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29/5/11

Una boda, una bala, prisas y sexo. Capítulo 16


Creo que estuve dándole vueltas a todo hasta que llegó el momento de llevarlo a la boda. Aquel día daría un giro inesperado a mi vida en todos los sentidos, pero yo sólo pensaba que vería como un ciclo nuevo se cerraba en la vida de mi padre y yo tenía que estar presente. Y sólo quería estar a su lado, para que todo fuera más llevadero.

Cuando fui a buscarle creo que mi mandíbula se desencajó. Vestía un traje gris humo, sin camisa y con una pañoleta larga adornando su cuello. Eso hizo que pensara que tenía poca ropa y que podía secuestrarlo amordazándolo con su propio complemento, sin embargo sacudí la cabeza y abrí la puerta de mi coche para que él se montara.

Llegamos en media hora, aproximadamente, y todo el perímetro parecía acordonado por los hombres de Kamijo. Así que únicamente podían pasar vecinos y personas que tuvieran invitación. Aparqué justo en frente de la casa. Le ayudé a bajarse como buen caballero, aunque él fuera un hombre era delicado y me gustaba tener ese tipo de comportamientos.

-Ya verás, nos vamos a divertir.-dije con media sonrisa esperando que fuera cierto, porque por dentro me olía que algo no iba a ir de todo bien.

Sabía bien que mi padre estaba arreglándose en el piso superior, Phoenix también. Entré con la llave que tenía y todos los floristas terminaban de arreglar todo. Lo había recogido en su casa, se lo dije. Quería verlos antes de que todo se volviera un revuelo y ayudarlo.

Ahí estaba Yue, Hiro, Aniel e Ismael. Los cuatro ayudaban con los arreglos. Eran mis amigos, personas con las cuales prácticamente había crecido y deseaba que Oly los conociera, además que ellos lo aceptaran de buena manera.

-¡Quita idiota!-gritó Hiro.-¡No seas estúpido!-apartándolo porque se había abrazado a él soplándole en la oreja.

-¡Tratame con cariño ahora que somos familia!-gruño Ismael empujado por Hiro, esto hizo que cayera de culo frente a todos.

-¡Ted cuidado! ¡Ted cuidado!-decía Aniel mientras con su hermano, mientras los floristas intentaban hacer lo que ellos le pedían. Mi padre les había dejado indicaciones para así no perder él el tiempo.

Oly estaba enganchado a mí y yo observándolos a todos. Creo que les daba miedo, aunque no lo dijera.

-Hiza ¿ayudamos a algo?-preguntó en mi oído.
Yo de inmediato besé su sien sonriendo como cualquier enamorado, como un auténtico gilipollas. Pero, eso era algo que no podía controlar. Me hacía feliz estar con él y poder lucirlo frente a todos, era algo que había sacado de mi padre. Ambos nos sentíamos orgullosos de tener a quienes teníamos y cuanto más se arreglaran mejor.

-Tú no, te has arreglado demasiado para estar cargando con eso.-dije tomándolo de la mano para entrar dentro. Aún estábamos en el pasillo hacia el salón viendo a todos moverse de un lado a otro.

-Sí, gracias.-murmuró algo abrumado por todo el mundo que allí se encontraban.

Yo al final no había llevado la corbata, el traje era negro, la camisa también, los pantalones y zapatos. Todos se quedaron estáticos mirándome, más bien mirándonos a ambos.

-¡Ay! ¡Mi Hiza que guapo estás!-corrió Aniel saltando como gamo encima mía. Los demás bajaron de las escaleras y se pusieron alrededor. Ismael ya conocía de vista a Oly.

-Vaya... ¿ya estás bien del pie?-preguntó mirándole fijamente con cierto desprecio.

-No mires así idiota, que intimidas.-dijo Hiro golpeándole bien fuerte. Era igual que Yue pero más masculino y adulto. Tenía veintitrés años, pero el parecido era increíble.

No soltó mi mano, es más creo que la apretó con ganas. Se notaba nervioso, sobretodo cuando se percató que estaba Yue.

-Hola, mucho gusto.-saludó a todos, de esa forma tan dulce que estuve a punto de lanzarme sobre él sin piedad.

Como pude me saqué a Aniel de encima sin separarme de Oly. A veces me asfixiaba que fuera tan loca, aunque yo también lo era y no podía decirle que no hiciera cosas que yo incluso hacía peor.

-¡Aire coño! ¡Aire!-grité y todos dieron unos cuantos pasos.-Uno a uno.-dije con una sonrisa, mientras observaba a mis amigos con corbata.

-¡Dijiste que te pondrías!-gritó Ismael.-Eres un bastardo mentiroso!

-Y tú un ojete que se ha quedado sin verme de corbata hoy, además yo suelo ponérmela, cosa que tú no.-murmuré y sonreí satisfecho por ser el único que no había caído en llevar la soga. Hacía demasiado calor para llevar algo así, quería estar fresco y cómodo.

-Él es Olivier... ellos son Hiro, Aniel, Ismael y a él lo conoces.

Yue no se había movido del sitio, observando todo con ganas de echar a correr. Notaba en sus ojos una decepción terrible. Creo que esperaba que apareciera solo para así lanzarse a mis brazos, rogar que volviéramos y hacerlo en alguna parte de la boda. Sí, eso era lo que sucedía en las películas románticas que tanto le gustaban... pero la realidad era distinta. Yo amaba a Olivier, yo quería estar con mi diseñador de alta costura y no con él.

-¡Ne! ¡No seas tozudo lo cargo yo!-gritó alguien mientras me giré y lo vi. Era Cat con mi hermano pequeño en brazos.

-¡Es el hermano de la novia de mi padre yo lo cargo!-respondió Eduart

-¿Vosotros también ya aquí?-los miré perplejo, porque no esperaba siquiera que vinieran.

Eduart tenía invitación y supongo que invitó a Cat porque sería su acompañante ya que su pareja, Sam, no pudo asistir por complicaciones en su trabajo. Ambos sonrieron al vernos, creo que se sintieron aliviados que estuviéramos allí entre tanto extraño. Aunque, ellos no conocían todavía a Oly.

Sonrió de forma cortés a todo el mundo, sin soltar mi mano, e inclinando su cabeza como saludo. Cada vez que la casa se llenaba un poco más, el se aferraba más a mí. Me recordaba a un niño perdido en medio de una multitud, pero para su suerte no esperaba quedarme hasta el almuerzo, sólo en la ceremonia.

-Hola Olivier.-dijo Cat intentando que no le quitaran el niño de encima.

-¡Dámelo!-gritó Eduart.

-¡No! ¡Es mio!-lo mecía mientras empezaba a reír de forma escandalosa, el niño simplemente lo imitaba completamente feliz de estar en sus brazos.

-Tú, suelta a mi hermano o le pegas lo idiota.-dije aquello como broma y él simplemente sacó la lengua, hizo lo mismo Jun para luego aferrarse a él.

-¡Yo tengo que aprender! Yo tendré hermanos...-gritó a todo pulmón Eduart, pero entonces vio a todos allí y se sonrojó. Creo que se avergonzó tanto que casi se cae y fue a esconderse prácticamente tras Cat.

-¡Chicos! ¡Os dejasteis el peluche!-ese era Lionel, entrando precipitadamente en el salón, y claro nos vio a todos.-Ho...hola.-balbuceó algo sonrojado, pero se relajó leve al verme a mí y vino con una sonrisa.-Hacía mucho que no te veía Hiza-kun.-dijo abrazándome.-Ho...hola.-estaba algo sonrojado observando a Olivier.

-Oly, este es Lio.-dije con una leve sonrisa.-Esos de allí son Cat y Eduart.

-Hola ¿qué tal?-dijo algo azorado y pude leer en sus ojos ciertos celos que me animaron.-Sí, a ellos les conocía de antes... un gusto volver a verlos.-un gusto que no parecía ser tanto, pero era encantador cuando se ponía de esa forma..-¿Entonces todos llegamos antes de tiempo?-sonrió quedándose quieto pegado a mí.

-Sí...-sonrió leve mirando a Oly, con cierta admiración, para luego pasar su mirada a mí.-No he podido traer a Tay... tu padre lo quiere fusilar.-me miraba con una sonrisa.-Te veo incluso mayor... dios...-comenzó a reír bajo y luego fue hacia los chicos tomando el niño.-Vamos dentro, vamos.

-¡Anoria!-gritó a pleno pulmón y todos miraron a Oly, para luego mirarme a mí.

Oly estaba tan rojo que en vez de zanahoria era tomate, un tomate bien maduro.

-Que majo... mi hermano.-murmuré casi golpeando mi cara con mi mano abierta.

-Le llamas anoria...-murmuró Hiro rascándose la cabeza, intentando saber de dónde venía esa palabra.-Anoria... ¿zanahoria?-interrogó mirándome con malicia.-Bonito nombre.-le fui a dar una patada giratoria y se apartó.-¡Oh! más suerte la próxima vez.

-Capullo.-murmuré tomando a Oly para ir arriba.-Vamos arriba, quiero ver a Kamijo y a mi padre.

-Hiza...-balbuceó intentando buscar excusa, quizás.-Creo que es mejor que vayas con tu padre solo.-creo que le daba algo de malestar estar cerca de mi padre, por lo sucedido con mi madre.-No es prudente, no soy de la familia.

-¿Y dejarte con esa pandilla de impresentables?-dije mirando hacia la planta inferior. Yue se había quitado la chaqueta y tenía una camisa algo trasparente, intentaba llamar mi atención o la de cualquiera con un par de centímetros entre sus piernas.

Abajo sólo se veía como se molestaban unos a otros, se empujaban y prácticamente pegaban por una psp.

-¿Ves? Son como canívales.-murmuré con media sonrisa, para ir a la puerta de mi padre y llamar.

-¡Un momento!-gritó Kamijo, escuchándose pasos apresurados hacia la puerta.

-¿Sí?-preguntó el amigo de mi padre abriendo un poco la puerta, era el llamado y mencionado como alcoholico... Imai, observando todo.-Oye viejo verde aquí está tu niñito... el cual te hará un abuelo respetable.-canturreó y Toll lo metió para dentro agarrándolo del cuello.-¡Animal!

La puerta cedió y yo entré dentro, donde estaban todos en reunión. Parecía un clan de la mafia reuniéndose para la boda de uno de sus miembros. Toll a Imai estaban sentados en una esquina, mientras Hide acomodaba bien la ropa de mi padre. Él era el experto en moda y discreción, mi padre se dejaba guiar pos sus consejos y también por sus propios gustos. Kamijo simplemente observaba todo desde un lugar prudente cerca de la ventana.

Todos estaban de negro impoluto, menos mi padre que parecía de merengue. Acomodaba la chaqueta cuando entré y casi me caigo de espaldas al verlo así.

-Dios pareces...

-Di algo Hizaki y te juro que te tiro por las escaleras.-dijo acomodando el chaleco esta vez.

21/8/10

Un buen chico XI


Tan desesperado estaba que me sentía como spiderman trepando por las paredes por la desesperación, más bien por la necesidad que no podía suplir de ninguna forma. Ya sabía que estaba ahí la solución de usar a mis cinco amigos y mientras pensar en él, pero no era romántico y sabía que si supiera que en ocasiones lo hacía me lo reciminaría, lo haría de una forma parecida a sus berrinches.

Se acercó más a mí con cuidado, tal vez para no clavarse la palanca de cambios ni el freno de manos, su mano se fue deslizando hacia abajo hasta dar contra mi cadera y luego el cierre de mi pantalón.

El estacionamiento estaba oscuro, las leves luces de los luminosos no eran nada para el lugar donde habíamos aparcado. Aunque no podía ver parecía diestro al bajar la cremallera y los botones de la bragueta. Metió la mano y yo jadeé por inercia, había imaginado ese momento en mi perversa mente durante semanas. Sin embargo, no era lo mismo pensar que sentir.

-Entonces habrá que ayudarte.-susurró.-No queremos ninguna demanda, ni sociedad civil tras mis huesos.

