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12/4/10

Alas de papel II


-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.

Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.

-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.

-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.

-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.

-¿Puedo fumar?-interrogó.

-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.

-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?

-Ambas.-respondí.

-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.

-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.

-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.

Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.

Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.

Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.

-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.

-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.

-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.

-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.

-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!

-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.

-Es divertido coquetear sin más.

Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.

Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.

-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.

-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.

Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.

Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.

-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.

-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji

-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.

Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.

Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.

Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.

9/3/10

Lejos de ti II


-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

-Cállate.-gruñí.-Ni me los recuerdes.-él revolvió mis cabellos y me enganchó con su brazo.-Odio a los tipos de mi instituto, no sé como fui amigo de alguno de ellos y pensé que eran distintos.

-Niños ricos de papás superforrados y sin ganas de hacer nada bueno en la vida, claro que salvo dirigir las empresas de sus papás y decir en alguna revista que fueron hechos a sí mismos.-dijo sonriendo de lado.-Tú has aceptado cierta ayuda de tu padre, pero le has puesto huevos a decir que no quieres ser empresario.

-Mi padre es artista Max, por mucho que se vista con traje chaqueta lo es.-dije mirándolo de reojo.-Es algo que está en mis genes, corriendo por mi sangre hasta mi cerebro. No puedo evitarlo, es algo que tengo y algo que quiero explotar. No puedo estarme quieto y al final estoy escribiendo una novela.-suspiré bajo y le miré de reojo una vez más.-Te vas a reír pero el protagonista es Olivier.

-No me río.-comentó bastante serio.-Es normal que lo hagas eje de tu vida, centro de tu universo, y que dejes de mirarte el ombligo a ver si tienes pelusas nuevas.-dijo recostándose en el banco estirando sus piernas hacia la fila siguiente.-Verás todo color de rosa, aunque no lo sea, y querrás rescatar a la Julieta de su balcón.-me señaló con el dedo índice y sonrió.-No seas idiota, no te dejes engañar, pero mientras dure disfruta.

-No me dejo engañar, él no quiere nada conmigo y a la vez he podido sentir sus celos.-mascullé.-No sé que le pasa.

-Es un ni contigo ni sin ti.-replicó con una sonrisa burlona.-Eres un mocoso incluso para eso, aunque tengas la salchicha llena de pelos.

-¡Max!-grité molesto.

-¿Qué? A ver cuando lo podas un poco.-lo agarré por el cuello intentando asfixiarlo.-¡Hizaki que me despeinas!

-¡Te voy a despeinar a hostias!-grité molesto.

-¡Sólo te he dicho que rasurado gusta más!-dijo aquello en voz alta, y tan alta, varias personas se giraron hacia nosotros.

Me aparté de Max con rapidez quedándome rojo y con la vista pegada a los bancos. Él se reía a carcajada casi sin poder parar, creo que le dio el estúpido ataque de risa ante mi comportamiento infantil y atolondrado. Se acercó a mí y me tomó del mentón con una sonrisa en sus labios, esa maldita boca que soltaba verdades más duras que sus puñetazos.

-Max.-mascullé temblando.

-¿Qué? ¿Te avergüenzas?-interrogó y me enganchó de nuevo.-Piensa algo Hizaki el cuerpo humano es algo natural y sólo nos vestíamos para resguardarnos del frío.-decía aquello con total convicción, pero tenía razón.-Ser naturista es normal y más en un joven sin complejos. Yo ya soy alguien viejo como dijo Hero y he pasado por algo que no se lo desearía a nadie, ni al peor de mis enemigos.

-Tu transexualidad.-murmuré quedándome serio y relajado. La voz de Max tenía esa capacidad en cualquier persona. Un tono neutral entre hombre y mujer, una sonrisa de canalla y una mirada clara tan profunda como las palabras que iba susurrando.

-Es un paso duro, más si lo haces en edad tardía. Todo el mundo te señala, te conoce, y la mayoría no lo hace con sanas intenciones.-tomó aire y lo dejó ir en suspiro profundo.-No sabes lo que es enfrentarte a un espejo que no te quiere, o tal vez no lo quieres tú. Gritarle a Dios que te la ha jugado y a veces perder la fe, como también perder la cabeza.-me dio un beso sobre los cabellos y rió.-¡Pero eso fue hace tiempo! ¡Ahora celebremos que estamos tú y yo en un campeonato para darnos de leches con todo el mundo!

Max siempre hacía eso. Siempre me hacía sentir como un mocoso. Creo que me quería parecer a él, a parte de mi padre él era mi modelo a imitar. No tenía miedo al defender lo que creía correcto, era justo y valiente. Siempre tenía una palabra amable, incluso para las personas que no habían sido afables con él. Un hombre que vivía el día a día como un milagro, como un auténtico don. No sabía si creía en Dios o había dejado de creer en él. A veces uno deja de creer en Dios por motivos como ese, porque la naturaleza hace lo incorrecto. Pero supongo que él seguía creyendo en que algo predestinaba todo, que la transexualidad tal vez le había hecho ser más fuerte y más hombre que todos los que estábamos allí. Veía el cuerpo como algo usual, los desnudos no le imprimían vergüenza o preocupación. Él estaba completo, él siempre había sido un hombre... uno de los nuestros.

Nos quedamos en silencio observando como las chicas luchaban. Creo que sus ojos no estaban en la técnica, sino en la parte superior de las competidoras. Era un maldito diablo del porno, siempre estaba con la palabra sexo en la boca fuera por broma o como “Gurú del amor”. No comprendía a las mujeres, creo que para él eran un mundo a parte, y solía decir que ni ellas mismas se comprendían entre sí. Sin embargo, sabía hacerlas sonreír y calmarlas cuando deseaban llorar. Se podía decir que era un pervertido con cierta capa de dulzura. Era el tipo de personas afables que parecían felices porque sí, pero él en el fondo era oscuridad y pura soledad. Supongo que su sonrisa y sus bromas maquillaban la realidad cruel que se presentaba ante él cada día.

-¿Con quién compites?-pregunté zarandeándolo un poco.

-Con Jorge.-dijo señalando a un chico el doble de alto y ancho que él.

-Te aplastará.-dije alzando mis cejas para luego fruncirlas.-Jamás le vi competir.

-Yo tampoco, eso es lo que me preocupa.-sonrió girando su rostro hacia mí.-No me preocupa lo grande que sea, ni cuanto pese, ni lo enormes que sean sus manos y ni mucho menos si trae su ejército de fanáticas para sacar pompones y jalearlo.-tronó su cuello y sus manos.-Me preocupa su técnica.

-¿De qué academia es?-pregunté con curiosidad.

-De la misma del otro mastodonte que te toca.-comentó indicándome mi contrincante.

-¿Qué carajo comen esos tios?-pregunté mirándolos.

-No lo sé, pero no creo que sea normal. ¿Has visto los brazos?-me preocupaba quedar hecho un cuadro de Picasso cuando tenía una cita en unos días.

-Sí, son como dos cabezas nuestras.-noté como me abrazaba y empezaba a dramatizar.

-¡Nos van a matar! ¡Vamos a morir! ¡Al menos dime que tú no eres virgen!-cuando dijo aquello le golpeé bien fuerte en la cabeza.

-¡Vete a cagar Max!-le volví a dar un gancho de derecha y él simplemente lo paró con una de sus manos.

-No gracias, ya fui al trono esta mañana.-alzó un dedo con su sonrisa característica.

Noté como una mano golpeaba mi hombro y luego el de Max. Al girarnos vimos a Vincent. Era uno de nuestros amigos en aquel gimnasio. Su aspecto era el de un chico de raza negra, pero en realidad era mestizo. Su padre era japonés y su madre cubana. Él tenía grandes habilidades como su rapidez y su aguante, sin embargo aún no había perfeccionado sus golpes.

-A vosotros os ha tocado los mastodontes, a mí el flacucho con cara de chupar limones.-comentó indicándolo con un movimiento de cabeza.

-Pero ese es de nuestro gimnasio.-murmuré.

-Sí, pero es lo que ha tocado. No me gusta pegarme con compañeros, nunca me gusta usar las técnicas que sabe mi atacante. Pero bueno, es algo que tenemos que superar.

-Eres un capullo con suerte, tú eres algo y grande... pero te toca el pringao que mide la mitad que mi pene.-cuando hizo ese comentario el chico lo miró con muy mala cara, Max sólo sonrió abierta mente haciendo la señal de victoria.

-Un día te partirán la boca.-mascullé.

-Me la han partido tantas veces.-dijo encogiéndose de hombros.-Una más creo que no se notará.

-Dejaros de tonterías, que el campeonato femenino ya acabó.-nos indicó Vincent.-El primero en luchar eres tú Max.

-Eso lo sé, lo sé.-comentó levantándose para quitarse la parte de arriba del conjunto.-Mi especialidad es el boxeo, el boxeo va antes que las artes marciales.-nos guiñó colocándose los guantes.-Recordar mi cara para que luego le digáis al cirujano plástico lo guapo que era.

Nada más subirse al cuadrilátero sonó la campana. Esquivaba bien los golpes, uno tras otro. Ese hombre no se cansaba. Creo que deseaba aplastarlo allí mismo. Los músculos de Max demostraban que estaba en tensión, que deseaba golpear bien duro. Se movía con agilidad, una destreza increíble, su oponente era más pesado y tardaba en dar los golpes. En uno de esos giros pesados le dio bien con la derecha y luego con la izquierda. Max era ambidiestro y se le daba bien machacar al oponente con ambos brazos, usaba los dos con la misma certeza y brutalidad. Sin embargo, eso no era suficiente. La rabia no terminaba de surgir.

-¡Machácala! ¡Es una puta tia! ¡Machácala como dijo nuestro entrenador!-eso me hizo gruñir bajo, escuchar esas palabras del capullo que tenía que enfrentarse a mí me sacó de quicio.

-¡Maldito hijo de puta! ¡No es una mujer!-dije siendo sostenido por Vincent mientras me enfurecía más y más, no tenía control. Estaban burlándose de mi amigo, de uno de mis mejores amigos por no decir el mejor de todos.-¡Max! ¡Mátalo! ¡Quiero su cabeza! ¡Max!

Me di cuenta como golpeaba, daba golpes aún más fuertes y certeros. El tipo al final cayó. Un sólo asalto. Le duró un sólo asalto. Hizo que cayera redondo inconsciente. Tuvieron que llamar a los equipos de emergencia que estaban fuera del gimnasio. Estos tan sólo dijeron que debían llevarlo al hospital, puesto que parecía demasiado aturdido tras golpearse bien duro la cabeza contra el suelo del cuadrilátero.

-¡Y el ganador es Max!-dijo alzando su brazo izquierdo y él solo miró al público con una mirada propia de un dios. Esos ojos fulgurantes le daban un toque divino, casi imbatible.

Se bajó y caminó hacia el lugar donde estaba el repartidor del agua para los competidores. Se echó una botella encima y subió hacia donde estábamos subidos, pero se giró y subió de nuevo al cuadrilátero. Agarró el micro del juez y miró a los presentes.

-¡Si alguien más tiene dudas sobre mi masculinidad que me lo diga! ¡Encantado los mando junto a ese a la UVI!-gritó a pleno pulmón haciendo que todos se quedaran en silencio.-¡Y tú capullo si no te parte la crisma mi compañero lo haré yo mismo, con mis propias manos!-devolvió el micro y ya si subió hacia las gradas sentándose aún resoplando.

-Hizaki prométeme que actuaras con la mente clara.-dijo Vincent aún sin soltarme.

-Quiero arrancarle la cabeza a ese capullo, deseo que ni su madre lo reconozca cuando vaya a su funeral.-gruñí y vi a mi hermano venir hacia nosotros.

