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29/5/11

Una boda, una bala, prisas y sexo. Capítulo 16


Creo que estuve dándole vueltas a todo hasta que llegó el momento de llevarlo a la boda. Aquel día daría un giro inesperado a mi vida en todos los sentidos, pero yo sólo pensaba que vería como un ciclo nuevo se cerraba en la vida de mi padre y yo tenía que estar presente. Y sólo quería estar a su lado, para que todo fuera más llevadero.

Cuando fui a buscarle creo que mi mandíbula se desencajó. Vestía un traje gris humo, sin camisa y con una pañoleta larga adornando su cuello. Eso hizo que pensara que tenía poca ropa y que podía secuestrarlo amordazándolo con su propio complemento, sin embargo sacudí la cabeza y abrí la puerta de mi coche para que él se montara.

Llegamos en media hora, aproximadamente, y todo el perímetro parecía acordonado por los hombres de Kamijo. Así que únicamente podían pasar vecinos y personas que tuvieran invitación. Aparqué justo en frente de la casa. Le ayudé a bajarse como buen caballero, aunque él fuera un hombre era delicado y me gustaba tener ese tipo de comportamientos.

-Ya verás, nos vamos a divertir.-dije con media sonrisa esperando que fuera cierto, porque por dentro me olía que algo no iba a ir de todo bien.

Sabía bien que mi padre estaba arreglándose en el piso superior, Phoenix también. Entré con la llave que tenía y todos los floristas terminaban de arreglar todo. Lo había recogido en su casa, se lo dije. Quería verlos antes de que todo se volviera un revuelo y ayudarlo.

Ahí estaba Yue, Hiro, Aniel e Ismael. Los cuatro ayudaban con los arreglos. Eran mis amigos, personas con las cuales prácticamente había crecido y deseaba que Oly los conociera, además que ellos lo aceptaran de buena manera.

-¡Quita idiota!-gritó Hiro.-¡No seas estúpido!-apartándolo porque se había abrazado a él soplándole en la oreja.

-¡Tratame con cariño ahora que somos familia!-gruño Ismael empujado por Hiro, esto hizo que cayera de culo frente a todos.

-¡Ted cuidado! ¡Ted cuidado!-decía Aniel mientras con su hermano, mientras los floristas intentaban hacer lo que ellos le pedían. Mi padre les había dejado indicaciones para así no perder él el tiempo.

Oly estaba enganchado a mí y yo observándolos a todos. Creo que les daba miedo, aunque no lo dijera.

-Hiza ¿ayudamos a algo?-preguntó en mi oído.
Yo de inmediato besé su sien sonriendo como cualquier enamorado, como un auténtico gilipollas. Pero, eso era algo que no podía controlar. Me hacía feliz estar con él y poder lucirlo frente a todos, era algo que había sacado de mi padre. Ambos nos sentíamos orgullosos de tener a quienes teníamos y cuanto más se arreglaran mejor.

-Tú no, te has arreglado demasiado para estar cargando con eso.-dije tomándolo de la mano para entrar dentro. Aún estábamos en el pasillo hacia el salón viendo a todos moverse de un lado a otro.

-Sí, gracias.-murmuró algo abrumado por todo el mundo que allí se encontraban.

Yo al final no había llevado la corbata, el traje era negro, la camisa también, los pantalones y zapatos. Todos se quedaron estáticos mirándome, más bien mirándonos a ambos.

-¡Ay! ¡Mi Hiza que guapo estás!-corrió Aniel saltando como gamo encima mía. Los demás bajaron de las escaleras y se pusieron alrededor. Ismael ya conocía de vista a Oly.

-Vaya... ¿ya estás bien del pie?-preguntó mirándole fijamente con cierto desprecio.

-No mires así idiota, que intimidas.-dijo Hiro golpeándole bien fuerte. Era igual que Yue pero más masculino y adulto. Tenía veintitrés años, pero el parecido era increíble.

No soltó mi mano, es más creo que la apretó con ganas. Se notaba nervioso, sobretodo cuando se percató que estaba Yue.

