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9/11/09

Medidas del alma XII

¿En qué estaría pensando Lee Jun Ki? XD



-No hay problema, que coma todo lo que quiera.-dijo supervisando el maquillaje de una de las modelos, no querían que recargaran demasiado algunas zonas.-En estos eventos las personas a penas comen, da gusto que ella disfrute de la comida que hay preparada. Así no se tirará tanta, por lo tanto que coma lo que le apetezca.-se giró hacia mí algo serio, como amedrentado.-Empezamos en unos minutos, si quieres puedes llevarla a su asiento y tomar tú el tuyo.

-¿Podría hablar contigo un momento?-dije esperando que aceptara. Quería hablar con él, saber cómo estaba de salud ya que me preocupaba. Aquel supuesto mareo no me dejaba descansar. No me había dado su teléfono, así que preguntarle a una asistenta no me motivaba en absoluto y tampoco podía pedir su número como si nada.

Me miró, miró su reloj y se giró hacia las chicas. Estaba dudando, pero asintió. Se marchó hacia una de las asistentas que había visto antes en su casa. Me indicó que fuera hacia uno de los cambiadores, tan sólo un biombo y nada más.

-Dime ¿qué pasa?-preguntó quitándose el cabello de la cara.- ¿Te he enojado por el regalo verdad?-no me podía enojar por eso, era imposible molestarme por esa memez. Además no me esperaba nada de su parte.-El verdadero regalo te lo daré luego.

-¿Regalo?-interrogué confuso.-No es eso.-dije y tomé el mechón rebelde que se venía hacia delante para colocárselo tras la oreja.-El otro día me dejaste preocupado.-comenté tomándole del mentón para que alzara su mirada hacia mí.-No he podido contactar contigo, quería saber si ya dejaron de aparecer mareos.-sonreí de forma dulce, aunque con ese toque canalla que tenía por culpa de los genes.-Soy una chuleta, pero no sé que haría si mi guarnición.

-Me he portado muy grosero.-estaba algo avergonzado, sus mejillas estaban algo sonrojadas.-Tu hermana es linda.-masculló.-Tienen buenos genes, aunque tú eres un poquito más exótico...la mezcla supongo.-aunque nunca se lo pregunté a mi hermana, sabía que ella no era cien por cien japonesa.-¿No te has enojado conmigo?-aquellos ojos de cachorrillo me decían que se sentía realmente mal por el pequeño desplante, esas huidas.-Fue el estrés, estos eventos me ponen nervioso.-era un evento benéfico, quizás temía no hacerlo lo bien que mi madre deseaba.

-Nunca me molestaría contigo.-susurré acariciando su rostro, me estaba aguantando las ganas de besarle. No quería molestarlo de nuevo con mis ganas de tenerlo para mí.-Gracias por llamarme indirectamente guapo.-comenté tomándolo de la cadera con una de mis manos.-Pero tú más que guapo eres apetecible, eres atractivo y dan ganas de besar esos labios al mirarme de esa forma. Te dije que amigos, por eso me reservo las ganas de besarte.-ya había hablado de nuevo demás.-Lo siento, yo si soy un grosero.

-Hizaki... no.-dijo sonrojado echándose hacia atrás e intentando desviar la mirada.- Tengo que regresar, me están esperando para empezar. Se marchó saliendo a prisas de detrás de aquel biombo. Se puso a mirar a las chicas, pero estaba frenético y sonrojado.

Salí tras él y pasé por su lado, algunas modelos me miraron fijamente... pero el otro yo ya no existía, las hubiera chequeado por completo y ahora sólo miraba a él.

-Perdóname por lo que he dicho ahí dentro.-dije antes de empezar a caminar hasta la sala.

-No.-dijo corriendo detrás mía.-espera.-me alcanzó al final y algunas chicas le miraban.-No te enojes, por favor. Perdona mis groserías.-estaba angustiado y no sabía porqué, realmente era más difícil que las chicas.-Por favor, quería que la pasaras bien en este evento.-masculló.-Que pudieras ver mi trabajo, porque eres también cliente mío ¿no?-lo miré fijamente cuando dijo eso, iba a decir algo más y él bajó la cabeza.-Olvídalo.-chistó.-En el alter hablamos ¿de acuerdo?

Puse mis manos sobre sus hombros y sonreí.

-Anda Zanahoria ve y deslumbra con tu ingenio. Deja de preocuparte, después del evento Miho se marchará porque me temo que su novio aún estará fuera... hablaremos ¿de acuerdo?-tenía que regresar con ella, la había dejado frente a una fuente de comida inmensa y temía que se terminara empachando.-Eres muy especial, no olvides eso, no podría enfadarme con alguien como tú.

Me besó en la mejilla y se marchó corriendo hacia las modelos para prepararse. Yo me marché junto a Miho que se encontraba bebiendo zumo de uva. La llevé hacia los asientos que teníamos destinados a nosotros, era de los más cercanos al escenario donde iba a contecer todo. Me sentía mejor que nunca, él parecía aproximarse un poco más a mí y a mis deseos.

-Luego me explicas como eres capaz de tragar tanto y que no se note... ahora miremos modelo, si te gusta alguno te lo compro.-dije terminando de acomodarme.-Tendrás que ir al médico para que te de una dieta sana para ti y el bebé, Lee Anne la sigue.-dije sonriendo y viendo como empezaba todo.

