9/6/09

Se rompió el encanto V


Las semanas siguientes trascurrieron de forma acelerada. Todo me daba vueltas, él no paraba de buscarme cuando estábamos a solas o la casa por entero para nosotros. Lo hicimos en mi cama y también en el garaje. Él decía sentirse atado a mí, amarme y yo al final caí como un idiota. Creo que es lo que llaman amor ciego. No veía las pistas de que estaba con alguien más. Le creía, cada cosa que decía me aferraba aún más.

-Es la primera vez que me enamoro de alguien.-me dijo abrazándome en mi propia cama. Su aroma quedaría impregnada en las sábanas y esa noche dormiría tranquilo olvidando todos los problemas que caían sobre mi espalda.-Eres hermoso Hizaki, todo un dios asiático.-estaba de espaldas a él, sus manos acariciaban mis caderas y mi respiración era lenta.

-Yo también siento esto por primera vez, es extraño. Al principio me negaba ser el pasivo en la cama, pero he terminado por necesitarlo únicamente por ser tú.-me giré y le besé acurrucándome en sus brazos.-Quiero decírselo a mi madre, no lo verá bien, pero no quiero seguir ocultando todo esto.

-No, no podemos decirle eso.-se puso nervioso, se levantó de cama y casi se tropieza con mi batería.-Tu madre me echaría, haría que no nos viéramos y tu padre nos fusilaría.-le miré fijamente y me incorporé.

-Podemos fugarnos, empezar en otro sitio. Ya soy mayor de edad, sé lo que quiero.-dije recostándome bien en la cama para palmear el colchón.-Anda, ven.-dije esperando que viniera, que se recostara a mi lado. Sin embargo retrocedió aún más.

-Debo de pensarlo, tengo que irme a mi habitación antes de que vuelva tu madre.-pensé que temía su reacción, yo también. Mi madre era alguien fría, podía tomar su venganza cuando todo estuviera en calma.

Me quedé en la cama sintiéndome vacío. Quería dormir con él y se lo propondría. Me iría a su habitación y ahí mi madre jamás entraba. Lo hice tras meditarlo como media hora, temía molestarlo o que ya estuviera durmiendo. Me coloqué una camiseta y mis boxer, para buscarlo. Si bien nada más bajar un tramo de las escaleras lo vi, lo vi besando a mi madre. Ambos riendo y comentando la jugada contra la pareja de mi padre. Mis ojos se llenaron de lágrimas, no de tristeza sino de furia. Volví a mi habitación y me encerré autoabrazándome en un rincón. No sólo me era infiel, además con mi madre y tenía parte de culpa de lo que había pasado con mi padre.

No pude dormir, no dejé de llorar y por la mañana amanecí sin fuerzas para ir al instituto. Mi madre vino a mi habitación con su bata favorita y una taza de café entre sus manos, únicamente la veía en esa pose tras una buena noche de sexo romántico con mi padre. Me dio asco, asco de saber que habíamos compartido el mismo hombre y cuando me tocó el pelo me giré porque no quería que me tocara.

-Echa a Lexter de casa, no me agrada la actitud que está tomando.-abrazando la almohada.

-No puedo hacerlo, Hizaki, desempeña bien sus funciones.-me giré cuando le escuché decir eso.

-Hacer que odies a papá, que le pongas como un criminal cuando únicamente dejó de amarte.-noté la expresión de su mirada, ira, pero se calmó y simplemente se marchó de mi cuarto.

-Recoge todo y ve al instituto.-replicó.

-¡No! ¡Échalo! ¡No es sólo por lo que está haciendo a mi padre! ¡Me está haciendo daño!-no quería gritarle claramente que éramos amantes, que nos tenía embaucados a los dos.

-Hizaki, ve al instituto. Lexter te llevará y verás que no es un mal empleado.-se marchó bebiendo su maldito café importado, con sus cabellos alborotados y su movimiento de caderas sensual.-Por dios, hijo, no soportas verme feliz.