-¡Eres mi héroe!-gritó abrazándose a Max.-¡Como pegas! ¿Tú me defenderás cuando me peguen?-preguntó mirándole a los ojos.

-Estoy sudado niño.-dijo sentándolo a su lado.-¿Quieres que vayamos a comer helado luego?-comentó revolviéndole los cabellos.

-¡Helado! ¡Helado!-gritó de nuevo aferrándose a él.

-Yo cuidaré de tu hermano, tú cuídate ahí abajo.-fueron las últimas palabras que escuché antes de ir al rin.

Yo era otra categoría distinta, era competición de Akido. Mi oponente subió al cuadrilátero y yo me quité la parte de arriba del kimono. Miré con furia al tipejo y empezó a recibir bien fuerte. A mí me golpeó en la boca, hizo que mi labio sangrara, pero él se quedó para el arrastre. Golpe tras golpe iba debilitándolo, destrozándolo, dejándolo bien magullado.

-¡Arráncale la cabeza!-escuché por parte de Max.

Mi último golpe hizo que cayera antes que sonara el primer tiempo. El tipo cayó desplomado y con el rostro hinchado además de todo el cuerpo magullado. Yo sólo tenía el labio roto y si me hubieran permitido hubiera seguido golpeándolo hasta romperme los nudillos. De nuevo una camilla tuvo que retirar al combatiente. No era normal esa furia en nosotros, se ganaba y nada más, pero esos dos habían hecho algo que era innoble e impropio de un lugar como aquel. No sabía como habían descubierto lo de Max, aunque tuvo algunos problemas al inscribirse hacía un par de años.

Al subir los peldaños me encontré con mi primer club de fans. Mis fans eran Max, Hero y Vincent. Los tres me jaleaban mientras me limpiaba el golpe con la parte de arriba del kimono.

-Tú ve a la enfermería.-me dijo Max.-En serio, yo cuido al chico.-dijo sentándolo sobre sus piernas.-¿Quieres saber el mejor golpe que se puede dar a un capullo como ese?

-¿En la entrepierna?-cuando dijo eso mi hermano él se echó a reír a carcajadas.

-Mira, no caí en ello.

Las competiciones se sucedieron unas tras otras. Cinco horas más tarde, tres burritos en nuestros estómagos, llegó la final. Max cayó con el anterior competidor, también de nuestro gimnasio, y yo llegué casi entero. Como pude luché por el título, entre las distintas academias y gimnasios, y lo conseguí.

Hero se divirtió de lo lindo. Parecía disfrutar de las peleas de otro, aunque él decía que no se sentía preparado para luchar. Yo sabía que era un gran atleta, si bien deseaba ir por otros derroteros. Al vencer él bajó corriendo por las gradas y se abrazó a mí todo orgulloso. No tuve muchos desperfectos en la cara, pero sí en el cuerpo. Reconozco que me dieron una buena paliza los cinco con los que luché. Si bien, lo agradecí.

Max simplemente estaba con un ojo morado y un labio roto, el cuerpo casi perfecto. Vincent si bien estaba hecho un cristo. Pero era la diversión sana, o no tan sana, a la que nos entregábamos en cuerpo y alma.

Comimos en un puesto ambulante que habían montado frente al gimnasio, lo hacían cuando había este tipo de competiciones. La verdad es que jamás había comido tan barato y tan bien. Fueron unos burritos que jamás he olvidado, los mejores que comí en aquella época. Últimamente me alimentaba de comida precocinada, echaba de menos a Clara y sus guisos.

-¡Quiero helado! ¡Celebremos con helado!-gritó Hero alzando los brazos cuando nos marchamos hacia donde estaba el resto.

-¡Helado de chocolate!-exclamó Max como un niño pequeño.

-¡Comeremos helado! ¡Helado!-los dos a la vez parecían dos malditos críos.

Vincent y las chicas reían a carcajadas mientras yo intentaba no reír porque me dolía el labio. Fuimos todos en grupo a por unos helados, después llevé a Hero a casa con mi madre. Clara me cuidó el labio y dijo que un día me destrozarían la cara que tenía. Todo aquello hizo que el día se hiciera corto y olvidara que aún faltaba para volver a ver a Olivier.

Al llegar a casa me di una buena ducha y me tiré en la cama. Me acosté sin vestirme, desnudo como estaba, por culpa de no tener instalado aún el maldito aire acondicionado. Desperté varias veces y deambulé por la casa observando el reloj, parecían no moverse las malditas agujas. Una y otra vez fui a la nevera para sacar un refresco, agua, un helado, varios cubitos de hielo y por último un trozo de pizza que no me había comido el día anterior.

Nada más llegar la mañana llegó un calor más intenso. Al ser lunes llamé de inmediato a una tienda de electrodomésticos y rogué que se personaran rápidamente en mi casa, que pagaría el gasto de transporte y que me instalaran un aparato de aire acondicionado para tener refrescada la casa. Mientras no llegaban me di una nueva ducha y tomé un desayuno rápido. Al borde del medio día llamaron al timbre y en poco más de dos horas tenía la instalación completa que se regulaba en toda la vivienda. Me costó caro, pero no importó. Yo no podía con las temperaturas demasiado altas o bajas.

Faltaba un día para que él apareciese, un día para buscar una excusa para aparecer de la nada en su puerta y una disculpa elaborada. No tenía nada para disculparme, nada. Simplemente le quería para mí. No podía controlarme, por mucho que me dijera mi cerebro que me estuviera quieto mis manos se movían solas. Los impulsos eran más fuertes que la razón.

6/3/10

Lejos de ti I


Capítulo 14

Lejos de ti.

Después del día con mi hermano tuve competición. Lo llevé conmigo para que conociera a Max. Deseaba que viera el ambiente del gimnasio y se pensara volver al menos a karate. No quería hacerlo, por mucho que le intentara convencer que tenía dotes para ello. Él quería un modo de vida menos violento. Me parecía extraño esos cambios en mi hermano, pero supongo que cuando eres niño haces lo que ves en tus hermanos y padres... luego creces y haces lo que realmente amas.

Al entrar al gimnasio había varios preparándose para la pelea. El gimnasio estaba lleno en la zona de competiciones, había de todo desde novias y familiares hasta los que apostaban de forma ilegal. Max se encontraba colocándose bien su ropa mientras apretaba y cerraba las manos. Llevaba unas vendas de protección para los nudillos, esas vendas siempre quedaban manchadas de sangre de uno mismo y de otros.

-Hola Hizaki.-dijo saludándome como siempre, con una enorme sonrisa y con los cabellos totalmente alborotados.-¿Y ese pequeño tú es tu hermano?-preguntó estirando leve su mano.

-¿Vas al instituto con él?-dijo Hero mientras estrechaba su mano.

-No, yo ya soy algo mayor para institutos.-rió bajo para luego alborotar sus cabellos.

-No lo pareces, seguro que te estás tirando un farol.-comentó mi hermano mirándolo de reojo.-¿Qué edad tienes?

-Trenta y tres.-dijo haciendo señal de victoria.-Soy el mayor de todos los mocosos que rondan por aquí.

-¿Y eso no te hace sentir viejo?-preguntó confuso rascándose la mejilla.-No sé, yo tal vez no me sentiría orgulloso.

-Anda Hero ve a mirar un poco la competición de las chicas.-dije empujándole leve para que fuera donde estaba una de mis amigas.-Enséñale como lucháis.

-¡Sí jefe!-dijo como broma haciéndome un saludo militar.-¡A su orden!-ella rió y yo dejé dos besos en su mejilla.

-Ven pequeño.-escuché como tiraba de él para sentarlo en sus faldas.

-Tu hermano es un maldito afortunado se ha ido a sentar con la más atractiva.-comentó Max apoyándose un poco en mí.-Eso sí tiene una bocaza como la tuya, pensé que al ser la versión mejorada ese fallo de fábrica vendría arreglado.-reí al escuchar aquello y terminamos carcajeándonos sin remedio.-Oye dime algo.-dijo tirando de mí.-¿El tipo de la otra noche era tu pareja?

-¿Qué?-pregunté extrañado.

-Conmigo hay confianza, sé que eres bisexual y sé que ese tipo de tios te gustan.-comentó sentándose en uno de los bancos que habían para los luchadores, para que pudiéramos ver como competían otros mientras nos tocaba turno.

-Max no es mi novio.-dije encogiéndome en el banco.-Aunque me gustaría.

-Lo sabía, se notaba en la cara de baboso idiota que ponías cuando lo mirabas. Ese destello de he visto a un ángel y lo tengo a mi lado, ese destello que se ponía en tus ojos cuando hablabas de Lexter.-tocó un tema delicado y algo peliagudo, pero lo tocó.-Creo que vuelves a estar enamorado.

-¿Y tú?-pregunté mirándolo de reojo.-¿Y tu Víctor?

-No me hables de ese mocoso.-dijo en un gruñido bajo.-Le di techo, ropa, comida, le entregué todo lo que tenía... incluso le entregué mis sentimientos y terminó marchándose con otro porque decía estar confuso.-murmuró abriendo un botellín de agua que tenía en su bolsa.-No sabes lo que he pasado intentando olvidarme de él, intentando rehacer mi vida como tantas veces he hecho.

-Lo sé, es duro.-mascullé.

-Pero he vuelto a las andadas, no volveré a permitir que me enamore de una cara bonita y unos ojos infantiles. Era un mocoso de diecisiete y yo un capullo de más de treinta años, las cosas así no funcionan y sin embargo me empeñé Hizaki. Creí que apostaba al caballo ganador y aposté a un caballo viejo que parecía potro.-dio un trago a la botella y me miró a los ojos.-Pero ese tipo tan fino, tan europeo, tan todo... lo he visto en alguna parte.

-Es diseñador, hace unas semanas se anunció a bombo y platillo que venía a la ciudad. Sus diseños son impactantes porque tienen elegancia, además de sus espectáculos en la pasarela son algo más que chicas desfilando.-suspiré y miré el rin.-No sé que hacer, es un paso hacia delante y tres hacia atrás. No consigo que confié en mí y su historial no es nada glamuroso.

-¿Drogas?-interrogó.

-No, él no tomaría drogas.-le estaba recriminando algo que ni sabía, pero ponía la mano en el fuego por él y por su salud.-Su ex le golpeaba, le dejó secuelas físicas y emocionales. Para colmo tiene cierto aire a mí, era asiático y el tipo estaba forrado al parecer.

-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

Un poco de teatro VI


Poco después estábamos frente al loft de Olivier. Sabía que una de sus asistentas estaría allí terminando de recopilar información y esperándome en realidad. Oly me pidió que fuera, que tomara cita primero, pero probé suerte y la hallé.

Ella estaba allí con su pequeño portátil, sus pequeñas gafas, su pequeño recogido y su gran escote. Mi hermano se quedó mirando sus pechos y yo tuve que darle un golpe. Sabía que haría algún comentario al respecto y era mejor que se mantuviera callado. Me dejé tomar las medidas para que anotara las nuevas junto a las antiguas. No hablamos demasiado, tan sólo lo mínimo debido a las prisas que llevaba esa mañana.

-A penas acababa de llegar, esperaba que confirmaras hora.-dijo acomodando sus gafas.-Esto es de locos, pero creo que quedará como esperamos.-sonrió y se inclinó para acariciar los cabellos de mi hermano.-Eres tan guapo como me imaginaba, ya que Clarissa siempre habla de sus niños.-se incorporó y se giró observando los datos.-Has incrementado masa muscular.

-Sí, estoy entrenando un poco más últimamente pues tengo algunos combates en el gimnasio y también algunas competiciones menores.-dije con una sonrisa llena de orgullo.