-No, no quiero que te pase nada malo por dejarme así.-susurré próximo a sus labios para volverlo a besar.

-Entonces habrá que ponerse manos a la obra.-dijo aquello con una flamante sonrisa, pero se echó hacia atrás.-Tú sólo relájate y déjame hacer a mí.-susuerré sacando mi miembro del pantalón para empezar a masturbarme de manera lenta y firme.-¿Qué clase de amigo sería si te dejaría así?

Eché la cabeza hacia atrás mientras pegaba las manos al volante, lo retorcía leve. Mis labios se entreabrieron y volví a mirar mi entrepierna. Sí, su mano estaba ahí excitándome más de lo que ya estaba.

-Oly, no me tortures demasiado con ese ritmo.-susurré y lo miré a los ojos esperando que fuera algo más rápido, necesitaba sentir su mano acariciándolo por completo.

-¿Así pues?-aumentó el ritmo pero bajó la presión sobre mi miembro, jugaba rozando la humedad del inicio para deslizar su mano más facilmente.-¿Sigo torturando a mi lindo corderito?-dijo casi riendo bajo, era demasiado excitante y cruel a la vez...-No me digas que nunca habías hecho esto.

-En el coche no.-susurré apretando más el volante, estaba excitándome cada vez más y eso tomó forma. Gemí echando la cabeza hacia atrás, desabotoné un poco mi camisa porque me entró calor. Hacía mucho calor y más con esas caricias.-Oly.-busqué de nuevo sus labios, lo besé algo desesperado, pegando aún más mis manos al volante. No quería que pensara que le iba a pedir algo más, sabía que no estaba preparado.

Me sonrió de forma perversa cuando se separó de mí, no quería besos y yo los estaba necesitando porque no me apetecía sólo sentir.

-Hiza sin besos, seguimos casi en público y quedamos que sin besos. Los amigos no se besan.-se hizo hacia atrás apretándome un poco más para ir con rapidez.-Así que te quedas quietecito y me dejas encargarme de esto ¿ok?

Asentí aunque me estaba estresando eso de no tener todo al completo. Tan sólo cerraba los ojos e imaginaba que teníamos mayor intimidad, además de más que trabajo manual. Gemí de nuevo notando bien sus dedos correr por toda la extensión.

-Joder...

-¿Así está mejor?-preguntó acariciándome a ese ritmo que me enloquecía.-¿Me dirás que ese puberto, con esas manillas tan torpes, podía hacer este trabajo? para esto se necesitan manos artesanales, acostumbradas a trabajar con las sensaciones que provocan.-dijo casi ronroneando en mi cuello.

Yue era virgen y a penas lo hicimos un par de veces. Él no tenía experiencia y tan sólo se entregó a mí porque le hice creer ciertas cosas. Su sexo era bueno, era como hacerle descubrir un mundo al completo. Era torpe y siempre se sonrojaba por cualquier pequeña acción que hiciera. Se pasaba el día

-No, él no sabe.-susurré me correría en breve, pero intentaba alargarlo lo máximo que pudiera.-Además nunca lo quise.

-Nadie te lo prodá hacer mejor.-susurró en mi oído antes de mordisquear mi lóbulo, mientras su mano aumentaba la velocidad y el agarre. Me lo hacía más fuerte para que me viniera, parecía percatarse que estaba a nada de terminar.

Oly.-jadeé antes de gemir en un gruñido bajo. Me vine quedándome satisfecho. Me había corrido en su mano, mi aliento estaba agitado y sudoroso. Momentos antes de venirme me lo imaginé completamente desnudo, entre mis brazos, y regalándole el mejor sexo que sabía dar.-Oly, te amo...-dije buscando sus labios, besándolo y sintiéndome relajado.

-Hey, hey, ¡Atrás!-dijo apartándose buscando mi paquete de clinex. Siempre llevaba un paquete para cualquier circunstancia que pudiera ocurrir, jamás pensé que le vendrían bien porque lo hiciéramos de esa forma.-Sin besos y sin te amos ¿lo recuerdas?-dijo terminándose de limpiar, para bajar la ventanilla de su lado ya que estaban empañadas. Después se acomodó la ropa mientras yo intentaba hacer lo mismo.-¿Ahora si? me llevas a casa? ¿O estás demasiado colapsado y pido un taxi?

15/8/10

Un buen chico X


No sé si se dio cuenta de que estaba excitado o tenía un sexto sentido muy desarrollado, simplemente intenté mirar hacia otro lado cuando dijo eso y carraspeé.

-Dormir, digo dormir de dormir.-comenté intentando olvidar todo lo que vino a mi mente en segundos.-Además, ahora sólo tengo que ir a entrenar por las tardes e intentaré estar hasta tarde en la cama.

-Ah ¿Qué piensas hacerlo costumbre?-preguntó levantando una de sus cejas- Hiza, tu tienes un departamento que habitar, por si no lo recuerdas...-cerró los ojos estirándose.-Me siento cansado, pensé que no me agectaría el viaje. Pero ya ves, la ancianidad me esa.-rió bajo y me miró frente a frente.-¿Vamos a casa ya Hiza? ¿O quieres quedarte un rato más aquí?

-Voy a pagar y vengo a por ti.-dije levantándome para besar su mejilla e ir a pagar.

Estuve unos minutos despidiéndome de mi amigo, crucé la barra y le di un abrazo. Intenté parecer normal, aunque estaba con ganas de ir a por Olivier y hacerselo en la barra delante de todo el mundo. Me dijo que le debía un cd mío, yo lo apunté mentalmente que la próxima se lo llevaría. Cuando regresé hacia él puse el brazo para que se sostuviera y saliéramos.

Así estaba bien, con esos pantalones y la poca luz no vería nada, mejor alejarlo de mí con los ojos puesto en un punto en otra galaxia. Pero en la salida tuvimos que ponernos en fila, él delante y yo detrás, puesto que entraba otra pareja. Como se detuvo antes que yo me diera cuenta termine pegándome a él y él notando el despertar de Junior. Se giró hacia mí riéndose para ver qué reacción tenía.

-¿Seguro que quieres quedarte en mi casa Hiza?

-Mejor me voy a la mía.-dije con cierto nerviosismo al notar que sí, se había dado cuenta.-Así que te dejaré en tu casa y me iré a la mía, tienes que descansar.-comenté caminando hacia el coche, rogando que no mirara ahí abajo.

-Vamos Hiza, es algo normal y a todos nos pasa de pronto.-dijo con aquella sonrisa que me hacía caer como un imbécil. Se sentó en el auto cuando lo abrí, pero no dijo nada más.

Me acomodé en mi asiento y comencé a comprobar los espejos, como también a encender las luces del auto antes de ponernos en marcha. Iba meditando qué decir o hacer para disculparme.

-Estaba pensando Hiza.-se mordisqueó el labio interior mirándome con esos ojos de cordero a medio morir.-En qué clase de amigo sería... si te dejo ir a dormir a tu casa con semejante dolor.-acarició mi mejilla bajando su mano hacia el cuello hasta el botón cerrado de mi camisa.-Creo que sería en contra de la humanidad y derechos humanos me lo recriminaría.

-Soy un pobre animalito en tus manos... peta te haría pagar por ello.-dije mirándole con una sonrisa en los labios.

Aunque no era normal ponerme así, quizás porque tenía siempre con quien estar. Pero ahora que solo era él, ahora que únicamente estaba con él, me costaba controlarme además de que no teníamos sexo... solo caricias y besos. Me desesperaba.

Tan desesperado estaba que me sentía como spiderman trepando por las paredes por la desesperación, más bien por la necesidad que no podía suplir de ninguna forma. Ya sabía que estaba ahí la solución de usar a mis cinco amigos y mientras pensar en él, pero no era romántico y sabía que si supiera que en ocasiones lo hacía me lo reciminaría, lo haría de una forma parecida a sus berrinches.

Se acercó más a mí con cuidado, tal vez para no clavarse la palanca de cambios ni el freno de manos, su mano se fue deslizando hacia abajo hasta dar contra mi cadera y luego el cierre de mi pantalón.

El estacionamiento estaba oscuro, las leves luces de los luminosos no eran nada para el lugar donde habíamos aparcado. Aunque no podía ver parecía diestro al bajar la cremallera y los botones de la bragueta. Metió la mano y yo jadeé por inercia, había imaginado ese momento en mi perversa mente durante semanas. Sin embargo, no era lo mismo pensar que sentir.

-Entonces habrá que ayudarte.-susurró.-No queremos ninguna demanda, ni sociedad civil tras mis huesos.

-No, no quiero que te pase nada malo por dejarme así.-susurré proximo a sus labios para volverlo a besar.

7/8/10

Un buen chico IX


Con eso ya no pude más, me aproximé a él besándolo lentamente mientras lo pegaba a mí. Entonces escuché un leve revuelo detrás de nosotros y vi correr a Yue llorando, el otro chico salió tras él. No entendía que pasaba, ya había dejado de besarlo por culpa de todo lo que sucedía a nuestro alrededor y me preguntaba qué pasó realmente.

-No te preocupes Hiza, de seguro es una pelea de novios.-dijo intentando quitarle hierro al asunto.-Un berrinche como cualquiera.-me giró el rostro hacia él para que lo mirara, acariciaba con una de sus manos mis mejillas.-Aunque no quiero que se te olvide que has dicho que harías lo que y quisiera...-susurró mirándome a los ojos.-Y te he pedido que sin besos en publico Hizaki.-sonrió de forma dulce, como para hacerme entender, pero yo sólo pensaba en volverlo a hacer. Me controlaba más de lo que él podía suponer.

-Lo sé, pero no puedes tentarme como si fueras el demonio y que yo no caiga.-dije mirándole algo excitado dando gracias a que estaba sentado, no se notaba tanto con la oscuridad del local. Podía pasar por alto a Junior... por el momento.-Y lo de Yue... seguro.

-La tentación está en cada quien Hiza.-eso lo susurró en mi oído antes de alejarse de nuevo.-No me culpes a mí de tu poca fuerza de voluntad.-empezó a reír dando otro sorbo de la bebida, el muy cruel lo hacía a posta.-Es más no podrías decir ni que lo haces porque estás ebrio, tienes que buscar mejor pretexto.

-No tengo excusa.-dije con media sonrisa mientras daba un trago a mi refresco.-La única que tengo es la que te dije.-comenté con una sonrisa mientras sostenía el vaso moviendo los hielos.-Luego puedo quedarme a dormir contigo ¿o me voy a dormir a mi frío y lúgubre piso?

-Todo depende.-sonrió con la cañita de su bebida.-¿Prometes portarte bien? ¿O seguirás siendo desobediente?-interrogó con ese tono de voz que me hacía descontrolarme.-Aparte, cuando tú dices dormir no te refieres a es pequeño pervertido.-rió mordiendo la cañita y yo babeaba mirándolo.-Y yo necesito mi sueño de belleza para poder estar listo para la boda.

No sé si se dio cuenta de que estaba excitado o tenía un sexto sentido muy desarrollado, simplemente intenté mirar hacia otro lado cuando dijo eso y carraspeé.

-Dormir, digo dormir de dormir.-comenté intentando olvidar todo lo que vino a mi mente en segundos.-Además, ahora sólo tengo que ir a entrenar por las tardes e intentaré estar hasta tarde en la cama.

-Ah ¿Qué piensas hacerlo costumbre?-preguntó levantando una de sus cejas- Hiza, tu tienes un departamento que habitar, por si no lo recuerdas...-cerró los ojos estirándose.-Me siento cansado, pensé que no me agectaría el viaje. Pero ya ves, la ancianidad me esa.-rió bajo y me miró frente a frente.-¿Vamos a casa ya Hiza? ¿O quieres quedarte un rato más aquí?

-Voy a pagar y vengo a por ti.-dije levantándome para besar su mejilla e ir a pagar.

