tenido problemas.-murmuró.-No te creo.-me tomó de una mano y tiró de mí para que me sentara en uno de los taburetes.-Dime ¿qué ocurre?

-Clara ¿tú sabías el secreto de papá?-interrogué confuso.

-Sí, yo misma tuve que defender a tu padre junto a tu abuela. Atsushi quería mucho a Yutaka, pero todo empezó a ir mal y en vez de luchar tomó a tu madre. Cuando la vi supe que era la mujer que necesitaba, estaba enamorado realmente de ella y hacían buena pareja.-acarició mi rostro mientras hablaba.-¿Tiene algo que ver con esas lágrimas que aún puedo ver?

-He hecho daño a un chico.-murmuré abriendo mi lata de refresco.

-Los Sakurai tenéis genes de rompecorazones, aunque pensaba que contigo todo había acabado. Te veía más centrado con Yue.-aquello me dejó helado.-Sí, lo sabía. Tengo más poder de madre que la tuya propia, a ella se le escapan cosas porque siempre está fuera o con la nariz metida en sus asuntos. A veces se le escurren cosas, y es normal. Trabaja demasiado y se olvida que tiene una familia, tú padre es igual aunque espero que ahora no caiga en el mismo error.-fue a la despensa y tomó una bolsa de galletas saladas.-Anda, toma.-dijo ofreciéndomelas.-Las hice el otro día y las metí en esta bolsita al vacío, sé que te gustan.

-Estaba saliendo con él, pero no lo amaba. Quería estabilidad, alguien que me amara y no sentirme engañado. Pero terminé siendo yo quien engañaba, quien traicionaba en parte los sentimientos de alguien que deseaba proteger. Yue ahora no quiere aceptar que no somos nada, no desea verlo.-ella me miraba atenta a cada palabra, y también a mis ojos.

-¿Hay alguien más?-más que pregunta sonó a una afirmación.

-Sí.-al decir aquello ella sonrió. Fue una de esas sonrisas cómplices de “ya sé quien”. Esas sonrisas no me hacían sentirme cómodo, sino que eran como un rayo láser.

-¿Es el chico que perseguiste durante toda la fiesta del otro día?-esas palabras tuvieron en mi un efecto rápido, me tensé y el tic de mi ojo apareció de la nada activándose mi mecanismo de defensa.

-No, nunca. No me fijaría en alguien del círculo de mi madre en mi vida, es una chica. Realmente Clara no sé que cosas dices, te ha fallado el instinto.-y ella tan sólo sonreía, de la misma forma que había sonreído mi madre en la cafetería.-En serio, no seas terca. No tienes idea de quien es. Además, es una chica muy atractiva y que tiene mucho talento.-me atragantaba hablando, terminaba hablando demasiado rápido.

-¡Ja!-soltó bien alto.-Es ese tal Olivier, lo vi desde la cocina mientras ayudaba a los chicos del catering. Ya sabes que tu madre tiene plena confianza en mí, que nada ocurre en esta casa sin que yo lo sepa.-me pellizcó la mejilla.-Anda idiota, si además tu madre parecía ida ayer. ¿Se lo dijiste? ¿No es así? Todo esto que me estás contando se lo dijiste a ella.-agaché la mirada y entonces noté como me abrazaba. Siempre me gustó su perfume a canela, desde bien pequeño. Ella misma lo hacía, tenía conocimientos para hacerse su propia fragancia y jabones. Era su pasatiempo.

-Se lo dije y no lo tomó demasiado bien.-murmuré.

-Le recuerdas a tu padre, a mi ese chiquillo me recuerda a ella en parte. Tan amante de la moda, de las cosas sanas y tímido. Si hubieras conocido a tu madre en sus años, esa chica que parecía desmoronarse ante la presencia firme y decidida de tu padre.-soltó un suspiro apartándose de mí.-Esos viejos años donde todo parecía ir bien.

-¿Te puedo preguntar algo?-interrogué.

-¿Sí?-dijo ella acomodándose en su taburete.

-¿Por qué entraste a servir a casa de mi abuela?-jamás lo había preguntado, ella era española y supongo que le habría costado horrores el idioma.