-Hola, mucho gusto.-saludó a todos, de esa forma tan dulce que estuve a punto de lanzarme sobre él sin piedad.

Como pude me saqué a Aniel de encima sin separarme de Oly. A veces me asfixiaba que fuera tan loca, aunque yo también lo era y no podía decirle que no hiciera cosas que yo incluso hacía peor.

-¡Aire coño! ¡Aire!-grité y todos dieron unos cuantos pasos.-Uno a uno.-dije con una sonrisa, mientras observaba a mis amigos con corbata.

-¡Dijiste que te pondrías!-gritó Ismael.-Eres un bastardo mentiroso!

-Y tú un ojete que se ha quedado sin verme de corbata hoy, además yo suelo ponérmela, cosa que tú no.-murmuré y sonreí satisfecho por ser el único que no había caído en llevar la soga. Hacía demasiado calor para llevar algo así, quería estar fresco y cómodo.

-Él es Olivier... ellos son Hiro, Aniel, Ismael y a él lo conoces.

Yue no se había movido del sitio, observando todo con ganas de echar a correr. Notaba en sus ojos una decepción terrible. Creo que esperaba que apareciera solo para así lanzarse a mis brazos, rogar que volviéramos y hacerlo en alguna parte de la boda. Sí, eso era lo que sucedía en las películas románticas que tanto le gustaban... pero la realidad era distinta. Yo amaba a Olivier, yo quería estar con mi diseñador de alta costura y no con él.

-¡Ne! ¡No seas tozudo lo cargo yo!-gritó alguien mientras me giré y lo vi. Era Cat con mi hermano pequeño en brazos.

-¡Es el hermano de la novia de mi padre yo lo cargo!-respondió Eduart

-¿Vosotros también ya aquí?-los miré perplejo, porque no esperaba siquiera que vinieran.

Eduart tenía invitación y supongo que invitó a Cat porque sería su acompañante ya que su pareja, Sam, no pudo asistir por complicaciones en su trabajo. Ambos sonrieron al vernos, creo que se sintieron aliviados que estuviéramos allí entre tanto extraño. Aunque, ellos no conocían todavía a Oly.

Sonrió de forma cortés a todo el mundo, sin soltar mi mano, e inclinando su cabeza como saludo. Cada vez que la casa se llenaba un poco más, el se aferraba más a mí. Me recordaba a un niño perdido en medio de una multitud, pero para su suerte no esperaba quedarme hasta el almuerzo, sólo en la ceremonia.

-Hola Olivier.-dijo Cat intentando que no le quitaran el niño de encima.

-¡Dámelo!-gritó Eduart.

-¡No! ¡Es mio!-lo mecía mientras empezaba a reír de forma escandalosa, el niño simplemente lo imitaba completamente feliz de estar en sus brazos.

-Tú, suelta a mi hermano o le pegas lo idiota.-dije aquello como broma y él simplemente sacó la lengua, hizo lo mismo Jun para luego aferrarse a él.

-¡Yo tengo que aprender! Yo tendré hermanos...-gritó a todo pulmón Eduart, pero entonces vio a todos allí y se sonrojó. Creo que se avergonzó tanto que casi se cae y fue a esconderse prácticamente tras Cat.

-¡Chicos! ¡Os dejasteis el peluche!-ese era Lionel, entrando precipitadamente en el salón, y claro nos vio a todos.-Ho...hola.-balbuceó algo sonrojado, pero se relajó leve al verme a mí y vino con una sonrisa.-Hacía mucho que no te veía Hiza-kun.-dijo abrazándome.-Ho...hola.-estaba algo sonrojado observando a Olivier.

-Oly, este es Lio.-dije con una leve sonrisa.-Esos de allí son Cat y Eduart.

-Hola ¿qué tal?-dijo algo azorado y pude leer en sus ojos ciertos celos que me animaron.-Sí, a ellos les conocía de antes... un gusto volver a verlos.-un gusto que no parecía ser tanto, pero era encantador cuando se ponía de esa forma..-¿Entonces todos llegamos antes de tiempo?-sonrió quedándose quieto pegado a mí.

