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9/3/10

Lejos de ti II


-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

-Cállate.-gruñí.-Ni me los recuerdes.-él revolvió mis cabellos y me enganchó con su brazo.-Odio a los tipos de mi instituto, no sé como fui amigo de alguno de ellos y pensé que eran distintos.

-Niños ricos de papás superforrados y sin ganas de hacer nada bueno en la vida, claro que salvo dirigir las empresas de sus papás y decir en alguna revista que fueron hechos a sí mismos.-dijo sonriendo de lado.-Tú has aceptado cierta ayuda de tu padre, pero le has puesto huevos a decir que no quieres ser empresario.

-Mi padre es artista Max, por mucho que se vista con traje chaqueta lo es.-dije mirándolo de reojo.-Es algo que está en mis genes, corriendo por mi sangre hasta mi cerebro. No puedo evitarlo, es algo que tengo y algo que quiero explotar. No puedo estarme quieto y al final estoy escribiendo una novela.-suspiré bajo y le miré de reojo una vez más.-Te vas a reír pero el protagonista es Olivier.

-No me río.-comentó bastante serio.-Es normal que lo hagas eje de tu vida, centro de tu universo, y que dejes de mirarte el ombligo a ver si tienes pelusas nuevas.-dijo recostándose en el banco estirando sus piernas hacia la fila siguiente.-Verás todo color de rosa, aunque no lo sea, y querrás rescatar a la Julieta de su balcón.-me señaló con el dedo índice y sonrió.-No seas idiota, no te dejes engañar, pero mientras dure disfruta.

-No me dejo engañar, él no quiere nada conmigo y a la vez he podido sentir sus celos.-mascullé.-No sé que le pasa.

-Es un ni contigo ni sin ti.-replicó con una sonrisa burlona.-Eres un mocoso incluso para eso, aunque tengas la salchicha llena de pelos.

-¡Max!-grité molesto.

-¿Qué? A ver cuando lo podas un poco.-lo agarré por el cuello intentando asfixiarlo.-¡Hizaki que me despeinas!

-¡Te voy a despeinar a hostias!-grité molesto.

-¡Sólo te he dicho que rasurado gusta más!-dijo aquello en voz alta, y tan alta, varias personas se giraron hacia nosotros.

Me aparté de Max con rapidez quedándome rojo y con la vista pegada a los bancos. Él se reía a carcajada casi sin poder parar, creo que le dio el estúpido ataque de risa ante mi comportamiento infantil y atolondrado. Se acercó a mí y me tomó del mentón con una sonrisa en sus labios, esa maldita boca que soltaba verdades más duras que sus puñetazos.

-Max.-mascullé temblando.

-¿Qué? ¿Te avergüenzas?-interrogó y me enganchó de nuevo.-Piensa algo Hizaki el cuerpo humano es algo natural y sólo nos vestíamos para resguardarnos del frío.-decía aquello con total convicción, pero tenía razón.-Ser naturista es normal y más en un joven sin complejos. Yo ya soy alguien viejo como dijo Hero y he pasado por algo que no se lo desearía a nadie, ni al peor de mis enemigos.

-Tu transexualidad.-murmuré quedándome serio y relajado. La voz de Max tenía esa capacidad en cualquier persona. Un tono neutral entre hombre y mujer, una sonrisa de canalla y una mirada clara tan profunda como las palabras que iba susurrando.

-Es un paso duro, más si lo haces en edad tardía. Todo el mundo te señala, te conoce, y la mayoría no lo hace con sanas intenciones.-tomó aire y lo dejó ir en suspiro profundo.-No sabes lo que es enfrentarte a un espejo que no te quiere, o tal vez no lo quieres tú. Gritarle a Dios que te la ha jugado y a veces perder la fe, como también perder la cabeza.-me dio un beso sobre los cabellos y rió.-¡Pero eso fue hace tiempo! ¡Ahora celebremos que estamos tú y yo en un campeonato para darnos de leches con todo el mundo!

Max siempre hacía eso. Siempre me hacía sentir como un mocoso. Creo que me quería parecer a él, a parte de mi padre él era mi modelo a imitar. No tenía miedo al defender lo que creía correcto, era justo y valiente. Siempre tenía una palabra amable, incluso para las personas que no habían sido afables con él. Un hombre que vivía el día a día como un milagro, como un auténtico don. No sabía si creía en Dios o había dejado de creer en él. A veces uno deja de creer en Dios por motivos como ese, porque la naturaleza hace lo incorrecto. Pero supongo que él seguía creyendo en que algo predestinaba todo, que la transexualidad tal vez le había hecho ser más fuerte y más hombre que todos los que estábamos allí. Veía el cuerpo como algo usual, los desnudos no le imprimían vergüenza o preocupación. Él estaba completo, él siempre había sido un hombre... uno de los nuestros.

Nos quedamos en silencio observando como las chicas luchaban. Creo que sus ojos no estaban en la técnica, sino en la parte superior de las competidoras. Era un maldito diablo del porno, siempre estaba con la palabra sexo en la boca fuera por broma o como “Gurú del amor”. No comprendía a las mujeres, creo que para él eran un mundo a parte, y solía decir que ni ellas mismas se comprendían entre sí. Sin embargo, sabía hacerlas sonreír y calmarlas cuando deseaban llorar. Se podía decir que era un pervertido con cierta capa de dulzura. Era el tipo de personas afables que parecían felices porque sí, pero él en el fondo era oscuridad y pura soledad. Supongo que su sonrisa y sus bromas maquillaban la realidad cruel que se presentaba ante él cada día.

-¿Con quién compites?-pregunté zarandeándolo un poco.

-Con Jorge.-dijo señalando a un chico el doble de alto y ancho que él.

-Te aplastará.-dije alzando mis cejas para luego fruncirlas.-Jamás le vi competir.

-Yo tampoco, eso es lo que me preocupa.-sonrió girando su rostro hacia mí.-No me preocupa lo grande que sea, ni cuanto pese, ni lo enormes que sean sus manos y ni mucho menos si trae su ejército de fanáticas para sacar pompones y jalearlo.-tronó su cuello y sus manos.-Me preocupa su técnica.

-¿De qué academia es?-pregunté con curiosidad.

-De la misma del otro mastodonte que te toca.-comentó indicándome mi contrincante.

-¿Qué carajo comen esos tios?-pregunté mirándolos.

-No lo sé, pero no creo que sea normal. ¿Has visto los brazos?-me preocupaba quedar hecho un cuadro de Picasso cuando tenía una cita en unos días.

-Sí, son como dos cabezas nuestras.-noté como me abrazaba y empezaba a dramatizar.

-¡Nos van a matar! ¡Vamos a morir! ¡Al menos dime que tú no eres virgen!-cuando dijo aquello le golpeé bien fuerte en la cabeza.

-¡Vete a cagar Max!-le volví a dar un gancho de derecha y él simplemente lo paró con una de sus manos.

-No gracias, ya fui al trono esta mañana.-alzó un dedo con su sonrisa característica.

Noté como una mano golpeaba mi hombro y luego el de Max. Al girarnos vimos a Vincent. Era uno de nuestros amigos en aquel gimnasio. Su aspecto era el de un chico de raza negra, pero en realidad era mestizo. Su padre era japonés y su madre cubana. Él tenía grandes habilidades como su rapidez y su aguante, sin embargo aún no había perfeccionado sus golpes.

-A vosotros os ha tocado los mastodontes, a mí el flacucho con cara de chupar limones.-comentó indicándolo con un movimiento de cabeza.

-Pero ese es de nuestro gimnasio.-murmuré.

-Sí, pero es lo que ha tocado. No me gusta pegarme con compañeros, nunca me gusta usar las técnicas que sabe mi atacante. Pero bueno, es algo que tenemos que superar.

-Eres un capullo con suerte, tú eres algo y grande... pero te toca el pringao que mide la mitad que mi pene.-cuando hizo ese comentario el chico lo miró con muy mala cara, Max sólo sonrió abierta mente haciendo la señal de victoria.

-Un día te partirán la boca.-mascullé.

-Me la han partido tantas veces.-dijo encogiéndose de hombros.-Una más creo que no se notará.

-Dejaros de tonterías, que el campeonato femenino ya acabó.-nos indicó Vincent.-El primero en luchar eres tú Max.

-Eso lo sé, lo sé.-comentó levantándose para quitarse la parte de arriba del conjunto.-Mi especialidad es el boxeo, el boxeo va antes que las artes marciales.-nos guiñó colocándose los guantes.-Recordar mi cara para que luego le digáis al cirujano plástico lo guapo que era.

Nada más subirse al cuadrilátero sonó la campana. Esquivaba bien los golpes, uno tras otro. Ese hombre no se cansaba. Creo que deseaba aplastarlo allí mismo. Los músculos de Max demostraban que estaba en tensión, que deseaba golpear bien duro. Se movía con agilidad, una destreza increíble, su oponente era más pesado y tardaba en dar los golpes. En uno de esos giros pesados le dio bien con la derecha y luego con la izquierda. Max era ambidiestro y se le daba bien machacar al oponente con ambos brazos, usaba los dos con la misma certeza y brutalidad. Sin embargo, eso no era suficiente. La rabia no terminaba de surgir.

-¡Machácala! ¡Es una puta tia! ¡Machácala como dijo nuestro entrenador!-eso me hizo gruñir bajo, escuchar esas palabras del capullo que tenía que enfrentarse a mí me sacó de quicio.

-¡Maldito hijo de puta! ¡No es una mujer!-dije siendo sostenido por Vincent mientras me enfurecía más y más, no tenía control. Estaban burlándose de mi amigo, de uno de mis mejores amigos por no decir el mejor de todos.-¡Max! ¡Mátalo! ¡Quiero su cabeza! ¡Max!

Me di cuenta como golpeaba, daba golpes aún más fuertes y certeros. El tipo al final cayó. Un sólo asalto. Le duró un sólo asalto. Hizo que cayera redondo inconsciente. Tuvieron que llamar a los equipos de emergencia que estaban fuera del gimnasio. Estos tan sólo dijeron que debían llevarlo al hospital, puesto que parecía demasiado aturdido tras golpearse bien duro la cabeza contra el suelo del cuadrilátero.

-¡Y el ganador es Max!-dijo alzando su brazo izquierdo y él solo miró al público con una mirada propia de un dios. Esos ojos fulgurantes le daban un toque divino, casi imbatible.

Se bajó y caminó hacia el lugar donde estaba el repartidor del agua para los competidores. Se echó una botella encima y subió hacia donde estábamos subidos, pero se giró y subió de nuevo al cuadrilátero. Agarró el micro del juez y miró a los presentes.

-¡Si alguien más tiene dudas sobre mi masculinidad que me lo diga! ¡Encantado los mando junto a ese a la UVI!-gritó a pleno pulmón haciendo que todos se quedaran en silencio.-¡Y tú capullo si no te parte la crisma mi compañero lo haré yo mismo, con mis propias manos!-devolvió el micro y ya si subió hacia las gradas sentándose aún resoplando.

-Hizaki prométeme que actuaras con la mente clara.-dijo Vincent aún sin soltarme.

-Quiero arrancarle la cabeza a ese capullo, deseo que ni su madre lo reconozca cuando vaya a su funeral.-gruñí y vi a mi hermano venir hacia nosotros.

-¡Eres mi héroe!-gritó abrazándose a Max.-¡Como pegas! ¿Tú me defenderás cuando me peguen?-preguntó mirándole a los ojos.

-Estoy sudado niño.-dijo sentándolo a su lado.-¿Quieres que vayamos a comer helado luego?-comentó revolviéndole los cabellos.

-¡Helado! ¡Helado!-gritó de nuevo aferrándose a él.

-Yo cuidaré de tu hermano, tú cuídate ahí abajo.-fueron las últimas palabras que escuché antes de ir al rin.

Yo era otra categoría distinta, era competición de Akido. Mi oponente subió al cuadrilátero y yo me quité la parte de arriba del kimono. Miré con furia al tipejo y empezó a recibir bien fuerte. A mí me golpeó en la boca, hizo que mi labio sangrara, pero él se quedó para el arrastre. Golpe tras golpe iba debilitándolo, destrozándolo, dejándolo bien magullado.

-¡Arráncale la cabeza!-escuché por parte de Max.

Mi último golpe hizo que cayera antes que sonara el primer tiempo. El tipo cayó desplomado y con el rostro hinchado además de todo el cuerpo magullado. Yo sólo tenía el labio roto y si me hubieran permitido hubiera seguido golpeándolo hasta romperme los nudillos. De nuevo una camilla tuvo que retirar al combatiente. No era normal esa furia en nosotros, se ganaba y nada más, pero esos dos habían hecho algo que era innoble e impropio de un lugar como aquel. No sabía como habían descubierto lo de Max, aunque tuvo algunos problemas al inscribirse hacía un par de años.

Al subir los peldaños me encontré con mi primer club de fans. Mis fans eran Max, Hero y Vincent. Los tres me jaleaban mientras me limpiaba el golpe con la parte de arriba del kimono.

-Tú ve a la enfermería.-me dijo Max.-En serio, yo cuido al chico.-dijo sentándolo sobre sus piernas.-¿Quieres saber el mejor golpe que se puede dar a un capullo como ese?

-¿En la entrepierna?-cuando dijo eso mi hermano él se echó a reír a carcajadas.

-Mira, no caí en ello.

Las competiciones se sucedieron unas tras otras. Cinco horas más tarde, tres burritos en nuestros estómagos, llegó la final. Max cayó con el anterior competidor, también de nuestro gimnasio, y yo llegué casi entero. Como pude luché por el título, entre las distintas academias y gimnasios, y lo conseguí.