-Te lo resumo mi hermano se mata las neuronas a golpes con otros imbéciles amigos suyos.-lo fulminé con la mirada mientras ella se reía terminando de pasar información al portátil.

-Hizaki la próxima vez avisa o vas directamente a nuestro lugar de trabajo.-sacó un posit y puso la dirección.-Este es mi número personal, este es el de la oficina que te contestará alguna de las chicas o yo misma, y este otro es el del busca.

-No creo que haga falta otra prueba ¿o sí?-me rasqué la cabeza algo confuso.

-Hará falta para los modelos que lucirás tú y no los otros modelos.-comentó cerrando el portátil para quedar frente a mí.-Ha sido un placer volver a verte.-me dio dos besos sonrojándose.

-Bueno entonces ya llamaré para preguntar cuando debo pasarme por el local, aunque Olivier llegará en unos días ¿no es así?-pregunté dirigiéndome hacia la salida con mi hermano de la mano.

-Sí.-respondió con una sonrisa encantadora.-Pero debes saber que a veces es un despistado y bueno a veces se le olvida... si quieres puedes llamarme.

-Vale.-dije sin más.

Bajamos junto a ella en el ascensor y al final nos separamos en la salida. Ella fue hacia la zona de aparcamiento y nosotros hacia la salida de peatones. Mi hermano reía a carcajadas sin saber bien porqué lo hacía, me resultaba confuso que hiciera eso. Así que me paré en seco y le miré a los ojos sin saber como preguntarle.

-¡Conozco esa mirada!-dijo señalándome.-No sabes porqué me río... ¡mira que eres tonto! ¡Intentaba ligar contigo! ¡Coqueteaba contigo! ¡Hizaki eres un ingenuo!-explotó en carcajadas aferrándose a mi brazo para no tropezarse, porque incluso comenzó a llorar al ver mi cara de circunstancia.

-Eso es imposible porque me hubiera dado cuenta.-respondí intentando mantener la calma.

-Mentira.-se secaba las lágrimas.-No te has dado cuenta porque ya estás haciéndole ojitos a Olivier, sino te hubieras dado cuenta porque eres un trozo de carne hormonada con patas.

-Yo sigo teniendo mi instinto.-dije tirando de él para llevarlo al paso de peatones.-Además tú de eso no tienes idea alguna.

-Falso.-respondió con rapidez.-A mí cuando me gusta una chica sólo me gusta esa, no me gusta otra y no me fijo en si me miran o no.-dijo rascándose la cabeza del mismo modo que yo lo había hecho antes.-El amor nos vuelve ciegos.

-¿Y cómo sabes tú ahora de eso?-interrogué alzando una de mis cejas.

-Hizaki estoy creciendo y estoy empezando a sentir mis hormonas revueltas, además te recuerdo que soy maduro para mi edad.

-Llevas ahora mismo una camiseta con un gato.-dije como única respuesta a lo que decía.

-Eso no quita que sea maduro, me gustan cosas de críos pero no tiene nada que ver.-se quedó serio hasta terminar de cruzar hacia mi apartamento.

No seguimos con la discusión, en sí la evité. Estaba creciendo cada vez más rápido y recordaba claramente cuando dejé de ver dibujos animados con la ilusión de su edad. Comencé a preocuparme por él, por cuidarlo y hacerle sentir orgulloso de mí. Desde que tengo uso de razón he cuidado a mi hermano como si fuera algo más allá de la responsabilidad filial, era casi el deseo insano de hacer que él no cometiera mis errores. Me di cuenta que mi padre siempre me dijo algo con sus silencios, con esas miradas fijas, y esas frases a medio acabar. En ese momento me percaté que él veía los mismos errores en mí, errores de juventud.

Yo quería hacerle madurar poco a poco, no de esa forma. Antes me preguntaba cómo era el amor y si este podía perdurar como los cuentos que aún le contaba. Sin embargo, en cuestión de semanas se estaba convirtiendo en un adolescente con ansias de conocimiento. No sabía si lo que había lo decía por experiencia o porque lo escuchó, tampoco quería creer que su inocencia se había corrompido por completo.

Pasé el resto del día con él. No volví a tocar el tema de las chicas y la atracción. Decidí hacer oídos sordos y ojos vendados a todo lo que pasaba en su vida y en la mía. Jugamos con los videojuegos y se pegó a mí como una maldita lapa. Sin embargo volvimos a ponernos serios.

-Ayer Yue me pidió tu teléfono.-dijo mientras mordisqueaba un mixto que le había preparado con la planta de sanwich que me habían regalado.-Le dije que seguías teniendo el mismo ¿qué pasa con Yue? ¿Ya no le hablas? Porque no seáis novios no significa que no podáis ser amigos.

-Ese es el problema.-respondí dejando mi bocadillo sobre el plato y le miré a los ojos.-Él quiere seguir siendo mi novio, me insiste y me llena los teléfonos de mensajes. He terminado rogando a las compañías de móvil que bloqueen sus teléfonos, los de sus hermanos y el de sus padres. No quiero que pueda enviarme mensajes, no deseo que pueda ponerse en contacto conmigo.

-¿Ya le dejaste todo claro?-preguntó confuso.-Siempre va a casa y pregunta por ti, siempre está al asecho por si ve tu coche o movimiento en el garaje. Se la pasa rondando la casa.-recostó su cabeza sobre mi hombro y se quedó en silencio junto a mí.

-Yue fue importante para mí, me demostró que me amaba y se lo agradecí. Sin embargo, no puedo amarlo. No puedo cambiar mis sentimientos hacia Olivier para entregarme a la causa perdida de ser su pareja.-di un bocado al bocadillo y suspiré tras hacerlo pasar con un poco de refresco.

-¿Amas mucho a Oly?-dijo clavando sus enormes orbes oscuras en las mías. Sus ojos parecían sobresalir de su rostro.-¿Cómo supiste que eras gay?

-No soy gay.-respondí.-No soy homosexual.-era difícil explicar lo que sentía.-Yo amo la forma de ser de Olivier, además de su cuerpo y su forma de pensar.-sonrió al escuchar eso.-Soy bisexual porque me sucede lo mismo con las mujeres.

-Te gusta todo en conjunto y sobretodo lo que no se ve con una foto.-se encogió en el sofá y siguió comiendo.

-Exacto y no me importa si tiene pechos o si le cuelga algo. Es un amor que viene y te llena, algo que no se puede explicar.-sonreí mientras él me devolvía la sonrisa.-Debes tener en cuenta algo y es que no debes ver mal el amor entre dos personas, sean del sexo que sean o cualquier otra cosa de relevancia. Algo que sea destacable.-no sabía como explicárselo.-Verás no importa como se llamen, ni donde hayan nacido, ni si tienen más o menos dinero. Mientras haya respeto todo vale, excepto estar con un menor y estar casado engañando así a tu mujer y a ti mismo.

-Como papá.-respondió casi de inmediato.-Pero creo que papá ya no engañaba a mamá, porque él ya no la quería como ella deseaba ¿verdad?-preguntó alzando una ceja quedándose serio.-¿Por qué papá jamás dijo la verdad? ¿A qué tenía miedo?

-A que mamá lo rechazara, lo rechazaran los abuelos, lo rechazáramos nosotros y por supuesto las personas que hacen tratos con él. Hasta hace unos años había una ley de peligrosidad social en muchos países, ley que iba contra personas como papá y como yo.-dije acariciando sus cabellos.-Aún existe esa ley en muchos países, incluso se matan inocentes.

-¿Matan por amar a personas? Creí que sólo se castigaba el odio, la violencia y los robos.-murmuró encogiéndose un poco más, haciéndose un ovillo a mi lado.-No entiendo qué mierda de mundo tenemos, no entiendo porqué a los niños nos hacen ver todo como si fuera fantasía y en realidad es un vertedero.

-Porque sois niños y los niños deben crecer con valores de igualdad, solidaridad y jugando como deben de hacer todos.-dije acariciando sus cabellos, lo único que logré encontrar como réplica.

-Hay niños que mueren de hambre, que mueren en minas y que no saben leer porque jamás fueron a la escuela.-me miró a los ojos pidiéndome soluciones como si fuera un Dios, pero yo sólo era su hermano y sólo podía ayudarle a él.-¿Qué pasará con el mundo dentro de unos años? Seguimos odiándonos por nuestra religión, raza, sexualidad y cada vez más por más chorradas.

-No, no odiamos.-era algo más complicado, algo que debía explicarle de una forma centrada y que comprendiera. Al fin y al cabo era un niño y no quería mezclar ideas extrañas en su cabeza. Lo subí sobre mis piernas y acaricié sus cabellos observándolo.-Nadie odia a nadie así porque sí. Muchos gobiernos ocultan en guerras intereses económicos sobre el suelo que van a ocupar, esto ha sucedido siempre. Sin embargo, no van los políticos ni los reyes a las guerras... van los peones, los soldados, criados en el odio hacia un igual pero de otro país. El odio se inculca desde que te dicen que una religión es la única y verdadera, que los demás son herejes. Tú debes creer en un dios o no, puedes o no puedes creer, pero jamás por creer en uno eres mejor que otro o tienes la absoluta razón.-suspiré tomando aire y sonreí.-El ser humano tiene miedos y su mayor miedo es hacia lo diferente.

-Nosotros somos diferentes aunque somos hermanos pero no te odio.-reí al escuchar eso y lo abracé. Seguía siendo mi hermano, el mocoso de siempre.-Yo jamás estaré con un hombre, lo tengo claro, pero acepto que tú amas a uno... ¿por qué un extraño no puede hacer la vista gorda? A quién debería de importarle es a mí, pero a mí no me importa.

-Tú tienes buen corazón Hero, demasiado buen corazón.-susurré besando su frente y uno de sus carillos.-Debería llevarte a casa ¿o quieres quedarte conmigo?

-Me quiero quedar contigo.-murmuró frotándose los ojos mientras su respiración se hacía lenta y pesada.

-Es medio día aún, pero podría decirle a mamá que te quieres quedar a dormir.-susurré levantándome con él en brazos.-La llamaré ahora.-decía caminando hacia mi dormitorio para dejarlo recostado en la cama.

Tomé el móvil y llamé a mi madre mientras le dejaba algo adormilado en la cama. Sabía que nada más comer le entraría sueño. Siempre era así, lo mirara por donde lo mirara era un niño. Para mí no había crecido por más que sus palabras a veces me recordaran a un adulto. Sentí deseos de tener a mi pequeño, de notarme tan orgulloso con él que con mi hermano. Ellos serían mi orgullo, siempre lo serían y aún lo siguen siendo.

-Hola mamá.-dije dándome cuenta que hacía mucho tiempo que no la llamaba así, simplemente decía Clarissa cuando iniciaba alguna conversación.

-¿Qué pasó? ¿Le pasó algo a Hero?-preguntó algo preocupada.

-No, simplemente duerme en mi cama y he pensado que podría pasar todo el día con él. Mañana te lo devuelvo sano y salvo.-comenté con una sonrisa.-No tengo que ir al estudio, ni tengo que hacer nada más. Necesito pasar unas horas con él, pronto no tendré tiempo para gastarlo en charlas de hermanos.

-Está bien, está bien.-respondió.-Pero quiero que coma sano, nada de porquerías Hizaki.

-Por favor ¿cómo puedes pensar que soy tan mal nutricionista?-dije como ironía.

-Hizaki soy tu madre, que no se te olvide, y sé como vives y comes. Seguro que estás a base de pizzas, comida congelada y apostaría que lo único no refrito son los bocadillos.-miré hacia el contenedor de basura y suspiré. Parecía que había venido a hurgarlo y echarme todo en cara. Sin embargo, eso era imposible.-No dejes que vea cosas violentas y que duerma tarde.

