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25/7/10

Un buen chico IV


-Sí, seguro.-estaba ido completamente, casi ni se dio cuenta que habíamos llegado a la planta baja y llegado hasta el vehículo.

-Diez euros que estás pensando en la ropa que te vas a poner.-dije con la puerta abierta esperando que subiera. Besé su mejilla y fui hasta mi lado del conductor.-Vamos, Oly... sube.

No contestó nada en absoluto, tan sólo subió al auto quedándose con esa cara de estar en otra galaxia. Yo encendí el motor y comencé a salir del parking.

-Debería comprarme uno, eso de ir por el mundo en taxi no es agradable.-escuché sus palabras y una idea vino a mi cabeza.-Además no hace tanto tráfico aquí como para odiar manejar, quizás sea un ben momento para aprender a manejar al fin.

-Yo puedo ser tu chofer, además puedo prestartelo cuando te lo saques... mi padre me compró para cuando vaya con el niño uno más normal, menos deportivo, pero está bien... claro que me quedo con este. Es el que me compró mi madre.-decía mientras conducía.-lo dejaré en casa de mi padre, cuando lo quiera voy a por él o puedo comprar uno de los parking en venta del edificio... más bien debería comprar dos... para las motos... deberías de verlas... las amo.-cuando hablaba de mis niñas me brillaba incluso la mirada.

-No me gustan las motos... se me hacen poco practica. No puedes cargar nada, te asoleas todo el día, y te puedes partir la crisma en cualquier segundo.-miraba por la ventana los edificios, él aún no estaba hecho a la ciudad y algunas zonas aún eran nuevas.-Yo compraré algo pequeño, tal vez un pt o audi. No sé, algo que no estorbe mucho. Gracias por ser mi chofer, sólo que no creo que sea justo que te traiga así Hiza

-¿Ha pensado en un mini?-pregunté mientras aparcábamos en la puerta del local.-Es pequeño ¿no?-vi como un par de chicas nos miraban, yo simplemente me hice el desentendido y como al lado estaba el hora pagué dos para poder estar tranquilos en el local.

Nada más bajar se colgó de mi brazo, era ya una costumbre, para salir de la zona de estacionamiento. Yo simplemente sonreí observándolo como si no existiera otra cosa en toda la vía. Realmente para mí era un placer que me vieran con él, era como mostrar con orgullo un logro... que él me quisiera y permitiera compartir conmigo la noche.

-Podría ser.-respondió sobre el mini.-Es el que tiene el techo de cuadritos ¿no?-preguntó porque no sabía nada de automóviles.-Es bonito ¿es buen auto?

-Tiene buen motor y lo tiene algo subido, así que no se calará mucho con las lluvias. Aunque no tiene un gran maletero, pero he visto algunos que tienen de todo y además puedes pedir que te diseñen el interior como quieras. Claro, que eso lo haces después de comprarlo. Hoy en día un coche lo puedes modificar a tus necesidades.-le iba comentando mientras llegábamos a la entrada y daba los pases.-Hoy se entra sólo con pases Oly, usualmente no es así, pero hoy es especial. Si deseas venir con amigas o amigos, ya sabes donde es.

-Pero el techo sí que lo dan a cuadritos ¿verdad?-parecía que no se sacaba el diseño del coche de la cabeza.-Sobre lo del local, gracias. Traeré luego a los demás.-dijo entrando en el lugar.

Aquel antro era un antro con clase. Había mesas segregadas y algo separadas unas de otras, era un espacio para la intimidad y las conversaciones amenas. No había mesas de más de cuatro ocupantes, usualmente eran más vistas las de dos. Había una gran barra tallada en madera con motivos de notas musicales. Las luces eran bajas, el humo casi excesivo, el sonido era el de un melancólico jazz que parecía trasportar a todos a los años veinte.

-Es donde iba a celebrar mi cumpleaños... pero todo se jodió por así decirlo. Aunque lo preferí.-dije susurrándoselo al oído para llevarlo a la mesa que tenía reservada, justo frente a los músicos.. pero en una esquina. Agradecía que se hubiera jodido porque había estado con él, eso era mucho mejor-¿Quieres que te pida algo?

-Ah, sí. Un ruso por favor.-dijo tomando asiento en la mesa, contemplando a los músicos mientras tambolireaba sus dedos sobre la mesa.-¿Por qué no festejaste tu cumpleaños?-preguntó antes que me marchara hacia la barra.

-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

22/7/10

Un buen chico III


-No importa, cualquier lugar es bueno si te tengo así.-susurré buscando sus labios, estrechándolo entre mis brazos, pegándolo bien a mí.-Pero sé la ilusión que te haría ir allí.-dije mirándolo fijamente a los ojos.-Ve a ponerte la camisa que te compré y a cepillar tu pelo... yo estaré aquí esperándote.

-¿Seguro?-dijo antes de recargarse sobre mi hombro. Tenerlo así tan frágil era una sensación intensa, me gustaba demasiado.-Vamos pues.-soltó un suspiro y se levantó de mis piernas.-No tardo.

Se metió en su habitación para encender la secadora, supongo que quería peinarse bien el cabello. Yo sabía que estaría casi media hora ahí encerrado y sólo por su pelo. Encendí la televisión que tenía incorporada en mi móvil, primero miré algunas noticias de música y luego fui a los canales más comunes. Ahí fue cuando salió mi spot, bueno empezó la musiquilla y yo salí corriendo para que él lo viera. Lo planté frente a su cara con sonrisa infantil esperando ver su reacción.

-Mira... mira.-dije en un tono casi infantil.-¿A que salgo bien?

Apagó la secadora para escucharlo y analizarlo, sonrió aunque noté como ligeramente fulminaba a mis compañeras del video.

-Sales muy bien.-dijo como si nada, y yo esperaba algo más.-Aparte te será de mucha ayuda en tu carrera.-tomó un cepillo para desenredar sus cabellos.-Será de gran promoción... ahora no podrás salir a la calle... te tendrás que quedar aquí refugiado en mi atellier.-aquellas palabras y esa sonrisa si era algo que quería oír y ver.

-¿Es una proposición indecente Oly?-dije rodándole por la cintura, pegando su espalda a mi pecho.-¿Has hecho una proposición indecente?-besé su cuello.-Si es así, me puedes atar a la cama si quieres... pero no voy a salir créeme... vas a tener que llamar a esas gatas, como las llamas, para que me arranquen de tu cama.

-Fue una proposición para que te quedes en mi casa, no en mi cama-me sonrió através del espejo, yo simplemente lo contemplaba algo ido. Siguió cepillándose el cabello y yo estaba comenzando a desear revolvérselo.-Y esas gatas no entrarán a mi casa ni de broma, las únicas mujeres son mis modelos y ellas se saben comportar.-hizo su cabello hacia un lado acomodándolo sobre un hombro.-Créeme que mi cama tiene un alto estándar para quedarse ahí.

-Uy esquisto el nene.-dije agarrándole bien de una nalga.-Pues yo me he quedado en ella, así que... también entran mocosos como yo.-susurré besando su cuelo.-¿No? y perros malcriados... aunque yo también me malcriaré si me haces proposiciones como esa.

-¿Dudas que tengo un gusto exquisito?-se giró hacia mí rodeándome con sus brazos para besarme. -Todo lo que me gusta... es de marca, de gran calidad...-murmuraba mientras seguía besándome.-Y creo que la marca Sakurai es de gran renombre.-susurró pegado a mis labios.

-Sí, sobretodo en Japón.-susurré acariciando su cintura con una sonrisa en los labios.-No dudo de tu buen gusto, más bien es interesante.-lo agarré bien del trasero y lo besé de forma profunda, para apartarme tomando la camisa.-Póntela o terminaré secuestrándote en tu propia cama.

Sonrió dejándome la camisa en la mano, como si no quisiera ponérsela y hacerme enloquecer un poco más.

-Tengo que terminar de arreglarme.-comentó sentándose frente al tocador. Prendió la plancha para alizarse más el cabello, para dejarlo aún más liso de como lo tenía. A mí me gustaba de cualquier forma, así que no entendía ese ritual de acicalamiento. Mientras se calentaba se puso la crema en el rostro, un poco de rimel y demás potingues, y todo eso lo hacía sin dejar de sonreírme.

-Y dice mi madre que yo me pongo potingues.-dije con media sonrisa.-Pero sólo uso crema para las ojeras y es casera... no sabes lo bien que viene internet y las recetas de la abuela.-comenté pegándome de nuevo a él, acariciándole el estómago.-Estás muy flaco... oye ya hablé con todos mis amigos.-cambié de rumbo la conversación.-Podrán venir encantados a la pequeña fiesta... pero ya sabes que tenemos en un par de días ¿Verdad?

-¿Uhm?...-parecía un gato zalamero cuando le tomé por detrás, su expresión fue esa. Sonrió siguiendo con lo suyo.-¿Fiesta? ¿Cuál fiesta?-preguntó girándose para mirarme.-¿Ya me habías dicho?

-El jetlag te deja en las nubes... pues el del apartamento.-comenté.-Pero lo otro ya te dije, la boda... Oly... la boda.-besé su sien y luego la comisura de sus labios cuando le giré un poco el rostro.-Boda... de mi padre ¿ahora?

-Sí, ya.-dijo al final terminando de arreglarse para colocarse la camisa.-¿Cuándo será eso? Tengo que encontrar un regalo, como no lo recordé antes... podría haber traído regalo.-se giró y me miró nuevamente tras abotonarse la camisa.-Listo, ¿que tal me veo? Sólo deja que encuentre una, una bufanda que combine.-más que bufanda era pañuelo largo de color rojo oscuro.

-No hace falta que les compres nada, conociendo como es su relación terminaran lanzandoselas a la cabeza... para luego abrazarse y decirse que se quieren.-me quedé clavado observándolo.-No hace falta ningún complemento Oly... así estas demasiado bien.-la ropa le quedaba perfecta.-hurgar en la ropa para ver tu talla... vino bien.

Se sacó el pañuelo mirándome entre sorprendido y con ganas de diversión.

-¿Espiaste en mis cajones?-me pasó el pañuelo por detrás del cuello sonriéndome con esa coquetería que se cargaba. Lo hizo mientras me pegaba a él, jalando bien de la tela.-Hizaki Sakurai, niño malo ¿qué no te han dicho que es de mala educación hurgar en las cosas de los demás?

Se aceró un poco más para besarme. Yo puse mis manos sobre su cintura acariciándolo leve. Se separó quitándome el premio por esa intromisión. Acomodó la prenda a su cuello y quedó parado frente a mí.

-Sí soy malo...-mascullé clavando mis ojos en él.
-¿Vamos?-caminó hacia fuera de la habitación.

-Sí, soy malo... pero así supe tu talla.-murmuré tomándolo de la mano para salir de la habitación hasta el salón y de ahí a la puerta de salida frente al ascensor.-Te gustará, es el mejor local de la ciudad.

-Ok, está bien.-dijo subiéndose al elevador.-¿Dónde será la boda de tu padre?-preguntó mordisqueándose el pulgar.-Quizás podrías regalarles una ida al spa, que sé que dijiste que no debía regalarles nada pero es mejor llegar con algo ¿no?-seguía dándole vueltas a eso, cuando no tenía porqué ponerse a pensar.

-Será en el jardín de la casa, es estilo nipón... todo ello es estilo nipón.-dije mientras abría el coche.-Allí te presentaré a Jasmine, seguro que termináis hablando de moda.-comenté con media sonrisa.-Es el novio de Kamijo ¿recuerdas?.. y sobre el spa estará bastante bien, yo les di ya el regalo... fue una docena de botellas de vino barolo.

-Sí, seguro.-estaba ido completamente, casi ni se dio cuenta que habíamos llegado a la planta baja y llegado hasta el vehículo.

-Diez euros que estás pensando en la ropa que te vas a poner.-dije con la puerta abierta esperando que subiera. Besé su mejilla y fui hasta mi lado del conductor.-Vamos, Oly... sube.

10/5/10

Tritones de piscina IV


-Bueno quien dice gay, dice bisexual. Pero sé que ha tenido un desengaño con un chico en la ciudad.-dije encogiéndome de hombros.-Además he oído que hay otro escritor importante por las calles... el escritor de fantasía juvenil del año.-suspiré.-Aunque a ese no le conozco, si lo hiciera estaría pidiendo que firmara todos los libros que tengo de él.

Aquel escritor de fantasía era algo inaccesible. Jamás había dado una rueda de prensa, siempre se movía por su representante, y por lo que sabía tenía un par de años más que yo. Era un joven con talento, un talento innato.

Las historias de fantasía siempre se han popularizado como para críos, para que los niños vayan a la cama. Pero hay libros de fantasía donde se describe actos carnales, vamos sexo para dar y tomar, entre personas de la iglesia y seres fantásticos. Incluso hay uno que relata sexo entre hermanos en una iglesia el día del funeral de un familiar, de alguien cercano a ellos. También hay guerras cruentas, dragones que devoran hombres y se describe como sus miembros amputados caen sobre sus compañeros. Los libros de fantasía no siempre son color de rosa, más bien casi siempre son oscuros y quién piense que son para niños está muy equivocado. La fantasía juvenil era algo increíble, sobretodo cuando se trataba de Garwain.

