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29/5/11

Una boda, una bala, prisas y sexo. Capítulo 16


Creo que estuve dándole vueltas a todo hasta que llegó el momento de llevarlo a la boda. Aquel día daría un giro inesperado a mi vida en todos los sentidos, pero yo sólo pensaba que vería como un ciclo nuevo se cerraba en la vida de mi padre y yo tenía que estar presente. Y sólo quería estar a su lado, para que todo fuera más llevadero.

Cuando fui a buscarle creo que mi mandíbula se desencajó. Vestía un traje gris humo, sin camisa y con una pañoleta larga adornando su cuello. Eso hizo que pensara que tenía poca ropa y que podía secuestrarlo amordazándolo con su propio complemento, sin embargo sacudí la cabeza y abrí la puerta de mi coche para que él se montara.

Llegamos en media hora, aproximadamente, y todo el perímetro parecía acordonado por los hombres de Kamijo. Así que únicamente podían pasar vecinos y personas que tuvieran invitación. Aparqué justo en frente de la casa. Le ayudé a bajarse como buen caballero, aunque él fuera un hombre era delicado y me gustaba tener ese tipo de comportamientos.

-Ya verás, nos vamos a divertir.-dije con media sonrisa esperando que fuera cierto, porque por dentro me olía que algo no iba a ir de todo bien.

Sabía bien que mi padre estaba arreglándose en el piso superior, Phoenix también. Entré con la llave que tenía y todos los floristas terminaban de arreglar todo. Lo había recogido en su casa, se lo dije. Quería verlos antes de que todo se volviera un revuelo y ayudarlo.

Ahí estaba Yue, Hiro, Aniel e Ismael. Los cuatro ayudaban con los arreglos. Eran mis amigos, personas con las cuales prácticamente había crecido y deseaba que Oly los conociera, además que ellos lo aceptaran de buena manera.

-¡Quita idiota!-gritó Hiro.-¡No seas estúpido!-apartándolo porque se había abrazado a él soplándole en la oreja.

-¡Tratame con cariño ahora que somos familia!-gruño Ismael empujado por Hiro, esto hizo que cayera de culo frente a todos.

-¡Ted cuidado! ¡Ted cuidado!-decía Aniel mientras con su hermano, mientras los floristas intentaban hacer lo que ellos le pedían. Mi padre les había dejado indicaciones para así no perder él el tiempo.

Oly estaba enganchado a mí y yo observándolos a todos. Creo que les daba miedo, aunque no lo dijera.

-Hiza ¿ayudamos a algo?-preguntó en mi oído.
Yo de inmediato besé su sien sonriendo como cualquier enamorado, como un auténtico gilipollas. Pero, eso era algo que no podía controlar. Me hacía feliz estar con él y poder lucirlo frente a todos, era algo que había sacado de mi padre. Ambos nos sentíamos orgullosos de tener a quienes teníamos y cuanto más se arreglaran mejor.

-Tú no, te has arreglado demasiado para estar cargando con eso.-dije tomándolo de la mano para entrar dentro. Aún estábamos en el pasillo hacia el salón viendo a todos moverse de un lado a otro.

-Sí, gracias.-murmuró algo abrumado por todo el mundo que allí se encontraban.

Yo al final no había llevado la corbata, el traje era negro, la camisa también, los pantalones y zapatos. Todos se quedaron estáticos mirándome, más bien mirándonos a ambos.

-¡Ay! ¡Mi Hiza que guapo estás!-corrió Aniel saltando como gamo encima mía. Los demás bajaron de las escaleras y se pusieron alrededor. Ismael ya conocía de vista a Oly.

-Vaya... ¿ya estás bien del pie?-preguntó mirándole fijamente con cierto desprecio.

-No mires así idiota, que intimidas.-dijo Hiro golpeándole bien fuerte. Era igual que Yue pero más masculino y adulto. Tenía veintitrés años, pero el parecido era increíble.

No soltó mi mano, es más creo que la apretó con ganas. Se notaba nervioso, sobretodo cuando se percató que estaba Yue.

-Hola, mucho gusto.-saludó a todos, de esa forma tan dulce que estuve a punto de lanzarme sobre él sin piedad.

Como pude me saqué a Aniel de encima sin separarme de Oly. A veces me asfixiaba que fuera tan loca, aunque yo también lo era y no podía decirle que no hiciera cosas que yo incluso hacía peor.