Hero se divirtió de lo lindo. Parecía disfrutar de las peleas de otro, aunque él decía que no se sentía preparado para luchar. Yo sabía que era un gran atleta, si bien deseaba ir por otros derroteros. Al vencer él bajó corriendo por las gradas y se abrazó a mí todo orgulloso. No tuve muchos desperfectos en la cara, pero sí en el cuerpo. Reconozco que me dieron una buena paliza los cinco con los que luché. Si bien, lo agradecí.

Max simplemente estaba con un ojo morado y un labio roto, el cuerpo casi perfecto. Vincent si bien estaba hecho un cristo. Pero era la diversión sana, o no tan sana, a la que nos entregábamos en cuerpo y alma.

Comimos en un puesto ambulante que habían montado frente al gimnasio, lo hacían cuando había este tipo de competiciones. La verdad es que jamás había comido tan barato y tan bien. Fueron unos burritos que jamás he olvidado, los mejores que comí en aquella época. Últimamente me alimentaba de comida precocinada, echaba de menos a Clara y sus guisos.

-¡Quiero helado! ¡Celebremos con helado!-gritó Hero alzando los brazos cuando nos marchamos hacia donde estaba el resto.

-¡Helado de chocolate!-exclamó Max como un niño pequeño.

-¡Comeremos helado! ¡Helado!-los dos a la vez parecían dos malditos críos.

Vincent y las chicas reían a carcajadas mientras yo intentaba no reír porque me dolía el labio. Fuimos todos en grupo a por unos helados, después llevé a Hero a casa con mi madre. Clara me cuidó el labio y dijo que un día me destrozarían la cara que tenía. Todo aquello hizo que el día se hiciera corto y olvidara que aún faltaba para volver a ver a Olivier.

Al llegar a casa me di una buena ducha y me tiré en la cama. Me acosté sin vestirme, desnudo como estaba, por culpa de no tener instalado aún el maldito aire acondicionado. Desperté varias veces y deambulé por la casa observando el reloj, parecían no moverse las malditas agujas. Una y otra vez fui a la nevera para sacar un refresco, agua, un helado, varios cubitos de hielo y por último un trozo de pizza que no me había comido el día anterior.

Nada más llegar la mañana llegó un calor más intenso. Al ser lunes llamé de inmediato a una tienda de electrodomésticos y rogué que se personaran rápidamente en mi casa, que pagaría el gasto de transporte y que me instalaran un aparato de aire acondicionado para tener refrescada la casa. Mientras no llegaban me di una nueva ducha y tomé un desayuno rápido. Al borde del medio día llamaron al timbre y en poco más de dos horas tenía la instalación completa que se regulaba en toda la vivienda. Me costó caro, pero no importó. Yo no podía con las temperaturas demasiado altas o bajas.

Faltaba un día para que él apareciese, un día para buscar una excusa para aparecer de la nada en su puerta y una disculpa elaborada. No tenía nada para disculparme, nada. Simplemente le quería para mí. No podía controlarme, por mucho que me dijera mi cerebro que me estuviera quieto mis manos se movían solas. Los impulsos eran más fuertes que la razón.

25/12/09

Estrés VI


-Debe doler que ya no te quieran.-susurró levantándose del sofá para irse a hacia la escalera.-Es complicado el amor, prefiero no sentirlo hasta ser mayor y poder comprenderlo.

Sonreí al escuchar aquello y me quedé meditabundo. Había pasado demasiadas cosas en mi vida, tantas que ya se apelotonaban en mi mente. Creo recordar que el resto de la tarde la dediqué a leer viejos libros de fantasía, algunos jamás los había leído yo sino que habían sido narrados e interpretados por mi padre. Sin su voz de fondo no tenían la misma magia, el mismo matiz, y sabía que Hero necesitaba el eco de los pasos de mi padre... y su voz... lo comprendía demasiado bien.

Cuando creí que podría relajarme sonó el timbre y fui a la puerta, antes de que Clara lo hiciera y tuviera que dejar lo que estaba haciendo. Usualmente miraba por la mirilla antes de abrir, pero dio la casualidad que no lo hice y me quedé sin saber qué decir.

-Hola.-murmuró aquel visitante inesperado y poco grato.-Vine a verte porque te echaba de menos.-dijo colgándose de mi cuello.-Tu colonia.-susurró comenzando a juguetear con los cabellos cortos de mi nuca.

-Yue márchate.-dije cuando me vi capaz de ser rudo con él, ya que hacía semanas que no tenía sexo y echaba de menos un poco de compañía.

-Quiero volver.-sus labios se posaron sobre los míos y por unos instantes caí a la tentación.

Mis manos se quedaron pegadas a su cintura y bajaron hacia sus nalgas, agarrándolas con imperiosa necesidad. Las suyas seguían coqueteando con mi cuello y su calidez me excitaba. Mordisqueó mi labio inferior tirando leve de él, mientras me miraba con aquellos ojos rasgados pero enormes. Tras ese pequeño inciso el beso se hizo más apasionado y yo cerré la puerta pegándolo contra ella. La necesidad me hacía olvidar dónde estaba y que con él no debía jugar, aunque quisiera desfogarme y él se mostrara como una linda presa fácil.

-No.-dije separándome bruscamente mientras intentaba limpiar mis labios, quería borrar esa dulce sensación de mi boca.

-Hizaki... estaré todo el día solo en casa, es una buena oportunidad para la reconciliación.-murmuró aproximándose a mí, agarrándome por la espalda para dejar sus manos sobre mi entrepierna.-Hizaki házmelo.

-¡No!-alcé mi voz empujándolo.

-Te quiero.-susurró tirado en el suelo.-Te amo... y ese espantapájaros no te conviene.

Di gracias a que Clara entró y me contuve. Ella se apresuró a levantar a Yue del suelo sin saber bien lo que había pasado.

-¿Estás bien?-preguntó mirándolo fijamente.-¿Estás bien pequeño?

-Sí.-dijo con una sonrisa.-Jugábamos Hiza y yo al gato y al ratón.-comentó con aquella sonrisa dulce que tanto me provocaba.-Pero ya nos vamos a mi casa, tengo algo que mostrarle.

-No voy a ir.-dije como respuesta, simple y contundente.

-Hizaki quiero hablar.-su voz se volvió melancólica.-Sólo un rato... unos dulces minutos tomando un poco de la tarta que te hice.

-Clara.-dije a mi niñera y casi abuela, porque me había criado como si fuera su nieto y me había consentido siempre.-Ve dentro, luego hablamos si quieres.

-No, Clara quédate y dile que es un desconsiderado si no viene a probar mi tarta.-comentó con una sonrisa dulce e inocente, pero sabía que era algo bien distinto.

-No voy a meterme en lo que debe de hacer, él es mayorcito.-comentó girándose para ir hacia la cocina.

Cuando nos quedamos a solas no le faltó ni un segundo para saltar sobre mí. Comenzó a lamer mi y besar mi cuello bien pegado a mí, sabía que esa zona de mi cuerpo era la que me hacía perder la cabeza.

-Hizaki soy quien te conviene.-murmuró.-Soy a quien amas... soy el mejor...la mejor opción-sabía bien que aquello era una divina tortura, pero joder tenía que ser fuerte y no dejarme llevar por las hormonas. Comencé a forcejear con él, aunque no lo hacía de forma brusca por temor a dañarlo. Lo último que quería era hacer daño nuevamente.

-No, no quiero eso Yue.-dije intentando echarme hacia atrás, pero sentí su mano acariciar mi entrepierna. Estaba loco, estábamos en mi casa en pleno salón. Lo empujé al final, lo hice con rabia y temor.-Vete.-dije de forma bien audible aunque temblaba de impotencia.-¡VETE!

-No hasta que me prometas que te lo pensarás.-lloraba sin hacer ruido, tal vez estaba tan impotente que no podía controlar sus nervios. Sabía bien que su dolor era inmenso, que no le concedía el capricho que tanto deseaba y sobretodo porque se sentía humillado.

-No.-respondí.

La peor humillación que podía tener Yue es que le cambiara por otro hombre, aunque no era realmente cierto. Él se sentía reemplazado, alejado de su sueño de infancia y juventud.

-Hizaki he estado mucho tiempo esperando una oportunidad y no me has dejado demostrarte ni la mitad de lo que puedo darte, seríamos la pareja más envidiada de la ciudad y del país. Jóvenes, atractivos, con talento y sobretodo con un amor pasional imposible de refrenar.-se secó las lágrimas y caminó hacia mí.-Hizaki juntos conseguiríamos tanto, pero tanto, que me da miedo cuantificarlo.-apoyó su cabeza sobre mi pecho y rodeó mi cuello con sus brazos delgados brazos.-Te amo, te amo tanto que enloquezco cuando escucho rumores sobre que estás encoñado de ese palillo.

Lo aparté de nuevo con más ira que antes y le abofeteé. Me daba rabia que hablara así de Olivier, como si no fuera nada o nadie. Era mucho más que un mocoso engreído y tan mimado que olvidaba de qué alcantarilla había salido la sucia rata de su padre. Un hipócrita que decía amarme, pero que prefería verme infeliz a su lado que tranquilo y amado por otro. Idiota, el mayor de los idiotas. Pero aún así tenía cierto cariño por él, cariño que no sabía como olvidar de una buena vez.


-Vete.-dije con el rostro serio, lo más serio que podía mostrarme.

-Hizaki siempre pensé que estábamos predestinados y que de algún modo volveríamos, que todo era una pesadilla.-me tomó de las manos y yo las aparté.-Hizaki mi amor, piénsalo. ¿Qué tiene él? Yo tengo todo lo que deseas, incluso un sexo puro y fiel. Sólo lo he hecho contigo, sólo contigo. No tienes porqué temer a que te compare con otro o te sea infiel, jamás lo haría.

Canalizó todos mis miedos en aquellas palabras, me paralizó cuando escuché aquello. Era increíble como podía jugar con mis sentimientos de forma tan impune. No le importaba hacerme daño ni torturarme, tan sólo quería verme debilitado y que cayera por miedo a un mundo más rudo. Yo amaba a Olivier, me estaba enamorando, y no permitía que me dijera aquello. Simplemente fui hacia la puerta, lo agarré y lo eché fuera.

Me quedé unos segundos pegado a la puerta llorando, me dolía todo aquello y era amargo decir adiós a un amigo. Me había dado cuenta de tantas cosas, de tantos errores que no podría solucionar. Mis manos acariciaban la madera de roble de la puerta, una madera rústica bien decorada y con un sistema de seguridad propio de cualquier bunquer antimisiles. Me calmaba jugando con las vetas, intentaba no pensar en lo sucedido.

-Hizaki.-escuché la voz de Clara tras mi espalda.

-Clara soy un desastre.-susurré cayendo de rodillas.-Hago daño a todas las personas, no soy capaz de ser un hombre de bien como quiere mi madre y mi padre se avergonzará de mí algún día. Me veré solo, moriré solo.-noté sus manos sobre mis hombros masajeándome.

-Hizaki no eres mal muchacho, sólo te equivocaste.-susurró.-Todos nos equivocamos, pero ello no te hace un criminal. No has matado ni robado, eres un chico corriente con problemas algo más complicados que un adolescente normal.-me hizo levantarme y me abrazó.-Te quiero Hizaki, tu abuela te hubiera adorado.

-Clara.-dije apartándome de ella.-Algunos errores pesan más que otros.-me encaminé hacia las escaleras para tumbarme, necesitaba dejar de pensar.

Cuando llegué a mi cuarto mi móvil comenzó a sonar, era un compañero de estudio. No supe si contestar o no, pero al fin acepté la llamada.

-Oye ¿Hizaki?-dijo nada más descolgar el teléfono.-Tenemos un examen final, no sé porque mierdas lo han hecho pero incluso tenemos que ir los aprobados.

-¿De qué materia?-pregunté incrédulo.

-Matemáticas, es para ver si recordamos lo que dimos todo el año y lo harán mañana.

-Pero si ya acabaron las clases, acabó todo.-no entendía porque decía eso.-Sólo van los suspensos.-me quedé confuso y colgué sin dar explicaciones. Sabía que algunos de mis compañeros no podían ni verme, tenían ese racismo patriótico bien inyectado en vena.

Busqué por todo el cuarto mi agenda hasta que di con el teléfono y email del profesor, todos teníamos su teléfono para contactarlo si había algún problema. Tomé aire y me senté en la cama, para luego terminar tumbado y marcar el número con tranquilidad. Un examen a esas alturas era un suicidio.

-¿Señor Urrutia?-pregunté cuando noté que aceptaron la llamada.

-Sí, soy yo.-respondió.-¿Quién eres?

-Buenas tardes, soy Hizaki Sakurai de la Rosa.-comenté sentándome en la cama.-¿Es cierto que usted haré una examen anual?

-No, es totalmente falso. Es más, no voy a realizar examen a nadie. Pues me he dado cuenta que exceptuando a usted y a dos jóvenes más, el resto ha hecho trampas en mis exámenes y todos están suspensos.-dijo en un tono bastante extrañado.-Me he percatado por la pregunta que hizo en su examen final, usted fue el único que vino a mi mesa percatado de que el enunciado no concordaba con la fórmula que debía expresar ni con el resultado final que debería salir.

-¿Por qué Jaime Mateo me ha llamado explicándome que hay un examen final forzoso?-interrogué aún más extrañado.

-Que yo sepa es quien robaba mis exámenes y los copiaba para distribuirlos.-aquello iba teniendo menos sentido, aunque ya me imaginaba otro bien distinto a la preocupación de llamarme para avisar.

-¿Cómo?-pregunté bastante sorprendido.-¿Por qué entonces me dijo que era mañana?

-Mañana el instituto está cerrado, tan sólo estará abierto unas horas para su grupo de teatro.-eso era cierto, pero no era de mañana sino de tarde. Teníamos que preparar el final de la actuación, todo para que quedara a la perfección.-Voy a dar parte al director, creo que le estaban tendiendo una emboscada.

-Arigato.-susurré aún nervioso, pero cada vez me dominaba más la ira.

