Mostrando entradas con la etiqueta Megumi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Megumi. Mostrar todas las entradas

27/7/10

Un buen chico V


-Dejé a Yue y dos de mis amigos son sus hermanos, somos cinco en total en el grupo, no estaban felices conmigo ... aunque ya se le pasó el berrinche a Yue y todos estamos bien.-dije inclinándome con una sonrisa.-Los verás en la boda, seguro que son los que más ruido hacen de toda la sala.-me despegué de él y fui hacia la barra pidiendo su bebida y para mí tan sólo un Malibú con piña... algo con poco alcohol.

-Oh, Yue es el chico que me contaste ¿verdad?-dijo cuando regresé con las bebidas, tal vez había estado recordando ciertas conversaciones que habíamos tenido.-Que bueno que se han arreglado. Ah, ira Max ¿también?-realmente era el único de mi círculo que conocía, yo tampoco conocía a los suyos.

-Por desgracia sí, vendrá Max...y espero que no termine intimidando a ninguna de mis amigas... tiene las manos muy largas.-murmuré y eché a reír.-Recuerdo que le presenté a la hermana de Yue cuando aún no salia con mi amigo.-tuve que parar de hablar un segundo porque las carcajadas iban solas.-Y bueno terminó con las baquetas rotas en la cabeza.

-¿Será por eso son amigos?-alzó una de sus cejas mirándome, sabía que me estaba acusando de tener las manos largas.-¿Quién más que conozca irá a la boda? ¿Irá Wilde?

-Irá mi hermana, su marido, el hijo de su marido, el novio del hijo de su marido o eso creo, Kamijo, Jasmine, mis amigos de la banda y por supoesto que estará tu amado Wilde. El cual no para de tontear con el nuevo cura.- cura que no era como Lionel, ese era heterosexual. Pero sabía bien que un halago no amarga a nadie, y más si esos halagos luego tenían recompensa en el cepillo. Entonces recordé.-Sólo espero que Lio no venga con su novio... Taylor es capaz de aparecer y entonces a mi padre le da un paro cardíaco.

-Boda gay.-murmuró.-Tenía que estar llena de hombres probando que pueden ser más zorras que cualquier grupo de mujeres.-se echó a reír cuando dijo eso, en realidad tenía algo de razón pero no del todo.-Eso te lo aseguro.

-¿Quién es Taylor? ¿Tu padre no se lleva bien con él? ¿O qué?-preguntó seguro por lo que había dicho del infarto.-Creo que al único amigo de tu padre que conozco es a U-ta, muy caballeroso se porto conmigo, es muy propio él.-bueno no era el único, también conocía a Paulo.

-Uta sigue enamorado de mi padre, no creo que le sea grato asistir a la boda. Sí estará Anii que es su hermano, Imai y también Hide. Todos son como Uta, todos son como mi padre, claro que Uta se descontrola si toma azúcar... es como ver un antes y un después... es como un adolescente y por lo que sé se la pasa molestando al resto del grupo.-sonreí cuando recordé algunas cosas que me contó mi padre.-El hermano de Taylor casi mata a Uta, mi padre mató a ese hombre cuando lo vio sobre el que era su novio mientras intentaba violarlo... y bueno mi padre tuvo que huir de Japón. Añade que Taylor es el ex novio de Phoenix... tienes una mezcla explosiva.-el mundo era un pañuelo, y más cuando tanto asiático terminaba en este país intentando buscar un nuevo futuro, o tal vez tan sólo huyendo de un pasado tormentoso.-Aunque Lionel es.-sonreí como un adolescente.-Creo que fue el primer chico que me gustó, a parte de Lexter, él era cura y un cura peculiar... la verdad.

Se quedó mirándome casi ojiplático. Parecía haber bajado de una atracción de esas que vas a toda velocidad y haces giros en el aire. Boqueó un momento y siguió intentando averiguar más.

-Pues que vocación tan rara.-dijo volteando hacia los músicos para no mostrar ante mi sus dotes de expresividad.-Mira que ser sacerdote y modelo, no es algo que se vea todos los días.

-Dejo de ser sacerdote, ahora se casará con Taylor y es modelo. Aunque con lo tímido que es no sé como aguanta modelar.-reí bajo al recordar lo rojo que se ponía cuando hacían halagos sobre tus dotes de profesor, aunque más bien todas las chicas lo hacían por su físico, también algún chico.-Aunque siempre va Cat con él suelen trabajar juntos.-eso para Lionel era un punto de apoyo, no conseguía averiguar como ese niñato tenía tantos contactos y conocía a tanta gente.-Así que no hay problemas.-tomé aire dejando que la música me dejara como en coma un instante.-Cat también estaba en la fiesta, creo que incluso te saludó. Su novio es el amigo del mejor amigo de mi hermana. Ese no sé si irá, no creo que tenga invitación. Ese maldito siempre se pasa la vida buscándome para que nos peguemos y a la mínima se sonroja el muy idiota.-claro que hablaba de Amaury, no había otro idiota en la ciudad como él.

14/12/09

Estrés IV


-¡Yo os mato! ¡Hijos de la grandísima puta! ¡Yo os mato! ¡A ti y a Eduart! ¡Os mato a los dos! ¿¡Como se atreve ese idiota de casi cuarenta años dejar preñada a mi princesa?! ¡Joder! ¡Ese tio es un soberano gilipollas! ¡Me cago en su putísima madre! ¡Me lo cargo! ¡Y tú! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Te casaras con la chica y punto!-el Atsushi conservador se mezcló con el neurótico atolondrado de su juventud y dio una mezcla muy extraña y prácticamente letal. Yo, no podía pensar en nada. Creo que simplemente sentía que el mundo se abría bajo mis pies y el infierno me llamaba con una canción desfasada de guateque de los sesenta.

-¡Se casará con otro! ¡Pienso quedarme con el niño yo!-comencé a llorar por culpa de los nervios, la tensión siempre me hacía desfogarme de ese modo.- ¡No se hablará más!

-Mi Acchan.-creó que escuché de labios de Yutaka mientras lo abrazaba-Acchan, tu corazón. Por favor, por favor... Toma aire, por favor.

-¡No me grites! ¡Tampoco hables así de mi Eduart! ¡No me trates como a una niña! ¡Ya no lo soy! ¡Te guste o no! ¡Ya no lo soy!-ahí empezó Miho a gritar de forma desesperada, al igual que yo.-Y alégrate, mejor lo sabes tú y no él.-murmuró cuando todo quedó en silencio.

Noté como mi madre se sentía fuera de lugar, aunque intentaba mantener la compostura de la forma más correcta posible.

-Atsushi.-susurró al fin mirando directamente a mi padre.-No.-balbuceó.-No actúes así.-susurró mientras iba tomando la confianza suficiente para tomar su tono normal, ese que daba la impresión que ella podía con todo.-Un hijo jamás es una desgracia y ten en cuenta que tu hijo no es tan pequeño.-por unos instantes deseé ser un niño. Quería ser un niño de nuevo sin preocupaciones, o más bien la única era hacer la tarea antes de la hora de los dibujos.-Si tuvo la madurez para meterse con alguien, la tendrá para criar a un hijo.-se giró hacia la madre de Miho.-Felicidades supongo.-dijo observando con frialdad a Megumi.-No puedo creer que seré abuela, Hizaki.-murmuró acariciándose suavemente la sien mientras me miraba.-Sólo una cosa te digo, es tu responsabilidad, y como tal, aprenderás a responder por ese niño.-sus ojos estaban clavados en los de mi.-No consentiré ni que tu padre o nadie te ponga todo en bandeja de plata.

-Pienso seguir empeñado en mi carrera, tendré tiempo para cuidarlo y papá me debe un piso. Se lo recuerdo ahora porque lo necesito.-él parecía aún con deseos de matarme o vengarse de alguna forma. No le gustaba estar desubicado, no tener el control en lo que sucedía en nuestras vidas.

-Sólo diré una cosa.-dijo con su mirada firme en mí-Ni se te ocurra dejar que esa mujer se largue con él.

Me di cuenta de porqué había dicho aquello, tenía a mi hermana aún detrás observando todo y esperando su turno. Ella creció lejos de él, su niñez y adolescencia fue un caos sin su control, o al menos el lo vería así. Mi padre era estricto como padre en ocasiones, en otras era demasiado permisivo. Sabía que nos permitiría a ambos salir adelante, pero extremaría su control sobre nosotros como si fuéramos peones de un tablero de ajedrez.

-Papá se casa con otro, no me dijo que tenía novio y el novio no lo sabe. El novio está en Japón... yo.-las imágenes de Anne golpearon a mi mente de una forma que me hicieron quedarme en silencio unos segundos.-Por una extraña razón cuando me lo dijo pensé que dejaría a su pareja, pero su idea era distinta. Quería abortar y no lo permití, ese niño es tan mío como suyo.-apreté con fuerza los puños y los dientes para tomar fuerza en lo que iba a decir.-No controles mi vida, ya se lo dije a mamá... no quiero que ninguno se meta en mis decisiones.