Él sólo firmaba con su nombre de pila. Y su nombre se había quedado bien marcado en mi mente. Era como una necesidad cuando veía una nueva obra suya, sentía ganas de lanzarme a la librería más cercana. Una vez en plena noche leí que había sacado un libro nuevo, un tomo nuevo de sus aventuras más resonadas “La piedra del dragón”. La piedra del dragón narraba la historia de un huérfano que luchaba para conseguir sobrevivir en un mundo fantástico, encerrado en aquellos frondosos bosques parecidos a los de Inglaterra. Árboles inmensos donde tenía que refugiarse de las bestias, de las personas, de todo. Era increíble. Sobretodo como describía la perdida de su virginidad con veinte años, como fue sodomizado prácticamente por un estúpido, y también la descripción increíble del reino Olvidado, un reino donde los dragones protegían ferozmente el secreto de la vida.

Wilde y Garwain eran mis escritores favoritos, escritores contemporáneos, después prácticamente no le hacía caso a otros. Leía, sí, pero no leía para sentirme en sus mundos, sino más bien por conocer a otros y tal vez encontrar esa magia en sus textos. Pero creo que no podía. No podía aceptar a otras personas en ese círculo. Ellos eran los que me motivaban, sus historias eran algo más que fechas y datos estúpidos sobre romanticismo.

Los autores más antiguos me gustaban. Creo que llegaban a ese extremo. Pero tan sólo un grupo reducido. Algunos como Lovecraft, Poe o Oscar Wilde. No es que desprecie su talento, el de los autores que iban naciendo y que aún están, sino que sus historias no me hacían sentirme el protagonista. Eran buenas, tenían cosas interesantes, pero nada que me hiciera caer en la cuenta de algo. Era literatura para pasar el rato, no literatura para pensar. A mí siempre me gustó aquella que me hiciera pensar.

-El de ese premio es compatriota mío ¿no?-murmuró.-Bueno, no tardaras en enterarte de donde se encuentra... chismosillo.-dijo estirando sus piernas.-Y no, quien dice gay no dice bisexual. A mí nunca me ha gustado una mujer, ni siquiera cuando adolescente. Las considero hermosas, pero no me mueven ni un pelo. Una sola mujer me ha besado en mi vida y fue como besar a mi hermana.-comentó con cierta cara de asco.-¿Habrá que invitar a Wilde a la fiesta no crees?

-Si tanto te gusta Wilde quédatelo... yo me quedo con el otro francés.-dije recostándome en la tumbona después de terminar. No le demostraría celos, porque ya me estaba molestando.-Además dicen que no tiene más de veinte años... claro que seguro que Wilde da con él.-reí bajo.-Según sé, más bien he escuchado, está frenético deseando encontrarlo para pedirle un trabajo conjunto...-lo de trabajo lo hice en un tono bastante irónico.

-No tiene más de veinte años ¿verdad? Quizás deba de ponerme en su búsqueda también.-dijo con una sonrisa.-He descubierto que me gustan los jovencitos, tienen mucha energía.-estiró su pie descalzado tocando mi muslo.-Aunque si Wilde lo encuentra quizás quiera compartirlo un poco ¿menage? ¿Cómo se dice Hizaki?

-Menage a troi.-murmuré con una sonrisa aguantando las ganas de destrozar a Wilde.-Aunque no te creas, no todos tienen mi energía.-dije recargado en la silla.-Además los tríos son aburridos, no son como lo pintan, o al menos eso noté. Lo pintan como algo innovador, pero no va muy allá, prefiero centrarme en una persona y hacer disfrutar como nunca.-le miré clavando mis ojos en él mientras acariciaba su pie masajéandolo.

Soltó un suspiro al sentir mis manos sobre su pie. Era muy sensible, eso era lo que más me gustaba de su comportamiento. No sólo era sensible hacia el arte, también su piel lo era.

-Pues habrás tenido una mala experiencia Hiza cariño.-murmuró.-Pero por mí, mientras no entre una mujer, he aprendido que hay ventajas de ser el pasivo. Son más manos, más bocas, más... tú sabes.-dijo entrecerrando los ojos mordisqueándose el labio inferior.

-No importa, prefiero estar con una sola persona.-masajeaba bien su tobillo, era el de la caída y lo hacía a conciencia. Ya estaba bien, pero siempre era bueno frotar en una zona afectada recientemente. Intentaba no mirarlo porque terminaría encima suya y le haría rectificar en todo.-En los tríos no hay amor, no hay nada, solo sexo... y yo de eso estoy harto.

-A veces es mejor Hiza, una persona de confianza con la que se puedan descargar impulsos. Cuando quieres a alguien todo se vuelve más complicado, y un beso no es sólo un beso. Ya una caricia no es nada más que eso. Llegar a la cama puede ser atemorizante.-lo escuché dejando el masaje por unos momentos mientras indagaba en cada palabra.-De todas maneras, una pareja puede invitar a un tercero y seguir demostrándose amor, ese tercero entra como un invitado, parte del fore-play... ¿Te imaginas? quieres tanto a alguien que deseas poder brindarle placer de mil maneras diferentes... lo considero todavía más amor si le dejas en manos de alguien que sabrá hacerle disfrutar, es confianza...

-No tenemos el mismo concepto.-dije serio observando su pie, intentaba concentrarme en su tobillo que en pensar como sería si me pidiera algo así. Jamás podría permitirle a otro tocarlo y si lo hiciera entonces yo me esfumaría, significaría que yo no era capaz de hacerle feliz.-Digamos que en ese sentido soy egoísta.-alcé la mirada con una sonrisa.-Soy clásico... salí en eso a mi padre.-también a mi madre, pero ella poco demostraba ese concepto de pertenencia, de amor recíproco y único protegido por uñas y dientes.-Creo que antes le cortaba las manos a quien sea que toque a Phoenix...-entonces eché a reír. Todos me miraban, pero no podía dejar de carcajearme.-Se pegó con el ex de Phoenix, bueno ambos como si fueran gallitos de corral en pleno hospital hace como un año... y la de vueltas que da la vida ¿no crees? Taylor se casará con su amado cura y mi padre con su...-entonces caí en la cuenta. Quedaba poco para la fecha, muy poco, y yo no tenía acompañante. Yo quería que me acompañara él, era necesario que fuera él y no otro.-La boda es en dos semanas ¿quieres venir conmigo?

-¿Dentro de dos semanas?-interrogó meditando y calibrando su agenda. Sabía que él era como mi madre, o tenía hueco o no tenía.-Salgo a París de nuevo el próximo fin de semana, deberé estar aquí para entonces. Si Clarissa no me mata antes, supongo que sí. Será un gusto acompañarte.-decía aquello con una sonrisa, pero su cerebro parecía seguir en su mundo.-¿Podré llevar a alguien más?

-¿Cómo?-interrogué.-¿A quién?-quería que él fuera mi acompañante, pero no podía decir que no porque quedaría como un celoso compulsivo, como el culo.-Puedes traer a quien gustes ¿pero de quién se trata?-me crispaba los nervios, toda la comida se revolvía en mi estómago.

-Que bien, Phi dijo que llegaba de Montereal en unos diez días. Se fue de vacaciones, aunque no sé a que va a Canadá. No es un destino turístico que yo elegiría, pero así está de loco.-rió bajo y me miró.-Si te había hablado de él ¿no? De Philippe.

-No recuerdo ¿o sí? a veces se me olvidan las cosas.-y más con los celos que tenía, estaba que mordía a alguien. Sin embargo, intentaba hacer el truco de mi madre... hielo por todas partes.-¿Quién es? ¿familiar? ¿hermano?-rogaba que fuera hermano.

-Sí, nunca me prestas atención.-dijo enfuruñando.-Phi, es diseñador industrial, tiene treinta años y es mi hermano. Philippe Jean Mursell. Y sí, te había hablado de todos ellos, es bueno saber que me haces caso.-la había cagado, metido la pata hasta el fondo y llenado de mierda hasta las orejas. Bajó su pie de mi regazo bastante molesto.-Es más te comenté ese día que estábamos en el bar, de seguro que ni recuerdas cuantos hermanos y hermanas tengo.

-Tienes dos sobrinas que le gustan jugar en la arena de la playa, tus padres siguen casados, adoras a tu familia y tienes una hermana.-dije mirándole fijamente más relajado.-A veces olvido cosas, pero es porque me pones nervioso.-murmuré incorporándome para besar su mejilla.-Anda... perdóname.

-¡Sácate de aquí!-manoteó quitándome de su lado.-El caso es que Phi viene a visitarme y quiero presentarle a una chica. La mejor ocasión de todas es una boda ¿no? A ver si sienta la cabeza, bueno es lo que mi familia quiere. Sin embargo, les digo que aún no es su tiempo. Que mi hermana se haya casado tan joven es otra cosa.

Me eché a reír cuando dijo que quería hacer de celestino con su hermano. Era imposible que le gustaran las chicas que conocía mi madre, o que conocía yo. Eran chicas refinadas, chicas demasiado metidas en el ideal Barbie. Las que conocía mi padre eran pocas, bien escasas, y la mayoría estaban casadas.

-Las chicas que conozco no son para nada compatibles con él, seguro.-me senté frente a él de nuevo tomando asiento en mi lugar.-Pero quizás pueda presentarle alguna, aunque yo no tendré la culpa si se enamora de una tonta que solo dice "osea" .-dije riendo bajo.-De verdad, no creo que las chicas que conoce Clarissa le motiven.

-Mi hermano necesita una mujer que le guste la aventura, andar en kayak, la tirolesa, los rappels y todo eso. ¿Por qué crees que se fue a Canadá? Está loco te digo. Así que uno de estos ejemplares de colección, figurita de porcelana, se le rompe a la primera excursión que la quiera llevar.-comentó intentando describir su mujer ideal.-Es diseñador industrial y una vez tuvo que hacer entre los tres un proyecto, un proyecto de un puente en medio de una quebrada. Él andaba feliz como cabra brincando entre las pendiente. Mi padre y Ettiene casi le dejan ahí.-comenzó a reír y yo también.

-¡No jodas!-creo que se iluminaron mis ojos.-Dios ya tengo a alguien para llevármelo de escalada.-me senté feliz en la silla incorporándome hacia delante.-Rappels ¿has ido al río del Ángel? son geniales, sientes adrenalina por todo el cuerpo.-mis ojos brillaban de una forma increíble, estaba feliz.-Creo que más que una chica le voy a presentar la región

24/1/10

Madurar VI


Me fui directo a casa. Tenía una cita con Olivier. No le había avisado aún, pero la tenía. Llamé a su celular tras una buena comida con Clara y las chicas en la cocina. Hero canturreaba con los cascos puestos moviendo su cabeza e imitando una guitarra. Me hacía gracia verle tan animado, sabía que el instituto no estaba siendo agradable para él y aún así parecía olvidarse.

Cuando lo llamé me contestó aún adormilado y pareció despertarse del todo al recordar que teníamos pendiente una función de teatro. Las entradas las había conseguido gracias a un amigo de mi padre, lo conocía de vista prácticamente pero parecía un hombre agradable. Mi padre me aseguró por correo electrónico que Kamijo, así se llamaba su amigo, me haría de guía incluso entre bambalinas. Él pensaba que ya estaban agotadas para la representación, pero como he dicho los amigos de mi padre son mis amigos.

No podía imaginarme qué sucedería en un futuro y tampoco que Kamijo formaría parte tan activa en mi vida. Debo admitir que pensé que simplemente lo vería un par de veces más, pero él hizo lazos de amistas y aquella velada fue tan sólo el inicio. Un mestizo de cabellos rubios y ojos azules, un hombre de piel clara y aspecto oriental con toques europeos. Sin duda siempre lo envidié, y aún lo hago, por su presencia ante el resto de los humanos. Cuando lo vi por primera vez fue junto a Jasmine, después fue un par de veces cerca del vínculo de mi padre y hoy es mi mano derecha.

Olivier aceptó la invitación y nada más saberlo llamé a Kamijo. Deseaba que supiera que al final íbamos. Él se sintió satisfecho de haber podido ayudar a mi padre, a mi familia, y a mi en particular. Me deseó suerte y ánimos para que todo saliera perfecto y el amor surgiera.

Cuando fui de compras con Phoenix compré varios regalos, pero uno lo hice llegar directamente a su casa. Era un conejo de peluche, casi de la mitad de su estatura y de colores blanco y negro. Por supuesto lo acompañé con una nota: Espero que sea de tu agrado, algo infantil pero a mi me siguen gustando.