Estuve unos minutos despidiéndome de mi amigo, crucé la barra y le di un abrazo. Intenté parecer normal, aunque estaba con ganas de ir a por Olivier y hacerselo en la barra delante de todo el mundo. Me dijo que le debía un cd mío, yo lo apunté mentalmente que la próxima se lo llevaría. Cuando regresé hacia él puse el brazo para que se sostuviera y saliéramos.

Así estaba bien, con esos pantalones y la poca luz no vería nada, mejor alejarlo de mí con los ojos puesto en un punto en otra galaxia. Pero en la salida tuvimos que ponernos en fila, él delante y yo detrás, puesto que entraba otra pareja. Como se detuvo antes que yo me diera cuenta termine pegándome a él y él notando el despertar de Junior. Se giró hacia mí riéndose para ver qué reacción tenía.

-¿Seguro que quieres quedarte en mi casa Hiza?

-Mejor me voy a la mía.-dije con cierto nerviosismo al notar que sí, se había dado cuenta.-Así que te dejaré en tu casa y me iré a la mía, tienes que descansar.-comenté caminando hacia el coche, rogando que no mirara ahí abajo.

5/8/10

Un buen chico VIII


Summer time comenzó a sonar llenando el ambiente cargado por el cigarro, las conversaciones a media voz y el discurso egocentrista de algún chiflado en la barra. Ese bar tenía un ambiente especial, era especial. Pero estar allí con Olivier se estaba convierto en un suplicio. Yue nos había sacado de quicio a ambos y poco o nada disfrutábamos.

-Lo mataré, haré sushi con él.-me decía intentando relajarme.-Dios, pienso dejarlo calvo.-murmuré dando un trago a mi segundo refresco.

Siguieron con algo más animado, Out Of The Blue también un clásico de Mile, intentaba relajarme como usualmente hacía en ese lugar, pero echaba de menos el cigarrillo. Acabé por levantarme y pedirle uno a mi amigo, lo prendí olvidando que Oly quizás se podría molestar. Lo necesitaba, necesitaba un cigarrillo tras el estrés de Yue.

-Hiza.-dijo con un tono de voz suave.-Si tocan alguna canción que te guste mucho ¿podríamos bailar?-me quitó el cigarrillo mientras yo sólo tragaba saliva. Observé como fumaba, no era para nada masculino ni con un cigarro en los labios.-Ahí va mi resolución de año nuevo.-rió agachando la cara aunque me miraba desde esa posición pestañeando un poco.

Si no hubiera tenido las gallas que tenía, el deseo de ser paciente, hubiera terminado metiéndolo en el baño para hacérselo ahí mismo.

-Yo fumo poco, pero lo dejé porque cuando tenga al niño no podré ni mis dos cigarros al día.-noté como Yue nos miraba desde la otra mesa cercana, nos taladraba con la mirada mientras el chico besuqueaba su cuello. Simplemente había ido porque quizás supo que vendría, vino con alguien para darme celos, pero solo me daba pena.

-Bueno, siempre podrás escapar a mi casa por un cigarro cuando todo se vuelva estresante.-se acercó más a mí quitándome el cigarrillo de nuevo, para fumar cerca mía y dejarlo de nuevo en mi boca.-Podrá ser mi atellier tu refugio clandestino.-me miraba a los ojos con una sonrisa que me dejaba más idiota de lo que ya estaba.-Pero Hiza me harás llorar...-dijo haciendo un leve puchero-¿No me iras a sacar a bailar? ¿Si'l vous plait?

Estaba como embobado con él, cada movimiento que hacía con sus labios me atraía para besarlo. Di una buena calada al cigarro y dejé que el humo pasara para hacerlo en la mejilla cerca de la comisura de sus labios. Quería resistirme a la premisa que en público no, que no se podía, así que si lo hacía se molestaría y no quería molestarlo.

-Haré lo que tú quieras, ya lo sabes.-dije apagando el cigarrillo, mientras me quedaba pegado a sus ojos y a todo su cuerpo.

-¿Seguro? puede ser peligrosa esa sentencia Hiza.-se acomodó un mechón de cabello tras la oreja, incluso eso era sexy, haciendo que descubriera los ojos y poderme perder más en ellos.-Sabes que soy de alto mantenimiento.-dijo en un susurro cerca de mis labios.

Yo sólo estaba concentrado en su boca, en la forma de esta y lo dulces que parecían sus labios hablando de esa forma sosegada. No escuchaba lo que decía, tan sólo asentía balbuceando prácticamente un “aja” tras otro. Estaba casi por besarlo, el control se estaba largando de paseo.

Me dio un beso en la mejilla rozando la comisura de mi boca, para luego alejarse por completo recargándose en el respaldo de la silla. Subió una de sus piernas y tomó su bebida dando un ligero trago. Sonreía con superioridad, sus ojos se afilaban y su aspecto era del todo deseable.

Con eso ya no pude más, me aproximé a él besándolo lentamente mientras lo pegaba a mí. Entonces escuché un leve revuelo detrás de nosotros y vi correr a Yue llorando, el otro chico salió tras él. No entendía que pasaba, ya había dejado de besarlo por culpa de todo lo que sucedía a nuestro alrededor y me preguntaba qué pasó realmente.

-No te preocupes Hiza, de seguro es una pelea de novios.-dijo intentando quitarle hierro al asunto.-Un berrinche como cualquiera.-me giró el rostro hacia él para que lo mirara, acariciaba con una de sus manos mis mejillas.-Aunque no quiero que se te olvide que has dicho que harías lo que y quisiera...-susurró mirándome a los ojos.-Y te he pedido que sin besos en publico Hizaki.-sonrió de forma dulce, como para hacerme entender, pero yo sólo pensaba en volverlo a hacer. Me controlaba más de lo que él podía suponer.

-Lo sé, pero no puedes tentarme como si fueras el demonio y que yo no caiga.-dije mirándole algo excitado dando gracias a que estaba sentado, no se notaba tanto con la oscuridad del local. Podía pasar por alto a Junior... por el momento.-Y lo de Yue... seguro.

-La tentación está en cada quien Hiza.-eso lo susurró en mi oído antes de alejarse de nuevo.-No me culpes a mí de tu poca fuerza de voluntad.-empezó a reír dando otro sorbo de la bebida, el muy cruel lo hacía a posta.-Es más no podrías decir ni que lo haces porque estás ebrio, tienes que buscar mejor pretexto.

-No tengo excusa.-dije con media sonrisa mientras daba un trago a mi refresco.-La única que tengo es la que te dije.-comenté con una sonrisa mientras sostenía el vaso moviendo los hielos.-Luego puedo quedarme a dormir contigo ¿o me voy a dormir a mi frío y lúgubre piso?

3/8/10

Un buen chico VIII






Si no han conocido el placer de conocer a Miles... aquí tienen un muestra. El jazz es una música envolvente, de otra galaxia, y que nos transporta a momentos muy en otras épocas perfecto para pensar, disfrutar, y compartir.





No sabe nadie lo molesto e incómodo que estaba. El presente y el pasado se estaban fundiendo en una velada que creí tranquila, pero de tranquila parecía no tener nada.

-No empecemos Yue.-dije obviamente molesto, pero su respuesta fue una pequeña risotada.

Su acompañante seguía ahí pasmado porque lo agarrara como si fuera muñequito de bodas. Mis suposiciones de un buen polvo se hacía cada vez con más peso.

-Tranquilo, no voy a despellejar a tu francés ni tirarme a tu cuello.-sonrió como felino y miró de nuevo a Oly.-Cuídalo o te juro que te patearé el hígado.

-¡Yue!-alcé la voz muy molesto, tanto que creo que todo el salón pudo escuchar ese grito.

Él se mostraba victorioso, es más hizo el símbolo de la victoria frente a mis narices.

-Ya no somos novios, pero si amigos.-eso de amigo estaba por discutirse, porque yo no lo quería cerca de momento.-Así que sólo cuido tus intereses.

-Yue, cielo... ven.-el otro ya salió del pasmo, o tal vez quería que sólo le atendieran a él.

-Au revoir...-dijo tras lanzarme un beso, bueno a ambos.-Nos vemos en la boda Hiza...-rió bajo aferrándose a su chico.-y compañía.-escuché cuando se alejaban.

-Olivier, se llama Olivier.-aquello lo dije furioso y entre dientes, quería extrangularlo.

-Pues Olivier.-se giró antes de abrazarse a su estúpido amante, para luego acariciar con disimulo su bragueta.

Suspiré y picoteé lo que había en el plato. No estaba celoso, él no me ponía celoso. Estaba molesto porque hiciera una escena frente a Oly. Mi Oly no se merecía que lo trataran como un buscon.

-Te juro que no sabía que él estaría.-le dije intentando que me atendiera a mí, no a él.-Dios tan infantil como siempre, ni le hagas caso...-murmuré.-Sólo tiene dieciséis, aunque parezca lo contrario.

Olivier tenía el ceño fruncido y parecía que sus ganas de matar aumentaban con cada segundo. Sobretodo cuando a pocas mesas se sentó como gato zalamero junto a su pareja. Tomó un apio de aquel aperitivo vegetal y lo apretaba entre su boca, tal vez deseando canalizar su mal humor.

-No Hizaki, tú nunca sabes cuando un ex novio se aparecerá-dijo entre dientes mirando hacia otro lado.-Tenemos un patrón ¿verdad?-agregó antes de empezar a insultar en francés, sabía que eran insultos aunque en ese momento no recordaba qué significaba cada uno.

-Demos gracias que tiene pareja, que se le pasó el capricho y que no me acosa.-suspiré.-Además, no es francés aunque lo parezca... su madre sí, él... por mucho que quiera es como su padre... irritante hasta la médula.-acaricié sus cabellos observándolo.-Pero es buen chico, algún día sera el mejor chef, tendrá el mejor restaurante del país.-era lo que deseaba escuchar, mentiras. Quería creer que algún día sería maduro, conseguiría éxitos y estuviera yo a su lado para verlo, pero no como él deseaba.-Si bien tiene modales que...-no sabía como expresar sus modales, más bien su falta de ellos.-son de él.

-Sí.-dijo con tono sarcástico, aunque lo que vino luego fue aún más notable con su molestia.-Hagamos un rosario para dar gracias a Dios.-su ceño aún seguía fruncido y sus ojos escupían fuego.-Idiotas.-murmuró en francés acentuando su acento. Mordía con rabia el apio que tenía entre sus dedos.

-Su madre, es la mejor amiga de mi madre.-comenté.-Son tus mejores clientas.-de ahí le venía lo francés y lo rubio, aunque se había teñido el pelo y no sabía porqué. Quizás para parecerse aún más a su hermano, siempre quiso ser como su madre... pero su hermano era algo que tenía como icono y modelo a seguir. Jamás quise creer, al menos en esos momentos, que era porque Olivier era castaño-Tranquilo Oly... tan sólo es mi bajo.-al menos aún lo tenía en mi banda, no la habíamos desintegrado de forma permanente.

-Lo sé.-respondió enfurruñado.-Le conocí cuando todavía jugaba con transformers-sonrió de forma tensa intentando ver a los músicos y seguir la actuación.-Puisqu'un bonheur par ton enfant ilsurprend.-murmuró antes de terminarse la copa y mirarme señalando el vaso vacío.-¿Me regalas otra? Por favor

-De acuerdo.-dije con una sonrisa intentando ser amable para que no terminara arañándome a mí.-Sólo si dejas de ponerte celoso.

Mientras iba hacia la barra Yue se sentó en mi asiento. En mi regreso aún estaba ahí y cuando llegué sólo escuché estupideces sobre venganza si me hacía daño, tonterías de mocoso sin modales.

-Yue Wook.-dije quedándome frente a él con la copa de Oly en la mano.-Lárgate, de una jodida vez.

-¿Ya no quieres a los amigos?-dijo pestañeando intentando mostrar inocencia suprema, pero de inocente no tenía ni un pelo de la cabeza.

