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15/4/10

Volvernos a encontrar II


-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

-No eres el apropiado para darme clases.-gruñí deseando golpearlo.

-No lo soy.-dijo parándose en seco.-Pero ten en cuenta que he experimentado lo que es el dolor de perder a quien amo.-se giró y me miró cara a cara.

-Eres un hijo de puta que no siente nada, que no te importa nadie.-apreté más los puños, estaba tenso y él parecía tranquilo. No había pizca de dolor, miedo, furia o cualquier otro sentimiento que delatara en sus movimientos.

-Soy un bastardo que jugó contigo y con tu madre. Un hijo de puta que delató a tu padre frente a tu madre. El mismo cabrón que te dijo te amo cuando no sentía nada más que ganas de venirse bien dentro de ti. Ese mismo. Pero a la vez me enamoré de ti. Quería estar contigo sí o sí. No sé porque fui tan idiota de hacer la doble jugada, tal vez porque primero me gustó tu madre y luego me gustaste tú. Eras un mocoso bastante apetecible que se mostró virginal y descolocado cuando le besé la primera vez.-sonrió de lado haciendo un breve inciso, pero yo ya no quería escuchar más.

Me fui hasta él y le golpeé duro en el rostro. Comencé a pegarle lo más fuerte posible. Me eché sobre él golpeándolo una y otra vez. Quería destrozarle el rostro, que ni su madre lo reconociera. Estaba frenético golpeándolo. Él intentaba pararme pero no podía. Cuando me di cuenta estaba totalmente magullado escupiendo sangre. Vi como echaba dos de sus dientes al suelo de aquel mirador.

-¡Vuelve a decir algo más y te juro que te reviento la cabeza!-grité molesto y él simplemente me tomó de la cintura.

-Al menos he conseguido alguna reacción en ti.-susurró llevando una de sus manos a mi rostro, tomándome por el mentón.-Esto y más es lo que me merezco.

-¡Déjame!-gruñí apartándome de él.

-Sólo quería verte una vez más, no esperaba otra reacción.-murmuró incorporándose.-Tal vez en otra vida volvamos a encontrarnos y te juro que no desaprovecharé la ocasión de tenerte sólo para mí.

-¡Vete de aquí! ¡No quiero volver a verte!-grité.-¡No quiero escuchar más mentiras!

-¡No son mentiras!-respondió quedando frente a mí una vez más.

-¡Aunque sea verdad! ¡Yo te detesto!-dije notando como él echó a caminar, esta vez no se giró.

Vi como se marchaba cojeando. Realmente lo había dejado bien magullado. No me sentía mal por ello, sino por todo lo que había dicho. Durante unos minutos me pregunté que hubiera sido de mí su hubiera seguido enganchado a él, deseando que me protegiera haciéndome olvidar incluso donde estaba. Me imaginé totalmente dependiente, creyéndome todo lo que él dijera y cornudo.

Me había vuelto fuerte. Conseguía todo lo que quería. No dependía de nada ni de nadie. Yo mismo me estaba forjando mi futuro. Era una persona firme en mis ideas. Para nada era el niño que se arrojó a una mentira sólo por sentirse bien, por capricho. Ya no era un caprichoso y estaba realmente enamorado de Olivier. Era yo quien protegía y no quien debía ser protegido. Los papeles se habían tornado y la ruleta seguía girando a mi favor.

Regresé a casa corriendo hacia la parada de taxi cercana. Pedí que me llevaran a una dirección e hice que parara en la calle. Pagué el viaje casi con el dinero justo que llevaba en mi bolsillo, pero no podía volver corriendo. Quería tirarme a la cama y llorar como un mocoso.

Al llegar noté los flash de algunas cámaras. Las preguntas de rigor, las tonterías habituales y pocos se preocuparon realmente porqué estaba tan serio. A pesar de todo lo que diluviaba siempre en mi vida mi sonrisa no se borraba, aunque dijeran tanta estupidez seguida. Sólo una persona podía hacer que dejara de sonreír y ese era Lexter.

-¿Es cierto que vas a ser padre?-preguntó una chica prácticamente metiéndome el micrófono por la boca.

-¿Te va la vida en ello? ¿Eres mi pareja para que eso te preocupe? ¿Tú eres la madre de mi hijo? No, a todo es no.-dije mirándola fijamente.-¿Por qué te interesa tanto mi vida? ¿Te puedo preguntar yo por la tuya?-la chica se quedó atónita.-¿Cual es tu condición sexual? ¿Te gusta ser pasiva o activa en la cama? ¿Es cierto que te has follado al cámara? ¿Es cierto que le eres infiel a tu novio de toda la vida con su hermana? ¿Estás embarazada? ¿Abortaste alguna vez? Responde.-la chica sólo se echó a llorar porque algo de todo aquello le afectó.-A nadie le gusta que mientan sobre su vida, que urgen en ella.-susurré bastante sereno.-Dejen de estar aquí en mi puerta si no es para preguntarme cuales son mis nuevos proyectos.-una nueva lluvia de flash cayó sobre mí.

12/4/10

Volvernos a encontrar I


Volvernos a encontrar

Al día siguiente del concierto estaba completamente agotado. No podía ni pestañear. Tras el concierto fuimos a festejarlo a una discoteca bastante exclusiva. Mi padre se marchó a casa pero sus amigos vinieron conmigo, Bou y Shinji también tuvieron que dejarme. Finalmente me vi con cuatro hombres maduros que parecían incluso de mi edad si comparábamos nuestra madurez, exceptuando a Hidehiko. Ese hombre parecía el silencio en persona.

Desperté a eso del medio día, en casa, con la ropa mal colocada y tirado de mala manera en el sofá. Apestaba a whisky y ron. La cabeza estaba a punto de explotarme. Rogaba porque me hubieran traído a casa y no haber conducido ebrio, puesto que no me acordaba de nada. Mucho era que recordaba el concierto y pocas conversaciones de felicitaciones por parte de personas de la organización.

El timbre comenzó a sonar y mi cabeza comenzó a explotar. Me arrastré como pude hasta la puerta y al abrir me lo encontré ahí. A pesar de estar agotado, de no tener fuerzas para nada, di un fuerte portazo. La persona que no quería ver, la menos indicada, estaba ahí. Era Yue.

No sabía como había dado con mi dirección aunque teniendo en cuenta que toda la prensa rosa me perseguía era inevitable que diera conmigo, que encontrara mi madriguera o mi bunquer. Había dado conmigo. Yo no quería volverlo a ver en mi vida. Después de los numeritos que me había formado no quería saber nada de él.

-¡Hiza!-gritaba pulsando una vez y otra el timbre. La cabeza estaba a punto de explotarme.-¡Hizaki!-golpeaba fuerte la madera de la puerta retumbando en toda la casa, o al menos lo percibía así en mi estado de salud. No estaba bien. Aún me duraba la ebriedad y no quería aguantarlo.

Abrí la puerta y le miré como si mirara a un enemigo, en realidad él lo era. Le atravesé con la mirada de demonio y gruñí golpeando fuerte el marco de la puerta. Mi aspecto no era el mejor, creo que parecía que me había pasado por encima un tren.

-¡Vuelve a gritar una sola vez y te mato! ¡Te juro que saco un revolver y lo apunto a tu sien! ¡Maldito chupapollas! ¡No quiero saber más de ti! ¡No me molestes más joder!-entonces noté la lluvia de flashes.

-Este joven dice ser su amante ¿es cierto?-preguntó uno mientras le hacían fotos mientras él lloraba, yo sólo gruñía.

-¡No es cierto! ¡Es un maldito acosador y no tengo nada que declarar sobre él salvo que estoy harto!-cerré la puerta y me fui a la ducha arrancándome prácticamente la ropa.

Sabía la repercusión que eso tendría en la prensa. Ese maldito crío no dejaba de molestarme y me había hecho una encerrona. Estaba con ganas de agarrarlo a golpes. Ya no era sólo que no quería ser su amigo ni su amante, ya era simplemente que no quería que respirara el mismo aire que yo. Además estaba mintiendo en la prensa y Olivier podría pensar mal sobre ello. No quería que pensara que seguíamos juntos.

Mientras me duchaba sentía como la cabeza me retumbaba fuerte. El cabreo y la resaca hacían un efecto doloroso. Era como una bomba de relojería a punto de explotar. Me dolía la sien y sentía que todo mi cuerpo caía. Ese maldito idiota decía amarme pero sólo complicaba mi vida, la hacía una ruina.

Nada más salir de la ducha puse la televisión, aunque bajé bastante el volumen, y vi como los malditos programas del corazón me ponían a parir. Hablaban de cosas que ni sabían. Yo me quedé ojiplático ante todo lo que se montaba en los platós. El teléfono comenzó a sonar y acepté la llamada.

-Hijo pon la siete.-dijo mi padre.-Hazme caso y pon la siete.-era su móvil, no había visto el número. Tan sólo acepté la llamada para que no sonara más.

Al poner la siete vi como hablaban de un supuesto embarazo de una chica, una chica que decían que estaba embarazada y que al parecer yo era el padre de la criatura. Ahí no quedaba la cosa. Todo ese follón lo había empezado Yue. Sus berrinches y lloros en mi puerta estaba dando la vuelta a todo el maldito país.

-¡Yo a ese capullo lo mato!-grité molesto sin despedirme de mi padre, tan sólo apagué el móvil y furioso rompí un cojín haciendo que las plumas de este llenaran todo el salón.-¡Hijo de puta!

Durante horas los programas de televisión no paraban de emitir imágenes mías del concierto, pero entre ellas había comentarios sobre a quién cantaba realmente y si Olivier sabía que tenía un amante y un hijo esperándome. Algunas de las chicas de mi club de fans en la ciudad intentaron defenderme en vano porque las cortaban, hacían como si las llamadas se cortaran o ellas colgaran.

Finalmente los abogados de mi familia intervinieron. En los juzgados hubo movimientos rápidos puesto que denunciaron por una intromisión a mi privacidad, además de injurias y calumnias hacia mi persona. Los programas al día siguiente estaban tan acojonados que no hicieron nada. Esa era la valentía de la prensa rosa. Las mentiras se pagan caras, muy caras. Pero aquel día fue una pesadillla.

A mí no me importaba hacer declaraciones o conversar durante horas en un plató de televisión. Para mí ese mundo era algo brillante y su brillo me cegaba. Si bien, odiaba que hablaran únicamente de mi vida en vez de mi trabajo. Terminé por decepcionarme profundamente. Muchos de mis programas de música dejaron de emitir canciones mías y videos míos por el hecho de todo el revuelo que se había formado. Pensaban que yo mismo lo había hecho para darme repercusión. A mí no me hacía falta eso.

Tuve que darme varias duchas y correr bastante en mi bicicleta estática, incluso hice pesas durante casi todo el día y di buenos golpes al saco que tenía de boxeo. Cuando me relajé escribí un poco más de aquella novela. Ya iban más de quinientas páginas. No tendría más de setecientas, estaba llegando a los momentos culmen.

Sin embargo, en plena noche me puse mi ropa de deporte y salí a correr. La prensa no pensaba que podía salir a eso de las dos de la mañana, estaban dormitando en sus coches haciendo guardia. Pasé por sus lados arañando sus vehículos sin que se dieran cuenta de mi jugada. Sonreí de forma cínica guardando mis llaves y comenzando a correr como alma que se la llevaba el diablo.

Pasadas algunas calles me quité la capucha y abrí mi sudadera. Noté la humedad de la noche sobre mi cuerpo, más bien sobre mi piel. Corría por los parques cercanos hasta decidir ir a ver aquella maravilla de la naturaleza. Fui al mirador. Eran más de tres horas corriendo, pero no importó. Llegué casi al filo de las seis de la mañana y vi amanecer. Alcé mis brazos estirando las puntas de mis dedos hacia el cielo y tomé aire.

-¡Que os jodan a todos malditos bastardos! ¡Ojala os pudráis! ¡Maricones de mierda! ¡Desgracia social! ¡Me cago en la prensa de este puto país de mierda! ¡Que os follen!-grité a pleno pulmón aferrándome al puente de madera.

-Sabía que vendrías aquí.-escuché una voz familiar, pero no podía dar crédito que fuera él.

Al girarme vi a un hombre harapiento con barba mal cortada de al menos tres meses. Parecía ojeroso y no haber comido bien en semanas. Su ropa apestaba a alcohol barato. Era Lexter. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos las caras.

-¿Qué quieres?-dije asustado.