-Porque en España no se vivía bien, mi familia primero emigró a Francia y después estuvimos en los países bajos. Pero aún no se vivía lo suficientemente bien, no se encontraba el dinero necesario. Algunos de mis hermanos fueron a Portugal, otros a Inglaterra y mi hermana pequeña se quedó con mis padres en Italia. Todos somos humildes, trabajadores y rojos. Allá donde íbamos teníamos que tener cuidado, habíamos huido por culpa de la ideología de mi padre. Yo terminé en Japón porque solía leer cosas de aquel país, historias. Me gustó el país, llegué sin saber ni una palabra y tu abuela se apiadó de mí. Trabajaba en una casa lavando y planchando, tan sólo sabía las cosas justas para poder vivir. Pasé mucho para llegar a Japón, mucho, y mucho allí para alcanzar a tener una cama. No ha sido una vida muy fácil, pero me alegro de haber tomado mis decisiones. Sobretodo cuando nació Atsushi, ese bebé en mis brazos mientras tu abuela me enseñaba a comunicarme. Sí, creo que mi época favorita fue esa.-se levantó pensativa.-Echo de menos a Miho, me hace falta esa amiga y ese apoyo. Nos apoyábamos mutuamente.-una lágrima se escapó sin embargo la secó rápido con su delantal.

-Lamento haberte hecho pensar en cosas como esa.-no me gustaba verla así, algo se revolvía por mi estómago.

-No pasa nada niño.-dijo con una sonrisa.-Los viejos empezamos a recordar cosas de jóvenes y siempre nos preguntamos si hicimos lo correcto, también echamos de menos cosas materiales y no materiales.-rió bajo.-Lo sabrás cuando llegue la hora de que tus hijos tengan tu edad o tal vez cuando tengas nietos.

-Clara por dios no me eches la cruz.-respondí tomando mi lata de refresco y las galletas.

-Tan sólo espero que no te quedes solo, una familia es algo más que una pensión de media noche.-sabía el porqué de lo que dijo, y lo hizo mientras me marchaba hacia mi habitación.

Subí a mi habitación para engullir las galletas meditando. Pensé en buscarle, en buscar a Olivier, y decirle que había dejado a mi novio. Supuse erróneamente que si sabía que era libre tendría oportunidad. No tenía su teléfono, fui un iluso al pensar que me llamaría para saber de mí. Pensar en él era desquiciarme en parte, me quedaba bobo sonriendo y sintiendo una leve erección que abultaba en mi pantalón.

-Oly.-murmuré bajando mi mano hasta mi cinturón, desabrochándolo para meterla dentro. Cerré los ojos y jadeé pensando en su cuerpo a mi lado, mordisqueé mis labios y dejé que la imaginación siguiera su cauce. Gemí al tirar leve de mi miembro, al pasar los dedos lentamente desde la base hasta la punta.-Serás mío.-dije girando el rostro y abrí los labios intentando tomar aire.-Muy mío.

-¿Quién es tuyo?-aquella voz era de Hero y al abrir los ojos lo vi de frente.

-¡Me cago en mi estampa!-grité sacando mi mano de mi pantalón.- ¡Qué diablos haces entrando en mi habitación!-dije con toda la excitación por los suelos.

-Ya estaba hace rato.-dijo mirando mi bragueta.- ¿Qué hacías?

-Nada.-respondí molesto.

-¿Por qué decías Oly como si te faltara aire?-aquello era el colmo.- ¿Pensabas en el Zanahoria? Tranquilo, seguro que está bien sin ti a su lado.-le lancé una de las almohadas y la esquivó.- ¡Le diré a Clara y a mami que te estás tocando!

-¡Te mato como hagas eso!-grité aún tumbado subiéndome la cremallera para ir tras él, lo agarré antes de que consiguiera huir demasiado lejos.

Se cayó al suelo conmigo, caí sobre él y me quedé mirándolo fijamente a los ojos. Estaba bastante cabreado por lo que había hecho, también por lo que decía.

-Si me haces algo voy a mamá.-dijo bastante seguro de que mamá me castigaría, y sí que lo haría. Tocar al niño era un infierno. No podía decirle ni un insulto cuando me encabronaba de esa forma.