No había competición entre ella y yo. Por un momento estuve por decirle que o ella o yo. Pero viéndola caminar, hablar, escuchar como tarareaba en la ducha y sobretodo con esa sonrisa de satisfacción me ahogué la rabia. No quería que sufriera más, que fuera feliz con él y lo vigilaría porque no tuviera más aventuras sueltas. Yo me retiraba, ella había ganado.

Me levanté y me crucé con mi hermano. Jugaba con esa maldita DS que papá le había regalado. Eso y el balón de fútbol se habían vuelto su entretenimiento. Cuando se paró frente a mí alzó sus manos para que viera la pantalla.

-Un neko, lo llamé Chi, como el del anime.-sonrió y mostró una sonrisa imperfecta, se había caído un diente y aún no salía.

-Está bien, parece divertido.-dije palmeando su cabeza, acariciando sus cabellos y retirándolos de su frente.

-Papá seguro que querrá tener uno igual.-asentí a sus palabras, no sabía qué más hacer.

-Ve a desayunar y luego lávate bien los dientes.-me aparté de él mientras comenzó a corretear con aquellas zapatillas de patas de gato.

Al pasar por su cuarto vi un gato de peluche enorme, mi madre se lo había comprado quizás por remordimientos por todo lo que estaba viviendo. Probablemente pensaran que es algo inmaduro, pero todo lo contrario, simplemente no quiere dejar de ser un niño. Su coeficiente intelectual es elevado, pero a veces le cuesta desenvolverse con los demás niños. Suele decirme que son aburridos, que únicamente encuentran divertido golpearse y él lo ve todo más fructífero si se dedica tiempo a otras cuestiones.

-Buenos días Hizaki.-esa voz era la de Lexter, la escuché a mis espaldas cuando caminaba hacia la puerta de mi dormitorio. Iría al instituto, pero tendría que ducharme y al tener baño propio lo usaría antes que el general.

-Vete a la mierda Lexter.-dije dando un portazo, para luego meterme bajo el agua. No calmaba mi mal humor, mis ganas de golpearlo hasta romperle cada uno de sus huesos, las ansias de gritar a mi madre que él se había burlado de mí y sobretodo decírselo a mi padre para que lo fusilara.

Decidí no ir, al final me quedé encerrado en la habitación y contacté con mi padre. No sabía si aceptaría mi llamada después de tantas semanas sin ponerme en su búsqueda, pero le necesitaba.

-¿Sí?-dijo algo confuso, notaba su extrañeza. Antes nos contábamos todo, o casi todo, en ese momento nos tratábamos como extraños.

-Papá.-respondí llorando de nuevo.

-¿Qué sucede Hizaki?-me preguntó algo más confuso, quizás no se esperaba que alguien como yo llorara de esa forma. Creo recordar que jamás había llorado al caer, cuando tenía un duro revés y solamente lo hice en contadas ocasiones. Siempre tenía una sonrisa en mis labios, eso debió ser un shock para mi padre.

-Soy un idiota.-balbuceé.

-¿Por qué?-responder a eso por teléfono no era lo apropiado, tendría que quedar con él y era urgente.

-Tengo que verte, tengo que contártelo cara a cara.-esa fue mi respuesta, un ruego.

-Está bien.-contestó algo acelerado y nervioso.-Ven a mi despacho en el Ayuntamiento, hablaremos.-antes era mi habitación, el café o su despacho en casa. Pero las cosas cambiaban, lo aceptaría aunque me resultara frío ir allí.

-Ahora, por favor.-susurré.

-Sí, voy para allá.-

Tras ello colgamos y yo salí de la habitación. Mi madre ya no estaba, se marchó a trabajar y mi hermano estaba en el colegio. Él estaba en la escalera, observándome.

-¿Es porque no quiero que sea público?-tenía los brazos cruzados su rostro estaba completamente serio.