-Le llamaré en cuanto tengamos solucionado todo, ya veremos en qué queda todo este asunto.

-De acuerdo.-respondí.-Gracias por todo.

-A ti joven por llamar, siempre es bueno contrastar lo que a uno le dicen y me alegra que pensara en mi antes que en cualquier compañero. Además, voy a llamar a los otros chicos, tal vez ellos también han sido llamados para ser agredidos por estos inútiles.

Cuando colgué me saqué la ropa y quedé en boxer, me coloqué los pantalones de deporte y los guantes de boxeo. En mi cuarto tenía un saco, a veces lo usaba para desfogarme, y en aquel momento tenía que desfogarme de todo lo que había pasado. Esa mancha de inútiles, niños bobos, se creían que podían vencerme y golpearme hasta la saciedad por unas acciones de las cuales ellos eran los únicos causantes. No tenía culpa que esos imbéciles no entendieran la materia y se buscaran estratagemas para copiar. Por ello siempre aprobaban, a pesar que se saltaban varias horas lectivas importantes. No me extrañaba que no fuera el único profesor, que hubiera algún que otro implicado en sus fechorías. Es decir, que no fuera el único estafado sino que la mayoría del centro lo estuviera. Era algo normal, los padres querían la mejor educación peor la esencial se muestra en casa y esos eran hijos de tiburones de los negocios, tiburones sin honor ni orgullo.

21/12/09

Estrés V


Ya no hacía aquello por mi orgullo, sino porque mi hijo pudiera estar orgulloso de mí. Era algo que deseaba con tanta fuerza que mi hijo entendería. Tenía mi pequeña fortuna, ya que todo lo que me aportaba mi padre en mi cuenta de ahorros no lo gastaba. Siempre estaba ahorrando y revisando mi estado de cuentas, tal vez por miedo a un futuro o simplemente porque no sabía en qué invertirlo. La ropa siempre me la pagaba mi padre o mi madre, también eran regalos y no tenía que pedirla. Los demás gastos estaban descontados porque vivía en casa y lo único que tenía que pagar era la gasolina de mi coche. Cuando salía no gastaba en exceso, siempre me tomaba mis copas pero sin ser excesivo y los lugares donde iba era de entrada libre. Por ello tenía suficiente dinero para un año sin empleo, si todo iba mal.

Nada más llegar a casa tras la vuelta pasé por los despachos de la zona intermedia de la casa, allí estaba mi madre y escuché como se levantaba. Sus tacones finos golpearon con fuerza las baldosas, giró el pomo y me miró fijamente a los ojos. Sabía que era hora de ajustar cuentas, otra vez, como hacía unos días.

-Hizaki Sakurai de la Rosa.-susurró mi nombre completo.-¿Tienes unos minutos?

-Sí.-respondí serio, demasiado serio para lo acostumbrado.

-Necesito hablar contigo.-se giró hacia su despacho sentándose en aquella enorme mesa.

Yo simplemente la seguí y me quedé de pie hasta que me dio permiso para sentarme. Ella siempre decía que había que esperar a que nos concedieran las cosas, no darlas por hecho. Era su forma de educarnos, aunque prácticamente me sentía perrito obediente.

-Lamento haber sido algo brusco al confesarme, pero no quería hacerlo a solas.-susurré con la mirada baja al igual que la cabeza.-Sé que hice mal al ocultar de ese modo todo, pero no quería que evitarais que pudiera ser padre.

-¿Te das cuenta de lo que acabas de decir?-preguntó serena con las manos sobre la mesa, pero entrelazadas entre sí.-Ser padre no es un juego, ese niño no es un muñeco ni un videojuego. Vas a tener que cuidarlo, ser responsable e intentar que nada le falte.

-Eso ya lo sé.-respondí.-Cuando vi la primera ecografía me di cuenta que no era una realidad virtual. No soy tan estúpido, no me lo tomo como un juego y no quiero que nadie se lo tome así.-fruncí el ceño enfrentando su mirada, siendo valiente ante ella por primera vez. Hacía mucho tiempo que me acobardaba ante cualquier rapapolvo que ella me diera, por mínimo que fuera.-Estás muy equivocada si piensas de ese modo y por lo que a mí respecta aquí acabó la conversación.

-¡Siéntate!-alzó la voz y me dejó en shock. Muy pocas veces lo hacía, podía contarlas con los dedos de mis manos. Me quedé estático y la obedecí casi de inmediato.-Tan sólo te aclaro que un niño es una gran responsabilidad, que vas a tener que ser maduro y tomarte la vida con otra filosofía.-dijo con su tono calmado de siempre, el que solía usar para engatusar a todo aquel que se presentaba ante ella. Era capaz de vender fuego en el propio infierno y cubitos de hielo en medio de un glaciar.

-Tengo mucho dinero ahorrado, papá me debe aquel piso que me prometió y el resto puedo superarlo. Quiero dar clases en la escuela de interpretación, es lo que me apasiona y es por lo que voy a luchar junto a mi hijo.-estaba convencido de ello, no me importaba cuanto me gritara o qué dijera al respecto.-El examen sólo se pasa si eres bueno en ello, si realmente vales.

-Hizaki.-murmuró intentando masticar y digerir todo lo que había dicho.-¿Y si no sale bien? ¿Y si esos estudios luego no convencen a un director? ¿Y si no triunfas? ¿Qué futuro le depara a tu hijo si no alcanzas el objetivo?-parecía realmente preocupada por ello.

-Tengo varios objetivos, muchas cartas bajo la manga, y puedo conseguirlo. Sé que puede parecer que soy estúpido, pero eso es la cara con la que nací y no la mente que hay bajo el paquete de niño bien con cara de pardillo.-la observaba congelándome en sus ojos azules y luego sonreí de lado de la misma forma que lo hacía mi padre.-Tengo cosas en mi vida que están cambiando, que estoy a punto de lograr, y me gustaría que me apoyaras. Estoy harto de que me digas lo que hago mal, sé que quieres que vea mis fallos y los arregle, pero por una vez me gustaría sentir un poco de apoyo.

-¿Es eso lo que has encontrado en Olivier?-preguntó aún más seria, su tono de voz parecía cansado pero su mirada brillaba con leves destellos de necesidad por una respuesta.

-He encontrado muchas más cosas en él que simple apoyo.-cuando dije aquello alzó la manos prácticamente llevándoselas a la cabeza.

-Sigues empeñado en ello.-respondió a mis palabras como si fuera un error, un tremendo error.

-Sí, si me equivoco nadie me quitará la felicidad de mis recuerdos. Ni tú, ni papá, ni nadie... ni tan siquiera yo mismo.

-No seas testarudo.-replicó agotada por aquella conversación que no llevaba a ningún sitio.

-Déjame cometer locuras, si me estampo será mi problema.-entonces tomó una de mis manos y la dejó entre las suyas.

-No me gustaría verte dañado, sólo es eso.-comentó con una mirada suplicante.

Mi madre se veía hermosa cuando salía de ese reino de cristales de hielo. Deseaba decirle que lamentaba que a ella mi padre la hubiera dañado, pero no lo veía apropiado. Simplemente dejé que sus manos cálidas y suaves se entrelazaran a las mías.

-Ya no soy un niño.-susurré.

-Para una madre sus hijos siempre son niños.-se lo había escuchado mil veces, pero ella lo seguía repitiendo.-Has crecido demasiado rápido Hizaki.

-Porque así me habéis obligado.-ella tomó aire y lo dejó pasar cuando dije aquello.-Habéis sido estrictos conmigo, deseando que fuera el mejor ejemplo para Hero y habéis olvidado en ocasiones que yo también era un niño.

-Hizaki eras demasiado desobediente, hacías cosas que no debías, por eso estábamos siempre castigándote y enseñándote a comportarte.-apartó sus manos de las mías y se levantó para darme la espalda mirando por la ventana. Parecía querer conversar con sus propios fantasmas, o pensamientos, antes que conmigo.-Voy a ser abuela, es un paso muy serio lo que has hecho y ahora tendremos que superarlo.

-Yo ya lo superé.-respondí.

-¿Superé?-interrogó ella.-¿Y yo? Eres mi hijo Hizaki, eres muy joven y vas a ser padre.-dijo apoyando sus manos sobre la mesa.

-Acepto mis errores, aunque ese niño ya no lo veo como un error.-respondí.-Me habéis inculcado el amor a la vida, la pasión por esta y que mis errores son míos y no vuestros. Tú no tienes que superar nada, sólo yo.-me levanté y me giré.-Y yo ya lo superé.

-Hizaki espera.-dijo saliendo de detrás de la mesa.-Es tu responsabilidad, es tu hijo.-comentó tomándome del rostro.-Sólo quiero que sepas que estaré ahí si necesitas mi ayuda, al igual que tu padre.-entonces su mirada se opacó y yo simplemente asentí.-Todos los Sakurai termináis abandonándome.-murmuró y yo tomé sus manos de mi rostro, para observarla sin saber que decir con sus manos junto a las mías.

-Si no era hoy sería mañana, es una cosa inevitable.-dije con serenidad.-Los hijos nacemos para superar a los padres, para dejarlos a un lado cuando llega el momento y crear nuestro propio destino.-la miré con cierta melancolía, echaba de menos sus abrazos que no me daba desde niño para que fuera fuerte, pero eso me hacía sentirme carente de afecto.

-Lo sé Hizaki.-respondió.-Te educamos para que fueras lo mejor de ambos.-al decir aquello noté que su voz se quebró por milésimas de segundos y yo la abracé.

-No te abandono, tómate esto como una oportunidad para conocerme en otra faceta lejos de la de charlatán y fanfarrón cargado de hormonas.-dije aquello cerca de su oído y me aparté para marcharme.

Cuando subía las escaleras apareció mi hermano saltando sobre mí. No dijo nada, tan sólo saltó desde uno de los rincones. Estuvimos a punto de caernos ambos por las escaleras, pero tuve el suficiente equilibrio para no hacerlo.

-Hola.-dijo rodeándome el cuello con sus enclenques brazos.

-Hola.-respondí serio.

-¿Qué te pasa? ¿te cogiste la pilila con la cremallera?-lo solté de inmediato al suelo mirándolo como si fuera a destrozarlo con un golpe, pero luego me eché a reir a carcajadas.

-Eres un idiota.-comenté revolviendo sus cabellos.-Ven, vamos a jugar un rato.-estiré mi mano para que la apretara y por un instante tuve una sensación extraña.

Mi hermano no era mi hermano, sino un niño algo menor y muy parecido a mi padre cuando era un mocoso. Sus ojos parecían brillar y faltaban algunos dientes en aquella sonrisa felina. Me sacudí la cabeza y volví a ver a Hero observándome fijamente como si deseara saber qué pasaba por mi mente.

-¿Me enseñas ese paso raro que te vi el otro día?-preguntó tirando de mí.-Anda juguemos a ese juego de pasos de baile, anda.

Aquel juego era uno de sus favoritos, quería aprender a bailar como yo y la verdad es que era buen alumno. Así que fuimos a su habitación, tomamos el paquete del juego y la consola para luego bajar al salón. Retiré como pude algunos muebles y él tan sólo miraba la caja donde venía su entretenimiento cotidiano. Encendí el aparato de televisión y el de la consola, introduje el juego y él se puso serio mirando la pantalla.

-¿Has hecho los deberes?-dije antes de que la pantalla comenzara a iluminsarse.

-Sí.-respondió.-No soy tan lento como tú, Clara dice que tú tardabas horas en hacer la tarea.

-Clara siempre me pone del peor de los ejemplos.-refunfuñé.-Además si tardaba era porque tú me molestabas constantemente preguntándome chorradas.

-El único que dice chorradas eres tú.-me sacó la lengua y yo le devolví el gesto, para luego sentir su abrazo.

-¿Cual quieres?-pregunté señalando todos los bailes al quedar la lista temática en la pantalla.

-El raro ese que hiciste hace unas semanas, el raro.-el raro era break dance, algo complicado para un mocoso como él.

-Ese no, es difícil aún.-respondí y él me quitó el mando para apretar el botón de play pulsando el título del baile que quería aprender.-Son pasos complicados Hero.

-Como si son fáciles, yo quiero.-dijo ceñudo rascándose la nariz.

La cuenta degresiva comenzó y el muñeco inició los giros. Yo me movía con facilidad, a él le costaba más. Cuando fue a hacer uno de los giros se tropezó y cayó de nuevo sobre su brazo lastimado. Prácticamente de inmediato comenzó a llorar sin hacer ruido, pero esa cara llena de lágrimas me conmovió más que de costumbre. Lo tomé en brazos y lo senté sobre mis piernas en el sofá.

-Ya Hero.-susurré acariciándole el cabello.-A ver, déjame ver el brazo.-dije intentando que dejara de encogerse y sollozar.

-Soy torpe y yo quiero ser como tú.-susurró mientras le secaba las lágrimas.

-Tú no eres yo, nadie puede ser como yo ni nadie puede ser como tú.-dije notando que no se había hecho nada.

-Pero quiero bailar, quiero saber bailar.-no sabía porque es empeño en querer saber algo que siempre le había dado igual.

-¿Qué te dio con el maldito baile?-pregunté mirándolo fijamente a los ojos.

-A las chicas les gusta los chicos que saben bailar.-aquello me chocó.

Sabía que era casi un adolescente, pero Hero jamás había parecido querer ser el gallito del corral. Acaricié sus cabellos pegándolo a mi pecho e intentando explicarle que todo en la vida no era gustar a las chicas. No era el mejor ejemplo, más bien era el peor, porque siempre me había visto metido en líos de faldas. Alguna que otra vez lo tomé como excusa para que las chicas se acercaran a mí y eso no me hace sentir para nada orgulloso.

