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27/7/10

Un buen chico V


-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

-Oh, Yue es el chico que me contaste ¿verdad?-dijo cuando regresé con las bebidas, tal vez había estado recordando ciertas conversaciones que habíamos tenido.-Que bueno que se han arreglado. Ah, ira Max ¿también?-realmente era el único de mi círculo que conocía, yo tampoco conocía a los suyos.

-Por desgracia sí, vendrá Max...y espero que no termine intimidando a ninguna de mis amigas... tiene las manos muy largas.-murmuré y eché a reír.-Recuerdo que le presenté a la hermana de Yue cuando aún no salia con mi amigo.-tuve que parar de hablar un segundo porque las carcajadas iban solas.-Y bueno terminó con las baquetas rotas en la cabeza.

-¿Será por eso son amigos?-alzó una de sus cejas mirándome, sabía que me estaba acusando de tener las manos largas.-¿Quién más que conozca irá a la boda? ¿Irá Wilde?

-Irá mi hermana, su marido, el hijo de su marido, el novio del hijo de su marido o eso creo, Kamijo, Jasmine, mis amigos de la banda y por supoesto que estará tu amado Wilde. El cual no para de tontear con el nuevo cura.- cura que no era como Lionel, ese era heterosexual. Pero sabía bien que un halago no amarga a nadie, y más si esos halagos luego tenían recompensa en el cepillo. Entonces recordé.-Sólo espero que Lio no venga con su novio... Taylor es capaz de aparecer y entonces a mi padre le da un paro cardíaco.

-Boda gay.-murmuró.-Tenía que estar llena de hombres probando que pueden ser más zorras que cualquier grupo de mujeres.-se echó a reír cuando dijo eso, en realidad tenía algo de razón pero no del todo.-Eso te lo aseguro.

-¿Quién es Taylor? ¿Tu padre no se lleva bien con él? ¿O qué?-preguntó seguro por lo que había dicho del infarto.-Creo que al único amigo de tu padre que conozco es a U-ta, muy caballeroso se porto conmigo, es muy propio él.-bueno no era el único, también conocía a Paulo.

-Uta sigue enamorado de mi padre, no creo que le sea grato asistir a la boda. Sí estará Anii que es su hermano, Imai y también Hide. Todos son como Uta, todos son como mi padre, claro que Uta se descontrola si toma azúcar... es como ver un antes y un después... es como un adolescente y por lo que sé se la pasa molestando al resto del grupo.-sonreí cuando recordé algunas cosas que me contó mi padre.-El hermano de Taylor casi mata a Uta, mi padre mató a ese hombre cuando lo vio sobre el que era su novio mientras intentaba violarlo... y bueno mi padre tuvo que huir de Japón. Añade que Taylor es el ex novio de Phoenix... tienes una mezcla explosiva.-el mundo era un pañuelo, y más cuando tanto asiático terminaba en este país intentando buscar un nuevo futuro, o tal vez tan sólo huyendo de un pasado tormentoso.-Aunque Lionel es.-sonreí como un adolescente.-Creo que fue el primer chico que me gustó, a parte de Lexter, él era cura y un cura peculiar... la verdad.

Se quedó mirándome casi ojiplático. Parecía haber bajado de una atracción de esas que vas a toda velocidad y haces giros en el aire. Boqueó un momento y siguió intentando averiguar más.

-Pues que vocación tan rara.-dijo volteando hacia los músicos para no mostrar ante mi sus dotes de expresividad.-Mira que ser sacerdote y modelo, no es algo que se vea todos los días.

-Dejo de ser sacerdote, ahora se casará con Taylor y es modelo. Aunque con lo tímido que es no sé como aguanta modelar.-reí bajo al recordar lo rojo que se ponía cuando hacían halagos sobre tus dotes de profesor, aunque más bien todas las chicas lo hacían por su físico, también algún chico.-Aunque siempre va Cat con él suelen trabajar juntos.-eso para Lionel era un punto de apoyo, no conseguía averiguar como ese niñato tenía tantos contactos y conocía a tanta gente.-Así que no hay problemas.-tomé aire dejando que la música me dejara como en coma un instante.-Cat también estaba en la fiesta, creo que incluso te saludó. Su novio es el amigo del mejor amigo de mi hermana. Ese no sé si irá, no creo que tenga invitación. Ese maldito siempre se pasa la vida buscándome para que nos peguemos y a la mínima se sonroja el muy idiota.-claro que hablaba de Amaury, no había otro idiota en la ciudad como él.

10/7/10

Un buen chico II

-¡Lo lames del suelo si quieres!-entonces carraspeé y contesté.-Oly por favor, perdónalo, es idiota, no tiene cabeza... la única que usa está en... bueno en otro lugar ¿llegaste?-

-No.-escuché en un susurro.-No importa Hiza.-parecía contenerse de no carcajearse, Max era un idiota y me había puesto en ridículo frente a él.-Estás ocupado ¿verdad? Yo sólo quería avisarte que llegué bien, te dije que te hablaría cuando llegara. Sólo era eso, estoy de una pieza y casi en dirección a casa.-se escuchaba el tráfico, además de agetreo. Sabía que estaba en la puerta de salida del aeropuerto.

-Voy a por ti.-dije poniéndome en marcha.-Le diré al inútil de Max que limpie lo que ha manchado... y ya voy para allá.-a penas había sudado, pero me daría tiempo a una ducha rápida.-¿Puedes esperarme media hora? es lo que voy a tardar. Ve a la cafetería, pídete un té o un zumo y yo estoy allí antes de lo que puedas pensar.-esperaba que me dijera que sí.

-Ohhhhhh Hizaaaaa no me digas que es tu Julietaaaaaaaaa.-canturreaba detrás realizando una danza estúpida como si tirara pétalos de flores.

-¡Max! ¡Si quieres que lo aplastado ahora sean tus pelotas cállate!-grité y él se cayó al sofá riéndo a carcajadas, le tiré un cojín pero ahí seguía sin parar de reír y hacer ruido. Se reía sin parar y yo ya estaba bastante avergonzado que nos tratara de Romeo y Julieta.

-¡Oh Romeo! ¡Romeo! ¡¿Donde estás que no te veooooo?! ¡Lo siento Julietaaaa fui a echar un meoooo!-gritaba entre carcajadas y yo sólo rogaba que no le sentara mal a Oly lo que estaba escuchando.

-¡MAXWELL!-le reñí en el mismo tono de voz que sacaba mi padre y con los ojos de furia helada de mi madre, pero él ni se inmutaba.

Escuchaba como Olivier también se reía, aunque intentaba disimularlo cuando me hablaba.

-No te tienes que molestar Hiza, no es necesario, agarro un taxi y nos vemos ahí en un ratito.-fruncí el ceño y golpeé duro en el estómago a Max, pero este sólo sonrió satisfecho.-Mira si lo hacemos así a ti te dará tiempo de arreglarte y limpiar todo y yo llegaré fresco y tranquilo.

-Perfecto entonces.-dije con una sonrisa algo idiota cuando pensé en verlo en menos de una hora.

-¡Anda mira como sonrie! ¡Ya te tienen puesto el bozal Hiza!

-¡Cállate!-vociferé estámpandole un cojín en toda la cara.-Te espero en quince minutos, pero antes ve a tu apartamento y mira lo que tienes en la cama.-dije y Max comenzó a reirse bajo alzando y bajando las cejas.

-¿Le compraste unos boxer sexys para la noche?-reía de nuevo a carcajada limpia y yo ya me tiré sobre él tapándole la boca.

-No le hagas caso, no es eso... en serio.

-¡Hiza! ¿Qué has hecho?-ya me estaba reclamando cuano no era eso.-No, no..no..habrás hecho eso ¿verdad?- preguntó totalmente avergonzado.

-No, es una sorpresa.-respondí intentando controlar a Max que no paraba de intentar chafarme todo.

-Mientras la sorpresa no halla sido que le has conseguido pareja a mi Vale, esta bien.. mi niño es aún peque para esas cosas.-sonreí al escuchar lo que había dicho, no había caido en buscarle pareja a su perro. No sabía su edad, pero parecía cachorro.-Anda ya cuélgame que sino terminare bajandome del taxi aún pegado al teléfono...

-¡Si anda cuelga!-gritó Max porque sin querer en el forcejeo abrí el manos libre, pero eso no lo supe hasta ver la pantalla.-¡Cuelga o vendra tu zanahoria y tú apestaras a mofeta!-

-¡Max! ¡Vas a morir! ¡Vas a morir cabrón!-pegándonos como crios caimos a al suelo y yo aún agarrado al móvil.-Cariño, tengo que colgar... o sino terminaré sin hermano mayor.-

-¡Oh! ¿Me quieres tanto? ¿Puedo ser padrino en vuestra boda?-preguntó pellizcándome la mejilla.

-¡Mueres! ¡Te juro que mueres!-exclamé sin lograr golpearlo, porque me hizo una llave y caí presa de sus piernas y brazos.

-Hola, al habla de nuevo Max... tu chico lo tengo atado con una llave lateral espero que no te importe.... un gusto volver a platicar contigo. Haré que se duche, afeite y esté limpito como un bebé en la puerta de tu apartamento... chao.-colgó y dejó el móvil a un lado.

Entonces me zafé y comenzamos una guerra que terminó rápido. Una guerra de carreras, cojines, golpes y él sentado sobre mí con una sonrisa de satisfacción indescriptible. Cuando iba hacia la ducha me bajó los pantalones mientras corría y casi me caigo.

-¡Animal!

Al final me duché, me arreglé con la mejor ropa que creí mientras él limpió todo además de bajar a por algo a la tienda cercana.

-¡Tadá! ¡Tatata!-gritó dejando un pequeño cesto de fresas frente a mí.-Llévale esto... seguro que lo agradece y dile que es de mi parte.

-Sí, que sí.-dije bien arreglado, como nunca él me había visto.

-Joder pareces otro.

-Vete al cuerno.-respondí agarrando el pequeño cesto y salí por la puerta, pero antes le avisé.-Te dejo que veas pelis en mi super tv... pero jodelo y te juro...

-Te juro que te lo meto por el orto... lo sé.-comentó asintiendo con los brazos cruzados.

Tras ello llamé a su puerta, habían pasado algo más de veinte minutos y ya no podía más, quería verle de una maldita vez. No abría, me estaba impacientando de más. Escuchaba música bastante alta y recordé que aún tenía las llaves. Fue inteligente por mi parte no dejarlas dentro, así que abrí la puerta y entré lavando las fresas para trocearlas.

Cuando lo hice las eché en un plato decorándolas con almíbar que había en la despensa y las dejé como pequeña brocheta fresca en la nevera. Después me senté en la encimera, tras recoger todo, esperando que saliera.

Y salió. Salió sin camiseta y con el cabello envuelto en una toalla, tan sólo llevaba los jeans. Se llevó una mano al pequeño boqueando aire, se había llevado un buen susto.

-¡Hiza!-gritó-¡Me matas del susto! ¿Cómo entr....?-balbuceó llevándose una mano a la cabeza.-Ah, sí tienes llaves... es cierto.-soltó aire y me miró con ganas de golpearme.-¡Dios! Hiza cuando entres haz ruido o algo ¿qué tal si salgo en toalla o algo?

-¿Si entras en toalla así húmedo como estás?-pregunté con una media sonrisa.-Pues no sé ¿qué tal si quitarla?-bajé de la encimera.-Hice ruido, llamé al timbre y no contestabas. Además mira que te he preparado.-saqué de la nevera las fresas y la puse frente a él.-Las compró Max para ti, yo las preparé aquí ahora.-no dejaba de mirar la cintura que le hacían esos malditos pantalones.-A ver.-dije girándolo.-Justo como pensé... que buen culo te hacen.