-¡Aire coño! ¡Aire!-grité y todos dieron unos cuantos pasos.-Uno a uno.-dije con una sonrisa, mientras observaba a mis amigos con corbata.

-¡Dijiste que te pondrías!-gritó Ismael.-Eres un bastardo mentiroso!

-Y tú un ojete que se ha quedado sin verme de corbata hoy, además yo suelo ponérmela, cosa que tú no.-murmuré y sonreí satisfecho por ser el único que no había caído en llevar la soga. Hacía demasiado calor para llevar algo así, quería estar fresco y cómodo.

-Él es Olivier... ellos son Hiro, Aniel, Ismael y a él lo conoces.

Yue no se había movido del sitio, observando todo con ganas de echar a correr. Notaba en sus ojos una decepción terrible. Creo que esperaba que apareciera solo para así lanzarse a mis brazos, rogar que volviéramos y hacerlo en alguna parte de la boda. Sí, eso era lo que sucedía en las películas románticas que tanto le gustaban... pero la realidad era distinta. Yo amaba a Olivier, yo quería estar con mi diseñador de alta costura y no con él.

-¡Ne! ¡No seas tozudo lo cargo yo!-gritó alguien mientras me giré y lo vi. Era Cat con mi hermano pequeño en brazos.

-¡Es el hermano de la novia de mi padre yo lo cargo!-respondió Eduart

-¿Vosotros también ya aquí?-los miré perplejo, porque no esperaba siquiera que vinieran.

Eduart tenía invitación y supongo que invitó a Cat porque sería su acompañante ya que su pareja, Sam, no pudo asistir por complicaciones en su trabajo. Ambos sonrieron al vernos, creo que se sintieron aliviados que estuviéramos allí entre tanto extraño. Aunque, ellos no conocían todavía a Oly.

Sonrió de forma cortés a todo el mundo, sin soltar mi mano, e inclinando su cabeza como saludo. Cada vez que la casa se llenaba un poco más, el se aferraba más a mí. Me recordaba a un niño perdido en medio de una multitud, pero para su suerte no esperaba quedarme hasta el almuerzo, sólo en la ceremonia.

-Hola Olivier.-dijo Cat intentando que no le quitaran el niño de encima.

-¡Dámelo!-gritó Eduart.

-¡No! ¡Es mio!-lo mecía mientras empezaba a reír de forma escandalosa, el niño simplemente lo imitaba completamente feliz de estar en sus brazos.

-Tú, suelta a mi hermano o le pegas lo idiota.-dije aquello como broma y él simplemente sacó la lengua, hizo lo mismo Jun para luego aferrarse a él.

-¡Yo tengo que aprender! Yo tendré hermanos...-gritó a todo pulmón Eduart, pero entonces vio a todos allí y se sonrojó. Creo que se avergonzó tanto que casi se cae y fue a esconderse prácticamente tras Cat.

-¡Chicos! ¡Os dejasteis el peluche!-ese era Lionel, entrando precipitadamente en el salón, y claro nos vio a todos.-Ho...hola.-balbuceó algo sonrojado, pero se relajó leve al verme a mí y vino con una sonrisa.-Hacía mucho que no te veía Hiza-kun.-dijo abrazándome.-Ho...hola.-estaba algo sonrojado observando a Olivier.

-Oly, este es Lio.-dije con una leve sonrisa.-Esos de allí son Cat y Eduart.

-Hola ¿qué tal?-dijo algo azorado y pude leer en sus ojos ciertos celos que me animaron.-Sí, a ellos les conocía de antes... un gusto volver a verlos.-un gusto que no parecía ser tanto, pero era encantador cuando se ponía de esa forma..-¿Entonces todos llegamos antes de tiempo?-sonrió quedándose quieto pegado a mí.

-Sí...-sonrió leve mirando a Oly, con cierta admiración, para luego pasar su mirada a mí.-No he podido traer a Tay... tu padre lo quiere fusilar.-me miraba con una sonrisa.-Te veo incluso mayor... dios...-comenzó a reír bajo y luego fue hacia los chicos tomando el niño.-Vamos dentro, vamos.

-¡Anoria!-gritó a pleno pulmón y todos miraron a Oly, para luego mirarme a mí.

Oly estaba tan rojo que en vez de zanahoria era tomate, un tomate bien maduro.