-Largo.-señalé a su mesa esperando que recapacitara y se marchara, si no se iba era capaz de empezar una pelea con él de protagonista como saco de boxeo.

-Nos vemos en otro momento Oliviercito.-canturreó corriendo hacia el chico que le esperaba en la mesa con ganas de algo más que música.

Olivier se concentró en respirar profundamente y beber a pequeños sorbos su copa mientras disfrutaba de la música. Eran canciones antiguas, muy conocidas por los que amábamos ese tipo de música, y que nos relajaba de forma especial.

Summer time comenzó a sonar llenando el ambiente cargado por el cigarro, las conversaciones a media voz y el discurso egocentrista de algún chiflado en la barra. Ese bar tenía un ambiente especial, era especial. Pero estar allí con Olivier se estaba convierto en un suplicio. Yue nos había sacado de quicio a ambos y poco o nada disfrutábamos.

-Lo mataré, haré sushi con él.-me decía intentando relajarme.-Dios, pienso dejarlo calvo.-murmuré dando un trago a mi segundo refresco.

Siguieron con algo más animado, Out Of The Blue también un clásico de Mile, intentaba relajarme como usualmente hacía en ese lugar, pero echaba de menos el cigarrillo. Acabé por levantarme y pedirle uno a mi amigo, lo prendí olvidando que Oly quizás se podría molestar. Lo necesitaba, necesitaba un cigarrillo tras el estrés de Yue.

31/7/10

Un buen chico VII


-No le viste a él, en su pose de francés come croasanes.-reí bajo, puesto que me tomaba su berrinche como algo sin importancia, y mi amigo nos miraba con media sonrisa.-El chico de la barra se llama Hefesto, es un nombre raro, pero está bien. Entró con beca, es uno de los cerebrines de la escuela... hacía varias semanas que no lo veía. Gracias a él hay jazz aquí.

El seguía en silencio, parecía que le había tocado la fibra. Miraba a los músicos dejándose llevar tal vez por la sensualidad del jazz. Siempre creí que el jazz era música para amantes y desesperados, podía incitar ambas cosas. Verlo a él allí sentado a mi lado, moviendo levemente su cabeza por inercia y a pesar de su seriedad... parecía dulce y apetecible.

-No te pongas de morros.-susurré.-Te traje la bebida que querías y mi amigo incluso nos dio un aperitivo gratis.-acaricié su rostro y acomodé sus cabellos tras su oreja.-Te ves perfecto con esa ropa. Así que no quiero que te pongas perdido en tu mundo.-sonreí y le miré.-¿Sabes? mañana podría acompañarte a comprar la ropa que deseas llevar en la boda.

-¿De tiendas yo?-dijo sonriendo mientras me miraba fijamente, hubiera deseado besarle pero quería escuchar qué tenía que decirme sobre eso.-No me gusta ir a comprar. Cuando quiero algo tengo compradores personales y me llevan todo a mi casa. Las únicas ocasiones que voy de tiendas es cuando acompaño a alguien para darle mi opinión, como a tu madre.-supe entonces porqué siempre vestía tan envidiable frente a todas, tenía un diseñador que le decía qué era lo que mejor le sentaba. Aunque creo que mi madre con cualquier cosa se veía elegante, incluso con unos jeans y una camiseta vieja.-Pero para mí es muy raro que lo haga.

-Vaya... vaya.-dije con una leve sonrisa.-Así que mandas a otros a comprar... interesante... eso haré a partir de ahora. Odio comprar.-di el último trago a mi bebida y suspiré cuando vi entrar a mi ex, pensaba que él no estaría hoy.

Se había cambiado el cabello, lo tenía más largo y levemente recogido. Tenía el rostro libre, para que todos vieran sus perfectas facciones como él solía llamar a su cara. La ropa que llevaba era de un chico con clase, arreglado pero informal. Sin duda sabía lo que era ser un fashion victim de pasarela.

Entró en el local con paso firme, sin mirar a nada ni a nadie, agarrado al brazo de otro chico que parecía algo mayor que nosotros. El acompañante lo miraba con cara de bobo, como si hubiera tenido el polvo más bueno de su vida y aún no pudiera creérselo.

Cuando sus ojos se clavaron en los míos, ya que estábamos prácticamente en el centro, sonrió con superioridad. Su paso se volvió más firme y su rostro más cruel. Toda la inocencia se la había arrebatado yo, o eso creí en ese momento, cuando quedó frente a nosotros en pose de víbora.

-Hola.-dijo cuando estaba frente a nosotros.-No pensé que estarías aquí.-clavó sus ojos en Oly como si deseara clavarle mil dagas.-Y que vendrías con él.-a pesar de sus años en esta ciudad conservaba el acento francés, todo por parecerse a su madre, pero esa noche lo acentuaba más que nunca.

No sabe nadie lo molesto e incómodo que estaba. El presente y el pasado se estaban fundiendo en una velada que creí tranquila, pero de tranquila parecía no tener nada.

-No empecemos Yue.-dije obviamente molesto, pero su respuesta fue una pequeña risotada.

Su acompañante seguía ahí pasmado porque lo agarrara como si fuera muñequito de bodas. Mis suposiciones de un buen polvo se hacía cada vez con más peso.

-Tranquilo, no voy a despellejar a tu francés ni tirarme a tu cuello.-sonrió como felino y miró de nuevo a Oly.-Cuídalo o te juro que te patearé el hígado.

-¡Yue!-alcé la voz muy molesto, tanto que creo que todo el salón pudo escuchar ese grito.

Él se mostraba victorioso, es más hizo el símbolo de la victoria frente a mis narices.

-Ya no somos novios, pero si amigos.-eso de amigo estaba por discutirse, porque yo no lo quería cerca de momento.-Así que sólo cuido tus intereses.

-Yue, cielo... ven.-el otro ya salió del pasmo, o tal vez quería que sólo le atendieran a él.

-Au revoir...-dijo tras lanzarme un beso, bueno a ambos.-Nos vemos en la boda Hiza...-rió bajo aferrándose a su chico.-y compañía.-escuché cuando se alejaban.

-Olivier, se llama Olivier.-aquello lo dije furioso y entre dientes, quería extrangularlo.

-Pues Olivier.-se giró antes de abrazarse a su estúpido amante, para luego acariciar con disimulo su bragueta.

Suspiré y picoteé lo que había en el plato. No estaba celoso, él no me ponía celoso. Estaba molesto porque hiciera una escena frente a Oly. Mi Oly no se merecía que lo trataran como un buscon.

-Te juro que no sabía que él estaría.-le dije intentando que me atendiera a mí, no a él.-Dios tan infantil como siempre, ni le hagas caso...-murmuré.-Sólo tiene dieciséis, aunque parezca lo contrario.

Olivier tenía el ceño fruncido y parecía que sus ganas de matar aumentaban con cada segundo. Sobretodo cuando a pocas mesas se sentó como gato zalamero junto a su pareja. Tomó un apio de aquel aperitivo vegetal y lo apretaba entre su boca, tal vez deseando canalizar su mal humor.

27/7/10

Un buen chico V


-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

-Oh, Yue es el chico que me contaste ¿verdad?-dijo cuando regresé con las bebidas, tal vez había estado recordando ciertas conversaciones que habíamos tenido.-Que bueno que se han arreglado. Ah, ira Max ¿también?-realmente era el único de mi círculo que conocía, yo tampoco conocía a los suyos.

-Por desgracia sí, vendrá Max...y espero que no termine intimidando a ninguna de mis amigas... tiene las manos muy largas.-murmuré y eché a reír.-Recuerdo que le presenté a la hermana de Yue cuando aún no salia con mi amigo.-tuve que parar de hablar un segundo porque las carcajadas iban solas.-Y bueno terminó con las baquetas rotas en la cabeza.

-¿Será por eso son amigos?-alzó una de sus cejas mirándome, sabía que me estaba acusando de tener las manos largas.-¿Quién más que conozca irá a la boda? ¿Irá Wilde?

-Irá mi hermana, su marido, el hijo de su marido, el novio del hijo de su marido o eso creo, Kamijo, Jasmine, mis amigos de la banda y por supoesto que estará tu amado Wilde. El cual no para de tontear con el nuevo cura.- cura que no era como Lionel, ese era heterosexual. Pero sabía bien que un halago no amarga a nadie, y más si esos halagos luego tenían recompensa en el cepillo. Entonces recordé.-Sólo espero que Lio no venga con su novio... Taylor es capaz de aparecer y entonces a mi padre le da un paro cardíaco.

-Boda gay.-murmuró.-Tenía que estar llena de hombres probando que pueden ser más zorras que cualquier grupo de mujeres.-se echó a reír cuando dijo eso, en realidad tenía algo de razón pero no del todo.-Eso te lo aseguro.

-¿Quién es Taylor? ¿Tu padre no se lleva bien con él? ¿O qué?-preguntó seguro por lo que había dicho del infarto.-Creo que al único amigo de tu padre que conozco es a U-ta, muy caballeroso se porto conmigo, es muy propio él.-bueno no era el único, también conocía a Paulo.

-Uta sigue enamorado de mi padre, no creo que le sea grato asistir a la boda. Sí estará Anii que es su hermano, Imai y también Hide. Todos son como Uta, todos son como mi padre, claro que Uta se descontrola si toma azúcar... es como ver un antes y un después... es como un adolescente y por lo que sé se la pasa molestando al resto del grupo.-sonreí cuando recordé algunas cosas que me contó mi padre.-El hermano de Taylor casi mata a Uta, mi padre mató a ese hombre cuando lo vio sobre el que era su novio mientras intentaba violarlo... y bueno mi padre tuvo que huir de Japón. Añade que Taylor es el ex novio de Phoenix... tienes una mezcla explosiva.-el mundo era un pañuelo, y más cuando tanto asiático terminaba en este país intentando buscar un nuevo futuro, o tal vez tan sólo huyendo de un pasado tormentoso.-Aunque Lionel es.-sonreí como un adolescente.-Creo que fue el primer chico que me gustó, a parte de Lexter, él era cura y un cura peculiar... la verdad.

Se quedó mirándome casi ojiplático. Parecía haber bajado de una atracción de esas que vas a toda velocidad y haces giros en el aire. Boqueó un momento y siguió intentando averiguar más.

-Pues que vocación tan rara.-dijo volteando hacia los músicos para no mostrar ante mi sus dotes de expresividad.-Mira que ser sacerdote y modelo, no es algo que se vea todos los días.

-Dejo de ser sacerdote, ahora se casará con Taylor y es modelo. Aunque con lo tímido que es no sé como aguanta modelar.-reí bajo al recordar lo rojo que se ponía cuando hacían halagos sobre tus dotes de profesor, aunque más bien todas las chicas lo hacían por su físico, también algún chico.-Aunque siempre va Cat con él suelen trabajar juntos.-eso para Lionel era un punto de apoyo, no conseguía averiguar como ese niñato tenía tantos contactos y conocía a tanta gente.-Así que no hay problemas.-tomé aire dejando que la música me dejara como en coma un instante.-Cat también estaba en la fiesta, creo que incluso te saludó. Su novio es el amigo del mejor amigo de mi hermana. Ese no sé si irá, no creo que tenga invitación. Ese maldito siempre se pasa la vida buscándome para que nos peguemos y a la mínima se sonroja el muy idiota.-claro que hablaba de Amaury, no había otro idiota en la ciudad como él.

25/7/10

Un buen chico IV


-Sí, seguro.-estaba ido completamente, casi ni se dio cuenta que habíamos llegado a la planta baja y llegado hasta el vehículo.

-Diez euros que estás pensando en la ropa que te vas a poner.-dije con la puerta abierta esperando que subiera. Besé su mejilla y fui hasta mi lado del conductor.-Vamos, Oly... sube.

No contestó nada en absoluto, tan sólo subió al auto quedándose con esa cara de estar en otra galaxia. Yo encendí el motor y comencé a salir del parking.

-Debería comprarme uno, eso de ir por el mundo en taxi no es agradable.-escuché sus palabras y una idea vino a mi cabeza.-Además no hace tanto tráfico aquí como para odiar manejar, quizás sea un ben momento para aprender a manejar al fin.