-Sí...-sonrió leve mirando a Oly, con cierta admiración, para luego pasar su mirada a mí.-No he podido traer a Tay... tu padre lo quiere fusilar.-me miraba con una sonrisa.-Te veo incluso mayor... dios...-comenzó a reír bajo y luego fue hacia los chicos tomando el niño.-Vamos dentro, vamos.

-¡Anoria!-gritó a pleno pulmón y todos miraron a Oly, para luego mirarme a mí.

Oly estaba tan rojo que en vez de zanahoria era tomate, un tomate bien maduro.

-Que majo... mi hermano.-murmuré casi golpeando mi cara con mi mano abierta.

-Le llamas anoria...-murmuró Hiro rascándose la cabeza, intentando saber de dónde venía esa palabra.-Anoria... ¿zanahoria?-interrogó mirándome con malicia.-Bonito nombre.-le fui a dar una patada giratoria y se apartó.-¡Oh! más suerte la próxima vez.

-Capullo.-murmuré tomando a Oly para ir arriba.-Vamos arriba, quiero ver a Kamijo y a mi padre.

-Hiza...-balbuceó intentando buscar excusa, quizás.-Creo que es mejor que vayas con tu padre solo.-creo que le daba algo de malestar estar cerca de mi padre, por lo sucedido con mi madre.-No es prudente, no soy de la familia.

-¿Y dejarte con esa pandilla de impresentables?-dije mirando hacia la planta inferior. Yue se había quitado la chaqueta y tenía una camisa algo trasparente, intentaba llamar mi atención o la de cualquiera con un par de centímetros entre sus piernas.

Abajo sólo se veía como se molestaban unos a otros, se empujaban y prácticamente pegaban por una psp.

-¿Ves? Son como canívales.-murmuré con media sonrisa, para ir a la puerta de mi padre y llamar.

-¡Un momento!-gritó Kamijo, escuchándose pasos apresurados hacia la puerta.

-¿Sí?-preguntó el amigo de mi padre abriendo un poco la puerta, era el llamado y mencionado como alcoholico... Imai, observando todo.-Oye viejo verde aquí está tu niñito... el cual te hará un abuelo respetable.-canturreó y Toll lo metió para dentro agarrándolo del cuello.-¡Animal!

La puerta cedió y yo entré dentro, donde estaban todos en reunión. Parecía un clan de la mafia reuniéndose para la boda de uno de sus miembros. Toll a Imai estaban sentados en una esquina, mientras Hide acomodaba bien la ropa de mi padre. Él era el experto en moda y discreción, mi padre se dejaba guiar pos sus consejos y también por sus propios gustos. Kamijo simplemente observaba todo desde un lugar prudente cerca de la ventana.

Todos estaban de negro impoluto, menos mi padre que parecía de merengue. Acomodaba la chaqueta cuando entré y casi me caigo de espaldas al verlo así.

-Dios pareces...

-Di algo Hizaki y te juro que te tiro por las escaleras.-dijo acomodando el chaleco esta vez.

4/6/10

Tritones de piscina VIII


-Soy mayor de edad, Oly.-dije abrazándolo mientras intentaba no pensar que pasara algo malo.-La conozco desde hace diecinueve años... y ella sabe que me gustas, me dijo que no sería bueno para mí estar contigo... quizás por lo de tu pareja, estoy seguro de que fue por ello.-suspiré.-Yo le dije que haría lo que yo creía correcto, que era mi vida... y por eso seguí insistiendo contigo... hasta casi agobiarte, si no lo hice ya.

-Hiza cálmate.-dijo sonriéndome.-Tampoco es que estemos juntos o casados y te vayan a desheredar.-a mí no me importaba la herencia, me importaba él.-Tengo negocios con Clarissa, es una mujer madura. Quién sabe que pase, pero no puedo estar huyéndole siempre. Y al mal paso darle prisa.

-No tengo miedo a eso, si quiere que lo haga. No me importa el dinero Oly.-me separé de él.-¿Crees que un niño rico haría lo que yo hago? Joder Oly me pegué con alguien por dinero, en una pelea ilegal, además de hacer carreras ilegales para tener dinero. Quiero comprarme siempre las cosas con mi dinero, invitarte con mi dinero y comprar las cosas del bebé con mi dinero.-era un cabezota como mi padre, eso nadie podía negarlo.