-Volverte a ver.-murmuró.-Te diría que no has cambiado nada, pero pareces un chico más seguro e incluso pareces haber crecido.-dijo con cierta melancolía en la voz.

-¿Para qué me querías ver?-pregunté maldiciéndome por no haber recurrido a uno de mis escoltas para aquella aventura.

-Quería ver de nuevo a la única persona que realmente he amado.-respondió.-El único hombre que me ha llevado a la locura y a la miseria.

-¡Cállate!-grité molesto.-¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!-espeté.-¡Me usaste! ¡Usaste a mi madre!

-¡Estaba confundido! ¡Cuando supe que te amaba ya me habías echado de tu vida y tu madre me había largado a la calle!-gruñó.-Pero no te culpo porque es lo que me merezco.

-Te mereces la muerte.-dije desafiándolo con la mirada.

-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

26/8/09

Bonjour II





Él vestía de forma algo estrafalaria, pero así eran todos los diseñadores. Llevaba una especie de falda de cuero negro, una camisa ajustada gris y el pelo suelto. Debo de decir que alcé una ceja cuando vi que no llevaba zapatos. Es decir, yo tenía que fastidiarme sin andar descalzo por mi propia casa y él si podía. Claro todo esto que hablo es sobre Olivier. Allí estaba parado y allí me llevó mi madre jalándome del brazo. Frente a frente me di cuenta que mi estatura era mayor a la de él. Parecía cohibido ante la situación de verse rodeado por tantas personas.

-Te has molestado mucho.-dijo a mi madre y yo a su lado.

-Claro que no mi amor...-le sonreía de forma sutil y pude vislumbrar que también de orgullo. Ella había hecho una gran celebración, era su resurgir de las sombras en esa ciudad sin rostro y torturada por tantos escándalos.-Ahora, mi vida, disfruta del vino, que esta fiesta es para ti.-susurró apartándose de mí.-Deja voy a ver si el servicio está a punto.-sonrió de nuevo al hablar.-Tú camina por ahí corazón.

-Tú eres Olivier, ¿no es así?-sonreí como lo haría mi padre. Clavaba mis ojos en los suyos, era una forma de mirar muy distintiva de los Sakurai. Él me saludó de la forma en que lo haría un oriental.-Te imaginé mayor.-murmuré y él me miraba desorientado.-Perdona mi descortesía.-sonreí de nuevo.-Soy Hizaki, Hizaki el hijo de Clarissa.

-Claro, el joven Hizaki…-sus ojos fueron directamente al piso.-Clarissa me ha encargado varias prendas de mis colecciones pensado en ti... tienes una madre bastante remarcable.

-Mis gustos son totalmente distintos a los de mi madre, soy idéntico a mi padre y espero que eso no sea un problema.-sonreí de nuevo al hablar y me giré al ver el alboroto de un par de jóvenes.

Entonces alguien nos interrumpió, ese alguien era ese gato callejero que siempre iba de un lado a otro de la ciudad. Lo veía en ocasiones, pero como un viandante más. Se podía decir que calentaba bien la bragueta de cualquiera, era capaz de que con su movimiento de cadera más de uno terminara cambiando de acera.


-Hola Hizaki.-susurró con una sonrisa felina.-Saludos de tu hermana.-ese chico era bastante vulgar, al menos así lo había visto siempre. Era de los que se metian en peleas por una bragueta. Le miré con cierto orgullo, demostrándome a mi mismo que yo era mejor que él. Erick, o Cat como todos le llamaban, era un chico que podías ver corretear detrás de cualquiera. Sin embargo, parecía formal y bien arreglado aquella noche. Me causó buena impresión en cierto sentido.-Bonjour monsieur Olivier.-dijo con una sonrisa algo infantil, pero encantadora.-Vine a decirle que fue un honor llevar sus diseños en pasarela. ¿Verdad Lio?-Lionel tan sólo estaba rojo como un tomate y casi temblando.-¿Lio?-interrogó codeándole con disimulo.

-¿Eh? Sí, un honor... un honor. Mi pareja usualmente viste de su firma.-su pareja era un delincuente, a pesar de saber que era uno de los peces gordos de la mafia nadie tenía agallas de enjuiciarlo. Esperaban todos que fuera como Al Capone, que cometiera una infracción pequeña para poder acusarlo de todo lo demás.-Un placer conocerle.-miró a Cat de forma que lo estaba acusando de haberlo arrastrado hasta donde estábamos. Si bien, era zalamero y lo miraba como gatito bajo la lluvia. Sin duda, ese nombre le quedaba bastante bien.

-No tengo el honor de conocer a su padre, joven Hizaki-respondió al fin a lo que yo había dicho.-Podría ser una lástima que no tenga los gustos de su madre, tiene un buen gusto exquisito.-se giró para responder a los otros dos, sonrió intentando recordar.- ¿Pret-a-porter del 08?-tomó aire y lo analizó.- ¿Erick?-dios no era tan difícil saber el nombre de un mocoso caprichoso y zalamero. Al menos así lo estaba observando en ese preciso instante. Pero para ser sinceros era bastante atractivo, sobretodo esa pose de niño perdido.-Disculpadme, no suelo tener modelos masculinos en mis colecciones y soy olvidadizo con los nombres.

-Erick sí y este es Lionel.-Lionel parecía rogar una soga a su cuello.

Conocí a Lionel hacía unos meses cuando llegó, daba clases de religión en ambos colegios. Aunque en el mío simplemente daba ética cristiana a dos clases, la mía y otro grado inferior. Era una persona dulce, atenta y muy preocupado con todos. No parecía hecho para ser cura, sino para ser un gran mediador ante las cámaras de cualquier televisión. Podía hacer que dos personas enfrentadas dejaran de estarlo, que un racista cambiara de opinión y que un homosexual empezara a pensar que a veces no son tan perseguidos por curas como él. Mi madre le ayudó a su obra social, también Taylor y ahí es donde cayó en el profundo pozo de mentiras de ese despreciable.

-Oye, Cat.-murmuró tirando de la manga de su camisa.-Yo...-balbuceó colocando sus cabellos tras su oreja derecha.-Yo voy.-miró a su alrededor.-Voy a dar una vuelta, sí eso voy hacer.-dijo girándose y Cat lo agarró con rapidez del hombro. Noté como una pequeña venita se hinchaba en su frente, era todo un show de comic o programa televisivo de sobremesa.

-¿Vas a dejarme solo aquí?-él tembló al ver que impedía su huída.

-Mi...-intentó pensar rápido antes de que le clavara sus uñas negras traspasándolas en su ropa.-marido me espera... ya sabes.-se zafó y comenzó prácticamente a correr.

-Pobre Lionel.-susurré en francés.-Dejó de ser cura para ser modelo, con lo tímido que es.-sonreí al ver su nerviosismo.- ¿incómodo?-interrogué.-Si lo desea podemos salir al balcón y ahí puede esconderse de toda la fiesta. Mi madre tiene el mal gusto de hacerlas eternas y...claro uno puede llegar a sentirse frente a un pelotón de fusilamiento.-Erick no sabía si moverse o quedarse, yo quería llevar a Olivier a mi terreno.

-Eso es mala educación.-susurró mirándome fijamente, indignado.-Tanto para la anfitriona como para el invitado.-me estaba echando la bronca como lo haría mi madre. Me sentí diminuto en ese instante, pero mi orgullo o quizás mi ego impedían que me viera molesto por el comentario.-y difiero totalmente con respecto a la opinión sobre su madre. Lamento declinar su oferta.

-Claro, como quieras.-dije caminando hacia otro rincón de la fiesta, para echarme un whisky sin que lo notara mi madre. Pronto pasó por mi lado Cat y comenzó a ronronear, o mejor dicho molestar.

-Se lo chivaré a tu hermana, que te alcoholizas en las fiestas.-lo miré desafiante.-y…tu hermana…-calló cuando vio en mis ojos que podía fulminarlo si me lo proponía.

Observaba al amigo de mamá, Olivier. Seguía molesto con ella porque no me creía en lo que decía sobre su amiguito, a parte quería hundir a mi padre y si supiera que yo estaba de su lado me mataba. Su amiguito era Lexter, sentirlo cerca y como jefe de la seguridad me asfixiaba. Quería irme de aquel lugar, pero no podía irme porque tendría reproches de mi madre durante días. Los reclamos de mi madre eran peores que los gritos de mi padre. Me quité la chaqueta y seguí dando vueltas con mi copa. Vi como el antiguo párroco se escondía de todos llamando a su novio, rogándole que viniera a por él. Su acompañante lo miraba preocupado, quizás algo culpable por traerlo a un lugar así.

En la sala había un nuevo invitado, otro amigo de mi madre, pero tampoco parecía un pedorro. Ni Olivier, ni ese hombre ni el chico que le acompañaba eran como los típicos amigos que ella tendría. Se hacía interesante todo aquello, muy interesante.

Me quedé apoyado en la pared con una sonrisa en mis labios. Ese modisto no estaba mal, pero en una parte de mí quería mantenerme "fiel" a mi "novio". Pero supuse que ser infiel de pensamiento no era algo malo, ni delito y mucho menos lo sabría. Había modelos, tanto hombres como mujeres. La noche parecía ser entretenida...hasta que vi al encargado de seguridad y resoplé.

-Hola Hizaki.-dijo aproximándose a mí.-Te eché de menos estas semanas, al fin te veo.-giré mi rostro sin hablarle.-Hizaki...

-Vete con ese chico, no me importa. Conmigo ya no tienes nada que hacer.-me agarró de la muñeca y arrugué la nariz.

-Te estás volviendo como él, no me agrada eso.-me separé y caminé hacia otro lugar de la sala.

Me siguió, era de suponerse. Yo esperaba que tuviera la decencia de no acosarme. Su aliento apestaba a alcohol, quizás era ron o tal vez whisky. Sé que el aroma no era de cerveza ni de cocktail. Cuando me agarró de la cadera sentí que todos descubrirían mi error, sobretodo mi madre. Por una parte me alegré y por otra me preocupé.

-Dame una oportunidad.-susurró.-una sola de hacerte feliz como mereces.-dijo próximo a mi oído y yo simplemente lo empujé.

-¡Chikushou!-grité a pleno pulmón. Era hijo de puta en perfecto japonés. Podría decirse que no dije otra cosa que su verdadero nombre. Entonces, ni corto ni perezoso, le eché una buena fuente de ponche que lo dejó bien mojado. Estaba pegado a Olivier y sus amigos, lo curioso es que uno de ellos me sonaba... me recordaba a uno de los chicos de Dark City.-A ver si así se te bajan los humos.-dije y él ardía de rabia.-Kutabare.-un que te jodan... en mi idioma que seguro jamás conocería el significado.

Me importaba un cuerno que mi madre me dijera algo, no estaba por la labor de dejarme convencer por un capullo. Me sentí mal por haberme enamorado de semejante gilipollas.

19/7/09

Demasiado rápido V


-Hizaki ¿has visto mi maletín?-interrogó algo nerviosa.-Tengo varios documentos importantes en ese maletín y juraría que estaba en mi despacho.

-Tal vez lo tiene el inútil de Lexter.-ella cruzó los brazos clavando sus ojos en mí, como si fueran dagas.

-No voy a tolerar que ningún hijo mío llame inútil a nadie, tienes una educación Hiza, además te recuerdo que es fiel a nuestra familia y un gran trabajador.-lo defendía porque se acostaba con ella, porque únicamente tenía ojos para él y eso me enfermaba.

-Lo tendrá tu adorado Lexter, ¿mejor?-respondí con cierta ironía y tirantez en la voz.

-Estás castigado, que te quede claro. No voy a tolerar que me hables de esa forma.-cerró la puerta y se marchó.

Sus tacones resonaban por todo el pasillo, bajó las escaleras y luego escuché a Lexter llamarla. Decía tener su maletín, se lo había dejado en el vehículo la noche pasada. Yue me agarraba de las manos, me besó la mejilla y sonrió leve.

-No seas así con tu madre.-susurró.

-Soy como soy.-respondí molesto.-Pudo habernos visto, pudo haber entrado sin más. Nunca hace eso, siempre llama, pero imagina qué hubiera pasado.

-¿Me echas la culpa del sexo?-interrogó confuso.-Tú también querías.

-Porque tú no paras de insinuarte.-

Supongo que eso le molestó, porque acto seguido guardó todo en su mochila y se marchó de la casa. No le impedí que se fuera, no sé porqué le dejé marchar cuando me sentía culpable de todo. Yo era el idiota que le estaba dando alas, que le hacía entregarse a mí y para colmo me portaba como un capullo.