-Yo puedo ser tu chofer, además puedo prestartelo cuando te lo saques... mi padre me compró para cuando vaya con el niño uno más normal, menos deportivo, pero está bien... claro que me quedo con este. Es el que me compró mi madre.-decía mientras conducía.-lo dejaré en casa de mi padre, cuando lo quiera voy a por él o puedo comprar uno de los parking en venta del edificio... más bien debería comprar dos... para las motos... deberías de verlas... las amo.-cuando hablaba de mis niñas me brillaba incluso la mirada.

-No me gustan las motos... se me hacen poco practica. No puedes cargar nada, te asoleas todo el día, y te puedes partir la crisma en cualquier segundo.-miraba por la ventana los edificios, él aún no estaba hecho a la ciudad y algunas zonas aún eran nuevas.-Yo compraré algo pequeño, tal vez un pt o audi. No sé, algo que no estorbe mucho. Gracias por ser mi chofer, sólo que no creo que sea justo que te traiga así Hiza

-¿Ha pensado en un mini?-pregunté mientras aparcábamos en la puerta del local.-Es pequeño ¿no?-vi como un par de chicas nos miraban, yo simplemente me hice el desentendido y como al lado estaba el hora pagué dos para poder estar tranquilos en el local.

Nada más bajar se colgó de mi brazo, era ya una costumbre, para salir de la zona de estacionamiento. Yo simplemente sonreí observándolo como si no existiera otra cosa en toda la vía. Realmente para mí era un placer que me vieran con él, era como mostrar con orgullo un logro... que él me quisiera y permitiera compartir conmigo la noche.

-Podría ser.-respondió sobre el mini.-Es el que tiene el techo de cuadritos ¿no?-preguntó porque no sabía nada de automóviles.-Es bonito ¿es buen auto?

-Tiene buen motor y lo tiene algo subido, así que no se calará mucho con las lluvias. Aunque no tiene un gran maletero, pero he visto algunos que tienen de todo y además puedes pedir que te diseñen el interior como quieras. Claro, que eso lo haces después de comprarlo. Hoy en día un coche lo puedes modificar a tus necesidades.-le iba comentando mientras llegábamos a la entrada y daba los pases.-Hoy se entra sólo con pases Oly, usualmente no es así, pero hoy es especial. Si deseas venir con amigas o amigos, ya sabes donde es.

-Pero el techo sí que lo dan a cuadritos ¿verdad?-parecía que no se sacaba el diseño del coche de la cabeza.-Sobre lo del local, gracias. Traeré luego a los demás.-dijo entrando en el lugar.

Aquel antro era un antro con clase. Había mesas segregadas y algo separadas unas de otras, era un espacio para la intimidad y las conversaciones amenas. No había mesas de más de cuatro ocupantes, usualmente eran más vistas las de dos. Había una gran barra tallada en madera con motivos de notas musicales. Las luces eran bajas, el humo casi excesivo, el sonido era el de un melancólico jazz que parecía trasportar a todos a los años veinte.

-Es donde iba a celebrar mi cumpleaños... pero todo se jodió por así decirlo. Aunque lo preferí.-dije susurrándoselo al oído para llevarlo a la mesa que tenía reservada, justo frente a los músicos.. pero en una esquina. Agradecía que se hubiera jodido porque había estado con él, eso era mucho mejor-¿Quieres que te pida algo?

-Ah, sí. Un ruso por favor.-dijo tomando asiento en la mesa, contemplando a los músicos mientras tambolireaba sus dedos sobre la mesa.-¿Por qué no festejaste tu cumpleaños?-preguntó antes que me marchara hacia la barra.

-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

12/4/10

Volvernos a encontrar I


Volvernos a encontrar

Al día siguiente del concierto estaba completamente agotado. No podía ni pestañear. Tras el concierto fuimos a festejarlo a una discoteca bastante exclusiva. Mi padre se marchó a casa pero sus amigos vinieron conmigo, Bou y Shinji también tuvieron que dejarme. Finalmente me vi con cuatro hombres maduros que parecían incluso de mi edad si comparábamos nuestra madurez, exceptuando a Hidehiko. Ese hombre parecía el silencio en persona.

Desperté a eso del medio día, en casa, con la ropa mal colocada y tirado de mala manera en el sofá. Apestaba a whisky y ron. La cabeza estaba a punto de explotarme. Rogaba porque me hubieran traído a casa y no haber conducido ebrio, puesto que no me acordaba de nada. Mucho era que recordaba el concierto y pocas conversaciones de felicitaciones por parte de personas de la organización.

El timbre comenzó a sonar y mi cabeza comenzó a explotar. Me arrastré como pude hasta la puerta y al abrir me lo encontré ahí. A pesar de estar agotado, de no tener fuerzas para nada, di un fuerte portazo. La persona que no quería ver, la menos indicada, estaba ahí. Era Yue.

No sabía como había dado con mi dirección aunque teniendo en cuenta que toda la prensa rosa me perseguía era inevitable que diera conmigo, que encontrara mi madriguera o mi bunquer. Había dado conmigo. Yo no quería volverlo a ver en mi vida. Después de los numeritos que me había formado no quería saber nada de él.

-¡Hiza!-gritaba pulsando una vez y otra el timbre. La cabeza estaba a punto de explotarme.-¡Hizaki!-golpeaba fuerte la madera de la puerta retumbando en toda la casa, o al menos lo percibía así en mi estado de salud. No estaba bien. Aún me duraba la ebriedad y no quería aguantarlo.

Abrí la puerta y le miré como si mirara a un enemigo, en realidad él lo era. Le atravesé con la mirada de demonio y gruñí golpeando fuerte el marco de la puerta. Mi aspecto no era el mejor, creo que parecía que me había pasado por encima un tren.

-¡Vuelve a gritar una sola vez y te mato! ¡Te juro que saco un revolver y lo apunto a tu sien! ¡Maldito chupapollas! ¡No quiero saber más de ti! ¡No me molestes más joder!-entonces noté la lluvia de flashes.

-Este joven dice ser su amante ¿es cierto?-preguntó uno mientras le hacían fotos mientras él lloraba, yo sólo gruñía.

-¡No es cierto! ¡Es un maldito acosador y no tengo nada que declarar sobre él salvo que estoy harto!-cerré la puerta y me fui a la ducha arrancándome prácticamente la ropa.

Sabía la repercusión que eso tendría en la prensa. Ese maldito crío no dejaba de molestarme y me había hecho una encerrona. Estaba con ganas de agarrarlo a golpes. Ya no era sólo que no quería ser su amigo ni su amante, ya era simplemente que no quería que respirara el mismo aire que yo. Además estaba mintiendo en la prensa y Olivier podría pensar mal sobre ello. No quería que pensara que seguíamos juntos.

Mientras me duchaba sentía como la cabeza me retumbaba fuerte. El cabreo y la resaca hacían un efecto doloroso. Era como una bomba de relojería a punto de explotar. Me dolía la sien y sentía que todo mi cuerpo caía. Ese maldito idiota decía amarme pero sólo complicaba mi vida, la hacía una ruina.

Nada más salir de la ducha puse la televisión, aunque bajé bastante el volumen, y vi como los malditos programas del corazón me ponían a parir. Hablaban de cosas que ni sabían. Yo me quedé ojiplático ante todo lo que se montaba en los platós. El teléfono comenzó a sonar y acepté la llamada.

-Hijo pon la siete.-dijo mi padre.-Hazme caso y pon la siete.-era su móvil, no había visto el número. Tan sólo acepté la llamada para que no sonara más.

Al poner la siete vi como hablaban de un supuesto embarazo de una chica, una chica que decían que estaba embarazada y que al parecer yo era el padre de la criatura. Ahí no quedaba la cosa. Todo ese follón lo había empezado Yue. Sus berrinches y lloros en mi puerta estaba dando la vuelta a todo el maldito país.

-¡Yo a ese capullo lo mato!-grité molesto sin despedirme de mi padre, tan sólo apagué el móvil y furioso rompí un cojín haciendo que las plumas de este llenaran todo el salón.-¡Hijo de puta!

Durante horas los programas de televisión no paraban de emitir imágenes mías del concierto, pero entre ellas había comentarios sobre a quién cantaba realmente y si Olivier sabía que tenía un amante y un hijo esperándome. Algunas de las chicas de mi club de fans en la ciudad intentaron defenderme en vano porque las cortaban, hacían como si las llamadas se cortaran o ellas colgaran.

Finalmente los abogados de mi familia intervinieron. En los juzgados hubo movimientos rápidos puesto que denunciaron por una intromisión a mi privacidad, además de injurias y calumnias hacia mi persona. Los programas al día siguiente estaban tan acojonados que no hicieron nada. Esa era la valentía de la prensa rosa. Las mentiras se pagan caras, muy caras. Pero aquel día fue una pesadillla.

A mí no me importaba hacer declaraciones o conversar durante horas en un plató de televisión. Para mí ese mundo era algo brillante y su brillo me cegaba. Si bien, odiaba que hablaran únicamente de mi vida en vez de mi trabajo. Terminé por decepcionarme profundamente. Muchos de mis programas de música dejaron de emitir canciones mías y videos míos por el hecho de todo el revuelo que se había formado. Pensaban que yo mismo lo había hecho para darme repercusión. A mí no me hacía falta eso.

Tuve que darme varias duchas y correr bastante en mi bicicleta estática, incluso hice pesas durante casi todo el día y di buenos golpes al saco que tenía de boxeo. Cuando me relajé escribí un poco más de aquella novela. Ya iban más de quinientas páginas. No tendría más de setecientas, estaba llegando a los momentos culmen.

Sin embargo, en plena noche me puse mi ropa de deporte y salí a correr. La prensa no pensaba que podía salir a eso de las dos de la mañana, estaban dormitando en sus coches haciendo guardia. Pasé por sus lados arañando sus vehículos sin que se dieran cuenta de mi jugada. Sonreí de forma cínica guardando mis llaves y comenzando a correr como alma que se la llevaba el diablo.

Pasadas algunas calles me quité la capucha y abrí mi sudadera. Noté la humedad de la noche sobre mi cuerpo, más bien sobre mi piel. Corría por los parques cercanos hasta decidir ir a ver aquella maravilla de la naturaleza. Fui al mirador. Eran más de tres horas corriendo, pero no importó. Llegué casi al filo de las seis de la mañana y vi amanecer. Alcé mis brazos estirando las puntas de mis dedos hacia el cielo y tomé aire.

-¡Que os jodan a todos malditos bastardos! ¡Ojala os pudráis! ¡Maricones de mierda! ¡Desgracia social! ¡Me cago en la prensa de este puto país de mierda! ¡Que os follen!-grité a pleno pulmón aferrándome al puente de madera.

-Sabía que vendrías aquí.-escuché una voz familiar, pero no podía dar crédito que fuera él.

Al girarme vi a un hombre harapiento con barba mal cortada de al menos tres meses. Parecía ojeroso y no haber comido bien en semanas. Su ropa apestaba a alcohol barato. Era Lexter. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos las caras.

-¿Qué quieres?-dije asustado.

-Volverte a ver.-murmuró.-Te diría que no has cambiado nada, pero pareces un chico más seguro e incluso pareces haber crecido.-dijo con cierta melancolía en la voz.

-¿Para qué me querías ver?-pregunté maldiciéndome por no haber recurrido a uno de mis escoltas para aquella aventura.

-Quería ver de nuevo a la única persona que realmente he amado.-respondió.-El único hombre que me ha llevado a la locura y a la miseria.

-¡Cállate!-grité molesto.-¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!-espeté.-¡Me usaste! ¡Usaste a mi madre!

-¡Estaba confundido! ¡Cuando supe que te amaba ya me habías echado de tu vida y tu madre me había largado a la calle!-gruñó.-Pero no te culpo porque es lo que me merezco.