-Eso es secreto.-dijo comiendo el último canapé.-Y con lo de la dieta...-masculló dándole un trago al zumo.-Primero veré si el embarazo viene por oferta.-se refería a si eran gemelos o no.-Si es sólo uno haré cualquier dieta, pero si son dos tendré que ver que tipo de dieta es la indicada para un embarazo de gemelos.-dijo tomándome del brazo mientras curioseaba el ambiente.-Bueno ya que no estoy con Eduart quiero que me compres un modelo alto, de cabello y ojos oscuros con una piel blanca cual vampiro aunque.-masculló alzando un dedo en el aire.-Si me consigues un Lestat será mejor.

-Hay un Lestat en la ciudad.-comenté.-Es actor, trabaja como tal. ¿No has visto su actuación? te gustan los vampiros pero no vienes al teatro...-sonreí y entonces pensé una idea.-Perfecto, compraré entradas para cuatro, dos para ti y dos para mí. Yo vendré con Oly, tú me dices el día que quieres venir con tu maridito.-no quería cita doble porque mataría a su pareja, quería estrangularlo aún.

-Me gusta la idea, surque que le incomodas más a mi “maridito”-dijo desviando la mirada hacia un modelo, de los pocos masculinos que había en el desfile.

-No será doble, no puedo quedar con tu maridito sin golpearlo.-musité mirando hacia donde miraba ella.-Y lo de la dieta es para que no te enfermes, que no suba el colesterol y todos los problemas que conlleva estar embarazada.-cada chica era más espectacular que la anterior.- ¿Ves alguno interesante para ti o para Megumi?-interrogué cerca de su oído.-Aunque os compraría uno personalizado, quedar con Oly y que os diseñe la ropa.

-He visto varios para Megumi, pero hubo uno que me gusto mucho.-me había fijado en cual decía, era uno rojo con encajes y algunos acabados en negro.-Pero no se si pedírselo, pronto no me quedará.

-Podemos pedirle ropa premamá ¿qué te parece?-dije con una sonrisa.-Y no pienso hacer cita doble, ni de coña.-repetí lo de la cita para que se hiciera a la idea.-Vosotros por un lado, nosotros por otro. Porque si vamos juntos terminaré matándolo.-miré los dos únicos trajes que había de hombre que volvían a desfilar entre aplausos.-Oly hace muy pocas cosas para chicos, lo ve aburrido... sin embargo, hizo como doce diseños en tres días para mí.

-Es que la ropa de maternidad no es lo mío... No es de mi estilo...-dijo desviando de nuevo la mirada hacia el modelo.-Y con lo del teatro...-susurró.-Sí estaría bien así, hace dos meses Eduart dijo que me llevaría al teatro.-murmuró.-pero tanto trabajo lo agobia y presiona.-era normal para un tiburón de las finanzas.-Yo estoy toda cortante con él...

-Oye, no te pongas así.-musitó un hombre que la comía con la mirada, muy atractivo y de las características que ella misma había pedido para un modelo.

-Tú deja de intentar ligar con una embarazada.-dije algo molesto, por no decir bastante. El hombre escuchó embarazada y casi se echa para atrás.-Miho.-me había girado hacia ella y la tomé del rostro.-Anda, anímate.-comenté.-Eso según sé le pasa a todas, mi madre repelía a mi padre un tiempo cuando estuvo de Hero.-era poco lo que recordaba, pero algo así sucedió y si no era de ese modo al menos la animaba.-Es normal, incluso que te de fatiga su crema de afeitado. No sé porqué, pero a muchas embarazadas le pasa o eso creo.-había estado leyendo cosas sobre el embarazo, quería informarme y pensaba que de esa forma encontraría la solución a todos los llantos de un bebé. Después supe que es todo experiencia y no había nadie con más experiencia que mi padre o mi madre.

-Sí, pero el viejo sabía el porque ese rechazo y Eduart no...-murmuró.-Haber si el tiempo se pasa rápido y llega su cumpleaños para decírselo de una jodida vez.-rió bajo al final casi con pequeñas carcajadas.-Al parecer, estas más informado que yo.-dijo golpeando con palmaditas mi espalda.-serás mí guía, te guste o no.

-Ah no, te leerás todas las malditas web, revistas y libros que estoy leyendo yo. Es necesario que conozcas todo. Además, ya estoy cambiando pañales con Jun, me sirve para aprender. Quizás le pida a Oly que se venga conmigo el sábado, papá me lo va a dejar todo el día. Ya sabes, deseos o impulsos de Phoenix de que tienen que salir al campo, al lago o que sé yo.-para mí era una excusa para follar, hablando con claridad, y como conejos en la casa sin el niño delante.

-¿Qué? ¿A caso quieres que mi regalo de cumpleaños hacia Eduart se arruine? Mejor... nos vemos un día y me explicas todo bueno...-hizo un inciso suspirando.-Casi todo, la cambiada de pañales se la dejo a Eduart.-ella podía decir eso, pero yo no.-De lo demás me encargo yo y con lo último...-frunció leve el ceño y luego sonrió.-Haber que día el viejo me presta a Jun...-todos queríamos a ese niño, era demasiado dulce y con mucha personalidad.-Quiero que conozca a cierto greñudo que no veo desde hace mucho.

-¿El Amaury ese?-¿qué otro greñudo podía ser?

-Sí, ese mismo.-declaró.

-Mal encarado y tan chulo que un día nos dimos de hostias hasta que terminamos medio muertos en el suelo ¿ese Amaury?.-resoplé.-No me conoce y proclama que soy un señorito... pero la patada en los huevos se la di... claro que él me jodio la boca.