-Que majo... mi hermano.-murmuré casi golpeando mi cara con mi mano abierta.

-Le llamas anoria...-murmuró Hiro rascándose la cabeza, intentando saber de dónde venía esa palabra.-Anoria... ¿zanahoria?-interrogó mirándome con malicia.-Bonito nombre.-le fui a dar una patada giratoria y se apartó.-¡Oh! más suerte la próxima vez.

-Capullo.-murmuré tomando a Oly para ir arriba.-Vamos arriba, quiero ver a Kamijo y a mi padre.

-Hiza...-balbuceó intentando buscar excusa, quizás.-Creo que es mejor que vayas con tu padre solo.-creo que le daba algo de malestar estar cerca de mi padre, por lo sucedido con mi madre.-No es prudente, no soy de la familia.

-¿Y dejarte con esa pandilla de impresentables?-dije mirando hacia la planta inferior. Yue se había quitado la chaqueta y tenía una camisa algo trasparente, intentaba llamar mi atención o la de cualquiera con un par de centímetros entre sus piernas.

Abajo sólo se veía como se molestaban unos a otros, se empujaban y prácticamente pegaban por una psp.

-¿Ves? Son como canívales.-murmuré con media sonrisa, para ir a la puerta de mi padre y llamar.

-¡Un momento!-gritó Kamijo, escuchándose pasos apresurados hacia la puerta.

-¿Sí?-preguntó el amigo de mi padre abriendo un poco la puerta, era el llamado y mencionado como alcoholico... Imai, observando todo.-Oye viejo verde aquí está tu niñito... el cual te hará un abuelo respetable.-canturreó y Toll lo metió para dentro agarrándolo del cuello.-¡Animal!

La puerta cedió y yo entré dentro, donde estaban todos en reunión. Parecía un clan de la mafia reuniéndose para la boda de uno de sus miembros. Toll a Imai estaban sentados en una esquina, mientras Hide acomodaba bien la ropa de mi padre. Él era el experto en moda y discreción, mi padre se dejaba guiar pos sus consejos y también por sus propios gustos. Kamijo simplemente observaba todo desde un lugar prudente cerca de la ventana.

Todos estaban de negro impoluto, menos mi padre que parecía de merengue. Acomodaba la chaqueta cuando entré y casi me caigo de espaldas al verlo así.

-Dios pareces...

-Di algo Hizaki y te juro que te tiro por las escaleras.-dijo acomodando el chaleco esta vez.

18/10/09

La hora de la verdad VI


-No.-dijo en un murmullo.-No es tu culpa Hizaki.-susurró algo más firme.-Yo.-masculló.-Soy yo, no puedo.-lo miraba mientras hablaba, tan frágil que necesitaba protegerlo, pero debía alejarme y lo sabía.-No puedo relacionarme con alguien más todavía no.-pensé que debió ser traumática la ruptura con su pareja, que lo decepcionó terriblemente y le dañó cada molécula de su alma para comportarse de ese modo.-Y creo que tu mamá está orgullosa de ti.-aquello me lo había dicho ella, pero la decepcionaría de todas formas con lo del bebé.-Siempre habla bien de ti.-se acomodó mejor sobre mi pecho y lo rodeé con mis brazos, deseaba que se quedara a mi lado.

-¿Una mala experiencia?-pregunté acariciando sus cabellos.-Puedes contármelo, eso desahoga.-susurré besando su frente, no podía evitarlo. Era inevitable no desear acariciarlo, besarlo o simplemente escucharlo. Tenerlo así es como deseaba estar todo el día.-Oly.-murmuré levantando su mentón para que me mirara.-Piensas que es un capricho, aunque no me lo digas, pero esta vez no es así y... es curioso porque nunca me sentí tan seguro de algo y mucho menos de algo que no puedo tener.-con Yue no había sido así, ni con Lexter... con nadie ¿por qué? Soñar con él no me servía de nada, más bien me intranquilizaba. Me di cuenta que me había enamorado de él. Que eso era todo lo que sucedía. En ese preciso instante podía decirlo con propiedad, aunque tan sólo me lo dijera a mí como pequeña autoconfesión rebotando por mi mente.

Alejó su mirada de mí mientras se limpiaba las lágrimas. Parecía tan frágil que temía que se rompiera como una pompa de jabón. Era demasiado dulce como para no desear abrazarlo, acariciarlo y susurrarle que uno estaría siempre ahí. realmente quería estar ahí para ayudarle, para que jamás volviera a llorar como había hecho por mi culpa.