-Por una vez hiciste algo sensato.-es lo que tuve como respuesta inmediata.-Pero.-tomó aire y supe que vendría otro gruñido.- ¡Existen los condones! ¡Joder!.-gritó con fuerza y Yutaka lo abrazó de nuevo.- ¿Estás bien?-miró a Megumi y después a mi madre.- ¿Estáis las dos bien?-

-Acchan.-mi tío, por llamarlo así de alguna forma, se aferró con fuerza a mi padre. Yo lo considero mi tío, al menos se ha portado como tal. Creo que le debo muchas cosas que jamás le confesaré, es un pequeño gran hombre con aspecto debilucho y cara de niño.

-Sí, estoy bien.-dijo levantándose para ir hacia Miho.-No voy a decirte nada como tu padre, simplemente espero que él este contigo para apoyarte, ayudarte y hacer lo que un hombre debe de hacer con la madre de sus hijos.

-Se que estará conmigo y sé que existen los condones, pero si te toca...-susurró mirándola a los ojos.-Te toca.-lo de los condones y la miradita fue un gancho directo para el viejo, como así le decíamos algunas veces en nuestras conversaciones, el infartado simplemente resopló e intentó no gruñir más de lo debido.-Los niños no se planean. Llegan.-cerró sus ojos y leve sus puños. Era parecida en gestos a mí, pero ella sería la que pariría y esa parte me la ahorraba por ser hombre y no mujer.

-Seré abuela.-empezó a decir la madre de mi hermana.-Debes de dejarme cuidarte o al menos. Cuidar de mi nieta o nieto, pero quisiera que fueran dos.-la cara de Miho fue un poema, la pobre marimacho casi se cae de espaldas.-Déjame soñar Miho.

-Por dios Megumi no digas eso ni de broma.-murmuró mi padre mientras echaba su cabeza hacia atrás en el sofá.-Mierda de día. Primero el capullo en el aparcamiento, el idiota del camarero y ahora esto... ¿y mi jodido refresco?-parecía que lo llamó con la mente al servicio de habitaciones.

-Ya voy yo, tú calmado.-dijo Uta levantándose para ir hacia la puerta.

-Aquí tiene lo que pidió.-comentó aquel estilizado camarero que intentaba ojear la escena. Como todos los del servicio de habitaciones, siempre intentan ojear lo que sucede en un lugar y poder cotillear perversamente con sus compañeros.

-Arigato, después pagamos.-con toda la diplomacia del mundo le plantó un buen portazo.-Atsu...Atsu...-murmuró mientras le ofrecía el refresco.

-Hablando del rey de Roma.-murmuró dando un trago mientras intentaba tranquilizarse.

-Hizaki...me retiro, tengo miles de pendientes.-era un glaciar, me hacía sentir que no le importaba nada, pero sabía que ese no era el lugar apropiado para hablar del tema.-Me gustaría hablar contigo en cuanto puedas, a solas.-recalcó.-Doy por hecho, que no me necesitas aquí para nada.-se levantó de forma exquisita, tomó su bolso y se giró hacia la puerta.

-Si te he llamado es porque te necesito.-aquello surgió de mí como una autentica demanda, jamás había pedido a mi madre nada desde que era bien pequeño. Me había alejado de ella, la aparté de mi vida y ella de mí, pero sabía que en esos momentos sólo ella podía consolarme. Mi padre no lo haría, mi padre solamente quería echarme el sermón de la década.-En este momento estoy cagado de miedo, y no es únicamente por lo que penséis de mí. ¿Te crees que no tengo miedo? ¿Que no tengo miedo a ser un desastre de padre? ¿Te crees que nací sabiendo cambiar pañales? Con Hero he aprendido un par de cosas, con Jun también. Pero no son mis hijos, no tengo que educarlos yo.-empecé a agobiarme y las lágrimas surgieron solas.-Es la primera vez que tengo miedo.

-No llores inútil, que por el embarazo estoy más sensible de lo normal y me harás llorar igual que tú.-inmediatamente Miho me abrazó, sentí su perfume a cerezas y eso me calmó en parte. No sabía que hacer, no sabía nada. Me sentía angustiado y que el mundo se venía encima.-Y créeme, no eres el único que tiene miedo...

-Si os hemos hecho llamar es por algo. No para que uno nos encañone prácticamente, otra casi despelleje el sofá y tú te largues como si no pasara nada. Carajo ¿ya olvidáis como os sentisteis vosotros?-rodeé a mi hermana quedándome pegado a ella, éramos de distinta estatura y ella era algo más baja que yo pero las suelas de sus botas hacían que no nos viéramos tan dispares. Me había aferrado a mi hermana en esas semanas, sobretodo desde que cargábamos un secreto parecido.-Yo no pedí ser padre, pero tengo los huevos suficientes para aceptarlo. Tan sólo quiero apoyo, ya tomé mi decisión.

-Dejen de portarse como si fuera el fin del mundo...todos.-esa fue la voz de mi madre regañando a mi padre y a Megumi, sobretodo a ellos dos, para luego mirarnos a nosotros. Yutaka creo que fue el único que se libró de aquella mirada de hielo.-Ella estará embarazada, pero al parecer ama a su pareja. Tampoco es que sea tan niña como para tener un hijo.-observó a Megumi y sonrió leve calculando su edad, mi madre siempre sonreía cuando despellejaba a alguien mentalmente o simplemente intentaba hacer cálculos.-Con un leve cálculo rápido, si no fallo, no fue mucha la diferencia de edad a la cual tú tuviste a tu hija.-Yutaka intentaba rehuir su mirada, Megumi se calmaba como podía cerca de mi padre y él simplemente esperaba que se marchara.-Y a ti... si necesito repetirte que tienes mi apoyo, quizás no me conoces bien Hizaki.-clavó sus ojos azules en los míos dejándome sin aliento..-Aún intento procesar e imaginar como será oír que alguien me llame abuela...

-No es el fin del mundo Clarissa.-dijo mi padre levantándose.-No soporto a su novio, es un descarado que no tiene los suficientes huevos de plantarme cara. Y nuestro hijo.-hizo un inciso mientras caminaba hacia mí, se quedó tan cerca de nosotros que pude notar su aliento en mi cogote.-Aún no tiene ni diecinueve años.

-¿Y qué? a caso no he cuidado bien de Hero ¿no es así? ¿A caso no cambio los pañales de tu hijo cuando me lo pides? Más de una vez te he hecho de canguro, Miho también. No veo ningún problema en que no sepamos tratar a...-intentaba hacer memoria de todo aquello, no dejarme achantar.

-Eso ha sido una visita, no es el día a día. No es igual a cuando llora y no sabes qué tiene. No es todo pañales, nanas y comida. Recuerdo aún los primeros meses tuyos. Era un caos, no parabas de llorar. Siempre tenía miedo y angustia porque te ocurriera cualquier cosa.-no me imaginé jamás que mi padre se portara así conmigo, sobretodo tan nervioso como decía haber estado. Siempre lo vi firme, seguro, y tan sólo se molestaba cuando algo salía de sus enfoques.-Tu madre se llevaba despierta horas acunándote... no estabas enfermo, no tenías hambre, no tenías el pañal sucio... pero llorabas. Pensábamos que era del calor del verano... pero ahí estabas llorando y después descubrí que eran sólo intentos tuyos de chantaje desde que tenías pañales. Intentos de que siempre estuviéramos a tu alrededor.

-Tan egocéntrico como tú Atsu ¿qué querías? Además el niño tiene razón.-intervino Yutaka dándole bien duro donde más le dolía.-Por favor Atsu. Tú siempre serás un greñudo busca pleitos ¿acusas a tu hijo de ser un idiota que sólo busca peleas? ¿Quién se pegó el otro día con otro madurito por culpa de una pelea tonta? Por favor...-se encogió de hombros con aquella sonrisa y mi padre lo fusiló con una de esas miradas de ogro.

-Uta...-siseó.

-¿Sí?-preguntó como si nada, con una inocencia en su rostro que no se lo creía ni él.

-Cállate y deja de ponerme en evidencia.-al decir aquello él se quedó de puntillas palmeando la cabeza de mi padre, parecían dos niños discutiendo en un recreo.

-Es la verdad, trágatela.-respondió y pasó frente a mi madre-Felicidades, piénselo como un pequeño regalo. A vuestra edad no es lógico tener ya más hijos, por lo tanto esto es un regalo. Podéis vivir la maternidad y la paternidad de nuevo sin tantas complicaciones.-se giró antes de salir de la habitación.- ¡Miho! nos vemos en casa... tengo que contarle todo esto a tu otro tío.-puso sus manos en su mejilla y creo que simplemente se sacudió deseando de contar el chisme por todos lados.