Nada más escuchar aquel piropo se giró sonrojado aún con más ganas de golpearme por descarado.

-¡Hiza! ¡¿Cómo dices esas cosas?!-fue hacia la nevera para sacar la jarra de auga y servirse un baso-¡Es de mal gusto!

-Oye que de mal gusto nada.-dije mirándole fijamente.-¿O te crees que no sé como miras tú el mío?-tomé una de las brochetas señalándolo.-Además, no soy el único que piensa que estás bastante bien.-mordisqueé una de los trozos y eché a reír.

-¡Hizaki Sakurai De le Rosa!-me amonestó como lo haría mi madre, eso casi me hace atragantarme.-¡Deja de decir esas cosas!-exclamó frunciendo el ceño.-Y yo no veo el tuyo.-dijo intentando ser serio y que le creyera.-Bueno ¡Y el de nadie! ¡Qué clase de hombre crees que soy!-dejó el vaso en el fregadero para pasar junto a mí.-Tengo que acabar de vestirme. No se puede hablar contigo cuando te pones así.

-Oye, pero yo al menos halago... tú ni me has dicho que me veo bien con esta ropa.-dije mirándolo fijamente.-¿No me queda bien?-pregunté girándome. Era un pantalón de tela algo veraniego pero bastante serio, nada de caídos o anchos y una camisa negra lisa sin ningún dibujo. Además me había puesto una de las lociones que me había regalado.-Ni siquiera has dicho si huelo bien.

Se acercó entonces a mí observándome mientras me acomodaba las arrugas imaginarias de mi camisa, no paraba de acomodar mi camisa y yo simplemente sonreí.-Te ves muy bien, te ves más... más grande.-dijo con una sonrisa aún mayor.-Se abrazó a mí para poder oler mejor la loción en mi cuello.-¿A que tengo buen tino con las lociones? Dime ¿Cómo te ha ido con la ropa en el concierto?

Puse mis manos en sus caderas y busqué sus labios para únicamente rozarlos.

-Me fue bien.-susurré.-Me tomó bastantes fotos mi padre, además tenemos video gracias a U-ta y Toll... además de otros tantos. Tenemos video de varias zonas del escenario.-dije agarrándolo de su diminuto trasero, bien pegado a mí.-Ya lo verás... al igual que los dos anuncios que he hecho en tu ausencia.

Echó sus brazos a mi cuello pegándose bien a mí, seguía oliendo la loción que él mismo me había regalado.-Hizaki tienes las manos muy largas.-dijo riendo bajo.-¿Te acuerdas que dejamos pendiente algo?-sonrió mirándome a los ojos. Delineó mis labios con la punta de su índice.-Estuve esperando días para hacerlo.

-Pero mis manos te gustan y bien que lo sé yo.-dije antes de atrapar sus labios besándolo lentamente para luego subir de intensidad. Tenerlo de esa forma después de días lo necesitaba. Al apartarme lo miré con una leve sonrisa.-Pero el beso va con iba.-murmuré colando mi rostro tras su cuello, para comenzar a mordisquearlo

-¿Intereses moratorios?-rió cuando sintió mis labios en su cuello, pero rápidamente tomó mi rostro para continuar besándome.

Lo pegaba más a mí, rozando sus caderas sobre el borde de mi bragueta, no estaba excitado pero si seguíamos así lo estaría. Besaba sus labios y él se dedicaba a iniciar besos que me incitaban a buscar algo más. Una de mis manos acariciaba su espalda y sus cabellos aún húmedos.

-Te eché de menos.-susurré parando el beso para seguirlo.

26/6/10

Un buen chico


Un buen chico

Poco después que echara a la chica del apartamento regresó. Según ella tenía que quedarse con Valentino porque así se lo había pedido Olivier, sin embargo intentó estar conmigo como media hora conversando e intentando un coqueteo estúpido. Ella no me interesaba, era atractiva pero Oly era mi tipo y ella no.

Se portó pegajosa conmigo, aunque para mi era lo normal. No es por ego, es que así eran todas. Creo que cuando llegaba la primavera y el verano todos teníamos las hormonas desatadas, pero las mías tenían todas una dirección puesta en su radar y ese era como he dicho Olivier.

No la mandé al cuerno porque era su amiga y tenía que quedarse con el animal. Para ser sinceros se sentía bien entre sus sábanas, su colonia aun estaba impregnada en ellas y dormí como un bebé...aunque desperté como un adulto. Y lo de adulto me refiero a mis obligaciones, yo quería seguir en ellas hasta que regresara.

En el concierto estuve nervioso pero lo llamé como acordado, más bien lo llamé antes, durante y después. Mi padre no hacía más que quejarse que siempre lo molestaba con lo del teléfono. U-ta parecía un adolescente a su lado disfrutando del concierto... Phoenix no quiso venir... faltaban días para la boda y no quería estar presente. Sabía que mi padre había sido infiel con U-ta pero él juró que no más. Sin embargo, ver los ojos de ilusión de aquel pobre diablo era ver como mi padre seguía engañándolos a ambos.

Al termino del concierto me sentí acosado, pero tuve una pequeña conversación con el encargado de una compañía de móviles. Conversamos un par de horas y cuando me di cuenta había firmado contrato fugaz con la compañía. Horas más tarde hicimos un spot publicitario que se emitiría nada más tenerlo retocado por ordenador. Además, si funcionaba haría otra serie de anuncios. Eso era dinero fácil y no las peleas.

Al día siguiente de la grabación del spot regresaba, lo haría con su hermano o eso pensaba. Aireé un poco su casa y puse un ramo de rosas en su cuarto junto a una caja de regalo. Dentro había una camisa de algodón blanca que pensé que sería de su talla y unos jeans algo desgastados que también ojeé en los grandes almacenes. Era lo bueno de tener la llave de su departamento esos días... tenía el armario para mirar tallas y gustos de todas sus prendas.

Después dejé una nota para él, tan sólo "espero que me hayas echado de menos" y me largué a mi apartamento. Llamé a un par de amigos, quería saber cómo seguían los preparativos para la fiesta, pero todo se me salía de presupuesto y lo dejé paralizado por si él volvía a preguntar sobre el tema.

Max vino con un par de cervezas para festejar mi triunfo. Se tiró en el sofá viendo un partido de la Eurocopa mientras empezaba a farfullar que eran unos inútiles, que teníamos una selección de mierda con mucho renombre y poco juego. Yo reía a carcajadas ante sus maldiciones, puesto que jamás iba con la selección del país, me parecía mala a pesar de ser una de las favoritas.

Terminé colocándome frente al saco golpeándolo duro, Max a lo suyo y yo a lo mío. Entonces escuché como sonaba el teléfono móvil. Estaba en la mesilla junto a Max y mi botellín a medio beber.

-¡Max! ¡Coge el móvil!-grité y él se incorporó bajando por completo el volumen del televisor.

-¡Va!-cogió el móvil y contestó.-Casa del mocoso idiota del petardo de Sakurai, al aparato su entrenador y único amigo con cerebro ¿dígame?-

-¡Max! ¡Vete al cuerno!-grité cuando me zafé de los guantes y agarré el móvil. Entonces vi el nombre de la persona que llamaba.-¡Max! ¡Si son llamadas de Oly no contestes así mongolo!-di una patada en el aire y su cerveza se fue al cuerno

-¡Idiota! ¡Mi cerveza! ¡Era la última!

-¡Lo lames del suelo si quieres!-entonces carraspeé y contesté.-Oly por favor, perdónalo, es idiota, no tiene cabeza... la única que usa está en... bueno en otro lugar ¿llegaste?-

22/3/10

Te esperaba III


-No quiero perderte Hiza.-yo tampoco quería perderlo, pero a veces creía que no me merecía su compañía.-Eres mi mejor amigo entre tanta gente falsa, entre tantos que no le importo.-posiblemente jamás pensé escuchar aquello de sus labios, no porque fuera falso lo que decía sino porque yo me sentía así junto a él.-Tú eres el único y por eso quiero lo mejor para ti.-mis manos no podían dejar de acariciar sus cabellos.-Hazme caso Hizaki sé que no soy bueno para ti, lo sé. Tú eres un niño, un hombre encantador, eres joven y tienes muchas cosas por delante. Yo sé que no es mucha la diferencia de edad, pero he envejecido demasiado aquí.-puso una de sus manos sobre mi pecho.-No quiero lastimarte y sé que lo hago, lo veo ahora en tu cara.-me tomó del rostro acariciándome, haciéndome sentir la delicadeza de sus manos.-¿Crees que no puedo leer en tu expresión?

-No me has hecho daño.-dije tomando su mano para besarla.-No me quieres perder, pero me niegas. Tú dices leer en mi cara, en mis ojos, pero yo también veo cosas y sé que te importo...ya no como amigo.-me pegué a él.-Sino como hombre.-besé sus labios de nuevo, sin embargo no lo hice con esa pasión.-Si quieres te demuestro todo lo que siento.-dije con los ojos clavados en él.-Vamos a mi casa, aquí no, y lo hacemos. Pero sería un pacto y no es eso. No quiero un intercambio de mi compañía por sexo, porque eso parece. Yo te quiero como pareja, no como desfogue, porque para desfogue tengo recursos sobrados.-no hablaba de amantes, sino de mi mano.

-¡Hizaki!-gritó rápido cuando dije aquello.-¡Es esa clase de comentarios que me dicen que sigues siendo un niño!-bajó la mirada y le solté de inmediato intentando explicarme, pero siguieron sus gritos.-¡¿Tú crees que me interesa saber de tus conquistas?! ¡No quiero saber cuanta gente ha pasado por tu cama!

-¡Que conquistas! ¡Si desde que te vi no he salido con nadie!-dije bastante molesto.-¡Sólo me masturbo! ¿lo deletreo? ¡M-A-S-T-U-R-B-O! y pensando en ti ¿feliz?-ya me cabreé de que pensara así de mí.-He cambiado, y mucho. No quieres verlo pues adiós.-dije saliendo por la puerta tras un portazo.

Nada más salir fui hacia la barra del local. Sabía que allí estaría Max, Vincent y Rodrigo. Rodrigo a veces salía con nosotros, era uno de los profesores de Kendo del centro. Si bien, sólo estaba Max.

-¡Hola!-dijo con una sonrisa envidiable que se apagó al ver mi expresión.-¿Y tu zanahoria? ¿Qué pasó?-preguntó clavando sus ojos claros en los míos.-¡Joder habla!-gritó zarandeándome.-¡Tio que me das miedo con esa cara!

-Todo iba bien, o eso creo.-murmuré.-Pero ha vuelto a pensar mal de mí y a creer que es sólo un juego.-susurré sentándome en el taburete.-¿Y los otros dos?

-Uno ha ido con la novia a dejar el bolso y el otro al servicio.-dijo tomándome del mentón para que le mirara.-¿Le has explicado que se confundía?-se cruzó de brazos mirándome fijamente.-Joder tio vuelve ahí y le demuestras que te importa, ve tras él, búscalo y díselo.

-No Max, esto se acabó.-respondí.-No es justo para él y tampoco para mí, para ninguno.-me levanté y noté que Vincent venía hacia nosotros.

-¿Qué pasa?-preguntó al verme tan serio.

-Tomaros una a mi costa, una buena ronda de lo que queráis, y le decís al barman que nos conoce que lo anote a mi cuenta junto al reservado. Él sabe el número de mi cuenta en el local.-dije separándome de ellos.-Nos vemos otro día chicos.

Volví arriba para decirle que nos íbamos, lo llevaría a casa y se acabó. Intentaría no hablarle en el camino y simplemente cumplir mi cometido. No podía dejarlo en el reservado y tampoco podía hacer como si nada hubiera ocurrido. Quería que fuera mío, pero se veía muy lejano ese momento además de tortuoso para él. Al entrar lo miré y me coloqué el sombrero frente a él.