28/9/09

conversaciones IX




-Tú debes de ser Hero, yo soy Uta... tu padre y yo somos viejos amigos.-acarició su rostro y entonces vio la camiseta.-¡Chi! ¿Ves Miho? no es anime de niñas, los hombres también lo vemos.

Miho reía bajo mientras acariciaba el gato. Parecía una auténtica mafiosa y únicamente le faltaba una mesa de despacho frente a ella y un puro en una de sus manos.

-Es muy divertido ver como te hacen esas muestras de afecto.-comentó con una sonrisa.-Y yo jamás dije que Chi fuera anime de chicas... ¡Chi es niña! Es más... ¡Se parece a mi!-comentó tratando de agarrar una de las tostadas que había en una bandeja del salón, hasta ese momento no había deparado en ellas.-Ahhhh... No alcanzo... ¡Hizaki! Pásame una...

-Yo te la llevo.-dijo mi hermano dándole unas tostadas.

-Tan caballeroso como Acchan.-comentó sentándose a mi lado. Su forma de sentarse era algo ¿afeminada? su sonrisa, todo. Era atractivo, para su edad, era bastante atractivo.-Nada más por eso haré que te llegue mi famoso sushi de cangrejo.-era igual que Yue, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

-Gracias Hero.-susurró mi hermana acariciando el rostro de nuestro pequeño hermano.-Yo quiero sushi de cangrejo... ¿Cuándo me lo haces? Hace mucho que no lo haces... No desde esa vez que hiciste en exceso y dijiste que era para "alguien especial".-él se sonrojó al escuchar aquellos de labios de mi hermana, y yo ya me olía algo extraño. Mi padre seguramente estaba detrás de ese comportamiento adolescente de Yutaka.-Tengo antojo de cangrejo.

-Igual que tu padre, andáis los dos con antojos. Ni que estuvierais embarazados, aunque bueno de ti no me sorprendería.-cuando dijo aquello en ese tono casi me caigo al suelo de la risa.

-Miho ¿a él tampoco se le dice que vas a tener un niño?-y mi hermano el bocazas ayudando.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía!-dijo levantándose señalándola.- ¡No me dices nada! ¡Tan malos modales como tu madre!-definitivamente reía a carcajadas.

-No es que no te dijera, es que simplemente no lo sabía, me había hecho prueba casera y salía negativa. Pero los mareos y vómitos seguían.-intentaba explicarlo todo para que él se calmara y no pensara mal de ella.-y... me canse.-añadió con un suspiro.-Hoy precisamente Hizaki y Hero me acompañaron al hospital para verificar lo que ya sospechaba... Sospechábamos.-lo decía todo con un aura de seriedad y un rostro, de figurita de hielo, parecido al que tomaba mi padre para tratar asuntos peliagudos.-Y no grites, que tus gritos se podrán oír hasta casa de Eduart y... No quiero que se entere, no aún.

-Como te cazan hermanita.-comenté observándola fijamente.-La princesita de papá está embarazada, veremos como se lo soltamos a él y a su madre... aunque yo también tengo que decirle lo mío.-

-¿Qué?-dijo Uta observándome.- ¿Te pegaste de nuevo con alguien?

-¡Y tu, idiota, cállate!-gruñó mirándome.-¡Qué el tuyo nacerá antes! Mucho antes...-murmuró intentando hacer cuentas.-En unos cuatro meses, así que al que mataran primero será a ti.

Entonces Uta me miró fulminándome con la mirada.

-¿Quién es la chica?-preguntó haciéndome sentir una hormiga.

-Esto...-me rasqué la cabeza.-Si piensas que no seré responsable te equivocas, me lo quedaré yo. Ella está comprometida con otro chico, no quiere que se entere. Es japonesa, él también pero él vive en Japón y no sabe nada.-tomé aire sentándome bien.

-¡Seré tito! ¡Tito!-gritaba eufórico mi hermano y le di un golpe en el culo con el pie.

-Di algo a mamá y te mato.-él me miró casi a punto de llorar, no era por el golpe sino porque le costaría mantenerse callado.