-De acuerdo.-dije en un suspiro.-Hasta luego mamá.

-Adiós Hizaki.

27/2/10

Un poco de teatro V


-Lo veré cuando regrese.-dijo sonriéndome separándose de mí para mostrar dos de sus dedos.-Nada más son dos días y cuando regrese te hartarás de mí.-yo dudaba hartarme de él.-Necesito que estés en el taller para unas pruebas, es más si puedes ir pasando mañana para que una de mis asistentas te hagan la primera prueba.-susurró intentando que aceptara mirándome de forma enternecedora.-Será una gran ayuda para cuando regrese yo te arreglaré los últimos detalles.

Había un rompeolas y se sentó en una de las piedras jugando con sus pies en la arena, la brisa jugaba con sus cabellos y se metía debajo de la camisa. Me aproximé a él y me senté próximo a esa visión que tango me maravillaba.

-Iré.-dije con una sonrisa.-Además tu casa está al lado de la mía.-aquello era acoso indiscriminado.-Está cerca de la casa de mi hermana, también de mi padre, no muy lejos de mi madre y también está próxima la del novio de mi hermana. Todo cerca, además hay pequeñas tiendas bajo el bloque y eso hace que todo sea más accesible.-sonreí mirando el mar.-Me encanta la habitación del pequeño... la pintó mi padre.

-Oh seremos vecinos.-murmuró.-¡Qué bien! Así si algún día decido matarme en le piso del baño ya sé a quien pedirle que me rescate, porque Trevor...-rió bajo y movió la mano, mientras yo sentía una patada directa a mis testículos.-Bueno, olvídalo.-siguió riéndose y me miró de forma más fija.-A mi me gusta mucho la zona y estoy agradecido que él me consiguiera ese loft.-su amigo era buen amigo, pero cada vez que lo escuchaba me mordía la lengua por rabia.-Tanta luz en toda la casa siempre, tan buena para trabajar, y a parte me encantan los techos altos porque no tolero un minúsculo cubículo.

-Yo soy tu guardaespaldas, ya lo sabes.-dije pasando mi brazo sobre sus hombros.-El mío es amplio, tengo incluso una pequeña habitación para huéspedes que uso en realidad como despacho.

-Es una buena zona.-recalcó de nuevo.-Lo que me gusta es el tipo de personas que hay, ya que se ha puesto de moda.-se recargó en mi hombro aspirando mi aroma.-Te traeré una loción que creo que te quedará perfecta.-me prometió mientras movía los pies haciendo minúsculos círculos en la arena.

No se daba cuenta, pero esos arranques que tenía me hacían enloquecer y desear besarle.

-Será un gusto usarla para ti.-murmuré acariciando sus cabellos, para luego agarrarlo bien de la cintura. No quería ni pensar que algún paparazzi nos hiciera una fotografía y se la diera a mi madre... o a una revista. Sabía lo que pensaba del asunto, además no veía que yo ya había crecido y sabía tomar decisiones solo.

Yo le había elegido y él parecía irme aceptando. Quería acabar esa noche junto a él, en mi cama de cualquiera de las formas posibles. No importaba si no llegábamos a sexo, me conformaba con dormir pegado a él y que me dejara acariciarle como hice noches atrás. Levantó la cabeza sin despegarse demasiado y sonrió de forma tímida. Esa timidez que tenía, esa dulzura, me mataba.

-¿Qué hora es? Tengo que estar de pie temprano mañana para arreglar el portafolio y terminar de revisar lo que necesitamos. Esas cosas me roban mucho tiempo y por lo tanto tengo que destinarle casi todo el día de mañana antes de irme.-se retiró de nuevo estirándose mientras se desesperezaba con los brazos en alto, para luego arquear su espalda haciendo que su camisa se subiera.-¡Demonios!-batalló para volverla a su lugar mientras yo sonreía de forma canalla.

-Oly por dios que no se te vio nada.-dije metiendo mi mano bajo su camiseta.-Además por lo que palpo tienes una piel suave, seguro que estás bien blanco.-murmuré besando su sien para abrazarlo.-Te llevaré a casa, pero antes vas a ver la mía.

-¡Quita! ¡Quita! ¡Quita!-reía a carcajadas mientras me apartaba. Dio entonces un pequeño brinco para ponerse de pie.-¿No deseabas que la viera amueblada?-cuestionó arreglándose el cabello.-Después me arruinarás la sorpresa Hiza, así que debería esperar para verlo todo listo.

-Sólo falta lo del bebé.-dije mirándole fijamente.-Además quiero mostrarte mi equipo de televisión, es el que tenía en casa y bueno me lo he traido aquí. Fue un regalo de mi padre y claro me lo traje.-lo tomé por la cintura mirándole frente a frente.-¿Vas a decir que no?

-Oh.-dijo en un pequeño gruñido.-Lo dices como si fuera un maldito por posponerlo.-rió poniendo sus manos sobre mi pecho.-Pero está bien, vamos a tu departamento a ver ese equipo.-murmuró.-¿Eres consciente de mi nula capacidad para comprender las tecnologías?-rió mientras le tomaba por la cintura.-Para mí con que se vea bien es suficiente.

-Sonido envolvente, pantalla de plasma y sobretodo ... tengo un sofá que da masajes.-comenté con una sonrisa en los labios acariciando su espalda.-Aunque yo sé darlos mejor.-besé su frente cuando todo apuntaba que besaría sus labios. Si el tiraba la piedra y escondía la mano...yo también.

-Bla, bla, bla.-dijo riéndose mientras me agarraba del brazo.-Es como como Bra... cuando un amigo se ponía a conversar sobre sus autos.-comentó palpando su frente dirigiéndonos hacia mi coche.-¡Dios! ¡Qué cháchara más insoportable! No entendía la menor palabra de lo que decía, las máquinas no es algo que me encante y no les hallo la belleza en ningún lado.

Estábamos ya frente a mi vehículo y desactivé la alarma para abrir su puerta. Le ayudé a sentarse y cerré la puerta sentándome yo en el lado del conductor.

-Yo sí.-dije acariciando el volante de mi auto.-Lo amo, no podría vivir sin él.-acaricié el salpicadero.-Me lo arañan y hago trizas los dedos de quien me lo haya tocado.-arranqué y sonreí.-Yo y los coches, aunque también compito con motos... un día vendrás a ver como gano en el circuito.-comenté mientras manejaba.

-Los chicos siempre serán chicos ¿verdad?-dijo riéndose mientras se abrochaba el cinturón.-No creo que sea bueno que te vea correr, eso me pondría nervioso Hiza.

-¿No quieres verme ganar?-pregunté con una sonrisa.-¿O me dirás que te pondrás histérico como mi madre?-reí bajo recordando sus ojos azules abrirse de par en par y palidecer antes de soltar un grito de “¡Atsushi Sakurai es culpa de tus genes!”.-Se pone histérica cuando sabe que corro, no quiere ni oír hablar del circuito. Pero yo sin la velocidad, sin el deporte extremo y sin las motos no viviría... no sería yo.-giraba suave el volante y a una velocidad adecuada, nada de correr, porque además iba con los dos mojitos en mis venas y no quería ser parado por una patrulla de tráfico.-Verás como te gusta mi departamento.

-Creo que tu madre y yo estaremos perfectamente tomando un café cuando vengas con el trofeo en las manos...-tal vez mejor una tila.-Supongo que es parecido al mio ¿no? Al menos las estructuras según me comentaron debido a la restauración de los edificios hecha por el mismo arquitecto.-dijo acomodándose bien en el respaldo.-Así que tienen que poseer cierto aire en el diseño.

-Sí, claro que al mío le falta el toque del decorador. Está decorado por puro macho ibérico.-dije con la vista fija al frente.-Estaban todos los amigos de mi padre, mi padre, su novio, Kamijo y un amigo de este... trayendo los muebles. El único que no estaba era Jasmine, que nos hubiera servido de ayuda, pero claro él... con tal de no coger nada de peso se hizo el enfermo.-reí a carcajadas al recordar su excusa... me duele el callo... si claro

-Cuando tu madre lo vea llevará seguro a Paolo.-susurró sonriendo de lado.

-No, gracias. Pero Paolo no, porque yo cuentas pendientes con ex no saldo.-dije recordando lo pesado que se puso cuando le dije que no y ya hacía unos cuatro meses. No quería nada con él, sólo fue un polvo y el tío pesado no me dejó en paz en semanas.-Mejor que se olvide de mi cara.

No sé porqué causa, o porqué razón, se puso rojo como un tomate maduro. Parecía que una bombillita interna de él había iluminado su cara.

-El punto es que tu madre de seguro te ayudara en esa decoración, sólo tienes que pedirle y hablar con ella.-se metía en mi vida y luego me decía que no lo hiciera yo en la suya, era un chico extraño al tener ese comportamiento. No me importaba que lo hiciera, pero me sacaba de mis casillas y no entendía como podía ser tan contradictorio.

-Es que el punto es que no quiero que me lo decoren, con mis fotos de coches, mis poster de boxeo y mi casa a mi gusto... me siento más yo. El desorden será mi guarida, no soy de tener un piso decorado por otro... me siento como si tuviera los calzoncillos apretados.-no quería hablar con mi madre, sabía lo que pensaría de todo lo que sacarían las revistas. Apostaba que algo se cocía, pero no quería ni mirarlas.

-Bueno.-dijo extendiendo las manos hacia delante y rió bajo.-No quiero entrar, mejor nos vemos en el mío.-murmuró acomodándose en el asiento.-Porque no quiero volver a sentirme como en el pasillo de instituto.-había sido un golpe bajo, pero es que yo era mucho más joven que él y tenía una visión distinta del mundo.-Yo podría ayudarte, bueno sí quieres darle un tono menos adolescente alguna vez.-comentó con ese modo amable de hablarme, ese modo que me enloquecía.-No tendría que ser un estilo, nada que pareciera un montado de escenografía, pero que tuviera una cierta imagen.

-De acuerdo.-dije con una sonrisa mientras aparcaba en la cera de mi apartamento, en el lugar de mi parking.-Anda, vamos.-comenté bajando y abriendo su puerta.-Deseo que lo veas de una vez y me des tu opinión.-no estaba tan desastroso, simplemente tenía un lugar pequeño donde tenía un diminuto gimnasio.

Bajó apoyándose en mi mano sin soltarla hasta el ascensor. Intentaba tratarlo con caballerosidad y cortesía. Era tentador no poder tomarlo por la cintura y besarlo. Él me había puesto límites, pero él mismo los destruía.

Estaba extremadamente amable, además de dulce, y esa colonia que llevaba me estaba envenenando el alma. Debía de controlarme, aunque no era sencillo y mucho menos por como me tomaba de la mano. Al abrir el ascensor di justo con la puerta, eso era lo que más me gustó del piso. No me gustaba caminar pasillos angostos y casi sin luz. Era mejor estar cerca de las escaleras y ascensor.

-Pasa.-dije encendiendo la luz del pasillo que daba a un lugar para dejar los zapatos, inmediatamente me los quité... era costumbre en mí.-Vamos.-dije tomándole de la mano tras cerrar la puerta.-Te muestro la casa.

Era un salón, una cocina con una mesa para comer pequeña, ya que el comedor lo convertí en un lugar para entrenarme, el dormitorio principal, uno pequeño de invitados que usaba como diminuta oficina y el del bebé. Todo con ventanas de seguridad y doble hoja, eso lo hacía seguro para mi hijo. El baño me gustaba, sobretodo porque tenía bañera y no plato de ducha. Sin embargo, era una bañera pequeña.