-Nos vamos.-dije seco y con los ojos fríos, tan fríos como pude.

Se levantó cuando se lo indiqué bajando la mirada mientras miraba el piso. Se abrazó a si mismo mientras asentía. Le hice que me siguiera por toda la sala hasta el parking.

-¿Qué hice Hizaki?-preguntó jalándome de la chaqueta.-Dime qué fue y no lo vuelvo hacer.

-Siempre piensas mal de mí.-dije seco antes de ayudarle a entrar en el vehículo, para luego montarme yo.-Todo lo que hago es malo, todo lo que digo es malo. Si tan malo soy no me vas a volver a ver. Tranquilo, aunque tenga ganas de verte no lo haré y buscaré la forma de no encontrarme contigo en la calle.-lo decía todo bastante serio, mi voz parecía más adulta que de costumbre. Creo que la expresión severa no era sólo en mi voz, sino también en mi rasgos y movimientos.-No soy violento, no soy un calienta braguetas y mucho menos soy un desaliñado.-dije clavando mis ojos en él.-Puedo padecerlo, pero no lo soy. Ya deberías conocerme Olivier.

-¿Qué querías que pensara Hiza?.-balbuceó intentando no llorar.-Dijiste desfogue.-susurró conteniéndose un poco más.-Sé que tienes mucha gente, tú mismo has dicho que te es fácil conquistar.-esa era su única defensa, lo sabía.-Acabas de decir que no te perdería.-me miró con aquellos ojos llenos de lágrimas.-y me vas a dejar.

-Pero te dije que te amaba ¿piensas que amar es una palabra y ya? ¿te crees que no tengo sentimientos? ¿que porque soy un niño criado con lujos no sé lo que es el amor? ¿que soy frívolo e insensible hasta morir? ¿te has escuchado Olivier?-dije mientras conducía, sin mirarle ni un segundo.-Terminaré la colección por contrato, nada más. Después no tendrás que soportarme y yo intentaré controlarme en mis deseos.-tenía ganas de destrozar algo para tranquilizarme.

-No hagas nada por mera obligación.-dijo en un susurro.-Ya me las arreglaré.-se hizo un ovillo contra la puerta mirando por la ventanilla..-Si me amaras como dices que lo haces entenderías que tengo miedo.-murmuró.

-¿De qué?-dije sin mirarlo, me había propuesto no hacerlo. Si lo miraba caería de nuevo y querría ir con él incluso al infierno. Cerré los ojos un segundo y suspiré parado en un semáforo.-No sé a que tienes miedo ¿a que no se me pase? tranquilo... aunque me dure años se pasará.

-¡Ves! ¡tú mismo lo dices!-replicó.-Se te pasará este antojo, este sueño que crees que soy y conocerás a otro con el cabello largo o quizás a una mujer.-balbuceó.-Quien sabe qué encontrarás y se te pasará.

Di un frenazo en medio de la calle para desabrocharme el cinturón, al igual que desabroché el suyo. No quería escuchar esas palabras, no quería que retumbaran en mi cabeza. Lo estreché entre mis brazos y comencé a llorar junto a él. No quería que dijera que todo se olvidaría, que se iría, a pesar de haber sido yo el primero en decirlo... pero yo no lo creía y de sus labios parecía todo siempre demasiado real.

-Te amo.-murmuré besando su frente para luego secar sus lágrimas.-Pero me duele que digas que yo no siento nada... que pienses que tengo a otros... cuando ya me está crucificando todo el mundo por andar detrás tuya y no hacerles caso.-le miraba a los ojos, esos ojos embarrados en lágrimas como los míos.-No me importa nada, sólo quiero estar contigo.

Sollozó en mis brazos aferrándose a mí con fuerza, recargó su cabeza en mi pecho a pesar de lo reducido del espacio. Parecía no querer soltarme por miedo a que me marchara de su vida.

-Quiero estar contigo.-dijo recargándose bien en mi pecho.-Sólo no vuelvas a decir que me amas, quiero estar en tus brazos toda la noche... pero no digas que me amas.

-Vamos, hoy dormirás conmigo.-susurré de forma dulce como cuando lo hacía con mi hermano.

Por suerte había parado cerca de los bloques, así que únicamente entré en los bloques para aparcar en el parking que tenía asignado. Salí del vehículo y le ayudé a bajar. Caminamos pegados uno contra el otro. Sentía su cuerpo frágil junto al mío en el ascensor, un cuerpo que me hacía delirar y me quitaba el sueño en las noches. Se dejó recaer sobre mi torso y mis manos estaban sobre sus caderas acariciándolas.

Abrí la puerta y entré sin despegarme de él. Caminamos hasta el dormitorio y me quedé frente a él en la oscuridad, no encendí la luz porque sabía que estaba nervioso. Comencé a desabrochar su camisa mientras besaba su cuello. No sabía si él quería, pero yo sí. Deseaba al menos tocarlo hasta quedar dormido.

-Hueles demasiado bien.-dije al retirarme tras quitarle la camisa. Yo me quité la chaqueta, el sombrero y la camisa que llevaba. Volví a abrazarle acariciando su espalda, mordisqueando su cuello.

Puso sus manos sobre mi pecho haciéndome notar la suavidad de las palmas de sus manos, las mías eran ásperas y se deslizaban con rapidez por su espalda. Esa piel, esa maldita piel que tenía, me estaba desquiciando ante la anticipación de lo que podía pasar. Levantó su rostro ofreciéndome sus labios y no dudé en besarlo mientras desabrochaba su cinturón para quitarlo de la cinta.

-Oly ¿estás dispuesto a seguir?-pregunté en un susurro con los labios pegados a su cuello, no quería hacer nada que no deseara.

Respingó nervioso al sentir mis manos en el cinto. Lo noté algo tenso, bastante diría yo, y parecía su primera vez. Eso me hizo darme cuenta que tal vez sería precipitado, que quizás aún tenía miedo a tener sexo conmigo, pero la necesidad nublaba mi razón.

-Quiero lo que tu quieras Hizaki.-murmuró de forma dulce agachando su cabeza.

-Está bien.-susurré dejándolo lentamente en el colchón, para terminar de desnudarme y caer sobre él quitándole lo que faltaba de ropa. Lamía su cuello hasta sus pezones donde los mordisqueé mientras acariciaba su vientre y muslos, sin tocar su miembro y sólo bordeándolo.-Oly si no quieres dímelo.-le decía eso pero en realidad bien que quería hacerlo.

Boqueó como si le faltara aire y me echó a un lado. Podía sentir su timidez y sonreí en la oscuridad por ello. Tomé su miembro entre mis manos y lo acaricié al igual que su entrada. Busqué su boca y lo besé, para apartarme buscando el lubricante y preservativo necesario en la mesilla próxima a la cama.

No tardé ni un minuto en encontrar todo y colocarme el preservativo de forma rápida. Seguí con el juego, con el juego que me hacía arder. Sabía que él no iba a ser capaz de hacer algo más allá que esos jadeos. La iniciativa era completamente mía y no me importaba, mientras que se dejara todo iría bien.

Lo puse con su pecho pegado al colchón y sus caderas incitándome, tan sólo para poder lubricarlo bien lejos de incomodidades. Lamí una de sus nalgas mientras acariciaba su entrada con uno de mis dedos. No lo introduje, tan sólo acariciaba. Quería excitarlo para que dejara de pensar en cualquier otra cosa. Si bien su reacción fue lo contrario.

-No, no, no.-negó una y otra vez girándose sobre la cama para alejarse de mí.-Así no.

Se quedó medio sentado con el cabello cubriéndole la cara y la respiración agitada. No entendía nada. Todo estaba marchando y yo estaba completamente excitado.

-Hizaki esto es mala idea.-murmuró en un balbuceo mientras se colocaba tras las orejas su cabello.

-Tan sólo quería acomodarte para que tú tomaras las riendas.-susurré mordisqueando su cuello.-Al contrario de lo que piensas no quiero esa postura para penetrarte.-dije acariciando sus caderas.-Pero si no quieres no importa.-si que importaba, me estaba matando de ganas y estaba más que preparado para entrar en él.-Oly si quieres paramos aquí, no quiero obligarte a nada.-me recosté en la cama y lo puse sobre mí acariciando su cuerpo desnudo.

-Pero tú quieres.-recargó su cabeza en mi hombro y una de sus suaves y pequeñas manos sobre mi torso, la otra estaba alrededor de mi cintura.-Y te dolerá si te quedas así.-dijo en un tono que pude deletrear vergüenza en cada sílaba. Levantó su rostro y besó suave en los labios.-Soy un tonto Hizaki.-soltó un suspiro.-Sí tú quieres continua.

-No, no quiero algo que tú no deseas.-dije acariciando su rostro en la oscuridad.-Yo no soy así.-busqué sus labios y lo besé comenzando a masturbarme.-Ya estoy acostumbrado a tocarme yo solo, sobretodo desde que te conocí. Pero ahora es mejor, al menos te tengo al lado.-mordisqueaba su cuello mientras me acariciaba lentamente, quería disfrutar de aquello aunque no fuera sexo.

-No Hiza, no hagas eso.-dijo despacito mientras dejaba un beso sobre su pecho. Acomodándose prácticamente encima mía. La mano que estaba en mi cintura fue a detener la mía, la que usaba para estimularme.-No lo hagas tú solo.-dijo de corrido deslizando lentamente su mano por mi miembro, quitándome el condón, para masturbarme despacio de arriba hacia abajo.-Lo siento Hizaki.

Cuando comenzó a tocarme jadeé, pues el tacto de sus manos me enloquecía. Coloqué mis manos en su cadera, mientras distinguía su figura en la penumbra.

-No importa.-susurré incorporándome de forma leve para mordisquear su cuello.-Yo te quiero, no podría obligarte a nada.-besé sus labios deleitándome con el calor que estos poseían.-Te amo.-me dijo que no lo hiciera, pero no pude callármelo. Gemí acariciando su trasero, apretándolo.

-Je t’adore mon cour.-murmuró cuando el movimiento de su mano comenzó a ser firme, se pegó incluso más a mi cuerpo e incluso se frotaba contra mí.

No dejé de agarrarle de las nalgas, pero ese frotamiento me recordaba a que había algo pendiente. Así que con una fui directo a tomar su sexo y masturbarlo con la misma lentitud que él lo hacía, pero con mayor maestría. Quizás esos meses a puro vicio me había vuelto un experto. Él soltó un suspiro muy sonoro nada más empezar, escondió su cara en mi cuello mientras todo él temblequeaba.

-Oly.-susurré mordisqueando su cuello tras esas palabras que me había dedicado... eso era una confesión aunque él no lo admitiera luego.-No pares.-murmuré buscando sus labios para besarlo de forma lenta, pero larga. Al separarme de sus labios sonreí recostándome en la cama, dejándome hacer.

-Oui..s'il vous plaît... de plus... de... plus... oui- murmuraba incoherentemente pegado a mí, temblando cada vez más fuerte.-Jeûneur...

Que hablara en francés me desquició, pero intentaba controlarme. Empecé a hacer todo algo más rítmico y besaba sus labios intentando que se calmara por completo. Quería excitarlo, pero no aferrarlo. Pensé por un momento que no estaba tan mal pasar una noche así, hacer que fueran siempre de este modo aunque no fueran completas.

-Donnez-moi plus, mon cher.-suplicó con los ojos cerrados sin dejar de temblar como una hoja en medio de un huracán. Intentaba seguir mi ritmo, pero no se concentraba y parecía perdido en el placer.-Hiza...mon cour...je't'adore.-gimió estremeciéndose.