-Ni digas, que si no fuera por el manco de su pareja ahora lo tendrías de yerno.-estaba algo sonrojada aunque se reía, intentaba hacerse aire con la mano.-Quisiera ver una pelea entre ustedes dos...-comentó.-Haber quien se rompe la madre primero.-

-Tan sólo dale este recado... la próxima que quiera robarme que recuerde que sé tantas llaves como él.-mi rostro se puso serio, ese maldito proscrito me tocaba la moral, pero al oír manco.- ¿Está con un tío? ¿Es gay?

-Vale, vale...-dijo entre carcajadas, todas las mujeres la miraban fijamente.-Yo le daré tu recado y no te diré nada de Amaury, no te concierne, es mi amigo y no ando divulgando la vida intima de mis amigos, que te quede claro eso.

-No, espera has dicho manco y por lo tanto tiene novio. El maldito no paraba de acusarme de marica, esta se la debo.-dije alzando una ceja.-Te juro que se la debo.

-Y como buen Sakurai, iras por venganza.-movió su cabeza como si fuera una negación en toda regla.-En verdad no tenemos remedio.-murmuró.-Pero haber si es cierto.-añadió con una sonrisa macabra, muy al estilo familiar.-Yo apuesto a favor de Amaury.

-Muy bonito, pero que sepas que yo sé pegar mejor que él.-el acto había terminado, observaba a Olivier desfilar sobre el escenario para recoger los aplausos. Entonces comencé a notar vibrar mi teléfono. Cuando lo vi era Eduart.-Toma princesa, tu principito te llama... principito castrado dentro de nada.

-¿Hum? ¿Qué querrá? De seguro presiente que ando en malos pasos y todo por tu culpa.-dijo abriendo el teléfono tras mirarlo un instante.-¿Aló?-preguntó.-Estoy bien, gracias por preguntar.-murmuró mirando sus uñas como lo haría una gata.-Me alegra que te preocupes por mí.-yo babeaba mientras ella hablaba. No paraba de admirar a Olivier y también de husmear a los demás, no quería ver ningún cretino a su alrededor.-No sé cuando vaya a regresar, pero lo más seguro es que tarde y que Hizaki me lleve a casa de mi tío.

-No seas tan seca, me da hasta pena.-dije al escuchar la conversación.-Olivier quiere hablar conmigo luego, es mejor que venga a recogerte él aunque me joda.-comenté.

-Eso me lo hubieras dicho antes.-me fulminó con la mirada, pero yo dirigí la mía con un brillo de adolescente hormonado hacia el escenario.-Cambio de planes, Hizaki acaba de decirme que no podrá llevarme a casa de mi tío ¿crees poder venir tu por mi?-interrogó quedándose un tanto ausente, yo estaba también pendiente de ella aunque pareciera centrado en Oly.-No puedo irme antes, Hizaki me invito por algo y...-hizo un inciso.-Aún no se da la oportunidad de que ese algo se pueda hacer.-ese algo era hablarle bien de mí a Olivier.-Te llamaré antes de que termine mi labor aquí ¿vale?-entonces vino el momento cursi, hubiera dado millones por tener la cámara.-Te amo.-sus ojos se iluminaron como los de una muñeca de anime y multitud de corazoncitos imaginarios aparecieron a su alrededor.

-Ohhhh que bonito, un te amo después de castrarlo.-dije y entonces guardé mi móvil.-Ah, tengo que pasarte el móvil otro que tengo igual a este. Compré uno y me regalaron otro, pero Hero no es para andar aún con móvil ¿lo quieres tú?

-Ya te dije que quiero que su cumpleaños llegue pronto...-se mordisqueaba el labio inferior.-No me gusta ser así con él.-suspiró de forma pesada y después se quedó reflexionando sobre mi oferta.-Móvil... Móvil nuevo.-mumuró.-El que tengo se ha convertido en el juguete favorito de Noir.-sí, era típico eso en los gatos. Cheshire amaba juguetear con el móvil de Phoenix cuando estaba en modo vibración ya que se iluminaba de forma violácea incluso.-No me vendría mal otro...-sonrió y asintió.-Vale, lo acepto gustosa.

-Perfecto, cuando quedemos en unos días para ver a nuestras madres y papá... porque pienso hacer suicidio frente a los tres... Ya que tú dirás lo de tú embarazo y yo lo de Atsu Junior... te lo daré, será mi herencia porque a ti papá no te mata, pero a mí sí. Conociendo a mí madre me mata ella primero con sus rayos láser congelantes.

-¿Los tres juntos? No crees que es algo... ¿Drástico?-dijo intentando tomar aire.-¡Tú estas loco!-gritó y algunas personas nos miraron fijamente.-De tanto golpe que te han y has dado.-añadió dándose aire.-Y bueno…-murmuró.-Yo no sé cómo lo vaya a tomar mi madre, ella piensa que jamás cometeré el mismo error que ella.-se llevó las manos a la cabeza y la movió.-Tal vez sólo se decepcione.-añadió algo más calmada.-Creo que eso es peor a que tus padres te maten.-murmuró.-Espera....-me agarró de la chaqueta e hizo que la mirara a los ojos.-¿Pretendes que le digamos semejante cosa al viejo? ¡LO VAMOS A MATAR!-todo el mundo nos miró raro e incluso algunos se alejaron como pudieron de nosotros.-Yo no quiero matar al viejo... No ahora que ya le tome cariño.-eso era nuevo, que dijera que tenía cariño a nuestro padre.