-No es por eso Hizaki.-respondió con mayor seriedad.-Primera, debes de dejar ese discurso de "yo no soy niño de sociedad" lo eres, lo quieras o no, y deberías de aprovecharlo en lugar de desdeñarlo así. Es como si creyeras que toda la gente que tiene dinero es menos. Lo pensaste de mi cuando nos conocimos.-soltó un suspiro mientras regresaba a su discurso.-En realidad Hiza hay gente mataría por muchas de tus oportunidades, y la verdadera madurez es saber pedir ayuda y reconocer cuando las cosas no están en nuestras manos. No puedes hacer todo, y mucho menos andar arriesgándote, para sacar dinero de maneras tan estúpidas

-Mi padre...-dije mirándole.-Si te cuento esto del infartado ¿me guardas el secreto?-me senté en la encimera.-Mi padre tuvo una mala vida, a pesar de tener dinero, su padre le golpeaba día y noche... quería que dejara la pintura, el saxo, la banda, de cantar... escribir y sobretodo a Uta.-agaché la cabeza para luego alzarla.-Día tras día tenía una paliza encima, nunca se quejó... las aceptaba... todo para que su padre no golpeara a su madre o a su hermano pequeño. Tanta era su ira que terminó en una banda. ¿Sabes que es un yakuza Oly?-pregunté mirándolo fijamente.-Asesino, un asesino japonés... un mafioso. Estuvo a punto de ir a la cárcel pero lo mandó mi abuelo bien lejos, le dijo que si seguía siendo un rebelde, si seguía enfrentándolo, mataría su hermano y a su madre. Bien... vino para acá y conoció a mi madre. Por decirlo de alguna forma... se reformó.-cerré los ojos y eché hacia atrás la cabeza.-Yo no mato por dinero, pero si me meto en peleas... no soy como mi madre. Por eso chocamos tanto, ella quiere que sea como en sus tontas fiestas... pero eso es una fachada. Tal como tú me ves es como soy, no soy un niño que ame las fiestas de sociedad.. me gusta más un billar y una copa en mi mano... No soy como ellos, por eso lo he dicho, la sangre de mi padre creo que tiene la culpa.-me bajé y besé su frente.-Ahora seguramente piensas mal de mi padre... pero la única vez que mató fue porque estaban a punto de matar a golpes a Uta.

Me escuchó atentamente pero frunció el ceño cuando iba contando todo. Sabía que vendría una de sus reprimendas.

-Atsushi ha pasado por muchas cosas, la misma Clarissa me lo dijo. Pero son cosas suyas Hiza, no las puedes tomar de bandera tú. Sobretodo cuando tu familia no es ni por asomo así.-no lo era, pero tuve que soportar burlas y abucheos por como era mi padre... o por como terminó siendo. Después todo lo que sucedió con Phoenix y eso me hacía desear hacerlo todo yo, no tener que deberle nada a mi padre ni a mi madre.

Se levantó molesto, y meditabundo, para ir hacia la sala y quedarse allí. Parecía que todo aquello le había herido de alguna forma y también hecho recapacitar.

-Oly.-fui tras él y me quedé a su lado.-Oly por favor.-lo tomé del rostro para que me mirara.-Yo no soy como ellos, tú tampoco. La mayoría de los chicos que se mueven en lo que podemos llamar "nuestro" mundo... no son inteligentes, ni creativos, ni mucho menos dulces como tú.-besé sus labios y sonreí.-Por eso me gustas tú.

-¿Te has tomado la molestia de conocer a alguno?-me miró con cara de pantera, tenía ante mí una fiera que quería sacarme los ojos. Se alejó de mí apartándose por completo hacia otro lado de la estancia.-Claro que no, sólo juzgas. Idiotas hay en todos lados, no es exclusivo de la clase alta. Al igual que personas interesantes.-suspiró.-Dime la verdad Hizaki.-dijo mirándome a los ojos.-Si no hubiera sido por aquel tipo que me hizo un pancho cuando tú y yo platicábamos ni siquiera hubieras vuelto a dirigirme la palabra. Acéptalo. Tú también juzgas antes de conocer a las personas.