Al día siguiente me desperté con un terrible dolor de cabeza, no había examen y podía pedir a otros mis apuntes por Internet. Me quedé tumbado y no hice nada. Mi madre no dijo nada al respeto, pues incluso tenía algunas décimas de fiebre. Yue apareció de la nada en mi habitación, llorando.

-Pensé que te habías enfadado conmigo.-murmuró.-Por eso no fuiste a clases, para no verme.

-Por dios Yue, no te creas tan centro del mundo.-repliqué con una sonrisa.-Estoy bien idiota, además tengo que pedirte disculpas yo a ti.-dije tomando su mano para recostarlo a mi lado.

-¿Lo dices de verdad?-preguntó tumbándose junto a mí, dejando que yo lo rodeara con mis brazos.

-De verdad.-se giró y se acurrucó entre mis brazos, como si fuera un niño pequeño.

Había soñado con él otra vez, con el chico misterioso y cada vez que lo buscaba huía. Sin embargo, en ese sueño fue ir tras él y no huyó. Mantuvimos un sexo cómplice, pausado y el mejor de mi vida. Así que estaba de buen humor para soportar a Yue. Era demasiado infantil para mí, quería algo más maduro a pesar de que los chicos de mi edad eran como yo o peores. Tenía que conformarme con él y él conmigo.

Estuve con gripe una semana, pero no paraba de estudiar aún estando en cama. No sabía donde había agarrado el virus. Si bien supuse que sería por los días de lluvia, los que había estado corriendo bajo las tormentas y liberándome. Uno no es superman, siempre tiene sus límites.

10/7/09

De los errores se aprende VI


Después de tranquilizarme en los aseos con algunos conocidos, decidí ir hacia casa. No podía permitir que alguien me viera de ese modo, cualquiera. Me monté en la moto y desaparecí sin esperar mi parte del dinero. Llegué a mi habitación y no tenía ganas de nada, tan sólo me tiré en la cama esperando que todo fuera una pesadilla. Sin embargo, él entró en la habitación y se sentó a mi lado.

-Hizaki.-susurró acariciando mis cabellos.

-¡Ni me toques!-gruñí alejándolo de mí.

-Has estado meses esquivándome y no entiendo porqué.-aquello me jodió más que todo lo que había hecho. Me creía idiota o quizás tan cegado por él que no me daba cuenta de las cosas.

-Entérate cabrón ni me toques ¿te enteras?-me levanté colocándome a la defensiva y él rió.

-Si no te importara no hubieras tenido este comportamiento.-se aproximó a mí y me sentí acorralado además de acosado.-Vuelve a mi cama Hiza, es donde mejor estás.-me acarició el rostro y tomé su mano retorciéndola.-¡Bastardo!-gritó mientras lo empujaba en la cama.

-¡No te acerques a mí!-grité bien fuerte, enfurecido y entonces él rió observándome.

-Tan sólo lo hago porque lo deseas.-susurró acariciando su entrepierna.-Nadie te sabe domar como yo.

Me tentó hacerlo, me tentó y yo simplemente lo hice. Pateé sus pelotas pisando también parte de su mano. Mis botas de carreras, las de la moto, que era bastante pesadas y una sola patada con ellas podían hacerte ver las estrellas. Él gritaba retorciéndose y yo simplemente lo pateaba aún más.

-¡Vete de mi cuarto!-mis ojos eran seguramente dos aces de fuego.

-No quiero.-respondió mirándome fijamente.

-¡Vete!-ese alarido hizo que mi hermano entrara en el cuarto y nos viera.

-Hiza ¿qué pasa?-preguntó observando a Lexter.-¿Por qué está en la cama?-fui hasta él y lo tomé en brazos saliendo del dormitorio.

-Nada, ¿de acuerdo?-dije dejándolo en su habitación.-No digas nada a mamá, nada.-él asintió y yo besé su frente observando sus dibujos.-¿Son gatos?

-Sí, yo tendré un gato.-respondió mostrándome algunos dibujos.-El que más me gusta es este, es negro completo con una mancha blanca.-sonrió y mostró los que eran en acuarela.

Era algo heredado, sin más. El amor por los felinos y la pintura sin duda era de mi parte paterna, de mi padre. Revolví sus cabellos olvidando que ese desgraciado aún seguía en mi cuarto, sonreía observando que aún mi hermano seguía inocente y alejado de la realidad que a veces nos rodeaba.

-Debes mostrárselo al viejo.-dije sentándome a su lado.

-¿Crees que me comprará uno?-siempre preguntaba lo mismo, no le importaba obtener la misma respuesta… un no tajante por parte de nuestra madre.

-No te dejará mamá.-resopló y agarró la DS. Tenía un juego donde tenía que cuidar mascotas, su favorito era cuidar gatos.

-Ese es nuevo.-dije observándolo.

-Sí, es que el otro ya murió. Estaba algo viejo, este es su hijo.-comentó y yo eché a reir.

-¿Tiene ese nombre tan idiota?-pregunté mirando la pantalla.

-Nya no es un nombre idiota, es bien bonito y además tú no eres su dueño. No tienes porqué decirle idiota a mi gato, tiene más neuronas que tú.-empecé a reír a carcajadas, ese orgullo y prepotencia… era genial en ese cuerpo tan delgado.


-Está bien Nya es un nombre elegante.-respondí tras carcajearme un buen rato.

-Tú ríete, pero seguro que algún día un dibujo animado se llamará Nya y yo seré su creador.-miré los tomos que estaba leyendo de mangas y sonreí.

-Nekos, siempre nekos. Si no tienen nekos no te gustan.-me mostró entonces un dvd.

-Se llama Chii.-sus ojos brillaron.

-Chii.-respondí.-¿Pipi?

-Sí, luego dices que Nya es idiota. Pues esta gata se llama Chii.-besé su frente y me levanté para irme al dormitorio, esperaba que él no estuviera.

-Adiós baka.-escuché a mi hermano decirme aquello, pero no respondí.

Al entrar en mi habitación él no estaba, parecía haber sido un sueño extraño. Me quité la ropa y me puse en bata para poder chatear por la mensajería. Hablaba con amigos de forma amena hasta que él se conectó. Mario seguía con ese nick desesperado para que le hiciera caso, acto seguido apagué la sesión y me tumbé recordando que tenía que hacer los ejercicios de varias asignaturas.

Estuve toda la madrugada para terminarlos, ni cené, pero lo preferí. Tenía la mente ocupada, no me torturaba nada de lo que había pasado en los últimos meses. Terminé a eso de las dos de la mañana y caí rendido. Al día siguiente sería otro día.

8/7/09

De los errores se aprende V


En el móvil había más de sesenta llamadas perdidas y todas de él. Mario no se iba a dar por vencido tan fácilmente y temía que llegara el lunes. Sin embargo, irremediablemente el lunes llegó y yo tuve que verlo en los pasillos. Su rostro estaba lleno de ojeras y una chica estaba a su lado. Era una mujer esbelta, de ojos claros, piel clara y cabellos rubios. Se podría decir que podía pasar por la imagen exacta de mi madre en sus años de juventud.

-¿Puedo hablar contigo?-una voz suave preguntó aquello, no supe si era a mí o no. me giré y la vi a ella observándome.

-¿Qué deseas?-respondí con un semblante serio.

-Hablar, mi hermano está muy arrepentido y tú no me recuerdas pero fuimos al mismo colegio.-entonces la recordé. Era aquella chica que siempre me negó salir conmigo. Una mujer atractiva desde el jardín de infancia, pero que jamás me vio como hombre sino como hermano.

-¿Inmaculada?-pregunté algo desconcertado.

-Recuerdas a las viejas compañeras de clase ¿verdad? Eso me gusta.-dijo golpeando mi brazo.-¿Podemos hablar?

-Si es sobre Mario, lo siento pero lo que hizo no tiene perdón alguno.-ella asintió levemente aunque algo decaída.

-Tenía la esperanza de que lo perdonaras, fue un desliz idiota. Sin embargo, te entiendo.-tomó una de mis manos y las observó.-¿Sigues siendo el manazas de siempre?-sonrió leve y Mario corrió por el pasillo, quizás para ocultarse de mi vista fría hacia él.

-Sí, pero las uso también para golpear en competiciones.-eso hizo que riera casi a carcajadas.

-Nunca podrás quitarte esa imagen de matón y más si buscas pelea.-me alegraba volver a ver.

-¿Estás aquí? ¿Desde cuando?-interrogué confuso, no sabía que ella había venido a este instituto. Lo último que supe de ella es que se iba con su familia a vivir a otro país.

-Vinimos de Australia este verano, volví a clases, y te llamé un día cuando corrías por las pistas… pero se ve que tienes tantas admiradoras que no escuchaste.-me colocó bien el cabello y besó mi mejilla.-Me agrada volver a verte, quiero quedar contigo para tomar algo y revivir los tiempos de primaria.-rió bajo para después descolocar mi flequillo.

-Claro.-estaba en shock, mi amor de niñez en el instituto y yo sin saberlo.

-Pero no te hagas ilusiones don Juan, soy lesbiana.-comentó girándose para caminar hacia el fondo del pasillo, donde la esperaba una chica.

-Mierda.-murmuré o eso creo.

Me marché a clases, hice mi vida normal y en la salida me esperaba de nuevo. Me dio su teléfono móvil y me presentó a su novia. Ambas eran bastante atractivas, por un instante me hice que mi imaginación volara y me imaginé a ambas como esos dibujos Yuri que solía ver. Dios, fue demasiado excitante. Creo que tuve suerte de no tener cara de pervertido, pero por dentro mi cerebro era una máquina perfecta. Amé la imaginación que tenía de herencia de mi padre, como amé aquella coincidencia. Si bien supe de donde sacó tanta información Mario, de su hermana. Quedé con ellas para tomar algún día un café o un refresco, quizás un té, mientras pudiéramos los tres con los exámenes todo iría bien.

Cuando me marchaba Yue vino de la nada agarrándose a mí por la espalda, colgándose como si nada. Se quedó con los ojos clavados en las dos chicas y sonrió leve. Recé porque no se presentara como novio, no lo hizo y sí como mi mejor amigo. Entonces recordó a la chica y resopló. No le agradaba la idea tanto como a mí, más bien detestaba que ella estuviera en el mismo instituto. No lo dijo abiertamente, pero sus ojos lo decían todo. Era tan simple leerle los pensamientos que me asombraba.

-Yue no deberías de ser así, no trates a las chicas con tanto despropósito.-dije caminando hacia casa con él a mi lado.

-Es que sé como las mirabas, sé como es esa mirada.-comentó abrazando su carpeta para luego observarme de reojo.-Es como me mirabas ayer en la cama ¿por qué no me miras de habitual así?-interrogó.

-Porque no me gusta llamar la atención.-respondí.-Y deja de hablar de eso en medio de la calle, por dios.-comenté algo molesto y él me tomó del brazo.

-Hizaki yo quiero que me mires así.-susurró.

-No lo haré.-dije apartándolo.-Punto… y hoy no quedamos, me voy al circuito.

Salí corriendo a sabiendas que él no podría alcanzarme. Al llegar a casa dejé los asuntos pendientes para luego. Me vestí con ropas de cuero de protección, totalmente oscuro, el casco, los guantes y llegué en quince minutos al circuito. Había carrera ilegal y me apunté, a veces las había y no pasaba nada. La policía miraba hacia otro lado porque lo que hacíamos daba ingresos a la ciudad.

Era un circuito de tierra, pero tenía su guardia que cobraba por ver a otros gozar con las motos, al igual que un precio para motociclistas. El de competición estaba metros más allá, pistas perfectas que se usaba únicamente para eventos especiales o para practicar. Yo tenía abono para ambas actividades, tanto para el de tierra como para el normal. El abono de tierra era pagarle al seguridad una cantidad, a veces fluctuaba, y el otro era el típico talón que comprabas en ventanilla. Terminé en la pista con furia mientras por los altavoces se podía escuchar retumbar una de mis canciones favoritas.

Gané, al final gané. Todos me ovacionaron como siempre, me sentía igual de bien que un Dios ante un paraíso terminado. Joder, me sentía poderoso. Era el mejor. Nadie me vencía, nadie podía hacerlo. Cuando lo hice vi a un chico que me hablaba.