-¿Y qué quieres que se entere cuando te vea con un bombo tan grande que no quepas por la puerta?-interrogué asintiendo.-Papá, mira me picó una abeja enorme.-dije de forma irónica.-Por dios Miho que no es idiota ni chochea.-comenté intentando colocarme bien la chaqueta, quitarle la leve arruga que le había hecho.-Además yo cuando tenga el bebé ¿Dónde lo voy a meter? ¿Me voy bajo un puente? Hay que decírselo a los tres, por eso creo que la más calmada es mi madre.-realmente era una mujer serena, a pesar de sus pequeños lapsus de ira que hacía de forma privada. Todos teníamos un límite, y su límite era cuando le contaban cosas de mi padre o le comentaban lo feliz que lo veían.-Aunque con sólo una mirada me pondría pelotón de fusilamiento.-me imaginé sus ojos glaciares, sus labios apretados levemente y una de sus finas cejas rubias alzada como pequeña antena.-Miho, no la conoces, me da más miedo que mi padre ella piensa de forma fría todo.

14/7/09

Demasiado rápido II


-Después dicen del machismo, joder.-dije colocándome la camisa que tenía todos los botones rotos, ese maldito cabrón me había destrozado una camisa de firma que yo mismo me pagué. Pensaban que yo no era capaz de pagarme mis cosas, de ganármelo, sino que todo lo tenía hecho y eso era lo que me molestaba de ser de la supuesta clase alta.

-Si quieres te lo coso yo.-susurró una de ellas mientras sonreía.

-No, gracias.-dije bastante molesto.-¿No tenéis algo mejor que hacer? Algo que no sea acosarme sexualmente. Por eso nunca saldré con una europea, no tenéis una ligera idea de lo que es una mujer de mi raza. Dios.-murmuré clavando mis ojos rasgados en cada una de ellas.-Sólo conozco pocas mujeres europeas que tengan autocontrol. Las demás, no tenéis ni idea de protocolo ni nada.-me giré caminando bastante molesto.

-¡Eres un imbécil!-gritó una de ellas.

-¡Vosotras unas acosadoras!-dije enfurecido, no quería saber nada de ellas.

-¡Maricón!-eso me molestó, me giré y las miré de frente.

-¡Más quisieras que lo fuera! ¡Simplemente tengo buen gusto!-me quité la camiseta y nada más volver a caminar todas gritaron eufóricas.

Me sentí en ese momento chico de club de streaptease para despedida de solteras. Miraba mi camisa, acariciaba los ojales deshilachados y pronto me di cuenta que no podría hacer mucho por ella. Estaba prácticamente estrenándola, amaba esa camisa y ya no la tenía. No iba a permitir que mi madre me comprara otra. Tenía frío al ir así por la calle, así que me puse la camisa a pesar de estar completamente destrozada. También lo hice con la chaqueta, esa sólo estaba pisoteada. Odiaba a ese crío, no tenía respeto por el buen gusto.

Cuando llegué a casa estaba allí Yue con una sonrisa triunfante. Se colgó de mi brazo y sonrió. Comenzó a colocarme todo bien, mirando los ojales y luego me besó en los labios. No quiso preguntar qué había pasado, quizás para no llevarse malos modos. Me abrazó y yo lo separé.

-Te he dicho que no.-dije tras un silencio impenetrable desde mi entrada.

-No está tu madre.-comentó haciendo un leve puchero.-Tu madre me dijo que me quedaba bien el pelo así.-tenía una coleta pequeña y sus cabellos estaban algo oscuros.

-¿Te oscureciste el pelo?-el negó y rió leve.

-En realidad no soy rubio, siempre quise ser como mi madre y como me da todos los caprichos me dejaba teñirme. Pero estoy por dejármelo castaño, al natural.-eso me sorprendió, realmente creía que era rubio de nacimiento.

-Te quedará bien, aunque te parecerás demasiado a tu hermano.-rió cuando dije aquello y se colgó de mi cuello.

-Hiza ¿a qué jugáis?-preguntó mi hermano bajando por la escalera.

-No jugamos, sólo hablamos.-dijo él caminando hacia mi hermano para revolverle los cabellos.

Se llevaban bien, siempre que venía a casa terminábamos los tres jugando a las videoconsolas o encestando en la papelera. Yue tenía eso a su favor, mi hermano lo adoraba y lo veía como un hermano más.

-¿De qué? ¿Ha salido un nuevo videojuego?-Hero a veces parecía no enterarse de nada, aunque creo que más bien se hacía el que nunca se enteraba. Quedó frente a mí observándonos y rió bajo.-No habláis de eso ¿a que no?-Yue se sonrojó sin saber que decir.-¿Sois novios?

-Sí.-dijo él algo nervioso y quise matarlo.-¿A que no te lo esperabas?

-¿Mamá lo sabe?-dijo algo confuso.

-No, ni quiero que lo sepa.-eso era una frase habitual en mí, el aceptó sellar sus labios pero… no paró de observarnos y reír.

-Me voy a jugar a casa de Marie.-dijo para ir hacia la puerta.

-No puedes ir solo.-comenté y le tomé de la mano.

-Yo ya soy grande.-dijo intentando zafarse.

-¿Qué sucede?-me miró prácticamente llorando y me abrazó.