-Te mereces la muerte.-dije desafiándolo con la mirada.

-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

25/12/09

Estrés VI


-Debe doler que ya no te quieran.-susurró levantándose del sofá para irse a hacia la escalera.-Es complicado el amor, prefiero no sentirlo hasta ser mayor y poder comprenderlo.

Sonreí al escuchar aquello y me quedé meditabundo. Había pasado demasiadas cosas en mi vida, tantas que ya se apelotonaban en mi mente. Creo recordar que el resto de la tarde la dediqué a leer viejos libros de fantasía, algunos jamás los había leído yo sino que habían sido narrados e interpretados por mi padre. Sin su voz de fondo no tenían la misma magia, el mismo matiz, y sabía que Hero necesitaba el eco de los pasos de mi padre... y su voz... lo comprendía demasiado bien.

Cuando creí que podría relajarme sonó el timbre y fui a la puerta, antes de que Clara lo hiciera y tuviera que dejar lo que estaba haciendo. Usualmente miraba por la mirilla antes de abrir, pero dio la casualidad que no lo hice y me quedé sin saber qué decir.

-Hola.-murmuró aquel visitante inesperado y poco grato.-Vine a verte porque te echaba de menos.-dijo colgándose de mi cuello.-Tu colonia.-susurró comenzando a juguetear con los cabellos cortos de mi nuca.

-Yue márchate.-dije cuando me vi capaz de ser rudo con él, ya que hacía semanas que no tenía sexo y echaba de menos un poco de compañía.

-Quiero volver.-sus labios se posaron sobre los míos y por unos instantes caí a la tentación.

Mis manos se quedaron pegadas a su cintura y bajaron hacia sus nalgas, agarrándolas con imperiosa necesidad. Las suyas seguían coqueteando con mi cuello y su calidez me excitaba. Mordisqueó mi labio inferior tirando leve de él, mientras me miraba con aquellos ojos rasgados pero enormes. Tras ese pequeño inciso el beso se hizo más apasionado y yo cerré la puerta pegándolo contra ella. La necesidad me hacía olvidar dónde estaba y que con él no debía jugar, aunque quisiera desfogarme y él se mostrara como una linda presa fácil.

-No.-dije separándome bruscamente mientras intentaba limpiar mis labios, quería borrar esa dulce sensación de mi boca.

-Hizaki... estaré todo el día solo en casa, es una buena oportunidad para la reconciliación.-murmuró aproximándose a mí, agarrándome por la espalda para dejar sus manos sobre mi entrepierna.-Hizaki házmelo.

-¡No!-alcé mi voz empujándolo.

-Te quiero.-susurró tirado en el suelo.-Te amo... y ese espantapájaros no te conviene.

Di gracias a que Clara entró y me contuve. Ella se apresuró a levantar a Yue del suelo sin saber bien lo que había pasado.

-¿Estás bien?-preguntó mirándolo fijamente.-¿Estás bien pequeño?

-Sí.-dijo con una sonrisa.-Jugábamos Hiza y yo al gato y al ratón.-comentó con aquella sonrisa dulce que tanto me provocaba.-Pero ya nos vamos a mi casa, tengo algo que mostrarle.

-No voy a ir.-dije como respuesta, simple y contundente.

-Hizaki quiero hablar.-su voz se volvió melancólica.-Sólo un rato... unos dulces minutos tomando un poco de la tarta que te hice.

-Clara.-dije a mi niñera y casi abuela, porque me había criado como si fuera su nieto y me había consentido siempre.-Ve dentro, luego hablamos si quieres.

-No, Clara quédate y dile que es un desconsiderado si no viene a probar mi tarta.-comentó con una sonrisa dulce e inocente, pero sabía que era algo bien distinto.

-No voy a meterme en lo que debe de hacer, él es mayorcito.-comentó girándose para ir hacia la cocina.

Cuando nos quedamos a solas no le faltó ni un segundo para saltar sobre mí. Comenzó a lamer mi y besar mi cuello bien pegado a mí, sabía que esa zona de mi cuerpo era la que me hacía perder la cabeza.

-Hizaki soy quien te conviene.-murmuró.-Soy a quien amas... soy el mejor...la mejor opción-sabía bien que aquello era una divina tortura, pero joder tenía que ser fuerte y no dejarme llevar por las hormonas. Comencé a forcejear con él, aunque no lo hacía de forma brusca por temor a dañarlo. Lo último que quería era hacer daño nuevamente.

-No, no quiero eso Yue.-dije intentando echarme hacia atrás, pero sentí su mano acariciar mi entrepierna. Estaba loco, estábamos en mi casa en pleno salón. Lo empujé al final, lo hice con rabia y temor.-Vete.-dije de forma bien audible aunque temblaba de impotencia.-¡VETE!

-No hasta que me prometas que te lo pensarás.-lloraba sin hacer ruido, tal vez estaba tan impotente que no podía controlar sus nervios. Sabía bien que su dolor era inmenso, que no le concedía el capricho que tanto deseaba y sobretodo porque se sentía humillado.

-No.-respondí.

La peor humillación que podía tener Yue es que le cambiara por otro hombre, aunque no era realmente cierto. Él se sentía reemplazado, alejado de su sueño de infancia y juventud.

-Hizaki he estado mucho tiempo esperando una oportunidad y no me has dejado demostrarte ni la mitad de lo que puedo darte, seríamos la pareja más envidiada de la ciudad y del país. Jóvenes, atractivos, con talento y sobretodo con un amor pasional imposible de refrenar.-se secó las lágrimas y caminó hacia mí.-Hizaki juntos conseguiríamos tanto, pero tanto, que me da miedo cuantificarlo.-apoyó su cabeza sobre mi pecho y rodeó mi cuello con sus brazos delgados brazos.-Te amo, te amo tanto que enloquezco cuando escucho rumores sobre que estás encoñado de ese palillo.

Lo aparté de nuevo con más ira que antes y le abofeteé. Me daba rabia que hablara así de Olivier, como si no fuera nada o nadie. Era mucho más que un mocoso engreído y tan mimado que olvidaba de qué alcantarilla había salido la sucia rata de su padre. Un hipócrita que decía amarme, pero que prefería verme infeliz a su lado que tranquilo y amado por otro. Idiota, el mayor de los idiotas. Pero aún así tenía cierto cariño por él, cariño que no sabía como olvidar de una buena vez.


-Vete.-dije con el rostro serio, lo más serio que podía mostrarme.

-Hizaki siempre pensé que estábamos predestinados y que de algún modo volveríamos, que todo era una pesadilla.-me tomó de las manos y yo las aparté.-Hizaki mi amor, piénsalo. ¿Qué tiene él? Yo tengo todo lo que deseas, incluso un sexo puro y fiel. Sólo lo he hecho contigo, sólo contigo. No tienes porqué temer a que te compare con otro o te sea infiel, jamás lo haría.

Canalizó todos mis miedos en aquellas palabras, me paralizó cuando escuché aquello. Era increíble como podía jugar con mis sentimientos de forma tan impune. No le importaba hacerme daño ni torturarme, tan sólo quería verme debilitado y que cayera por miedo a un mundo más rudo. Yo amaba a Olivier, me estaba enamorando, y no permitía que me dijera aquello. Simplemente fui hacia la puerta, lo agarré y lo eché fuera.

Me quedé unos segundos pegado a la puerta llorando, me dolía todo aquello y era amargo decir adiós a un amigo. Me había dado cuenta de tantas cosas, de tantos errores que no podría solucionar. Mis manos acariciaban la madera de roble de la puerta, una madera rústica bien decorada y con un sistema de seguridad propio de cualquier bunquer antimisiles. Me calmaba jugando con las vetas, intentaba no pensar en lo sucedido.

-Hizaki.-escuché la voz de Clara tras mi espalda.

-Clara soy un desastre.-susurré cayendo de rodillas.-Hago daño a todas las personas, no soy capaz de ser un hombre de bien como quiere mi madre y mi padre se avergonzará de mí algún día. Me veré solo, moriré solo.-noté sus manos sobre mis hombros masajeándome.

-Hizaki no eres mal muchacho, sólo te equivocaste.-susurró.-Todos nos equivocamos, pero ello no te hace un criminal. No has matado ni robado, eres un chico corriente con problemas algo más complicados que un adolescente normal.-me hizo levantarme y me abrazó.-Te quiero Hizaki, tu abuela te hubiera adorado.

-Clara.-dije apartándome de ella.-Algunos errores pesan más que otros.-me encaminé hacia las escaleras para tumbarme, necesitaba dejar de pensar.

Cuando llegué a mi cuarto mi móvil comenzó a sonar, era un compañero de estudio. No supe si contestar o no, pero al fin acepté la llamada.

-Oye ¿Hizaki?-dijo nada más descolgar el teléfono.-Tenemos un examen final, no sé porque mierdas lo han hecho pero incluso tenemos que ir los aprobados.

-¿De qué materia?-pregunté incrédulo.

-Matemáticas, es para ver si recordamos lo que dimos todo el año y lo harán mañana.

-Pero si ya acabaron las clases, acabó todo.-no entendía porque decía eso.-Sólo van los suspensos.-me quedé confuso y colgué sin dar explicaciones. Sabía que algunos de mis compañeros no podían ni verme, tenían ese racismo patriótico bien inyectado en vena.

Busqué por todo el cuarto mi agenda hasta que di con el teléfono y email del profesor, todos teníamos su teléfono para contactarlo si había algún problema. Tomé aire y me senté en la cama, para luego terminar tumbado y marcar el número con tranquilidad. Un examen a esas alturas era un suicidio.

-¿Señor Urrutia?-pregunté cuando noté que aceptaron la llamada.

-Sí, soy yo.-respondió.-¿Quién eres?

-Buenas tardes, soy Hizaki Sakurai de la Rosa.-comenté sentándome en la cama.-¿Es cierto que usted haré una examen anual?

-No, es totalmente falso. Es más, no voy a realizar examen a nadie. Pues me he dado cuenta que exceptuando a usted y a dos jóvenes más, el resto ha hecho trampas en mis exámenes y todos están suspensos.-dijo en un tono bastante extrañado.-Me he percatado por la pregunta que hizo en su examen final, usted fue el único que vino a mi mesa percatado de que el enunciado no concordaba con la fórmula que debía expresar ni con el resultado final que debería salir.

-¿Por qué Jaime Mateo me ha llamado explicándome que hay un examen final forzoso?-interrogué aún más extrañado.

-Que yo sepa es quien robaba mis exámenes y los copiaba para distribuirlos.-aquello iba teniendo menos sentido, aunque ya me imaginaba otro bien distinto a la preocupación de llamarme para avisar.

-¿Cómo?-pregunté bastante sorprendido.-¿Por qué entonces me dijo que era mañana?

-Mañana el instituto está cerrado, tan sólo estará abierto unas horas para su grupo de teatro.-eso era cierto, pero no era de mañana sino de tarde. Teníamos que preparar el final de la actuación, todo para que quedara a la perfección.-Voy a dar parte al director, creo que le estaban tendiendo una emboscada.

-Arigato.-susurré aún nervioso, pero cada vez me dominaba más la ira.

-Le llamaré en cuanto tengamos solucionado todo, ya veremos en qué queda todo este asunto.

-De acuerdo.-respondí.-Gracias por todo.

-A ti joven por llamar, siempre es bueno contrastar lo que a uno le dicen y me alegra que pensara en mi antes que en cualquier compañero. Además, voy a llamar a los otros chicos, tal vez ellos también han sido llamados para ser agredidos por estos inútiles.