Las horas antes estuve afeitándome, poniéndome esa loción que le gustaba y me vestí con un pantalón negro, camisa blanca y nada más. Los zapatos me los había regalado mi padre, fueron de él pero sólo se los puso una vez; dijo que era para no desperdiciar el dinero, eran de una marca bastante cara...como todo lo que tenía. Me acomodé el sombrero que me regaló y me sentí listo para ir a verle.

Por supuesto antes de salir recogí los otros dos regalos, fui hacia mi flamante coche y respiré profundo. Era lo más parecido a una cita que tendríamos, al menos así lo veía, y estaba algo nervioso porque todo fuera mal. Comprobé tres veces que en mi billetera estaban las entradas...

Al llegar a la esquina antes de su casa compré una rosa, era roja y pensé que no le importaría un regalo de ese tipo. No sabía si lo vería bien para un hombre, pero de todas formas me apetecía hacerlo. Cuando toqué el timbre mi pierna izquierda temblaba... me hubiera comido las uñas ... pero luego tenía remordimientos y a mi madre diciéndome que se veían feas mis manos con las uñas mal recortadas.

-¡Hiza!-dijo abriendo la puerta para abrazarme.-¡Dios! ¡Me has tenido en ascuas! ¿Cómo te ha ido con tus padres?

Cuando le vi creo que me quedé babeando, sobretodo cuando me abrazó. Ese aroma que tenía su champú me dejaba como en otro mundo.

-¿Mis padres? bien... Casi mato a mi padre de un infarto, pero bien.-sonreí besando su mejilla.-Dime ¿te gustó el regalo que llegó para ti? dije que lo entregaran a media tarde.-entonces levanté la mano y le mostré la bolsa.-Aquí tienes tres más...espero que te agraden.

-¡Hiza!-exclamó sonrojado tomando la bolsa que tenía en mis manos.-No debiste, si él peluche ya es demasiado.-murmuró.-Lo he puesto en mi cama.-rió bajo observando a Valentino que aparecía de la nada quedándose a sus pies.-Aunque creo que ocupa más espacio que yo y Vale ya le tomó cariño, eso después de acostumbrarse porque es algo celoso.-rió a carcajadas al ver la camiseta que le había regalado.-¡Me harás colección! Mira que ni siquiera es mi verdura favorita.

-Me alegro que te gusten mis regalos.-besé su frente y lo abracé, pero Valentino también atenciones.-Vaya, para ti esta vez no traje regalo.-dije acariciándolo.-Otro día te traigo un hueso de esos que he visto, pitan y hacen ruidos raros.-comenté recordando que tenía que comprar algo para el gato de mi padre y para la gata de mi hermana.-¿Vamos? Empieza en cuarenta minutos, no sé si nos dará tiempo de llegar con el tráfico.-me había retrasado, pero con los nervios me equivoqué de calle seis veces.

Entró dentro mientras me hizo esperar unos minutos, dejó los regalos dentro y salió conversando por teléfono. Se enganchó a mí y colgó en mi brazo aunque intentaba abrir un sobre que habían dejado en su buzón.

-Apenas lo iba abrir, dijo que era una sorpresa...-me sonrió con cierto aire de coquetería, o al menos eso noté en su mirada.-Le conozco desde hace años...hubo un tiempo en que éramos nuestra mutua servilleta de tanto que nos consolábamos ente nosotros.-decía mientras bajábamos en el ascensor.-¿Has traído tu auto? ¿O iremos en taxi?

Un regalo de un amigo... un regalo de un amigo... eso repetía mi mente. Pero no debía de alterarme, no delante de él, en el gimnasio me desfogaría y dejaría bien lastimado a mi adversario...todo imaginándome a su amigo. A él no le haría daño jamás, tampoco a sus amigos... pero si a los que se entrenaban día a día conmigo.

-Vaya, que considerado.-dije con una leve sonrisa mientras lo guiaba hasta mi vehículo.-Seguro que es un buen regalo, no como los míos.-abrí el vehículo para que se montara y luego me fui al lado del conductor.

-¡Cállate!.-dijo mientras subía al auto.-¡Tus regalos son muy lindos!-parecía feliz, eso me hacía sentir tranquilo.-Seguro que es algo que me dejé en su casa.-me miró fijamente a los ojos mientras arrancaba.-¿Vamos a tiempo Hiza?-interrogó.-Me tardé un tanto, pero es que pierdo el tiempo bine fácil.-se empezó a excusar aunque terminó riéndose entre dientes.-Creo que tenía cuatro cambios de ropa en mi vestidor y por un momento casi prefiero venirme en bata.

-Yo lo hubiera preferido créeme, también muchos.-comenté alzando las cejas y bajándolas.-Vamos bien, si salimos ahora llegamos a tiempo para saludar a Kamijo...dijo que nos esperaría para mostrarnos un poco por dentro...antes y después de la función.-arranqué el coche y empecé a conducir, me alegraba que le gustaran mis regalos y los semáforos parecían estar de mi parte.

-Backstage del teatro sólo conozco las salas de exposición, por culpa de las muestras que hicimos.-recordé aquella noche y sonreí ante la idea de sus celos.-Pero en sí, el teatro aún no por completo.-se quedó en silencio unos segundos y volvió a iniciar la charla.-Dijiste que él que conocías era ¿qué? ¿productor?-estaba interesado en lo que me rodeaba y según mi padre era bueno.-¿O el director?

-Pianista de la obra, pero te digo que tiene una de las mejores voces que he escuchado. Tiene parte francesa y parte japonesa... créeme es un dotado de las teclas. Yo me quedé pasmado la primera vez que lo escuché...luego recapacité y sí, era ese chico andrógino que mi padre tenía en algún que otro cd...-sonreí contando aquello.-Inquieta, porque es como ver a un vampiro sacado de una novela, su amigo igual.

Llegamos poco después tras un cruce, entramos en la gran avenida donde teatros y cines clásicos clamaban atención con sus luces de neón. Había un pequeño bingo muy antiguo y también hermoso en su porte de edificio colonial. También cabaret y pequeños bares con música en directo. Mi padre me comentó una vez que era la rue de los bohemios, donde las almas con vanidad caen rendidas ante el omnipotente deseo que los atrapa y excita sin remedio.

Estaba esperándonos cerca de los aparcamientos de la zona principal, lo conocí por su porte de criollo francés. Su sombrero de copa coronaba sus cabellos dorados, su bastón entre sus manos blancuzcas y finas, y su capa... le hacían parecer un personaje de ficción o un fantasma, más que nuestro guía. Bajamos del coche, yo primero y él después asistido por mi encanto claro. Quería parecer caballeroso y el hombre que necesitaba a su lado.

-Bonjour mon amie.-dijo sonriendo mientras se apresuraba a quitarse el sombrero.-Espero que sea de vuestro gusto nuestra humilde obra.-comentó dejando el sombrero sobre su pecho para luego colocárselo.

Cuando fui a abrir la boca apareció un joven alocado. Su aspecto era también pintoresco y supuse que era el protagonista de la obra por su parecido al vampiro que interpretaría. Se puso prácticamente a saltar y danzar canturreando al rededor de Kamijo.

-¡Kamijo! ¡Kamijo! ¡Mon Dieu!-gritaba girando y girando mientras sus colmillos filosos aparecían tras sus finos labios.-¡Louis está bien! ¡Ya le quitaron todo! ¡Ya está sano del accidente! ¡Me lo ha confirmado Pier!-cuando dejó de danzar se fijó en nosotros y sonrió.-¿Tus amigos? ¿Los que esperabas?

-Oui, mi amigo Hizaki y su acompañante.-respondió intentando no crisparse.

-Lestat de Lyon, enchanté.-dijo con una pequeña reverencia, pero esa sonrisa de diablo no se marchaba.

-Acompáñenos, nosotros seremos sus guías.-susurró con caballerosidad Kamijo mientras su capa hacía que todo el mundo lo observara, era hipnotizante.

-Bonito sombrero, ¿donde lo conseguiste?-comentó su amigo quitándoselo y Kamijo suspiró alto sin más, no dijo nada ante esos juegos de su acompañante.

-Vamos Oly.-sonreí tomándolo prácticamente de la mano.-Uno es bastante alocado, pero te aseguro que no muerden.

Lestat se giró y lo observó fijamente, aquellos ojos azules eran idénticos a los del vampiro. Realmente si se llamaba Lestat, y no era una broma, había sido muy acertado por parte de su madre.

-Te das un aire a mon cher Louis.-dijo antes de que Kamijo le diera un golpe.

-Camina recto o te caerás y lo último que necesitamos es otro incidente en la obra. Tener que buscar a una Claudia a prisa y corriendo tras seis meses de obra...-tomó aire y se giró por completo quedando parado frente a una puerta.-Por cierto Hizaki, de parte de Jasmine y mío... gracias por los bombones.-les había enviado algo en mi nombre cuando ellos comenzaron a vivir juntos, a Kamijo a penas le conocía pero Jasmine era mi peor pesadilla.

-De nada. Tan sólo fue un detalle porque comenzasteis a vivir juntos.-sonreí y rodeé por la cintura a Oly.-Ten cuidado, no te pierdas.

Tras entrar en los camerinos aquello era un descontrol. Iban y venían maquillándose y terminando de arreglar el vestuario. Más de uno jugueteaba con otro y se reían a carcajadas, otro intentaba calentar la voz y los más tranquilos caminaban de un lado a otro releyendo el guión.

-¡Gabrielle!-gritó Lestat y una mujer rubia, muy atractiva se paró frente a él.

-Lestat ¿has visto al joven que hace de Niki?-preguntó

-¡Estoy aquí! ¡Buscaba el maldito violín!-gritó saliendo de detrás de la puerta de un camerino.

-No hagáis mucho caso al alboroto, es normal. Os enseñaré bien de cerca el decorado, hay varios y desde las tribunas no se aprecia del todo.-entonces pasó un joven de cabellos rojizos, ojos castaños que casi se tropieza.

-¡Joder!-se levantó mirando para todos los lados.-¡Mierda! ¿Alguien vio mi maldito crucifijo? lo necesito...

-¡Pelo regla!-dijo burlón Lestat.-¿Esto es tuyo querido? ¿Lo quieres? ven a por él!-decía mostrándole un relicario.

-¡Por dios Lestat! ¡Deja al crío!-un joven moreno apareció de detrás de nosotros, sus ojos verdes se clavaron furiosos en él.-¡Trae!-se lo quitó y se lo dio al pelirrojo.-¿Te parece bonito hacer rabiar a un niño de dieciséis? sigue así, que verás que pronto se lo digo a tu novio... lo bien que vas a quedar frente a él ¡Ja!

-¿Te han dicho que necesitas sexo? ese mal...-no terminó cuando lo abofeteó.

-¡Inútil!-gritó y salió corriendo prácticamente llorando.

-¡Espera!

-Lo dicho, no hagan caso.-repitió Kamijo sin alterarse lo más mínimo.

Yo tan sólo observaba todo, aquello era lo que yo soñaba.

-Nunca me imaginé que pudiera ser algo así.-dijo en un murmullo Olivier.-Es más emocionante que el backstage de un desfile.-estaba muy pegado a mí y eso me provocaba pegarme más a él.-Es caótico y genial.-sonrió mirándome por encima del hombro.-¿No deberíamos ir a nuestros asientos?

-Sí, él nos guía.-susurré besando su frente.

-Así es, después le enseñamos los diseños de cada traje. Hizaki nos rogó que lo hiciéramos, ya que es usted diseñador. Mi futuro esposo también lo es.-dijo con una sonrisa de oreja a oreja.-Hizaki, tenemos diez minutos entre cada hora, son dos veces que se para la función y el bar menos visitado es el que usamos nosotros...id ahí y tomad lo que deseéis dejándolo a mi cuenta.

-No puedo aceptar eso.-comenté viendo pasar a Marius, era imponente ese actor.

-Kamijo.-susurró.-Debemos empezar.-además del vampiro era el jefe de la obra. Conocía a ese hombre, lo había visto hacer de Jesús y también de vikingo. En ese momento era un vampiro imponente y magnífico. Cuando niño siempre lo admiré por su personalidad.

-Vamos Oly.-susurré tomándolo bien de la cintura para llevarlo a la primera fila...podíamos observarlos fijamente desde los primeros asientos. todos estaban elevados, no había que levantar el cuello.-Nuestros huecos.-dije cuando los divisé y nos sentamos.

De inmediato vi como Kamijo tomaba posición en el foso que también estaba algo alzado, tal vez para dar importancia a sus músicos y no sólo a los actores. Era un teatro extraño, siempre lo fue.

20/1/10

Madurar V


-Sí, no sé como mi madre tiene amigos así.-comenté como si nada.-Además, hace unos meses tuve unos sueños raros.-murmuré.-No les di importancia hasta que supe su nombre y que venía a la ciudad.

-¿Sueños raros? ¿Qué clase de sueños?-sus cabellos comenzaron a alborotarse un poco por el viento, pero eso al menos nos refrescaba porque aún hacía calor.