Cuando mi madre se marchó sentí que el mundo entero caía sobre mis espaldas. Mi padre besó a mi hermana y a mi me miró fijamente.

-Vamos Megumi te acompaño a tu habitación.-dijo tomando la mano de Megumi.

Nosotros nos quedamos allí aún cerca el uno del otro, a solas. Mi hermana me miró preocupada y yo toqué su vientre unos segundos, me preguntaba si esa era la mirada que poseía Anne en esos momentos.

-Todo irá bien, tu hijo saldrá fuerte.-comenté con una sonrisa.-Además tu madre te ayudará, Yutaka también, el musculitos ya fue padre una vez y tienes a Eduart junto a tu extraño amigo.

-Eso lo sé, pero me da miedo decirle todo.-se aferró a mí y yo la abracé.

Supongo que tenía miedo que todo el cuento de hadas se fuera por la borda. Él aún estaba casado, su mujer lo abandonó pero seguía siendo su legítima mujer. Miho no podía decir nada, si ella se interponía se quedaría sola. Yo no permitiría que a mi hermana le hicieran daño, era mi hermana y, aunque fuera mayor que yo, tendría que defender su honor y cuidarla.

-Debo irme.-dije mirándola fijamente a los ojos.-Vamos a pasar la habitación y te llevo a casa.-comenté tomándola de la mano y ella accedió.

No dijimos nada mientras caminábamos por los pasillos del hotel hasta la salida, al final Yutaka había pagado la habitación y no tuve que hacer desembolso de lo poco que llevaba en la cartera. Al montarnos en el coche ella comenzó a llorar de nuevo, pero tenía puesta las gafas de sol para evitar que otros se dieran cuenta.

-Lo siento.-comentó.-Estoy más sensible que de costumbre, todo por culpa del maldito embarazo.

-No tienes que pedir disculpas, no creo que la carrocería del coche se agriete por un par de lágrimas.-dije abriéndole la puerta para ayudarla a subirse.

-Tendrás que comprar otro coche, este coche no tiene espacio para el bebé y sus cosas.-ya empezaba a pensar como una madre, pero era lo mismo que yo opinaba.

Jamás pensé que tendría que renunciar a conducir siempre este coche, tendría que ir acostumbrándome a llevar uno familiar aunque con aspecto deportivo. Conduje hasta su casa, ya sabía donde vivía su novio y supuse que querría ir allí para cuidar a Eduart. Al bajarse nos despedimos con la mano. No dijimos mucho durante el trayecto, tampoco en el adiós.

Cada uno iba pensando en lo que sucedía y sucedería pronto. Era necesario que nos diéramos cuenta de que ya éramos adultos, para nada unos adolescentes o unos inmaduros sin complejos. Teníamos que aprender a dar más que recibir, a los madrugones y las noches en vela.

Ella se marchó a descansar y yo por mi parte me dirigí a la academia de interpretación, para inscribirme rellenando el formulario que me entregaron. Tenía todo aprobado, aunque no había terminado el curso. Quedaban los exámenes de recuperación, para aquellos que habían suspendido, y los exámenes para subir nota de aquellos alumnos que lo desearan.

Iba a ser actor, costara lo que costara. Tenía una carrera que iba brillando lentamente en los escenarios como cantante y bailarín, poco a poco las letras parecían ir mejor en las plantillas de escritura de mi ordenador y en mi libreta, pero ya que no podía expresarme como pintor me aferré a la interpretación. La obra de teatro y sus ensayos, siempre tenía alguno que otro en los descansos, en horas extras lectivas y en algunos fines de semana. Pero era una obra que me sabía, me inspiraba, y que me alentó a decidirme a decir sí a ese cartel maltrecho que había en un tablón de anuncios.

Quería cuidar a mi hijo, ser padre responsable, pero también seguir mis sueños. No iba a dejar de tener lo que quería por mi hijo. Sé que suena egoísta, pero tenía la corazonada de que todo saldría bien y que era la mejor decisión de todas. Siempre podía terminar estudiando algo relacionado con las finanzas, se me daba bien ese ámbito y mi padre podía ayudarme con sus conocimientos.

Tenía posibles soluciones en la mesa y en mi manga, iba a coger el tren de aquella oportunidad y a intentar entrar con la mejor nota. Ya que la solicitud de inscripción iba más allá. Tendría que pasar pruebas y demostrar que yo era el adecuado. Por primera vez mi nombre no tendría importancia, sería yo quien consiguiera algo y eso me alentaba aún más.

Ya no hacía aquello por mi orgullo, sino porque mi hijo pudiera estar orgulloso de mí. Era algo que deseaba con tanta fuerza que mi hijo entendería. Tenía mi pequeña fortuna, ya que todo lo que me aportaba mi padre en mi cuenta de ahorros no lo gastaba. Siempre estaba ahorrando y revisando mi estado de cuentas, tal vez por miedo a un futuro o simplemente porque no sabía en qué invertirlo. La ropa siempre me la pagaba mi padre o mi madre, también eran regalos y no tenía que pedirla. Los demás gastos estaban descontados porque vivía en casa y lo único que tenía que pagar era la gasolina de mi coche. Cuando salía no gastaba en exceso, siempre me tomaba mis copas pero sin ser excesivo y los lugares donde iba era de entrada libre. Por ello tenía suficiente dinero para un año sin empleo, si todo iba mal.

11/12/09

Estrés III


-Ya van a empezar con sus juegos de críos.-escuché de lejos a mi hermana.-Tu viejo, compórtate como lo que eres y tú.-dijo mirándome con aquellas enormes gafas de sol.-Tú si que no tienes remedio.-me levanté y fui hacia ella quedando a su lado, me dio un leve golpe en el hombro intentando tranquilizarme.

-Miho, no se secretea cuando hay más personas en la habitación.-su madre parecía más pendiente a Miho que la mía, mi madre simplemente carraspeaba cuando hacía algo indebido.

-Sí, mamá.-sacó entonces unos papeles de su bandolera, con ellos comenzó a abanicarse y yo me pegué un poco intentando buscar un poco de aire.

-Pondré el ventilador, aunque pronto vendrá la reina de hielo y todo se congelará un poco.-escuché las palabras de Yutaka y supe que eran referencia a mi madre, me dolía que todo el mundo pensara así de ella pero era la verdad. Era una mujer fría en su aspecto, pero por dentro sabía que podía ser un volcán a punto de erupción.

-Clarissa.-balbuceó mi padre con un enorme tic en el ojo.- ¡Para qué demonios viene Clarissa!-gritó muy molesto.

-Sabe lo de Miho, creo que pasa olímpicamente del tema.-al decir aquello se vino hacia mi y me levantó del suelo, en peso, agarrándome del cuello.

-¡Te mato! ¡Jodido cabrón! ¡¿Cómo te atreves?!

-Mi...Mi...Miho.-estiraba el brazo intentando que ella me ayudara, era la que tenía más cerca.

-¡Atsushi!-gritaba y Megumi no sabía que hacer.

-¡Bestia! ¡Me lastimas!-le agarré el brazo de forma fuerte, pero es que era lo único que podía hacer. Él incrementó la fuerza de su agarre y yo perdía las mías.-Inútil.-dijo ella interviniendo.- ¿Qué no le dijiste que venia tu madre?-tanto Miho, como mi padre... y por supuesto yo, miramos hacia un lado y vimos la expresión de cera que tenía Megumi.

-¿Clarissa?-interrogó y Miho corrió hacia ella para tomarla del rostro.

-Sí, ella también viene.-entonces la agarró de las manos y la miró con cierta preocupación por la expresión de su madre.-No tienes que preocuparte de nada, no te hará nada.-decía en susurros arrodillándose frente a frente.-Lo hace y la mato.- “la mato” esa expresión tan Sakurai, tan nuestra, en sus labios se oía incluso dulce.

-Dime que pasa, anda, dime de una buena vez.-dijo tomando el rostro de su hija entre sus manos, soltándose del agarre de ella.

-Nada, no pasa nada.-comenzó a decir Yutaka con un tono de voz suave.-Sólo pensaron que era bueno ajustar cuentas.-tomó a mi padre por la muñeca y lo apartó.-Ven, yo te voy a relajar por el hotel y cuando llegue tu madre Hizaki...márcame al busca.

-Bestia... casi me aplasta las vértebras.-murmuré turbándome en el sofá mientras me sobaba el cuello.

Nos quedamos a solas y en silencio sepurcral. Creo que ni Miho ni yo queríamos decir nada, nada hasta que Uta estuviera cerca y pudiera echarnos una mano. Yo me sentía un inútil y más aún cuando escuché el timbre de la habitación. Al abrir estaba ahí mi madre con esos ojos glaciales y tras ella llegaban aquellos dos de muy buen humor, humor que se quedó cortado por la leve inspección que hizo mi madre.