-Pero necesitamos que esto no se lo digas a Atsushi. No es para que no se entere, sino que...-tomó aire y siguió su explicación.-Creo que nosotros somos adultos y podremos decírselo.-si claro, decírselo sería pan comido… claro que yo ya estaba averiguando cuanto valía una parcelita en el cementerio.-¿Nos ayudas?-dijo mirándolo de forma dulce.-Es decir... ¿Nos apoyarás cuando vayamos a decírselo a Atsushi y a nuestras respectivas madres?

-¿Qué? ¿Frente a Clarissa aka terminaitor woman? esa mujer te fusila con una mirada.-tembló y yo me eché a reír a carcajadas.

-¿Ves? no soy el único que teme a mi madre.-le di una pequeña palmada, moviéndolo un poco.-Anda Uta, será tres contra tres, mucho más equitativo.

-Por favor.-dije chocaba sus manos hechas puños.-¿Si?.-interrogó alargando la i hasta quedarse prácticamente sin aire.-Mira si nos ayudas.... a mi hijo le pondré tu nombre, claro, si es niño ni modo de que a mi hija le ponga nombre de niño.

-¿De donde has sacado esa táctica?-dijo mi hermano pequeño.

-Calla que surtirá efecto.-lo agarré y senté sobre mí.

-Sois iguales a él, idénticos.-murmuró asintiendo con la cabeza.-os ayudaré a ir al matadero.

-¡Sí! Gracias tío Uta.-se me levantó para abrazarlo haciendo que su gata cayera al suelo.-Y con esto tampoco se lo puedes decir a Eduart...-dijo apartándose de él.-Eso se lo diré yo.-comentó bastante seria.-Pero eso cuando sea su cumpleaños.-dijo alzando un dedo.-Será su regalo.

-Si papá deja que viva para contarlo.-comenté recostado en el sofá sin importarme que se vieran mis boxer.

-O que lo mates tú.-añadió mi hermano.

-Cierto, cierto.-me coloqué un cigarrillo en los labios y miré a Uta.- ¿Puedo salir al balcón a fumar?

-No deberías fumar, yo lo hice y me arrepiento.-tenía su ceño fruncido, me miraba con los misma mirada que me había echado mi padre.

-Tú hoy casi lo matas del susto y de los celos que le tiene a cualquier hombre joven que se me acerque.-eso era cierto, bien que me había divertido en parte con su comportamiento de macho en peligro de extinción.-Y con lo del cigarrillo no deberías de fumar, estas con una mujer embarazada y pronto tendrás un hijo.-empezó una minicharla que no quería escuchar.-Así que deja el maldito vicio de una buena vez.-rompió mi cigarrillo arrancándomelo de la boca.-Anda, dame la cajetilla.-dijo extendiendo su mano mirándome con severidad.

-¡Qué! Son importados, son caros... es mi pequeño vicio. Te juro que sólo son dos al día y me calman.-entonces Uta se abalanzó sobre mí y me cacheó, mientras me removía.

-¡Quieto! ¡Hizaki se lo diré a tu padre!-gruñó y entonces sacó el paquete de cigarrillos, casi por estrenar, de mi bolsillo del pantalón trasero.

-Los míos también son importados, así que deja de hacer berrinche de princesa y dame la cajetilla.-agarró mi cajetilla y los aplastó, incluso los pisoteó.

-Mis cigarros... os acusaré con...-no sabía con quién

-Con tu novio el zanahoria.-cuando dijo aquello lo agarré de los calzoncillos y los subí hasta arriba. Mi hermano sólo gimió por la presión

-¡No es mi novio!-grité.- ¡Tampoco te importa si lo es, enano!

-¡Eres un salvaje! ¡Se lo diré a papá!-respondió

-¡Acusica!-grité mientras veía como sus ojos se llenaban de lágrimas.-¡Llorica!-le dije y entonces vino hacia mi y me mordió en el cuello, yo a él le comencé a hacer cosquillas, para luego echar a reír.-No digas más eso.

-Ahhh... Hombres.-murmuró suspirando para ir a tirarlos a la cocina.

A su regreso parecía mareada, con la mirada como perdida y algo pálida. Le había dado un mareo seguro, porque caminaba de forma torpe.