-Aishiteru.-respondí mordisqueando después sus labios y puse mi mano libre en su cadera, para que se pegara más a mí.-Así.-dije lamiendo su cuello, sus labios y desquitarme después con ellos aunque el beso era profundo... pero no tenía nada de rudo. Intentaba por todos los medios que él siguiera disfrutando.

-Je sui...-jadeó.-Je sui.-gimió alargando la última vocal, cerca de mis labios entre espasmos. Esos mismos espasmos que incluso le hicieron dejar de masturbarme, para tan sólo disfrutar. Había llegado, había explotado en placer.

Sonreí al ver esos temblores, cuando separó su mano de la mía me masturbé con brío para dejarme llevar pronto. Mordisqueaba su cuello dejando marcas, él ni lo sentía pero estaba dejando bien claro que me pertenecía. Gemí bien alto viniéndome en mi mano para luego besarle pegándolo bien a mí.

-Oly.-jadeé con el cuerpo empapado en sudor, las sábanas se pegaban a mi piel.

Él aún temblaba e intentaba respirar de forma más calmada, pero le era prácticamente imposible.

-Hizaki- murmuró con un acento francés bien marcado.-Yo lo siento.-se dejó pegarse a mí, recargándose en mi pecho, con sus brazos alrededor de mi cintura mientras nuestras piernas se enredaban.

Le rodeé bien con mis brazos, besando su frente y no diciendo nada más. No tenía que perdonar nada, era demasiado precipitado.

-No debí forzar nada, no estabas preparado. Yo sabía que no podrías.-susurré besando esta vez sus mejillas.-Te ves provocadoramente sexy cuando hablas en francés.-dije con media sonrisa, aunque él no la vería, la de canalla de siempre. Sin embargo, él era especial... no era uno más.

-¿He hablado en francés?-preguntó alzando la vista.-No, no me he dado cuenta. Eso ocurre cuando me exalto demasiado.-susurró acariciando mi pecho.-¿Tú que has dicho? Dijiste algo en japonés ¿no?

-Sí.-susurré acariciando sus caderas.-Tan sólo era un te amo.-lo abracé pegándolo más a mí, sintiendo su piel como una segunda piel.-Por favor no vuelvas a pensar que me interesa otro.-acariciaba sus cabellos intentando relajarlo tras la excitación.-Eres demasiado erótico como para no caer en tus redes.

-¿Me dejas tomar una ducha en tu baño?-preguntó incorporándose mientras jalaba bien de la sábana. Deseaba cubrirse como fuera y lo hizo enredándola bien en su cuerpo, más o menos a la altura de su cintura.-Prometo no dejar mucho tiradero.

-Si quieres podemos tomarla juntos.-no entendía ese pudor cuando prácticamente lo habíamos hecho. Al fin había conseguido tenerlo entre mis brazos, pegarlo a mí y notar el calor que traspiraba su piel.-Y ese te amo fue respuesta de otro tuyo, así que lo tomo como una confesión.-dije levantándome para mirarle sin sábana ni nada. Me sentía pletórico por culpa de todo lo que había pasado, deseando que volviera a ocurrir en cualquier lugar de la casa y más si era el baño.-¿Vienes o no?

-Lo bueno.-dijo en un susurro.-Lo bueno es que todo se dijo en un momento que ni siquiera sabíamos que idioma hablábamos.-murmuró sentándose en la cama e intentando no mirarme.-No se puede tomar por verdadero algo que se dice así. -Toma la ducha tú, porque yo sólo te estorbaría y aún puedo esperar.

-Lo siento pero lo tomo en serio.-dije y me paré frente a él quedando de rodillas.-Y no estorbas, ni ahora ni nunca.-me levanté y lo tomé en brazos.-Vamos a la ducha y punto.-no iba a tomar su no como respuesta, no lo aceptaba.

-¡Hizaki! ¡No! ¡Bájame!-gritó ocultando su cara en mi cuerpo.-¡Nos vamos a matar!-si se seguía resistiendo de esa forma sí nos matábamos.-No tomas nunca un no por respuesta ¿verdad?-dijo levantando la mirada aún encogido en mis brazos, entonces acarició mi rostro en plena penumbra y yo simplemente sonreí por el contacto.-A veces debes aprender a ceder Hiza.

-No soy alguien negativo, jamás acepto un no.-dije dando un par de pasos para dejarlo en medio del baño. De inmediato cerré la puerta para que no escapara.-Te vas a duchar y punto.-sonreí acariciando su rostro.-No sé porqué me dices que no, si ya tu cuerpo prácticamente lo he visto al completo.-murmuré antes de besar su frente.

Nada más libre de mis brazos se encogió aferrándose más a la sábana. Había encendido la luz y él parecía avergonzarse de todo lo que era. Parecía vulnerable y eso me incitaba a observarlo como un niño a una hormiga con una enorme lupa.

-Vamos Hiza.-susurró.-Déjame tomar un baño a mí solo, no tardaré.-pidió de nuevo, agarrando la sabana fuerte contra su pecho.

-¿Te avergüenzas de tu cuerpo?-pregunté como si leyera su mente, lo notaba en sus ojos.-Tienes poca autoestima ¿lo sabías?-dije posando mis manos en sus caderas. Besé sus labios de forma lenta y lo pegué a mí, abrazándolo.-Odio que te sientas así.-susurré cerca de su boca, rozándola prácticamente con mis labios, acariciaba mientras sus cabellos como si fuera un animalito.-Algún día aprenderás a que el cuerpo no importa tanto, tan sólo el interior...pero a mi me gustan ambas cosas de ti.

-¿Olvidas donde trabajo?-me preguntó tras un resoplido.-En un lugar donde rechazamos a una mujer si mide centímetros de menos o ha tomado peso, donde un hombre es considerado viejo a los veintiocho años.-suspiró mirándome a los ojos.-Soy realista en muchas cosas Hizaki.-dijo en un tono serio.-Y sé como me veo, y sé que es lo que tengo. Sólo eso.

-Vaya entonces mi padre es del pleistoceno.-dije con una sonrisa para tomar su rostro.-Pues a mi me gustas y punto, si no le gusta a otros mejor para mí.-comenté alejándome para quedarme con los ojos clavados en los suyos.- Pero no seas así, no permito que no te valores.

-Eso no es Hizaki.-respondió.-Sé en lo que soy bueno, sé que soy de los mejores diseñadores, sé que mis creaciones son perfectas.-su pequeño ego hizo aparición y yo simplemente sonreí acariciando su rostro.-Pero también sé que no podría estar arriba luciéndolas, así que también sé que si toda mi armadura que es mi ropa y accesorios de marca, junto al maquillaje.-hizo un inciso y suspiró.-todo.-añadió y mi rostro se volvió serio.-Sin todo termino pareciendo un esqueleto de Halloween o algo así.

-Pues me gustará Halloween... pero creí que era Navidad.-murmuré acariciando su rostro.-¿Y yo?-pregunté.-Termino siempre con la cara llena de cortes, también el cuerpo.-tenía varias muescas en el cuerpo de peleas y de entrenamiento.-Mi madre no lo sabe, al igual que no sabrá el tatuaje que me pienso poner.

-No intentes ser condescendiente, Hizaki.-dijo aquello con el rostro bastante serio, como si me reprendiera. Aunque creo que así lo hacía.-Odio cuando se portan las personas conmigo así.-frunció el ceño y sentí escalofríos.-Bien sabes que tú eres guapo, no me vengas con esos cuentos. Tienes un rostro interesante, una buena piel, buen cuerpo.-empezó a enumerar cosas que veía bien en mí.-No salgas con que te sientes poco atractivo, eso es menospreciar mi inteligencia.

-Lo que quiero decir es que todos tenemos defectos.-le quité la sábana y lo pegué a mí.-Y a mí me gustas con defectos incluidos, con tus arrebatos y sobretodo cuando te enfurruñas diciendo que estás enfermo.-besé su frente y luego sus labios.-No eres idiota, eso es lo primero que me gustó de ti.-al decir aquello se despegó como pudo y jaló la sábana para volver a cubrirse.

-Estaba enfermo...-balbuceó.-Tenía alergias.-intentaba defenderse de su mentira, pero era imposible. -Y hay defectos que se notan menos que otros. Los míos son bastante notorios, más si no me dejas tomar un baño a mi solo. En serio, no me resbalare ni nada por el estilo.

-Quiero que dejes ese miedo.-dije mirándole fijamente, eso no era de una enfermedad y bien que lo sabía.-Vamos al baño.-el grifo estaba abierto desde que llegamos y estaba llena la tina de agua templada.-Hazlo, pero un baño y no una ducha.

-¿Podré hacerlo solo?-se sentó en la orilla de la tina metiendo los dedos en el agua que ya estaba llenándola.-Te diré algo, si me dejas aquí quizás tengas que venir a sacarme hecho una pasa.-comentó con una sonrisa.-Adoro los baños de bañera y podría quedarme dormido aquí mismo.

-Vendré en media hora.-dije besando su frente.-Estaré cambiando las sábanas.-

Abrí la puerta y la dejé entreabierta, no me gustaba dejarlo solo con lo torpe que era a veces. Pensaba que podía hacerse cualquier cosa, lo veía frágil y no me agradaba pensar que podía suceder algún percance sin yo saberlo. Estaba empezando a ser demasiado sobreprotector, pero ya no había remedio.

Arreglé la cama con sábanas limpias y dejé unos boxer amplios para él, los podría usar como pijama. Las sábanas las llevé a la lavadora y la puse en funcionamiento. Rogué que ese trasto infernal no las encogiera, como ya hizo con otro juego, o que se destiñeran. Volví al cuarto acomodando las almohadas, echando un poco de perfume para apartar ese aroma a sexo, y después fui a la cocina.

Me puse a curiosear por la nevera buscando zumo. Saqué una caja pequeña de zumo de manzana y se lo llevé. Estaba bien frío, para el calor era lo mejor y además suponía que tenía sed.

-Ya pasó la media hora.-dije entrando para dejarle el zumo.-Te traje algo, cuando termines del todo me avisas y te paso la toalla.

-¿Ya?-preguntó tras un leve gruñido mirándome con ojos de cordero degollado, parecía uno de esos cachorros de las perreras que deseaban ser adoptado. Esas miradas podían conmigo. No podía hacer nada cuando alguien me miraba así.-Pero estoy muy bien aquí.-movió una pierna y su rodilla se mostró entre la espuma que había hecho.-¿Me juras que ha pasado media hora?-murmuró sacando los brazos de la bañera.-¿Me puedo quedar otro ratito?-interrogó tomando el zumo que tenía entre mis manos.

-Diez minutos.-dije para ir a buscar una toalla para él en las cajas aún empaquetadas. No había sacado todo, pero ahí estaba. Eran juegos de toallas que me regaló Jasmine y me entregó mi padre. Así que a mi regreso la dejé en el lavabo y lo miré.-Ya.-habían pasado quince y no diez, además quería darme una ducha rápida. Me hacía gracia su cara de cachorro... en realidad no quería sacarlo de ahí, sino meterme.

Levantó sus pequeñas manos y se quedó mirándose los dedos arrugados como pasas. Allí metido entre tanta espuma se hacía más apetecible. Yo no me quería mover de su lado para ver su cuerpo otra vez.

-Oh, está bien.-dijo mirando la toalla.-¿Salte? Vamos que no me puedo secar si estás aquí.-dejó el brick del zumo en el piso y estiró los brazos para tomar la toalla, pero no hizo intento de levantarse.

9/3/10

Lejos de ti II


-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

-Cállate.-gruñí.-Ni me los recuerdes.-él revolvió mis cabellos y me enganchó con su brazo.-Odio a los tipos de mi instituto, no sé como fui amigo de alguno de ellos y pensé que eran distintos.