-Las chicas no lo son todo, prefiero al Hero que ama los gatos y se dedica a leer e inventar sus propias historias.-comenté.-Al niño que pinta mejor que muchos adultos, no al imbécil de bragueta floja que yo era a tu edad.-di mi primer beso a los once, a los catorce ya había tenido varias novias y había perdido mi virginidad.

-Los chicos no dicen eso.-respondió.

-Los chicos son idiotas, cuando crezcan se darán cuenta de que no tienen razón.

Me molestaba enormemente que le diera importancia a lo que cuatro tarados le dijera. Mientras acariciaba sus cabellos reconfortándolo por la caida el juego acababa. Él simplemente se aferró a mí en completo silencio, tal vez asimilando lo que había dicho.

-Los chicos no son idiotas.-respondió tras unos minutos.-Si fueran idiotas no tendrían novia.

-Tener novia no te hace inteligente.-comenté dejándolo en el sofá para arrodillarme frente a él.-Escucha sé que parece lo más importante ahora, pero debes centrarte en tus estudios y en tu pequeño don con las pinturas. Jamás he visto a un chico de tu edad con tanto talento, te lo digo de verdad Hero.-él no me creía, simplemente pensaba que yo le decía todo aquello por amor fraternal. Sin embargo, estaba muy orgulloso de él y de su talento.

-Quiero salir con una chica y no me hace caso.-seguía con el tema anterior, con seguía desviar sus pensamientos hacia algo que fuera estudios o arte.

-Si esa chica no quiere hacerte caso tal vez es hora de dejar de perseguirla.-respondí casi de inmediato.

-Deja de perseguir tú a Olivier.-si yo respondí rápido a lo que dijo él lo hizo aún más. No me dejó ni acabar la frase cuando me soltó aquella sentencia.

¿Qué podía hacer? Yo mismo no seguía mis consejos, era un inútil como ejemplo para mi hermano y para colmo no sabía darle ánimos. Tomé sus manos entre las mías y las observé minuciosamente, no se daba cuenta del poder que podían tener aquellos dedos junto a su cerebro. Era la perfección de nuestros padres, yo había sido tan sólo el primer modelo de la cadena, el prototipo, y él era la fase final del proyecto.

-No puedo dejar de perseguir a Olivier.-dije intentando dar una explicación razonable.-Él parece sentir algo por mí.-tenía que explicarle cosas muy difíciles de entender a su edad.-Verás él lo ha pasado muy mal, necesita mi apoyo y mi comprensión. Es una persona que se ve indefensa ante ciertas circunstancias.

-¿Indefenso? Es flaco pero puede dar un buen gancho de izquierdas si tú se lo enseñas.-aquello me hizo reír a carcajadas.

-No es ese tipo de debilidades.-comenté.-Aunque le vendría bien saber un poco de boxeo, aunque dudo que pueda sólo con el peso de un guante.-revolví sus cabellos y lo abracé.-No es eso de lo que hablo.-dije al apartarme y volví a mirarle desde mi posición, algo más baja, para que él me prestara atención.

-¿Qué es? ¿Tiene miedo del hombre del saco? No existe, como Papá Noel y los Reyes Magos. Pero yo sigo diciéndole a papá y a mamá que creo en ello, si ellos son felices viéndome de forma inocente en ese aspecto... pero hace ya dos años que sé que son los padres, que son ellos.-obviamente creía que era a algo imaginario, yo hubiera dado cualquier cosa porque fuera miedo al hombre del saco y no a un desgraciado que le había destrozado la vida por completo.

-No, es a algo real que puede lastimarlo más de lo que crees. Yo tengo que estar a su lado, tengo que darle el amor que comienzo a sentir por él y a protegerlo con mi propia vida. ¿Sientes lo mismo por esa chica o es sólo un capricho? Piénsalo Hero.-él se quedó en silencio, creo que había dado en el clavo.-Tener pareja no es para ir frente a un montón de idiotas y decírselo, no es para tomarse de la mano y tomar helado. Hero tener pareja es algo muy serio, algo que debe de pedirse sólo si amas a esa persona. Tienes que estar muy seguro de lo que haces, de con quién estás, para poder ser feliz. La felicidad no te la da sentirte menos solo, creer que tienes a alguien y ya. Eso no es felicidad, eso es falso. Créeme no vale la pena ir de idiota por la vida, acepta que eres joven para enamorarte.-dije aquello sin que él me cortara, me miraba fijamente a los ojos y yo le devolvía la mirada.

-¿Cómo sabré si estoy enamorado?-preguntó muy confuso con ese término.

-Pues simplemente lo sabrás.

Mi padre tuvo conmigo una conversación parecida a su edad, siempre pensé que Hero tendría las mismas oportunidades que yo de ir aprendiendo de nuestros padres... pero me equivoqué. Se notaba a leguas que él se estaba pegando a mí por el mero hecho de que no tenía en casa figura paterna y yo estaba reemplazándolo cada vez más. Mi hermano me necesitaba porque necesitaba a mi padre. Sin embargo, no podía coger y llevarlo a su casa para que le diera lecciones de chicas. Yo podía darle lecciones, aunque estuviera enamorado de un hombre.

-Es que no sé los síntomas.-murmuró.

-¿Síntomas? ¿te crees que es una enfermedad?-dije intentando no carcajearme.

-¿No lo es?-dijo bastante serio.-¿No es así?

-¡No! Aunque a veces papá dice que lo es.-respondí levantándome para apagar la videoconsola.

-¿Entonces qué es? Uno se porta como idiota, se le queda cara de idiota, habla como idiota y lo peor de todo es que se cree que está bien. Pero no sé cuando es amor o sólo necesidad, tampoco sé porqué dicen que es tan bonito cuando muchos terminan con el corazón roto como mamá.-me giré al escuchar aquello, se notaba su madurez a pesar de su voz aún infantil.-¿Por qué me miras así?

-Verás el amor es como jugar a la ruleta, tiene distintos premios y también varios castigos.-dije sentándome de nuevo a su lado.

-¿Como el monopoli? El monopoli puede llevarte a la banca rota y a la desesperación.-asentí a lo que había dicho.

-Verás es como un juego y tiene sus reglas, pero todo está basado en el azar y en como juguemos con él.-comenté intentando hacerlo fácil para que lo comprendiera.

-Pero creo que también tiene que ver de la personalidad de cada uno ¿no?-preguntó confuso.

-Déjame hablar.-respondí para que me dejara contarle, sin que me interrumpiera.-Verás la vida nos pone a multitud de personas en nuestro camino, un día uno se enamora de alguien que camina por el mismo sendero y decide cortejarlo. Puede tener la fortuna de que sienta lo mismo que está comenzando a sentir, o puede que ya esté atrapado en el camino de otra persona. Uno debe de aceptar las derrotas y tenerlas presentes, sobretodo cuando eligen a un amigo en vez de a ti. Debes aceptar que hay cosas que no se pueden conseguir, y en ello está el amor de una persona si ya se lo ha entregado a otra.-él me escuchaba casi sin pestañear.-Si esa persona acepta amarnos, como nosotros amamos, tendremos un vínculo y la convivencia dirá si sigue hasta el resto de nuestros días, cosa difícil en nuestra sociedad y en el mundo que estamos construyendo porque todo se deteriora rápido, o sin embargo llega un momento, antes o después, que termina dejando de amar. Si uno es listo dejará de inmediato a esa persona, le dirá que ya no siente lo mismo y le hará sufrir. Si uno es idiota hará lo que hizo papá, intentar mentir para no dañar y terminará haciendo más daño del que buscaba o pensaba hacer.-acaricié su rostro y él se aferró a mí.-Por eso papá no puede venir a casa, por eso mamá sufre y por eso nosotros estamos en medio. Somos el fruto del amor de papá y mamá, algo que no se borrará jamás, y creo que en el fondo ellos se siguen queriendo pero de forma distinta a la acostumbrada.

-Papá debería volver con mamá.-dijo encogido.-Echo de menos ver como cenábamos juntos los tres en el salón y mamá resoplaba, decía que eso no era tener cena en familia. Quiero que vuelva a casa y viva conmigo, que vivamos todos aquí como antes pero con Olivier.-murmuró comenzando a llorar.

Perder a un padre, aunque no fuera por defunción, era duro. Creo que incluso es más duro cuando sabes que está vivo y no puedes compartir todo lo que deseas con él, ya que cuando se está muerto lo aceptas y dejas de llorar. Yo acepté la muerte de un amigo cuando era niño, pero seguía sin aceptar como terminó mi amistad con Yue.

Yue seguía empeñado en volver como amantes. Era algo que no le había confesado a mi hermano, que no le mostré del amor. La obsesión termina sobrepasando lo que uno siente, se vuelve uno enajenado y pierde por completo la cabeza.

-Enano las cosas nunca son como antes, siempre hay cosas que cambian y a veces no tenemos culpa. Verás papá no puede volver a casa porque no sería feliz, mamá aunque él regresara no lo sería porque sabía que únicamente estaría dando lo que ella y tú queréis. No es algo fácil amar, pero es mucho más complicado dejar ir a la persona que amas.-dije dejándolo en el sofá para ir al frasco de los bombones, estaba a una altura considerable para que él no los atracara. Yo no comía dulces, no me venía bien el exceso de chocolate. Me giré y le di uno mientras me observaba confuso.

-¿Entonces papá lo pasa mal?-preguntó mordisqueando el chocolate.

-Supongo que hay cosas de mamá que vienen y van a su cabeza. Yo ya no amo a Yue, no estoy con él, pero echo de menos su risa y su forma de abrazarme.-comenté sentándome de nuevo a su lado.

-Yo echo de menos sus pasteles, siempre me traía uno cuando venía a verte.-dijo lamiéndose los dedos manchados de chocolate.-También la forma en la que hacía el idiota conmigo... ¿ya ni amigos vais a ser? ¿papá será amigo de mamá? Yo quiero al menos que pueda venir a vernos a menudo.

-Podrías preguntarle a papá si quiere ver a mamá, aunque creo que eso es más cosa de ella. Las mujeres tienen algo que los hombres carecemos en mayoría, suelen recordar más el pasado amoroso y los daños que le han causado. Lo rememoran a cada segundo, se sienten frustradas y se hunden. Por ahora mamá no está preparada, ya te avisaré cuando lo esté.-murmuré intentando que Clara no nos escuchara, tampoco mamá o alguna de las chicas del servicio.

-Debe doler que ya no te quieran.-susurró levantándose del sofá para irse a hacia la escalera.-Es complicado el amor, prefiero no sentirlo hasta ser mayor y poder comprenderlo.

Sonreí al escuchar aquello y me quedé meditabundo. Había pasado demasiadas cosas en mi vida, tantas que ya se apelotonaban en mi mente. Creo recordar que el resto de la tarde la dediqué a leer viejos libros de fantasía, algunos jamás los había leído yo sino que habían sido narrados e interpretados por mi padre. Sin su voz de fondo no tenían la misma magia, el mismo matiz, y sabía que Hero necesitaba el eco de los pasos de mi padre... y su voz... lo comprendía demasiado bien.

11/11/09

Marimacho a la vista XXI


-¿Y qué quieres que se entere cuando te vea con un bombo tan grande que no quepas por la puerta?-interrogué asintiendo.-Papá, mira me picó una abeja enorme.-dije de forma irónica.-Por dios Miho que no es idiota ni chochea.-comenté intentando colocarme bien la chaqueta, quitarle la leve arruga que le había hecho.-Además yo cuando tenga el bebé ¿Dónde lo voy a meter? ¿Me voy bajo un puente? Hay que decírselo a los tres, por eso creo que la más calmada es mi madre.-realmente era una mujer serena, a pesar de sus pequeños lapsus de ira que hacía de forma privada. Todos teníamos un límite, y su límite era cuando le contaban cosas de mi padre o le comentaban lo feliz que lo veían.-Aunque con sólo una mirada me pondría pelotón de fusilamiento.-me imaginé sus ojos glaciares, sus labios apretados levemente y una de sus finas cejas rubias alzada como pequeña antena.-Miho, no la conoces, me da más miedo que mi padre ella piensa de forma fría todo.

-No pero...-murmuró contrariada.-Él dijo que no quería estrés ni preocupaciones.-temblequeaba un poco, no demasiado pero era notable.-No quiero que le pase nada, deberás que no.-eso era predecible, nadie quería ver sufrir a un padre aunque lo conociera de hacía poco.-Pero tienes razón es mejor que lo sepan de nuestras bocas y no de terceros.-entrecerró los ojos y suspiró.-Con eso me refiero a cierto yakuza que anda tras nuestro padre.

-El bocazas.-comenté.-Ese tipo si lo agarro lo dejo muerto.-me crucé de brazos algo molesto. Había dado informaciones a mi padre sobre ella y sobre mí, con tal de molestar era capaz de cualquier cosa.-No sé porqué el resto del mundo no hace su vida como lo hacemos los demás. ¿Y qué si tu madre lo rechazó? ¿Y qué? Debería de darse por vencido, es un perdedor amargado.

-No me se la historia.-respondió.-Realmente no me la sé, pero yo también le traigo ganas...-todo el mundo tenía ganas de acribillarlo.-Le pediré a Sam que me diga donde es su guarida, claro sin que el viejo y Eduart se enteren.-Sam era el novio del hijo de Eduart Josep, todo el mundo lo llamaba Josep menos ella y a veces era un cacao aclararse si hablaba del hijo o del padre.

-Creo que le cambiaré el nombre de zanahoria a tomate.-dije observando a Olivier ya dando el último saludo antes de marcharse con el resto hacia la fiesta.-Fíjate lo rojo que va, todo porque tiene que lucirse en la pasarela. Espero que no se tropiece, porque esta vez no caería en un pequeño desnivel.

-¡Al After!-gritaron todas estrujándolo. Cualquier heterosexual hubiera dado millones por su posición privilegiada.