-¿Crees que soy infantil?-cuando escuché eso suspiré y lo tomé en brazos.

-¿Quién te dijo eso?-murmuré mientras acariciaba su espalda.

-Héctor.-murmuró casi llorando.

-No eres infantil, es normal que te protejamos porque tienes un padre político y una herencia. Tememos que te hagan daño por dinero, eso es todo.-lo tenía en brazos, en segundos lo tenia pegado a mí.

-Eres muy cute, no eres infantil.-comentó Yue abrazándose también a nosotros.

-¿Ves? Él dice que eres cute.-sequé sus lágrimas dejándolo en el suelo.

-Yo quiero gustarle a Marie.-lo entendí todo, me hizo reír a carcajadas. Besé su frente y sus mejillas.

-A las chicas las conquistan los chicos dulces y tú lo eres.-Yue tenía razón en ello.

-¿Sí?-dijo algo más tranquilo y ambos asentimos.

Lo llevamos a casa de su amiga y regresamos para conversar. Estuvimos hablando de nosotros, de todo. Me asfixiaba que quisiera un mundo color rosa para los dos, no quería eso.

12/7/09

Demasiado rápido I


Capitulo 4: Demasiado rápido


Digamos que todos tenemos un angelito bueno y otro malo. El malo siempre nos impulsa a realizar las locuras más espectaculares y desafiante, para luego quedar como un inútil o un chulo sin remedio, el angelito nos incita a ser pulcros y decentes, pero hoy en día nadie quiere ese camino de santurrón sin remedio. ¿Adivinan a quién hago siempre caso? A las ideas más estúpidas que tengo, a pesar de que mi conciencia diga que no.

Mis amigos y yo teníamos un plan, ser los mejores de la ciudad. Yo no quería ser el mejor de la ciudad por el simple hecho de ser el mejor, no. Yo quería ser el mejor para aplastar al idiota de la pistola. Amaury no merecía tener tanto éxito. Además a más éxito más ofertas, a más ofertas más dinero y a más dinero más para invertir en mejores instrumentos y grabación. Así que me preparaba a diario en clases de canto, gimnasia, baile y todo lo que tenía a mano. Inclusive el teatro que estábamos montando para fin de curso estaba ayudándome para saber interpretar, también para canalizar mis impulsos y sensaciones.

Aquí viene el plan estúpido: Dejar los estudios para dedicarme a la música. Pensaba sacar las mejores notas, simplemente por competitividad y cabezonería, pero a la vez para demostrarle a mi madre que no era porque me fuera mal, sino porque realmente amaba la música. Mi padre estaba iniciando un proyecto con sus compañeros, algo novedoso para la ciudad. Así que tenía la excusa perfecta. Si él podía ¿por qué yo no?

Simplemente me preparaba en secreto para lanzarme en plancha frente a una piscina vacía. Estaba loco, lo sé. Pero también hay que estarlo para hacer parkour por toda la ciudad. Para quién no sepa de qué hablo es saltar obstáculos, edificios o en cualquier espacio urbano, sin ninguna ayuda salvo la de tus reflejos y estado físico. Amo hacer eso, aún lo hago, aunque menos. Si bien, si estaba harto de partirme la crisma ¿por qué no hacer que me la partieran mis padres?

Con mi madre no estaba preparado, pero con mi padre sí. Él me entendería mejor que ella, o eso pensaba, así que un día sin más llamé a su teléfono para poder quedar con él en algún lugar. El prefirió la tetería, como siempre, y ambos fuimos allí como si nada hubiera pasado. Era Abril, estaba cerca de los exámenes finales, y él pensó que era para hablar de mi futuro académico. No esta mal encaminado ¿cierto? Pero de futuro había poco.

Cuando entré con el cigarrillo en los labios, actitud de adolescente rebelde sin remedio y mirada descarada a una de las chicas… tan sólo tuve como respuesta una fría mirada inquisidora de mi padre. Digo fría, porque podía haberme caído un grito y un buen puñetazo. Nada más entrarme me quitó el cigarro de los labios y lo apagó.

-Te he dicho que quiero que dejes esa mierda.-dijo sin más mientras se desabotonaba su camisa, parecía algo tenso.

-Papá vengo a entregarte tu regalo de cumpleaños, atrasado eso sí, pero a tiempo porque nunca hay lugar para darte algo.-era una forma de suavizar todo. La verdad es que me había olvidado y cuando recordé que tenía que contarle algo… recordé la fecha. Así que compré un móvil de última generación y lo dejé frente a él, en una hermosa caja de color negro con lazo rojo.-Adelante, ábrelo.

-Sé bastante bien que te has olvidado, ni me felicitaste, tendrás muchas cosas en la cabeza ¿no Hizaki?-su mirada me taladraba, no tanto como la de mi madre, pero sabía que a él se le veía venir y cuando ponía esa cara era porque iba a caerme la del siglo.-Aunque es un detalle que me quieras comprar con esto.-cuando abrió la caja sonrió y me miró.-Un móvil, vaya, pensé que sería alguna horrible corbata como en los dos anteriores.-aún no me perdonaba que hiciera esa broma, pero en realidad costaban caras aunque doliera la vista nada más verlas.

-No te estoy comprando.-dije nervioso, con esa sonrisa nerviosa que aparecía cuando él me fichaba tan rápido.

-Soy tu padre, te conozco mejor incluso que tu madre.-tragué saliva.-Aunque el móvil me gusta, me lo quedo.