-Bien tomad asiento, ambos tenemos que dar una noticia a nuestro padre y bueno.-carraspeé.-No quiero morir solo, ni ella tampoco, así que como el asunto es parecido en ambos...nos... Uta, tío Uta.-miré a Yutaka rogándole que me echara una mano.

-Serás... igual que tu padre cuando intentaba explicarle algo a Miho.-cuando dijo Miho supuse que era a mi abuela.-No los matéis, yo estoy con ellos en este asunto y es más estoy aquí por mero apoyo. Lo que van a decir no es tan duro... sólo quedaréis un rato en shock.-comentaba todo aquello mientras yo me preguntaba si mi abuela, estuviera donde estuviera, estaría orgullosa de mí. Uta se sentó al lado de Megumi y ella iba enterrando sus uñas en el sofá. El momento era tenso, muy tenso, y casi se podía cortar el aire con un cuchillo como si fuera mantequilla.

-Atsushi sostén a mi madre, que si me zafo de ella seguro que cae al suelo.-murmuró Miho mirándolos unos segundos.

-Gracias, así sólo nos van a matar.-mascullé a Yutaka quedando al lado de mi hermana e intentando tener un poco de valentía.

-Pues sí, tenemos que decirles algo.-dijo tomando las manos del que consideraba prácticamente su padre, nuestro tío-Pero que primero empiece Hizaki.-murmuró quitándose las gafas.

-No, querida no.-respondí bastante nervioso.-Soy todo un caballero y creo que tú primero.-estaba nervioso, no acobardado, simplemente tenía miedo que mi padre tuviera un infarto y que ellas se pusieran mal.-Primero las damas Miho.-cerré bien fuerte los puños y luego para liberar tensiones jugueteé con mi pendiente. Mi madre me miraba directamente a los ojos, aunque intentara bajar la cabeza sabía que me observaba.

-Idiota, si fue idea tuya.-respondió Miho prácticamente bufando.

-Hizaki o lo dices o te juro que mueres ahora mismo.-intervino mi padre agarrando bien a Megumi, porque parecía desfallecer.

-Ahí va...-suspiré tomando la determinación que ya era hora, no podía huir.-He dejado en estado a una chica y Miho también lo está de su novio.-cerré los ojos esperando un grito huracanado de mi padre, de esos que te peinan con solo una vocal.

-Pues sí, yo estoy embarazada de Eduart y ese inútil dejo preñada a una chica.-la muy cobarde se quedó detrás mía.

-Hiza.-balbuceó mi madre, sentía que había roto todos sus esquemas.-Hizaki.-susurró notando que intentaba controlarse, sus ojos lo decían todo pues en ese momento los abrí y la miré-¿De cuánto tiempo estamos hablando?

-Será niño, está de seis meses pero tranquila que no me pienso casar con ella.-en ese momento la cara de mi padre era un poema, podía recitarlo de pe a pa. Se llevó la mano al pecho intentando tomar aire y ahí vino el gran estallido.

-¡Yo os mato! ¡Hijos de la grandísima puta! ¡Yo os mato! ¡A ti y a Eduart! ¡Os mato a los dos! ¿¡Como se atreve ese idiota de casi cuarenta años dejar preñada a mi princesa?! ¡Joder! ¡Ese tio es un soberano gilipollas! ¡Me cago en su putísima madre! ¡Me lo cargo! ¡Y tú! ¡¿Qué estás diciendo?! ¡Te casaras con la chica y punto!-el Atsushi conservador se mezcló con el neurótico atolondrado de su juventud y dio una mezcla muy extraña y prácticamente letal. Yo, no podía pensar en nada. Creo que simplemente sentía que el mundo se abría bajo mis pies y el infierno me llamaba con una canción desfasada de guateque de los sesenta.

8/12/09

Estrés II


Mientras me vestía y terminaba de arreglarme la lluvia cesó, el solo apareció y poco a poco las escasas nubes que quedaban se marcharon. Hero dormía, no tenía clases y sabía que disfrutaba de esos días de huelga escolar. Cerré la ventana y eché las cortinas para dejarlo descansar, antes de irme besé su frente y le arropé mejor porque en casa siempre había corrientes de aire.

-Nos vemos después, eso espero.-dije apartando algunos cabellos que caían sobre su frente.-Cuidate mucho Hero.

Cerré la puerta mientras enviaba un mensaje de móvil a Miho, quería saber si estaba todo preparado y si ella se encontraba con fuerzas para lo que íbamos a hacer. A penas nos conocíamos como hermanos y ya estábamos dispuestos a morir el mismo día.

Su respuesta no se dejó esperar, ella también estaba impaciente y aterrada pero estaba con Yutaka. Estar con el tío Uta tranquilizaba a cualquiera, era algo irremediable, él daba buenos consejos y con unos abrazos te reconfortaba. Supongo que era una de las cualidades por las cuales mi padre quedó enamorado de él, o porque Miho se sentía tan unida a su tío. Yo, a decir verdad, siempre lo veía como un adolescente eterno y su aspecto también hacía pensar lo mismo.

Cuando entré en el parking de casa miré el móvil, tenía que llamar a mi padre. Preferí hacerlo nada más llegara al hotel. Quería saber si había visto el email de Yutaka, como mis mensajes al móvil, o los mensajes de Miho, recordándole que tenía que asistir. Todos estábamos nerviosos, sobretodo por él y por su corazón, era importante no darle demasiado fuerte al decirle aquello.

Una casualidad de la vida, una pura casualidad del destino, había hecho que sus dos hijos mayores le hicieran abuelo a la vez. Tres nietos quizás, o tal vez dos, que llegarían al mundo en unos meses y él aún no se había enterado. Tenía nervios, pensaba en Olivier durante el trayecto y en sus palabras.

Mi madre, mi madre lo tomaría a mal por no haber puesto medios en la cama y seguramente se preguntaría demasiadas cosas. Si bien, ya le había dicho que tenía algo importante que decirle y que sólo lo haría junto a mi hermana. Por ello iba más preparada que mi padre, mucho más, aunque con curiosidad y preparando la mirada desafiante al oír algo negativo, eso sin duda.

El tráfico era denso, no demasiado fluido, y yo me desesperaba. El sol pegaba fuerte y con el casco quería morir. Di gracias a que era de esos aerodinámicos que tenía pequeñas zonas de refrigeración, es decir para que corriera el aire por dentro del casco, pero si no me movía esas zonas no servían de nada. Miraba impaciente los cambios de los semáforos, las señales, los huecos para colarme y la forma en la que entrar el primero en las glorietas.

Nada más llegar al hotel me saqué el casco y jadeé, tenía el cabello empapado y nada más estar bien aparcado busqué una máquina de agua en el interior del gran hall. Fui al baño y la eché entera en la cabeza. Después de refrescarme me miré al espejo, lo que veía ante mí era un adolescente estúpido que había cometido un gran error pero que no se arrepentía. No sabía si eso me hacía estúpido o maduro. Yo quería ser padre, tenía ganas de que alguien dependiera de mí y poder sentirme importante.

Allí mismo llamé a mi padre. Mis manos temblaban con el teléfono móvil en mis manos. Creo que tuve que abrir varias veces la agenda hasta que pulsé su nombre. El tono sonó una vez, dos veces y la tercera fue la vencida.

-¿Qué demonios quieres?-interrogó.-¿Por qué tengo que ir hoy al Hotel? ¿Qué has hecho?

-Cuando venga el resto lo sabrás.-dije cerrando los ojos, intentando pensar en una escapatoria si todo salía mal.

Eso fue lo más relevante de toda la conversación. Creo que ahí se dio cuenta de que no estaríamos solos, que no era cosa de uno, y supongo que ya se intuía algo al ser llamado por Miho y por Yutaka. Los tres éramos cómplices, pero tan sólo dos éramos los que perdíamos.

Nada más salir del cuarto me fui a la habitación, más bien pedí la llave en recepción y subí. El trayecto en el elevador me hizo palpitar el corazón a mil por hora, creo que incluso sentí una leve claustrofobia. Pegué mi cabeza al cristal del espejo y suspiré, necesitaba llevar aire a mis pulmones pues los nervios me podían. Cuando salí del ascensor me metí en la habitación y puse un poco el aire acondicionado.

Me senté en el sofá meditando. Los recuerdos en mi mente se agolparon. Momentos con mi padre jugando en la playa, dibujos en la pared con su consiguiente regañina, los primeros pasos de mi hermano y sus primeras palabras, las magdalenas de Clara los domingos por la mañana cuando iba a la escuela y me las preparaba para el desayuno del lunes... como esos todos los momentos dulces de mi infancia, todos los que había compartido con mis padres y que yo quería compartir con mi hijo.

Estaba tan concentrado en lo que estaba meditando que cuando sonó el timbre di un brinco, rezaba porque fuera Megumi, Yutaka y mi hermana; pero no todo lo que deseamos en esta vida se cumple, más bien nada. Al abrir la puerta vi la figura imponente de mi padre, me hice a un lado y entró sentándose en uno de los sofá.