-Miho, tengo que ir a ver a Olivier.-dije levantándome.- ¿Llamas a Eduart? ¿O te pido un taxi?-pregunté antes de besar su mejilla.-Lo siento, siento tener que largarme... pero quiero saber qué me tenía que decir.-salí casi corriendo, sabía bien donde estaría.

Aquello estaba infectado de modelos, todas me miraron de nuevo y comenzaron a cuchichear. Yo simplemente quería verlo a él, me había largado del lado de mi hermana por buscarlo y saber qué tenía que contarme. Entonces una lluvia de zapatos se dirigieron hacia donde estaba y tuve que cerrar la puerta para resguardarme. Ahí estaba yo mirando de lejos a mi hermana hablar por móvil y me despedí de ella con un gesto de mi mano. Cuando abrió me quedé clavado observándolo, era mucho más delgado de lo que recordaba. Llevaba una camisa ajustada con una sola manga de color negro junto a unos jeans. No podía evitar mirarlo como un idiota.

-Listo.-dijo con una sonrisa.-No he podido arreglarme como quería.-tenía un maletín entre sus manos, como una pequeña bolsa.-Se ponen así siempre, no te fijes.

-Pero si he visto a mi madre dar de mamar a mi hermano y te juro que me resultaba más erótico que ellas.-dije acogiéndome de hombros.-Ahí sólo fui porque me interesabas tú, no ellas.-sonreí y le miré.-Estabas muy rojo en el desfile, creí que tropezarías de nuevo.

-Por eso me toman las manos, para evitar que me caiga.-bromeó sacando la caja de su maletín.-Toma... tu regalo.-dijo muy sonrojado.-Lo encontré en Paris.-susurró nervioso.

-Te dije que sólo te quería de vuelta de una pieza, no debiste comprarme nada.-miré el paquete y le quité el papel con facilidad para luego observar lo que había dentro. Una sonrisa canalla se dibujó en mis labios.- ¿Sabías que los Sakurai's somos fetiches en esto?-interrogué colocándomelo.- ¿Qué tal me queda?-pregunté mirándolo fijamente, observando cada detalle detenidamente. Me lo comía los con los ojos aunque no se diera ni cuenta.

-Queda como pensé.-esa dulce sonrisa con ese maldito acento me hacía caer como un idiota a sus pies.-Quedaría genial en tu video...bueno, si crees que sea conveniente.-murmuró y luego miró a ambos lados buscando a alguien.- ¿Y tu hermana? ¿Subirá al alter?-preguntó con un movimiento algo femenino al colgarse el pequeño maletín al hombro.

-Su querido maridito vino a por ella, un día amanecerá muerto porque mi padre se enterará de que está embarazada y créeme.-dije sonriendo de lado.-Sabe de su existencia hace unos meses pero ya es su princesa, y a su princesa no se le toca.-reí a carcajadas.-Aunque bueno yo actuaría igual.-de hecho había actuado como mi padre al verlo.-Si me permites preguntarte ¿por qué decías que tenía que perdonarte?

-Fui grosero con tu hermana.-masculló.-No me gustaría que se llevara una impresión incorrecta de mí por eso.-parecía totalmente avergonzado y yo simplemente sonreí, sabía que la marimacho no se enfadaría con él por ello.-¿Subimos?-interrogó haciéndome una seña hacia las escaleras que daban a la parte superior del teatro, la que usualmente se destinaba para actos culturales de otro tipo y audiencias.- Pondrán buena música y me muero de ganas de bailar.-sonrió como un maldito crío echando a correr hacia la fiesta.

-Espera.-dije tras él, tenía miedo que diera un traspiés. Su tobillo no tenía que estar bien del todo.- ¿Bailarás conmigo no?-lo agarré por detrás en el final de las escaleras.- ¿Verdad que no podrás hacerme ese reproche?-pregunté haciendo rozar mis labios con su oreja. Algunos nos miraron, pero estaba acostumbrado a dar la nota.

-Esta música se baila solo.-respondió apartándome para ir hacia sus amigos. Todos aquellos eran personas de su medio e iba de un lado a otro besando a todo el mundo. Si hubo alguna vez en la que me sentí especial junto a él se desvaneció en ese momento, era más cariñoso con ellos que conmigo.- ¡Ven Hizaki!-dijo indicándome que fuera tras él.

Suspiré caminando tras él, observándolo y observando a todos como lo haría un león en su territorio. Me faltaba rugir para conseguir aterrarlos aún más de lo que lo hacía una simple mirada. Sonreí cuando me llamó, indirectamente olvidaba todos mis celos porque él me hablaba a mí y no a otros. Él se bebió rápido la bebida que le ofrecieron y yo simplemente suspiré. Después nos marchamos a por otra para él y algo para mí, él pidió por mí pero yo no quería beber. Deseaba estar con él y ya. Era mi oportunidad de hablar, de que me conociera y poder al menos volverlo a besar como se debía.

-¡Mira! ¡Claude!-indicó señalando a un hombre al otro lado de la pista con una mujer con un cuerpo increíble. Él corrió para abrazarlos a ambos, besarlos y yo como idiota fui tras él.

Lo vigilaba bien de cerca, se estaba emborrachando y con su constitución caería en una borrachera monumental. Y el inmaduro era yo... eso se suponía. Iba tras él y lo tomé de la cintura alejándolo un poco.

-¿No crees que llevas ya bastante? aminora el ritmo.-dije intentando que no se molestara. Puse mis manos en su rostro.-Dios mío, tienes las mejillas rojas ya.-reí bajo.-Te ves curioso de esta forma, más sexy que antes incluso.-no podía parar de halagarlo, me gustaba.

-¡Mentiroso!-dijo tras arrugar su nariz para después sonreír dándome su vaso vacío.-Muero de calor.-masculló.-Consígueme algo frío ¿sí?-pidió sonriendo para después seguir saludando y bailando.

-Y yo soy el crío, soy el crío.-me repetía ya verbalmente, creo que mentalmente ya no hacía efecto. Fui a la barra y conseguí uno de esos que se tomaba, total si se emborrachaba lo llevaría yo a casa. Para mí ese era el plan. Podía tener a solas unos minutos y tal vez poder abrazarlo o que se abrazara a mí. Sé que suena feo contándolo de esta forma, pero todo hombre tiene un límite y yo lo había traspasado. Fui hacia la barra y pedí una Mimosa, al regresar estaba botando con aquellos dos.-Deja de botar y toma.-aquel hombre con su mujer me miró fijamente, yo únicamente me quedé serio tras revolotear los ojos.
Entonces fue el colmo de todo aquello, de momento. Estaban cuchicheando sobre mí, porque esas miradas eran en mi dirección y yo me sentí escrutado. No me gustaba que hablaran de mí en murmullos y mucho menos frente a mi cara.

Me fui a la barra a pedirme un Malibú con zumo de piña, eso era leve. Así no tendría tanto alcohol. Dos copas, que ni dos copas porque de la otra solo bebí un trago, sería suficiente para conducir. No me quería matar por las responsabilidades que iban lloviéndome del cielo. Volví junto a él dando un trago e intentando templar mis nervios.

-Oye Olivier ¿podemos hablar?-interrogué y él iba brincando sin hacerme caso. Durante esos días me imaginé todo bastante distinto, pero tenía un panorama algo esclarecedor.

-Si no te hace caso, yo sí.-dijo un chico, seguramente un modelo. Era rubio, ojos azules, piel clara y bastante delgado. Tenía estilo al vestir y porque no era atractivo.

-No, no hace falta.-dije girándome de nuevo hacia Olivier, observándolo mientras deseaba tener una oportunidad. Quería protegerlo y mantenerlo a salvo de todo aquello.

-Anda, si lo hago gustoso.-se pegó a mí bailando conmigo y yo terminé bailando, pero no quitaba ojo a Olivier... ni un poco.

14/10/09


-¿Por qué decías Oly como si te faltara aire?-aquello era el colmo.- ¿Pensabas en el Zanahoria? Tranquilo, seguro que está bien sin ti a su lado.-le lancé una de las almohadas y la esquivó.- ¡Le diré a Clara y a mami que te estás tocando!

-¡Te mato como hagas eso!-grité aún tumbado subiéndome la cremallera para ir tras él, lo agarré antes de que consiguiera huir demasiado lejos.

Se cayó al suelo conmigo, caí sobre él y me quedé mirándolo fijamente a los ojos. Estaba bastante cabreado por lo que había hecho, también por lo que decía.

-Si me haces algo voy a mamá.-dijo bastante seguro de que mamá me castigaría, y sí que lo haría. Tocar al niño era un infierno. No podía decirle ni un insulto cuando me encabronaba de esa forma.

-¡Te mato!-grité agarrándolo de las muñecas.- ¡Me da igual que me puede hacer mamá o Clara! ¡Tú no llegas a los trece!-grité y él forcejeaba.

-¡Mamá! ¡Clara! ¡Ayudadme! ¡Hizaki no me deja! ¡Hizaki quiere pegarme! ¡Mamá! ¡Clara!-gritaba a pleno pulmón.

-¡Traidor!-dije quitándole una de sus deportivas y se la puse en la nariz.

-¡Huele mal!-murmuró casi tosiendo por el hedor.

-¡Por eso no tienes novias! ¡Te apestan los pies! ¡So guarro!-decía molestándolo.-¡Por eso me jodes!

-¡Se lo diré a mamá! ¡Le diré que tienes de novio a la zanahoria!-se revolvía y yo lo agarraba de la camiseta.

-¡Qué demonios está pasando aquí!-dijo Clara sumamente molesta.

-¡Entro en mi cuarto sin avisar!-respondí antes de que él dijera algo.

-¡Se estaba tocando! ¡Es un guarro!-no me había apartado de él cuando dijo eso.

-¡Te mato! ¡Yo te mato!-grité tirando el zapato para agarrarlo de la camiseta.

-¡Basta!-alzó bien la voz separándonos.

-¡Tú a tu cuarto y ahora te enseñaré que cuando se quiere entrar en algún lugar se llama!-Hero se levantó y tomó su zapato dirigiéndose a su habitación.- ¡Y tú!-dijo muy molesta.-Es tu hermano pequeño ¿cómo se te ocurre atacarlo?-yo simplemente agaché la cabeza.-¡Y si te quieres tocar!-dijo cogiéndome del brazo.-Tócate con el pestillo.-tras eso tuve un buen golpe en el cuello, que hizo que se quedara algo rojo y adolorido.

-Es que no tengo intimidad en esta casa.-dije sobándome la nuca.- ¡Nunca! ¡Encima ese maldito enano siempre me está molestando! ¡Acusica!-grité y él salió de su habitación.

-¡Hentai!-inmediatamente de calificarme de esa forma me sacó la lengua.

-¡Te mato!-dije corriendo hacia su habitación.

-¡Hizaki Sakurai De la Rosa!-bufó bien alto Clara.

-Sí, ya.-respondí caminando indignado hacia mi habitación y di un portazo.

Me acosté en la cama mordiendo y golpeando la almohada. Me había quitado las ganas de masturbarme en un buen tiempo, algo que siempre me desahogaba, y para colmo era yo el regañado. Él no sabía de intimidad alguna y me extrañaba que no hubiera interrumpido cuando estaba con Yue.

Pasada una media hora alguien llamó a mi puerta, al abrirla vi al mocoso lloriqueando. Se abrazó a mí y lo tomé en brazos. Aunque me sacara de mis casillas verlo así me ablandaba demasiado. Lo senté sobre el colchón de mi cama y lo abracé acariciando sus cabellos con calma.

-¿Qué sucede?-susurré secando sus lágrimas.

-¿De verdad las chicas no me quieren porque me huelen los pies?-cuando escuché aquello me eché a reír a carcajadas. Lo abracé un poco más y besé su frente.

-Eres idiota, realmente eres idiota.-lo tiré sobre la cama comenzando a hacerle cosquillas. Él comenzó a reírse y al final terminamos bien recostados en el colchón mirando al techo.

-Perdón.-musitó.-La próxima llamo o de perdida pregunto si te la estás tocando.-comentó como si nada y yo bufé, pero recordé que era un niño aún.-¿Por qué se toca uno? ¿Qué pasa? ¿Gusta tanto?

-Tú no te toques, no creo que te excite ver una chica en sujetador y tanga.-respondí como si nada.

-No, pero me da curiosidad.-volví a reír a carcajadas al escuchar aquello.-En serio, no lo veo excitante y quiero saber porque todos quieren mirarlas.

-Entonces eres gay, sin remedio.-murmuré alzando una ceja.-Aunque con esas maneras ya lo imaginaba.-cuando dije aquello él me golpeó el hombro.

-¡Tonto!-dijo con el ceño fruncido.-Me gusta una chica, pero es algo raro.

-Verás los amores de tu edad son platónicos, como mucho se agarra uno de la mano y se da besos en los labios. Como mucho. Al menos así fue la primera novia que tuve, o eso o es que fue realmente una estrecha.-comenté recostándome bien en la cama.-Claro que yo con tu edad tenía ya bien sabido que era el sexo, cómo se hacía y varias cosas más sobre el tema.-me miraba fijamente intentando comprender todo lo que decía.

-¿Entonces?-interrogó.- ¿Es normal que no quiera meterle mano como otros de mi clase?-me reí a carcajadas, era demasiado divertido escucharle decir todo eso. Quizás porque siempre pensé que sería mi hermanito, aquel que se comía mis ceras de pequeño y pintaba la pared flores para tener jardín privado en casa.

-No lo sé.-dije siendo sincero.-Verás cada uno va a su ritmo.-comenté con los ojos cerrados y él se subió sobre mí.

-Dime.-creía que yo siempre me callaba cosas, que no decía todo lo que sabía.

-No sé nada más, ya te dije todo.-respondí.-Irás aprendiendo poco a poco a ser un hombre, a buscar tus instintos y seguirlos. Verás, eso es algo que va implícito con la edad y con las experiencias. No pretendas ir demasiado rápido, luego te pierdes todo un mundo. Yo tuve que crecer rápido para satisfacer los deseos de mamá, para ser un ejemplo para ti y también para cuidarte.-nunca le había dicho aquello.-Para mi tú eres muy importante Hero, mucho.-susurré y él sonrió.