-Niños ricos de papás superforrados y sin ganas de hacer nada bueno en la vida, claro que salvo dirigir las empresas de sus papás y decir en alguna revista que fueron hechos a sí mismos.-dijo sonriendo de lado.-Tú has aceptado cierta ayuda de tu padre, pero le has puesto huevos a decir que no quieres ser empresario.

-Mi padre es artista Max, por mucho que se vista con traje chaqueta lo es.-dije mirándolo de reojo.-Es algo que está en mis genes, corriendo por mi sangre hasta mi cerebro. No puedo evitarlo, es algo que tengo y algo que quiero explotar. No puedo estarme quieto y al final estoy escribiendo una novela.-suspiré bajo y le miré de reojo una vez más.-Te vas a reír pero el protagonista es Olivier.

-No me río.-comentó bastante serio.-Es normal que lo hagas eje de tu vida, centro de tu universo, y que dejes de mirarte el ombligo a ver si tienes pelusas nuevas.-dijo recostándose en el banco estirando sus piernas hacia la fila siguiente.-Verás todo color de rosa, aunque no lo sea, y querrás rescatar a la Julieta de su balcón.-me señaló con el dedo índice y sonrió.-No seas idiota, no te dejes engañar, pero mientras dure disfruta.

-No me dejo engañar, él no quiere nada conmigo y a la vez he podido sentir sus celos.-mascullé.-No sé que le pasa.

-Es un ni contigo ni sin ti.-replicó con una sonrisa burlona.-Eres un mocoso incluso para eso, aunque tengas la salchicha llena de pelos.

-¡Max!-grité molesto.

-¿Qué? A ver cuando lo podas un poco.-lo agarré por el cuello intentando asfixiarlo.-¡Hizaki que me despeinas!

-¡Te voy a despeinar a hostias!-grité molesto.

-¡Sólo te he dicho que rasurado gusta más!-dijo aquello en voz alta, y tan alta, varias personas se giraron hacia nosotros.

Me aparté de Max con rapidez quedándome rojo y con la vista pegada a los bancos. Él se reía a carcajada casi sin poder parar, creo que le dio el estúpido ataque de risa ante mi comportamiento infantil y atolondrado. Se acercó a mí y me tomó del mentón con una sonrisa en sus labios, esa maldita boca que soltaba verdades más duras que sus puñetazos.

-Max.-mascullé temblando.

-¿Qué? ¿Te avergüenzas?-interrogó y me enganchó de nuevo.-Piensa algo Hizaki el cuerpo humano es algo natural y sólo nos vestíamos para resguardarnos del frío.-decía aquello con total convicción, pero tenía razón.-Ser naturista es normal y más en un joven sin complejos. Yo ya soy alguien viejo como dijo Hero y he pasado por algo que no se lo desearía a nadie, ni al peor de mis enemigos.

-Tu transexualidad.-murmuré quedándome serio y relajado. La voz de Max tenía esa capacidad en cualquier persona. Un tono neutral entre hombre y mujer, una sonrisa de canalla y una mirada clara tan profunda como las palabras que iba susurrando.

-Es un paso duro, más si lo haces en edad tardía. Todo el mundo te señala, te conoce, y la mayoría no lo hace con sanas intenciones.-tomó aire y lo dejó ir en suspiro profundo.-No sabes lo que es enfrentarte a un espejo que no te quiere, o tal vez no lo quieres tú. Gritarle a Dios que te la ha jugado y a veces perder la fe, como también perder la cabeza.-me dio un beso sobre los cabellos y rió.-¡Pero eso fue hace tiempo! ¡Ahora celebremos que estamos tú y yo en un campeonato para darnos de leches con todo el mundo!

Max siempre hacía eso. Siempre me hacía sentir como un mocoso. Creo que me quería parecer a él, a parte de mi padre él era mi modelo a imitar. No tenía miedo al defender lo que creía correcto, era justo y valiente. Siempre tenía una palabra amable, incluso para las personas que no habían sido afables con él. Un hombre que vivía el día a día como un milagro, como un auténtico don. No sabía si creía en Dios o había dejado de creer en él. A veces uno deja de creer en Dios por motivos como ese, porque la naturaleza hace lo incorrecto. Pero supongo que él seguía creyendo en que algo predestinaba todo, que la transexualidad tal vez le había hecho ser más fuerte y más hombre que todos los que estábamos allí. Veía el cuerpo como algo usual, los desnudos no le imprimían vergüenza o preocupación. Él estaba completo, él siempre había sido un hombre... uno de los nuestros.

Nos quedamos en silencio observando como las chicas luchaban. Creo que sus ojos no estaban en la técnica, sino en la parte superior de las competidoras. Era un maldito diablo del porno, siempre estaba con la palabra sexo en la boca fuera por broma o como “Gurú del amor”. No comprendía a las mujeres, creo que para él eran un mundo a parte, y solía decir que ni ellas mismas se comprendían entre sí. Sin embargo, sabía hacerlas sonreír y calmarlas cuando deseaban llorar. Se podía decir que era un pervertido con cierta capa de dulzura. Era el tipo de personas afables que parecían felices porque sí, pero él en el fondo era oscuridad y pura soledad. Supongo que su sonrisa y sus bromas maquillaban la realidad cruel que se presentaba ante él cada día.

-¿Con quién compites?-pregunté zarandeándolo un poco.

-Con Jorge.-dijo señalando a un chico el doble de alto y ancho que él.

-Te aplastará.-dije alzando mis cejas para luego fruncirlas.-Jamás le vi competir.

-Yo tampoco, eso es lo que me preocupa.-sonrió girando su rostro hacia mí.-No me preocupa lo grande que sea, ni cuanto pese, ni lo enormes que sean sus manos y ni mucho menos si trae su ejército de fanáticas para sacar pompones y jalearlo.-tronó su cuello y sus manos.-Me preocupa su técnica.

-¿De qué academia es?-pregunté con curiosidad.

-De la misma del otro mastodonte que te toca.-comentó indicándome mi contrincante.

-¿Qué carajo comen esos tios?-pregunté mirándolos.

-No lo sé, pero no creo que sea normal. ¿Has visto los brazos?-me preocupaba quedar hecho un cuadro de Picasso cuando tenía una cita en unos días.

-Sí, son como dos cabezas nuestras.-noté como me abrazaba y empezaba a dramatizar.

-¡Nos van a matar! ¡Vamos a morir! ¡Al menos dime que tú no eres virgen!-cuando dijo aquello le golpeé bien fuerte en la cabeza.

-¡Vete a cagar Max!-le volví a dar un gancho de derecha y él simplemente lo paró con una de sus manos.

-No gracias, ya fui al trono esta mañana.-alzó un dedo con su sonrisa característica.

Noté como una mano golpeaba mi hombro y luego el de Max. Al girarnos vimos a Vincent. Era uno de nuestros amigos en aquel gimnasio. Su aspecto era el de un chico de raza negra, pero en realidad era mestizo. Su padre era japonés y su madre cubana. Él tenía grandes habilidades como su rapidez y su aguante, sin embargo aún no había perfeccionado sus golpes.

-A vosotros os ha tocado los mastodontes, a mí el flacucho con cara de chupar limones.-comentó indicándolo con un movimiento de cabeza.

-Pero ese es de nuestro gimnasio.-murmuré.

-Sí, pero es lo que ha tocado. No me gusta pegarme con compañeros, nunca me gusta usar las técnicas que sabe mi atacante. Pero bueno, es algo que tenemos que superar.

-Eres un capullo con suerte, tú eres algo y grande... pero te toca el pringao que mide la mitad que mi pene.-cuando hizo ese comentario el chico lo miró con muy mala cara, Max sólo sonrió abierta mente haciendo la señal de victoria.

-Un día te partirán la boca.-mascullé.

-Me la han partido tantas veces.-dijo encogiéndose de hombros.-Una más creo que no se notará.

-Dejaros de tonterías, que el campeonato femenino ya acabó.-nos indicó Vincent.-El primero en luchar eres tú Max.

-Eso lo sé, lo sé.-comentó levantándose para quitarse la parte de arriba del conjunto.-Mi especialidad es el boxeo, el boxeo va antes que las artes marciales.-nos guiñó colocándose los guantes.-Recordar mi cara para que luego le digáis al cirujano plástico lo guapo que era.

Nada más subirse al cuadrilátero sonó la campana. Esquivaba bien los golpes, uno tras otro. Ese hombre no se cansaba. Creo que deseaba aplastarlo allí mismo. Los músculos de Max demostraban que estaba en tensión, que deseaba golpear bien duro. Se movía con agilidad, una destreza increíble, su oponente era más pesado y tardaba en dar los golpes. En uno de esos giros pesados le dio bien con la derecha y luego con la izquierda. Max era ambidiestro y se le daba bien machacar al oponente con ambos brazos, usaba los dos con la misma certeza y brutalidad. Sin embargo, eso no era suficiente. La rabia no terminaba de surgir.

-¡Machácala! ¡Es una puta tia! ¡Machácala como dijo nuestro entrenador!-eso me hizo gruñir bajo, escuchar esas palabras del capullo que tenía que enfrentarse a mí me sacó de quicio.

-¡Maldito hijo de puta! ¡No es una mujer!-dije siendo sostenido por Vincent mientras me enfurecía más y más, no tenía control. Estaban burlándose de mi amigo, de uno de mis mejores amigos por no decir el mejor de todos.-¡Max! ¡Mátalo! ¡Quiero su cabeza! ¡Max!

Me di cuenta como golpeaba, daba golpes aún más fuertes y certeros. El tipo al final cayó. Un sólo asalto. Le duró un sólo asalto. Hizo que cayera redondo inconsciente. Tuvieron que llamar a los equipos de emergencia que estaban fuera del gimnasio. Estos tan sólo dijeron que debían llevarlo al hospital, puesto que parecía demasiado aturdido tras golpearse bien duro la cabeza contra el suelo del cuadrilátero.

-¡Y el ganador es Max!-dijo alzando su brazo izquierdo y él solo miró al público con una mirada propia de un dios. Esos ojos fulgurantes le daban un toque divino, casi imbatible.

Se bajó y caminó hacia el lugar donde estaba el repartidor del agua para los competidores. Se echó una botella encima y subió hacia donde estábamos subidos, pero se giró y subió de nuevo al cuadrilátero. Agarró el micro del juez y miró a los presentes.

-¡Si alguien más tiene dudas sobre mi masculinidad que me lo diga! ¡Encantado los mando junto a ese a la UVI!-gritó a pleno pulmón haciendo que todos se quedaran en silencio.-¡Y tú capullo si no te parte la crisma mi compañero lo haré yo mismo, con mis propias manos!-devolvió el micro y ya si subió hacia las gradas sentándose aún resoplando.

-Hizaki prométeme que actuaras con la mente clara.-dijo Vincent aún sin soltarme.

-Quiero arrancarle la cabeza a ese capullo, deseo que ni su madre lo reconozca cuando vaya a su funeral.-gruñí y vi a mi hermano venir hacia nosotros.

-¡Eres mi héroe!-gritó abrazándose a Max.-¡Como pegas! ¿Tú me defenderás cuando me peguen?-preguntó mirándole a los ojos.

-Estoy sudado niño.-dijo sentándolo a su lado.-¿Quieres que vayamos a comer helado luego?-comentó revolviéndole los cabellos.

-¡Helado! ¡Helado!-gritó de nuevo aferrándose a él.

-Yo cuidaré de tu hermano, tú cuídate ahí abajo.-fueron las últimas palabras que escuché antes de ir al rin.