-Sueños en los que aparecía un chico delgado dibujando... luego tuve otro con un bebé... luego mezclado y por último digamos.-suspiré.-Su nombre, pero no vi su cara.-me eché a reír.-Cuando lo vi en la fiesta descalzo y con esa falda larga... no paraba de observarlo como si fuera a darle un buen susto cargado de balas.

-¿Tal vez tienes sueños premonitorios no? por que el bebe... y sabemos de donde sale.-dijo agarrándome mejor mientras caminábamos hacia el vehículo.-Oye... ¿no crees que estés tan obsesionado con ese chico por que casualmente soñaste con él?

-¿Seis meses antes?-pregunté y eché a reír.-Mi hermana soñó con gemelos.-dije posicionándome frente a él.-Mi abuela tenía esos sueños, mi padre solo tiene palpitos.

-No tiene nada que ver con el tiempo.-intercambiamos miradas, ambos serenos pero intentando buscar lógica a los sueños.

-No, créeme. No sabía que existía, no sabía nada. Tan sólo lo supe unas semanas antes y no vi foto alguna. Mi madre estaba emocionada con la velada, yo únicamente resoplaba porque tendría que soportar a los niños y niñas ricas... revoloteando a mi alrededor.-automáticamente se empezó a reír de lo que había dicho.

-¿Niños ricos? Hizaki ¿Quién comprará un apartamento caro y sin problemas de dinero?-le miré frunciendo el ceño, a pesar de que no iba a tener problemas de dinero yo no era un niño idiota. Pensaba por mi mismo, tenía mi talento y el dinero de mi familia era por esfuerzo de generaciones.- Además, no todas las personas tienen que ser tan frívolas como...-

-No me refiero a eso, me refiero a comportamiento. Por mucho dinero que tenga y no soy como ellos, soy distinto.-me puse las gafas de sol y miré la casa de Oly.-Es ahí... pero no quiero molestar... otro día vamos y te lo presento.

-¡No!-comenzó a tirar de mi brazo para ir a llamar a su apartamento.-¡Anda! ¡Vamos! ¡Preséntamelo! ¡Quiero conocerle!-todos nos miraban y él se sonrojó parando su berrinche.-U otro día... sí quieres.-recuperó la compostura como pudo y se aferró a mí aún rojo como un tomate.- ¿Vamos a lo de mi hermano? Y luego donde tú quieras.

-Papá te estará esperando.-dije alzando y bajando las cejas.-Últimamente se arregla demasiado, seguro que quiere verse bien para la boda. Sólo quedan unas semanas y cada vez se hace más tratamientos, compra ropa más juvenil y casi viste como yo.-pensaba que era para Phoenix, nunca pensé que podría ser para otro. Cuando comenzó a vestirse más actual e informal pensé que era para mi madre, pero me di cuenta que era porque tenía una pareja más joven.-Seguro que no para de acosarte, su lívido cada vez está más alto.

-Hiza.-susurró tras negar con la cabeza.-Te va ser incómodo oírlo, pero tu padre tiene días ya que ni me toca, ni me dice amor y los besos no son lo de antes.-comencé a realizar mis análisis y temblé. Mi padre estaba tal vez volviendo a las andadas, pero no quise pensar más en ello y supuse algo totalmente distinto.-Honestamente hasta he pensado que deberíamos suspender la boda, no sé si sera que eso lo tiene presionado o si es algo peor...

-No digas tonterías, lo vi salir de la joyería el otro día y estuve espiando que compraba.-no le dije nada porque no quería hablar con él porque me veía presionado a contarle lo de ella, lo de Anne.-Compró un colgante de esos que le gusta comprar pero no vi cual era.-desde tan lejos no era capaz de ver bien, tenía gafas pero no las usaba y a veces no llevaba mis lentillas.-Seguro que trama algo.

Se quedó parado tocándose su colgante. Yo tenía uno parecido, todos a quienes amaba mi padre tenía un colgante de aquella tienda. Los compraba como obsequio para representar cómo éramos, a veces incluso nos compraba un par o más. Hero tenía el de dulzura e inteligencia. Sin embargo, él parecía haber resucitado a fantasmas del pasado.

-No es para mí Hizaki.-dijo sacándose el collar de debajo de la camisa. Lo sostuvo entre sus finos dedos acariciándolo primero, pera luego apretarlo.-No es para mí.-masculló intentando no llorar.-Llévame con mi hermano, por favor.

-¿Para quién? Quizás es un modelo nuevo, así que hazte el sorprendido cuando te lo entregue.-no quería darme cuenta de la realidad, si lo hacía lo molía a golpes.-Seguro que es uno nuevo. En esa tienda siempre traen nuevos modelos.-me rasqué el cuello y saqué el mio.-Honor.-sonreí.-Me lo compró en mi ultimo cumpleaños.

-Sí.-murmuró como respuesta.-El mío es de la belleza.-dijo mientras le abría la puerta para que se montara.-Me lo dio tu padre cuando.-me miró a los ojos desde aquella vulnerable posición, demostrándome porqué todos se perdían en ellos. Era su alma, su alma se veía nítida en aquellas pupilas ámbar.-Cuando aún seguía con tu madre... cuando éramos sólo amantes.-yo no pude moverme de donde me encontraba, me quedé sin argumentos para poder calmarlo.-No me engañas con esto Hizaki.-susurró.-Él me engaña aunque lo niega y tú lo ayudas a encubrirse.-eso era falso, jamás encubrí a mi padre en algo así. Le dije lo del colgante porque pensé que ya se lo había entregado o estaba a punto de hacerlo.-y aun así no me siento capaz de dejarle.

-No seas bobo.-dije revolviendo sus cabellos.-No digas tonterías Phoenix.-sonreí ampliamente.-Seguro que te ha comprado el de amor, estaba en el escaparate. Ahora sois pareja, no hay nada de malo en comprarlo.-arranqué colocándome el cinturón. Quería matarlo, realmente deseaba destrozarlo.

No haría nada en contra de Uta, se notaba como lo amaba y como lo admiraba. Para mi "tío" sólo existía mi padre. A veces me dolía ver como hablaba de él con ese entusiasmo, con ese deseo de ser correspondido. Le entendía, entendía que quisiera tener a mi padre con él... a quien no entendía era a mi padre. Él debía de frenarle en seco y regresar a casa con su hijo y su prometido.

Había tan sólo dos clínicas destinadas a desintoxicación y enfermedades mentales. Una era de pago en una zona lujosa, la otra estaba subvencionada y era prácticamente para enfermos mentales. Sabía bien que mi padre había pedido lo mejor para Seth. Conduje hasta las murallas del norte, eran caminos algo alejados del tráfico continuo de coches, pero sus barrios residenciales eran increíbles y muy tranquilos. Allí había una enorme extensión de terreno donde se encontraba la clínica, esta gozaba de todas las medidas de seguridad que una cárcel necesitaba. Tenían videovigilancia, vallas electrificadas, puestos de vigilancia y unos horarios muy marcados.

-Es aquí.-susurró mirando los altos portones negros.

-No pongas esos morros. Tan sólo busca bien por la casa y verás que está ahí el paquetito.-besé su mejilla y luego lo abracé.-Deja de ponerte así.-dije al separarme para terminar de aparcar y bajar.-Vamos dentro, quiero conocerlo.-comenté abriendo la puerta y esperando que él saliera.

-Te aviso que no esta en su mejor momento.-susurró mientras se aferraba a mi brazo y pulsábamos el botón de la entrada.

Esperamos unos segundos hasta que preguntaron qué deseábamos, después entramos en aquel enorme recinto. Había un camino de graba que daba a otro asfaltado con una fuente en el centro; después otro estrecho camino hacia la imponente mansión.

Entramos en la sala y nada más entrar repetimos lo mismo que habíamos dicho en la entrada principal, después nos colocaron un papel acreditativo de quienes éramos y qué enfermo íbamos a visitar. Nos rogaron que esperáramos en la sala porque iban a darle el aviso a su hermano. Yo simplemente observaba todo y a todos. Las personas que estaban allí iban a visitar a sus hijos, hermanos, primos, nietos, amigos y padres. Había incluso un niño de no más de cinco años que tomaba de la mano a su madre mientras descansaba apoyando su cabeza sobre su brazo.

Llevábamos veinte minutos allí sentados, sin decir una sola palabra, cuando vino la enfermera y nos pidió que la siguiéramos. Caminamos tras ella y subimos dos plantas que apestaban a esterilizarte y lejía. Al llegar a una amplia sala vi los nombres de cada persona en sus puertas, eran habitaciones individuales y algunas estaban abiertas. En el fondo de este gran pasillo estaba una sala blanca, pulcra como ella sola, y con diferentes enfermos que conversaban en voz baja o leían.

Phoenix corrió hacia su hermano y lo estrechó entre sus brazos. Seth parecía distinto a lo que había imaginado. Era muy delgado y con unos ojos profundos, además de grandes. Sus cabellos eran negros y largos, prácticamente le tapaban la cara.

-Quítate el pelo de la cara, Seth.-dijo con una sonrisa mientras le acariciaba el rostro y le miraba. Ambos parecían analizarse, reencontrarse una vez más.

-Vamos a mi habitación.-murmuró tomando a Phoenix de la mano, yo los seguí en silencio.

-Hola.-dije tras pasados unos minutos y estar al fin los tres a solas.

-Seth el es Hizaki, el hijo mayor de Atsushi.-dijo Phoenix intentando presentarnos de la forma más cortés que sabía. Su hermano me miró fijamente y yo a él. Ambos nos observábamos y examinábamos con cautela.

-¿Por que has llorado?-preguntó girando su rostro hacia su hermano.-Phoenix...-él tan sólo sonrió obviando la pregunta de su hermano, intentando sonreír como si nada pasase.-La semana pasada vinieron Jasmine y el Swan también.

-Te llamé para explicarte porque no podía venir.-su hermano sólo asintió.

-Lo sé.-susurró sentándose en su cama.-Pero ¿era necesario que Swan viniera con el cura con el que anda? sabes que no me gustan los párrocos.

-Ya no es cura, es modelo.-declaré.-Trabaja para mi novio, al igual que un amigo de mi hermana.-me di cuenta que usé la palabra novio, pero a penas era mi amigo.-Aunque no es mi novio, es alguien con el que salgo.-estaba recargado de tal forma que era exacta a la de mi padre, no me fijaba en mis movimientos y tampoco en lo que imprimía en ellos.

-¿Tu novio es modisto?-preguntó mirándome fijamente como si aquello fuera una revelación de algo.-¿Cómo Jasmine la loca?-cuando dijo eso su hermano le dio un golpe.

-¡Jasmine no es loca!.-gritó intentando defender lo indefendible.-es original.-dijo Phoenix frunciendo el ceño para terminar riéndonos a carcajadas.-Además no es como Jasmine, no se viste de chica.... explícitamente.-comentó sacando pequeñas pinzas de su peinado para ponérselo a él.-Así, mucho mejor.-murmuró mientras Seth bufaba.

-¿Mejor?-gruñó.-¡Me has puesto peinetas rosas!-

-Ven Hizaki, trae esa silla y siéntate con nosotros.-me pidió Phoenix.

-No vas a crecer más ya.-añadió su hermano.

-Si si, ven Hizaki, acercate más.

Me acerqué sentándome junto a ellos mientras los observaba.

-¿Cómo va lo de la boda?-preguntó haciendo sentir incómodo a Phoenix.

-Pues... bien... hablé con el doctor... pero dice que para esa fecha no es conveniente aún que salgas... habrá muchos licores.. y gente que fuma y eso...-sabía que ambos tenían la ilusión, o al menos esperanza, de poder pasar ese día juntos, un día especial para Phoenix como para mi padre..

-No es modisto, es diseñador.-recalqué con el ceño fruncido después de un rato.-No es una loca.-miré hacia otro lugar.-Sólo es algo tímido.-luego le miré fijamente.-¿A ti Jasmine la loca también te acosa o se comporta? por cierto... no tienes mal gusto para el porno.-dije casi riéndome a carcajadas.

-Jasmine...-dijo de forma atropellada mientras resonaban aún las carcajadas de Phoenix.-Jasmine es loca con todos...ahora que tiene chico intenta que no pero igual se le sale el loca.-su hermano asintió a todo lo que decía mientras le llenaba el pelo con trenzas pequeñas.-Yo soy el que está encerrado en este maldito lugar... y tú eres el que esta más que flaco.-eso era un regaño de hermano pequeño a hermano mayor, sin duda alguna.

-Compré una pizza enorme y tuve que comérmela prácticamente yo.-resoplé.-Mi padre intenta que coma pero dice que se ve gordo.-ambos lo miramos mal.-Creo que ahora le superamos en número ... me pido el poli bueno.

-No pues, los dos se unieron contra mí.-bufó cruzándose de brazos dejando a su pobre hermano como si fuera el hermano perdido de Jasmine.