-Perdóname Hizaki.-repitió de nuevo, como si fuera lo único que supiera decir.-Ha sido mi culpa reaccionar de esta manera.-se incorporó y se alejó de mi, cuando yo deseaba todo lo contrario.-Quizás lo mejor que podría hacer es fingir que no ha pasado.-murmuró.-Tienes muchas cosas en la cabeza como para quebrarte la cabeza conmigo.-si supiera que él era lo único que pensaba, lo único que tenía en la cabeza, salvo los momentos en los que me preguntaba como sería mi hijo.-y me gustaría ser tu amigo... ¿podemos ser amigos?

-Sí, lo necesito.-no quería perderlo, haría cualquier cosa por mantenerlo pegado a mí y así espantar a cualquiera que se aproximara.-Pero dime ¿estás seguro de querer ser amigo mío? soy cabezota, nudista y sobretodo a veces un poco corto.-sonreí intentando aliviar la carga que parecía llevar sobre sus hombros, él no tenía culpa de nada.-Oye lo de que voy a ser padre ni se te ocurra decírselo a mi madre. La chica no quiere el niño, así que cuando lo tenga será únicamente responsabilidad mía y puede que mi madre me mate. Claro, que si no lo hace antes mi padre.

-No te preocupes, se ser discreto.-dijo alzando el rostro, ya algo más calmado. Se apoyó entonces en el árbol que estaba demasiado próximo al banco, casi podía ser un respaldo perfecto más que los hierros que poseía.-Creo que es mejor si tomo el taxi que había dicho.-masculló algo entristecido.-Tal vez otro día podamos tomarnos ese té.-dijo en un tono conciliador, pude notarlo que no fue algo que realmente le apeteciera.

-Te puedo llevar a tu casa.-dije levantándome para quedar próximo a él pero a una distancia algo aconsejable.

En ese instante pasaron dos de mis compañeros de la banda. No sabía como iba a reaccionar el hermano de Yue.

-¡Que hay Hika-kun!-gritó el novio de Aniel.

-Hola Ismael.-respondí.

-Vamos al polideportivo ¿te hace? echar unos tiros.-comentó el que fue mi cuñado hasta ese entonces. Miró de forma despectiva y acusadora a Olivier, pero era mi decisión y él no podía hacer nada. Las relaciones se rompen y punto.

-No, Hiro. Llevaba mi amigo a su casa.-los dos lo observaron largamente y luego a mí.

-Vale, nos vemos a la noche.-lo decía por la mensajería, él quería tratar conmigo el tema de unos arreglos desde hacía días.-No te olvides que a parte de tu carrera en solitario está nuestra banda.-chocamos las manos y se marcharon.

-¡Suerte con la conquista Mr Sushi!-gritó Ismael.

Gruñí, o al menos creo que lo hice. Odiaba que me llamara de esa forma. Además no era una conquista, al principio así fue pero se destrozó todo.

-¿Puedo llevarte? por favor.-quería tenerlo cerca, así me aseguraba poder verlo un rato más. Me aproximé más a él y coloqué bien sus cabellos.-No puedo dejarte aquí

15/8/09

Marimacho a la vista XIII


La semana fue tortuosa. Los ensayos para la obra del Tenorio, el gimnasio, los exámenes y sobretodo Yue. Él pedía que estuviera pendiente a él durante todo el tiempo que fuera posible. Se pasaba el día entero pegado a mí, sobretodo en la hora del almuerzo. Siempre me pedía que fuera a comer a su casa, allí sus hermanos me miraban de forma inquisidora. Eran mis amigos, pero era su hermano pequeño y ambos no veían bien que yo jugara al don Juan con él. Él lo había contado todo a su familia, su madre intentaba ser discreta con mi madre y su padre igualmente con el mío. Ellos deseaban que yo tomara mis decisiones de hacerlo público o no.

-Hizaki.-dijo Aniel en uno de esos almuerzos, siempre permanecía callada observándome.

-¿Sí?-interrogué mientras comenzaba a tomar las natillas que había preparado Yue.

-Si haces daño a mi hermano te saco los higadillos por la boca.-tragué saliva cuando dijo aquello.-Y no sólo los higadillos.