-Pide un refresco para cada uno, necesito algo que calme la sed que traigo.-dijo al finalmente para levantarse e ir al aseo.

-De acuerdo.-prácticamente balbuceé. Se olía algo, estaba algo nervioso y lo había notado.

Aún cuando él estaba dentro llegaron el resto, mi madre aún no llegaba a la cita y eso era extraño. Abrí la puerta y los dejé pasar para que se acomodaran. Prácticamente no me dio tiempo a nada, tan sólo a llamar al servicio y a notar que el aire acondicionado no funcionaba.

-Pasad.-dije caminando hacia dentro de la habitación.-Aún falta una invitada ¿queréis algo de tomar?-pregunté antes de que llegara el servicio para incrementar los refrescos que deberían subir.-Oye piernas largas, si sobrevives tú... dile a Oly que quiero un hermoso ataúd decorado por él.

-Venga, que no será tan malo. Os golpeará, seguro, y no será el único. Pero es una buena noticia.-Uta se veía muy convencido de lo que pasaría y no pasaría.

-Si serás idiota, pero de acuerdo, si esa es tu última voluntad se la haré saber por cierto...-se quedó callada unos instantes meditando.-Quisiera que me dejaras de herencia la moto de día que te conocí-dijo sentándose en una de las sillas para quitarse la chaqueta, de tela, que llevaba.-Y sí, es buena noticia…-murmuró mirándome directamente a los ojos.-De que el viejo se infarta, ¡se infarta!

-Buenas tardes Megumi, un gusto conocerla. Más bien un placer.-besé su mano y me comporté como un caballero, luego me acerqué a mi hermana y la codee.- ¿ves? tengo modales, no como tú marimacho.

-Un gusto Hizaki-respondió Megumi un tanto sorprendida por el beso de su mano.

-Deja de llamarme marimacho, mocoso.-dijo con uno de sus instintivos movimientos de macho. No podía evitarlo, mi hermana era atractiva pero todo un hombre en ese sentido.

-Veo que te llevas bien con tu hermano.-Megumi parecía una autentica dama de clase alta, más que de clase alta de otra época. Su forma agradable de hablar, su forma de expresión y toda ella le daban una imagen impresionante. Entendí a papá en ese mismo momento. Cualquier hombre, de cualquier nación, caería ante ella.

-Algo bueno debe de tener este inútil para que me caiga en gracia.-se levantó de nuevo para ir a la cocina y servir agua a su madre.

-Hizaki, deberías decirle al servicio que ya tardan con mi refresco.-comentó mi padre entrando en escena. Estaba con el cabello empapado a lo sexsimbol, una buena entrada supongo.

-Dijeron que traerían. Se agotaron, pero que traerían. Comprarían donde fueran, ya que tú eres uno de sus mejores clientes.-decía quedándome cerca de Yutaka como si eso fuera a librarme de la reprimenda.

-¿Qué hace ella aquí? ¿Qué encerrona es esta?-preguntó bastante desconcertado y molesto, al menos esa es la impresión que me causo y no fue nada buena. Temía que me cortaran en trocitos en ese mismo momento o que me hicieran desaparecer con unas hermosas botas de acero.

-Miho y yo tenemos algo que decir, algo importante, pero aún falta alguien más.-no me dejó ni hablar más, me agarró de la camiseta y me miró directamente a los ojos. Esos ojos asesinos que te hundían en la miseria, daban realmente miedo.

-Dime que no es ese maldito bastardo, dímelo.-agaché y negué con la cabeza, sabía a qué bastardo se refería y yo con Lexter hacía tiempo que no quería saber nada.-Bien, porque hoy he tenido un buen día y si veo a ese maldito musculitos lo usaré de saco de boxeo.-entonces me dejó en paz y se fue hacia Megumi.-Te queda muy bien esa blusa, si me lo permites.-besó su mejilla y se acomodó a su lado.

-¡Hola Atsushi!-esa hiperactividad en aquella mujer me hizo gracia-Gracias por lo de la blusa, me gusta mucho y la compré hace unos días. Es perfecta para el calor, no llevo mangas y veo que tú te estás ahogando.-rió bajo mirándonos a todos, sabía que nosotros nos moríamos de calor.

-Sí, yo también se lo dije al verla.-murmuró Yutaka aunque juraría que estaba babeando por otra camisa, la de mi padre, y por el cuerpo que ocultaba.

-¿Tardará mucho esa persona?-preguntó por mi madre, temía mi hermana a mi madre y eso era normal.- ¿Si le dijiste que era hoy verdad?-susurró en un leve ruego y yo simplemente asentí.

-¿Alguien más va a venir?-su madre parecía desconcertada, pero aún así actuó como toda madre actua.-Miho, quítate las gafas. Estamos en una habitación cerrada, no deberías de usarlas.

-Me gusta así, pero luego me las quito.-resopló.

-¿Quién vendrá? ¿Ese novio nuevo tuyo?-a mi padre por ese entonces no le agradaba Olivier, creo que era más que evidente. Llamaba novio a Olivier, aunque sabía que sólo éramos amigos. Lo decía de esa forma para incomodarme y como burla, jamás pasaba por su mente que termináramos juntos. Supongo que era porque mi madre era la “segunda” madre de Oly.

-Yo lo conozco, hablé con él antes de saber que era el chico de Hizaki. Lo vi aquí hace algún tiempo, tomándose algo en la cafetería.-ese comentario de Yutaka tuvo una ligera mirada de recriminación por parte de mi padre.

-¡Queréis dejar de hablar de mi zanahoria!-mierda, se me acabó escapando y no había vuelta atrás. Todos habían escuchado ese estúpido nombrecito que tenía para mí.

-He escuchado motes tontos de parte de tu padre, pero ninguno como ese.-las carcajadas de Uta eran tan sonoras y contagiosas que todos terminaron secundándolo.

-Iros a cagar los dos.-resoplé bien alto porque me indignaba.

-Yo también lo conozco.-Miho intervino carcajeándose aún.-Es todo mono, pero sobretodo hace diseños muy buenos.-eso tuvo reacción en Megumi y casi salta sobre ella.-Un día de estos, si a Hizaki no le molesta, te llevaré.

-Sí, claro.-sonrió, aunque parecía molesto aún. Lo había hecho tal vez con sarcasmo, con mi padre nada se sabía.

Yutaka se sentó al lado de mi padre aferrándose a su brazo mientras se calmaba, parecía totalmente abstraído de lo que sucedía.

-¿Diseñador de moda?-gruñó bien fuerte porque sí, era Olivier y no era sólo un amigo y ya era uno más uno...no había que ser muy listo para darse cuenta.

-Sí.-dije intentando no agazaparme.-Pero no es mi chico, es un amigo.

-Dime que no es el amiguito de tu madre, ese diseñador al que fuisteis a ver el otro día... ¡Santo Dios Hizaki!-gritaba mientras me agarraba de la camiseta y tiraba de mí, yo simplemente ponía un pie sobre su pecho deseando que no empezáramos a pelearnos frente a todos.

-¡Es amigo de mamá, pero te juro que no se parece a ella!-mi padre jamás me puso la mano encima, pero me acojonaba con esos movimientos bruscos.

-Ya van a empezar con sus juegos de críos.-escuché de lejos a mi hermana.-Tu viejo, compórtate como lo que eres y tú.-dijo mirándome con aquellas enormes gafas de sol.-Tú si que no tienes remedio.-me levanté y fui hacia ella quedando a su lado, me dio un leve golpe en el hombro intentando tranquilizarme.

11/11/09

Marimacho a la vista XXI


-¿Y qué quieres que se entere cuando te vea con un bombo tan grande que no quepas por la puerta?-interrogué asintiendo.-Papá, mira me picó una abeja enorme.-dije de forma irónica.-Por dios Miho que no es idiota ni chochea.-comenté intentando colocarme bien la chaqueta, quitarle la leve arruga que le había hecho.-Además yo cuando tenga el bebé ¿Dónde lo voy a meter? ¿Me voy bajo un puente? Hay que decírselo a los tres, por eso creo que la más calmada es mi madre.-realmente era una mujer serena, a pesar de sus pequeños lapsus de ira que hacía de forma privada. Todos teníamos un límite, y su límite era cuando le contaban cosas de mi padre o le comentaban lo feliz que lo veían.-Aunque con sólo una mirada me pondría pelotón de fusilamiento.-me imaginé sus ojos glaciares, sus labios apretados levemente y una de sus finas cejas rubias alzada como pequeña antena.-Miho, no la conoces, me da más miedo que mi padre ella piensa de forma fría todo.

-No pero...-murmuró contrariada.-Él dijo que no quería estrés ni preocupaciones.-temblequeaba un poco, no demasiado pero era notable.-No quiero que le pase nada, deberás que no.-eso era predecible, nadie quería ver sufrir a un padre aunque lo conociera de hacía poco.-Pero tienes razón es mejor que lo sepan de nuestras bocas y no de terceros.-entrecerró los ojos y suspiró.-Con eso me refiero a cierto yakuza que anda tras nuestro padre.