-Me alegro que te guste, eres un gran padre y te mereces lo mejor.-mis dedos tambolireaban sobre la mesa.

-Pero que majo es mi hijo.-dijo dándome una cachetada para agarrarme de la nuca con cierta fuerza.-¿Qué tramas?

-Dejar los estudios, señor.-murmuré aturdido y acojonado, ambas cosas bien mezcladas.

-¡Qué!-gritó y yo me acojoné aún más.

-Ni loco vas a dejar los estudios, nos costó mucho a tu madre y a mí daros lo mejor para que seáis superiores al resto no sólo en notas.-apartó su mano de mi cuello, más bien su garra.

-Papá, es que yo quiero hacer otros estudios.-entonces se suavizó un poco, sólo un poco.

-¿Cuáles?-interrogó.

-Arte dramático y danza. Quiero aprender ambas materias, creo que soy bueno, también entrar en el conservatorio más adelante con el piano. Pero, por ahora, quiero cantar, bailar y actuar. Papá, es lo que quiero. No mates mis sueños como tú matates los tuyos.-susurré agachando la mirada, esperando que entendiera.

-Comprendo, pero quiero ver los mejores resultados este año. Porque después de esos estudios tendrás otros, de lo que sea menos artístico. Quiero que tengas ambas posibilidades ¿entiendes?-yo asentí a sus palabras y noté que él no encendió ningún cigarrillo.

-¿Y los cigarros?-pregunté confuso al ver que no había encendido aún alguno.

-Los he dejado.-respondió tajante.-Como tú deberías hacer.

-Lo dejaré, algún día.-clavó de nuevos sus ojos de gangster en mí, ojos que te fusilaban sin más.-Lo dejaré.-dije convencido, aunque tan sólo fuera para que me dejara vivo un día más.

-Bien ¿eso es todo?-preguntó dando un sorbo al té frío que se había pedido.

-Sí.-habían más asuntos, pero preferí que fuera lo más tarde posible.

-Me voy, pagas tú por hacerme esperar quince minutos.-dijo levantándose mientras se colocaba uno de sus sombreros y se marchaba.

-Genial.-suspiré alzando la mano para que me cobrara lo suyo.

-Hacía mucho que no os veía por aquí.-comentó la camarera.-Anne tampoco viene, ¿ya sabías que dejó de trabajar aquí hace meses?

-Sí, lo sabía.-respondí bastante serio.

-Es un euro veinte.-comentó con una leve sonrisa, aunque había notado mi desgana al responder y mi seriedad.

-Toma dos, cóbratelo de propina lo que sobre.-me levanté sin esperar un gracias, me marché sin más esperando que mi padre no se hubiera decepcionado demasiado y que nadie más me la recordara.

Caminando por la ciudad me detuve frente a una tienda, observaba artículos para el bebé. Muchas chicas se quedaron mirándome de lejos, preguntándose si era yo o no. Yo simplemente miraba todo lo que tendría que comprar y me perturbaba que al final fuera mío. Una de ellas se aproximó a mí tocándome el hombro.

-¡Sí! ¡Es él!-gritó como loca colgándose a mi cuello cuando me giré.-¡Es Hizaki!-decía como si le hubiera entrado un alien dentro del cuerpo.

-¡Para!-dije apartándola y echando a correr.

-¡Además de guapo y con dinero es tímido! ¡Vamos a por él!-dijo una de ellas y yo ya sentía como cinco chicas tiraban de mí.-¡Sale más guapo que en las revistas! ¡Dicen que ganó un nuevo torneo de Aikido! ¡Será campeón nacional!-gritaban como locas, como autenticas locas.

Corría como loco cuando tropecé con un melenudo, tenía el cigarro en los labios pero cayó al suelo. Nada más cruzar nuestros ojos nos reconocimos. Ellas también comenzaron a gritar su nombre. Eran colegialas con su uniforme y sus coletas, el sueño de cualquier pervertido y nuestras pesadillas. Él saltaba como gamo al igual que yo. Corríamos ya por competición.

-¡Marica! ¡Esto es culpa tuya! ¡Pedazo de maricón!-estaba enfurecido e intentaba golpearme por ello.

-¡Qué dices anormal! ¡Como si me gustara que me persiguiera media ciudad!-acabamos deteniéndonos para golpearnos mejor.

Rodábamos por el suelo, nos jalábamos de la ropa y terminamos sin nuestras respectivas prendas. Sólo teníamos los pantalones, él sus botas y yo mis deportivas. Las patadas volaban, como los puñetazos, y también las mordidas.

-¡Hijo de puta! ¡No muerdas desgraciado o te sacaré los dientes!-le dije y él escupió como si hubiera tragado veneno

-¡Tranquilo no quiero morir infestado!-eso me cabreó más, creo que mi cara lo decía todo.

Pero esas estúpidas creían que nos pegábamos por ellas, no por rivalidad pura y dura. Estaban sin saber decidirse con alguno de los dos, pero cuando caí sobre él en cuclillas y lo miré él por un instante se sonrojó.

-¡Si serás marica!-grité y él automáticamente se separó.

-¡El marica eres tú!-rugió casi dándome un golpe que esquivé.

-¡Amaury!-en ese mismo instante vi venir a un chico con el cabello bicolor, los ojos como los de un demonio agarrándolo por la oreja tirando de él.-Nada más te dejo solo, nada más te digo que me esperes en la puerta de la barbería, y mira que haces. ¡No puedo estar cuidando de ti todo el puto día!-agarró la chupa de cuero de Amaury y su camisa de tirantas.-¡Vístete y deja de pegarte con mocosos!