-¡Ani!-gritó Yue prácticamente de inmediato.-No le digas eso a mi chico, no seas cruel con él.-recostó su cabeza sobre mis hombros y yo sentí que mi apetito se perdía de nuevo.

-Debo de retirarme.-dije levantándome con un leve gesto de cortesía.-Todo estaba excelente.

-¡Cobarde!-me reprochó ella levantándose indignada.

-Siéntate, no des la comida por favor.-intervino Hiro.-Cada cual hace lo que crea conveniente en su vida, tú harás lo que creas en tu vida.-su voz era muy masculina pero su tono siempre era suave, como si fueran susurros. Parecía no querer desentonar como lo hacíamos los tres en cada momento.

-No te vayas Hizaki.-me miró con aquellos ojos de niño caprichoso.-Si te quedas podemos ir luego a pasear, es viernes, y seguro que podemos ir a escuchar jazz al Pub City.

-Debo de estudiar bien algunas asignaturas.-le di un suave beso en la frente.

-No Hiza.-dijo tirando de mi uniforme.-Anda quédate.-su hermana me fulminaba, ella simplemente me quería lejos de su hermano pequeño.

-Tiene que irse, déjalo.-dijo Hiro sin inmutarse.

-Nos vemos otro día.-tomé mis cosas y me marché de la casa.

De camino a la mía medité seriamente lo que hacía. No lo quería, me forzaba a decirle te amo y me buscaba aunque no deseaba ser encontrado. Las pruebas de paternidad fueron positivas, pero para ir a realizarlas tuve que mentirle a él más que a mi propia madre. Cuando supe el resultado fue como un jarro de agua fría sobre mi cabeza. Rogué mil veces perdón, ella dijo que no importaba porque yo me quedaría con el niño y ella volvería a Japón. No quería saber nada más de mí como pareja, yo tampoco, y mucho menos como amigos, eso estaba claro. Me puse en contacto con una abogada cercana a la familia, más próxima a mí que a la familia. Tuvimos algo, pero todo se paró antes de que su marido se enterara. Ella redactó todos los papeles donde dejaba claramente estipulado que el niño era mi hijo y que yo sería su único tutor legal.

Al llegar a casa y subir por las escaleras vi aquel mueble, ese donde aún se veía alguna foto de mi padre junto a mí. Me pregunte si sería como él con mis hijos o todo un desastre. Tenía un miedo atroz y el que era mi pareja no parecía maduro para entenderme. Todo lo llevaba en secreto y me sentía como colilla usada. Según la moral y el honor me debería casar con ella, eso haría un buen chico de hace unas décadas. Si bien, yo no quería estar con esa mujer y ella tampoco conmigo. Para mi fortuna el mundo había cambiado, podría tener a mi hijo y todo iría bien. Aunque no estaba seguro de la reacción de mis padres, mis amigos y de aquel que decía amarme.

Me encerré en mi habitación y me quité la ropa, la dejé tirada por cualquier lugar del cuarto y me metí bajo la regadera. No miré si estaba listo el termo no, simplemente quería agua para aclarar las ideas. Comencé a llorar. Estaba frustrado, todos mis sueños se irían por el sumidero. No quería perder lo que era parte mía, era como si se evaporara algo propio. Además entrañaba riesgos un embarazo tan desarrollado y sabía que esa culpa estaría siempre sobre mis hombros. Pegué mis manos a los azulejos, las palmas bien pegadas, mientras notaba mi cuerpo temblar. El agua corría por mi pecho y mi espalda hasta mis piernas. Empapé mi cara, quería borrar el rastro de las lágrimas y sobretodo de mi estupidez. Iba a ser padre y se hundía mi mundo por completo, me estaban obligando a crecer demasiado rápido. Yo quería seguir siendo un adolescente sin preocupaciones.

Tras mi ducha miré el móvil y tenía varios mensajes de Yue, también uno de mi padre. Me decía que tendríamos un día de motos al fin. Sonreí al ver la fecha, era al día siguiente, y así tendría que decirle a mi pareja que no podría verlo. Aquello fue un regalo, más que un castigo. Para otro supondría tener que dejar de ver a la persona amada, para mí era dejar de ver a mi segundo hermano pequeño al que cuidar y tener que consentir.