-Miho.-dijo su tío aproximándose a ella, en realidad era también mío y de mi hermano. Es decir, no tocaba nada de parentesco pero sí de historia.

-Debemos irnos, si mamá regresa y no nos ve nos fusila.-dije tomando a mi hermano en brazos prácticamente.-Miho, cuídate y te llamo luego para seguir hablando.-quería que descansara, con Hero allí sería imposible.

-Ah, sí, ustedes también cuídense y suerte con tu Princesa Zanahoria.-acariciaba su sien intentando calmarse.

Nosotros nos marchamos cerrando la puerta. Los dejé solos y esperé que Yutaka cuidara bien de ella. Hero caminaba agarrándome de la mano, con su mano buena. No hablamos de nada especial hasta llegar al coche. En casa ya estaba esperándonos nuestra madre, se sintió aliviada con lo que dijo el pediatra.

Yo nada más llegar a mi habitación vi una caja. Era un regalo y estaba bien envuelto en su papel de celofán. Lo abrí rasgando el papel y vi que había dentro. Había mangas que deseaba desde hacía años, junto a ellos una nota y era de Yue. Otra persona no podía ser, lo supe desde que vi el paquete. La nota era algo sencilla, pero me impactó:

“He estado ahorrando algunas semanas para conseguirte esto. Te entrego este regalo para que sonrías, creo que te hará sonreír y tu sonrisa me hará sentirme especial.

No sé si estas molesto conmigo o hay algo que te preocupa.

Mi amor, deseo tanto tenerte como al principio y sentir tu cuerpo sobre el mío. Deseo tus labios, tu mirada fija en la mía, y sobretodo el calor de tu alma arropándome. No paro de pensar en ti, no puedo dejar de hacerlo. Eres mi primer y último pensamiento del día.

Ojala todo fuera más sencillo y pudiéramos gritar nuestro amor al mundo. ¿Te imaginas? Poder ir por la calle como cualquier otra pareja, tomarnos de la mano y ser felices. Quiero hacerte muy feliz Hizaki, mucho. Haré cualquier cosa por mantenerme a tu lado, porque esto funcione. Perdóname si soy pesado… pero sin ti no respiro.”

Me sentí un desgraciado por seguir con él, todo debía de acabar. Ya era tarde para hablar, casi era la hora de la cena. Así que llamé para poder quedar bien temprano. No iría a clases, hablaríamos.

-Yue.-dije al notar que contestaba.

-Hola mi amor, ¿viste el regalo? Se lo dejé a Clara.-parecía más dulce que de costumbre.

-Sí, me gustó.-susurré sin saber que decir, seguramente esperaba algo más.-Eres muy detallista.

-No, sólo quiero que lo tengas todo.-parecía risueño al escuchar que había aceptado el regalo.-¿Me echabas de menos? Yo te eché mucho, desearía que estuvieras aquí abrazándome. Necesito verte Hiza.

-Precisamente por eso llamo, quiero verte.-no era para lo que él deseaba, seguramente si hubiera sabido para lo que era no se hubiera emocionado en absoluto.

-¡Te amo!-gritó.-¿Cuándo? Quiero verte ya, podemos vernos ahora y escaparnos toda la noche. Hiza, podemos estar juntos hoy durmiendo abrazados. Llevo días soñando con eso… soñando con algo que quiero que sea real. Quiero hablar contigo.-me hundía más y más, tanto que comencé a llorar e intenté que no se notara en absoluto.

-Yue.-murmuré.-Mañana, mejor mañana. ¿Qué tal si hacemos novillos?

-Mi papá me matará, pero moriré feliz.-me recosté en la cama con la cabeza dándome vueltas.

-Mañana pasaré a recogerte, ponte el uniforme y aparenta normalidad. No quiero que sepan que nos escapamos.-ante todo era poder decirle que lo nuestro no iba a ningún lugar, después que podíamos ser amigos al menos.

-Mi amor.-dijo riendo bajo.

-¿Sí?-interrogué.