-El bocazas.-comenté.-Ese tipo si lo agarro lo dejo muerto.-me crucé de brazos algo molesto. Había dado informaciones a mi padre sobre ella y sobre mí, con tal de molestar era capaz de cualquier cosa.-No sé porqué el resto del mundo no hace su vida como lo hacemos los demás. ¿Y qué si tu madre lo rechazó? ¿Y qué? Debería de darse por vencido, es un perdedor amargado.

-No me se la historia.-respondió.-Realmente no me la sé, pero yo también le traigo ganas...-todo el mundo tenía ganas de acribillarlo.-Le pediré a Sam que me diga donde es su guarida, claro sin que el viejo y Eduart se enteren.-Sam era el novio del hijo de Eduart Josep, todo el mundo lo llamaba Josep menos ella y a veces era un cacao aclararse si hablaba del hijo o del padre.

-Creo que le cambiaré el nombre de zanahoria a tomate.-dije observando a Olivier ya dando el último saludo antes de marcharse con el resto hacia la fiesta.-Fíjate lo rojo que va, todo porque tiene que lucirse en la pasarela. Espero que no se tropiece, porque esta vez no caería en un pequeño desnivel.

-¡Al After!-gritaron todas estrujándolo. Cualquier heterosexual hubiera dado millones por su posición privilegiada.

-Miho, tengo que ir a ver a Olivier.-dije levantándome.- ¿Llamas a Eduart? ¿O te pido un taxi?-pregunté antes de besar su mejilla.-Lo siento, siento tener que largarme... pero quiero saber qué me tenía que decir.-salí casi corriendo, sabía bien donde estaría.

Aquello estaba infectado de modelos, todas me miraron de nuevo y comenzaron a cuchichear. Yo simplemente quería verlo a él, me había largado del lado de mi hermana por buscarlo y saber qué tenía que contarme. Entonces una lluvia de zapatos se dirigieron hacia donde estaba y tuve que cerrar la puerta para resguardarme. Ahí estaba yo mirando de lejos a mi hermana hablar por móvil y me despedí de ella con un gesto de mi mano. Cuando abrió me quedé clavado observándolo, era mucho más delgado de lo que recordaba. Llevaba una camisa ajustada con una sola manga de color negro junto a unos jeans. No podía evitar mirarlo como un idiota.

-Listo.-dijo con una sonrisa.-No he podido arreglarme como quería.-tenía un maletín entre sus manos, como una pequeña bolsa.-Se ponen así siempre, no te fijes.

-Pero si he visto a mi madre dar de mamar a mi hermano y te juro que me resultaba más erótico que ellas.-dije acogiéndome de hombros.-Ahí sólo fui porque me interesabas tú, no ellas.-sonreí y le miré.-Estabas muy rojo en el desfile, creí que tropezarías de nuevo.

-Por eso me toman las manos, para evitar que me caiga.-bromeó sacando la caja de su maletín.-Toma... tu regalo.-dijo muy sonrojado.-Lo encontré en Paris.-susurró nervioso.

-Te dije que sólo te quería de vuelta de una pieza, no debiste comprarme nada.-miré el paquete y le quité el papel con facilidad para luego observar lo que había dentro. Una sonrisa canalla se dibujó en mis labios.- ¿Sabías que los Sakurai's somos fetiches en esto?-interrogué colocándomelo.- ¿Qué tal me queda?-pregunté mirándolo fijamente, observando cada detalle detenidamente. Me lo comía los con los ojos aunque no se diera ni cuenta.

-Queda como pensé.-esa dulce sonrisa con ese maldito acento me hacía caer como un idiota a sus pies.-Quedaría genial en tu video...bueno, si crees que sea conveniente.-murmuró y luego miró a ambos lados buscando a alguien.- ¿Y tu hermana? ¿Subirá al alter?-preguntó con un movimiento algo femenino al colgarse el pequeño maletín al hombro.

-Su querido maridito vino a por ella, un día amanecerá muerto porque mi padre se enterará de que está embarazada y créeme.-dije sonriendo de lado.-Sabe de su existencia hace unos meses pero ya es su princesa, y a su princesa no se le toca.-reí a carcajadas.-Aunque bueno yo actuaría igual.-de hecho había actuado como mi padre al verlo.-Si me permites preguntarte ¿por qué decías que tenía que perdonarte?

-Fui grosero con tu hermana.-masculló.-No me gustaría que se llevara una impresión incorrecta de mí por eso.-parecía totalmente avergonzado y yo simplemente sonreí, sabía que la marimacho no se enfadaría con él por ello.-¿Subimos?-interrogó haciéndome una seña hacia las escaleras que daban a la parte superior del teatro, la que usualmente se destinaba para actos culturales de otro tipo y audiencias.- Pondrán buena música y me muero de ganas de bailar.-sonrió como un maldito crío echando a correr hacia la fiesta.

-Espera.-dije tras él, tenía miedo que diera un traspiés. Su tobillo no tenía que estar bien del todo.- ¿Bailarás conmigo no?-lo agarré por detrás en el final de las escaleras.- ¿Verdad que no podrás hacerme ese reproche?-pregunté haciendo rozar mis labios con su oreja. Algunos nos miraron, pero estaba acostumbrado a dar la nota.

-Esta música se baila solo.-respondió apartándome para ir hacia sus amigos. Todos aquellos eran personas de su medio e iba de un lado a otro besando a todo el mundo. Si hubo alguna vez en la que me sentí especial junto a él se desvaneció en ese momento, era más cariñoso con ellos que conmigo.- ¡Ven Hizaki!-dijo indicándome que fuera tras él.

Suspiré caminando tras él, observándolo y observando a todos como lo haría un león en su territorio. Me faltaba rugir para conseguir aterrarlos aún más de lo que lo hacía una simple mirada. Sonreí cuando me llamó, indirectamente olvidaba todos mis celos porque él me hablaba a mí y no a otros. Él se bebió rápido la bebida que le ofrecieron y yo simplemente suspiré. Después nos marchamos a por otra para él y algo para mí, él pidió por mí pero yo no quería beber. Deseaba estar con él y ya. Era mi oportunidad de hablar, de que me conociera y poder al menos volverlo a besar como se debía.

-¡Mira! ¡Claude!-indicó señalando a un hombre al otro lado de la pista con una mujer con un cuerpo increíble. Él corrió para abrazarlos a ambos, besarlos y yo como idiota fui tras él.

Lo vigilaba bien de cerca, se estaba emborrachando y con su constitución caería en una borrachera monumental. Y el inmaduro era yo... eso se suponía. Iba tras él y lo tomé de la cintura alejándolo un poco.

-¿No crees que llevas ya bastante? aminora el ritmo.-dije intentando que no se molestara. Puse mis manos en su rostro.-Dios mío, tienes las mejillas rojas ya.-reí bajo.-Te ves curioso de esta forma, más sexy que antes incluso.-no podía parar de halagarlo, me gustaba.

-¡Mentiroso!-dijo tras arrugar su nariz para después sonreír dándome su vaso vacío.-Muero de calor.-masculló.-Consígueme algo frío ¿sí?-pidió sonriendo para después seguir saludando y bailando.

-Y yo soy el crío, soy el crío.-me repetía ya verbalmente, creo que mentalmente ya no hacía efecto. Fui a la barra y conseguí uno de esos que se tomaba, total si se emborrachaba lo llevaría yo a casa. Para mí ese era el plan. Podía tener a solas unos minutos y tal vez poder abrazarlo o que se abrazara a mí. Sé que suena feo contándolo de esta forma, pero todo hombre tiene un límite y yo lo había traspasado. Fui hacia la barra y pedí una Mimosa, al regresar estaba botando con aquellos dos.-Deja de botar y toma.-aquel hombre con su mujer me miró fijamente, yo únicamente me quedé serio tras revolotear los ojos.
Entonces fue el colmo de todo aquello, de momento. Estaban cuchicheando sobre mí, porque esas miradas eran en mi dirección y yo me sentí escrutado. No me gustaba que hablaran de mí en murmullos y mucho menos frente a mi cara.

Me fui a la barra a pedirme un Malibú con zumo de piña, eso era leve. Así no tendría tanto alcohol. Dos copas, que ni dos copas porque de la otra solo bebí un trago, sería suficiente para conducir. No me quería matar por las responsabilidades que iban lloviéndome del cielo. Volví junto a él dando un trago e intentando templar mis nervios.

-Oye Olivier ¿podemos hablar?-interrogué y él iba brincando sin hacerme caso. Durante esos días me imaginé todo bastante distinto, pero tenía un panorama algo esclarecedor.