Me tumbé en la cama con la toalla en la cintura, estaba con los brazos extendidos y las piernas paralelas. Imitaba quizás el símbolo de Jesús en la cruz, pero no era mi intención. Mis ojos se cerraron, sentía mi cabeza embotada con tanta información recibida y mi estómago revuelto. Vería a mi hermana, la que decían que era mi hermana.

-¿Y cómo eres Marimacho-sama?-dije con una sonrisa en mis labios.-Dijo que eras fuerte como un chico, que eras su vivo retrato de joven y con un estilo algo punk.-suspiré.-Ya no soy el mayor.-me encogí entonces en forma fetal y quedé en silencio.

Pronto comencé a escuchar el sonido de una tormenta. Podía notar la lluvia caer deslizándose por la ciudad como pequeñas serpientes. Las lágrimas de Dios, así las llamó una vez mi Padre. Yo simplemente sentí deseos de salir corriendo y caminar bajo ella. Pero si lo hacía seguramente me vería Yue. Él vivía a pocos metros, podía estar vigilando mi casa y si estudiaba o no.

Me levanté y me puse una camiseta, unos boxer y me asomé a la ventana. El agua chocaba violentamente contra los cristales, demostraba la ferocidad de la madre naturaleza. El olor a tierra mojada comenzó a notarse, creo que tuve que abrir la ventana sólo para olfatearlo en el aire. Necesitaba eso, un poco de libertad y de naturaleza viva. Quería alejarme de las flores de plástico y de los tubos de escape de los coches. Odiaba la ciudad, amaba el campo y el tiempo que estuve con mi padre noté paz en mi alma.

Cerré la ventana antes de pillar un catarro, hacía frío y yo estaba prácticamente desnudo. Me metí en la cama y me tapé la cabeza. Mis cabellos aún estaban húmedos, así que tuve que levantarme para secarlos y volver a estar bajo las cobijas. Amaba el invierno, deseaba que volviera y tan sólo sentía como se aproximaba más y más la primavera.

-¡Hiza!-gritó mi hermano entrando en mi habitación.-¡Truena! ¡Truena!-se metió conmigo en la cama temblando.

-Son truenos ¿y qué?-un relámpago iluminó el cielo, también mi habitación que estaba en penumbra.

-Me dan miedo.-susurró aferrándose a mi camiseta.

-Por favor… ya eres grande para eso.-dije acariciando sus cabellos y su rostro. Noté que había estado llorando, es más aún lo hacía.-Hero no pasará nada, yo estoy aquí.

-Pero papá no.-murmuró y yo lo estreché un poco más. No quería que sintiera el vacío de mi padre, pero supongo que era inevitable.

-Papá está bien, papá ama la lluvia y las tormentas como yo.-besé su frente.

-Papá también huele como tú, tú te pareces a papá.-dijo algo más tranquilo y noté que su respiración agitada se iba normalizando.-Yo no me parezco tanto a él, tampoco me parezco a mamá. No sé a quién me parezco.

-Tú eres la armonía perfecta de un egocéntrico y de una histérica con rostro de hielo.-susurré y él comenzó a reír bajo, hasta que notó otro trueno y se aferró a mí con más fuerza.

-¿Puedo quedarme?-susurró en un balbuceo. La única respuesta que le di fue arroparlo un poco mejor y acariciar sus mejillas.

No paraba de preguntarme si cuidaba bien de él, si alguna vez lo hice mal y si sufrió por ello. Lo mimaba demasiado, sin embargo él se dejaba hacer. No tenía culpa de que me mirara con esos ojos enormes y rasgados, era imposible decirle que no a cualquier cosa que pidiera. Sin embargo, él pocas veces pedía o rogaba por algo material. Era un buen niño, pronto sería adolescente y finalmente un adulto. Odiaba pensar que algún día no me necesitaría y no vendría a pedirme un poco de cariño. Era mi hermano pequeño y por en esos días era lo único que tenía como apoyo real.

Cuando la tormenta acabó él estaba dormido. Yo tan sólo lo dejé en el cuarto bien arropado y fui a por algo de comer. Subí un pequeño bocadillo con crema de avellanas y un batido de vainilla. Lo dejé en la mesilla con una nota, por su despertaba, para que supiera que era para él. Regresé a la cama acostándome a su lado, acariciando sus cabellos y besando nuevamente su frente.