-¿Por qué no usas el cuarto de huéspedes para el gimnasio?-interrogó analizando mi hogar aún desde la entrada.-Limpiarías mucho espacio.-susurró dando un par de pasos.-Olvídalo, es tu hogar.

-Es que era el comedor, pero no has visto el detalle.-dije tomando las puertas corredizas y tadá, todo oculto.-¿Ves? se cierra y queda oculto... además fijate en las vistas que tengo en mi pequeño gimnasio.-al abrirlo le tomé de la mano y lo llevé frente al enorme ventanal. Esperaba que se diera cuenta de que mi balcón daba al suyo.-Amo estas vistas... las amo... al fondo está el mirador.

-Bueno.-susurró.-En eso tienes razón y al final de cuentas se trata de mantener cómodo donde pasas mayor parte del tiempo.-dijo sin percatarse del detalle.-Vamos, enséñame el resto de la casa.-se llevó las manos a la cabeza.-¡Dios! ¡Dejé los zapatos en el auto!-él se rió y yo exploté en carcajadas. Pensé que se había dado cuenta que iba descalzo, era él y no yo el que no llevaba zapatos.-¡Estoy tan acostumbrado a caminar sin ellos que no lo note!

-Tienes bonitos pies, es un crimen dejarlos encerrados.-comenté aproximando mis labios a su rostro, no podía controlarme demasiado, pero el beso fue a su mejilla y lo tomé de la mano para que me acompañara.-Este es el salón, pero luego te lo muestro mejor.-dije metiéndome en el cuarto del bebé.-Me dirás que mi padre no dibuja bien... y pinta.-era un lugar completamente azul con pequeñas constelaciones con una pintura que brillaba en la oscuridad y varios globos aerostáticos... un satélite y la luna justo donde salía el foco de la luz.-¿Quedó bien?

-¡Es genial!-gritó de forma sorpresiva girando observando todas las estrellas y todo el decorado en sí.-Tu padre tiene mucho talento.-susurró asombrado aún.-¿No querrá ir a mi recámara y hacer algo?-interrogó clavando sus ojos en las estrellas, él era mi estrella.-Será un bebé muy atento, tanta estimulación le hará bien.-dijo con una sonrisa en sus labios.-Tienes una linda casa Hiza.

-Si vieras el de Jun... es como una selva.-comenté girándome hacia él y sonreí.-Creo que pintar le relaja, seguro que si le digo que un amigo necesita ayuda va. Además le caíste bien cuando le conté lo adorable que te pones.-dije palmeando su cabeza.-Anda vamos, te mostraré mi cuarto para que veas que no soy tan desastroso.-era una cama enorme, había un mueble para mis trofeos, también un rincón para el ordenador y en esa pared había varios poster de motos y tras la puerta uno de fútbol... de la selección del país.

-Eres todo un chuletón.-dijo carcajeándose al ver mi cuarto.-Te juro que sólo te falta el juego de video ¿o dónde has escondido la Xbox?-interrogó apartándose un poco de mí.-Anda se lindo y acompáñame a cruzar la acera, tengo que bajar por mis zapatos antes y no puedo caminar por el asfalto descalzo.

-¿Qué? ¿ya?-dije apartándome un poco más para ir de debajo de la cama para agarrar la xbox, la wiii.-¿Que si tengo videojuegos? me los compro todos, consigo dinero de una u otra forma.-comenté señalando los grandes premios nacionales de Karate y Aikido.-Vamos fuera, te muestro el equipo de sonido.

-Eres un niño Hiza.-dijo riendo saliendo de la habitación.-Y ahórrate el discurso de los watts y los amperes, que no entiendo nada de eso.-comentó quedándose en el salón.-A mí con que no vibre con los bajos que tiene el jazz me es suficiente.

Verlo reír me incitaba a tomarlo por las caderas y pegarlo a mí. No sé porqué pero ya exploté. Tuve que besarlo de forma lenta mientras inmiscuía mi mano bajo su camisa. Se sentía en otro mundo, era como tener todo lo que había esperado durante semanas. Volver a estar pegado a él de esa forma bien valía un fuerte bofetón.-Te echaré de menos estos días.-susurré separándome mientras lo observaba y acomodaba bien sus cabellos.

-Hiza... creo que es buena idea irme a casa...-susurró algo avergonzado mientras se retiraba, tenía la mirada gacha y parecía un animalito asustado.-Gracias por todo... te veré cuando regrese ¿Sí?-caminó solo hacia la puerta sin levantar la mirada.

Lo tomé por la muñeca y lo giré hacia mí para alzar su mentón. Me quedé en silencio observándolo para volver a besarlo. No se escaparía, no quería que se fuera. Lo puse acorralado con el muro y mi cuerpo, acariciaba su espalda por debajo de la ropa.

-Quédate, por favor.-dije rogándoselo mientras buscaba de nuevo su boca. Lo besaba pero de forma tierna, no quería que pensara que eso lo hacía únicamente por mis hormonas.

-¡Hizaki déjame!-gritó como respuesta cuando imaginé algo bien distinto.-¡Quítate!-dijo empujándome.-¡Déjame!

-Pero... -dije bajando mis manos y dándole espacio.-A veces pienso que juegas conmigo, que me incitas y cuando pierdo la cabeza me doy cuenta de mi error... todo porque te hago sentir mal.-acaricié su rostro y comencé a llorar en silencio. Era imposible tenerlo, me debía de hacer a la idea de sólo mirarlo.-Sé que piensas que esto es por un capricho... pero no es así.

Se dio media vuelta encaminándose hacia la salida. No le seguí porque no quería complicar más la situación. Por unos segundos pensé que era lo mejor, pero después fui tras él corriendo. Primero fui a por sus zapatos, para luego llevárselos antes de que se encerrara en su piso. Era mucho más rápido que él y estaba descalzo, por eso me dio tiempo a llegar antes que cerrara la puerta de su edificio.

-Te olvidaste de esto en el coche.-dije intentando mantener la calma.-Se ven cómodas, ya sé que comprarte la próxima vez.

-Te veré en un par de días...no olvides hacer la cita con las chicas...-esa fue su despedida, las últimas palabras que escucharía en días.

-De acuerdo, no lo olvidaré.-dije algo confuso después que me diera con la puerta en las narices.

No me gustaba que se despidiera así de mí. Pero al menos le pude robar un par de besos para consolarme esos días. Me regresé a mi apartamento y a media noche me llamó Hero. No podía dormir y me preguntaba si podía hacerlo en mi vieja habitación. Le contesté que sí... que podía hacerlo. Después me quedé dormido tras meditar un buen rato.
La mañana siguiente fue de compras con mi hermano pequeño. Ambos comprábamos cosas que creíamos que necesitaría el bebé, también tenía en cuenta lo que había llegado bien temprano en paquetería. Hero no paraba de ilusionarse al ver tantos peluches, así que terminé por comprarle uno de los que vimos para el pequeño Takumi.

-Mamá te matará.-dijo con una sonrisa.

-Pero si ya acabaste las clases.-repliqué acariciando sus cabellos.

-No, no te matará por eso.-comentó girándose para ir hacia un kiosko cercano.-¡Por esto!-gritó alzando las revistas que tenían en portada “nuestro romántico paseo por la playa”.

-Soy hombre muerto.-murmuré en un balbuceo.

-¿Estás saliendo con el amigo de mamá al final? El zanahoria sale guapo.-dijo abriendo la revista.-Hace que me replantee mi sexualidad.

-¡Hero!-grité molesto intentando poner en orden mis pensamientos. No era la primera vez que salíamos en una revista, sin embargo esta vez estábamos en portada.

-¿Van a comprar las revistas?-dijo la señora que se encontraba haciendo ganchillo tras el mostrador de aquel cubículo.

-¡Sí! ¡Mi cuñado sale guapo aquí!-gritó mi hermano alzando los brazos mientras brincaba.-¡Sí! ¡Sí!

-¡¿Quieres una hostia Hero?!-pregunté molesto quitándole la revista de las manos para dejarla en su lugar. Lo tomé de la mano y lo llevé lejos del kiosko. Comenzó a llorar hipando y eso me rompió el alma en dos.-Lo siento cariño.-dije arrodillándome frente a él.-Lo siento mucho.-acaricié su rostro secando sus lágrimas.

-Perdóname.-murmuró aferrándose a mí.

-No, perdóname tú pequeño.-susurré tomándolo en brazos.-Te compraré un helado antes de ir a tomarme medidas a casa de Olivier.-dije su nombre de manera formal, lo había hecho por primera vez en muchos días sin un tono dulce o su abreviatura.

-Lo quiero de chocolate y almendra tostada.-dijo ya más calmado mientras lo mantenía pegado a mí en brazos.

Pesaba poco, era demasiado delgado y pequeño para su edad. No me costaba llevarlo en mis brazos las pocas calles que nos separaban del loft de Oly. Su cabeza estaba apoyada en mi hombro y al pasar por una heladería me tomó del rostro sonriéndome.

-¿El helado?-interrogué y él asintió.-De acuerdo.-lo bajé y me ofreció la mano para que la tomara.-Dijiste que lo querías de chocolate con almendras ¿no?

-Sí y con chocolate blanco fundido por arriba.

Entramos en la pequeña heladería y colocó sus manos sobre la cristalera donde se mostraban las muestras de los sabores. Yo sonreí al verlo tan ilusionado con aquel helado. Pocas cosas le hacían feliz y muy pocas eran tan baratas.

-Buenos días señor Wilde.-escuché mientras decidíamos los helados que tomaríamos.

-Buenos días Mel.-respondió un hombre que me resultó tan familiar que me dio escalofríos. Al instante me di cuenta de quién se trataba. Era Paulo Wilde, el escritor de origen londinense, no entendía bien porque se le relacionaba tanto con mi padre en esos días. No tenían mucho parecido, aunque ambos eran unos sibaritas del arte y la ropa de diseño. También eran bisexuales, pero eso era otro mundo a parte.

-Usted es el escritor Paulo Wilde.-dije sin salir de mi asombro.-Soy Hizaki Sakurai de la Rosa, para mí es un honor encontrarme con alguien como usted en esta ciudad.-estiré mi mano y él la estrechó.

-El hijo mayor de Atsushi.-susurró con una sonrisa antes de colocarse las gafas con su mano libre, la otra era estrechada y sacudida por mi parte.

-Le vas a romper el brazo.-dijo Hero mirándonos con atención.-¿Y mi helado?

-¿Puedes soltar mi mano? Verás tengo un alto aprecio a mi brazo y mano derecha.-sonrió de forma muy afable y yo quedé clavado en el sitio.

-Disculpe, le debo parecer un idiota.-dije rascándome la cabeza algo nervioso.

-No sabía que era fan de mis escritos.-comentó.

-Yo soy fan del helado ¿y mi helado? ¿quieres dejar de ligar con el gafotas? Olivier se molestará si sabe que le pones los cuernos con este rubio de piel color polvos talco.-mi hermano tenía una forma fresca de decir las cosas que me sonrojaban y me hacían sentirme en evidencia.

-Oh, ¿quieres helado?-preguntó Paulo acariciando sus cabellos.-Te invito a uno, eso sí deseas ser amigo de un gafotas rubio de piel color polvos talco.-sonrió nuevamente colocándose las gafas.

-¿Sí? ¡Bien! ¡Hoy tomaré doble ración de helado!-hizo la señal de victoria y sonrió.-Jamás olvidaré que hayas sido tan amable.

Mi hermano no tenía idea por ese entonces de quién se trataba, pero poco después entró en una etapa más adulta y él mismo se avergonzó de haber tenido ese comportamiento tan infantil frente a Wilde. Era un hombre extraño, elegante y a la vez perdido como cualquier nuevo pardillo en el instituto. Su marcado acento inglés le daba un toque elegante, distinguido y distinto al resto. Era la clase de hombre que me atraía. Olivier era europeo también, alguien con estilo y distinto al resto. Sin embargo, Paulo me estimulaba mentalmente con sus historias tan sorpresivas y únicas.