-Si no te hace caso, yo sí.-dijo un chico, seguramente un modelo. Era rubio, ojos azules, piel clara y bastante delgado. Tenía estilo al vestir y porque no era atractivo.

-No, no hace falta.-dije girándome de nuevo hacia Olivier, observándolo mientras deseaba tener una oportunidad. Quería protegerlo y mantenerlo a salvo de todo aquello.

-Anda, si lo hago gustoso.-se pegó a mí bailando conmigo y yo terminé bailando, pero no quitaba ojo a Olivier... ni un poco.

9/11/09

Medidas del alma XII

¿En qué estaría pensando Lee Jun Ki? XD



-No hay problema, que coma todo lo que quiera.-dijo supervisando el maquillaje de una de las modelos, no querían que recargaran demasiado algunas zonas.-En estos eventos las personas a penas comen, da gusto que ella disfrute de la comida que hay preparada. Así no se tirará tanta, por lo tanto que coma lo que le apetezca.-se giró hacia mí algo serio, como amedrentado.-Empezamos en unos minutos, si quieres puedes llevarla a su asiento y tomar tú el tuyo.

-¿Podría hablar contigo un momento?-dije esperando que aceptara. Quería hablar con él, saber cómo estaba de salud ya que me preocupaba. Aquel supuesto mareo no me dejaba descansar. No me había dado su teléfono, así que preguntarle a una asistenta no me motivaba en absoluto y tampoco podía pedir su número como si nada.

Me miró, miró su reloj y se giró hacia las chicas. Estaba dudando, pero asintió. Se marchó hacia una de las asistentas que había visto antes en su casa. Me indicó que fuera hacia uno de los cambiadores, tan sólo un biombo y nada más.

-Dime ¿qué pasa?-preguntó quitándose el cabello de la cara.- ¿Te he enojado por el regalo verdad?-no me podía enojar por eso, era imposible molestarme por esa memez. Además no me esperaba nada de su parte.-El verdadero regalo te lo daré luego.

-¿Regalo?-interrogué confuso.-No es eso.-dije y tomé el mechón rebelde que se venía hacia delante para colocárselo tras la oreja.-El otro día me dejaste preocupado.-comenté tomándole del mentón para que alzara su mirada hacia mí.-No he podido contactar contigo, quería saber si ya dejaron de aparecer mareos.-sonreí de forma dulce, aunque con ese toque canalla que tenía por culpa de los genes.-Soy una chuleta, pero no sé que haría si mi guarnición.

-Me he portado muy grosero.-estaba algo avergonzado, sus mejillas estaban algo sonrojadas.-Tu hermana es linda.-masculló.-Tienen buenos genes, aunque tú eres un poquito más exótico...la mezcla supongo.-aunque nunca se lo pregunté a mi hermana, sabía que ella no era cien por cien japonesa.-¿No te has enojado conmigo?-aquellos ojos de cachorrillo me decían que se sentía realmente mal por el pequeño desplante, esas huidas.-Fue el estrés, estos eventos me ponen nervioso.-era un evento benéfico, quizás temía no hacerlo lo bien que mi madre deseaba.

-Nunca me molestaría contigo.-susurré acariciando su rostro, me estaba aguantando las ganas de besarle. No quería molestarlo de nuevo con mis ganas de tenerlo para mí.-Gracias por llamarme indirectamente guapo.-comenté tomándolo de la cadera con una de mis manos.-Pero tú más que guapo eres apetecible, eres atractivo y dan ganas de besar esos labios al mirarme de esa forma. Te dije que amigos, por eso me reservo las ganas de besarte.-ya había hablado de nuevo demás.-Lo siento, yo si soy un grosero.

-Hizaki... no.-dijo sonrojado echándose hacia atrás e intentando desviar la mirada.- Tengo que regresar, me están esperando para empezar. Se marchó saliendo a prisas de detrás de aquel biombo. Se puso a mirar a las chicas, pero estaba frenético y sonrojado.

Salí tras él y pasé por su lado, algunas modelos me miraron fijamente... pero el otro yo ya no existía, las hubiera chequeado por completo y ahora sólo miraba a él.

-Perdóname por lo que he dicho ahí dentro.-dije antes de empezar a caminar hasta la sala.

-No.-dijo corriendo detrás mía.-espera.-me alcanzó al final y algunas chicas le miraban.-No te enojes, por favor. Perdona mis groserías.-estaba angustiado y no sabía porqué, realmente era más difícil que las chicas.-Por favor, quería que la pasaras bien en este evento.-masculló.-Que pudieras ver mi trabajo, porque eres también cliente mío ¿no?-lo miré fijamente cuando dijo eso, iba a decir algo más y él bajó la cabeza.-Olvídalo.-chistó.-En el alter hablamos ¿de acuerdo?

Puse mis manos sobre sus hombros y sonreí.

-Anda Zanahoria ve y deslumbra con tu ingenio. Deja de preocuparte, después del evento Miho se marchará porque me temo que su novio aún estará fuera... hablaremos ¿de acuerdo?-tenía que regresar con ella, la había dejado frente a una fuente de comida inmensa y temía que se terminara empachando.-Eres muy especial, no olvides eso, no podría enfadarme con alguien como tú.

Me besó en la mejilla y se marchó corriendo hacia las modelos para prepararse. Yo me marché junto a Miho que se encontraba bebiendo zumo de uva. La llevé hacia los asientos que teníamos destinados a nosotros, era de los más cercanos al escenario donde iba a contecer todo. Me sentía mejor que nunca, él parecía aproximarse un poco más a mí y a mis deseos.

-Luego me explicas como eres capaz de tragar tanto y que no se note... ahora miremos modelo, si te gusta alguno te lo compro.-dije terminando de acomodarme.-Tendrás que ir al médico para que te de una dieta sana para ti y el bebé, Lee Anne la sigue.-dije sonriendo y viendo como empezaba todo.

-Eso es secreto.-dijo comiendo el último canapé.-Y con lo de la dieta...-masculló dándole un trago al zumo.-Primero veré si el embarazo viene por oferta.-se refería a si eran gemelos o no.-Si es sólo uno haré cualquier dieta, pero si son dos tendré que ver que tipo de dieta es la indicada para un embarazo de gemelos.-dijo tomándome del brazo mientras curioseaba el ambiente.-Bueno ya que no estoy con Eduart quiero que me compres un modelo alto, de cabello y ojos oscuros con una piel blanca cual vampiro aunque.-masculló alzando un dedo en el aire.-Si me consigues un Lestat será mejor.

-Hay un Lestat en la ciudad.-comenté.-Es actor, trabaja como tal. ¿No has visto su actuación? te gustan los vampiros pero no vienes al teatro...-sonreí y entonces pensé una idea.-Perfecto, compraré entradas para cuatro, dos para ti y dos para mí. Yo vendré con Oly, tú me dices el día que quieres venir con tu maridito.-no quería cita doble porque mataría a su pareja, quería estrangularlo aún.

-Me gusta la idea, surque que le incomodas más a mi “maridito”-dijo desviando la mirada hacia un modelo, de los pocos masculinos que había en el desfile.

-No será doble, no puedo quedar con tu maridito sin golpearlo.-musité mirando hacia donde miraba ella.-Y lo de la dieta es para que no te enfermes, que no suba el colesterol y todos los problemas que conlleva estar embarazada.-cada chica era más espectacular que la anterior.- ¿Ves alguno interesante para ti o para Megumi?-interrogué cerca de su oído.-Aunque os compraría uno personalizado, quedar con Oly y que os diseñe la ropa.

-He visto varios para Megumi, pero hubo uno que me gusto mucho.-me había fijado en cual decía, era uno rojo con encajes y algunos acabados en negro.-Pero no se si pedírselo, pronto no me quedará.

-Podemos pedirle ropa premamá ¿qué te parece?-dije con una sonrisa.-Y no pienso hacer cita doble, ni de coña.-repetí lo de la cita para que se hiciera a la idea.-Vosotros por un lado, nosotros por otro. Porque si vamos juntos terminaré matándolo.-miré los dos únicos trajes que había de hombre que volvían a desfilar entre aplausos.-Oly hace muy pocas cosas para chicos, lo ve aburrido... sin embargo, hizo como doce diseños en tres días para mí.

-Es que la ropa de maternidad no es lo mío... No es de mi estilo...-dijo desviando de nuevo la mirada hacia el modelo.-Y con lo del teatro...-susurró.-Sí estaría bien así, hace dos meses Eduart dijo que me llevaría al teatro.-murmuró.-pero tanto trabajo lo agobia y presiona.-era normal para un tiburón de las finanzas.-Yo estoy toda cortante con él...

-Oye, no te pongas así.-musitó un hombre que la comía con la mirada, muy atractivo y de las características que ella misma había pedido para un modelo.