-Te equivocas.-dije serio.-He conocido a demasiados, créeme. Yue no es de clase media, ni baja, su padre es como el mío. Simplemente él salió igual que su madre.-me senté en el suelo frente a él.-Hay pocos como tú, al menos así lo veo. He conocido a muchos, tanto como amistad como algo más. Y la verdad, ninguno aportó nada en mi vida. Tampoco mis amigos de clase media o baja... nadie aporta como tú en mi vida.

Me miró fijamente intentando calibrar cuales eran mis intenciones, para después levantarse e ir a mirar hacia la ventana. Yo fui tras él para abrazarlo por la espalda, le necesitaba y no quería discutir.

-Oly, no te veo como un niño rico.-susurré besando su cuello.-Te gustan las cosas caras, pero te lo ganas tú. No es por algo que te de tu padre, te lo ganas.-lo giré y lo observé.-Mi grupo son todos chicos que vienen de familia con dinero, pero son personas que son como otros. Tienen algo que me llaman la atención.-besé su cuello pasando mis manos por su vientre.-Por favor, no quiero que te vayas molesto conmigo.

-No estoy molesto.-dijo quitándome de entre mis brazos, sentándose en el sillón de la sala. Parecía que sí estaba molesto por mucho que dijera que no. tomó su blackberry jugueteando con ella, tal vez enviando algún mensaje a mi madre.-¿Te quedas a cenar?-preguntó cambiando radicalmente de tema.-Bueno a comer más bien, aún tengo que arreglar la maleta.

Que se escurriera así no me agradaba, me sentía como un idiota. Cuando escuché lo de cenar asentí, pero entonces noté que alguien me llamaba al móvil. Estaba aún entre las cosas de la piscina. Busqué con la mirada la bolsa y la encontré prácticamente en la entrada a la sala. Agarré la bolsa y saqué el móvil viendo el número en la pantalla, pensé en no aceptar la llamada porque no me sentía bien para soportarla.

-Anne.-dije en un susurro extrañado.-¿Todo bien?-interrogué en un tono frío, el más frío que conocía.

-Sí, tan sólo quería decirte que fui a revisión, todo bien.-respondió.-No te llamé ayer porque no me encontraba con ánimos, estaba agotada y bueno pensé que era buena hora.

-De acuerdo.-comenté.

-Hiza... echo de menos estar contigo.-susurró en un tono acaramelado, pero yo no quería saber nada de ella.

-Yo no, créeme. Nos vemos el jueves próximo, para la siguiente prueba.-apagué y guardé el móvil observándolo con la mirada ida.

Me perturbaba aún todo aquello, sobretodo ella. No entendía sus cambios de humor, supuse que era el embarazo que le hacía estar de esos altos y bajos. No podía ser tan descortés con ella porque lo que estaba en su vientre era mío, era mi hijo.

-¿Todo bien Hiza?-dijo con voz suave desde el sofá, para luego levantarse y tomarme de la mano.-Anda vamos a la cocina, te prepararé algo ligero para que no tengas problemas mañana.-tiró leve de mí y lo seguí.-¿Qué te parece si tú pones la mesa en lo que esto sale?-preguntó mirándome preocupado, ya que yo seguía con esa mirada extraña clavada en el vacío.

-¿Soy detestable?-pregunté mirándole a él.-Debo de serlo.-balbuceé.-Debo de ser alguien que no tiene buenos sentimientos, buen fondo, o simplemente no tengo-murmuré.-Aún la odio, no puedo hablar dos palabras con ella o verla sin desearle lo peor... yo... aun sabiendo que el niño es mío... no paro de odiarla.-comenté con los ojos aún en otro mundo, en mis recuerdos.-Era mi mejor amiga, me engañó y ... dios...-apreté los puños para apoyarme bien en la encimera.-La detesto.