-Buenos días, ¿hablo con Hizaki Sakurai de la Rosa? Soy de una revista juvenil y escribo sobre los herederos de familias influyentes, su estilo de vida y demás.-dijo presentándose tendiéndome la mano

Me saqué el casco y lo miré directamente con cierto aire de superioridad, además de frialdad, era la mirada de mi padre, los mismos ojos, y la que hacía que muchos me vieran con cierto temor.

-Sí.-dije bajando de la moto mientras la dejaba descansar sobre su pie.-Soy yo.-lo examinaba minuciosamente, calculé su edad y no lo vi un peligro. No traía guardaespaldas, no quería llevarlo a un sitio como aquel donde me sentía libre.-No me gusta la prensa.-eché a caminar esperando que no me siguiera, quería un batido o un zumo... no había desayunado nada. Fui hacia el puesto y me quedé mirando lo que tenían.

-Lo mío no es periodismo, es sólo hablar superficialmente de gente joven y atractiva con influencia para que niñatas quinceañeras hormonadas compren revistas similares a montones.-me contó mientras me seguía sin acercarse demasiado.

-¿Crees que me interesa que una niña sueñe con tenerme en su hermosa colección de despegables y luego me acose por la calle?-interrogué antes de decidirme por un batido de vainilla.-Déme uno de estos.-dije al tendero y sonreí de forma afable.

-Que tenga buen día.-entregué el dinero justo con una pequeña propina.

-No saco nada bueno de exponerme como carne de ganado.-dije clavando mis ojos en él y clavé la pajita en el maldito cartón. Di un sorbo y eché hacia abajo la cremallera, tenía calor. Terminé con medio mono quitado y una camiseta de tirantas.

-¡Hizaki! ¡Hola!-una chica en las gradas me saludaba y yo resoplé.

Había estado con ella, pero nada más. No quería ni que me dijera hola, era una de ese tipo de chicas superficiales y sin nada en el cerebro.

-Mierda... por qué yo.-

-¡Hizaki! ¡sube! ¡hace mucho que no hablamos!-solo tetas, eso es lo que tenía... dos enormes pechos y nada más.

-¡No puedo!-grité

-¡¿Por qué?!-preguntó.

-Etto...-balbuceé mirando a mi alrededor.-¡Estoy hablando con un conocido de un asunto importante!-lo agarré del brazo.-Di algo contrario a lo que digo y te juro que no sigues vivo mañana.-mi rostro con él era el de un asesino en serie, rostro que era exacto al de mi padre en ese estado. Volví a mi sonrisa encantadora hacia ella y giré leve la cabeza.-¡Nos veremos otro día!

¡Vale!-se quedó contenta o eso esperaba, si quería sexo podía buscarla. Pero mientras tanto estaba bien con Yue, cuando no funcionara podría acostarme con una furcia de alta sociedad.

-Gracias.-cuanto más borde menos me preguntaría y se daría por vencido.

-Ya veo lo que quieres decir, esas jovencitas pueden agobiar a cualquiera.-comentó nada más alejarnos de ella.-No me he presentado, me llamo Adso.-dijo estirando su mano hacia mí, la cual estreché brevemente.

-Y si lo has entendido, entonces entenderás que no quiero una entrevista donde se hable de mi vida.-también pensaba en el viejo, si mi padre me veía hacer aquello me mataría. Me aparté de él y eché a caminar hacia mi moto, la cual estaba siendo avasallada a fotografías.

-En realidad...-balbuceó y yo me giré un instante.-No soy periodista, estoy aquí por cuenta propia para saber cómo te iba, tengo un amigo... que está preocupado por ti.-¿un amigo? ¿Qué amigo podía tener él ligado a mí?

-Mis amigos son pocos y con ellos hablo todos los días, te confundes de persona.-no había otro Hizaki Sakurai, no se equivocaba, pero tampoco sabía que Lexter iba a tener el descaro de intentar influir en alguien para buscarme. Sin embargo se iluminó la bombilla y bufé.-Ese miserable. Dile que me deje en paz, no quiero saber nada y ojala se pudra. No sé porqué mi madre no lo manda a la maldita calle.-tiré el cartón a medio tomar, estaba enfurecido y se notaba.-¡A tomar por culo!-grité apretando el paso.

-No sé lo que pasó entre vosotros.-claro que no lo sabía.-Pero.-me giré para verle bien la cara y me encaminé hacia él.-Está bastante mal, él sólo quiere saber cómo estás, al menos para sentirse un poco mejor.-

-¿Mejor?-mis ojos gritaban la cólera que sentía.-¡Mejor!-grité alzando los brazos.-Sí, hagamos sentir mejor a un desgraciado que jugó conmigo y con mi privacidad. Aja, hagamos que se sienta bien y yo siga sintiéndome como una basura.-me aparté de él o terminaría golpeándole. Me había fastidiado el día. Caminaba hacia mi moto, quería irme de allí.

-Venga, reconozco que ha cometido errores.-él no sabía de lo que hablaba, no sé porqué no se callaba de una puta vez y dejaba de seguirme.-Si tan sólo dejara de estar confuso verías que no es tanto como dices.-me paré lleno de ira.-No puedo obligarte a nada pero está realmente mal.

No me controlé, me giré y le golpeé bien duro en la cara.

-¿Cuánto te ha pagado para que digas eso? ¡¿Cuanto!? ¿A caso te lo has follado? sí, seguro que ha sido eso.-volví a golpearlo en el vientre y cayó al suelo.

Un par de conocidos de la pista me agarraron e intentaron controlarme. Sabía boxeo, karate y niu jitsu... y ellos me habían visto romper madera con la mano ¿por qué no un hueso o dos?

-Cálmate.-murmuró uno de mis dos únicos amigos.

-¡Estoy harto! ¡Harto de que se hagan la victima!

-¡Cállate! ¡Si esto llega a oídos de tu padre se enfadará!-gritó y me quedé quieto impotente.

No sabía qué me daba más rabia... si Lexter engañara a alguien para que hablara con él, tenerlo pegado a mí o sospechar que se había acostado con ese chico.

-No, no me ha pagado nada. Esto es idea mía.-murmuró mientras tosía y recobraba el aliento.-Pero ya veo, no hay nada que hacer. Quédate con tu vida cómoda y arreglada que yo me vuelvo por donde he venido.

Comencé a llorar deseando que todo fuera una pesadilla, volver a aquella habitación privada y escasa de muebles. Él me hizo creer que era especial, que podía tener todo lo que quería... cosas que no se pagan con dinero. Aun recordaba su cuerpo sobre el mío y sus besos, además de su aroma masculino embriagándome. Quería volver al pasado y ser un idiota que no se daba cuenta de nada, no descubrir lo que hacía y seguir pensando que algún día diríamos la verdad para empezar una vida juntos... pero Lexter no era bueno, no era bueno en ninguno de los sentidos. El chico se marchó, pero a mi me había hecho recordar cuando necesitaba verlo. Sin embargo, no lo volvería a hacer...salvo en compañía de mi madre. Aunque ahora viéndolo desde otro punto de vista reconozco que no era eso, sino volver a ser feliz sin importar nada.


14/6/09

Se rompió el encanto VIII


Nada más llegar al hall quise correr lejos de él, sin embargo mi orgullo me impedía mostrarle las ganas de no verle. Pasé frente a él como si nada, llevaba la maleta a un lado y mis ojos puestos en un punto fijo. Me estresaba saber que respirábamos el mismo aire. Uno no olvida tan fácilmente, aunque no sea amor seguramente atracción sí había y yo caí por ello. Por simple atracción y pura necesidad uno puede llegar a sentir el infierno bajo sus pies, pero, sin embargo cree estar en el cielo.

-¿Estás más calmado?-preguntó al llegar al garaje.

-A ti no te importa como esté yo, tan sólo eres el chofer.-respondí secamente montándome en el mini que teníamos para ir a la escuela.

Era un mini totalmente negro, papá decía que era lo mejor para aparcar con un toque clásico. El motor era de un vehículo más potente y estaba algo subido, todo para que un día de lluvias intensas no se quedara atrancado en medio de la carretera. El garaje no tenía únicamente ese coche, también el mercedes de mi madre, el familiar que ya no usábamos prácticamente y la limusina. Estaba bajo la casa, se accedía mediante una rampa de acceso colocada a priori. Primeramente era únicamente un sótano, pero mi padre las ingenió para que fuera su pequeño museo. Faltaban seis coches, los deportivos de mi padre. Echaba de menos verlo vestido como un mecánico cualquiera, manchado de grasa, y con los cabellos en la cara. Mi madre siempre decía que amaba más a sus coches que a él mismo. Yo le entendía, un coche no es sólo un vehículo. Si bien, no había únicamente coches, también estaban mis dos motos y la pequeña moto de competición de mi hermano. Estaba iniciándose y mi padre estaba orgulloso de él.

Allí, en ese bendito santuario del motor, Lexter intentó una nueva aproximación. Me agarró de las caderas y pegó su pecho a mi espalda. Su estatura era únicamente unos centímetros mayor a la mía, no era demasiado corpulento y ya lo había lanzado al suelo. No entendía porqué seguía con el deseo de pegarse a mí como una lapa.

-Déjame.-dije tomando sus manos para apartarlas, clavé mis uñas cuando hice eso.

-El gatito tiene ganas de jugar.-susurró.-Pero en esta ocasión yo no soy el ratón, sino tú.-murmuró lamiendo mi cuello.

-Déjame.-me giré apartándolo con la frunciendo la frente.-¿qué parte del déjame no entiendes?-pregunté cuando vi como se echaba sobre mí. Le pateé los testículos e hice que cayera en redondo.-¡Déjame!-grité a pleno pulmón.

-Hijo de puta.-susurró pegándose a mí.-Eres mío ¿me oyes? Mío. No voy a permitir que te vayas de mi lado tan fácilmente.-buscó mis labios y comenzó a besarme. Por un instante cedí, mis hormonas cedieron. Me pegó bien al coche y noté como se iba calentando con un sólo roce de mis labios.-¿Ves como eres mío?-interrogó y yo ahí ya recordé todo. Él besando a mi madre y yo sintiéndome como una mierda.

-¡No lo soy!-dije empujándolo para salir del garaje.-¡Me voy en un taxi hoy!-grité y él me siguió tomándome de la muñeca.

-Te juro que lo que sucede con tu madre no es nada, nada comparado a lo que siento al estar contigo.-eran puras zalamerías, cosas que no sentía y únicamente decía para hacerme sentir especial.

-Quédate con ella, te necesita más que yo, porque por mi parte lo nuestro nunca ocurrió.-me zafé de él y marqué el número del taxi, ya más calmado y en el hall de mi casa.

-Hizaki.-murmuró desconcertado, observando que la presa se le había escapado del todo.

-Buenos días.-dije a la operadora.-Necesito un taxi que esté dentro de cinco minutos en la calle Festividad de Nuestro Señor, número dieciséis. Por favor, ¿puede ser posible?-pregunté deseando que me dijera que sí. Últimamente con la huelga en el transporte del taxi, causado por una subida excesiva del combustible, estaba haciendo intermitente el servicio.

-Por supuesto.-comentó.-Ahora mismo se encaminará para la dirección el número ciento dieciséis.-solían dar el número del taxi, para que no causara confusiones entre pasajeros o que otro tomara el cliente del compañero.

Nada más colgar el teléfono noté que él no estaba, se había marchado y di gracias. No quería verle la cara, escucharle o sentir que me abrazaba. Por segundos estuve a punto de caer. Necesitaba alguien a mi lado, era urgente. Me sentía tan perdido que únicamente veía una solución lógica. Tener pareja me centraría, me haría tener un hombro en el que apoyarme.

El taxi vino como acordado, al llegar al instituto no tenía ánimos de nada. Entré tras la enorme cancela, los chicos todos uniformados en corro conversando cualquier estupidez y los árboles desnudos creaban un ambiente poco agradable para mí. El edificio era prácticamente una casa del terror, miles de pasillos con recodos oscuros a pesar de la luz eléctrica. Los ventanales eran de la misma época que las piedras, al igual que sus cristales y la decoración. Era lóbrego y desquiciante. Sin embargo, dentro de las clases encontrabas lo último en educación e informática. La biblioteca era un gran lujo, volúmenes antiquísimos para que todos pudiéramos acceder a ellos. Un mundo en continuo contraste, pero aún así no me motivaba.