-¿Te crees que soy idiota?-pregunté.-¿Te crees que no me daría cuenta? ¿No tenías suficiente conmigo? ¡Tenías que acostarte con ella!-grité y se vino para mí, intentando agarrarme de los brazos. Sin embargo, le hice varias llaves y lo tiré al suelo, para luego patearle los testículos.-Aprende bien esto, no se juega con los Sakurai.-me dolía ser así con él, pero me había hecho daño y no sólo a mí sino a mi familia.

Corrí hacia la puerta, casi me caigo al término del último escalón pero era alguien felino en ese aspecto. Eché a correr por toda la ciudad llorando, lo hacía con rabia, rompí un contenedor de basura al darle una patada cargada de rabia. Llegué en pocos minutos al Ayuntamiento, la secretaria me vio pasar y por unos minutos se confundió con mi padre. No vestía el uniforme escolar, sino ropa normal. Me senté en la silla frente a la de su mesa y esperé. Ni cinco minutos y llegó él.

-Papá.-dije levantándome aun con el rostro lleno de lágrimas, no paraba de llorar aunque lo deseara. Vino hacia mí abrazándome tras cerrar la puerta, para mayor intimidad.

-Hizaki ¿qué sucede?-preguntó muy preocupado, no sólo en su voz sino también su mirada.

-Papá, él me engañó.-susurré trémulo y él me abrazaba apretándome contra su pecho.-Me llevó a la cama y me engañó.

-Yo estoy aquí, ya nada malo ocurre.-aquello lo habría escuchado de sus labios como mil veces, cada vez que tenía un problema o me caía. Aunque no llorara, él estaba ahí dándome ánimos.

-Papá, Lexter me engañó.-el tic, el mismo que yo poseía en ocasiones, apareció en su ojo izquierdo y apretó los dientes.

-Dime que Lexter no es el hombre con el que estás, por favor Hizaki.-yo simplemente dejé que el silencio hablara por unos instantes, oculté mi rostro y me aferré a la solapa de su chaqueta.

-Me dijo que era especial, me dijo que me quería y él está con mamá. Mamá no me cree, no cree lo que le digo y dice que sólo lo hago porque ahora ella es feliz.-susurré intentando calmarme, pero no sabía. No había remedio. Mi madre era demasiado orgullosa y cegada, pensaba que era simplemente porque él había ayudado a descubrir todo y que me había enterado por él, o quizás escuchando conversaciones.-Papá lo peor, lo peor de todo, es que le amo.-acariciaba mis cabellos como si fuera un gato, me intentaba tranquilizar y a la vez tranquilizarse a él.

-No debes de amar a personas que son inferiores a ti, ya no sólo en clase social sino en belleza e inteligencia. Hizaki, te mereces alguien mejor que esa rata.-besó mis mejillas y mi frente, para luego limpiar mis lágrimas.

-¿No te enfadas?-pregunté temeroso.

-Contigo no, pero él sabrá quién soy yo.-sus ojos eran dos bolas de fuego, bolas que calcinarían al cretino de quien comencé a considerar como mi primer ex.

-No papá, por favor.-rogué.-Sólo quiero que sepas que no puedo verte porque mamá me ha jurado que tú vas a pagarlo caro.-me besó de nuevo y me tomó de los hombros al escuchar aquello.

-Voy hacerlo.-me retiré de él furioso, no aceptaba mis decisiones. Si tenía que darle lecciones se las daría yo.

-¡No! ¡No quiero que hagas nada contra Lexter! No tiene la culpa de que no me ame o quizás de no ser fiel.-entonces volví a correr, lejos de mi padre y de todo. Terminé yendo al piso de Anne Lee.

Anne Lee era una amiga que estudiaba en la ciudad, más bien la universidad de la ciudad. Tenía veinte años, era hermosa y perfecta. Sabía poco del idioma, pero sí japonés. Yo sabía bastante de mis raíces, pero no demasiado. Mi madre amaba demasiado Europa y Latinoamérica, de donde eran sus ramas familiares y a veces dejaba a un lado la cultura de mi padre.

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