-¡Oye más respeto!-dije y el chico me miró de arriba hacia abajo.

-Perdón, quería decir con pendejos de papá.-me descontroló aquello, pero ya venían los otros dos.

-¿Qué pasa? ¿No podéis estar unos sin los otros? ¿También vais al baño juntitos?-las chicas aplaudían como si fuera un teatro.

-¡Callaros so furcias!-rugió Amaury y volvió a ser retorcida su oreja.

-Tienes suerte de que me lleve a mi hermano, porque si no fuera porque no quiero problemas tú y tu culo se fusionarían.-tiraba de Amaury como si fuera un muñeco y los otros dos tan sólo observaban todo como si nada.

Cuando me vi solo noté como ellas seguían mirándome, devorándome como si fuera carne.

-Después dicen del machismo, joder.-dije colocándome la camisa que tenía todos los botones rotos, ese maldito cabrón me había destrozado una camisa de firma que yo mismo me pagué. Pensaban que yo no era capaz de pagarme mis cosas, de ganármelo, sino que todo lo tenía hecho y eso era lo que me molestaba de ser de la supuesta clase alta.

1/7/09

De los errores se aprende II


Cuando conseguí conciliar el sueño, tras horas aún encabronado, vino a mi mente aquel chico huidizo de mis sueños. Bailábamos algo pegados, no lograba ver bien su cara, pero he de reconocer que su cuerpo me era atractivo. Sus cabellos largos rozaban mis manos puestas en su espalda, era una sensación atrayente. Un foco nos deslumbraba, no conseguía ver más allá de sus labios. Esos labios que sonreía como cualquier idiota enamorado.

-Hizaki.-la voz de mi hermano entró en el sueño y me despertó.

-¿Quién es Oly?-interrogó confuso.

-Alguien que únicamente conozco en sueños.-murmuré acariciando sus cabellos.-No lo entenderías.

-¿Un amigo imaginario?-preguntó rascando su mejilla.-¿Cómo el que yo tuve un tiempo?

-Algo así.-susurré con una sonrisa leve.

No teníamos que madrugar y sin embargo estábamos despiertos, conversando. Sin embargo, yo estaba en otro lugar distinto e intentaba saber quién era ese chico. Sabía que tenía ciertos sueños premonitorios, aunque hacía años que no tenía uno. Me había olvidado de ese don proveniente de mi abuela, como siempre me había dicho mi padre.

Cuando se levantó corriendo para buscar a Clara y que le hiciera tostadas con crema de chocolate, yo me quedé en la cama pensativo aún. Tenía una sonrisa en los labios a pesar de la mala noche. Busqué el móvil, no sé porqué. Sabía que estaría atestado de mensajes de él, pero entre todos los suyos había uno diferente. Ese mensaje pertenecía a la única mujer que había deseado realmente, Anne. Estuve por borrarlo, pero su daño no era comparable al que había sentido horas atrás. Ella no fue la peor de todos, por lo tanto merecía al menos saber qué quería.

“Tengo que hablar de algo importante, algo crucial en nuestras vidas. Si recurro a ti es porque tienes parte de culpa.”

No sabía que pensar. Al principio creo que reaccioné con una sonora carcajada. Ella ya no formaba parte de mi vida, no había nada crucial para ambos. Pensé que todo era una excusa para verme, para que cayera de nuevo, pero esta vez iba preparado. Sin embargo, luego le di vueltas y creí que podría ser alguna noticia sobre algún conocido mutuo. Me preocupé, aunque también me perturbé con la idea de que fuera algo realmente grave.

Fui directo a la ducha, no reparé en el desayuno, y cuando bajé lo hice para ir directamente al garaje donde estaba mi moto. Me subí a ella y fui hasta su casa, no dejaba de pensar en lo que podía estar pasando. Pensé en un chico que conocíamos, que podía haberle pasado algo y necesitar nuestra ayuda. Cuando aparqué la vi entrando en el portal, llevaba una bolsa de panadería y salí corriendo prácticamente. Me saqué el casco cuando la intercepté y clavé mis ojos en ella.

-¿Qué?-dije en tono seco aunque algo nervioso, se notaba.

-Estoy embarazada y es tuyo, no he estado con nadie más.-aquello me hizo agarrarme al pomo de la entrada al edificio.

-No, no puede ser.-el sueño, el primero de todos, vino a mi mente y temblé.

-Sí, si puede ser.-dijo algo nerviosa, quizás al verme pálido y que mis piernas temblaban.

-¿Estás segura que es mío?-pregunté aún confuso.

-¿Crees que soy una puta? ¿Qué me acuesto con cualquiera? Voy a casarme Hizaki, contigo fue debilidad porque me atraías y porque hacía meses que no veía a mi chico.-suspiró y entrecerró los ojos.-No te preocupes, tan sólo te informo porque pienso abortar.

-No.-dije tajante.-Si es mío yo me haré cargo de él, dámelo a mí. Tú no lo quieres, no lo querrás para que tu novio no sepa que es un cornudo. Pero a mi no me importa cuidarlo, fue un error de ambos… sin embargo, es un error que quiero tener en mis brazos.-ella me miró incrédula y me palpó la frente.

-Estás enfermo o quizás loco.-comentó.-No puedes hacerte cargo de ti mismo, siempre en peleas, y mucho menos de un niño.-la agarré de las muñecas con cierta fuerza.