-Pues listo, si cuando salga de aquí no has engordado al menos quince kilos recaigo.-eso era un chantaje en toda regla, pero poco eficaz.

-No bromees con eso Seth, no es gracioso.-dijo algo molesto, pero Seth reía bajo como si hubiera sido una buena broma.

-Yo pienso atiborrarlo a dulces, a la Zanahoria también. No sé como vive sólo con verdura y fruta.-cerré los ojos y bufé.-Con lo bueno que es un filete con salsa de pimiento y roquefort...

Seth negó con un dedo cuando dije aquello y me miró fijamente a los ojos.

-Nada, lo mejor son los perritos calientes con mucho queso, salsas, y papas fritas con mucho ketchup.-comentó casi babeando, sabía que en la clínica le hacían comer sano y equilibrado. Esas porquerías, o delicias como quieran verlo, era un lujo que no era permitido.

-Pues yo ahora sólo paso más o menos el dulce, y por cierto, te haré una torta de chocolate y te la traeré la próxima vez que venga.-su hermano de inmediato negó.

-Sabes que no te dejaran entrar con eso.-murmuró aunque sus tripas gritaron por un trozo de esa tarta.

-Pues tu hermano hace buenas tartas.-dije levantándome para recostarme en la cama.-Si no te importa, lo necesito. Me hago viejo.-comenté cerrando los ojos.-Dios, después de comer tanto siempre me da sueño.-observé fijamente a Phoenix y sonreí.-Si enflacas más mi padre no podrá agarrar nada

-Ya de por si no agarra nada.-murmuró algo apesadumbrado.-Sólo trabaja y tan sólo viene a casa a dormir..-su hermano negó con la cabeza al escuchar aquello.

-Es un idiota entonces, si no fueses mi hermano y te tuviese en mi casa no te dejaría solo nunca.-eso hizo sonreír a Phoenix que le dejó un beso sonoro en la mejilla.

-Tonto, no hables así de él.-dijo sentándose donde nosotros.

-Vale.-dijo desatando sus cabellos.

-No, no es idiota. Es sumamente gilipollas.-dije levantándome algo molesto.-Me mato en regalos, en paseos, en intentar que me sonrían y sé que cuando sea totalmente mío no sería capaz de hacer lo que te hace ese maldito viejo pervertido.-entonces cerré los ojos y me calmé.-Aunque sé que intenta arreglarlo, con regalos caros, pero tal vez es para que veas que ... bueno... se toma su tiempo al menos eligiendo algo para ti.-ese colgante tenía que ser el de amor o el de promesa, no quería pensar que era para otro. Ambos me miraban sorprendidos sin saber bien que decir.

-Ya Hiza.-susurró Phoenix acariciando mis cabellos.-Ya

-Es el problema, todos en este puto mundo siempre intentan comprar el cariño.-dijo Seth recostado a mi lado. En ese momento los tres ocupábamos una cama estrecha pero cómoda.-Meten la pata y llegan con regalos costosos, todo en este mundo gira en torno a la plata.-murmuró frunciendo el ceño.-Que asco.-dijo cerrando los ojos para luego mirar directamente a su hermano.-¿Qué pasó con el tal Uta que me comentabas en tu anterior visita? ¿Sigue jodiendo?

-Uta no es como piensas, Seth.-dije mirándole fijamente.-Mi padre nunca lo dejó, por lo que sé o he podido averiguar estuvo haciendo doblete con él los primeros tiempos del matrimonio de mis padres. Él lo ama, lo ama por encima de su orgullo y de cualquier cosa.-me senté de nuevo en la cama y me tumbé a su lado.-Es duro, pero si alguien tiene la culpa es mi padre. No tiene culpa Uta de volverse loco solo por un "te queda bien esa camiseta".

-Te lo dije ¿no?-dijo Seth mientras Phoenix se levantaba de la cama.-Te dije que él no te haría feliz.- eso molestó a Phoenix, pude notarlo por su rostro y porque cruzó sus brazos.

-Es mi vida Seth, no te incumbe.-

-Es curioso... eso mismo te dije yo y aún así me metiste aquí.-eso fue un reproche que no debió haber hecho.

-Te estabas destruyendo Seth, es distinto

-Es igual.-le recriminó.-A ti esa relación te esta destruyendo, tú mismo me lo has dicho.-mis ojos se quedaron fijos en Phoenix, puesto que sabía que eso no era del todo cierto o al menos eso creía.-No te para ni media ahora y has llorado, y mucho.-se levantó de la cama y yo también furioso.-Lo veo en tus ojos, el maquillaje no esconde los ojos hinchados.

-Seth mi padre no lo hace a posta.-reclamé.-No es como piensas, no lo conoces, no conoces nada.-mi tono de voz era calmado, pero algo en mí se removía. Era la imagen de mi madre en ese instante, no quería estallar... pero lo haría y frente a mi padre.-El ama a Phoenix, lo sé.

-Como digan.-dijo con una sonrisa tras ver a Phoenix asentir con firmeza.

- Hizaki...-dijo acercándose a mí para tomarme de mis manos. Hizaki... si tú supieses algo... me lo dirías ¿verdad? no me dejarías seguir con esta farsa ¿cierto?-preguntó con los ojos a punto de llorar.

-¡Uno! es su padre y no hará que quede mal.-dijo su hermano contando con los dedos.-y ¡dos! Aunque así fuese tú no lo vas a dejar Phoenix.-sentenció.-En otra época tal vez, pero ahora has cambiado y no le dejarías aunque te metiese ese tipo en casa.

-Uno no me conoces Seth, dos mi padre le ha pedido matrimonio y si no lo quisiera pediría que se terminara la farsa; y por supuesto tres soy amigo de tu hermano, además del hijo de Atsushi.-me molestaba sumamente que pensaran que yo haría lo mejor para mi padre.

-Tengo que hacer, en todo caso, lo que mi corazón me dicte. Son mis sentimientos, es mi elección.-dijo con voz firme.-Yo amo a Atsushi.-susurró agarrando el colgante que mi padre le había regalado.-Sí, lo amo.-se reafirmó mirando a su hermano.-Lo amo.-repitió mirándome a mí.-Y aunque hasta el momento todos los esfuerzos que he hecho por recuperar su atención han sido en vano... yo seguiré intentándolo. No puedo, no quiero y no me permito, concebir un futuro en el que él no esté conmigo porque ya no sé vivir sin él.

-Aunque te suene duro oírlo.-susurré sentándome bien en la cama.-Mi madre aún le ama, lo noto. Cuando la dejó estuvo días encerrada en casa, llorando a escondidas y créeme que no fue agradable.-me levanté ojeando la habitación.-No sé que tiene mi padre para que Megumi, U-ta, mi madre y tú estáis detrás de él como quinceañeros.-me giré y le observé fijamente.-Quien gana en su corazón eres tú, créeme. Aunque se distancie, ganas tú.

Cuando el ambiente se enrareció entró un enfermo sin llamar, me pareció poco educado porque podía interrumpir algo privado. No sé porqué me di cuenta de la suerte que tenía de no haber acabado como él. Era una suerte que pocos teníamos, ya que cada vez más muchos caían en las drogas y el alcohol. Era el centro privado, por lo tanto era mejor que el público y compartían menos zonas. Personas que querían desintoxicarse, personas

-Nos vemos tio.-dije estrechando su mano.-Te traeré algo menos gay para poderte recoger los cabellos.-comenté antes de salir.

-Nos vemos.-respondió intentando quitarse los ganchos que tenía en el pelo.

-No, déjatelos te quedan bien.-escuché mientras salía de la habitación para caminar deambulando por aquellos pasillos.

Era todo de un blanco que dolía. Podía notar las miradas de cada enfermo, me observaban tras los pequeños cristales irrompibles de sus celdas. Eran celdas, más que habitaciones comunes. Me sentía en el infierno, o tal vez en el purgatorio, rodeado de almas que intentaban alcanzar la libertad y tocar la belleza de un mundo que les repudiaba.

Me crucé con una enfermera y un par de doctores, también con un carro lleno de medicamentos. Todos parecían estar en otro plano, como si todo lo que me rodeara no existiera realmente. En mi cabeza sonaba una vieja melodía hecha entre juegos infantiles, pero me di cuenta que en realidad procedía de una de los cuartos. Su voz era lóbrega y parecía machacada por el dolor de esa tragedia. Aceleré el paso, no podía estar más tiempo ahí y me negaba a mi mismo contemplar aquello un minuto más.

Correteé por los pasillos como si fuera un niño asustado, giraba mi rostro hacia atrás y veía el pasillo inmenso siendo tragado por las sombras. La luminosidad de la salida me hizo sentirme tranquilo, como si llegara a estar a salvo sólo con que me diera la luz de nuevo.

Me fui hasta mi coche y me quedé apoyado encendiendo un cigarrillo. Todo lo que había visto me desconcertaba y aturdía. No quería volver allí, lo sentía por Seth y ya enviaría algo a Phoenix para que se lo llevara de mi parte. Eso era un infierno blanco, blanco y frío.

Esperé a Phoenix una media hora observando los jardines perfectos que tenían, se notaba que pocos salían al patio y los que lo hacían eran sedados prácticamente. Nunca nos damos cuenta de lo importante que es la libertad, la seguridad y la salud, hasta que vemos algo así frente a nuestras narices. Era como una sonrisa hacia la tragedia más cruel. Me preguntaba cómo podía sobrellevar aquello la pareja de mi padre, como podría llevarlo cualquier familiar y también los enfermos que allí estaban. Ese lugar daba miedo.

Vi caminar apesanumbrado a Phoenix, caminar hacia mí con la cabeza gacha y los hombros caídos. Sabía que eran malas noticias lo que había escuchado allí, tal vez era el efecto del lugar en él. Alzó la mirada al llegar a mí e intentó serenarse.

-Lo siento.-susurró.-Pero debía hablar con el doctor que lleva su tratamiento.-puse mi mano sobre su cabeza y me fui hacia el lado del copiloto para abrirle la puerta. Se subió pensativo y yo también lo hice.-Deseaba que Seth viniera a mi boda, pero el doctor no da su visto bueno.-suspiró.-Después que salga tendrá que vivir con nosotros y a tu padre no le cae bien Seth.

-Eso es falso, lo que no le cae bien es su actitud. Sin embargo, piensa que cuando deje todas esas porquerías se verá más centrado.-dije dirigiéndome al asiento del conductor para comenzar a manejar por la ciudad.-Por si no te has dado cuenta... mi padre me cuenta todo

-Sé que te cuenta todo.-murmuró mirándome de reojo mientras encendía la innición del motor y levantaba el freno de mano.-Por eso sé que tú más que nadie me diría si él estuviese con alguien.-volvía a lo mismo, parecía que ese era su único pensamiento junto con Seth.-Por eso confío en ti.-me besó en la mejilla y noté que era un intento de ponerme blando y tirarme de la lengua, pero realmente no sabía nada.

-Por ahora sólo me ha contado las aventuras que tuvieron los de la banda, lo cuenta todo como si deseara que volviera a ocurrir. No lo de Uta, sino que su juventud hubiera ocurrido de forma distinta. Por eso deja la alcaldía, quiere volver a la música porque se siente como realmente es.-decía mientras conducía.-Por eso quiero cantar, bailar y ser actor... porque soy como él.

-Oye Hizaki.-dijo mientras bajaba las ventanillas para que entrara un poco de viento y refrescara el vehículo.-Yo tengo muchos amigos en el mundo del espectáculo.-murmuró con una sonrisa.-Y también en la televisión.-lo sabía porque él era periodista, seguía en contacto con todos sus amigos y conocidos.-Así que si te lanzas en cualquiera de esas ramas puedes decirme, tu padre y yo te queremos ayudar.

-No, quiero ganármelo por mi mismo. Mucho es que mi padre pague el estudio.-la casa de mi padre no estaba lejos, el silencio breve que hicimos tras ello duró unos minutos y en esos minutos estábamos frente al hogar que ambos tenían.

-Eres malo conmigo, me has traído de nuevo a mi jaula de oro.-susurró tras un suspiro.-Menos mal que tengo a Jun, Astaroth y teléfono...-se bajó del vehículo nada más aparcarlo bien cerca de la acera.-Mi propuesta en todo caso sigue en pie.-dijo dando la vuelta al vehículo para luego meter la cabeza y besarme en la mejilla.-Cuídate mucho y suerte con tu Oly.-rió bajo.-Tenme al corriente.

-Por supuesto, además al rato lo veré.-dije con una sonrisa esperando que todo se solucionara, o tendría que partirle las piernas a mi propio padre.

12/1/10

Madurar IV


-Gracias.-sonreí observando los gatos.-Hero ama los nekos, mamá no le deja tener ninguno y rabia porque todos los niños tienen mascotas menos él.-comenté cerrando los ojos un instante y suspirando.-Supongo que es lo único malo que se tiene si vives bajo el techo de una maniática de las cosas caras...