La mañana pasó sin más. Tomé mis apuntes, pedí disculpas a los profesores que debería de haber visto el día anterior y corregí varios ejercicios de francés en la pizarra. Lo normal. Dentro de esa jaula únicamente tenía un amigo, sólo lo veía en los pasillos y en el recreo. Ese día no había ido. La hora de descanso la pasé en la sala de lectura ojeando libros de boxeo. Regresé a casa andando. No estaba demasiado lejos, treinta minutos a pie si tomaba por los pasadizos de algunas calles.

Era y es una ciudad construida cuando los romanos, vuelta a reconstruir con los árabes, remodelada en la época medieval y consolidada en el siglo de las luces. Mi padre cuando llegó estaba algo desasistida. Pero a partir del fomento de sus inversiones en negocios, fábricas y demás negocios se afloró una economía que parecía dormida. Nadie sabe realmente quién ha sido, mi padre todo lo hace a escondidas incluso de mi madre. No desea el mérito, el reconocimiento ni nada que se le parezca. Sus cuentas están secretas bajo seudónimos, pero todas van a otra en Japón gestionada por mi padre y su hermano.

Mi tío se llama Hero, de él aún no había hablado. Sí, mi hermano se llama como él. Es mucho más joven que mi padre, se casó hacía unos meses y la verdad es que mi padre tiene razón. Todos los Sakurai hemos nacido para el arte y los negocios, además de para los deportes y peleas. Somos pasionales, sensibles y también atraemos las buenas inversiones.

Al llegar a casa choqué con mi madre en su nueva salida. Iba con mi hermano de la mano, lo llevaría al dentista y Hero prácticamente rabiaba. Le daban miedo las agujas, también el equipo del dentista y todo lo que tuviera que ver con un hospital. Gritaba y pataleaba, mi madre seguía tan fría como siempre y lo tomó en brazos prácticamente. En la puerta esperaba ese maldito capullo, se subieron y mi hermano me rogaba con la mirada que lo ayudara. Pero, una buena revisión no le iría mal. Era necesario que se cuidara los dientes. La boca, las manos y los ojos son lo que más hablan de nosotros. Si descuidamos nuestras manos, dejamos a un lado el buen aliento y nos ocultamos tras unas gafas gruesas perdemos el encanto.

Nada más subir a mi habitación me conecté a Internet. Deseaba saber si Anne estaba conectada. Quería quedar con ella en unas horas, después de comer y terminar mis ejercicios pero antes de mis clases de Tai Chi Chuan, Kendo, Judo y Muay Thai. Eran ocho horas encerrado en un gimnasio, a veces incluso diez u once. Si tenía un torneo cercano me centraba en una de las diez artes marciales que conocía. Era y soy bueno en todas, pero sobretodo en Aikido. El Aikido es mi favorito, es más bien de defensa y con la defensa haces que el atacante caiga. Toda la fuerza que se oprima contra ti tú puedes enviársela, como si fuera un hermoso regalo envuelto en miles de papeles celofán.

Sin embargo, ella no estaba. Estuve esperándola dos horas mientras rellenaba las casillas de inglés, hacía test de francés, resolvía logaritmos y terminaba una redacción de Historia del Arte. Era demasiado para mí, ese instituto nos preparaba a conciencia aunque algunos compraban sus notas. Mi padre y mi madre se negaban, no harían eso jamás conmigo aunque todos así lo pensaran. Me costaba sudor y sangre ser el mejor, destacar, y todo porque mi orgullo así lo pedía. Ella no se conectaba y decidí seguir estudiando, haciendo apuntes mejores que los que tenía. Cuando llegó la hora apagué el ordenador y me fui al gimnasio. Allí descargué toda mi furia, quería verla y hablar de iniciar algo. Quería hacerlo formalmente. Comenzar una relación no es sencillo, hay que ir poco a poco. Un paso en falso y todo se podía ir al demonio.

13/6/09

Se rompió el encanto VII


Si quieren saber algo más de mi padre y lo que acontece en su vida vayan al blogger Lestat de Lioncourt



Me acosté nada más darle una autentica paliza, dejaríamos la revancha para otro día. Ya era tarde, tenía que descansar para todas sus actividades del día siguiente. Lo arropé como lo hacía mi padre y me marché a mi habitación. Allí me tumbé varias horas dando vueltas, escuché música y a eso de la una de la mañana al final agarré el sueño. Un sueño pesado y pegajoso, como los sueños de verano.

Era algo extraño, muy extraño. Me encontraba con un bebé en brazos, claro que descifré que era Jun el supuesto nuevo hijo de mi padre. No lo conocía aún, así que tampoco sabía su aspecto. Lo que no entendía era porqué lo tenía en brazos. Me encontraba en un apartamento bastante luminoso, no era la casa de mi padre en absoluto y tampoco la de nadie conocido. Se respiraba un aire agradable, como a incienso, y había un chico de espaldas a mí. Al menos eso pensé a pesar de su cuerpo delgado y cabello largo. No se giraba en todo el sueño y tan sólo trabajaba, parecían dibujos o diseños. Era todo tan inverosímil que cuando desperté pensé que era parte de una película, alguna escena que había visto y repetido inconscientemente. Sueños extraños siempre he tenido y ese era uno más. A veces se cumplían, como pequeñas profecías, pero mi padre me dijo que eso lo había heredado de mi abuela.

-¿Quién era ese?-pregunté rascándome el pecho bajo la camiseta. Miré el despertador y eran las seis de la mañana.-Genial, encima me despierto antes de tiempo.-me quité la camiseta y los pantalones, también el boxer. Odiaba sentirme atado, me arropé con el edredón de plumas y seguí mi sueño.

-Señorito.-dijo una voz familiar, despertándome.

-Déjame dormir.-respondí.

-Son las siete y media, señorito. Su madre me mandó llamarle, tiene clases.-me movía un poco intentando que me levantara.

-Clara.-susurré descubriendo mi cuerpo para levantarme.

Su cara fue un poema, pero en definitiva no había nada ahí que no hubiera visto. Ella me había cambiado más veces los pañales que mi madre, cuidado cuando enfermaba y regañado cuando robaba las galletas recién hechas.

-Hizaki.-dijo agarrándome de la oreja.

-¡Clara! ¡Me arrancarás el pendiente!-grité retorciéndome, notaba como se rompía prácticamente, pero no sucedió de puro milagro.

-Tienes muy poca vergüenza tú, tú y tu padre sois iguales. Ya bregué con él una vez cuando era un inmaduro como tú. Ahora harás lo que te diga.-me trataba como si fuera alguien de su familia, no de forma lejana. Sabía que odiaría si comenzaba con los formalismos.

-¡Clara que me arrancas la oreja!-dije de nuevo y me soltó.

-¡Ponte esto!-me tiró mis calzoncillos, uno de tantos tirados por la habitación.-¡De inmediato!-yo lo hice entre carcajadas, era divertido verla de esa forma. Si bien, cuando vi que se acercaba a tirarme de nuevo del lóbulo de mi adolorida oreja dejé de hacerlo.

-Me voy a dar una ducha y ahora te llevo la ropa sucia a la lavandería.-comenté girándome hacia el baño.

-Tu madre ya se marchó hace rato, con tu hermano, lo llevó a desayunar al comedor del colegio.-compadecí al crío, despertarlo tan temprano para tomar leche en cartón recalentada.

-¿Y tú eres el perro guardián para que hoy asista a las clases?-pregunté en tono de burla y ella me lanzó la almohada.-¡Tan vieja y con tanta puntería!-al girarme para ver su rostro estaba serio.

-Se lo diré a tu padre. Eres un descarado, seguro que te da mano dura.-sus manos estaban a ambos lados de las caderas y movía el pie insistentemente.-Ve a la ducha, te prepararé el desayuno.-

No sabía porqué no tenía hambre, llevaba días sin alimentarme como de costumbre. Cuando me preocupaba algo, en este caso mi madre y mi padre, dejaba de comer automáticamente. Siempre fui la trituradora de desechos, comía lo mío y lo de los demás. No engordaba por una elevada actividad física. La última vez que desayuné con mi padre me temía ya todo esto, ya no comía como debía ser y a deshoras. Él pensó que era cosa de la edad, le restó importancia, y mi madre ni preguntó.

Nada más entrar en mi pequeño aseo personal me miré al espejo, estaba delgado y mis pómulos se marcaban demasiado. Parecía más niño que adulto, no me gustaba la expresión de mis ojos y aún tenía marcas de Lexter difuminadas bajo las de Anne. Me giré para abrir el grifo del agua, dejé abierto hasta que salió la tibia y entré bajo una cascada relajante compuesta por mil gotas certeras.

-Give me chocolate.-canturreaba en la ducha mientras movía mis caderas. Pegué mis manos en los azulejos y cerré los ojos dejando que el agua me empapara. Quería despertar tras dormir poco y mal.-Oh, baby.-susurré en un gemido ronco.-Give me chocolate.-eché la cabeza hacia atrás y agité mis cabellos empapándolos bien.

Amaba el champú que usaba, era parecido al de mi padre aunque no con el mismo aroma pero sí de la misma marca. A la salida me afeité y puse mi loción, arreglé mis cabellos y me vestí con el uniforme del instituto. Lo odiaba tanto, me quitaba parte de mi personalidad. Me coloqué las gafas y al mirarme al espejo casi lo rompo.

-Nerd, eso eres.-murmuré observando mi cutis.-Nerd, pero bien guapo.-hice un guiño a mi propio reflejo y salí de mi pequeña cueva.

El desayuno fue una lucha mortal con Clara. Quería que tomara los cereales, la fruta, la leche, el zumo de naranja y también el yogurt vitaminado. Tan sólo logró que tomara fruta y zumo, el resto no me entraba. Nada más pensar que ese idiota me llevaría al instituto me entraba rabia, los nervios me revolvían el estómago y era incapaz de tragar.

11/6/09

Se rompio el encanto VII


Al apartarse se recostó en la cama. Dejó de estar sobre mí, aunque esa fue la postura final que tomamos. Habíamos probado unas cuantas, prácticamente todas las que conocía. La abracé y dormimos hasta bien entrada la noche, después únicamente me duché y pedimos unas pizzas. Hicimos como si nada hubiera pasado, aunque yo no me atrevía a decirle que al separarme el condón estaba algo rasgado. Por dentro me decía que era imposible que eso sucediera en una única ocasión, además estaba seguro que si lo decía ella me dejaría de hablar y yo tenía esperanzas de que comenzáramos a salir.

Decidí irme cuando noté que molestaba. Ella estaba agotada, podía notarlo por su rostro y su forma de acurrucarse en el sofá.

-Creo que debo irme.-dije acomodando bien mis pantalones.

-Es tarde.-estaba pensativa, pero también lo había estado minutos atrás. Quería pedirle salir con ella, era la indicada quizás. Esa persona por la que darlo todo sin esperar nada. Iba muy rápido, hacía unas horas que decía amar a Lexter. Sin embargo, habíamos mantenido sexo y éramos amigos. El amor podía surgir de la nada, de una simple chispa, y apostaba por ello.

-Nos vemos mañana.-ella me miró confusa y se echó la colcha perdiendo sus ojos en la pantalla del televisor.

Cuando me marché lo hice dando un paseo. Mi cabeza estaba en otro mundo, casi soy arrollado por un vehículo en un paso de cebra. Si bien, nada más llegar a casa mi madre me estaba esperando sentada en el sofá. Sus largas piernas se acomodaban sobre unos cojines, sus ojos azul glaciar se clavaron en los míos y ella dejó su revista de moda.

Siempre leía ese tipo de revistas. Allí tenía prácticamente su vida. Hablaba de modelos, moda, modistos y escena social. Ella nació para ser una flor bien cultivada entre los salones de belleza, pasarela y fiestas sociales de renombre. Sobretodo se hacía con aquellas que hablaran de un tal Olivier. Nunca me había interesado por ver fotos de sus modelos, era casi exclusivamente moda femenina y las chicas de pasarela me parecían muy delgadas para mi gusto.

-¿Dónde has estado? Llamaron del instituto y me dijeron que no te has presentado allí, en unas semanas tienes exámenes importantes. ¿Crees que la educación que te damos es gratuita? ¿Qué no vale nada?-sus ojos eran dos tormentas marinas, sin embargo su rostro no expresaba la más mínima emoción.

-Me gustaría que lo fuera, es un colegio de niños pijos donde no encajo.-reclamé.

-Por favor.-dejó su mano en el pecho y puso cara de incrédula.-Eres el más popular, tus notas son las mejores, tienes talento artístico y en los deportes. Hizaki, encajas perfectamente en la educación que recibes.-ella no lo notaba, pero yo no era como quería. No estaba hecho para deslumbrar como ella. Para bajar unas escaleras y sonreír a todos aunque deseara llorar. No, no lo era. No podía serlo ni lo sería.