Cuando colgué me saqué la ropa y quedé en boxer, me coloqué los pantalones de deporte y los guantes de boxeo. En mi cuarto tenía un saco, a veces lo usaba para desfogarme, y en aquel momento tenía que desfogarme de todo lo que había pasado. Esa mancha de inútiles, niños bobos, se creían que podían vencerme y golpearme hasta la saciedad por unas acciones de las cuales ellos eran los únicos causantes. No tenía culpa que esos imbéciles no entendieran la materia y se buscaran estratagemas para copiar. Por ello siempre aprobaban, a pesar que se saltaban varias horas lectivas importantes. No me extrañaba que no fuera el único profesor, que hubiera algún que otro implicado en sus fechorías. Es decir, que no fuera el único estafado sino que la mayoría del centro lo estuviera. Era algo normal, los padres querían la mejor educación peor la esencial se muestra en casa y esos eran hijos de tiburones de los negocios, tiburones sin honor ni orgullo.

21/12/09

Estrés V


Ya no hacía aquello por mi orgullo, sino porque mi hijo pudiera estar orgulloso de mí. Era algo que deseaba con tanta fuerza que mi hijo entendería. Tenía mi pequeña fortuna, ya que todo lo que me aportaba mi padre en mi cuenta de ahorros no lo gastaba. Siempre estaba ahorrando y revisando mi estado de cuentas, tal vez por miedo a un futuro o simplemente porque no sabía en qué invertirlo. La ropa siempre me la pagaba mi padre o mi madre, también eran regalos y no tenía que pedirla. Los demás gastos estaban descontados porque vivía en casa y lo único que tenía que pagar era la gasolina de mi coche. Cuando salía no gastaba en exceso, siempre me tomaba mis copas pero sin ser excesivo y los lugares donde iba era de entrada libre. Por ello tenía suficiente dinero para un año sin empleo, si todo iba mal.

Nada más llegar a casa tras la vuelta pasé por los despachos de la zona intermedia de la casa, allí estaba mi madre y escuché como se levantaba. Sus tacones finos golpearon con fuerza las baldosas, giró el pomo y me miró fijamente a los ojos. Sabía que era hora de ajustar cuentas, otra vez, como hacía unos días.

-Hizaki Sakurai de la Rosa.-susurró mi nombre completo.-¿Tienes unos minutos?

-Sí.-respondí serio, demasiado serio para lo acostumbrado.

-Necesito hablar contigo.-se giró hacia su despacho sentándose en aquella enorme mesa.

Yo simplemente la seguí y me quedé de pie hasta que me dio permiso para sentarme. Ella siempre decía que había que esperar a que nos concedieran las cosas, no darlas por hecho. Era su forma de educarnos, aunque prácticamente me sentía perrito obediente.

-Lamento haber sido algo brusco al confesarme, pero no quería hacerlo a solas.-susurré con la mirada baja al igual que la cabeza.-Sé que hice mal al ocultar de ese modo todo, pero no quería que evitarais que pudiera ser padre.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de decir?-preguntó serena con las manos sobre la mesa, pero entrelazadas entre sí.-Ser padre no es un juego, ese niño no es un muñeco ni un videojuego. Vas a tener que cuidarlo, ser responsable e intentar que nada le falte.

-Eso ya lo sé.-respondí.-Cuando vi la primera ecografía me di cuenta que no era una realidad virtual. No soy tan estúpido, no me lo tomo como un juego y no quiero que nadie se lo tome así.-fruncí el ceño enfrentando su mirada, siendo valiente ante ella por primera vez. Hacía mucho tiempo que me acobardaba ante cualquier rapapolvo que ella me diera, por mínimo que fuera.-Estás muy equivocada si piensas de ese modo y por lo que a mí respecta aquí acabó la conversación.

-¡Siéntate!-alzó la voz y me dejó en shock. Muy pocas veces lo hacía, podía contarlas con los dedos de mis manos. Me quedé estático y la obedecí casi de inmediato.-Tan sólo te aclaro que un niño es una gran responsabilidad, que vas a tener que ser maduro y tomarte la vida con otra filosofía.-dijo con su tono calmado de siempre, el que solía usar para engatusar a todo aquel que se presentaba ante ella. Era capaz de vender fuego en el propio infierno y cubitos de hielo en medio de un glaciar.

-Tengo mucho dinero ahorrado, papá me debe aquel piso que me prometió y el resto puedo superarlo. Quiero dar clases en la escuela de interpretación, es lo que me apasiona y es por lo que voy a luchar junto a mi hijo.-estaba convencido de ello, no me importaba cuanto me gritara o qué dijera al respecto.-El examen sólo se pasa si eres bueno en ello, si realmente vales.

-Hizaki.-murmuró intentando masticar y digerir todo lo que había dicho.-¿Y si no sale bien? ¿Y si esos estudios luego no convencen a un director? ¿Y si no triunfas? ¿Qué futuro le depara a tu hijo si no alcanzas el objetivo?-parecía realmente preocupada por ello.

-Tengo varios objetivos, muchas cartas bajo la manga, y puedo conseguirlo. Sé que puede parecer que soy estúpido, pero eso es la cara con la que nací y no la mente que hay bajo el paquete de niño bien con cara de pardillo.-la observaba congelándome en sus ojos azules y luego sonreí de lado de la misma forma que lo hacía mi padre.-Tengo cosas en mi vida que están cambiando, que estoy a punto de lograr, y me gustaría que me apoyaras. Estoy harto de que me digas lo que hago mal, sé que quieres que vea mis fallos y los arregle, pero por una vez me gustaría sentir un poco de apoyo.

-¿Es eso lo que has encontrado en Olivier?-preguntó aún más seria, su tono de voz parecía cansado pero su mirada brillaba con leves destellos de necesidad por una respuesta.

-He encontrado muchas más cosas en él que simple apoyo.-cuando dije aquello alzó la manos prácticamente llevándoselas a la cabeza.

-Sigues empeñado en ello.-respondió a mis palabras como si fuera un error, un tremendo error.

-Sí, si me equivoco nadie me quitará la felicidad de mis recuerdos. Ni tú, ni papá, ni nadie... ni tan siquiera yo mismo.

-No seas testarudo.-replicó agotada por aquella conversación que no llevaba a ningún sitio.

-Déjame cometer locuras, si me estampo será mi problema.-entonces tomó una de mis manos y la dejó entre las suyas.

-No me gustaría verte dañado, sólo es eso.-comentó con una mirada suplicante.

Mi madre se veía hermosa cuando salía de ese reino de cristales de hielo. Deseaba decirle que lamentaba que a ella mi padre la hubiera dañado, pero no lo veía apropiado. Simplemente dejé que sus manos cálidas y suaves se entrelazaran a las mías.

-Ya no soy un niño.-susurré.

-Para una madre sus hijos siempre son niños.-se lo había escuchado mil veces, pero ella lo seguía repitiendo.-Has crecido demasiado rápido Hizaki.

-Porque así me habéis obligado.-ella tomó aire y lo dejó pasar cuando dije aquello.-Habéis sido estrictos conmigo, deseando que fuera el mejor ejemplo para Hero y habéis olvidado en ocasiones que yo también era un niño.

-Hizaki eras demasiado desobediente, hacías cosas que no debías, por eso estábamos siempre castigándote y enseñándote a comportarte.-apartó sus manos de las mías y se levantó para darme la espalda mirando por la ventana. Parecía querer conversar con sus propios fantasmas, o pensamientos, antes que conmigo.-Voy a ser abuela, es un paso muy serio lo que has hecho y ahora tendremos que superarlo.

-Yo ya lo superé.-respondí.

-¿Superé?-interrogó ella.-¿Y yo? Eres mi hijo Hizaki, eres muy joven y vas a ser padre.-dijo apoyando sus manos sobre la mesa.

-Acepto mis errores, aunque ese niño ya no lo veo como un error.-respondí.-Me habéis inculcado el amor a la vida, la pasión por esta y que mis errores son míos y no vuestros. Tú no tienes que superar nada, sólo yo.-me levanté y me giré.-Y yo ya lo superé.

-Hizaki espera.-dijo saliendo de detrás de la mesa.-Es tu responsabilidad, es tu hijo.-comentó tomándome del rostro.-Sólo quiero que sepas que estaré ahí si necesitas mi ayuda, al igual que tu padre.-entonces su mirada se opacó y yo simplemente asentí.-Todos los Sakurai termináis abandonándome.-murmuró y yo tomé sus manos de mi rostro, para observarla sin saber que decir con sus manos junto a las mías.

-Si no era hoy sería mañana, es una cosa inevitable.-dije con serenidad.-Los hijos nacemos para superar a los padres, para dejarlos a un lado cuando llega el momento y crear nuestro propio destino.-la miré con cierta melancolía, echaba de menos sus abrazos que no me daba desde niño para que fuera fuerte, pero eso me hacía sentirme carente de afecto.

-Lo sé Hizaki.-respondió.-Te educamos para que fueras lo mejor de ambos.-al decir aquello noté que su voz se quebró por milésimas de segundos y yo la abracé.

-No te abandono, tómate esto como una oportunidad para conocerme en otra faceta lejos de la de charlatán y fanfarrón cargado de hormonas.-dije aquello cerca de su oído y me aparté para marcharme.

Cuando subía las escaleras apareció mi hermano saltando sobre mí. No dijo nada, tan sólo saltó desde uno de los rincones. Estuvimos a punto de caernos ambos por las escaleras, pero tuve el suficiente equilibrio para no hacerlo.

-Hola.-dijo rodeándome el cuello con sus enclenques brazos.

-Hola.-respondí serio.

-¿Qué te pasa? ¿te cogiste la pilila con la cremallera?-lo solté de inmediato al suelo mirándolo como si fuera a destrozarlo con un golpe, pero luego me eché a reir a carcajadas.

-Eres un idiota.-comenté revolviendo sus cabellos.-Ven, vamos a jugar un rato.-estiré mi mano para que la apretara y por un instante tuve una sensación extraña.

Mi hermano no era mi hermano, sino un niño algo menor y muy parecido a mi padre cuando era un mocoso. Sus ojos parecían brillar y faltaban algunos dientes en aquella sonrisa felina. Me sacudí la cabeza y volví a ver a Hero observándome fijamente como si deseara saber qué pasaba por mi mente.

-¿Me enseñas ese paso raro que te vi el otro día?-preguntó tirando de mí.-Anda juguemos a ese juego de pasos de baile, anda.

Aquel juego era uno de sus favoritos, quería aprender a bailar como yo y la verdad es que era buen alumno. Así que fuimos a su habitación, tomamos el paquete del juego y la consola para luego bajar al salón. Retiré como pude algunos muebles y él tan sólo miraba la caja donde venía su entretenimiento cotidiano. Encendí el aparato de televisión y el de la consola, introduje el juego y él se puso serio mirando la pantalla.

-¿Has hecho los deberes?-dije antes de que la pantalla comenzara a iluminsarse.

-Sí.-respondió.-No soy tan lento como tú, Clara dice que tú tardabas horas en hacer la tarea.

-Clara siempre me pone del peor de los ejemplos.-refunfuñé.-Además si tardaba era porque tú me molestabas constantemente preguntándome chorradas.

-El único que dice chorradas eres tú.-me sacó la lengua y yo le devolví el gesto, para luego sentir su abrazo.

-¿Cual quieres?-pregunté señalando todos los bailes al quedar la lista temática en la pantalla.

-El raro ese que hiciste hace unas semanas, el raro.-el raro era break dance, algo complicado para un mocoso como él.

-Ese no, es difícil aún.-respondí y él me quitó el mando para apretar el botón de play pulsando el título del baile que quería aprender.-Son pasos complicados Hero.

-Como si son fáciles, yo quiero.-dijo ceñudo rascándose la nariz.

La cuenta degresiva comenzó y el muñeco inició los giros. Yo me movía con facilidad, a él le costaba más. Cuando fue a hacer uno de los giros se tropezó y cayó de nuevo sobre su brazo lastimado. Prácticamente de inmediato comenzó a llorar sin hacer ruido, pero esa cara llena de lágrimas me conmovió más que de costumbre. Lo tomé en brazos y lo senté sobre mis piernas en el sofá.

-Ya Hero.-susurré acariciándole el cabello.-A ver, déjame ver el brazo.-dije intentando que dejara de encogerse y sollozar.

-Soy torpe y yo quiero ser como tú.-susurró mientras le secaba las lágrimas.