-Bueno Hiza...-susurró interviniendo mientras clavaba sus ojos al frente.-en su casa, por lo tanto ella es la reina y dicta las normas.-sabía que hablar de mi madre le incomodaba y siempre intentaba quedar en un termino medio.-Ven.-dijo cambiando de dirección.-Vamos a comer algo.-comentó mirando los locales de comida que estaban al fondo de aquella zona comercial.-¿Qué quieres comer? me niego a dejarte ir a tu casa sin comer antes

-Me alegro que preguntes, me muero de hambre.-comenté.-Yo me pido una pizza de cuatro quesos con salsa chili.-dije señalando la pizzería.-Allí está bien, se come bien la verdad. Pero nunca he venido, siempre suelo pedir por teléfono.-el nombre del local era muy conocido, había como unos seis y todos estaban llenos siempre. Pero aún no eran las dos, hora punta, sino que un poco más tarde y había algunos sitios libres de puro milagro.

-Bueno, vamos.-dijo conforme mientras me acompañaba aferrado a mi brazo.

Entramos en el lugar dejando las bolsas a un lado de la mesa, en todo el fondo. El camarero vino tras un par de minutos. Yo me quedé en silencio mirando las pizzas nuevas que había y sus ingredientes.

-¿Qué desean?-preguntó el chico observándonos fijamente con unos ojos enormes y azules. Era el tipo de ojos que me gustaban, parecía los de un gato buscando una pequeña presa. Sin embargo mi instinto decía que era todo menos homosexual o bisexual.

-¿Pides tú una grande y yo te robo un pedazo?-me preguntó mientras dejaba el pequeño bloc con el menú sobre la mesa.-Eso sí, un agua mineral sí quiero.-dijo comunicándoselo al camarero para que anotara.

-Ah no, tú vas a comer bien.-dije mirándole con cierto aire de superioridad, sólo me sacaba unos años y además yo le sacaba unos cuantos centímetros y mucha testarudez.-Una familiar de cuatro quesos, salsa chili y extra de pollo.-el muchacho asintió.-También dos cocacolas para mí y un agua mineral mediana para él.-siguió anotando.-Luego deseamos dos helados de estos.-señalé el dibujo que había, era un helado de tres sabores con cacahuetes por encima.

-De acuerdo, todo anotado.

-¡Hiza!-casi comienza a llorarme como lo hacía mi hermano Hero.-Tú quieres verme como una vaca, ya lo vi todo.-dijo suspirando después.-Seguro que tu padre te dice que no como bien, se lo dice a todos.-frunció el ceño y alzó el brazo moviéndolo como si eso fuera agresivo en un pitufo como él.-¡Pero es mentira!-alzó un poco el tono de voz para luego mirarme fijamente.-Si como bien, más ahora que aprendo a cocinar para él y pruebo todo para saber si está bueno.-suspiró.-¿Cocino bien verdad?-frunció el entrecejo fulminándome con la mirada.

-Sabes que como cualquier cosa, incluso ladrillos.-respondí.-Aunque he de decirte que ya no necesito tanto bicarbonato.-reí a carcajadas.-Dios recuerdo las primeras galletas... eso no eran galletas, eso era armas de destrucción masiva.-palmeé su cabeza.-Gatito, tú tranquilo que seguro que mi padre se come todo.

-¡Cruel!-dijo riéndose.-Sólo que con esas me paso que le eche más sal que azúcar, fue un error tonto.-desvió la mirada algo pensativo, pero feliz.-Además he hecho cosas buenas.-sentenció dejando sus manos sobre la mesa.-Lo que pasa es que tu padre es muy tiquismiquis con la comida.-estaba algo sonrojado cuando dijo aquello. No sé porqué lo hizo, tal vez por algún desastre que había hecho.

-Mi padre es como yo, un saco sin fondo. Pero ahora intenta no pasarse con todo lo que come, simplemente quiere seguir con la figura que tenía con veinte años...-observé a. chico llegar con el pedido y tomé un trozo para saborearlo.-Come o te juro que hago que te lo tragues.

-Intenta que coma por las malas y te doy un pellizco del que te acordarás toda la vida.-comentó con una sonrisa mientras abría la botella de agua para darle un sorbo. Tomó entonces uno de los pedazos aunque no estaba conforme.

-Oye ¿qué te parece el nombre de Atsu para mi hijo? crees que tendrá tan malas pulgas como mi padre?-di un sorbo al cocacola para engullir un trozo tras otro. No tenía fondo, cuando lo decía era por algo.

-Es un nombre lindo, y seguro que a tu padre le haría ilusión.-se quedó pensativo y entonces me miró fijamente con aquel trozo en su mano, casi no le había dado un mordisco.-Pero... no es sólo decisión tuya ¿no?-una de las empleadas de la pizería no paraba de pasearse frente a nosotros.-Sí, tu padre tiene razón.-comentó alzando una ceja.-Eres un rompecorazones.-comentó señalándola.-Pero igual no le da pretexto para celarme, bueno... el me cela con todos en realidad.

-Ya te dije que no voy a permitir que ella se acerque, ya firmó un contrato por el que cede todos sus derechos sobre el bebé.-me molestaba que me dijera que ella también tenía poder sobre el niño, niño que quiso abortar y me pidió a mi el dinero.-Y sobre los celos, que le den... últimamente no te hace caso

-Sí.-susurró.-Últimamente estoy después de todo, y más no me deja salir. Comienzo a sentirme como un preso.-me tomó de una de mis manos y dio un mordisco de la pizza.-En cuanto a ella... es cierto que lo que quiso hacer fue algo horrible.-frunció el ceño y me miró a los ojos.-pero... bueno, nunca se saben las vueltas que da el mundo, por el mismo bebe debes intentar llevarte más o menos bien.-sus dedos acariciaban mi mano mientras yo intentaba no sofocarme, quería irme de allí en ese instante. No deseaba llevarme con ella, la detestaba.-y en todo caso nosotros tenemos experiencias con bebes así que no lo puedes dejar cuando estés ocupado ¿de acuerdo? es más, puedes quedarte perfectamente en casa.

-No, el niño es mi responsabilidad.-dije bastante serio.-Es mío y no voy a permitir que otro lo cargue. Parecerá egoísta, pero es lo único bueno que me queda de esa relación. No pienso perderlo, al menos él me recordará los buenos tiempos y no los que vivo ahora.-últimamente mi madre estaba en contra de mis deseos, me veía como alguien que no sabía dirigir su vida, Oly seguía sin ceder ni un paso hacia delante y yo ya estaba desesperado.

-Sé que eres responsable Hizaki. Pero un bebe es mucha presión para criarlo solo, eres muy joven aún.-siempre escuchaba lo mismo, siempre. De boca de quien fuera escuchaba lo mismo.-deja que te ayude ¿de acuerdo?- dejó de agarrarme la mano para continuar comiendo.-Sirven pedazos muy grandes de pizza en este lugar.

-No y punto.-respondí.-Cambiemos de tema mejor.-comenté recostándome en la silla.-¿Cómo podría conquistar a Oly? he hecho todo lo posible y nada.-no quería confesar lo que él me había dicho, pero necesitaba que me aceptara un poco...al menos caricias.

¿Tú le quieres o simplemente te gusta? Hay mucha diferencia entre una cosa y otra.- alzó de nuevo una de sus finas cejas y me miró fijamente.-No me digas que lo único que quieres es meterte en sus pantalones, porque me decepcionarías mucho.-se cruzó de brazos mirándome de forma severa.

-Cómete eso.-dije arrimando el plato hacia él.-Ahora, no me hagas tratarte como a mi hermano pequeño.-no había comido a penas nada, eso me preocupaba.-Sobre Oly digamos que ambas cosas. Quiero tenerlo para mí, cuidarlo y también hacerlo. Joder que soy un cumulo de hormonas y es normal.-di un trago al cocacola y me quedé mirándole fijo.-¿O es que tú no tienes ganas? ¿o es que no las tiene mi padre? es normal.

-Claro que sí.-suspiró después de decir aquello.-Seguro que tu padre te dijo como empezamos nosotros.-no lo había dicho, tan sólo dijo que le quería a él y no a nuestra madre.-Lo nuestro fue del sexo al amor, pero así en realidad no es lindo.-bajó la mirada mirando la pizza que había frente a él.-Es ofensivo pensar que te quieren sólo por eso, a mí me gustan los chicos románticos, detallistas pero sin presión alguna.

-Veamos le he comprado algún detalle, le he invitado, le he llevado a pasear, cuidado cuando se lastimó el tobillo e invitado por último al teatro que será esta noche.-tomé aire y lo dejé escapar.-Dios es que... ya no sé que hacer. Además él más de una vez me ha dejado besarlo, pero luego me rechaza. Es extraño... incluso tuvo celos de Miho.

-Ay...Hizaki...-negó con la cabeza susurrando aquello.-Te cela y mira como se porta contigo, yo creo que le pones nervioso y dudoso tal vez.-sonrió un poco y me miró a los ojos.- o a lo mejor tiene algo en común con Jasmine, y es que le daba miedo estar con alguien de forma seria. Pero eso no significa nada, tú has visto como es Jasmine con Kamijo

-Te digo que no es eso. Él tiene miedo de salir con alguien, aunque no sea de forma seria.-no quería decirlo, pero no me entendería quizás.-Su pareja lo destrozó a golpes más de una vez, su ex pareja...para colmo también era asiático.-apoyé los codos en la mesa con la mirada llena de furia.-No me quiere decir donde vive... pero nada más me lo diga te juro que le crujo.-mis nudillos resonaron y mi mal humor apareció.

-¡Ni se te ocurra!-se puso bastante nervioso por mi amenaza.-¡Dios! ¡Eres igual a tu padre!-exclamó tomándome de las manos.-No sabéis arreglar las cosas hablando y los dos igual de vengativos, entre otras cosas. Además por cosas así luego tenemos todos famas de Yakuzas.-estaba molesto, mucho, y terminó tomando agua intentando calmarse.

-No merece estar vivo.-respondí a sus palabras.-Le golpeaba por todo y eso ha hecho que tema a cualquiera que se acerca a él. Por su culpa no vive de forma plena, por miedo.-tomé el trozo de pizza que no quería y miré la carta de postres, tenía hambre.

-Las personas reaccionan de distintas maneras a las situaciones.-dijo tras suspirar y negar con su cabeza.-pero más violencia no enmendara nada y ademas puedes meterte en un lío gordo Hiza.-levantó entonces la mano para que el camarero viniera a atendernos.-¿Nos traes dos helados de vainilla por favor?-me quitó la carta y miró los postres.-Además también quiero un brownie.

El chico sólo asintió anotando todo en su libreta y caminó hacia donde estaba su compañera para que preparara el pedido. Mientras yo intentaba calmarme y dejar de pensar en ese montón de estiércol.

-Lo sé, pero no quiero que quede todo como si nada.-había agarrado la lata y la hice añicos aplastándola. La dejé en un lado y miré fuera, hacia la calle.-No quiero que mi padre sepa nada, no de Oly sino de lo que pasó con él. Esto que te he dicho lo debes olvidar.

-Yo como si estuviera muerto y no hubiera escuchado nada.-sonrió de forma amable intentando quizás relajar el ambiente.-Pero de todas formas él no tiene porque avergonzarse por ello. Él fue una víctima y no tuvo culpa de nada.

-Victima o no eso haría daño a su orgullo, también es un secreto.-cerré los ojos un instante y le miré fijamente.-¿Sabes? me vuelve loco, sobretodo cuando duermo con él... tiene ese aroma que te engancha.

-Entonces eso debería bastarte para que no buscaras enfrentamientos.-intentaba aconsejarme sin apartar su mirada hacia la mía.-Oye Hiza, ¿trajiste tu auto? es que Atsushi no sé que hizo con las llaves del mio.-aceptando el postre que acababa de llegar. Sonrió al chico y yo hice un ademán con mi cabeza.-Me mareé una vez manejando y ahora todos piensan que no puedo hacerlo.-bufó y clavó la cucharilla en el helado.-El caso es que hoy era día de visitas donde Seth y ya había faltado el otro día para llevar a Jun al odontólogo, que con lo de los dientes se ponía frenético.

-Terminemos el postre y te llevo donde quieras.-dije colocándome un cigarrillo en los labios y lo prendí. Era la misma marca que los de mi padre, los necesitaba.-Tiene que estar al llegar.-murmuré con el pitillo tambaleándose en mis labios.

-La misma mala manía de tu padre.-frunció el ceño echándose hacia atrás en el asiento.-Verás, quiero ir a ver a mi hermano a la clínica.-dijo mirando mi cigarro como si pudiera tener poderes especiales para apagarlo.-Por cierto, ¿no sabes tú donde escondió tu querido padre mis llaves?-comenzó a toser y me sentí mal por estar fumando frente a él.