Yo era otra categoría distinta, era competición de Akido. Mi oponente subió al cuadrilátero y yo me quité la parte de arriba del kimono. Miré con furia al tipejo y empezó a recibir bien fuerte. A mí me golpeó en la boca, hizo que mi labio sangrara, pero él se quedó para el arrastre. Golpe tras golpe iba debilitándolo, destrozándolo, dejándolo bien magullado.

-¡Arráncale la cabeza!-escuché por parte de Max.

Mi último golpe hizo que cayera antes que sonara el primer tiempo. El tipo cayó desplomado y con el rostro hinchado además de todo el cuerpo magullado. Yo sólo tenía el labio roto y si me hubieran permitido hubiera seguido golpeándolo hasta romperme los nudillos. De nuevo una camilla tuvo que retirar al combatiente. No era normal esa furia en nosotros, se ganaba y nada más, pero esos dos habían hecho algo que era innoble e impropio de un lugar como aquel. No sabía como habían descubierto lo de Max, aunque tuvo algunos problemas al inscribirse hacía un par de años.

Al subir los peldaños me encontré con mi primer club de fans. Mis fans eran Max, Hero y Vincent. Los tres me jaleaban mientras me limpiaba el golpe con la parte de arriba del kimono.

-Tú ve a la enfermería.-me dijo Max.-En serio, yo cuido al chico.-dijo sentándolo sobre sus piernas.-¿Quieres saber el mejor golpe que se puede dar a un capullo como ese?

-¿En la entrepierna?-cuando dijo eso mi hermano él se echó a reír a carcajadas.

-Mira, no caí en ello.

Las competiciones se sucedieron unas tras otras. Cinco horas más tarde, tres burritos en nuestros estómagos, llegó la final. Max cayó con el anterior competidor, también de nuestro gimnasio, y yo llegué casi entero. Como pude luché por el título, entre las distintas academias y gimnasios, y lo conseguí.

Hero se divirtió de lo lindo. Parecía disfrutar de las peleas de otro, aunque él decía que no se sentía preparado para luchar. Yo sabía que era un gran atleta, si bien deseaba ir por otros derroteros. Al vencer él bajó corriendo por las gradas y se abrazó a mí todo orgulloso. No tuve muchos desperfectos en la cara, pero sí en el cuerpo. Reconozco que me dieron una buena paliza los cinco con los que luché. Si bien, lo agradecí.

Max simplemente estaba con un ojo morado y un labio roto, el cuerpo casi perfecto. Vincent si bien estaba hecho un cristo. Pero era la diversión sana, o no tan sana, a la que nos entregábamos en cuerpo y alma.

Comimos en un puesto ambulante que habían montado frente al gimnasio, lo hacían cuando había este tipo de competiciones. La verdad es que jamás había comido tan barato y tan bien. Fueron unos burritos que jamás he olvidado, los mejores que comí en aquella época. Últimamente me alimentaba de comida precocinada, echaba de menos a Clara y sus guisos.

-¡Quiero helado! ¡Celebremos con helado!-gritó Hero alzando los brazos cuando nos marchamos hacia donde estaba el resto.

-¡Helado de chocolate!-exclamó Max como un niño pequeño.

-¡Comeremos helado! ¡Helado!-los dos a la vez parecían dos malditos críos.

Vincent y las chicas reían a carcajadas mientras yo intentaba no reír porque me dolía el labio. Fuimos todos en grupo a por unos helados, después llevé a Hero a casa con mi madre. Clara me cuidó el labio y dijo que un día me destrozarían la cara que tenía. Todo aquello hizo que el día se hiciera corto y olvidara que aún faltaba para volver a ver a Olivier.

Al llegar a casa me di una buena ducha y me tiré en la cama. Me acosté sin vestirme, desnudo como estaba, por culpa de no tener instalado aún el maldito aire acondicionado. Desperté varias veces y deambulé por la casa observando el reloj, parecían no moverse las malditas agujas. Una y otra vez fui a la nevera para sacar un refresco, agua, un helado, varios cubitos de hielo y por último un trozo de pizza que no me había comido el día anterior.

Nada más llegar la mañana llegó un calor más intenso. Al ser lunes llamé de inmediato a una tienda de electrodomésticos y rogué que se personaran rápidamente en mi casa, que pagaría el gasto de transporte y que me instalaran un aparato de aire acondicionado para tener refrescada la casa. Mientras no llegaban me di una nueva ducha y tomé un desayuno rápido. Al borde del medio día llamaron al timbre y en poco más de dos horas tenía la instalación completa que se regulaba en toda la vivienda. Me costó caro, pero no importó. Yo no podía con las temperaturas demasiado altas o bajas.

Faltaba un día para que él apareciese, un día para buscar una excusa para aparecer de la nada en su puerta y una disculpa elaborada. No tenía nada para disculparme, nada. Simplemente le quería para mí. No podía controlarme, por mucho que me dijera mi cerebro que me estuviera quieto mis manos se movían solas. Los impulsos eran más fuertes que la razón.

6/3/10

Lejos de ti I


Capítulo 14

Lejos de ti.

Después del día con mi hermano tuve competición. Lo llevé conmigo para que conociera a Max. Deseaba que viera el ambiente del gimnasio y se pensara volver al menos a karate. No quería hacerlo, por mucho que le intentara convencer que tenía dotes para ello. Él quería un modo de vida menos violento. Me parecía extraño esos cambios en mi hermano, pero supongo que cuando eres niño haces lo que ves en tus hermanos y padres... luego creces y haces lo que realmente amas.

Al entrar al gimnasio había varios preparándose para la pelea. El gimnasio estaba lleno en la zona de competiciones, había de todo desde novias y familiares hasta los que apostaban de forma ilegal. Max se encontraba colocándose bien su ropa mientras apretaba y cerraba las manos. Llevaba unas vendas de protección para los nudillos, esas vendas siempre quedaban manchadas de sangre de uno mismo y de otros.

-Hola Hizaki.-dijo saludándome como siempre, con una enorme sonrisa y con los cabellos totalmente alborotados.-¿Y ese pequeño tú es tu hermano?-preguntó estirando leve su mano.

-¿Vas al instituto con él?-dijo Hero mientras estrechaba su mano.

-No, yo ya soy algo mayor para institutos.-rió bajo para luego alborotar sus cabellos.

-No lo pareces, seguro que te estás tirando un farol.-comentó mi hermano mirándolo de reojo.-¿Qué edad tienes?

-Trenta y tres.-dijo haciendo señal de victoria.-Soy el mayor de todos los mocosos que rondan por aquí.

-¿Y eso no te hace sentir viejo?-preguntó confuso rascándose la mejilla.-No sé, yo tal vez no me sentiría orgulloso.

-Anda Hero ve a mirar un poco la competición de las chicas.-dije empujándole leve para que fuera donde estaba una de mis amigas.-Enséñale como lucháis.

-¡Sí jefe!-dijo como broma haciéndome un saludo militar.-¡A su orden!-ella rió y yo dejé dos besos en su mejilla.

-Ven pequeño.-escuché como tiraba de él para sentarlo en sus faldas.

-Tu hermano es un maldito afortunado se ha ido a sentar con la más atractiva.-comentó Max apoyándose un poco en mí.-Eso sí tiene una bocaza como la tuya, pensé que al ser la versión mejorada ese fallo de fábrica vendría arreglado.-reí al escuchar aquello y terminamos carcajeándonos sin remedio.-Oye dime algo.-dijo tirando de mí.-¿El tipo de la otra noche era tu pareja?

-¿Qué?-pregunté extrañado.

-Conmigo hay confianza, sé que eres bisexual y sé que ese tipo de tios te gustan.-comentó sentándose en uno de los bancos que habían para los luchadores, para que pudiéramos ver como competían otros mientras nos tocaba turno.

-Max no es mi novio.-dije encogiéndome en el banco.-Aunque me gustaría.

-Lo sabía, se notaba en la cara de baboso idiota que ponías cuando lo mirabas. Ese destello de he visto a un ángel y lo tengo a mi lado, ese destello que se ponía en tus ojos cuando hablabas de Lexter.-tocó un tema delicado y algo peliagudo, pero lo tocó.-Creo que vuelves a estar enamorado.

-¿Y tú?-pregunté mirándolo de reojo.-¿Y tu Víctor?

-No me hables de ese mocoso.-dijo en un gruñido bajo.-Le di techo, ropa, comida, le entregué todo lo que tenía... incluso le entregué mis sentimientos y terminó marchándose con otro porque decía estar confuso.-murmuró abriendo un botellín de agua que tenía en su bolsa.-No sabes lo que he pasado intentando olvidarme de él, intentando rehacer mi vida como tantas veces he hecho.

-Lo sé, es duro.-mascullé.

-Pero he vuelto a las andadas, no volveré a permitir que me enamore de una cara bonita y unos ojos infantiles. Era un mocoso de diecisiete y yo un capullo de más de treinta años, las cosas así no funcionan y sin embargo me empeñé Hizaki. Creí que apostaba al caballo ganador y aposté a un caballo viejo que parecía potro.-dio un trago a la botella y me miró a los ojos.-Pero ese tipo tan fino, tan europeo, tan todo... lo he visto en alguna parte.

-Es diseñador, hace unas semanas se anunció a bombo y platillo que venía a la ciudad. Sus diseños son impactantes porque tienen elegancia, además de sus espectáculos en la pasarela son algo más que chicas desfilando.-suspiré y miré el rin.-No sé que hacer, es un paso hacia delante y tres hacia atrás. No consigo que confié en mí y su historial no es nada glamuroso.

-¿Drogas?-interrogó.

-No, él no tomaría drogas.-le estaba recriminando algo que ni sabía, pero ponía la mano en el fuego por él y por su salud.-Su ex le golpeaba, le dejó secuelas físicas y emocionales. Para colmo tiene cierto aire a mí, era asiático y el tipo estaba forrado al parecer.

-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

21/2/10

Un poco de teatro IV



-Oh, no me dijiste que eras sireno.-dije alzando y bajando las cejas.-Bueno yo amo la piscina del club, soy bueno en natación... he ganado varios premios pero donde más es en Aikido y Kendo.-sonreí con orgullo.-Karate no se da mal, pero lo veo menos elegante que el Kendo y menos mortífero que el Aikido.

-Conoces gente linda y muy atléticos todos.-dijo observándome comer.-Definitivamente no la clase de personas que yo conozco.-rió.-Usualmente los que son delgados lo son por comer sólo champagne y coca.

-Malas compañías.-le dije clavando mis ojos en él.-Ni se te ocurra tocar esa porquería, el hermano de Phoenix lo hizo y está internado. No quiero que te pase a ti nada malo.-lo decía en serio, si tocaba la cocaína era capaz de encerrarlo yo mismo.-Sobre el gimnasio... sí se conocen a muchas personas. Max hace boxeo conmigo, es bueno, pero yo soy mejor porque llevo más tiempo.

Sólo me sonrió como si tan sólo asintiera a todo lo que había dicho, o más bien gruñido, mientras giraba su rostro hacia los aparcamientos cerca de la playa.

-Es un tipo lindo.-señaló a Max que conversaba con la chica y esta reía como boba.-Debe ser popular con las mujeres.

-Sí, lo es.-dije dando un sorbo a mi bebida.-Pero pensé que estaba con su compañero de piso, que por cierto también diseña... no a gran escala pero hace sus pinitos.-fruncí el ceño.-Extraño... estaba que no cagaba por ese chico.-entonces lo vi salir con dos chicas del local e irse hasta su coche.

-No seas chismoso Hizaki cosas así pasan, mucho más frecuente de lo que crees.-en eso tenía cierta razón, pero yo no podía pensar distinto en esos momentos.-La gente piensa que ama desesperadamente a alguien y diez días después descubre que no.-eso que dijo era triste, pero no iba con Max por muy real que pudiera ser.-Siempre ocurre así.