-Por favor Mel.-dijo Paulo con una sonrisa colocando sus manos sobre los hombros de mi hermano.-Para el pequeño un helado de tamaño grande.-lo miró y sonrió.

-¡De chocolate y almendras!-pegó sus manos al cristal.

-Y para el joven.-se giró hacia mí.-¿Qué deseas?

-No, yo no deseo nada.-respondí.-No tiene que ser amable por ser amigo de mi padre.

-Oh, un joven con orgullo.-dijo con una sonrisa girándose de nuevo hacia la chica que preparaba los helados.-Mel para el joven orgulloso tan sólo un refresco y a él ya le has escuchado.

-Ahora mismo.-sonrió la mujer tomando el recipiente de galleta de tamaño grande y comenzó a dejar las bolas de helado, para luego echar por encima las almendras.-¿Quieres chocolate caliente por encima?

-Sí, lo quiero de chocolate blanco por favor.-respondió mi hermano con una sonrisa.

-Paulo, si no le importa el helado y el refresco lo pagaré yo.-no quería que alguien que admiraba por su trabajo y, a penas conocía, me pagara un capricho.

-Hizaki.-susurró girándose para quedar frente a mí.-Me pareces un joven agradable y orgulloso, algo admirable sin duda, pero deseo invitarte al igual que a tu hermano.-sonrió de forma agradable mientras colocaba bien sus gafas.-Acepta mi invitación no sólo a un refresco sino a mi amistad.

-¿Vale tanto mi amistad?-interrogué.

-He escuchado sus canciones en la radio, son pegadizas y empezaron hace tan sólo unos días a emitirse. Muchos dirían que has tenido mucha suerte al tener el padre que tienes, otros te odiaran por ello y la gran masa verá un producto deseable.-sonrió más abiertamente y dejó una de sus manos sobre mi hombro.-Son buenas letras, ya que he conseguido que me las tradujeran a inglés.

-¿Lo dice de verdad?-pregunté ciertamente emocionado.

-¡Helado!-gritó mi hermano alzando los brazos con el helado en sus manos.

-Sí.-dijo conteniéndose las carcajadas que inevitablemente salieron de sus labios.-¿Siempre eres tan enérgico pequeño?-preguntó acariciando sus cabellos.-Hizaki tu refresco.

-Sí, sí.-dije tomándolo mientras aceptaba que alguien como él pudiera ver talento en mí.

-¿Usted no desea nada Mr. Wilde?-preguntó la joven.

-Ah, sí.-comentó con una sonrisa apoyándose en el pequeño mostrador.-Deseo un té de menta helado.-su acento inglés no era lo único traído de Londres, también llevaba el prototipo de amante del té y seguramente de sus propiedades.

-Ahora mismo.-respondió y esperó a tenerlo entre sus manos para girarse hacia nosotros, sorbiendo por la minúscula cañita de colores chillones.

-¿Nada más?-interrogó.

-No, gracias.-dije aún asombrado de que fuera una persona tan extraña, aunque siempre parecía encantador en sus ruedas de prensa y pequeños coloquios sobre literatura moderna.

-Bien Mel, puedes darme la cuenta.-dijo girándose hacia la muchacha y esta se sonrojó.

-Son ocho con veinte.-susurró algo nerviosa.

-Cóbrese nueve.-dijo tomando su mano para dejar las monedas que sacó sueltas de su bolsillo.

-Aquí hay diez euros.-tartamudeó.

-Oh, entonces quédese los diez.-respondió caminando hacia la salida.-Un placer Mel.

Nosotros le seguimos ya que él parecía esperarnos fuera. Hero estaba engullendo el helado manchándose los bordes de la boca y los dedos. Parecía un niño pequeño en vez de un preadolescente.

-Verás Hizaki.-dijo sacando su móvil para mirar la hora o tal vez alguna llamada importante.-Como decía.-me miró a los ojos y sonrió.-Me parece interesante e intensa la forma que tienes de expresarte.

-Gracias.-dije abriendo la lata de refresco mientras meditaba sus palabras.

-Tienes la posibilidad de desarrollarlo en un ámbito más allá de una simple canción, creo que serías un buen escritor.-echó a caminar.-¡Piénsatelo!-dijo moviendo la mano en forma de despedida.

-Que tipo tan raro.-masculló Hero con la boca llena.

-No es raro.-le reprendí.

-Dice que tienes talento, por lo tanto me parece raro. Tiene gustos muy raros.-le di un golpe al escuchar aquello y él se sobó la cabeza.

-¡Idiota que duele!-gritó.

-Pero si sólo te he rozado, eres un quejica.

12/1/10

Madurar IV


-Gracias.-sonreí observando los gatos.-Hero ama los nekos, mamá no le deja tener ninguno y rabia porque todos los niños tienen mascotas menos él.-comenté cerrando los ojos un instante y suspirando.-Supongo que es lo único malo que se tiene si vives bajo el techo de una maniática de las cosas caras...

-Bueno Hiza...-susurró interviniendo mientras clavaba sus ojos al frente.-en su casa, por lo tanto ella es la reina y dicta las normas.-sabía que hablar de mi madre le incomodaba y siempre intentaba quedar en un termino medio.-Ven.-dijo cambiando de dirección.-Vamos a comer algo.-comentó mirando los locales de comida que estaban al fondo de aquella zona comercial.-¿Qué quieres comer? me niego a dejarte ir a tu casa sin comer antes

-Me alegro que preguntes, me muero de hambre.-comenté.-Yo me pido una pizza de cuatro quesos con salsa chili.-dije señalando la pizzería.-Allí está bien, se come bien la verdad. Pero nunca he venido, siempre suelo pedir por teléfono.-el nombre del local era muy conocido, había como unos seis y todos estaban llenos siempre. Pero aún no eran las dos, hora punta, sino que un poco más tarde y había algunos sitios libres de puro milagro.

-Bueno, vamos.-dijo conforme mientras me acompañaba aferrado a mi brazo.

Entramos en el lugar dejando las bolsas a un lado de la mesa, en todo el fondo. El camarero vino tras un par de minutos. Yo me quedé en silencio mirando las pizzas nuevas que había y sus ingredientes.

-¿Qué desean?-preguntó el chico observándonos fijamente con unos ojos enormes y azules. Era el tipo de ojos que me gustaban, parecía los de un gato buscando una pequeña presa. Sin embargo mi instinto decía que era todo menos homosexual o bisexual.

-¿Pides tú una grande y yo te robo un pedazo?-me preguntó mientras dejaba el pequeño bloc con el menú sobre la mesa.-Eso sí, un agua mineral sí quiero.-dijo comunicándoselo al camarero para que anotara.

-Ah no, tú vas a comer bien.-dije mirándole con cierto aire de superioridad, sólo me sacaba unos años y además yo le sacaba unos cuantos centímetros y mucha testarudez.-Una familiar de cuatro quesos, salsa chili y extra de pollo.-el muchacho asintió.-También dos cocacolas para mí y un agua mineral mediana para él.-siguió anotando.-Luego deseamos dos helados de estos.-señalé el dibujo que había, era un helado de tres sabores con cacahuetes por encima.

-De acuerdo, todo anotado.

-¡Hiza!-casi comienza a llorarme como lo hacía mi hermano Hero.-Tú quieres verme como una vaca, ya lo vi todo.-dijo suspirando después.-Seguro que tu padre te dice que no como bien, se lo dice a todos.-frunció el ceño y alzó el brazo moviéndolo como si eso fuera agresivo en un pitufo como él.-¡Pero es mentira!-alzó un poco el tono de voz para luego mirarme fijamente.-Si como bien, más ahora que aprendo a cocinar para él y pruebo todo para saber si está bueno.-suspiró.-¿Cocino bien verdad?-frunció el entrecejo fulminándome con la mirada.

-Sabes que como cualquier cosa, incluso ladrillos.-respondí.-Aunque he de decirte que ya no necesito tanto bicarbonato.-reí a carcajadas.-Dios recuerdo las primeras galletas... eso no eran galletas, eso era armas de destrucción masiva.-palmeé su cabeza.-Gatito, tú tranquilo que seguro que mi padre se come todo.

-¡Cruel!-dijo riéndose.-Sólo que con esas me paso que le eche más sal que azúcar, fue un error tonto.-desvió la mirada algo pensativo, pero feliz.-Además he hecho cosas buenas.-sentenció dejando sus manos sobre la mesa.-Lo que pasa es que tu padre es muy tiquismiquis con la comida.-estaba algo sonrojado cuando dijo aquello. No sé porqué lo hizo, tal vez por algún desastre que había hecho.

-Mi padre es como yo, un saco sin fondo. Pero ahora intenta no pasarse con todo lo que come, simplemente quiere seguir con la figura que tenía con veinte años...-observé a. chico llegar con el pedido y tomé un trozo para saborearlo.-Come o te juro que hago que te lo tragues.

-Intenta que coma por las malas y te doy un pellizco del que te acordarás toda la vida.-comentó con una sonrisa mientras abría la botella de agua para darle un sorbo. Tomó entonces uno de los pedazos aunque no estaba conforme.

-Oye ¿qué te parece el nombre de Atsu para mi hijo? crees que tendrá tan malas pulgas como mi padre?-di un sorbo al cocacola para engullir un trozo tras otro. No tenía fondo, cuando lo decía era por algo.

-Es un nombre lindo, y seguro que a tu padre le haría ilusión.-se quedó pensativo y entonces me miró fijamente con aquel trozo en su mano, casi no le había dado un mordisco.-Pero... no es sólo decisión tuya ¿no?-una de las empleadas de la pizería no paraba de pasearse frente a nosotros.-Sí, tu padre tiene razón.-comentó alzando una ceja.-Eres un rompecorazones.-comentó señalándola.-Pero igual no le da pretexto para celarme, bueno... el me cela con todos en realidad.

-Ya te dije que no voy a permitir que ella se acerque, ya firmó un contrato por el que cede todos sus derechos sobre el bebé.-me molestaba que me dijera que ella también tenía poder sobre el niño, niño que quiso abortar y me pidió a mi el dinero.-Y sobre los celos, que le den... últimamente no te hace caso

-Sí.-susurró.-Últimamente estoy después de todo, y más no me deja salir. Comienzo a sentirme como un preso.-me tomó de una de mis manos y dio un mordisco de la pizza.-En cuanto a ella... es cierto que lo que quiso hacer fue algo horrible.-frunció el ceño y me miró a los ojos.-pero... bueno, nunca se saben las vueltas que da el mundo, por el mismo bebe debes intentar llevarte más o menos bien.-sus dedos acariciaban mi mano mientras yo intentaba no sofocarme, quería irme de allí en ese instante. No deseaba llevarme con ella, la detestaba.-y en todo caso nosotros tenemos experiencias con bebes así que no lo puedes dejar cuando estés ocupado ¿de acuerdo? es más, puedes quedarte perfectamente en casa.

-No, el niño es mi responsabilidad.-dije bastante serio.-Es mío y no voy a permitir que otro lo cargue. Parecerá egoísta, pero es lo único bueno que me queda de esa relación. No pienso perderlo, al menos él me recordará los buenos tiempos y no los que vivo ahora.-últimamente mi madre estaba en contra de mis deseos, me veía como alguien que no sabía dirigir su vida, Oly seguía sin ceder ni un paso hacia delante y yo ya estaba desesperado.