Él estaba buscando las cosas para hacerme de comer, para cenar los dos juntos. Pero paró de inmediato cuando me escuchó decir todo aquello. Se giró sin saber como decirme todo lo que quería hacerme comprender.

-Hiza no.-susurró.-¿Cómo dices eso de ti mismo?-vino a mi lado y me tomó de las manos.-Eres impulsivo, renegado si quieres, celoso en ocasiones. Pero eso es sólo porque sientes demasiado.-intentó sonreírme.-¿Cómo puedes decir que no tienes sentimientos?-agarró mi rostro acariciándome las mejillas.-Es normal que tengas tanto resentimiento. Nunca se siente bien cuando se nos usa y menos de esa forma.-murmuró.-Aunque ahora puedes enfocarte en la parte buena que todo esto te va a dejar, vas a ser padre y vas a poder amar a mares a ese niño que viene.

27/5/10

Tritones de piscina VII


-No entendiste.-dije comenzando a reír.-En serio, eres demasiado inocente.-me había subido a uno de los mostradores a comer.-Está bueno, pero sigo prefiriendo otro lugar mejor donde estaría esta miel.-comenté engullendo cada trozo como si me fuera la vida en ello.

Se chupó los dedos y yo simplemente me quedé pensando en lo bien que lamía la miel. Quería pegarme a su boca y que su boca se pegara a mi cuerpo.

-No sé que no entendí.-murmuró.-Pero tú eres quién tiene problemas.-sí, tenía uno enorme que iba creciendo entre mis piernas. Se sentó en un banco quedando algo más bajo que yo, una posición indicada y perfecta.-Si quieres hay más, de esto nunca faltará en esta casa.-murmuraba pasando su lengua por sus labios.-Y también si quieres quedarte a cenar puedo prepararte mi famosa crema de elote, es mi especialidad.

-¡Dios!-me ponía enfermo que hiciera eso, giré el rostro hacia otro sitio, más bien todo mi cuerpo hacia otro sitio. Verlo hacer aquello y yo con tan poco sexo... ya me estaba excitando.-Pues la miel, por si no lo sabes, se usan en artes amatorias al igual que otros productos.-dije tras carraspear y salir de la cocina.-Dios que calor hace ¿no?...-con tal de desaparecer y meterme en el baño... lo antes posible mejor.

-¿A donde vas?-preguntó.-Puedes si quieres tomar un baño o subirle de nuevo al aire acondicionado.-dijo detrás mía.-¿O quieres algo frío de tomar? Tengo agua de shia.

-Dejame solo unos minutos ¿eh? una ducha me vendría bien...helada más bien.-cerré la puerta con pestillo y me metí bajo la ducha aun con los pantalones. El agua estaba helada, pero eso no bajaba.-Me cago en la puta.-me daba cabezazos contra los azulejos mientras maldecía a todas mis hormonas.-Baja, joder... baja!

-¿Hiza? ¿Estás bien?-dijo en un tono preocupado tras el otro lado de la puerta del aseo.

-No.-dije casi llorando.-Pero esto lo arreglo yo.-lo hice en un tono elevado y comencé a masturbarme.-Si no es de una forma es de otra...-dije en un tono bajo.-Joder... todo a mí, todo me pasa a mí. Esto es el jodido Karma.-murmuraba mientras me tranquilizaba al notar mi mano sobre mi miembro.-Dios... que gusto.-jadeé pegado a los azulejos.

Tocó de nuevo la puerta. Quería entrar, porque incluso escuchaba como manipulaba el pomo de la puerta. No le iba a dejar pasar, no con lo que tenía entre manos.

-¿Hiza? ¿Quieres que le hable a un médico?

Un médico no ayudaría en nada a mi problema, tan sólo diría que no necesitaría recetarme viagra al menos en décadas. Estaba rematadamente mal de la cabeza al hacer aquello, pero era eso o que me viera con la campaña montada.

Cuando terminé intenté no gemir alto, me lavé las manos de forma rápida pero a conciencia y salí empapado con los pantalones bien pegados al cuerpo. Había limpiado bien todo, a fondo, y lo miré.