-¿Entonces?-preguntó.- ¿Tú me quieres?-aquella pregunta tenía fácil respuesta, no debió ni formularla.

-Por supuesto.-dije bastante serio.-Eres mi hermano aunque me espíes y me des problemas, porque eres para mí alguien muy importante.

-¿Cuándo tengas a tu hijo también?-eso era un problema, él lo sabía.

-Sí, pero no debes decirle a mamá nada.-respondí mirándolo fijamente a los ojos y él asintió.

-Pero deberías decirle, no es como cuando rompemos algo.-mustió.-Se dará cuenta si un día apareces con un niño, porque los niños no son como ese gatito que tuvimos como dos semanas.

-Se dio cuenta porque creció y decidió buscar un lugar nuevo para dormir.-dije con una sonrisa intentando no recordar que fue por su culpa. Papá rogó a nuestra madre horas por el gato, creo que jamás lo vi tan encaprichado por algo que no podía tener. Los tres rogamos, uno a uno, y ella con frialdad dijo que un gato no iba con nuestro estilo de vida.-Además no voy a meterlo en casa, me buscaré una.-al decir aquello se bajó y me miró molesto.

-No me quieres.-yo lo abracé y besé la cruz de su espalda. Intentaba pensar en cómo hacerle entender a un niño que le quería, pero que uno crece y necesita algo más que una habitación. Para él el mundo era pequeño y no tan inmenso como así yo lo veía.

-Sí te quiero.-susurré acariciando sus cabellos.

-¡No me quieres y deja de tocarme con esa mano guarro!-lo empujé a la cama cuando dijo aquello.

-Me la he lavado, no soy tan cochino como tú.-respondí.-Tú no te las lavas ni para comer después de usar carboncillo.

-¡Al menos no me toco el pito!-estaba molesto por lo que había dicho, no podía remediarlo.

-¡Escúchame!-grité agarrándolo de los hombros, subiéndome encima suya.-Eres mi hermano, eso no lo cambiará nada ni nadie. Pasaran los años y seguirás siéndolo.-me miraba como yo le miraba, yo estaba rabioso porque fuera tan infantil y él porque se sentía abandonado.-Te cuidaré, seguiré vigilando tus pasos, pero tengo que terminar de crecer.-en ese momento empezó a llorar, cambió totalmente su expresión y me abrazó.

-Yo no quiero que crezcas, yo no quiero crecer tampoco.-murmuró mientras yo le cubría con mi cuerpo y besaba su frente.

-Mocoso todos crecemos, todos.-susurré.-Pero es bueno, tendrás un sobrino al que cuidar y por quien crecer de forma que se sienta orgulloso.-me levanté y lo recosté bien en mi cama.-Descansa un rato, yo voy a hacer los deberes.

-¿Puedo mirarte mientras haces los deberes?-interrogó levantándose de la cama y yo simplemente asentí.

Me senté en la mesilla y encendí el flexo para ver un poco mejor, aún había luz natural pero no demasiada. Él se sentó a mi lado observándome. Miraba con atención todo lo que hacía, como si fuera algo importante. Comencé con matemáticas, pasé a historia y continué con inglés. Parecía entretenido con todo aquello.

-Yo los hice hace rato.-comentó tras una hora sin hablar.

-Yo no pude, fui a tomar algo con mamá.-dije con una sonrisa mientras escribía mi redacción.

-¿Qué tomaste?-dijo con curiosidad, siempre quería saber todo lo que hacía.

-Unos bollitos y café.-respondí con media sonrisa.

-¿Hablasteis?-no sabía porqué, pero él siempre tenía un sexto sentido.

-Sí, hablamos de mi futuro.-dije bastante serio.

-¿Y por qué no le dijiste lo del bebé?-susurró para que nadie nos oyera.

-Porque no era el momento.

11/10/09

La hora de la verdad III




-Es un lío distinto mamá.-dije recargándome en la silla.-Uno bien distinto a los que me ves usualmente.-suspiré de forma profunda y la miré.-No sé como le sentará a papá, pero sé que no le va gustar.

-¿Qué es Hizaki?-estaba preocupada, realmente desconcertada.

-Mamá lo sabrás en pocos días, tan sólo dame valor para decírtelo.-me levanté.-No es el momento, lo siento.-susurré colocando un cigarro en mis labios sin prenderlos.-He quedado, tengo asuntos que atender con la obra teatral de la escuela.

-Hizaki.-no sabía que decirme, lo notaba.-Espero que no sea perjudicial para tu futuro.

-Digamos que tan sólo modificará un poco mi vida, pero creo que será para bien.-sonreí de lado como lo hacía mi padre y me giré encendiendo el cigarrillo.

En realidad tan sólo iría a dar vueltas por la ciudad. Durante meses me había estado preparando el papel, ya a penas quedaba nada. Había ensayos todas las tardes, pero por faltar a uno no me moriría. Además era sólo dos horas de ensayos, lo cual lo veía estúpido. Pensaba que con ese poco tiempo nadie se prepararía el papel como debía.

Al subirme en la moto sentí que mi alma volvía a su sitio, volvía a ser yo. Tenía uno de esos cascos con auriculares para el móvil, para usar de ese modo manos libres. No sé si está permitido o no, pero los hay. Así que conecté mi móvil exclusivamente para poder escuchar música. Mis grupos favoritos eran variados, encontrabas desde Metallica hasta grupos nipones como Malice Mizer. Pero tenía un amor platónico por Bowie, inculcado por mi padre, y por Placebo. Broken Promise me recordó tanto a Yue, se conectó como por arte de magia. Estuve dando vueltas y esa canción no se iba de mi cabeza, a pesar de estar AC/DC golpeando con fuerza mis neuronas.

-¡Mierda!-grité al llegar a un semáforo, ya no podía más.

Aparqué en cuanto pude y miré todas sus llamadas perdidas y sus mensajes. Todos eran causados por la desesperación que le causé, por mi promesa rota. Lo llamé y contestó de forma rápida.

-Hola mi amor, mi Hiza.-susurró y noté su voz apagada, parecía algo afónico.-Mi vida por favor no me cuelgues, dame una oportunidad.-susurró.-Podemos arreglar lo que sea que vaya mal, por favor.

-Tan sólo te llamo para disculparme.-dije montado en mi moto, no me bajé de ella.

-Hiza, claro que te perdono y no tienes que disculparte. Te he hecho pastel de vainilla.-aquello comenzó a parecerme mala idea, llamarlo no fue algo inteligente.-Te lo iba a llevar, pero ya que me llamas dime donde estás y nos lo comemos juntos. ¿Qué tal si hacemos un picnic?

-Yue.-susurré.

-¿Sí?-había remontado el ánimo con sólo un par de palabras mías.

-Sólo quería disculparme por haber roto mi promesa de estar contigo, nada más.-murmuré.-Y por dejarte en el hotel solo.

-No rompes promesas, estamos juntos y ya. No voy a tenerte rencor por nada, anda dime donde estás y nos comemos el pastelito juntos.-parecía no entender, no lo había llamado para volver.

-Yue, escúchame atentamente es algo muy importante lo que tengo que decirte.-todo el mundo se quedaba mirando mi moto y a mí, me reconocían por ser quien era mi padre.

-¡Sí quiero!-gritó de la nada, no entendía que quería.

-Yue, escúchame.-resoplé sintiéndome agotado. Él me agotaba.

-Sí.-su voz jovial me mataba, me destrozaba tenerle que meter en la realidad y no en la suya.

-Lo hemos dejado, no quiero volver y sólo llamaba para disculparme por haberte hecho daño.-inmediatamente colgó.

No quiso escucharme, no deseaba que le metiera en la realidad. Él prefería mentirse constantemente, como cuando decía que siempre fue rubio natural. Yo incluso llegué a creerlo, pero después descubrí que era un tinte muy similar al tono de pelo que tenía su madre. Se engañaba y engañaba al resto, hacía lo que quería con todos como buen manipulador. Pero yo le quería, le adoraba como a un hermano pequeño y al final caí en la trampa de darle un capricho. Yo era su capricho desde hacía años, yo quería sexo y un poco de cariño… y todo se desmadró.

Me marché a casa, me metí en mi habitación y ahí quedé en letargo. Pedí que me dejaran estar, que por favor no me molestaran. No sé porqué pero Clara me hizo caso. Parece que notó que las cosas no iban bien, o tal vez que estaban siendo un desastre. Al llegar las once de la noche bajé a prepararme algo, necesitaba tan sólo unas patatas y un refresco. No quería algo más. No me veía con ánimos de comer sano y mucho menos con alimentos “nutritivos”.

-¿Qué haces Hiza?-era la voz de Clara, me había pillado con la cabeza dentro del frigorífico.

-Busco un refresco, lo necesito.-respondí sin mirarla. Había estado llorando, mis ojos estaban enrojecidos y me sentía un fraude.

-¿Qué te pasa?-interrogó inquieta colocando su mano sobre mis cabellos para revolverlos y acariciarlos.

-Nada, son cosas mías.-dije agarrando una lata de refresco al azar.

-La misma respuesta que siempre me ha dado tu padre cuando ha tenido problemas.-murmuró.-No te creo.-me tomó de una mano y tiró de mí para que me sentara en uno de los taburetes.-Dime ¿qué ocurre?

-Clara ¿tú sabías el secreto de papá?-interrogué confuso.

-Sí, yo misma tuve que defender a tu padre junto a tu abuela. Atsushi quería mucho a Yutaka, pero todo empezó a ir mal y en vez de luchar tomó a tu madre. Cuando la vi supe que era la mujer que necesitaba, estaba enamorado realmente de ella y hacían buena pareja.-acarició mi rostro mientras hablaba.-¿Tiene algo que ver con esas lágrimas que aún puedo ver?

-He hecho daño a un chico.-murmuré abriendo mi lata de refresco.

-Los Sakurai tenéis genes de rompecorazones, aunque pensaba que contigo todo había acabado. Te veía más centrado con Yue.-aquello me dejó helado.-Sí, lo sabía. Tengo más poder de madre que la tuya propia, a ella se le escapan cosas porque siempre está fuera o con la nariz metida en sus asuntos. A veces se le escurren cosas, y es normal. Trabaja demasiado y se olvida que tiene una familia, tú padre es igual aunque espero que ahora no caiga en el mismo error.-fue a la despensa y tomó una bolsa de galletas saladas.-Anda, toma.-dijo ofreciéndomelas.-Las hice el otro día y las metí en esta bolsita al vacío, sé que te gustan.

-Estaba saliendo con él, pero no lo amaba. Quería estabilidad, alguien que me amara y no sentirme engañado. Pero terminé siendo yo quien engañaba, quien traicionaba en parte los sentimientos de alguien que deseaba proteger. Yue ahora no quiere aceptar que no somos nada, no desea verlo.-ella me miraba atenta a cada palabra, y también a mis ojos.

-¿Hay alguien más?-más que pregunta sonó a una afirmación.

-Sí.-al decir aquello ella sonrió. Fue una de esas sonrisas cómplices de “ya sé quien”. Esas sonrisas no me hacían sentirme cómodo, sino que eran como un rayo láser.

-¿Es el chico que perseguiste durante toda la fiesta del otro día?-esas palabras tuvieron en mi un efecto rápido, me tensé y el tic de mi ojo apareció de la nada activándose mi mecanismo de defensa.

-No, nunca. No me fijaría en alguien del círculo de mi madre en mi vida, es una chica. Realmente Clara no sé que cosas dices, te ha fallado el instinto.-y ella tan sólo sonreía, de la misma forma que había sonreído mi madre en la cafetería.-En serio, no seas terca. No tienes idea de quien es. Además, es una chica muy atractiva y que tiene mucho talento.-me atragantaba hablando, terminaba hablando demasiado rápido.

-¡Ja!-soltó bien alto.-Es ese tal Olivier, lo vi desde la cocina mientras ayudaba a los chicos del catering. Ya sabes que tu madre tiene plena confianza en mí, que nada ocurre en esta casa sin que yo lo sepa.-me pellizcó la mejilla.-Anda idiota, si además tu madre parecía ida ayer. ¿Se lo dijiste? ¿No es así? Todo esto que me estás contando se lo dijiste a ella.-agaché la mirada y entonces noté como me abrazaba. Siempre me gustó su perfume a canela, desde bien pequeño. Ella misma lo hacía, tenía conocimientos para hacerse su propia fragancia y jabones. Era su pasatiempo.

-Se lo dije y no lo tomó demasiado bien.-murmuré.

-Le recuerdas a tu padre, a mi ese chiquillo me recuerda a ella en parte. Tan amante de la moda, de las cosas sanas y tímido. Si hubieras conocido a tu madre en sus años, esa chica que parecía desmoronarse ante la presencia firme y decidida de tu padre.-soltó un suspiro apartándose de mí.-Esos viejos años donde todo parecía ir bien.

-¿Te puedo preguntar algo?-interrogué.

-¿Sí?-dijo ella acomodándose en su taburete.

-¿Por qué entraste a servir a casa de mi abuela?-jamás lo había preguntado, ella era española y supongo que le habría costado horrores el idioma.