-Popular entre asnos que compran sus notas, que nada más saben hablar del último móvil que se compraron y de lo super que es ir a una party de tendencias progres.-mi tono de voz se convirtió en el que ellos usaban, seseaba y movía mis manos amanerada mente.-Niños pijos sin futuro, ni destino. Muchachos que ocultan su sexualidad y después te soban en los partidos. Eso es lo que quieres para mí, un montón de ovejas que no tienen huevos de ser quienes son. No mamá, no pretendas que encaje ahí. Yo no soy un robot. A ti te irá bien este estilo de vida, pero yo preferiría ser un matón como lo fue papá.-se encaminó hacía mí, me levantó la mano pero la bajó. Le había dolido lo que había dicho, sabía que era cierto. Se marchó prácticamente llorando, deseé detenerla sin embargo no lo hice. Había tomado el valor de decirle lo que pensaba de toda esa panda de niños pijos, pero luego me di cuenta de que a ella la dejé al mismo nivel.

Corrí hacia las escaleras, mis pasos resonaron apresurados. Entré a su dormitorio sin llamar y estaba tumbada en la cama. Aguantaba las ganas, se las aguantaba. Había hecho daño a mi madre sin proponérmelo.

-No te das cuenta de que quiero lo mejor para ti, lo que creo mejor. Me sacrifico en muchas cosas por ustedes. Pero me he dado cuenta de que no sólo se va mi matrimonio al infierno, sino también la poca relación que tengo contigo.-su voz era lineal, pero su forma de ser la delataba. Demasiados años a su lado, la conocía quizás incluso mejor que mi padre.

-Mamá no quise decir que sea mala, los profesores son buenos, pero no aguanto a esos chicos. Me parecen insufribles.-ella sonrió al escuchar aquello.

-Yo trato con personas que no soporto a diario, tienes que aprender Hizaki.-se incorporó mientras me hablaba y suspiró.-Pensamos que era lo mejor, tienen actividades extraescolares que siempre te gustaron. No hay más institutos privados en toda la ciudad, los demás son demasiado inseguros para alguien como tú. Tu padre es alguien influyente y yo también, no podemos ponerte en peligro.-en momentos como ese sí la veía como una madre, no como una extraña.

-Mamá.-dije y ella sonrió casi maravillada al llamarla de ese modo.-Lo siento.-se puso a mi lado y me abrazó de forma rápida.

-No te preocupes.-susurró apartándose.-A veces me recuerdas demasiado a él.-acarició mi rostro y salió del dormitorio para dirigirse a su despacho.

Era la primera vez que la veía caminar descalza, sin esos tacones que la hacían ver aún más estilizada. Ese contoneo de caderas que cientos de hombres habían admirado y que yo tenía presente en cada mujer que observaba. Sin duda, nadie caminaba como mi madre. Nadie era capaz de demostrar superioridad con una única mirada. Ella era fuerte, más fuerte que muchas otras y con cierta entereza estaba soportando todo. Aún amaba a mi padre, podía notarlo en sus palabras. También en su forma de odiarlo en silencio, cuando lo veía en las revistas de la prensa rosa con aquel chico aferrado a él. El gran escándalo, la caja de Pandora se había abierto sin que nadie la tocara realmente. Las cosas pasan porque era necesario, todo debe de ir ocurriendo y haciendo caer la próxima ficha del dominó. Eso es la vida, una cadena de efectos mariposa.

Me quedé pensativo sentado en la cama de mis padres. Tenía la espalda encorbada, los ojos clavados en el parquet y mi mente volaba. Quería volver a ver a Lee Anne, pedirle que comenzaramos algo juntos y ver en que terminaba todo. Merecíamos una oportunidad. Ella siempre decía que su corazón estaba roto por el amor y el mío estaba hecho añicos. Estaba tan absorto que no noté la presencia de mi hermano en la cama hasta que me abrazó por la espalda.

-¿Te pasa algo?-preguntó agarrándome por el cuello.

-No.-respondí con una sonrisa, lo hice de forma automática. Intentaba protegerlo de todo, incluso de mis estados de meditación. Era demasiado pequeño para contarle todo lo que sucedía, quizás algún día.

-¿Dónde has estado? Ya incluso hemos cenado.-seguía aferrándose a mí, su hermano mayor que procuraba mantenerlo en una capsula alejado de la realidad.

-Hablé con papá y después estuve conversando con una amiga.-se apartó al fin cuando escuchó la respuesta, rodó por la cama y quedó en forma de cruz. Sus ojos se fijaron en mí. Ojos menos rasgados y algo parecidos a los de mi madre, aunque sin ese hieratismo que a veces mostraba.

-¿Papá te dijo algo del zoo?-amaba ese lugar, decía que quería ser veterinario y cuidar a todos los animales desvalidos. Estaba seguro que cuando fuera adulto convertiría su casa en un arca de Noé gigante.


-No, no le pregunté. Teníamos que hablar cosas de mis estudios.-se giró hacia mí cuando escuchó eso y frunció el ceño.

-¿Sí? Ya te gradúas, pero a ti no te gusta estudiar.-reí a carcajadas ante esas palabras. Era sincero, muy sincero.

-Anda ve a tu cuarto, enciende la consola y espérame. Voy a ir a darme una ducha, cuando salga jugamos una partida.-no dijo nada, tan sólo se levantó y corrió hasta su habitación.

Salí entonces de la habitación que siempre fue de mis padres, y así lo será eternamente en mi memoria. Tantos recuerdos entre sus sábanas; tantas noches de miedo a los fantasmas aferrado a mi padre, para que me protegiera, mientras escuchaba a mi madre decirle que me mimaba demasiado; tantas emociones y sobretodo tantas cosas pendientes.

En ese cuarto aprendí a ponerme la corbata. Tenía siete años, íbamos a una boda de una de las amigas de mi madre. Fui a buscar a uno de los dos y al abrir la puerta bailaban un vals, tengo grabada en mi mente la sonrisa de enamorados que ambos tenían. Cuando depararon en mí ella sonrió y caminó hacia mí. Mi padre reía a carcajadas al ver el nudo que había hecho a la pobre corbata, mi madre lo arregló y acomodó mis cabellos. Pronto sabría que ella esperaba a mi hermano, a Hero. En esos instantes me preguntaba porqué todo cambió. Tantas cosas quedaron enjauladas en las paredes de aquel dormitorio…tantas que no pude dejar de llorar. Mi familia ya no era igual, Hero aún soñaba con que todo se arreglaría porque en su profunda inocencia no existía el “para nunca jamás”.

Tomé aire apoyándome en la puerta, con la cabeza gacha, y entonces sentí su presencia. Alcé la vista y estaba ahí con un ojo morado y el labio roto. Vino hacia mí y me intentó tomar del mentón, aparté el rostro y lo empujé.

-No me gusta verte así, todo por mi culpa.-susurró y yo comencé a reír a carcajadas.

-Por favor no te creas tan importante, no es por ti por quién lloraba.-me aproximé a él y susurré lentamente lo siguiente.-Acabo de venir de follar con una hermosa mujer, créeme lo que te digo. En esta función ya no tienes lugar, no formas parte del espectáculo y tampoco del decorado.-sus ojos se quedaron fríos, su sonrisa se torció y su mirada terminó siendo un apoteósico revulsivo de odio.-Búscate a otro para jugar, yo no soy juguete de nadie.-

Tras eso me fui hacia mi cuarto, me desnudé y fui a la ducha. Dejé que el agua me destensara y tras unos minutos sentía mi alma en paz. A la salida de la ducha me puse una yukata y jugué casi una hora a uno de los juegos de RPG con mi hermano.

9/6/09

Se rompió el encanto V


Las semanas siguientes trascurrieron de forma acelerada. Todo me daba vueltas, él no paraba de buscarme cuando estábamos a solas o la casa por entero para nosotros. Lo hicimos en mi cama y también en el garaje. Él decía sentirse atado a mí, amarme y yo al final caí como un idiota. Creo que es lo que llaman amor ciego. No veía las pistas de que estaba con alguien más. Le creía, cada cosa que decía me aferraba aún más.

-Es la primera vez que me enamoro de alguien.-me dijo abrazándome en mi propia cama. Su aroma quedaría impregnada en las sábanas y esa noche dormiría tranquilo olvidando todos los problemas que caían sobre mi espalda.-Eres hermoso Hizaki, todo un dios asiático.-estaba de espaldas a él, sus manos acariciaban mis caderas y mi respiración era lenta.

-Yo también siento esto por primera vez, es extraño. Al principio me negaba ser el pasivo en la cama, pero he terminado por necesitarlo únicamente por ser tú.-me giré y le besé acurrucándome en sus brazos.-Quiero decírselo a mi madre, no lo verá bien, pero no quiero seguir ocultando todo esto.

-No, no podemos decirle eso.-se puso nervioso, se levantó de cama y casi se tropieza con mi batería.-Tu madre me echaría, haría que no nos viéramos y tu padre nos fusilaría.-le miré fijamente y me incorporé.

-Podemos fugarnos, empezar en otro sitio. Ya soy mayor de edad, sé lo que quiero.-dije recostándome bien en la cama para palmear el colchón.-Anda, ven.-dije esperando que viniera, que se recostara a mi lado. Sin embargo retrocedió aún más.

-Debo de pensarlo, tengo que irme a mi habitación antes de que vuelva tu madre.-pensé que temía su reacción, yo también. Mi madre era alguien fría, podía tomar su venganza cuando todo estuviera en calma.

Me quedé en la cama sintiéndome vacío. Quería dormir con él y se lo propondría. Me iría a su habitación y ahí mi madre jamás entraba. Lo hice tras meditarlo como media hora, temía molestarlo o que ya estuviera durmiendo. Me coloqué una camiseta y mis boxer, para buscarlo. Si bien nada más bajar un tramo de las escaleras lo vi, lo vi besando a mi madre. Ambos riendo y comentando la jugada contra la pareja de mi padre. Mis ojos se llenaron de lágrimas, no de tristeza sino de furia. Volví a mi habitación y me encerré autoabrazándome en un rincón. No sólo me era infiel, además con mi madre y tenía parte de culpa de lo que había pasado con mi padre.

No pude dormir, no dejé de llorar y por la mañana amanecí sin fuerzas para ir al instituto. Mi madre vino a mi habitación con su bata favorita y una taza de café entre sus manos, únicamente la veía en esa pose tras una buena noche de sexo romántico con mi padre. Me dio asco, asco de saber que habíamos compartido el mismo hombre y cuando me tocó el pelo me giré porque no quería que me tocara.

-Echa a Lexter de casa, no me agrada la actitud que está tomando.-abrazando la almohada.

-No puedo hacerlo, Hizaki, desempeña bien sus funciones.-me giré cuando le escuché decir eso.

-Hacer que odies a papá, que le pongas como un criminal cuando únicamente dejó de amarte.-noté la expresión de su mirada, ira, pero se calmó y simplemente se marchó de mi cuarto.

-Recoge todo y ve al instituto.-replicó.

-¡No! ¡Échalo! ¡No es sólo por lo que está haciendo a mi padre! ¡Me está haciendo daño!-no quería gritarle claramente que éramos amantes, que nos tenía embaucados a los dos.

-Hizaki, ve al instituto. Lexter te llevará y verás que no es un mal empleado.-se marchó bebiendo su maldito café importado, con sus cabellos alborotados y su movimiento de caderas sensual.-Por dios, hijo, no soportas verme feliz.

No había competición entre ella y yo. Por un momento estuve por decirle que o ella o yo. Pero viéndola caminar, hablar, escuchar como tarareaba en la ducha y sobretodo con esa sonrisa de satisfacción me ahogué la rabia. No quería que sufriera más, que fuera feliz con él y lo vigilaría porque no tuviera más aventuras sueltas. Yo me retiraba, ella había ganado.

Me levanté y me crucé con mi hermano. Jugaba con esa maldita DS que papá le había regalado. Eso y el balón de fútbol se habían vuelto su entretenimiento. Cuando se paró frente a mí alzó sus manos para que viera la pantalla.

-Un neko, lo llamé Chi, como el del anime.-sonrió y mostró una sonrisa imperfecta, se había caído un diente y aún no salía.

-Está bien, parece divertido.-dije palmeando su cabeza, acariciando sus cabellos y retirándolos de su frente.