-Sé que eres responsable Hizaki. Pero un bebe es mucha presión para criarlo solo, eres muy joven aún.-siempre escuchaba lo mismo, siempre. De boca de quien fuera escuchaba lo mismo.-deja que te ayude ¿de acuerdo?- dejó de agarrarme la mano para continuar comiendo.-Sirven pedazos muy grandes de pizza en este lugar.

-No y punto.-respondí.-Cambiemos de tema mejor.-comenté recostándome en la silla.-¿Cómo podría conquistar a Oly? he hecho todo lo posible y nada.-no quería confesar lo que él me había dicho, pero necesitaba que me aceptara un poco...al menos caricias.

¿Tú le quieres o simplemente te gusta? Hay mucha diferencia entre una cosa y otra.- alzó de nuevo una de sus finas cejas y me miró fijamente.-No me digas que lo único que quieres es meterte en sus pantalones, porque me decepcionarías mucho.-se cruzó de brazos mirándome de forma severa.

-Cómete eso.-dije arrimando el plato hacia él.-Ahora, no me hagas tratarte como a mi hermano pequeño.-no había comido a penas nada, eso me preocupaba.-Sobre Oly digamos que ambas cosas. Quiero tenerlo para mí, cuidarlo y también hacerlo. Joder que soy un cumulo de hormonas y es normal.-di un trago al cocacola y me quedé mirándole fijo.-¿O es que tú no tienes ganas? ¿o es que no las tiene mi padre? es normal.

-Claro que sí.-suspiró después de decir aquello.-Seguro que tu padre te dijo como empezamos nosotros.-no lo había dicho, tan sólo dijo que le quería a él y no a nuestra madre.-Lo nuestro fue del sexo al amor, pero así en realidad no es lindo.-bajó la mirada mirando la pizza que había frente a él.-Es ofensivo pensar que te quieren sólo por eso, a mí me gustan los chicos románticos, detallistas pero sin presión alguna.

-Veamos le he comprado algún detalle, le he invitado, le he llevado a pasear, cuidado cuando se lastimó el tobillo e invitado por último al teatro que será esta noche.-tomé aire y lo dejé escapar.-Dios es que... ya no sé que hacer. Además él más de una vez me ha dejado besarlo, pero luego me rechaza. Es extraño... incluso tuvo celos de Miho.

-Ay...Hizaki...-negó con la cabeza susurrando aquello.-Te cela y mira como se porta contigo, yo creo que le pones nervioso y dudoso tal vez.-sonrió un poco y me miró a los ojos.- o a lo mejor tiene algo en común con Jasmine, y es que le daba miedo estar con alguien de forma seria. Pero eso no significa nada, tú has visto como es Jasmine con Kamijo

-Te digo que no es eso. Él tiene miedo de salir con alguien, aunque no sea de forma seria.-no quería decirlo, pero no me entendería quizás.-Su pareja lo destrozó a golpes más de una vez, su ex pareja...para colmo también era asiático.-apoyé los codos en la mesa con la mirada llena de furia.-No me quiere decir donde vive... pero nada más me lo diga te juro que le crujo.-mis nudillos resonaron y mi mal humor apareció.

-¡Ni se te ocurra!-se puso bastante nervioso por mi amenaza.-¡Dios! ¡Eres igual a tu padre!-exclamó tomándome de las manos.-No sabéis arreglar las cosas hablando y los dos igual de vengativos, entre otras cosas. Además por cosas así luego tenemos todos famas de Yakuzas.-estaba molesto, mucho, y terminó tomando agua intentando calmarse.

-No merece estar vivo.-respondí a sus palabras.-Le golpeaba por todo y eso ha hecho que tema a cualquiera que se acerca a él. Por su culpa no vive de forma plena, por miedo.-tomé el trozo de pizza que no quería y miré la carta de postres, tenía hambre.

-Las personas reaccionan de distintas maneras a las situaciones.-dijo tras suspirar y negar con su cabeza.-pero más violencia no enmendara nada y ademas puedes meterte en un lío gordo Hiza.-levantó entonces la mano para que el camarero viniera a atendernos.-¿Nos traes dos helados de vainilla por favor?-me quitó la carta y miró los postres.-Además también quiero un brownie.

El chico sólo asintió anotando todo en su libreta y caminó hacia donde estaba su compañera para que preparara el pedido. Mientras yo intentaba calmarme y dejar de pensar en ese montón de estiércol.

-Lo sé, pero no quiero que quede todo como si nada.-había agarrado la lata y la hice añicos aplastándola. La dejé en un lado y miré fuera, hacia la calle.-No quiero que mi padre sepa nada, no de Oly sino de lo que pasó con él. Esto que te he dicho lo debes olvidar.

-Yo como si estuviera muerto y no hubiera escuchado nada.-sonrió de forma amable intentando quizás relajar el ambiente.-Pero de todas formas él no tiene porque avergonzarse por ello. Él fue una víctima y no tuvo culpa de nada.

-Victima o no eso haría daño a su orgullo, también es un secreto.-cerré los ojos un instante y le miré fijamente.-¿Sabes? me vuelve loco, sobretodo cuando duermo con él... tiene ese aroma que te engancha.

-Entonces eso debería bastarte para que no buscaras enfrentamientos.-intentaba aconsejarme sin apartar su mirada hacia la mía.-Oye Hiza, ¿trajiste tu auto? es que Atsushi no sé que hizo con las llaves del mio.-aceptando el postre que acababa de llegar. Sonrió al chico y yo hice un ademán con mi cabeza.-Me mareé una vez manejando y ahora todos piensan que no puedo hacerlo.-bufó y clavó la cucharilla en el helado.-El caso es que hoy era día de visitas donde Seth y ya había faltado el otro día para llevar a Jun al odontólogo, que con lo de los dientes se ponía frenético.

-Terminemos el postre y te llevo donde quieras.-dije colocándome un cigarrillo en los labios y lo prendí. Era la misma marca que los de mi padre, los necesitaba.-Tiene que estar al llegar.-murmuré con el pitillo tambaleándose en mis labios.

-La misma mala manía de tu padre.-frunció el ceño echándose hacia atrás en el asiento.-Verás, quiero ir a ver a mi hermano a la clínica.-dijo mirando mi cigarro como si pudiera tener poderes especiales para apagarlo.-Por cierto, ¿no sabes tú donde escondió tu querido padre mis llaves?-comenzó a toser y me sentí mal por estar fumando frente a él.

-Lo siento.-dije apagándolo en el cenicero y eché el humo por la nariz observándole.-Pues no tengo idea, la verdad.-era una mentira piadosa, yo mismo la tenía en la mesa de mi habitación.-¿Qué edad tiene tu hermano? me habló poco mi padre de él.
-A saber donde me las puso.-chasqueó la lengua y me miró algo ilusionado comenzando a describirme a su hermano.-Tiene diecisiete años y la gente dice que nos parecemos, pero el condenado es más alto.-me miró calculando estatura y sonrió.-Como de tu estatura vamos.-yo tomaba un poco de helado mientras me comentaba todo aquello, era algo que le hacía olvidarse de los malos momentos y sabía que escucharlo le daría tranquilidad.-Es algo desordenado, pero muy bueno cuando quiere y malísimo para los números.-sonreí cuando dijo aquello, porque a pesar que se me daba bien componer y escribir... amaba la economía, si bien no quería dedicarme a lo que mis padres decían.-Pero le pones a pintar o tocar algo en guitarra y es un Dios; las artes visuales y la música son lo suyo.

-Me gustaría conocerlo.-mi padre me había dicho que era un chico que estaba traumado, que parecía no poder recuperarse de un golpe duro como fue la perdida de su madre, tan cercana a la de su padre. Era lógico. Mi padre tampoco pudo recuperarse en absoluto de la muerte de la abuela. Mi madre siempre me decía que en ocasiones se echaba a llorar o simplemente compraba sus flores favoritas, sólo para quedarse contemplándolas durante horas.-Me hizo gracia encontrar porno en el pc de papá, todo por su culpa.

-¡Si!-dijo alzando la voz para luego comer más helado.-Y eso que el necio no me admitía que era gay.-arrugó la nariz y sonrió.-bueno bisexual, porque le pasa por el lado una mujer y se rompe el cuello para verle el culo.-se echó a reír a carcajadas y yo le secundé. Un buen trasero era un buen trasero.-Aunque las últimas veces que he ido esta como algo triste, pero el doctor dice que se le pasará cuando salga y volverá a ser el mismo ególatra descarado de siempre.

-Pero curado.-recalqué. Intenté desviar el tema de las drogas y los demás problemas que él sufría en otro tema que me interesaba.-¿Piensas que puedo agobiar a Oly? es decir, demasiados regalos y caprichos para alguien que... sólo me deja como mucho rozar sus labios

-Pues...-se quedó pensativo con su cuenco casi vacío, mientras el mío aún estaba repleto.-Si no le gustas sera un fastidio.-suspiró como si eso hubiera pasado en su vida.- pero no creo que no le gustes por lo que me has contado... creo mas bien que le pones nervioso y no sabe como actuar. Por eso mismo que le paso.-hacía referencia a los golpes de su ex, ex que quería sacudir durante horas.-A los chicos nos gustan los regalos, sea como sea, pero darle muchos regalos puede hacer que se sienta presionado a darte algo...-yo sólo quería que aceptara una oportunidad, poder besarlo lentamente durante horas y perderme en su perfume.-No sé si me entiendes...

-Sí.-susurré recostándome bien en la silla.-Supongo.-estaba inquieto porque lo último que quería que pensara era eso. No deseaba por ningún momento que quería tener su corazón de esa forma, simplemente me comportaba con él como si fuera mío.-No es por conquistarlo, no lo hago de esa forma... por momentos olvido que es sólo mi amigo.

-Bueno Hizaki, no quieras adelantar las cosas, se suave con él.-siempre quería ir despacio pero las ganas me hacían olvidar el plan.-Entiende por lo que pasó.-siguió comiéndose el helado mientras me miraba y meditaba.-Tengan citas, han salido a caminar juntos, comer helados ¿o algo así?

-Sí, hemos tenido.-murmuré.-Quiero mostrarle mi lugar favorito y demostrarle que es especial... pero.-cerré los ojos un momento y luego le observé.-Cuando lo abrazo, cuando me consiente que bese su rostro o cuando se queda dormido pegado a mí... no veo diferencia entre eso y ser pareja. He sentido celos, y lo peor de todo es que me siento su dueño sin serlo.

-Digno hijo de tu padre, que herencia tan fregada tienes.-me tomó del rostro y acercó el suyo.-Eres muy lindo Hizaki, además eres una persona encantadora.-se alejó después de acariciarme como si fuera una propina por portarme bien con Olivier.-Yo lo sé.-sus palabras por un instante me recordaron a mi madre, al igual que sus acciones.-Así que...-chasqueó los dedos y rió.-demuéstrame tu lado seductor, piensa que yo soy Oly.-sonreí ante eso, pero ya lo había sido.-¿Qué le dirías para ir más en serio?

-Ya he sido seductor, créeme que no funciona.-ya estaba resignado, pero le compré los regalos y ahora no sabía si dárselos. No era mi pareja, sin embargo lo veía y lo sentía mío.-Además coquetea conmigo y luego se escabulle.

-Entonces es tímido.-sonrió de forma maliciosa y me miró fijamente.-Insinúate, tómale mucho de la cintura y esas cosas.-lo típico que hacía.-Ya sabes, meros roces al caminar a ver como reacciona.-terminó de comerse el helado y comenzó con su dulce.

-Me toma del brazo para caminar, me deja abrazarlo en la cama y dormir con él. Créeme esos roces ya están.-seguía comiendo el helado, pero de forma pausada, no como la pizza.-Nos hemos besado un par de veces, pero me dice que eso no lo hacen los amigos... mi replica es que no lo seamos... y responde que no es lo que merezco.