-Oly, es Max.-dije mirando aquella escena.-Ha pasado por la muerte de una novia, ha vivido momentos duros con su transexualidad y ahora estaba bien centrado con ese chico.-le miré a él de nuevo con preocupación.-Por eso se la pasa ahora todo el rato que no publica o no hace fotografías en el gimnasio...

-Haces una tormenta en un vaso de agua Hiza.-murmuró revoloteando los ojos dejándolos en blanco.-De seguro, está contento de estar soltero y se ha dado cuenta de que es un tipo atractivo que puede tener a quien quiera.-suspiré al escuchar esas palabras.-Déjalo disfrutar.

-Sólo quiero saber qué pasó con ese mocoso.-murmuré y pinché con rabia unas cuantas patatas.-Odiaría que le hubiera hecho daño y yo no haber estado ahí para impedirlo.-engullí las ultimas patatas y terminé el mojito.-Maldito crío toca huevos.

-¿Hablas de ti?-dijo sonriendo.-No protegerás a todos tus amigos en todas las situaciones. Porque eso Hiza es imposible.

Me terminé las patatas y él alzó su vaso para que la camarera lo viera, quería un segundo mojito.

-Me duele no poder hacerlo, tengo pocos y todos terminan metiéndose en líos.-dije con media sonrisa y luego reí bajo.-Aunque yo soy el peor de todos... no sé si habrás visto el recorte de prensa tan famoso que hizo que casi mi madre me echara de casa.

-No leo el periódico a menos que salga yo.-sonrió jugando con la cañita de su bebida vacía.-¿Qué hiciste?¿Te sorprendieron haciendo pellas en la escuela?-rió lamiendo las últimas gotas de azúcar de la cañita.

-Pegarme y duro.-dije poniéndome serio.-Vino un chico de parte de mi ex, diciendo que lloraba por mí y nada más ver sus mordidas en el cuello supe que se lo tiraba. Me sentí con tanta rabia... que terminé golpeándolo fuerte. Nadie era capaz de hacer que nos despegáramos, ambos nos dábamos bien.-suspiré y sonreí.-Pero a partir de eso estuvo dos meses sin intentar algo.

Su respuesta fue asombrarse alzando las cejas. Yo seguía siendo un adolescente, aunque era más maduro de lo que aparentaba. Me sentí idiota por confesar aquello, ya que seguro que pos ru mente pasó la palabra niñato como único calificativo.

-¿Tu ex mandó a un chico para llorarte? Que treta tan idiota.-murmuró como respuesta.-Bueno, si alguien no tiene la capacidad de decir las cosas de frente no vale la pena lo que tenga que decir.-giró su rostro hacia la playa observando las olas ir y venir.

Un par de bebidas aparecieron de la nada frente a nosotros de mano de aquella chica, su sonrisa era muy atractiva y si no hubiera estado colado por Olivier me hubiera quedado hasta el cierre del bar.

-Gracias.-dije a la chica y esta se marchó hacia la barra.

-Mucha azúcar.-chistó.-El barman quiere matarnos a coma diabeto.

Reí a carcajadas cuando escuché eso. Probé la mía y estaba bien, así que se lo cambié.

-Toma, la mía si está bien.-dije observándolo fijamente, era demasiado apetecible e intentaba concentrarme en otras cuestiones.

-Ahora tú morirás de coma diabético.-rió bajo y me miró a los ojos.-Te quedarás desmayado ¿y qué haré?- susurró sonriendo con dulzura para darle un trago a su bebida.

Tenía el flequillo sobre la cara, siempre caía sobre mis ojos sin que yo lo quisiera. Movió el cabello hacia atrás y yo quedé estúpidamente paralizado de nuevo. Deseé besarlo otra vez, pegarlo en la silla y hacerle ver a todos qué es lo que quería.


-No deberías cubrirte los ojos...-volvió a sonreír y yo no supe reaccionar tras pasados unos segundos. Quería gritarle que le amaba, que me había enamorado, y lo único que hice fue devolver la sonrisa.-Tienes unos ojos muy lindos.

-Gracias, son la genética. Si no me crees, espera.-saqué la cartera y mostré una foto de la banda de mi padre, con mi edad.-Tadá.-mi padre tenía el pelo largo, pero se parecía bastante a mí.-Me la dio mi tío Uta el otro día cuando nos vimos.-señalé a mi tío y sonreí.-Estos son los cuarentones que viste el otro día, como ves siguen igual o peor.-dije dejándola frente a él y di un buen sorbo de la bebida.-Oye si caigo en coma diabético ¿me harás el boca a boca? es lo que tendrías que hacer.-lo hice en tono de broma, pero la realidad es que deseaba besarlo.

Sonrió bajando la mirada y pestañeando de forma dulce, casi angelical.

-Creo que funcionaria mas si te aventara un vaso de agua helada... combina mas con tu personalidad.-respondió quitándome la fotografía.

-Puede.-murmuré bajo mientras el analizaba la imagen.

-Sí te pareces un tanto a tu padre.-dijo aún con la imagen entre sus dedos.-Pero, no sé, me gusta más tu rostro.-y a mí me gustaba el suyo.-Tiene un cierto aire europeo más interesante, no por ofender a Atsushi.

Reí a carcajadas y guardé la cartera. Era demasiado dulce y no se percataba que me volvía loco con todo ese coqueteo innato. Por fracciones de segundos me imaginé su cuerpo desnudo pegado al mío, sudorosos ambos, y diciéndome lo mismo mientras acariciaba mi rostro. Un olor intenso a sexo, a semen y sudor, pegado a nuestra piel y a las sábanas revueltas. No sé si soñé alguna vez con el paraíso pero esa sensación de confort era parecida. Una sensación extraña de placer y calma.

-Yo no me ofendo, sólo aumentas mi ego, pero seguro que él te miraría como si te pusiera en pelotón de fusilamiento.-di un trago a la copa y lo observé.-Si te confesara algo que sé... que me ha venido pasando estos meses... quizás me llamarías loco, pero entenderías porqué te persigo.

-¿Oyes a las ardillas hablarte y decirte que persigas a un diseñador?-se carcajeó de esa forma dulce y elegante, mientras estiraba la mano para acomodarme el cuello de la camisa. Sus dedos rozaron mi cuello apenas unos instantes y sentí escalofríos. Su piel era tan suave, sus dedos tan perfectos, y yo estaba demasiado caliente.-No te preocupes, ya creo que estás loco desde que te conocí.-dijo apartando su mano de mi camisa para juguetear con la pajita del mojito.-Así que mi opinión sobre ti no se modificará mucho.-rió de nuevo, otra vez esa melodía que me volvía frenético.

-Algo parecido, pero no son ardillas sino sueños desde hace seis meses antes de conocerte.-dije tomando la mano que me había rozado el cuello.-Digamos que han sido varios y mi hermano está de testigo, él a veces tiene que dormir conmigo por miedo a la oscuridad y las tormentas.-sonreí abiertamente.-Ahora pensarás que estoy loco, pero se debe a mi abuela tenía pequeños dones... mi hermana me consta que también los tiene y mi padre tan sólo son presentimientos, nada más.-lo observé clavando mis ojos en él.-Soñé que era padre antes de estar con Anne... soñé contigo varias veces antes de conocerte, los sueños se intensificaron a medida que venía la fecha.-hice un inciso al ver en sus ojos pequeños destellos, estaba seguro que se reiría en mi cara.-Si no me crees no importa, no tienes porqué hacerlo.-el pulgar de su mano acariciaba la mía, como si fuera un dulce juego de niños.

-Hiza los sueños sólo son eso, sueños.-dijo con simpleza.-Quizás soñaste que serías padre porque quieres tener alguien tan puro a tu lado, no puedes negar que no hay nada más hermoso e inocente que el amor de un niño.-murmuró intentando dar motivos más sólidos que a mis fantasías, aunque realmente no son fantasías.-Quizás habías oído de mi gracias a tu madre, o en alguna revista. No te preocupes por cosas así Hiza.

-Créeme las revistas que yo compro son o tias desnudas o coches.-lo dije con franqueza.-Créeme nadie pensaría que soy bisexual si viera lo que compro en el kiosko.-sonreí y luego empecé a reír.-Además yo no sabía como te llamabas.

-Hizaki siempre sabes sacar tu comportamiento más chuletesco en las circunstancias menos apropiadas.-dijo sonriendo para apartar mi mano de la suya y dar un sorbo a su mojito.-En serio, puede haber miles de explicaciones lógicas.-susurró.-No porque menosprecie los atributos que tu hermana o tu abuela puedan tener.-intentaba que no me molestara porque no me creía.-Simplemente, hay cosas que no valen la premonición.

-Yo no te conocía créeme.-dije levantándome para sentarme a su lado, observándolo.-Ni tu nombre.-mis ojos se clavaron en los suyos.-No creo que lo menos precies, pero sí que no me crees.-tomé una de sus manos y la observé.-Hay detalles que no son de un simple sueño.

Se giró hacia mí y yo me quedé paralizado observando cada uno de sus rasgos otra vez. Él sonrió y yo sonreí idiotizado.

-Ahora dirás que conoces hasta donde tengo escondidas las cicatrices, ¿verdad?- recuperó su mano echándome los cabellos hacia atrás para observarme bien.-Vamos Hiza...que eso ni tú te la crees.

-No, porque no te he visto desnudo. Mis sueños son perversos, pero no hasta ese punto.-era falso, pero cualquiera le decía nada.-No me crees ¿cierto?-sonreí con amargura, sin embargo era lógico que no me creyera.-Aun así no me lo quieres decir, para no hacerme sentir mal. No importa.

-Hiza.-me dio un leve golpe en la mano.-¡No es correcto decir eso!-se rió a pesar de regañarme.-A veces es muy fácil que me olvide que eres un saco de hormonas revueltas.-murmuró aún intentando controlar las carcajadas anteriores.-Mira no diré que no te creo, te daré el beneficio de la duda ¿ok?-susurró de forma confiliadora haciendo una pausa para beber de su bebida.-Necesito ir al sanitario ¿dónde están?

-Al fondo.-dije levantándome para que él pudiera pasar.-Después cuando salgas si quieres podemos ir a pasear por la playa.-comenté con una sonrisa franca, lejos de la lujuria que por dentro sentía. Deseaba verlo a solas para saltar sobre él.

-Claro.-dijo levantándose.-No tardo.

-Te estaré esperando.

Quedé a solas y entraron un par de chicas que se sentaron en la barra del bar. Ambas me conocían de vista en el gimnasio y supongo que también de las revistas. Cuchicheaban y reían comenzando el jugueteo para que yo me acercara, sin embargo no lo hice.

Eran rubias y atractivas, cualquiera se hubiera sentido excitado por ellas. Seguro que mi yo de hacía unos meses se hubiera revolucionado y aproximado. Tal vez las hubiera cortejado invitándolas a unas copas y terminado con un trío en un hotel, o en la casa de alguna de ellas. Solía hacerlo. Era algo habitual en mí salir y tener sexo de forma fácil. Tenía dinero, atractivo, poder, fama y sobretodo juventud. Si eres joven con todo lo anterior eres un Dios del sexo. Yo me sentía en plena forma, hubiera podido con ambas de forma fácil, pero yo quería estar con Olivier.

No me excitó la idea de imaginármelas desnudas y dispuestas para mí, porque a quién imaginaba de esa forma estaba en el servicio. Quería estar con Olivier a pesar de que perdiera mi instinto depredador, aunque creo que simplemente se desarrolló hacia una única presa.

Me levanté y ellas rieron a carcajadas echándose hacia un lado, tal vez esperando que me quedara al lado de ellas ocupando ese lugar. Sus ojos se clavaron en mí y los míos se clavaron en la camarera.