-Mata a ese niño y te juro que me las arreglaré para hacerte la vida imposible.-sentencié.

-De acuerdo, pero lo cuidarás tú. Yo no pienso hacer nada, tan sólo entregártelo.-me demostró en ese momento lo egoísta y rastrera que era.

-Sí.-dije mirándola fijamente.-Si ese niño es mío, después de una prueba de ADN al feto, se quedará conmigo y tú firmarás un documento donde me delegues custodia del niño en mí.-mis ojos estaban fríos y los de ella también. Era un trato, lo sellamos estrechando nuestras manos y después me giré.

Tenía que pensar, dar un paseo por la ciudad en moto y quizás terminar en el circuito aunque no era la de carreras. Debía tomarme un respiro de la realidad. Acababan de darme una noticia trascendental en mi vida, algo que jamás esperé tener y mucho menos con ella. Anne dijo algo más, pero no escuché. Tan sólo fui hacia la moto y empecé a dar vueltas durante horas.

Yo no podía ser padre, no me veía preparado, pero no quería que ese niño se perdiera. Apretaba los puños de la moto, me mordía el labio inferior e intentaba concentrarme. Terminé en las canchas de basket pidiendo que uno de los presentes me prestara el balón, ellos no estaban usándolo y yo necesitaba desfogarme encestando.

-Anda si es el nene de papá.-dijo un chico con el cabello oscuro, piel de vampiro y ojos de asesino en serie. Uno de tantos de los que se drogaban en un lado de aquellas canchas. Estaba tirado en las gradas, en el lado que hacía sombra, y me miraba directamente.-Bang.-tenía una pistola en sus manos y me apuntaba. Su risa era como la de un villano de ciencia ficción, sonaba como enlatada y fría.

-¿De qué te ríes so gilipollas?-me rebajé a su nivel porque me crispaba los nervios.

-De ti y de tu culo de niño rico.-dijo bajando pesadamente desde las gradas hasta quedar frente a mí.

-Yo seré un niño rico, pero tú apestas.-cuando dije eso me empujó y pensó que me tiraría al suelo, sin embargo simplemente me quedé inmóvil observándolo.

-Dámela.-dijo señalando la chupa que llevaba.

-¿Qué? Ni de broma.-puso la pistola en mi sien tras darle un giro al barrilete del revolver.

-Hay una bala, quizás tienes suerte y no te mato cuando apriete el gatillo.-ese tipo de amenazas me tocaba la moral.

-Quizás te parto las piernas y te golpeo tan duro que ni la zorra de tu madre te reconocerá al regresar a casa.-no sé que tuvo de gracioso aquello, pero explotó en nuevas carcajadas haciéndome recordar al mítico Joker.

-Como no vaya al nicho, la saque y vomite sus gusanos de la boca y cuencas oculares… para decirme ¡Ey Ama!, no te reconozco ¿estás más delgado o más puto?-reía como un maldito bufón, no tenía respeto a su difunta madre.-Aunque seguro que la boca no la tiene llena de gusanos, sino llena del pito de Belcebú.-me escupió en la cara y yo le golpeé en el vientre.

El arma cayó al suelo disparándose y él me miró enrabietado. Sus ojos eran los de un chacal o quizás los de un lobo salvaje. Tal vez se aburría y quería un poco de bronca para animar el ambiente, como si fuera una cantina del salvaje y lejano Oeste. Los puñetazos volaban de un lado a otro, los esquivábamos o bloqueábamos. También, por supuesto, terminaban en nuestros rostros. Las patadas y las llaves se precedían una tras otra. Tan sólo nos separamos cuando escuchamos las sirenas de policía retumbar como locas por las calles cercanas.

Eché a correr hasta mi moto y él simplemente corría como el diablo. Nadie hasta el momento había conseguido igualarme. Sus cabellos largos, su aspecto desaliñado y sus ojos, sobretodo esa mirada de loco perdido en el mundo, me hizo recordar a una vieja fotografía que tenía mi padre guardada en un cajón.

-¡Amaury!-gritó un chico de cabellos rubios y le siguieron otros dos más. Cuatro chicos corriendo como alma que llevaba el diablo. Todos vestidos de forma gótica o a lo rock star sin un céntimo en sus jeans.

Poco después supe quién era cada cual. Amaury William Rose era conocido por sus letras desgarradoras, su aspecto de ángel y su mirada de despiadado asesino en serie. En su boca siempre había una sonrisa estilo Joker y sus uñas largas se aferraban al micro de la banda local. Era el vocalista del grupo Dark City. Los que le siguieron eran el bajo, el guitarra y el batería. Sus nombres Axel Bierk, Jorge Ramírez y Ariel Moriarti aunque todos le conocían como Cerberus. Todos tenían causas pendientes con los juzgados de menores, de una u otra forma, por peleas callejeras y por posesión drogas, aunque no eran cantidades elevadas para ser detenidos por tráfico. Niños perdidos, eso eran, y que creían como héroes locales por su música y talento.

Me estuve informando porque me atrajeron en cierta forma, eran especiales entre los desechos que campaban a sus anchas en ese lugar. Yo no solía ir, iba siempre al club social, si bien me cansé de los niños que se creían dueños de imperios cuando únicamente serían sus herederos. No sabían lo que era la realidad ni el trabajo duro. Esos chicos sí, pero aún así tenía ganas de patear al tal Amaury o Dios Oscuro como solía llamarse.