-Demuéstrale que te importa, que te interesa, unos regalos y detalles monos no conseguirán eso.-alzó una ceja y me miró de nuevo con aquellos ojos acusadores.-Una relación necesita más que eso.- dejó los platillos a un lado y el camarero vio el movimiento viniendo hacia nosotros.-¿Vamos Hiza?-me extendió la mano mientras pagaba el tiket de todo lo que habíamos comido.

-Phoenix, eso ya lo hice.-dije tomando su mano para luego agarrarlo por los hombros, engancharlo como hacía con mi padre o con mis amigos.-Dijo que le diera tiempo... pero esperaba al menos que me permitiera besarle.

-Bueno...puedes entonces enseñarle como son los besos de los Sakurais-sonrió algo rojo al decir aquello.-A mí me gustaría conocerlo, se oye como una persona linda.- me pellizcó la mejilla como si fuera un niño y luego me dejó un beso en ella.

-Sí, no sé como mi madre tiene amigos así.-comenté como si nada.-Además, hace unos meses tuve unos sueños raros.-murmuré.-No les di importancia hasta que supe su nombre y que venía a la ciudad.

3/1/10

Madurar II



Cuando me quise dar cuenta había tirado de mí haciéndome correr tras él. Sin duda me gustaban otro tipo de chicos distintos a Phoenix, Olivier se hubiera muerto antes de hacer eso.

-Tengo que decirte las razones del porqué de una de las direcciones.-comenté.-Pero no quiero que se lo digas a mi padre, creo que no le agrada esa persona por el simple hecho que es una amistad de mi madre.-argumenté mi razonamiento, pero en realidad no quería verme con nadie. Así era mi padre, en cierto aspecto no quería que me descentrara de mis estudios aunque ya lo había hecho. Yue tuvo un pase porque le recordaba a Uta, nada más.

-Déjame adivinar.-dijo con una sonrisa.-un chico.-rió mirándome de reojo.-Pero si vas a tener un hijo no puedes pretender seguir de juerguista Hizaki.-comentó aquello como si no lo tuviera en cuenta, en realidad todos pensaban que yo era un imbécil con las hormonas revueltas.-Te lo digo yo que he madurado mucho desde que tengo a Jun conmigo.-caminábamos hacia el hall de un edificio.-Este es el primero, es en el tercero.-comentó girándose hacia mí.-¿Vamos por las escaleras? Es que he engordado en estos días y tengo que bajas los kilos de más.

-¿Quién te dijo que tan sólo lo quiero para un rato?-interrogué haciendo que se detuviera.-Y por favor no empieces tú también con la tontería. Olivier esta hecho piel y huesos, pero aún así se llama obeso, no empieces tú también.-le estaba echando la bronca aunque fuera menor que él.

Se detuvo prácticamente en seco y se mordió los labios mientras me escuchaba. Al final tomó mi mano y caminó hacia unos bancos. En la primera planta, como bien había dicho, había locales comerciales de todo tipo aunque eran numerosas las tiendas de ropa y las pequeñas cafeterías.-Hizaki tú.-musitó mirándome a los ojos.-Tú no puedes entender la presión que tengo encima.-murmuró alejando sus ojos de mí para clavarlos en el suelo.-Yo amo a tu padre, es lo primero que debes saber, pero él está muy distante conmigo desde hace meses ya.-notaba en su tono de voz la preocupación, más bien la sospecha.-y yo quiero seguir pareciéndole atractivo y no lo conseguiré comiendo todo el día cuando lo único que hago es estar encerrado en esa casa, hago dieta por que tengo que mantenerme.

-Mi padre te ve atractivo, por dios no seas idiota.-dije casi dándole un golpe.-No se acostaría contigo si no se lo parecieras, es un egocentrico al fin y al cabo.-comenté mientras me acomodaba en el banco.-Tienes el mismo complejo que uno que yo me sé, pero a ese se lo quitaré a base de demostraciones.-me quedé pensativo y le tomé de las manos.-Hablaré con papá de todo esto.

-¡Ni se te ocurra Hizaki!-exclamó hecho un flan.-Tu padre esta ya de por si cabreado conmigo por que pensé que me estaba poniendo los cuernos con el idio... con Uta-san.-bufó intentando controlarse, pero parecía que Yutaka era el problema.-lo que hablamos los dos se queda así entre nosotros.

Suspiré profundo y lo entendía. Papá había vuelto a ser el mismo. Era mi padre y conocía sus ansias por liberarse de todo lo pasado, aunque tenía presente que yo existía y también de Hero. Pero él era un hombre que deseaba revivir momentos, volver a conquistar un escenario fue la primera locura que ideó y no me parecía extraño que estuviera rondando a Yutaka.

Yutaka no era mal hombre, todo lo contrario. Era un poco iluso y niño. Creía en el amor verdadero y podía casi palparse el amor que sentía por mi padre. Se desvivía por sus miradas, por un mínimo momento de atención. Los había visto días atrás cuando dije lo de mi hijo, cuando di la gran noticia, y ellos se salieron para conversar. Yutaka haría cualquier cosa por Atsushi, incluso rebajarse a ser el segundo plato por poder sentirse suyo unos minutos.

-Uta no tiene la culpa si eso llegara a suceder.-comenté mirándole bastante serio.-Está enamorado de mi padre, lo sé por como lo mira y cómo se preocupa por él en exceso. Pero, él no tiene la culpa. Quien la tendría si sucediera sería mi padre, por olvidarse de lo que es ser fiel.-entonces recordé algo que había escuchado una y otra vez a mi madre a escondidas, cuando se desahogaba sola en la habitación.-Aunque creo que con mi madre nunca lo fue ¿cierto?

-Hizaki.... ¿me estás diciendo que tú has visto a Uta-san?-preguntó frunciendo el ceño mientras volvía la vista al frente.-pero cuando lo viste, estarían los demás del grupo y eso ¿no? no estaban solos ¿verdad?

-Lo he visto con el grupo, con Miho y con papá. A veces salen del estudio para conversar en el parque cercano. Puedes encontrártelos comiendo allí como si fueran unos adolescentes. En ocasiones invitan y la verdad es que ahí he comido el mejor sushi de cangrejo.-era sincero incluso hasta hacer daño, pero luego le di un golpe en la cabeza.-Papá no estaría contigo si no te amara, eso tenlo en cuenta.

-Eso no significa nada.-mumuró entre llantos, escondiendo su rostro entre sus brazos y quedando hecho una pequeña bola.-Él estaba viviendo con tu madre aún cuando me prometía el cielo a mí.-dijo con la voz quebrada y todo el que pasaba me miraba como si fuera un verdugo.

-Si no te quisiera como crees ¿por qué se empeña en casarse contigo? Además, te olvidas de algo que a mí me confía todo.-sí, también me había dicho de su atracción por Uta, pero únicamente atracción. Sabía que como pasara de más terminaba sin pelotas.

-¿Tú de verdad crees?-dijo en un murmullo intentando secarse los ojos llenos de lágrimas.

En un abrir y cerrar de ojos un hombre paró su camino, para sentarse a su lado tomándolo por la cintura.

-Yo sabía que él te iba a causar problemas Phoenix, ¿qué te hizo que estás llorando?-aquel hombre era español, podía notarlo por sus rasgos y juraría que de raza gitana.
-¿pero qué dices?-gritó aquella pregunta mientras ponía sus manos sobre el pecho de aquel hombre. Yo no entendía nada pero no me agradó que hiciera eso.-¡Suéltame Miguel!

-Mira hijo de puta deja de decir que mi padre le causa problemas, porque te juro que esa cara de niñito mono se quedará de saco de boxeo.-lo zarandeé.-¡Te enteras capullo! ¡Tú no tienes que tocar a alguien que no te pertenece! ¡Y menos con tanto derecho!-todos nos miraban y lo empujé al suelo.-Me das asco y pena. Ser tan rastrero y tan mediocre...-pude entender por su comportamiento que era alguna antigua pareja de Phoenix, que pasaba por allí o tal vez lo seguía para encontrar su gran momento.

-¡Basta Hiza! ¿sabes el disgusto que le darás a Atsu si se entera de que te andas peleando?- dijo mientras unos cuantos flashes caían sobre nosotros.

Siempre tenía prensa a mi alrededor, era normal ya para mí. Desde que nací salí en portadas porque mis padres eran ricos, famosos y poderosos. Yo simplemente intentaba hacer mi vida normal olvidándome de todo lo que me rodeaba. El hombre comenzó a llorar como una niñita y resoplé.

-Entérate nadie molesta a Phoenix y menos en mi presencia. Quiero que te quede claro una cosa.-lo agarré por la camisa.-Phoenix es el futuro esposo de mi padre, no tienes tú porqué venir a joder todo.-le escupí en la cara mirándole con furia, para luego lanzarlo.-Imbécil.-tomé a Phoenix de la muñeca y comencé a caminar rápido.

-Hizaki... no deberías reaccionar de esa manera, estaban tomando fotos, tus padres se enojaran mucho y...-bufó bajo.-¡¿Dios y si tu madre ve que estabas conmigo?!- preguntó deteniéndose a la mitad de las escaleras.

-Ella no tiene nada que decir al respecto.-le dije clavando la mirada en él.-Quien me preocupa es Oly que desvaríe, pensó que Miho era mi novia y no mi hermana. Me costó varios minutos para que entendiera que era hermana y no pareja.-tomé aire y me detuve.-No entiendo porqué ese tio te sigue molestando.-lo conocía, mi padre me habló de él.

-Pues... creo que aún le gusto.-comentó desviando la mirada.-Antes de estar con tu papa pues... me daba la vida muy suelta.-igual que me la había dado yo hasta ese momento.-Pero lo mío con Miguel nunca funciono, el quería que dejara todo para viajar con él.-susurró.-Y bueno mi carrera era y es mi vida.-sabía que por culpa de mi madre lo habían despedido, pero que tenía proyectos nuevos. Me enteraba de todo por las revistas, mi madre, mi padre y todo lo que giraba a mi alrededor.-Bueno, ahora lo son tu papa y Jun.-murmuró suspirando.-Ademas, no creo que yo colara como un novio tuyo, me veo mucho mayor que tú.

-Olivier tiene veinticinco.-se lo dejé bien claro.-y no sé a veces se siente incómodo con todo. Además mi hermana tiene veintitrés... y pensó que era mi chica.-cerré los ojos y suspiré.-Me han sacado en revistas con él, tan sólo hablan de fructífera amistad... espero que no salga ninguna donde nos besamos, porque ahí mi madre me mata.

-Bueno...-comenzó a decir con un tono dulce y muy calmado mientras se agarraba de mi brazo.-Tu madre ya sabe que te gustan los chicos y se imaginara que tendrás pareja o algo así ¿no?-dijo con una sonrisa.-Un Sakurai como tú no permanecerá soltero mucho tiempo, recuerda que eres tan guapo como tu padre y tienes ciertas cosas buenas de tu madre.-siempre intentaba ser positivo y no hablar mal de ella, creo que lo hacía para no dañarme. En el fondo se odiaban, uno por sentirse atacado y la otra por haber sido abandonada por su culpa.-Oye ¿qué te parece si le invitas a comer en casa? o vayan al lago.-intentaba darme ideas.-Yo he ido con Atsu y con Jun, es un lugar precioso y como esta protegido las aguas son limpias.

-Mi madre no quiere que su hijo esté con uno de sus más allegados.-comenté mirándolo fijamente.-Piensa que no es la mejor elección por cosas que le han sucedido a él, cosas que no voy a contar porque no quiero hacerle daño.