-Papá seguro que querrá tener uno igual.-asentí a sus palabras, no sabía qué más hacer.

-Ve a desayunar y luego lávate bien los dientes.-me aparté de él mientras comenzó a corretear con aquellas zapatillas de patas de gato.

Al pasar por su cuarto vi un gato de peluche enorme, mi madre se lo había comprado quizás por remordimientos por todo lo que estaba viviendo. Probablemente pensaran que es algo inmaduro, pero todo lo contrario, simplemente no quiere dejar de ser un niño. Su coeficiente intelectual es elevado, pero a veces le cuesta desenvolverse con los demás niños. Suele decirme que son aburridos, que únicamente encuentran divertido golpearse y él lo ve todo más fructífero si se dedica tiempo a otras cuestiones.

-Buenos días Hizaki.-esa voz era la de Lexter, la escuché a mis espaldas cuando caminaba hacia la puerta de mi dormitorio. Iría al instituto, pero tendría que ducharme y al tener baño propio lo usaría antes que el general.

-Vete a la mierda Lexter.-dije dando un portazo, para luego meterme bajo el agua. No calmaba mi mal humor, mis ganas de golpearlo hasta romperle cada uno de sus huesos, las ansias de gritar a mi madre que él se había burlado de mí y sobretodo decírselo a mi padre para que lo fusilara.

Decidí no ir, al final me quedé encerrado en la habitación y contacté con mi padre. No sabía si aceptaría mi llamada después de tantas semanas sin ponerme en su búsqueda, pero le necesitaba.

-¿Sí?-dijo algo confuso, notaba su extrañeza. Antes nos contábamos todo, o casi todo, en ese momento nos tratábamos como extraños.

-Papá.-respondí llorando de nuevo.

-¿Qué sucede Hizaki?-me preguntó algo más confuso, quizás no se esperaba que alguien como yo llorara de esa forma. Creo recordar que jamás había llorado al caer, cuando tenía un duro revés y solamente lo hice en contadas ocasiones. Siempre tenía una sonrisa en mis labios, eso debió ser un shock para mi padre.

-Soy un idiota.-balbuceé.

-¿Por qué?-responder a eso por teléfono no era lo apropiado, tendría que quedar con él y era urgente.

-Tengo que verte, tengo que contártelo cara a cara.-esa fue mi respuesta, un ruego.

-Está bien.-contestó algo acelerado y nervioso.-Ven a mi despacho en el Ayuntamiento, hablaremos.-antes era mi habitación, el café o su despacho en casa. Pero las cosas cambiaban, lo aceptaría aunque me resultara frío ir allí.

-Ahora, por favor.-susurré.

-Sí, voy para allá.-

Tras ello colgamos y yo salí de la habitación. Mi madre ya no estaba, se marchó a trabajar y mi hermano estaba en el colegio. Él estaba en la escalera, observándome.

-¿Es porque no quiero que sea público?-tenía los brazos cruzados su rostro estaba completamente serio.

-¿Te crees que soy idiota?-pregunté.-¿Te crees que no me daría cuenta? ¿No tenías suficiente conmigo? ¡Tenías que acostarte con ella!-grité y se vino para mí, intentando agarrarme de los brazos. Sin embargo, le hice varias llaves y lo tiré al suelo, para luego patearle los testículos.-Aprende bien esto, no se juega con los Sakurai.-me dolía ser así con él, pero me había hecho daño y no sólo a mí sino a mi familia.

Corrí hacia la puerta, casi me caigo al término del último escalón pero era alguien felino en ese aspecto. Eché a correr por toda la ciudad llorando, lo hacía con rabia, rompí un contenedor de basura al darle una patada cargada de rabia. Llegué en pocos minutos al Ayuntamiento, la secretaria me vio pasar y por unos minutos se confundió con mi padre. No vestía el uniforme escolar, sino ropa normal. Me senté en la silla frente a la de su mesa y esperé. Ni cinco minutos y llegó él.

-Papá.-dije levantándome aun con el rostro lleno de lágrimas, no paraba de llorar aunque lo deseara. Vino hacia mí abrazándome tras cerrar la puerta, para mayor intimidad.

-Hizaki ¿qué sucede?-preguntó muy preocupado, no sólo en su voz sino también su mirada.

-Papá, él me engañó.-susurré trémulo y él me abrazaba apretándome contra su pecho.-Me llevó a la cama y me engañó.

-Yo estoy aquí, ya nada malo ocurre.-aquello lo habría escuchado de sus labios como mil veces, cada vez que tenía un problema o me caía. Aunque no llorara, él estaba ahí dándome ánimos.

-Papá, Lexter me engañó.-el tic, el mismo que yo poseía en ocasiones, apareció en su ojo izquierdo y apretó los dientes.

-Dime que Lexter no es el hombre con el que estás, por favor Hizaki.-yo simplemente dejé que el silencio hablara por unos instantes, oculté mi rostro y me aferré a la solapa de su chaqueta.

-Me dijo que era especial, me dijo que me quería y él está con mamá. Mamá no me cree, no cree lo que le digo y dice que sólo lo hago porque ahora ella es feliz.-susurré intentando calmarme, pero no sabía. No había remedio. Mi madre era demasiado orgullosa y cegada, pensaba que era simplemente porque él había ayudado a descubrir todo y que me había enterado por él, o quizás escuchando conversaciones.-Papá lo peor, lo peor de todo, es que le amo.-acariciaba mis cabellos como si fuera un gato, me intentaba tranquilizar y a la vez tranquilizarse a él.

-No debes de amar a personas que son inferiores a ti, ya no sólo en clase social sino en belleza e inteligencia. Hizaki, te mereces alguien mejor que esa rata.-besó mis mejillas y mi frente, para luego limpiar mis lágrimas.

-¿No te enfadas?-pregunté temeroso.

-Contigo no, pero él sabrá quién soy yo.-sus ojos eran dos bolas de fuego, bolas que calcinarían al cretino de quien comencé a considerar como mi primer ex.

-No papá, por favor.-rogué.-Sólo quiero que sepas que no puedo verte porque mamá me ha jurado que tú vas a pagarlo caro.-me besó de nuevo y me tomó de los hombros al escuchar aquello.

-Voy hacerlo.-me retiré de él furioso, no aceptaba mis decisiones. Si tenía que darle lecciones se las daría yo.

-¡No! ¡No quiero que hagas nada contra Lexter! No tiene la culpa de que no me ame o quizás de no ser fiel.-entonces volví a correr, lejos de mi padre y de todo. Terminé yendo al piso de Anne Lee.

Anne Lee era una amiga que estudiaba en la ciudad, más bien la universidad de la ciudad. Tenía veinte años, era hermosa y perfecta. Sabía poco del idioma, pero sí japonés. Yo sabía bastante de mis raíces, pero no demasiado. Mi madre amaba demasiado Europa y Latinoamérica, de donde eran sus ramas familiares y a veces dejaba a un lado la cultura de mi padre.

8/6/09

Se rompió el encanto IV





Al llegar al ascensor cerró la puerta de seguridad, marcó el piso tres e inició su juego. Mordisqueaba mi cuello y yo únicamente me aferraba su corbata. Cerré los ojos y mis labios produjeron leves gemidos entre suspiros. Ahora que lo recuerdo me siento idiota, un inútil, pero en ese momento me creía un Dios. El hombre del cual me había fijado hacía algo más de un año me hacía caso y de esa forma.

-Te haré mío.-susurró en mi oído y me quedé estático.

No, no quería. Parte de mí negaba que fuera a ser pasivo, no me veía en esa situación, pero él era experto en relaciones de ese tipo y yo un inexperto que se las afrontaba por primera vez. Busqué sus labios atrapándolos, lo besaba de forma alocada y una de sus manos se colocó sobre mi entrepierna.

-Ya llegamos.-se apartó de mí con aquella indicación, tiró de mí y me metió en una de las habitaciones.

Era un lugar barato, a un lado tenía un armario de esos desmontables y una barra americana que daba a una cocina. Frente a la puerta estaba la cama y junto a ella un televisor y un tocador. El televisor juraría que aún emitía en blanco y negro y el teléfono parecía de esos de catálogo de los ochenta. No es que hubiera imaginado que tuviera sexo alguna vez con un hombre, pero me imaginaba un lugar de alto nivel adquisitivo para alguien como yo. Iba a dar mi virginidad en un cuartucho que seguro que tenía cucarachas.

-Debo de irme, no me siento cómodo aquí.-me atrapó por las caderas y pude notar su erección, ya era tarde.

-No te vayas.-susurró besando mi sien, haciendo notar sus labios sobre mi piel y creándome un latigazo por toda mi columna vertebral. Ese latigazo de nerviosismo y excitación. Su colonia se hacía presente en mi ropa, quería huir y a la vez quedarme.

-Llegaré tarde a la fiesta.-dije como excusa barata.

-Te amo.-al decir aquello sentí como si el tiempo se detuviera. Nunca me habían dicho esas palabras, nunca. Buscaba en realidad alguien que lo hiciera de forma sincera, alguien que me amara sin importar su sexualidad o su posición en la cama. Quería un apoyo firme, nada más.

-¿Lo dices de verdad?-pregunté intentando pensar fríamente, pero no podía y menos con sus manos colándose por debajo de mi camisa oscura.

-¿Me has visto bromear alguna vez?-me giré y lo observé un instante.-No miento, te amo y no hay nadie más que pueda decírtelo de forma más sincera.-me aproximé a él y lo besé acariciando su rostro, él me rodeó entre sus brazos.-Te amo.-dijo de nuevo y yo sonreí, o eso recuerdo.

-Tú me gustas mucho.-no le amaba, pero algo en mí se removía.

-Entonces, pasemos a mayores.-caminó unos pasos seguros, yo me aferraba a él con pavor a lo que sucedería. Me tiró en la cama y comenzó a quitarse la ropa de chofer, revolvió sus cabellos engominados y yo únicamente me aferré a la colcha. Quería irme, pero no quería perder esos te amo. No me sentía seguro en el lado del pasivo, yo siempre me sentí activo y es más me agradaban los chicos dulces, no los que podían matarte de una mirada. -¿Sucede algo?-dijo mientras se desabotonaba la camisa.

-No.-respondí con los ojos bien abiertos y temblando.

-No debes de tener miedo, esto lo realizamos por mutuo acuerdo y sé que lo estás deseando.-se inclinó sobre mí y besó mis labios.

Quería gritar y escapar. Podía golpearle, hacerle una llave de cualquier técnica y dejarlo en el suelo prácticamente en coma. Sin embargo, quería saber qué es sentirse amado por una vez. Mientras me debatía entre irme o quedarme, él me desnudó. Ambos quedamos desnudos.

-Lo vas a disfrutar.-me dijo acariciando mis labios, para luego besarlos de forma intensa.

Empecé a notar sus manos por todo mi cuerpo. Acariciaba mi torso, mis costados, mi rostro, mis manos temblorosas y cualquier trozo de mi piel. Yo lo rodeé con mis brazos por el cuello mientras él abría mis piernas y coló uno de sus dedos.

-No.-dije llevando mi mano sobre la suya.-No, prefiero ir poco a poco. Quedemos para un té y…-entonces hizo algo que me estremeció y gemí. Eso que hizo fue un leve giro con su dedo sobre mi próstata.

-Toma mi miembro y mastúrbalo para que pueda poder ponerme el condón.-asentí a su petición y comencé a realizar un ritmo suave, para luego intensificarlo y ralentizarlo de nuevo. Era como a mi me gustaba y pareció que a él también. Sus gemidos roncos fueron directos a mi oído.-Así, Hizaki.-murmuró mordisqueándome el lóbulo de mi oreja izquierda, tirando del pendiente que llevaba en ella.-Voy a entrar, ya no resisto más.-entonces recordé el preservativo.

-El condón, sin condón no te dejaré jamás entrar en mí.-lo dije serio a pesar de estar excitado y sudado por culpa de esos juegos en mi entrada.

-Pero nos amamos Hizaki, no debería haber barreras.-lo empujé al escuchar aquello y se levantó riendo.-Era una broma, nunca hago el sexo sin condón.-respondió yendo al aseo.