-Estoy bien ya.-dije relajado.-No digo que me pasaba porque te avergonzaría.

Él estaba sentado en el piso. Estaba hecho un ovillo al lado de la puerta. Sus ojos emitían una cierta preocupación en su mirada, era como cuando uno enferma y tu madre te mira a los ojos preocupada y deseando cuidarte a pesar que está agotada.

-Ok.-respondió.-Bueno, no importa. Lo bueno es que te sientes mejor. ¿Quieres agua o algo?

-Estoy bien Oly.-estaba preocupado por mí y suspiré intentando sacar mi poca hombría para decirle cara a cara que me pasó, pero sin embargo giré el rostro.-Simplemente estaba erecto, eso es todo.-después giré el rostro hacia él y me rasqué la nuca.-Pero tranquilo, que ya pasó, no voy a saltarte encima.

Abrió sus ojos al oírme, parecían que se iban a salir de sus cuencas. Estaba sonrojado hasta la médula. Sin embargo, empezó a reír a carcajadas al verme como si me hubiera sorprendido mi propia madre.

-¡Dios Hiza!-gritó carcajeándose.-¡Eres todo un adolescente!

-¡No te rías!-dije para luego empezar a reír yo.-Además soy un adolescente, tengo diecinueve.-me puse a su lado aún empapado.-Pero como ves aunque tenga ganas me las guardo, porque sé que tú no quieres y por eso no quería decírtelo.-mi tono de voz era demasiado maduro incluso para mi edad.

-¡Hiza! ¡Hazte para allá que me estas empapando!-dijo moviéndose un poco.-¡Y esto es lino!-señaló su pantalón.-¡Se encoge si se moja!

-¿Y como lo lavas?-pregunté antes de ir hasta el baño, para aún con la puerta abierta quitarme los pantalones.-¿Donde tienes una toalla para mí?-interrogué buscando por el armario de las toallas.-¿Puedo coger cualquiera?

-Sí, toma la que quieras.-dijo prácticamente en su tono normal.-Y casi toda mi ropa es de tintorería obviamente.-alzó una ceja mientras le miraba de reojo intentando encontrar algo que me estuviera bien.-¿Me ves a mí metiendo la ropa en una lavadora? Claro que no, la mando a limpiar.

-Vaya, eso es caro.-me coloqué una toalla en la cintura tras secarme un poco.-Mañana es el otro concierto.-le recordé.-Hoy me estoy relajando, tenemos todo más que preparado, y estoy nervioso... ¿crees que me saldrá bien?-tenía miedo, miedo a no dar la talla, a que no fuera como el anterior.-Oly... vendrás ¿Verdad?


-Hiza... te dije desde antes, yo salgo a Paris hoy en la noche, ya te había dicho.-sí me lo había dicho, pero ya se perdió el primero y no quería que se perdiera el segundo.-pero estarás perfecto, haz ensayado demasiado...-empezó a decir todo aquello para que me tranquilizara, sin embargo yo quería algo más que palabras y era a él.-Todo saldrá muy bien, no te preocupes

Me aproximé a él para tomarlo de la cintura y comenzar a besarlo. Mis manos estaban en sus caderas, rozándolas, mientras mi cuerpo se pegaba más y más al suyo.

-Te quiero, no me gustan los aviones...-tenía miedo que le pasara algo y yo no estar ahí.-Cuando llegues por favor házmelo saber.-me separé de él y fui hacia su cocina, necesitaba agua. Tenía un nudo en la garganta... había querido olvidar ese viaje.

Le había arrinconado en el pasillo, prácticamente pegado contra la pared al hacer aquello. Yo era una mole humana junto a su cuerpo tan delicado y delgado. Era realmente adorable, era lo que siempre había deseado tener en una pareja. Su mirada dulce, su rostro de facciones suaves y serenas se afianzaba con un cuerpo frágil. Todo él parecía de cristal, un cristal que podía romperse en mil pedazos y yo no poder hacer nada.

Ya en la cocina tomé un vaso y la jarra de agua helada de la nevera. Me eché un trago e intenté refrescarme, además de refrescar las ideas. A él lo había dejado en el pasillo, pero me siguió.