-He tenido un sueño guarro, parecía real.-me llevé la mano a la frente, cada vez me lo ponía peor para poder dejarlo al día siguiente.-Chocolate y tu piel, algo muy dulce y muy sensual. ¿Podríamos probarlo?-volvió a reír, pero de forma más nerviosa.-Verás, estábamos tú y yo en mi cocina preparando dulce y acabé cubriéndote de chocolate. Hizaki, jamás he tenido de esos sueños hasta ahora. Tú haces que mi apetito aumente, que quiera estar contigo en la cama todo el día.

-Yue.-quería pararlo como fuera.

-¿Sí?-preguntó con curiosidad.-¿Te has excitado? Yo lo estoy mi amor, estoy sintiéndome como nunca. Creo que entré en época de celo y no pienso dejarte escapar sin rasguñarte.-Yue no era tan suelto, pero se estaba arriesgando por darme sexo y cambiar para gustarme.

-Tengo que cortar.-dije fingiendo amargura por ello, al menos le dejé creer que me dolía no seguir.

-Mi vida, te amo.-murmuró.

-Ídem Yue.-susurré apagando el móvil.

26/9/09

conversaciones VIII


Nuestro hermano jugaba con el gato, no nos hacía caso, pero yo es que moría.

-Mataré a mi tío, lo juro.-dijo fulminándome con la mirada.-Y será mejor que tú no digas nada de eso... Hablo muy seriamente.-yo reía bajo cuando decía aquello, estaba tan perdido en mis carcajadas que no pude esquivar el cojín que me lanzaba.

-No os peguéis o se lo diré a papá.-cuando le escuché eso le tiré uno a él.

No sé que sucedió, creo que fue una guerra montada en minutos. Yo estaba tras el sofá arrojando cojines que me enviaban ellos, pero entre ellos también volaban más de uno. Ella se había escondido tras la mesa del comedor y él tras una silla. En menos de un minuto los cojines volaban por toda la habitación. La puerta que daba al domicilio se abrió y el sonido de llaves tintineó en mis oídos, ellos seguían a lo suyo.

-¡He llegado!-gritó alguien desde la puerta y el gato fue hacia la puerta.-¡Hola cariño! ¿Me echaste de menos?-tomó en brazos a la gata y al vernos se echó a reír. Pero entonces corrió y se lanzó sobre mí.-¡Ah! ¡Mi niñito pequeño!-era Yutaka, había aparecido de nuevo en mi vida.-¡Mi tierno y meón Hizaki!-gritó comenzando a estrujarme sobre el sofá. Mi hermana no me ayudaba, sólo se reía a carcajada limpia con mi hermano.

-Ves Hizaki, eso te pasa por salir idéntico al viejo.-la gata se fue hacia ella y él se restregaba más aún sobre mí. Su mejilla se frotaba sobre la mía y prácticamente ronroneaba.

-¡Uta por favor me desgastaras la cara!-me pellizcaba y abrazaba.-¡Miho! ¡Socorro!-mi hermano dejó de reírse para quedarse absorto observándonos. Yutaka deparó pronto en él y me dejó en paz.

-Tú debes de ser Hero, yo soy Uta... tu padre y yo somos viejos amigos.-acarició su rostro y entonces vio la camiseta.-¡Chi! ¿Ves Miho? no es anime de niñas, los hombres también lo vemos.

Miho reía bajo mientras acariciaba el gato. Parecía una auténtica mafiosa y únicamente le faltaba una mesa de despacho frente a ella y un puro en una de sus manos.

-Es muy divertido ver como te hacen esas muestras de afecto.-comentó con una sonrisa.-Y yo jamás dije que Chi fuera anime de chicas... ¡Chi es niña! Es más... ¡Se parece a mi!-comentó tratando de agarrar una de las tostadas que había en una bandeja del salón, hasta ese momento no había deparado en ellas.-Ahhhh... No alcanzo... ¡Hizaki! Pásame una...

-Yo te la llevo.-dijo mi hermano dándole unas tostadas.