-Porque en España no se vivía bien, mi familia primero emigró a Francia y después estuvimos en los países bajos. Pero aún no se vivía lo suficientemente bien, no se encontraba el dinero necesario. Algunos de mis hermanos fueron a Portugal, otros a Inglaterra y mi hermana pequeña se quedó con mis padres en Italia. Todos somos humildes, trabajadores y rojos. Allá donde íbamos teníamos que tener cuidado, habíamos huido por culpa de la ideología de mi padre. Yo terminé en Japón porque solía leer cosas de aquel país, historias. Me gustó el país, llegué sin saber ni una palabra y tu abuela se apiadó de mí. Trabajaba en una casa lavando y planchando, tan sólo sabía las cosas justas para poder vivir. Pasé mucho para llegar a Japón, mucho, y mucho allí para alcanzar a tener una cama. No ha sido una vida muy fácil, pero me alegro de haber tomado mis decisiones. Sobretodo cuando nació Atsushi, ese bebé en mis brazos mientras tu abuela me enseñaba a comunicarme. Sí, creo que mi época favorita fue esa.-se levantó pensativa.-Echo de menos a Miho, me hace falta esa amiga y ese apoyo. Nos apoyábamos mutuamente.-una lágrima se escapó sin embargo la secó rápido con su delantal.

-Lamento haberte hecho pensar en cosas como esa.-no me gustaba verla así, algo se revolvía por mi estómago.

-No pasa nada niño.-dijo con una sonrisa.-Los viejos empezamos a recordar cosas de jóvenes y siempre nos preguntamos si hicimos lo correcto, también echamos de menos cosas materiales y no materiales.-rió bajo.-Lo sabrás cuando llegue la hora de que tus hijos tengan tu edad o tal vez cuando tengas nietos.

-Clara por dios no me eches la cruz.-respondí tomando mi lata de refresco y las galletas.

-Tan sólo espero que no te quedes solo, una familia es algo más que una pensión de media noche.-sabía el porqué de lo que dijo, y lo hizo mientras me marchaba hacia mi habitación.

Subí a mi habitación para engullir las galletas meditando. Pensé en buscarle, en buscar a Olivier, y decirle que había dejado a mi novio. Supuse erróneamente que si sabía que era libre tendría oportunidad. No tenía su teléfono, fui un iluso al pensar que me llamaría para saber de mí. Pensar en él era desquiciarme en parte, me quedaba bobo sonriendo y sintiendo una leve erección que abultaba en mi pantalón.

-Oly.-murmuré bajando mi mano hasta mi cinturón, desabrochándolo para meterla dentro. Cerré los ojos y jadeé pensando en su cuerpo a mi lado, mordisqueé mis labios y dejé que la imaginación siguiera su cauce. Gemí al tirar leve de mi miembro, al pasar los dedos lentamente desde la base hasta la punta.-Serás mío.-dije girando el rostro y abrí los labios intentando tomar aire.-Muy mío.

-¿Quién es tuyo?-aquella voz era de Hero y al abrir los ojos lo vi de frente.

-¡Me cago en mi estampa!-grité sacando mi mano de mi pantalón.- ¡Qué diablos haces entrando en mi habitación!-dije con toda la excitación por los suelos.

-Ya estaba hace rato.-dijo mirando mi bragueta.- ¿Qué hacías?

-Nada.-respondí molesto.

-¿Por qué decías Oly como si te faltara aire?-aquello era el colmo.- ¿Pensabas en el Zanahoria? Tranquilo, seguro que está bien sin ti a su lado.-le lancé una de las almohadas y la esquivó.- ¡Le diré a Clara y a mami que te estás tocando!

-¡Te mato como hagas eso!-grité aún tumbado subiéndome la cremallera para ir tras él, lo agarré antes de que consiguiera huir demasiado lejos.

Se cayó al suelo conmigo, caí sobre él y me quedé mirándolo fijamente a los ojos. Estaba bastante cabreado por lo que había hecho, también por lo que decía.

-Si me haces algo voy a mamá.-dijo bastante seguro de que mamá me castigaría, y sí que lo haría. Tocar al niño era un infierno. No podía decirle ni un insulto cuando me encabronaba de esa forma.

4/10/09

conversaciones X


Al apagar el móvil me sentí tan despreciable, tan patético. No podía decirle te amo, jamás lo hice con algún tipo de sentimiento. Seguramente él imaginaba algo muy distinto a lo que hablamos realmente. Posiblemente incluso soñó despierto con mis labios sobre su cuerpo y mi cuerpo cubriéndolo. Él no decía que deseaba sexo, sino hacer el amor. Yo siempre lo llamaba sexo, sin embargo siempre me corregía. Solía decir que otros hacen el sexo, que nosotros nos amábamos y nos entregábamos en cada segundo.

-Hizaki, la cena.-dijo Clara tras mi puerta, ella siempre me avisaba.

-No tengo apetito.-alcé la voz desde el interior de mi cuarto.

No quería comer, no podía. Sentía mi estómago revuelto y tan sólo quería dormir.

-¡Hiza hay macarrones!-gritó mi hermano desde detrás de la puerta.-¿Verdad nana?-siempre la llamaba nana en su presencia, no Clara.

-Sí.-le escuché decir, o al menos eso logré oír.

-¡No quiero!-respondí en un grito girándome hacia la ventana.

Clara abrió la puerta y me giró agarrándome por la ropa para que cayera al piso. Grité, me zarandeé, pero al final ella me dejó allí tirado con la camiseta dada de sí.

-¡Ve a comer ahora mismo Hizaki Sakurai De la Rosa!-mi hermano se reía detrás de ella, como si fuera una linda travesura.

-Ya voy.-murmuré levantándome.

Al final comí. Comí los macarrones algo fríos pues no paraba de revolverlos, mi madre me observaba atentamente pero no dijo nada. Creo que se guardaba lo que opinaba de juguetear con la mesa. El postre no lo tomé, no me encontraba con ánimos para tomar nada. Tampoco quise tomar un vaso de leche con cacao, pues Clara se preocupaba que volviera a comer poco.

La noche fue eterna, sobretodo porque escribí mil veces la forma en que se lo diría. No me valía ninguna de las formas en que lo decía. Pero al final hice algo constructivo, inicié un relato. Empecé a contar mi vida, a descargarme y a notar que eso me reconfortaba un poco. Dejé de pensar en Yue y terminé dormido sobre la mesa del escritorio. Al levantarme por el despertador me vestí rápido y fui a la casa del que aún era mi pareja.

Él me recibió con una sonrisa increíble, incluso se atrevió a rozar sus labios en el hall de su casa. Iba sonrojado y nervioso, sobretodo cuando le pedí que teníamos que ir a un hotel. Debíamos hablar en privado, no era agradable para nadie ver que una multitud te ve llorar. Si bien él pensaba que era porque le deseaba de nuevo, porque quería hacerlo como hacía mucho tiempo.

-Hizaki, estoy algo nervioso como si fuera la primera vez.-murmuró temblando.-Me he pasado la noche ensoñando con este paseo, con estar a solas y poder vivir una mañana completa a tu lado.

-Tan sólo hablaremos Yue.-cuando dije eso se abrazó a mí.

-Pero tumbaditos en una cama, hablando de todo y de nada. Hizaki, te he escrito una canción anoche y quiero que la cantes para el grupo. Sería bonito oír eso de tus labios, mis palabras como si fueran tuyas. Porque en realidad lo son, son nuestros sentimientos.-besó mi mejilla y yo me alejé.

-Estamos en la calle, pueden vernos.-dije bastante seco.

-Lo siento, se me olvida.-murmuró melancólico…supongo que pensaba ser feliz a mi lado y caminar de la mano como pidió.

-Llegaremos en poco.-él me miró de reojo cuando dije aquello y se sonrojó.

-Quiero besarte.-dijo acariciando suave mi mano con uno de sus dedos.

Cuando llegamos al hotel y entramos en el ascensor, eso lo puso nervioso. Se pegó a mí pecho recargándose mientras su mano pasaba por mi rostro, mirándome fijamente.

-Hizaki.-susurró.-Hizaki quiero que me hagas tuyo, quiero sentirte tan adentro que mi cuerpo se vuelva frágil.-buscó mis labios y me besó de forma tierna.-Más de lo que es bajo tu figura.

-Yue.-no sabía como encarar la situación.

-Quiero darte el sexo que mereces.-sus brazos rodearon mi cuello y me besó de nuevo.

-Tenemos que hablar, quiero hablar contigo de varias cosas.-susurré y él sonrió.

-¿De vivir juntos?-sus ojos se llenaron de ilusión.

-No Yue.-

Por suerte el ascensor se abrió y lo llevé a la habitación. Allí él corrió hacia la cama recostándose de forma apetecible.

-Ven.-murmuró observándome.

Yo me senté en el borde de la cama y suspiré pesado. Tenía un discurso ensayado, pero no era capaz de afrontarlo.

-Tenemos que dejarlo.-fui directo, opté por no dar más rodeos que le esperanzaran más.

-¡Hiza bromas no!-gritó y me abrazó por la espalda.-Hizaki no me gustan esas bromas.-reía bajo.-Pero no importa, porque me las pagarás por hacerme temblar.

-Yue, no es broma.-murmuré.-Quiero dejarlo.-inmediatamente se bajó de la cama y se arrodilló frente a mí tomándome del rostro.-Yue

-¿En qué fallo?-interrogó.-Puedo ser más dulce, más atento e incluso darte sexo a diario. Puedo dejar a un lado el romanticismo, todas esas tonterías de niño iluso que tengo. Seré el mejor amante, ya lo verás.-me besó de forma intensa y yo lo aparté empujándolo por los hombros.

-Yue no te amo, no puedo estar con alguien que no ame.-sus ojos se llenaron de lágrimas, pude escuchar como su corazón se rompía y como todos sus sueños explotaban como pompas de jabón.

-¡No!-gritó apartando sus manos de mí, lloraba abrazándose temblorosamente.

-Yue, te quiero pero no puedo amarte. No he logrado amarte.-me incliné hacia él y lo abracé.

-No, no puedes dejarme.-a penas se le oía cuando hablaba.-Tú eres mío, yo soy tuyo. Nos entregamos uno al otro y todo fue perfecto.-le había mentido tantas veces que la verdad era demasiado dolorosa.

-No te amo.-comencé a llorar de impotencia, también por la rabia que sentía al haber actuado de esa forma y no darme cuenta de que no era la correcta.

-Hizaki hasta ayer me amabas, hasta ayer podía notar una conexión especial entre ambos.-me miraba rogándome que no le dejara.-No puedes dejarme.

-Yue, quiero protegerte y hacerte feliz pero como amigo.-intentaba secar sus lágrimas y él lo negaba.

-No, no vamos a dejarlo.-lo dijo con firmeza.- ¡No! ¡No voy a dejarte!

-Yue hay alguien que me interesa.-me miró con rabia.

-¡Quién! ¡Quién toca lo que es mío!-se puso colérico.

-¡Yue!-grité intentando evitar que se hiciera daño.

-¡Dime quien es!-lo pegué bien contra mi pecho y poco a poco lo calmé.-No me dejes, por favor. Yo puedo ser mejor que él, puedo darte un amor más intenso.

-No hay nadie, tan sólo me gusta alguien más.-besé su sien.-No quiero hacerte más daño, tampoco quiero hacérmelo a mí.

-Hizaki démonos unos días, unas semanas, y volvamos. Esto se puede solucionar, podemos estar un tiempo a solas con nuestros pensamientos y volver. Mi padre y mi madre lo hicieron en una ocasión y les reforzó.-su voz temblaba

-No.-tenía que dejarlo, por mucho que le dañara.

-Mi amor no podemos.-me miró con una sonrisa dulce.-Hacemos una pareja maravillosa, sólo que yo te pido demasiado ¿verdad? No quiero caminar ya de la mano.-sonreía pensando que podía arreglarlo.-No voy a pedir esas cosas absurdas.

Me rogó horas. Creo que jamás estuve escuchándolo tanto tiempo. Dos horas más tarde seguía empeñado en que debíamos seguir.

-No puede ser.-le decía por enésima vez.

-Hizaki te quise desde el primer momento en que te vi, sabía que estábamos hechos el uno para el otro.-era dócil y dulce, eran como me solían gustar en mayoría. Últimamente esa clase de chicos me atraían, pero eso no significaba nada.

-Pero yo no opino igual.-respondí.

-Hizaki, yo quiero seguir contigo e incluso quiero casarme contigo.-me besó en la mejilla y acarició mi rostro lentamente.

-Yo no.-empezaba a molestarme que no entendiera.

-Me amas, me lo has dicho muchas veces y si es por miedo a que algo malo ocurra.-susurró mordisqueando mi cuello.-Yo estaré siempre a tu lado.

-Te lo he dicho, pero era mentira.-se encogió en mi pecho al escuchar aquello y comenzó a llorar de nuevo, más fuerte que la otra vez.-No te quiero, nunca lo he hecho. No te he amado de la forma que pretendes, sí como un amigo e incluso como un hermano. Pero no pidas que te ame, no puedes forzar a alguien a que te ame.

-¡Puedo demostrarte que soy el mejor!-gritaba aferrado a mí.

Yo sólo me quedé en silencio, después de un rato me di cuenta que terminó dormido. Supongo que el cansancio por tanto llanto le hizo caer fulminado. Yo le aparté y lo tumbé en la cama, después bajé y pagué la habitación para un día entero. Cuando despertara yo no estaría.

Era prácticamente medio día, así que ya no tenía sentido ir a clases. Fui al parque central, me senté bajo uno de los cipreses y me prendí un cigarrillo. Aún había una caja nueva, sin estrenar, en la mesilla de mi dormitorio. Mi hermana no podía acceder a ellos.

Encendí un cigarrillo y dejé que el humo llegara a mis pulmones. Estaba aturdido, los ojos rojos y un tremendo dolor de cabeza. Tenía que relajarme, como fuera. Me quedé con los ojos cerrados y el pitillo en los labios, meditando. Daba pequeñas caladas y me preguntaba si algún día me perdonaría. Intentaba que se alejara de mí, pero él más se aferraba a la idea.

Estuve allí sentado hasta la hora de regreso de clases. Cuando llegué a casa mi madre no estaba, tampoco mi hermano pequeño. Aún no habían llegado y Clara me notó distinto. No dijo nada, pero pude ver como me observaba preocupada. Seguramente se veía que estaba hundido, que me sentía peor que una colilla.