-Tú deja de intentar ligar con una embarazada.-dije algo molesto, por no decir bastante. El hombre escuchó embarazada y casi se echa para atrás.-Miho.-me había girado hacia ella y la tomé del rostro.-Anda, anímate.-comenté.-Eso según sé le pasa a todas, mi madre repelía a mi padre un tiempo cuando estuvo de Hero.-era poco lo que recordaba, pero algo así sucedió y si no era de ese modo al menos la animaba.-Es normal, incluso que te de fatiga su crema de afeitado. No sé porqué, pero a muchas embarazadas le pasa o eso creo.-había estado leyendo cosas sobre el embarazo, quería informarme y pensaba que de esa forma encontraría la solución a todos los llantos de un bebé. Después supe que es todo experiencia y no había nadie con más experiencia que mi padre o mi madre.

-Sí, pero el viejo sabía el porque ese rechazo y Eduart no...-murmuró.-Haber si el tiempo se pasa rápido y llega su cumpleaños para decírselo de una jodida vez.-rió bajo al final casi con pequeñas carcajadas.-Al parecer, estas más informado que yo.-dijo golpeando con palmaditas mi espalda.-serás mí guía, te guste o no.

-Ah no, te leerás todas las malditas web, revistas y libros que estoy leyendo yo. Es necesario que conozcas todo. Además, ya estoy cambiando pañales con Jun, me sirve para aprender. Quizás le pida a Oly que se venga conmigo el sábado, papá me lo va a dejar todo el día. Ya sabes, deseos o impulsos de Phoenix de que tienen que salir al campo, al lago o que sé yo.-para mí era una excusa para follar, hablando con claridad, y como conejos en la casa sin el niño delante.

-¿Qué? ¿A caso quieres que mi regalo de cumpleaños hacia Eduart se arruine? Mejor... nos vemos un día y me explicas todo bueno...-hizo un inciso suspirando.-Casi todo, la cambiada de pañales se la dejo a Eduart.-ella podía decir eso, pero yo no.-De lo demás me encargo yo y con lo último...-frunció leve el ceño y luego sonrió.-Haber que día el viejo me presta a Jun...-todos queríamos a ese niño, era demasiado dulce y con mucha personalidad.-Quiero que conozca a cierto greñudo que no veo desde hace mucho.

-¿El Amaury ese?-¿qué otro greñudo podía ser?

-Sí, ese mismo.-declaró.

-Mal encarado y tan chulo que un día nos dimos de hostias hasta que terminamos medio muertos en el suelo ¿ese Amaury?.-resoplé.-No me conoce y proclama que soy un señorito... pero la patada en los huevos se la di... claro que él me jodio la boca.

-Ni digas, que si no fuera por el manco de su pareja ahora lo tendrías de yerno.-estaba algo sonrojada aunque se reía, intentaba hacerse aire con la mano.-Quisiera ver una pelea entre ustedes dos...-comentó.-Haber quien se rompe la madre primero.-

-Tan sólo dale este recado... la próxima que quiera robarme que recuerde que sé tantas llaves como él.-mi rostro se puso serio, ese maldito proscrito me tocaba la moral, pero al oír manco.- ¿Está con un tío? ¿Es gay?

-Vale, vale...-dijo entre carcajadas, todas las mujeres la miraban fijamente.-Yo le daré tu recado y no te diré nada de Amaury, no te concierne, es mi amigo y no ando divulgando la vida intima de mis amigos, que te quede claro eso.

-No, espera has dicho manco y por lo tanto tiene novio. El maldito no paraba de acusarme de marica, esta se la debo.-dije alzando una ceja.-Te juro que se la debo.

-Y como buen Sakurai, iras por venganza.-movió su cabeza como si fuera una negación en toda regla.-En verdad no tenemos remedio.-murmuró.-Pero haber si es cierto.-añadió con una sonrisa macabra, muy al estilo familiar.-Yo apuesto a favor de Amaury.

-Muy bonito, pero que sepas que yo sé pegar mejor que él.-el acto había terminado, observaba a Olivier desfilar sobre el escenario para recoger los aplausos. Entonces comencé a notar vibrar mi teléfono. Cuando lo vi era Eduart.-Toma princesa, tu principito te llama... principito castrado dentro de nada.

-¿Hum? ¿Qué querrá? De seguro presiente que ando en malos pasos y todo por tu culpa.-dijo abriendo el teléfono tras mirarlo un instante.-¿Aló?-preguntó.-Estoy bien, gracias por preguntar.-murmuró mirando sus uñas como lo haría una gata.-Me alegra que te preocupes por mí.-yo babeaba mientras ella hablaba. No paraba de admirar a Olivier y también de husmear a los demás, no quería ver ningún cretino a su alrededor.-No sé cuando vaya a regresar, pero lo más seguro es que tarde y que Hizaki me lleve a casa de mi tío.

-No seas tan seca, me da hasta pena.-dije al escuchar la conversación.-Olivier quiere hablar conmigo luego, es mejor que venga a recogerte él aunque me joda.-comenté.

-Eso me lo hubieras dicho antes.-me fulminó con la mirada, pero yo dirigí la mía con un brillo de adolescente hormonado hacia el escenario.-Cambio de planes, Hizaki acaba de decirme que no podrá llevarme a casa de mi tío ¿crees poder venir tu por mi?-interrogó quedándose un tanto ausente, yo estaba también pendiente de ella aunque pareciera centrado en Oly.-No puedo irme antes, Hizaki me invito por algo y...-hizo un inciso.-Aún no se da la oportunidad de que ese algo se pueda hacer.-ese algo era hablarle bien de mí a Olivier.-Te llamaré antes de que termine mi labor aquí ¿vale?-entonces vino el momento cursi, hubiera dado millones por tener la cámara.-Te amo.-sus ojos se iluminaron como los de una muñeca de anime y multitud de corazoncitos imaginarios aparecieron a su alrededor.

-Ohhhh que bonito, un te amo después de castrarlo.-dije y entonces guardé mi móvil.-Ah, tengo que pasarte el móvil otro que tengo igual a este. Compré uno y me regalaron otro, pero Hero no es para andar aún con móvil ¿lo quieres tú?

-Ya te dije que quiero que su cumpleaños llegue pronto...-se mordisqueaba el labio inferior.-No me gusta ser así con él.-suspiró de forma pesada y después se quedó reflexionando sobre mi oferta.-Móvil... Móvil nuevo.-mumuró.-El que tengo se ha convertido en el juguete favorito de Noir.-sí, era típico eso en los gatos. Cheshire amaba juguetear con el móvil de Phoenix cuando estaba en modo vibración ya que se iluminaba de forma violácea incluso.-No me vendría mal otro...-sonrió y asintió.-Vale, lo acepto gustosa.

-Perfecto, cuando quedemos en unos días para ver a nuestras madres y papá... porque pienso hacer suicidio frente a los tres... Ya que tú dirás lo de tú embarazo y yo lo de Atsu Junior... te lo daré, será mi herencia porque a ti papá no te mata, pero a mí sí. Conociendo a mí madre me mata ella primero con sus rayos láser congelantes.

-¿Los tres juntos? No crees que es algo... ¿Drástico?-dijo intentando tomar aire.-¡Tú estas loco!-gritó y algunas personas nos miraron fijamente.-De tanto golpe que te han y has dado.-añadió dándose aire.-Y bueno…-murmuró.-Yo no sé cómo lo vaya a tomar mi madre, ella piensa que jamás cometeré el mismo error que ella.-se llevó las manos a la cabeza y la movió.-Tal vez sólo se decepcione.-añadió algo más calmada.-Creo que eso es peor a que tus padres te maten.-murmuró.-Espera....-me agarró de la chaqueta e hizo que la mirara a los ojos.-¿Pretendes que le digamos semejante cosa al viejo? ¡LO VAMOS A MATAR!-todo el mundo nos miró raro e incluso algunos se alejaron como pudieron de nosotros.-Yo no quiero matar al viejo... No ahora que ya le tome cariño.-eso era nuevo, que dijera que tenía cariño a nuestro padre.

-¿Y qué quieres que se entere cuando te vea con un bombo tan grande que no quepas por la puerta?-interrogué asintiendo.-Papá, mira me picó una abeja enorme.-dije de forma irónica.-Por dios Miho que no es idiota ni chochea.-comenté intentando colocarme bien la chaqueta, quitarle la leve arruga que le había hecho.-Además yo cuando tenga el bebé ¿Dónde lo voy a meter? ¿Me voy bajo un puente? Hay que decírselo a los tres, por eso creo que la más calmada es mi madre.-realmente era una mujer serena, a pesar de sus pequeños lapsus de ira que hacía de forma privada. Todos teníamos un límite, y su límite era cuando le contaban cosas de mi padre o le comentaban lo feliz que lo veían.-Aunque con sólo una mirada me pondría pelotón de fusilamiento.-me imaginé sus ojos glaciares, sus labios apretados levemente y una de sus finas cejas rubias alzada como pequeña antena.-Miho, no la conoces, me da más miedo que mi padre ella piensa de forma fría todo.