Me fijé que dentro de ese maldito cuartucho tenía una máquina expendedora de condones, se notaba para qué estaba el motel. Era un picadero, me había traído a un maldito picadero donde empresario se follaban a putas de bajo coste. En su regreso intentó entrar en mí, pero no estaba acostumbrado ni acomodado en absoluto. Estuvo un buen rato lamiendo mi entrada y jugando con ella, se le notaba impaciente y yo únicamente me sentía con la cabeza perdida. Cuando al fin se hizo hueco entre mis piernas, cuando sus movimientos lentos de inicio se volvieron desquiciantes y su boca mordisqueaba mis pezones, en ese momento dejé de ser yo para gritar su hombre rogando más.

Nada más terminar me acurruqué junto a él, quería un poco de calor. Él se levantó de la cama y comenzó a vestirse. No entendía porqué lo hacía, yo no estaba seguro de poder caminar. Me había desvirginado y no había sido para nada delicado.

-Hizaki debemos ir a la fiesta, si no vas su madre preguntará donde estuviste.-era cierto lo que decía, pero me apetecía quedarme a su lado.

-Yo creo que también te amo.-dije levantándome para abrazarlo.

-Sí, lo noto. Pero realmente estaremos en problemas si tu madre comienza a sospechar.-cerré los ojos y me abracé más, aún más.-En serio, tenemos que marcharnos.-me separó y me dio mi ropa.

En diez minutos estábamos de nuevo en la limusina. Yo intentaba hablar con él sobre lo nuestro, sin embargo él era esquivo. Tenía dieciocho años, era mi primer amor, no me juzguen por ello. Pero al menos, así lo creía. Que era el primero al que le daría mi alma.

7/6/09

Se rompió el encanto III





Al día siguiente tenía que ir a una fiesta, puede sonar algo frívolo pero decidí ir a ella. Mi madre estaba repuesta de todo, su frialdad regresó e hizo como si nada hubiera ocurrido. Yo simplemente hice lo mismo, para mí todo se había desvanecido, al menos cara a ella. Lexter me llevaría a mi cita, era en la casa de un amigo de estudios y me incordiaba a veces tener que rodearme de idiotas. Sin embargo, él no lo era y me parecía atractivo. Mi chofer me guiaba por la ciudad y el tráfico era tan denso que terminamos conversando como de costumbre.

-Espero que la fiesta sea entretenida para que valga la pena esperar tanto tráfico.-dijo bajando el visor de cristal de la limusina. Pretendía dejar boquiabiertos a los desgraciados que se creían más que yo porque sus padres eran europeos, una limusina sería lo bastante ostentoso.

-Es normal, es día festivo y todos se lanzan a sus planes.-estaba recargado sobre el cristal de la ventana.-Yo te he jodido los tuyos, lo siento Lexter.-él rió ante lo que dije y se giró.

-No lo lamentes, me agrada conducir más de lo que imaginas.-me guiñó y yo por alguna razón me puse nervioso. No llegaba a sonrojarme, pero sí a inquietarme.

-Entonces todo bien.-dije acomodándome en el asiento.

-Tienes tus revistas de motor en el hueco justo al lado de la puerta, además de cocacola bien fría.-esos detalles no se lo pedía yo y mi madre tampoco, los tenía conmigo porque así era. Eso es lo que más me agradaba de él, regalos inesperados y sin esperar sobresueldo.

-Gracias.-las tomé entre mis manos y comencé a leerlas, me fijaba en las novedades del mercado y sobretodo en las más potentes. Estaba por pedirle a mi padre que me dejara ponerle un motor más potente a la de carreras, pero sabía que no me iba a dejar y en esos momentos estaba molesto con él. No había sabido llevar bien sus asuntos, terminarían aireándose públicamente y afectándonos a todos.

-Seguro que estás impaciente por ir a la fiesta, debe de haber muchas chicas guapas.-mi mirada se fijó en él cuando dijo eso.

-Sí, pero no estoy interesado ahora en una niña de alta sociedad. No soy de ese tipo de hombres.-comenté rascándome la cabeza para proseguir mi lectura.

-¿No te gustan las chicas? ¿Eres homosexual?-preguntó y yo me quedé sin habla. Creo que balbuceé. Tenía miedo, miedo a decir algo que sonara mal, no quería que mi madre supiera de mi bisexualidad.-No me importa qué condición sexual tengas, es más, yo soy bisexual y me considero un afortunado.-aquello me hizo sonreír y lanzarme como un gilipollas.

-Yo soy bisexual, pero me refería al tipo de mujer que va a ese tipo de eventos.-yo no quería una mujer como mi madre, yo quería una chica como las del servicio.

-Vaya.-susurró parando el vehículo en una larga cola.-Es una fortuna para los hombres que también juegues en nuestro equipo.-bajé mi revista observándole mejor, estaba deseando saber porqué decía eso.

-¿Suerte?-interrogué ansioso de que dijera las palabras mágicas.

-Sí, me gustas y gustarías a cualquier hombre con dos dedos de frente.-me quedé en shock, dijo lo que quería oír y sin embargo no sabía donde meterme.

-A mí también me gustas.-me sinceré creyendo que era lo correcto.

-Sabes podríamos salirnos de lo acordado, ir a un lugar más íntimo y tomar algo. Pasar la tarde juntos siguiendo esta conversación hasta la madrugada.-me estaba proponiendo una cita, yo nunca había estado en una cita con un hombre aunque sí con una mujer.

-Sí.-acepté con el corazón en la boca, tenía el pulso tan acelerado que juraría que ni el correcaminos llegaría a tanto tras una carrera.

Me pregunté donde iríamos, qué local sería el oportuno para que nadie nos dijera nada y la prensa no molestara luego con titulares sensacionalistas. Sonreía como cualquier adolescente en su primera cita, porque eso es como lo vi. Nos desviamos hacia un camino algo polvoriento, llegamos a un Motel y mi sonrisa se borró. No fue porque no deseara estar con él, sino porque tenía miedo de que jugara conmigo. Me estaba exponiendo demasiado, no quería deshonrar a mi familia. Además él dijo tomar algo, no ir a la cama. Me pegué al asiento cuando un hombre vino a conversar con él. Hablaron de negocios, parecían conocerse y le aseguró total discreción. Después me hizo salir de la limusina y entonces sentí como me agarraba por las caderas.

-Te voy a dejar claro cuanto me atraes, Hizaki.-susurró próximo a mis labios y los besó. Mi boca se volvió un volcán en erupción y me aferré a él besándolo con desesperación. Aceptaría ese juego, estaba nervioso porque sabía que tendría que ser el pasivo, sin embargo todo valía la pena.-Vamos a la habitación, aquí nos pueden ver.-me agarró de la mano y tiró de mí haciéndome caminar tras él. Estaba excitado, pero tan nervioso que no sabía donde mirar.

Al llegar al ascensor cerró la puerta de seguridad, marcó el piso tres e inició su juego. Mordisqueaba mi cuello y yo únicamente me aferraba su corbata. Cerré los ojos y mis labios propusieron leves gemidos entre suspiros. Ahora que lo recuerdo me siento idiota, un inútil, pero en ese momento me creía un Dios. El hombre del cual me había fijado hacía algo más de un año me hacía caso y de esa forma.

6/6/09

Se rompió el encanto II




Me alejé de ella, me fui a mi habitación y respiré profundo. Mi hermano estaba en el pasillo y simplemente lo tomé en brazos llevándolo a su cuarto. Allí lo recosté en su cama y besé su frente, le dije que le daría de comer después de una ducha. Él no quería estar solo, tenía miedo, pero comprendió. Su miedo era el mío, sin duda era el mismo. Nuestro mundo, tal y como lo conocíamos, se rompía como hielo quebradizo bajo nuestros pies y explotaba la bomba en nuestra cara.

Cuando fui hacia el baño de mi habitación pasé por una estantería llena de foto grafías de vacaciones pasadas. Mi padre siempre sonreía abrazado a mi madre, su vida parecía resuelta y ambos hechos a medida. Recogía premios por su esfuerzo a los más necesitados, cosa que la llenaba de paz, y él aplaudía con las ansias de un animal en busca de libertad. Pequeñas representaciones infantiles donde aparezco con diez años disfrazado de árbol y mis padres sonriendo. Había fotos que creí que ya no volvería a ver, que había olvidado. Mis ojos se aferraron a la última. Hacía tan sólo unas semanas, mi padre estaba con la mirada perdida y mi madre parecía la de siempre. Su sonrisa a veces parecía forzada, pero quizás por miedo a ser ella misma. Ese era el fallo de ella y el de él. Si se había ido con un hombre me explicaba muchos puntos de sus fobias, de sus comentarios y de su política.

He de reconocer que rompí a llorar al entrar en el baño. Comencé a odiar que mi madre se sintiera humillada, que mi padre no hubiera resuelto mejor las cosas y que mi familia se rompiera. Tenía miedo, miedo al dolor que se formaba en mi pecho. Quería gritar pero no salía, no podía desfogarme. Me convertí en el hombre de la casa, demasiada responsabilidad para un adolescente. El mundo me aplastaba, ya no era divertido ni motivador nada de aquella casa. El agua parecía abrazarme, acariciar mi piel. Compadecí a mi madre y a mi padre. Los compadecí a ambos. Uno tendría que afrontar una nueva vida desde cero, las críticas, humillaciones, su conciencia y también mil obstáculos. Mi madre tan sólo reconstruir su orgullo, aprender que no todo puede ser perfecto y salir adelante.

No había terminado de ducharme cuando entró mi hermano. Me miró fijamente a los ojos y comenzó a llorar como yo lo había hecho antes. No le importó que estuviera desnudo y empapado, él se abrazó a mí y yo lo tomé en brazos intentando calmarlo.

-Papá no volverá.-gimoteó.-Ahora no volverá a casa, yo quiero que papá venga.-acariciaba sus cabellos mientras él se aferraba aún más a mí.

-Papá vendrá a vernos, te llevará al zoo como prometió y también al parque de atracciones una vez al mes si sigues con buenas notas. Papá siempre cumple sus promesas.-besé su sien y él se separó.

-¡No! Papá le dijo a mamá que siempre estaría a su lado.-sus brazos temblaban, todo él era una masa tambaleante.

Decidí no decir nada, llevarlo a mi cuarto y vestirme apurado. Le extendí la mano y él la tomó, lo llevé al salón y le puse su abrigo favorito. Tenía que sacarlo de casa, hacer que se calmara quizás en los columpios y después una buena hamburguesa. Mamá odiaba que comiéramos ese tipo de comidas, pero papá siempre nos invitaba al burger cercano.

-¿Dónde vamos? ¿Con papá?-preguntó y yo negué con la cabeza.-¿Dónde?

-Vamos a comer una hamburguesa, un helado y a caminar un buen rato hasta que mamá se desahogue todo lo posible.-era mejor dejarla sola, al menos yo así lo desearía.

-Señorito Hizaki ¿le soy de ayuda?-preguntó Lexter, el hombre de confianza de mi madre y de toda la familia. Era su guardaespaldas personal y también en ocasiones mío.

-No, tan sólo salíamos a dar una vuelta.-dije secando las lágrimas del rostro de mi Hero.

-No deberían salir a estas horas.-dijo mirando el reloj.-Les acompañaré, me quedaré más tranquilo y su madre también.-mi madre no dejaba que saliéramos más allá de las diez sin un guardaespaldas, mi padre tenía enemigos y no se sabía bien cómo iban a reaccionar.

-De acuerdo.-observé sus prendas y noté que vestía sin su traje chaqueta, simplemente unos jeans.

Lexter es el tipo de hombres serio, pero que cuando lo conoces ves que es alguien desenfadado y casi una bestia si entras en su territorio. Fue policía pero por culpa de la corrupción se alejó de ella, se sentía demasiado tentado quizás a caer y quiso mantenerse limpio. Le hirieron prácticamente en el corazón, salió a sano y salvo. Mi padre lo contrató cuando se restableció y le dio una habitación en nuestro hogar. Estaba a nuestro servicio las veinticuatro horas del día, para todo. Él siempre me atrajo, no era alguien que se dejara domar fácilmente pero con él lo deseaba. Me percaté que mi bisexualidad era idéntica a la de mi padre, no podía odiarlo quizás por ello. Sus ojos verdes se clavaron en mí, pues me quedé observándole como un idiota. Regresé la mirada a mi hermano y terminé de abrigarlo.

En la salida conseguí que mi hermano se olvidara de todo. Hero era un niño sensible, cuidado entre algodones aunque no tan caprichoso como yo. Al dejarlo dormido en su cama y arroparlo, noté a Lexter observándome desde el marco de la puerta. Al pasar por su lado me dio las buenas noches y me puse nervioso. Ese hombre me atraía y era bastante atento, aunque supuse que era por su trabajo.