Esperé a que viniera mi madre, en la comida estuvimos hablando de poder conversar mejor una tarde. Ella quería conocer como me iba en los estudios, también en mi vida en sí. Quizás también notó mis ganas de tirarme por un precipicio y dejar de causar problemas. Jamás estuve tan hundido. Había dañado a alguien por capricho, por un capricho estúpido.

Esa noche también fue eterna. El día entero fue eterno. Hice las actividades propuestas, lo conocí por un compañero de clases. Después estuve estudiando, pero no me centraba. Y a la hora de ir a la cama tuve que fumarme la caja que me quedaba, jamás había fumado tanto en un día. Mi habitación apestaba a nicotina, apestaba a Kool.

28/9/09

conversaciones IX




-Tú debes de ser Hero, yo soy Uta... tu padre y yo somos viejos amigos.-acarició su rostro y entonces vio la camiseta.-¡Chi! ¿Ves Miho? no es anime de niñas, los hombres también lo vemos.

Miho reía bajo mientras acariciaba el gato. Parecía una auténtica mafiosa y únicamente le faltaba una mesa de despacho frente a ella y un puro en una de sus manos.

-Es muy divertido ver como te hacen esas muestras de afecto.-comentó con una sonrisa.-Y yo jamás dije que Chi fuera anime de chicas... ¡Chi es niña! Es más... ¡Se parece a mi!-comentó tratando de agarrar una de las tostadas que había en una bandeja del salón, hasta ese momento no había deparado en ellas.-Ahhhh... No alcanzo... ¡Hizaki! Pásame una...

-Yo te la llevo.-dijo mi hermano dándole unas tostadas.

-Tan caballeroso como Acchan.-comentó sentándose a mi lado. Su forma de sentarse era algo ¿afeminada? su sonrisa, todo. Era atractivo, para su edad, era bastante atractivo.-Nada más por eso haré que te llegue mi famoso sushi de cangrejo.-era igual que Yue, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.

-Gracias Hero.-susurró mi hermana acariciando el rostro de nuestro pequeño hermano.-Yo quiero sushi de cangrejo... ¿Cuándo me lo haces? Hace mucho que no lo haces... No desde esa vez que hiciste en exceso y dijiste que era para "alguien especial".-él se sonrojó al escuchar aquellos de labios de mi hermana, y yo ya me olía algo extraño. Mi padre seguramente estaba detrás de ese comportamiento adolescente de Yutaka.-Tengo antojo de cangrejo.

-Igual que tu padre, andáis los dos con antojos. Ni que estuvierais embarazados, aunque bueno de ti no me sorprendería.-cuando dijo aquello en ese tono casi me caigo al suelo de la risa.

-Miho ¿a él tampoco se le dice que vas a tener un niño?-y mi hermano el bocazas ayudando.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía!-dijo levantándose señalándola.- ¡No me dices nada! ¡Tan malos modales como tu madre!-definitivamente reía a carcajadas.

-No es que no te dijera, es que simplemente no lo sabía, me había hecho prueba casera y salía negativa. Pero los mareos y vómitos seguían.-intentaba explicarlo todo para que él se calmara y no pensara mal de ella.-y... me canse.-añadió con un suspiro.-Hoy precisamente Hizaki y Hero me acompañaron al hospital para verificar lo que ya sospechaba... Sospechábamos.-lo decía todo con un aura de seriedad y un rostro, de figurita de hielo, parecido al que tomaba mi padre para tratar asuntos peliagudos.-Y no grites, que tus gritos se podrán oír hasta casa de Eduart y... No quiero que se entere, no aún.

-Como te cazan hermanita.-comenté observándola fijamente.-La princesita de papá está embarazada, veremos como se lo soltamos a él y a su madre... aunque yo también tengo que decirle lo mío.-

-¿Qué?-dijo Uta observándome.- ¿Te pegaste de nuevo con alguien?

-¡Y tu, idiota, cállate!-gruñó mirándome.-¡Qué el tuyo nacerá antes! Mucho antes...-murmuró intentando hacer cuentas.-En unos cuatro meses, así que al que mataran primero será a ti.

Entonces Uta me miró fulminándome con la mirada.

-¿Quién es la chica?-preguntó haciéndome sentir una hormiga.

-Esto...-me rasqué la cabeza.-Si piensas que no seré responsable te equivocas, me lo quedaré yo. Ella está comprometida con otro chico, no quiere que se entere. Es japonesa, él también pero él vive en Japón y no sabe nada.-tomé aire sentándome bien.

-¡Seré tito! ¡Tito!-gritaba eufórico mi hermano y le di un golpe en el culo con el pie.

-Di algo a mamá y te mato.-él me miró casi a punto de llorar, no era por el golpe sino porque le costaría mantenerse callado.

-Pero necesitamos que esto no se lo digas a Atsushi. No es para que no se entere, sino que...-tomó aire y siguió su explicación.-Creo que nosotros somos adultos y podremos decírselo.-si claro, decírselo sería pan comido… claro que yo ya estaba averiguando cuanto valía una parcelita en el cementerio.-¿Nos ayudas?-dijo mirándolo de forma dulce.-Es decir... ¿Nos apoyarás cuando vayamos a decírselo a Atsushi y a nuestras respectivas madres?

-¿Qué? ¿Frente a Clarissa aka terminaitor woman? esa mujer te fusila con una mirada.-tembló y yo me eché a reír a carcajadas.

-¿Ves? no soy el único que teme a mi madre.-le di una pequeña palmada, moviéndolo un poco.-Anda Uta, será tres contra tres, mucho más equitativo.

-Por favor.-dije chocaba sus manos hechas puños.-¿Si?.-interrogó alargando la i hasta quedarse prácticamente sin aire.-Mira si nos ayudas.... a mi hijo le pondré tu nombre, claro, si es niño ni modo de que a mi hija le ponga nombre de niño.

-¿De donde has sacado esa táctica?-dijo mi hermano pequeño.

-Calla que surtirá efecto.-lo agarré y senté sobre mí.

-Sois iguales a él, idénticos.-murmuró asintiendo con la cabeza.-os ayudaré a ir al matadero.

-¡Sí! Gracias tío Uta.-se me levantó para abrazarlo haciendo que su gata cayera al suelo.-Y con esto tampoco se lo puedes decir a Eduart...-dijo apartándose de él.-Eso se lo diré yo.-comentó bastante seria.-Pero eso cuando sea su cumpleaños.-dijo alzando un dedo.-Será su regalo.

-Si papá deja que viva para contarlo.-comenté recostado en el sofá sin importarme que se vieran mis boxer.

-O que lo mates tú.-añadió mi hermano.

-Cierto, cierto.-me coloqué un cigarrillo en los labios y miré a Uta.- ¿Puedo salir al balcón a fumar?

-No deberías fumar, yo lo hice y me arrepiento.-tenía su ceño fruncido, me miraba con los misma mirada que me había echado mi padre.

-Tú hoy casi lo matas del susto y de los celos que le tiene a cualquier hombre joven que se me acerque.-eso era cierto, bien que me había divertido en parte con su comportamiento de macho en peligro de extinción.-Y con lo del cigarrillo no deberías de fumar, estas con una mujer embarazada y pronto tendrás un hijo.-empezó una minicharla que no quería escuchar.-Así que deja el maldito vicio de una buena vez.-rompió mi cigarrillo arrancándomelo de la boca.-Anda, dame la cajetilla.-dijo extendiendo su mano mirándome con severidad.

-¡Qué! Son importados, son caros... es mi pequeño vicio. Te juro que sólo son dos al día y me calman.-entonces Uta se abalanzó sobre mí y me cacheó, mientras me removía.

-¡Quieto! ¡Hizaki se lo diré a tu padre!-gruñó y entonces sacó el paquete de cigarrillos, casi por estrenar, de mi bolsillo del pantalón trasero.

-Los míos también son importados, así que deja de hacer berrinche de princesa y dame la cajetilla.-agarró mi cajetilla y los aplastó, incluso los pisoteó.

-Mis cigarros... os acusaré con...-no sabía con quién

-Con tu novio el zanahoria.-cuando dijo aquello lo agarré de los calzoncillos y los subí hasta arriba. Mi hermano sólo gimió por la presión

-¡No es mi novio!-grité.- ¡Tampoco te importa si lo es, enano!

-¡Eres un salvaje! ¡Se lo diré a papá!-respondió

-¡Acusica!-grité mientras veía como sus ojos se llenaban de lágrimas.-¡Llorica!-le dije y entonces vino hacia mi y me mordió en el cuello, yo a él le comencé a hacer cosquillas, para luego echar a reír.-No digas más eso.

-Ahhh... Hombres.-murmuró suspirando para ir a tirarlos a la cocina.

A su regreso parecía mareada, con la mirada como perdida y algo pálida. Le había dado un mareo seguro, porque caminaba de forma torpe.

-Miho.-dijo su tío aproximándose a ella, en realidad era también mío y de mi hermano. Es decir, no tocaba nada de parentesco pero sí de historia.

-Debemos irnos, si mamá regresa y no nos ve nos fusila.-dije tomando a mi hermano en brazos prácticamente.-Miho, cuídate y te llamo luego para seguir hablando.-quería que descansara, con Hero allí sería imposible.

-Ah, sí, ustedes también cuídense y suerte con tu Princesa Zanahoria.-acariciaba su sien intentando calmarse.

Nosotros nos marchamos cerrando la puerta. Los dejé solos y esperé que Yutaka cuidara bien de ella. Hero caminaba agarrándome de la mano, con su mano buena. No hablamos de nada especial hasta llegar al coche. En casa ya estaba esperándonos nuestra madre, se sintió aliviada con lo que dijo el pediatra.

Yo nada más llegar a mi habitación vi una caja. Era un regalo y estaba bien envuelto en su papel de celofán. Lo abrí rasgando el papel y vi que había dentro. Había mangas que deseaba desde hacía años, junto a ellos una nota y era de Yue. Otra persona no podía ser, lo supe desde que vi el paquete. La nota era algo sencilla, pero me impactó:

“He estado ahorrando algunas semanas para conseguirte esto. Te entrego este regalo para que sonrías, creo que te hará sonreír y tu sonrisa me hará sentirme especial.

No sé si estas molesto conmigo o hay algo que te preocupa.

Mi amor, deseo tanto tenerte como al principio y sentir tu cuerpo sobre el mío. Deseo tus labios, tu mirada fija en la mía, y sobretodo el calor de tu alma arropándome. No paro de pensar en ti, no puedo dejar de hacerlo. Eres mi primer y último pensamiento del día.

Ojala todo fuera más sencillo y pudiéramos gritar nuestro amor al mundo. ¿Te imaginas? Poder ir por la calle como cualquier otra pareja, tomarnos de la mano y ser felices. Quiero hacerte muy feliz Hizaki, mucho. Haré cualquier cosa por mantenerme a tu lado, porque esto funcione. Perdóname si soy pesado… pero sin ti no respiro.”

Me sentí un desgraciado por seguir con él, todo debía de acabar. Ya era tarde para hablar, casi era la hora de la cena. Así que llamé para poder quedar bien temprano. No iría a clases, hablaríamos.

-Yue.-dije al notar que contestaba.

-Hola mi amor, ¿viste el regalo? Se lo dejé a Clara.-parecía más dulce que de costumbre.

-Sí, me gustó.-susurré sin saber que decir, seguramente esperaba algo más.-Eres muy detallista.

-No, sólo quiero que lo tengas todo.-parecía risueño al escuchar que había aceptado el regalo.-¿Me echabas de menos? Yo te eché mucho, desearía que estuvieras aquí abrazándome. Necesito verte Hiza.

-Precisamente por eso llamo, quiero verte.-no era para lo que él deseaba, seguramente si hubiera sabido para lo que era no se hubiera emocionado en absoluto.

-¡Te amo!-gritó.-¿Cuándo? Quiero verte ya, podemos vernos ahora y escaparnos toda la noche. Hiza, podemos estar juntos hoy durmiendo abrazados. Llevo días soñando con eso… soñando con algo que quiero que sea real. Quiero hablar contigo.-me hundía más y más, tanto que comencé a llorar e intenté que no se notara en absoluto.

-Yue.-murmuré.-Mañana, mejor mañana. ¿Qué tal si hacemos novillos?

-Mi papá me matará, pero moriré feliz.-me recosté en la cama con la cabeza dándome vueltas.

-Mañana pasaré a recogerte, ponte el uniforme y aparenta normalidad. No quiero que sepan que nos escapamos.-ante todo era poder decirle que lo nuestro no iba a ningún lugar, después que podíamos ser amigos al menos.

-Mi amor.-dijo riendo bajo.

-¿Sí?-interrogué.

-He tenido un sueño guarro, parecía real.-me llevé la mano a la frente, cada vez me lo ponía peor para poder dejarlo al día siguiente.-Chocolate y tu piel, algo muy dulce y muy sensual. ¿Podríamos probarlo?-volvió a reír, pero de forma más nerviosa.-Verás, estábamos tú y yo en mi cocina preparando dulce y acabé cubriéndote de chocolate. Hizaki, jamás he tenido de esos sueños hasta ahora. Tú haces que mi apetito aumente, que quiera estar contigo en la cama todo el día.

-Yue.-quería pararlo como fuera.

-¿Sí?-preguntó con curiosidad.-¿Te has excitado? Yo lo estoy mi amor, estoy sintiéndome como nunca. Creo que entré en época de celo y no pienso dejarte escapar sin rasguñarte.-Yue no era tan suelto, pero se estaba arriesgando por darme sexo y cambiar para gustarme.

-Tengo que cortar.-dije fingiendo amargura por ello, al menos le dejé creer que me dolía no seguir.

-Mi vida, te amo.-murmuró.

-Ídem Yue.-susurré apagando el móvil.