Clara subió y abrió la puerta, ella no dijo nada y se quedó observándome. Después se aproximó a mí y susurró algo que no pude olvidaré nunca. Es espeluznante pensar en esa frase en un momento en el cual tanto la necesitaba oír.

-Serás un buen padre cuando te llegue la hora.-tras eso yo simplemente quedé en silencio mirando a mi hermano y como ella se iba.

4/7/09

De los errores se aprende III


Me estuve informando porque me atrajeron en cierta forma, eran especiales entre los desechos que campaban a sus anchas en ese lugar. Yo no solía ir, iba siempre al club social, si bien me cansé de los niños que se creían dueños de imperios cuando únicamente serían sus herederos. No sabían lo que era la realidad ni el trabajo duro. Esos chicos sí, pero aún así tenía ganas de patear al tal Amaury o Dios Oscuro como solía llamarse.

Me volví a casa algo magullado, aunque no demasiado. El móvil lo había dejado en la cama y al mirarlo había como treinta mensajes de Mario. No iba a responder, no quería verle. Los borré sin mirarlos y apagué el móvil para no escuchar sus llamadas perdidas. Gastaría el dinero inútilmente. Aún era medio día, Clara entró para preguntar si iba a comer o si me marcharía para almorzar con ese amigo mío. Cuando mencionó a Mario, aunque ella no sabía su nombre, mis ojos se cargaron de odio y debieron de asustarla para que se marchara sin decir nada más.

Pasadas unas horas llamaron a la puerta, era Yue con el resto de mi banda. Tras los exámenes solíamos quedar para ensayar. Todos estábamos emocionados con varios temas que habíamos compuesto y pasado por la mensajería instantánea. Era lo típico de una pandilla de adolescentes. Poseíamos un myspace, una web de contactos y un blog. Cuando entraron en mi habitación se empezaron a reír al ver mi cara de pocos amigos.

-¿Una de tus conquistas no quiso bajarse las bragas?-preguntó Ismael sentándose en los pies de mi cama con esa sonrisa de cabrón sin remedio.

Sus padres eran nuevos ricos, él se crió en un barrio humilde y no le daba demasiada importancia al dinero o las cenas de gala. Pensaba en sus estudios, ser un ingeniero y trabajar para una gran compañía diseñando nuevos motores para la formula uno. Además de eso amaba la música y la guitarra, estaba aferrado a ella y no la soltaría hasta el día de su muerte o eso nos decía. Sus raíces eran españolas, aunque también tenía húngaras y rusas.

-Yue ¿por qué no le das una de tus galletas caseras? Seguro que le alegras.-ella era Aniel. Una chica algo masculina que aporreaba la batería como nadie. Su hermano era Yue. Ambos eran hijos de una de las mejores amigas de mi madre. Ambos eran de padre coreano y madre francesa. Tenían lo mejor de cada cultura o eso decía mi madre, sabía que estaba empeñada en que saliera con ella. Sin embargo a ella le iban más los chicos como Amaury y cia.

-Hola.-murmuró Yue apareciendo con esa fiambrera cargada de calorías para mí.

Su hermano también apareció observándonos a todos, quedándose en silencio. Él era Hiro, Hiromoto, el hermano mayor de ambos fruto de un matrimonio anterior de su padre. Tenía veinte años y era completamente asiático, aunque hablaba seis idiomas siempre estaba en silencio con sus ojos de lechuza clavados en mí. Era nuestro otro guitarra, pues Yue era nuestro bajo.

Los cinco formábamos un grupo denominado “Eternal Light”. Amábamos Death Note y sobretodo al protagonista de aquel anime infernal. Light fue en su nombre, en el nombre de Light Yagami. Era curioso, pues Hiro y sus hermanos se apellidaban igual que él. Queríamos ser como Kira, limpiar el mal de las calles pero eso era imposible. Por lo tanto nos dedicábamos a limpiar nuestras almas expulsando todo lo que nos torturaba. Odiábamos ser los niños ricos, que se nos tachara de superficiales cuando no lo éramos y las fiestas pomposas de alta sociedad. Queríamos una vida común, nada más.

-¿Qué queréis?-pregunté incorporándome.

-Quedar, podemos quedar mañana y hoy dar una vuelta.-dijo Yue recostándose a mi lado. Notaba sus intenciones hacia mí, demasiado bien.