-Lo siento.-dije apagándolo en el cenicero y eché el humo por la nariz observándole.-Pues no tengo idea, la verdad.-era una mentira piadosa, yo mismo la tenía en la mesa de mi habitación.-¿Qué edad tiene tu hermano? me habló poco mi padre de él.
-A saber donde me las puso.-chasqueó la lengua y me miró algo ilusionado comenzando a describirme a su hermano.-Tiene diecisiete años y la gente dice que nos parecemos, pero el condenado es más alto.-me miró calculando estatura y sonrió.-Como de tu estatura vamos.-yo tomaba un poco de helado mientras me comentaba todo aquello, era algo que le hacía olvidarse de los malos momentos y sabía que escucharlo le daría tranquilidad.-Es algo desordenado, pero muy bueno cuando quiere y malísimo para los números.-sonreí cuando dijo aquello, porque a pesar que se me daba bien componer y escribir... amaba la economía, si bien no quería dedicarme a lo que mis padres decían.-Pero le pones a pintar o tocar algo en guitarra y es un Dios; las artes visuales y la música son lo suyo.

-Me gustaría conocerlo.-mi padre me había dicho que era un chico que estaba traumado, que parecía no poder recuperarse de un golpe duro como fue la perdida de su madre, tan cercana a la de su padre. Era lógico. Mi padre tampoco pudo recuperarse en absoluto de la muerte de la abuela. Mi madre siempre me decía que en ocasiones se echaba a llorar o simplemente compraba sus flores favoritas, sólo para quedarse contemplándolas durante horas.-Me hizo gracia encontrar porno en el pc de papá, todo por su culpa.

-¡Si!-dijo alzando la voz para luego comer más helado.-Y eso que el necio no me admitía que era gay.-arrugó la nariz y sonrió.-bueno bisexual, porque le pasa por el lado una mujer y se rompe el cuello para verle el culo.-se echó a reír a carcajadas y yo le secundé. Un buen trasero era un buen trasero.-Aunque las últimas veces que he ido esta como algo triste, pero el doctor dice que se le pasará cuando salga y volverá a ser el mismo ególatra descarado de siempre.

-Pero curado.-recalqué. Intenté desviar el tema de las drogas y los demás problemas que él sufría en otro tema que me interesaba.-¿Piensas que puedo agobiar a Oly? es decir, demasiados regalos y caprichos para alguien que... sólo me deja como mucho rozar sus labios

-Pues...-se quedó pensativo con su cuenco casi vacío, mientras el mío aún estaba repleto.-Si no le gustas sera un fastidio.-suspiró como si eso hubiera pasado en su vida.- pero no creo que no le gustes por lo que me has contado... creo mas bien que le pones nervioso y no sabe como actuar. Por eso mismo que le paso.-hacía referencia a los golpes de su ex, ex que quería sacudir durante horas.-A los chicos nos gustan los regalos, sea como sea, pero darle muchos regalos puede hacer que se sienta presionado a darte algo...-yo sólo quería que aceptara una oportunidad, poder besarlo lentamente durante horas y perderme en su perfume.-No sé si me entiendes...

-Sí.-susurré recostándome bien en la silla.-Supongo.-estaba inquieto porque lo último que quería que pensara era eso. No deseaba por ningún momento que quería tener su corazón de esa forma, simplemente me comportaba con él como si fuera mío.-No es por conquistarlo, no lo hago de esa forma... por momentos olvido que es sólo mi amigo.

-Bueno Hizaki, no quieras adelantar las cosas, se suave con él.-siempre quería ir despacio pero las ganas me hacían olvidar el plan.-Entiende por lo que pasó.-siguió comiéndose el helado mientras me miraba y meditaba.-Tengan citas, han salido a caminar juntos, comer helados ¿o algo así?

-Sí, hemos tenido.-murmuré.-Quiero mostrarle mi lugar favorito y demostrarle que es especial... pero.-cerré los ojos un momento y luego le observé.-Cuando lo abrazo, cuando me consiente que bese su rostro o cuando se queda dormido pegado a mí... no veo diferencia entre eso y ser pareja. He sentido celos, y lo peor de todo es que me siento su dueño sin serlo.

-Digno hijo de tu padre, que herencia tan fregada tienes.-me tomó del rostro y acercó el suyo.-Eres muy lindo Hizaki, además eres una persona encantadora.-se alejó después de acariciarme como si fuera una propina por portarme bien con Olivier.-Yo lo sé.-sus palabras por un instante me recordaron a mi madre, al igual que sus acciones.-Así que...-chasqueó los dedos y rió.-demuéstrame tu lado seductor, piensa que yo soy Oly.-sonreí ante eso, pero ya lo había sido.-¿Qué le dirías para ir más en serio?

-Ya he sido seductor, créeme que no funciona.-ya estaba resignado, pero le compré los regalos y ahora no sabía si dárselos. No era mi pareja, sin embargo lo veía y lo sentía mío.-Además coquetea conmigo y luego se escabulle.

-Entonces es tímido.-sonrió de forma maliciosa y me miró fijamente.-Insinúate, tómale mucho de la cintura y esas cosas.-lo típico que hacía.-Ya sabes, meros roces al caminar a ver como reacciona.-terminó de comerse el helado y comenzó con su dulce.

-Me toma del brazo para caminar, me deja abrazarlo en la cama y dormir con él. Créeme esos roces ya están.-seguía comiendo el helado, pero de forma pausada, no como la pizza.-Nos hemos besado un par de veces, pero me dice que eso no lo hacen los amigos... mi replica es que no lo seamos... y responde que no es lo que merezco.

-Demuéstrale que te importa, que te interesa, unos regalos y detalles monos no conseguirán eso.-alzó una ceja y me miró de nuevo con aquellos ojos acusadores.-Una relación necesita más que eso.- dejó los platillos a un lado y el camarero vio el movimiento viniendo hacia nosotros.-¿Vamos Hiza?-me extendió la mano mientras pagaba el tiket de todo lo que habíamos comido.

-Phoenix, eso ya lo hice.-dije tomando su mano para luego agarrarlo por los hombros, engancharlo como hacía con mi padre o con mis amigos.-Dijo que le diera tiempo... pero esperaba al menos que me permitiera besarle.

-Bueno...puedes entonces enseñarle como son los besos de los Sakurais-sonrió algo rojo al decir aquello.-A mí me gustaría conocerlo, se oye como una persona linda.- me pellizcó la mejilla como si fuera un niño y luego me dejó un beso en ella.

-Sí, no sé como mi madre tiene amigos así.-comenté como si nada.-Además, hace unos meses tuve unos sueños raros.-murmuré.-No les di importancia hasta que supe su nombre y que venía a la ciudad.

8/1/10

Madurar III


-Bueno...-comenzó a decir con un tono dulce y muy calmado mientras se agarraba de mi brazo.-Tu madre ya sabe que te gustan los chicos y se imaginara que tendrás pareja o algo así ¿no?-dijo con una sonrisa.-Un Sakurai como tú no permanecerá soltero mucho tiempo, recuerda que eres tan guapo como tu padre y tienes ciertas cosas buenas de tu madre.-siempre intentaba ser positivo y no hablar mal de ella, creo que lo hacía para no dañarme. En el fondo se odiaban, uno por sentirse atacado y la otra por haber sido abandonada por su culpa.-Oye ¿qué te parece si le invitas a comer en casa? o vayan al lago.-intentaba darme ideas.-Yo he ido con Atsu y con Jun, es un lugar precioso y como esta protegido las aguas son limpias.

-Mi madre no quiere que su hijo esté con uno de sus más allegados.-comenté mirándolo fijamente.-Piensa que no es la mejor elección por cosas que le han sucedido a él, cosas que no voy a contar porque no quiero hacerle daño.

-Hiza.-susurró abrazándome mientras dejaba caer su cabeza sobre mi pecho.-Tus padres te aman y eso debes tenerlo siempre en mente.-murmuró aferrándose bien a mí.-Además a mi me parece que Olivier debe ser encantador por lo que me has contado.

-Tiene miedo de Jun.-reí a carcajadas recordando como discutía con él intentando que le llamara por su nombre y no anoria.-Pobre Zanahoria, ninguneado por un bebé que a penas sabe hablar.

-¡Ah! pero ya por lo menos dice mi nombre.-dijo con una sonrisa encantadora, era parte del atractivo que poseía. Se separó de mí y quedó frente a frente, aunque su estatura me hacía verlo de una forma más tierna y no como un amigo o el novio de mi padre. Parecía practicamente un niño, ya no sólo por sus centímetros sino también por su forma de mirar y su edad.-Bueno...-musitó.-dice oenis, pero es que para un bebe es difícil decir nombres así.-dijo rascándose un poco la cabeza y mientras se acomodaba el peinado siguió hablando.-Al menos a ti de dice Hiza.-tomó mi mano y me guió hacia donde habíamos estado antes, para subir al piso que me indicó y pulsar el timbre. Se giró mirándome fijamente.-Nos están esperando.-chistó.-Andan con la mudanza sacando todo así que debe tener algo de polvo, tú ignora eso y fíjate en el departamento.

-Sí, lo sé.-susurré mientras notaba como abrían la puerta.

Era el piso mejor situado de todos, estaba frente al pequeño apartamento de Olivier y podía incluso verlo con prismáticos si lo hubiera deseado. Además, era un lugar acogedor, el salón era bastante grande a mi parecer, comunicaba directamente con la cocina y con un pasillo que daba a las demás habitaciones. Las vistas eran perfectas si mirábamos por el ventanal e imaginé mis máquinas deportivas allí y unos prismáticos cerca, todo para ver a Olivier mientras yo hacía deporte.

Los antiguos propietarios eran jóvenes, no más de veintiseis años, y ella estaba embarazada. A su alrededor correteaban dos niños muy similares, aunque con rasgos algo distintos por ello no eran gemelos sino mellizos. Sonreí al ver como se peleaban por un peluche. Su padre mientras me miraba fijamente inspeccionándome.

-Me suena tu cara.-comentó mirándome a los ojos.

-Tengo una cara muy común.-respondí intentando ocultar quien era.

-Realmente debes ser alguien conocido, al menos conocido para mí. Me suenas mucho, realmente es como si te hubiera visto durante años.-y así era. Salía a diario en portadas de revistas del corazón, y también en periódicos. Era alguien con talento en el tatami y también el hijo de dos empresarios importantes. Sin duda alguna era el foco de atención de muchas personas.

-No, sólo que los asiáticos nos parecemos entre nosotros ¿no dicen eso los europeos?-dije con una sonrisa intentando escurrir bulto.

-No sé, insisto que me suenas.

-Es luminosa.-comenté para cambiar de conversación.

-Y segura.-añadió su mujer.-Pusimos dispositivos de seguridad para los pequeños, en las ventanas y en todo el apartamento...pero vamos a ser cinco y no hay espacio.-sonrió mientras yo tan sólo asentía.

-Cuanto.-dije sin interrogación, no era una pregunta en realidad sino un mandato.

-Sé que es algo cara pero...-el hombre no se atrevía.

-Cuanto.-repetí.

-Ciento veinte mil euros.-dijo al fin.

Entonces evalué la zona, la cercanía con Olivier, las buenas y nuevas carreteras construidas, las medidas de seguridad puestas, la luminosidad, el suelo que era bastante bueno, una casa que no era realmente vieja sino tendría unos seis años como mucho sus cimientos y también que tenía un centro comercial bastante a la mano por si necesitaba comprar.

-Es barato.-ambos se miraron serios, creo que incluso se apretaron la mano.

-Es algo pequeño, pero está bien situado...-parecían no creerme cuando él comentó aquello.

-Es barato, lo compro. Bueno lo comprará mi padre. ¿Cuándo podemos hacer el trato?-pregunté y ellos sonrieron, creo que estaban a punto de brincar.

-Hizaki, me acompañas.-dijo mirándome como si hubiera cometido un crimen.-¿nos disculpan? queremos ver bien el departamento.-dicho esto tiró de mí hasta la habitación del fondo, la principal.-Hizaki, no eres buen negociante.-puso sus brazos en jarra mirándome con seriedad.-de aseguro que si hubieses pedido rebaja te la daban, que decía negociable en el avis.

-¿Has visto que tienen tres hijos? les hace falta el dinero. Por favor no seas rata.-dije con los brazos cruzados y uno de los pequeños estaba mirándonos en la puerta.

Aquel niño nos miraba con unos ojos enormes tras su flequillo rubio oscuro. Tendría unos cinco años y después de inspeccionarnos miró cada rincón de la habitación.

-Hola.-entró en la habitación y fue hacia un oso de peluche.-Adiós.-

-Sí...adiós...-me quedé mirándolo ¿sería así mi hijo? agité mi cabeza y volví a mirar a Phoenix.-rata eso eres.

-Claro que no.-dijo algo ofendido.-pero eres joven y vas a formar una familia, vas a necesitar el dinero, no puedes gastar tan a manos llenas.-chasqueó la lengua molesto.- Ademas si no lo sabes son gente de por si muy adinerada, ya tienen otra casa.-era cotilla y seguro que había investigado a todos los anunciantes-Lo sé porque la hermana del hombre es amiga mía.