-Tú no eres yo, nadie puede ser como yo ni nadie puede ser como tú.-dije notando que no se había hecho nada.

-Pero quiero bailar, quiero saber bailar.-no sabía porque es empeño en querer saber algo que siempre le había dado igual.

-¿Qué te dio con el maldito baile?-pregunté mirándolo fijamente a los ojos.

-A las chicas les gusta los chicos que saben bailar.-aquello me chocó.

Sabía que era casi un adolescente, pero Hero jamás había parecido querer ser el gallito del corral. Acaricié sus cabellos pegándolo a mi pecho e intentando explicarle que todo en la vida no era gustar a las chicas. No era el mejor ejemplo, más bien era el peor, porque siempre me había visto metido en líos de faldas. Alguna que otra vez lo tomé como excusa para que las chicas se acercaran a mí y eso no me hace sentir para nada orgulloso.

-Las chicas no lo son todo, prefiero al Hero que ama los gatos y se dedica a leer e inventar sus propias historias.-comenté.-Al niño que pinta mejor que muchos adultos, no al imbécil de bragueta floja que yo era a tu edad.-di mi primer beso a los once, a los catorce ya había tenido varias novias y había perdido mi virginidad.

-Los chicos no dicen eso.-respondió.

-Los chicos son idiotas, cuando crezcan se darán cuenta de que no tienen razón.

Me molestaba enormemente que le diera importancia a lo que cuatro tarados le dijera. Mientras acariciaba sus cabellos reconfortándolo por la caida el juego acababa. Él simplemente se aferró a mí en completo silencio, tal vez asimilando lo que había dicho.

-Los chicos no son idiotas.-respondió tras unos minutos.-Si fueran idiotas no tendrían novia.

-Tener novia no te hace inteligente.-comenté dejándolo en el sofá para arrodillarme frente a él.-Escucha sé que parece lo más importante ahora, pero debes centrarte en tus estudios y en tu pequeño don con las pinturas. Jamás he visto a un chico de tu edad con tanto talento, te lo digo de verdad Hero.-él no me creía, simplemente pensaba que yo le decía todo aquello por amor fraternal. Sin embargo, estaba muy orgulloso de él y de su talento.

-Quiero salir con una chica y no me hace caso.-seguía con el tema anterior, con seguía desviar sus pensamientos hacia algo que fuera estudios o arte.

-Si esa chica no quiere hacerte caso tal vez es hora de dejar de perseguirla.-respondí casi de inmediato.

-Deja de perseguir tú a Olivier.-si yo respondí rápido a lo que dijo él lo hizo aún más. No me dejó ni acabar la frase cuando me soltó aquella sentencia.

¿Qué podía hacer? Yo mismo no seguía mis consejos, era un inútil como ejemplo para mi hermano y para colmo no sabía darle ánimos. Tomé sus manos entre las mías y las observé minuciosamente, no se daba cuenta del poder que podían tener aquellos dedos junto a su cerebro. Era la perfección de nuestros padres, yo había sido tan sólo el primer modelo de la cadena, el prototipo, y él era la fase final del proyecto.

-No puedo dejar de perseguir a Olivier.-dije intentando dar una explicación razonable.-Él parece sentir algo por mí.-tenía que explicarle cosas muy difíciles de entender a su edad.-Verás él lo ha pasado muy mal, necesita mi apoyo y mi comprensión. Es una persona que se ve indefensa ante ciertas circunstancias.

-¿Indefenso? Es flaco pero puede dar un buen gancho de izquierdas si tú se lo enseñas.-aquello me hizo reír a carcajadas.

-No es ese tipo de debilidades.-comenté.-Aunque le vendría bien saber un poco de boxeo, aunque dudo que pueda sólo con el peso de un guante.-revolví sus cabellos y lo abracé.-No es eso de lo que hablo.-dije al apartarme y volví a mirarle desde mi posición, algo más baja, para que él me prestara atención.

-¿Qué es? ¿Tiene miedo del hombre del saco? No existe, como Papá Noel y los Reyes Magos. Pero yo sigo diciéndole a papá y a mamá que creo en ello, si ellos son felices viéndome de forma inocente en ese aspecto... pero hace ya dos años que sé que son los padres, que son ellos.-obviamente creía que era a algo imaginario, yo hubiera dado cualquier cosa porque fuera miedo al hombre del saco y no a un desgraciado que le había destrozado la vida por completo.

-No, es a algo real que puede lastimarlo más de lo que crees. Yo tengo que estar a su lado, tengo que darle el amor que comienzo a sentir por él y a protegerlo con mi propia vida. ¿Sientes lo mismo por esa chica o es sólo un capricho? Piénsalo Hero.-él se quedó en silencio, creo que había dado en el clavo.-Tener pareja no es para ir frente a un montón de idiotas y decírselo, no es para tomarse de la mano y tomar helado. Hero tener pareja es algo muy serio, algo que debe de pedirse sólo si amas a esa persona. Tienes que estar muy seguro de lo que haces, de con quién estás, para poder ser feliz. La felicidad no te la da sentirte menos solo, creer que tienes a alguien y ya. Eso no es felicidad, eso es falso. Créeme no vale la pena ir de idiota por la vida, acepta que eres joven para enamorarte.-dije aquello sin que él me cortara, me miraba fijamente a los ojos y yo le devolvía la mirada.

-¿Cómo sabré si estoy enamorado?-preguntó muy confuso con ese término.

-Pues simplemente lo sabrás.

Mi padre tuvo conmigo una conversación parecida a su edad, siempre pensé que Hero tendría las mismas oportunidades que yo de ir aprendiendo de nuestros padres... pero me equivoqué. Se notaba a leguas que él se estaba pegando a mí por el mero hecho de que no tenía en casa figura paterna y yo estaba reemplazándolo cada vez más. Mi hermano me necesitaba porque necesitaba a mi padre. Sin embargo, no podía coger y llevarlo a su casa para que le diera lecciones de chicas. Yo podía darle lecciones, aunque estuviera enamorado de un hombre.

-Es que no sé los síntomas.-murmuró.

-¿Síntomas? ¿te crees que es una enfermedad?-dije intentando no carcajearme.

-¿No lo es?-dijo bastante serio.-¿No es así?

-¡No! Aunque a veces papá dice que lo es.-respondí levantándome para apagar la videoconsola.

-¿Entonces qué es? Uno se porta como idiota, se le queda cara de idiota, habla como idiota y lo peor de todo es que se cree que está bien. Pero no sé cuando es amor o sólo necesidad, tampoco sé porqué dicen que es tan bonito cuando muchos terminan con el corazón roto como mamá.-me giré al escuchar aquello, se notaba su madurez a pesar de su voz aún infantil.-¿Por qué me miras así?

-Verás el amor es como jugar a la ruleta, tiene distintos premios y también varios castigos.-dije sentándome de nuevo a su lado.

-¿Como el monopoli? El monopoli puede llevarte a la banca rota y a la desesperación.-asentí a lo que había dicho.

-Verás es como un juego y tiene sus reglas, pero todo está basado en el azar y en como juguemos con él.-comenté intentando hacerlo fácil para que lo comprendiera.

-Pero creo que también tiene que ver de la personalidad de cada uno ¿no?-preguntó confuso.

-Déjame hablar.-respondí para que me dejara contarle, sin que me interrumpiera.-Verás la vida nos pone a multitud de personas en nuestro camino, un día uno se enamora de alguien que camina por el mismo sendero y decide cortejarlo. Puede tener la fortuna de que sienta lo mismo que está comenzando a sentir, o puede que ya esté atrapado en el camino de otra persona. Uno debe de aceptar las derrotas y tenerlas presentes, sobretodo cuando eligen a un amigo en vez de a ti. Debes aceptar que hay cosas que no se pueden conseguir, y en ello está el amor de una persona si ya se lo ha entregado a otra.-él me escuchaba casi sin pestañear.-Si esa persona acepta amarnos, como nosotros amamos, tendremos un vínculo y la convivencia dirá si sigue hasta el resto de nuestros días, cosa difícil en nuestra sociedad y en el mundo que estamos construyendo porque todo se deteriora rápido, o sin embargo llega un momento, antes o después, que termina dejando de amar. Si uno es listo dejará de inmediato a esa persona, le dirá que ya no siente lo mismo y le hará sufrir. Si uno es idiota hará lo que hizo papá, intentar mentir para no dañar y terminará haciendo más daño del que buscaba o pensaba hacer.-acaricié su rostro y él se aferró a mí.-Por eso papá no puede venir a casa, por eso mamá sufre y por eso nosotros estamos en medio. Somos el fruto del amor de papá y mamá, algo que no se borrará jamás, y creo que en el fondo ellos se siguen queriendo pero de forma distinta a la acostumbrada.

-Papá debería volver con mamá.-dijo encogido.-Echo de menos ver como cenábamos juntos los tres en el salón y mamá resoplaba, decía que eso no era tener cena en familia. Quiero que vuelva a casa y viva conmigo, que vivamos todos aquí como antes pero con Olivier.-murmuró comenzando a llorar.

Perder a un padre, aunque no fuera por defunción, era duro. Creo que incluso es más duro cuando sabes que está vivo y no puedes compartir todo lo que deseas con él, ya que cuando se está muerto lo aceptas y dejas de llorar. Yo acepté la muerte de un amigo cuando era niño, pero seguía sin aceptar como terminó mi amistad con Yue.

Yue seguía empeñado en volver como amantes. Era algo que no le había confesado a mi hermano, que no le mostré del amor. La obsesión termina sobrepasando lo que uno siente, se vuelve uno enajenado y pierde por completo la cabeza.

-Enano las cosas nunca son como antes, siempre hay cosas que cambian y a veces no tenemos culpa. Verás papá no puede volver a casa porque no sería feliz, mamá aunque él regresara no lo sería porque sabía que únicamente estaría dando lo que ella y tú queréis. No es algo fácil amar, pero es mucho más complicado dejar ir a la persona que amas.-dije dejándolo en el sofá para ir al frasco de los bombones, estaba a una altura considerable para que él no los atracara. Yo no comía dulces, no me venía bien el exceso de chocolate. Me giré y le di uno mientras me observaba confuso.

-¿Entonces papá lo pasa mal?-preguntó mordisqueando el chocolate.

-Supongo que hay cosas de mamá que vienen y van a su cabeza. Yo ya no amo a Yue, no estoy con él, pero echo de menos su risa y su forma de abrazarme.-comenté sentándome de nuevo a su lado.

-Yo echo de menos sus pasteles, siempre me traía uno cuando venía a verte.-dijo lamiéndose los dedos manchados de chocolate.-También la forma en la que hacía el idiota conmigo... ¿ya ni amigos vais a ser? ¿papá será amigo de mamá? Yo quiero al menos que pueda venir a vernos a menudo.

-Podrías preguntarle a papá si quiere ver a mamá, aunque creo que eso es más cosa de ella. Las mujeres tienen algo que los hombres carecemos en mayoría, suelen recordar más el pasado amoroso y los daños que le han causado. Lo rememoran a cada segundo, se sienten frustradas y se hunden. Por ahora mamá no está preparada, ya te avisaré cuando lo esté.-murmuré intentando que Clara no nos escuchara, tampoco mamá o alguna de las chicas del servicio.

-Debe doler que ya no te quieran.-susurró levantándose del sofá para irse a hacia la escalera.-Es complicado el amor, prefiero no sentirlo hasta ser mayor y poder comprenderlo.

Sonreí al escuchar aquello y me quedé meditabundo. Había pasado demasiadas cosas en mi vida, tantas que ya se apelotonaban en mi mente. Creo recordar que el resto de la tarde la dediqué a leer viejos libros de fantasía, algunos jamás los había leído yo sino que habían sido narrados e interpretados por mi padre. Sin su voz de fondo no tenían la misma magia, el mismo matiz, y sabía que Hero necesitaba el eco de los pasos de mi padre... y su voz... lo comprendía demasiado bien.