Cuando vinieron a vivir a la ciudad, tras años en París, lo conocí casi inmediatamente. Mi madre pensaba que era el compañero perfecto de juegos. Teníamos seis años, bueno yo prácticamente siete. Al principio me agradaba su compañía, era alguien dulce que parecía aceptar cualquier juego que yo impusiera. Más que dulce era dócil. Pero cuando teníamos diez años algo sucedió, algo extraño. Vino a mí con una postal de San Valentín y yo pensé que era de su hermana. Sin embargo, cuando preguntó que si quería ser su Valentín casi me caigo de espaldas. Estuve meses sin hablarle, me sentía mal por haber tenido un comportamiento tan abierto con él y que pensara que podía suceder algo entre ambos. Si bien lo entendió, que él y yo sólo podíamos ser amigos.

Yue era alguien que siempre estaba ahí. Nunca dejé de intuir que seguía enamorado de mí. No salía con chicas y tampoco con chicos. No se apartaba demasiado tiempo de mí, tenía cientos de mails suyos de todo tipo. La mayor de las pistas sobre que su comportamiento era de enamorado era que siempre recordaba fechas importantes para mí, me adulaba y más de una vez había pedido dormir en mi cama las noches que habíamos quedado a estudiar.

-Hizaki.-cuando escuché su voz volví a mi mundo.

-¿Podemos quedar otro día?-pregunté.-No me encuentro bien.-dije cerrando los ojos con la mirada algo confusa.

El bebé, todo era por culpa del bebé, y pensar que el Karma me devolvía el rechazo de Yue. Podía empezar algo con él y que todo fuera bien. Pero no lo amaba, le quería como a un hermano y nada más.

-Vale, nos vamos y volvemos otro día.-dijo Ismael que se levantó tomando de la mano de Aniel. Ella era su novia, por así decirlo.

Todos se marcharon menos Yue, él se tumbó a mi lado acariciando mi rostro. No dije nada, tan sólo dejé que esas caricias me relajaran.

-¿Yo también molesto?-preguntó abrazándome.-Sé que te pasa algo.-dijo con una sonrisa en su rostro.-Pero yo haré que nada pase.-cuando dijo aquello, no sé porqué, pero lo besé. Él siguió el beso con los ojos cerrados, dócil, mientras se aferraba a mi camiseta y yo únicamente lo observaba.

Al separarnos él parecía un pequeño tomate, estaba nervioso y confuso. Se tocaba los labios y me miraba. Ardían, sabía que le ardían.

-¿Por qué?-interrogó meditativo.

-Tenía ganas de hacerlo desde hace mucho tiempo.-él sonrió con esa pequeña mentira, creo que el brillo de sus ojos se intensificó.

-¿Tú también me amas?-preguntó y no supe qué decir.

-Me gustas mucho.-sí, el chico era atractivo, no mentía en ello. Sin embargo, el termino gustar no era preciso.

-Te parecerá un descaro pero tu madre no está, no está tu hermano y tan sólo el servicio.-comenzó a tocar mi entrepierna.-¿Si lo hacemos bajito se enteraran?-estaba nervioso, tan agitado que temblaba al menor roce.-Soy virgen, no pienses mal, pero me reservaba para ti.-se inclinó y besó mis labios de forma dulce.-¿Seremos novios? Lo llevo esperando nueve años.

-Lo sé, pero no estaba preparado para tener un chico como pareja.-mentí y él se sintió como en las nubes, lo pude notar.

-¿Realmente has estado pensando en mí? ¿sí?-parecía una chica emocionada el día de su graduación, del baile de fin de curso, y esperando que su chico la tomara de la mano para bailar.

-Sí.-dije bajando mi bragueta y observando que la puerta estuviera cerrada.-¿Quieres hacerlo?-pregunté esperando que dijera que sí. Quería un desfogue, aunque luego me arrepintiera.

-¿Somos novios?-murmuró aquella pregunta mientras sacaba mi miembro y lo observaba algo intranquilo. Estaba trémulo, juraría que a parte de la suya no había visto otra.

-Lo que tú quieras.-agarré su nuca y pegué su cara a mi sexo.-Humedécelo, haz que se ponga duro para ti.

-No.-se apartó.-No quiero ser tu novio porque yo lo quiera, ¿somos novios porque tu quieres?-interrogó esperanzado.

-Yo lo daba por hecho.-sonreí y él se inclinó de nuevo para lamerlo con timidez.




Dedicada a Miho