-Me lo paga mi padre, además al precio que están algunos inmuebles... es barato. Tiene cosas que no tendré que poner, de seguridad, algo que me ahorro. Por dios Phoenix no entiendes de vivienda.-yo sí, la verdad es que sí. Esa era la que quería.-Además.-lo llevé a la ventana.-Justo frente a estos bloques es donde vive a quien deseo acosar.-reí a carcajadas al ver su portal, se podía ver incluso su habitación.

-Así que ahí vive.-murmuró aproximándose para ojear la calle.-Hizaki eres un acosador.-se mofó de mí con una de esas sonrisas inexplicables mientras alzaba una de sus finas cejas.-Bueno yo tengo prismáticos.-murmuró acercándose a mí.-No diré nada más, pero lo dejo en el aire.-se salió de la habitación carcajeándose.

La casa constaba de salón con acceso a la terraza y comunicado con la cocina, un pequeño pasillo daba a tres habitaciones, y una de ellas era tipo despacho, además de eso tenía un pequeño armario para usarlo como si fuera un altillo y un cuarto de baño amplio a pesar de que la bañera no era excesivamente grande.

-¿Tengo o no razón? además los armarios están nuevos.-me apoyé en Phoenix y la mujer nos observó.

-¿Son pareja? quizás para dos hombres solos sea ... demasiado grande.-comentó.

-¿Eh? No, es el novio de mi padre.-dije apartándome para que no hubiera malos entendidos.

-Ah...

-Nada que ver.-dijo sonrojado moviendo sus manos.-Sólo que Hiza quiere independizarse un poco más, usted sabe como es la juventud ahora.-rió bajo cuando dijo aquello ocultando los motivos reales.-Hay junta de vecinos ¿cierto?-preguntó y como respuesta ella sólo asintió.-¿Y los vecinos que tal?

-Son muy calmados, no tendrá problemas con ellos si no hace excesivo ruido.-comentó mirándome fijamente.

-Bien, mañana vendré con el notario y terminaremos cerrando el trato. Pagaré los ciento veinte mil euros, ni un euro más.-ella asintió.-Vamos, Phoenix.-entonces una campanilla se encendió en la mente de la mujer.

-¿Eres el hijo de Sakurai?-la observé fijamente cuando dijo aquello.

-¿Algún problema?-interrogué

-No... ninguno.

-Le estaríamos muy agradecidos si no comenta que él vivirá aquí.-ella únicamente asintió y su esposo apareció de la nada con las escrituras.

-Quiero que vea las escrituras, para que tenga en conocimiento que todo está en regla y esté tranquilo.-comentó mostrándomelas.

-Sí, me fío de ustedes.-dije con una sonrisa.-Mañana vendremos a firmar todo con el notario, a la misma hora que hoy.

Nada más despedirnos y salir por la puerta se abalanzó sobre mí besuqueándome.

-¡Felicidades! ¡Ya tienes piso propio Hizaki!-gritó zarandeándome.-Ahora vayamos a comer...¡no!-dijo y yo me alarmé.-Mejor de compras.-comentó tomándose de la cara moviéndose leve.-Me veo muy pálido ¿verdad? Debo comprarme un polvo compacto para darme un poco de color, estoy demasiado pálido y el que tenía murió estrellado al suelo.

-Tengo que comprar ropa de bebé, cuna, biberones, pañales, cambiador...-comencé a decir todo el listado que necesitaba.-Son muchas cosas ¿no?-me rasqué la cabeza y le observé.-Pero quiero que tenga todo...

-Primero ten el departamento.-comenzó a aconsejarme.-Cuando compres las cosas te pedirán una dirección de envío y es mejor tener una segura.-íbamos por la mitad del centro comercial cuando dijo aquello.- en lo que más gastaras sera en pañales, también debes comprar un móvil para la cuna e intercomunicadores.-sonreía mientras.-Son utilisimos, yo tengo uno en la cocina, en la oficina y en mi habitación, todos unidos al que esta en el cuarto de mi Junie.

-Creo que lo que más me hará ilusión será en comprarle juguetes.-me rasqué la cabeza.-Disfrutaré yo más que él.-sonreí y me quedé mirando ropa, pero ropa de adulto en uno de los comercios inferiores.-Eso le vendría bien a Oly.

-¿Sabes que talla es? ¿Es más o menos de tu contextura? ¿O cómo?-preguntó mirando la ropa.-Bien, entremos.-tiró de mi brazo para entrar en la tienda y observar todo lo que había allí.-¿o es mas de mi contextura?

-Es mucho más delgado que tú.-entonces recordé aquel recorte de la noche del desfile y lo saqué de mi bolsillo.-No es una foto, pero la traje para que lo vieras.-dije entregándoselo.

Se veía muy atractivo con aquel traje blanco, sus cabellos estaban algo sueltos y no demasiado recogidos. Era atractivo, pero más que instinto sexual despertaba deseos de protección. Mientras él observaba la fotografía yo observaba las camisetas que había visto en la pequeña vitrina. Cuando al final alcancé a verlas sonreí.

-Y tu papá se queja por que yo soy delgado.-susurró caminando junto a mí cuando iba por los estantes.-Pero es lindo, muy lindo.-dijo analizándolo con la mirada.-Tiene una cara linda, y su cuerpo lo es también.-seguía mirando la foto y yo lo observaba a él de reojo.-A lo mejor le pasa como a mí, que es simplemente su anatomía de huesos finos.

-Sólo come pasta, verduras, frutas y cereales.-dije observando la camiseta que había visto.-Le quedaría bien ¿no? blanca, de tirantas y...-alcé las cejas.-Como dice Jun... tiene una anoria dibujada.

-Come demasiado sano para mi gusto.-dijo arrugando la nariz.-Nada más rico que una hamburguesa con papas fritas y refresco.-tomó una de las camisas que miraba y se fijó en la fotografía.-Sí se le vería bien, muy delicado.-susurró para clavar sus ojos en mí.-¿Le gusta el blanco? mira la hay en otros colores.-comentó señalando los amarillos claros, verdes, rojos, negros...

-No, blanco. Le gusta, créeme.-dije.-tiene la casa de ese color, también el traje que lleva en la foto es blanco...así que blanco.-miré en complementos y no había lo que quería.-Creo que iremos a otra tienda, quiero comprarle algo... aunque suene infantil... vayamos a donde los peluches después de comprar esto.

Me dirigí hacia la dependienta y dejé la camisa doblada sobre la mesa de cristal. La chica nos miraba fijamente a ambos, para luego mirar la prenda. Pestañeó leve y miró la etiqueta.

-Son veinte euros con cincuenta.-masculló mientras masticaba chicle.

-De acuerdo ¿acepta tarjeta?-pregunté mirándola con cierto desagrado por su vulgaridad.

-No, efectivo.-respondió.-La máquina está estropeada hoy.

-De acuerdo.-dije de nuevo sacando el billete de veinte y los cincuenta céntimos.

Ella tomó la camiseta y la metió en una bolsa de color fuxia, tan chillón como horrible. Yo simplemente pensé que tendría que comprar una bolsa mejor para Olivier.

-Claro.-comentó siguiéndome.-Sé donde venden peluches divinos, y de paso aprovechare de comprarles uno a Jun.-decía con una sonrisa que se borró de inmediato.-Aunque tiene muchos y sólo usa el conejo uta-masculló entre dientes.-y además, el otro día pase con Jasmine y vi uno que me encanto para mí.-la chica nos miraba mientras hablábamos y me daba mi tiket.-Le comenté a Atsu, pero últimamente está de lo más raro.-sus ojos se entristecieron al pasar por la puerta del local.-Me compraré yo el peluche.

Sabía que deseaba tener aquel peluche, pero más bien que mi padre se lo comprara. No es lo mismo comprarse uno las cosas que el sentimiento de que sea un regalo y más cuando amas a la persona que te lo entrega.

-Está rogando a Paulo.-dije sin pensar que pudiera sonar mal.-Será su hombre en el poder y él en la sombras, Paulo le está costando decir que sí...un sí definitivo.-fui hasta el mostrador y tomé un cordón negro con una zanahoria.

-Me llevo esto.-dije a la dependienta y ella sonrió.

-Son veinte euros con quince.-susurró amable y yo pagué.

-Anda, vayamos a la tienda de juguetes... veamos que le podemos comprar a Jun y Olivier...también a la de mascotas, quiero comprarle collar al gato de Miho.

-Yo le compraría algo a Astaroth pero... la pobre no es de peluches, les saca el relleno ahí mismo.-dijo aferrándose a mi brazo.-Claro como es tan grande mi niña.-rió bajo al añadir aquella coletilla, porque no era sólo grande sino que parecía un mastodonte que podía aplastarte lanzándose en plancha.-Así que vamos a ver que se ve.

-No, peluche a la gata no. Quiero ir a la tienda de animales que hay al lado...¿qué tal un collar? querría comprarle algo también a Valentino... pero ya le di chucherías.-entonces recordé que no le conté.-Oly tiene perro, se llama Valentino.-

Entramos en la tienda y de inmediato di con un conejo enorme de peluche, sonreí de la misma forma que sonreía mi padre cuando tenía un plan. Él era la princesa zanahoria, por lo tanto vendría bien un complemento conejil.

-Ya tengo lo que quiero.-lo agarré del estante y lo llevé al mostrador.

-Yo voy a mirar por ahí dentro.-comentó Phoenix paseándose por los pasillos, moviendo las caderas y dejando a más de uno de los padres que ahí se encontraban con sus ojos puestos en su trasero. Aunque fuera el novio de mi padre, aunque yo estuviera enamorándome de Olivier, tuve que quedarme mirándolo fijamente.

Sacudí mi cabeza y miré para ambos lados. Quería algo para mi pequeño hermano, algo que fuera con colores llamativos y pudiera usarlo para entretenerse en la cuna. Me fijé en unos sonajeros que había cerca del mostrador y tomé uno, eran de felpa y tenían cascabeles en su interior. Miré la etiqueta y estaba pasado por la unión europea, era una garantía de que el juguete no le haría daño.

-Estas dos cosas ¿cuándo costarían?-pregunté a la dependienta.

-Bueno el conejo cuesta sesenta euros pero está rebajado a cuarenta y siete, y el sonajero tan sólo ocho.-comentó mirándome fijamente mientras se desabotonaba uno de los botones de su ajustada camisa.

-Ah, entonces deme también un coche de estos de felpa que hacen ruido.-dije agarrando uno del estante.-¿Cuanto?

-Con el coche setenta euros y treinta céntimos.-respondió diligente mientras hacía cálculos en una pequeña calculadora.

-¿Y si pido que el conejo lo envíen a una dirección cercana? Es frente a esta tienda.-respondí señalando la calle que se veía al fondo tras el cristal del decorado escaparate.

-Entonces sólo sería un cargo adicional de tres euros por encontrarse en los alrededores ¿desea que lo envolvamos en celofán y pongamos un moño?-jugueteaba con su pelo rizado y me miraba con cierta sensualidad. El yo de otros tiempos se hubiera lanzado sobre ella y pedido el teléfono, pero el de ahora tan sólo intentaba no pedirle un poco de respeto para ella y para mí.

-No, así mismo.-dije.-Pero quiero que el sonajero y el coche estén envueltos en el papel de regalo más llamativo.-sabía como era Jun, incluso con el papel se divertía.

Phoenix se acercó sonriendo con cinco peluches en sus brazos, eran cuatro gatos negros parecidos entre sí y un sapo de color verde chillón. El sapo tenía una de esas coronas de príncipe encantado y unos ojos bastante sobresalientes, junto a una lengua enorme fuera de su boca. Los gatos eran más corrientes, pero parecían blandos y suaves al tacto, imitaban un poco al pelaje de los felinos.

-Por favor quiero que tres de los gatitos vayan cada uno en una bolsa, una azul, otra verde y una roja.-comentó con una sonrisa.-Y el sapito métela en una normal de papel por favor.-ella le observó con cierto asco y fastidio.

-Serán ciento diez euros.-comentó.-pero estoy con él todavía.

-Viene conmigo.-dije apresurándome.-Aunque pagamos a parte.

-Ten, uno para ti y otros para tus hermanos.-dijo entregándome las bolsas.-El de Jun y el mío lo tengo en mi bolsa.-me dio un beso en la mejilla y sonrió de forma inocente, pero no lo pareció para la dependienta.

La chica se nos quedó mirando y yo simplemente la miré harto de que todo el mundo le observara de ese modo. Se veía que era gay, pero no tanto por dios.

-Gracias.-sonreí observando los gatos.-Hero ama los nekos, mamá no le deja tener ninguno y rabia porque todos los niños tienen mascotas menos él.-comenté cerrando los ojos un instante y suspirando.-Supongo que es lo único malo que se tiene si vives bajo el techo de una maniática de las cosas caras...