-Por favor deseo la cuenta.-dije con una sonrisa.-Cuatro mojitos y un plato de patatas bravas.

-Lo siento, el chico que venía contigo pagó todo.-comentó y yo fruncí el rostro.

Saqué mi billetera y dejé un billete de cinco euros dejándolo en la barra del bar.

-Ya pagó, en serio.-murmuró confusa.

-No, eso es para ti por habernos atendido.-las chicas jugueteaban siendo sexys.-tan magníficamente a mi novio y a mí.-ambas se quedaron de piedra, creo que habían visto a Medusa tal vez.

-Listo.-dijo Olivier apareciendo de la nada para colgarse de mi brazo.-¿Nos vamos?-las chicas miraban atónitas a mi acompañante y yo simplemente me sentí con cierto orgullo de que pensaran que era mío.

Salimos del local hacia la playa y decidimos que debíamos descalzarnos para no terminar con tierra en los zapatos. Los llevábamos en la mano y sentíamos la arena fría bajo la planta de nuestros pies. Era una sensación increíble, por ello amaba venir de noche y no de día. Le tomé de la cintura y él sonrió dejándome atónito, casi sin aliento. Una noche perfecta, eso era lo único que lograba repetirme a mí mismo una y otra vez.

-Lugares como estos me hacen sentir minúsculo.-murmuré con una sonrisa para luego quedarme mirándolo.-Aunque a tu lado siempre me siento así.

-No sabría como tomar eso.-dijo volteándose hacia mí.-¿Tan absorbente soy?-me hizo un guiño apartándose de mí.-Anda camina que tienes que bajar esos carbohidratos que acabamos de comer.-en realidad él sólo había tomado verduras y a penas nada.

-Más bien no es por absorción.-murmuré siguiéndole hasta quedar a su lado y tomarlo por la cintura.-Más bien porque me haces sentir diminuto frente a ti, como si no importara.-susurré próximo a su cuello.-Porque tú deslumbras a todos, aunque no lo creas.

-No seas así.-me reconvino haciendo un leve requiebre para zafarse de mi abrazo, luego quedó unos pasos delante mía dándome la visión de su trasero. Mis hormonas se alteraron notablemente otra vez.-Sólo porque tú tengas un gusto sumamente peculiar, y a parte extraordinaria paciencia para tolerarme, no significa que sea así para todos.

-¿No te das cuenta como te miran todos los modelos? ¿Como te miran algunos hombres al pasar? ¿Y como te envidian algunas mujeres? ¿tan distraído eres?-pregunté caminando hacia él para tomarle de las caderas.-Volverías loco a cualquiera si te lo propusieras.-besé su sien, aunque tenía ganas de besarlo en los labios. Aunque si hacía eso huiría.

Se rió con ganas girándose para pasar sus brazos sobre mis hombros entorno a mi cuello. Reía sin parar mirándome de reojo y yo me esforzaba por averiguar qué era lo cómico de todo lo que había dicho.

-¿Sabes la cantidad de modelos que han intentado meterse en mi cama por lograr un lugar en mi colección?-dijo alzando una ceja.-Demasiado y todos han sido simplemente por que querían algo.-susurró.-Al igual que todos Hiza.-recalcó.-Y si alguna mujer me envidia es porque seguro tengo muchísimo mejor gusto que ellas, no por otra cosa.-colocó su dedo índice sobre mi nariz pulsandola como si fuera un interruptor.-Así que deja de decir esas cosas Hiza, que no me gusta la gente mentirosilla ni que me den bola.-volvió a reírse de mí soltándose de mí.

-No miento.-dije pegándome bien a él.-Ni es un halago para conseguir algo.-susurré próximo a sus labios.-Simplemente es lo que siento y lo que veo, que tu no quieras verlo es diferente.-murmuré alejándome antes de besarlo, no podía hacerlo... no si él no iniciaba nada, pero por como se comportaba daba a entender eso.

-Anda camina.-me jaló de la mano haciéndo que andara a mi lado, no me soltaba y jugueteaba con mis dedos. Él contemplaba el mar y yo lo contemplaba a él, era el mejor espectáculo que jamás había visto.-Mañana en la noche salgo a París de nuevo, sólo iré un par de días.-murmuró.-Voy por la colección esa, tú sabes que tengo que pedir materiales y las personas que colaboraran para realizarla.-resopló y me miró de reojo.-Nada más pensar en estar yendo y viniendo casi cada semana me da hastío porque odio los aviones, los detesto.

-¿Qué?-me quedé paralizado, no quería que se fuera, pero los materiales tenía que conseguirlos.-Yo que te quería enseñar mi piso ya con todos los muebles... lastima.-dije con una media sonrisa.-Sólo queda el cuarto del bebé.

El día que llevamos todo a la casa tuve una severa discusión con mi padre. Durante el arreglo del piso vi como Yutaka suspiraba mirando al hombre de sus sueños, como se aproximaba de forma dulce y como mi padre sonreía de forma característica. Esa sonrisa que se formulaba en sus labios era la que lanzaba a mi madre, la que había visto mil veces, una sonrisa cómplice que no me agradaba.

Hablé sobre su vida, sobre el daño que hacía, y él me juró no hacer más daño a Phoenix y tampoco a Yutaka. Dejaría de cortejar y follarse al que consideraba mi tío, alguien cercano por como se había comportado, y que mi hermana veía como un padre, ya que él la había educado y tratado casi como una hija. Sabía que Yutaka nos cuidaba, nos consolaba y escuchaba, por el simple hecho de ser hijos del hombre que amaba desde su época de adolescente.

No tenía la culpa Yutaka, tampoco el prometido de mi padre, y por lo tanto toda mi furia fue a caer sobre él. Me dolió gritarle, también decirle que no me volvería a ver sin antes yo golpearle hasta reconstruirle la cara... hasta hacerle una nueva. Mi padre realmente era un buen hombre, pero no tenía límite alguno.

15/2/10

Un poco de teatro III


-Bueno... quizás venir con un agregado como un hijo no sea tan malo como otras cosas, cosas que los demás cargamos.-sabía porque lo decía, pero no quería que él viera su pasado como una carga.-Al menos un hijo nunca se esconde.-murmuró.-bueno casi nunca.-rectificó comenzando a juguetear con la comida. Pensaba que no me daba cuenta, pero sólo comía la verdura que venía de adorno.-¿Cual es tu comida favorita? Dijiste una vez que era el sushi que prepara tu ¿tío?-me miró después de un rato jugueteando con un trozo de verdura que se llevó a la boca observándome.-Bueno, que eso te gusta bastante dijiste. Aunque la verdad si te viera diría que eres hombre de steak y vino tinto.

-¿Mi comida favorita?-intentaba hacer memoria.-Me gusta todo, dulce, salado, amargo o de cualquier lugar del mundo ya sea de Asia o de la vieja Europa. Mi plato favorito de todos quizás podría ser el sushi, pero también me gusta las patatas bravas y son españolas, me gustan bastante la pasta y la pizza. Amo la pizza sobretodo con salsas picantes. Pero lo único que odio es el natto. Odio el natto... no sé como Kamijo toma esa porquería sin torcer el rostro.-Había visto al amigo de mi padre comer eso mientras conversaban. Me rasqué la cabeza y seguí pensando.-Bebidas me gustan los refrescos, el vino barolo y el whisky que tenga alta graduación además del sake.-le miré fijamente y eché a reír.-Como bastante, créeme. Creo que eso voy a echar en falta cuando me mantenga solo... comer todo lo que quiera. Porque sé que no me alcanzará el sueldo.

-Bueno, eso es cierto, mantener a un hijo puede ser sumamente caro.-dio un pequeño sorbo a su bebida observándome.-Y aparte de la dedicación.-dejó el baso entre sus manos y yo me quedé clavado en ellas.-Digo aunque quieras tendrás que poner los intereses del bebe antes que los tuyos.-al decir eso yo solo observaba el movimiento de sus manos y luego el de sus labios.-Pero no pensemos en responsabilidades ahora.-apretó una de mis manos por encima de la mesa unos instantes, noté entonces su calidez y suavidad que me hizo sonreír.-Mejor dime cómo estuvo eso de tu aventura de lodo en la playa y que seguro arruinó la tapicería del coche.-rió al decir las últimas palabras porque sabía que amaba mi vehículo.

-Digamos que siempre que vengo con Jun termino con tierra en todo el cuerpo. Se dedica a echarme lodo encima de la cabeza.-sonreí al recordarlo.-Pero el peor es Phoenix, llega y me tira cubos enteros de arena caliente.-me recosté en la silla.-Es divertido, deberías venir un día con nosotros o nosotros dos a la caleta. No hay muchas personas allí, se restringe el paso para conservar ese rincón... el resto de la playa se apelotona con tanta sombrilla.-también con descarados que comenzarían a mirar la mercancía y no me apetecía.

-Me gustaría.-dijo sonriendo mientras se quitaba un mechón de la cara.-Me encanta estar en la playa, aunque no confíes conmigo y un bebé.-comentó acomodándose en la silla.-A mí jamás se me dieron bien las gemelas. Aunque sería rico ir a la playa un día y por ello te quería preguntar si conoces algún club deportivo.-alzó una ceja y sonrió.-Tú sabes que sea discreto, bonito y que no entre mucha gente. Porque quiero inscribirme, al menos el tiempo que siga en la ciudad.

-Yo voy al gimnasio del club, tiene una cuota alta pero también voy al deportivo normal.-me rasqué la cabeza pensando.-Uno más selecto es el de mi madre pero te vas a encontrar a petardas y viejas ricachonas... mejor que no.

Vi de lejos entrar a Max desde un reservado. Vestía de forma informal pero se notaba a leguas que se había arreglado. Pensé que al fin vería a su chico, ese del cual tanto me había hablado y que convivían en pareja. Él me había dicho que estaría por la zona y que tal vez nos veríamos para tomar algo juntos. Yo quería presentar a Olivier y él quería husmear quién era mi pobre víctima, claro que no me había dicho que estaría solo y yo imaginé que debía aparecer por algún lado su Víctor.

-Hola, ¿cómo tú por aquí niñato?-preguntó intentando revolverme los cabellos.-¿Aún te duele el golpe que te di?-rió agarrándome del cuello.

-¿Qué haces tú solo aquí tan temprano? ¿No tenías pareja?-

-Soy ciudadano libre.-observó a Oly y saludó con la mano.-Hola.-la extendió para que la apretara y no esperó.-Oye, felicidades atrasadas. No lo he sabido hasta ayer en la mañana y ya no viniste hoy.-se incorporó bien y una chica vino para jalar de su brazo.-Nos vemos el domingo... en boxeo...-tiró de él hasta la puerta del bar mientras sonreía como un idiota.

-Es uno de los chicos con los que boxeo...-más que eso era mi amigo de peleas, bares y también una persona de confianza.-Él me recomendó el lugar, solía venir aquí con su pareja pero veo que tomó otros caminos.-entonces miré más por el local y vi a dos más.-¿Ves a esas chicas? son las profesoras de aerobic... el gimnasio del club no queda lejos.

-Supongo que el club estará bien.-murmuró.-No es que vaya a estar ahí todo el día.-recargó su cabeza en su mano.-Honestamente no hago ejercicio y sólo quiero un lugar donde pueda estar en el agua un rato.

-Oh, no me dijiste que eras sireno.-dije alzando y bajando las cejas.-Bueno yo amo la piscina del club, soy bueno en natación... he ganado varios premios pero donde más es en Aikido y Kendo.-sonreí con orgullo.-Karate no se da mal, pero lo veo menos elegante que el Kendo y menos mortífero que el Aikido.