-Tan caballeroso como Acchan.-comentó sentándose a mi lado. Su forma de sentarse era algo ¿afeminada? su sonrisa, todo. Era atractivo, para su edad, era bastante atractivo.-Nada más por eso haré que te llegue mi famoso sushi de cangrejo.-era igual que Yue, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

-Gracias Hero.-susurró mi hermana acariciando el rostro de nuestro pequeño hermano.-Yo quiero sushi de cangrejo... ¿Cuándo me lo haces? Hace mucho que no lo haces... No desde esa vez que hiciste en exceso y dijiste que era para "alguien especial".-él se sonrojó al escuchar aquellos de labios de mi hermana, y yo ya me olía algo extraño. Mi padre seguramente estaba detrás de ese comportamiento adolescente de Yutaka.-Tengo antojo de cangrejo.

-Igual que tu padre, andáis los dos con antojos. Ni que estuvierais embarazados, aunque bueno de ti no me sorprendería.-cuando dijo aquello en ese tono casi me caigo al suelo de la risa.

-Miho ¿a él tampoco se le dice que vas a tener un niño?-y mi hermano el bocazas ayudando.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía!-dijo levantándose señalándola.- ¡No me dices nada! ¡Tan malos modales como tu madre!-definitivamente reía a carcajadas.

-No es que no te dijera, es que simplemente no lo sabia, me había hecho prueba casera y salía negativa. Pero los mareos y vómitos seguían.-intentaba explicarlo todo para que él se calmara y no pensara mal de ella.-y... me canse.-añadió con un suspiro.-Hoy precisamente Hizaki y Hero me acompañaron al hospital para verificar lo que ya sospechaba... Sospechábamos.-lo decía todo con un aura de seriedad y un rostro, de figurita de hielo, parecido al que tomaba mi padre para tratar asuntos peliagudos.-Y no grites, que tus gritos se podrán oír hasta casa de Eduart y... No quiero que se enteré, no aún.-
-Como te cazan hermanita.-comenté observándola fijamente.-La princesita de papá está embarazada, veremos como se lo soltamos a él y a su madre... aunque yo también tengo que decirle lo mío.-

-¿Qué?-dijo Uta observándome.- ¿Te pegaste de nuevo con alguien?

-¡Y tu, idiota, cállate!-gruñó mirándome.-¡Qué el tuyo nacerá antes! Mucho antes...-murmuró intentando hacer cuentas.-En unos cuatro meses, así que al que mataran primero será a ti.

Entonces Uta me miró fulminándome con la mirada.

-¿Quién es la chica?-preguntó haciéndome sentir una hormiga.

-Esto...-me rasqué la cabeza.-Si piensas que no seré responsable te equivocas, me lo quedaré yo. Ella está comprometida con otro chico, no quiere que se entere. Es japonesa, él también pero él vive en Japón y no sabe nada.-tomé aire sentándome bien.

-¡Seré tito! ¡tito!-gritaba eufórico mi hermano y le di un golpe en el culo con el pie.

-Di algo a mamá y te mato.-él me miró casi a punto de llorar, no era por el golpe sino porque le costaría mantenerse callado.

-Pero necesitamos que esto no se lo digas a Atsushi. No es para que no se entere, sino que...-tomó aire y siguió su explicación.-Creo que nosotros somos adultos y podremos decírselo.-si claro, decirselo sería pan comido… claro que yo ya estaba averiguando cuanto valía una parcelita en el cementerio.-¿Nos ayudas?-dijo mirándolo de forma dulce.-Es decir... ¿Nos apoyarás cuando vayamos a decírselo a Atsushi y a nuestras respectivas madres?

-¿Qué? ¿Frente a Clarissa aka terminaitor woman? esa mujer te fusila con una mirada.-tembló y yo me eché a reír a carcajadas.

-¿Ves? no soy el único que teme a mi madre.-le di una pequeña palmada, moviéndolo un poco.-Anda Uta, será tres contra tres, mucho más equitativo.

-Por favor.-dije chocaba sus manos hechas puños.-¿Si?.-interrogó alargando la i hasta quedarse prácticamente sin aire.-Mira si nos ayudas.... a mi hijo le pondré tu nombre, claro, si es niño ni modo de que a mi hija le ponga nombre de niño.

-¿De donde has sacado esa táctica?-dijo mi hermano pequeño.

-Calla que surtirá efecto.-lo agarré y senté sobre mí.

-Sois iguales a él, idénticos.-murmuró asintiendo con la cabeza.-os ayudaré a ir al matadero.