-Hey no te preocupes.-dijo sonriéndome.-A mí tampoco me gustan mucho los aviones, pero estoy acostumbrado.. viajo muy seguido y ni modo de hacerlo a pie.-intentaba tranquilizarme.-A parte.-suspiró.-me llevo a tu madre.-levantó una ceja.-¿Cómo ves? Bueno, aún no me cancela después de lo que vio hoy, al rato le hablaré para ver si va a ir o no.


Me tensé por completo y un tic apareció en mi ojo, casi tiro el agua. Sabía lo rencorosa que podía ser mi madre, lo sabía. A pesar que dijera que todo estaba perfecto, ella seguía intentando averiguar que castigo imponer.

-Oly.-suspiré girándome hacia él dejando el vaso en la encimera, lo abracé acariciando sus cabellos.-Por favor, ten cuidado...-besé su frente mientras acariciaba su espalda.-No quiero que os peleéis, no me gustaría que te hiciera llorar.

Él simplemente se echó a reír como si nada. Parecía totalmente seguro que nada malo pasaría, que no sería como yo me imaginaba.

-Se nota que no conoces a tu propia madre Hiza. Clarissa y yo tenemos años de ser amigos. Creo que tenía tu edad cuando la conocí.-dijo sentándose en uno de los bancos.-Claro, lo más probable es que me demande por abuso de menores o algo así. Pero me dejará hablar y le diré la verdad, que somos amigos y que nos estamos conociendo. También que la escena del club fue para preservar tu integridad y te aseguro que dará cátedra de la discreción y luego marcharemos de compras a la tienda Dior que tengamos en frente.

-Soy mayor de edad, Oly.-dije abrazándolo mientras intentaba no pensar que pasara algo malo.-La conozco desde hace diecinueve años... y ella sabe que me gustas, me dijo que no sería bueno para mí estar contigo... quizás por lo de tu pareja, estoy seguro de que fue por ello.-suspiré.-Yo le dije que haría lo que yo creía correcto, que era mi vida... y por eso seguí insistiendo contigo... hasta casi agobiarte, si no lo hice ya.

10/5/10

Tritones de piscina IV


-Bueno quien dice gay, dice bisexual. Pero sé que ha tenido un desengaño con un chico en la ciudad.-dije encogiéndome de hombros.-Además he oído que hay otro escritor importante por las calles... el escritor de fantasía juvenil del año.-suspiré.-Aunque a ese no le conozco, si lo hiciera estaría pidiendo que firmara todos los libros que tengo de él.

Aquel escritor de fantasía era algo inaccesible. Jamás había dado una rueda de prensa, siempre se movía por su representante, y por lo que sabía tenía un par de años más que yo. Era un joven con talento, un talento innato.

Las historias de fantasía siempre se han popularizado como para críos, para que los niños vayan a la cama. Pero hay libros de fantasía donde se describe actos carnales, vamos sexo para dar y tomar, entre personas de la iglesia y seres fantásticos. Incluso hay uno que relata sexo entre hermanos en una iglesia el día del funeral de un familiar, de alguien cercano a ellos. También hay guerras cruentas, dragones que devoran hombres y se describe como sus miembros amputados caen sobre sus compañeros. Los libros de fantasía no siempre son color de rosa, más bien casi siempre son oscuros y quién piense que son para niños está muy equivocado. La fantasía juvenil era algo increíble, sobretodo cuando se trataba de Garwain.

Él sólo firmaba con su nombre de pila. Y su nombre se había quedado bien marcado en mi mente. Era como una necesidad cuando veía una nueva obra suya, sentía ganas de lanzarme a la librería más cercana. Una vez en plena noche leí que había sacado un libro nuevo, un tomo nuevo de sus aventuras más resonadas “La piedra del dragón”. La piedra del dragón narraba la historia de un huérfano que luchaba para conseguir sobrevivir en un mundo fantástico, encerrado en aquellos frondosos bosques parecidos a los de Inglaterra. Árboles inmensos donde tenía que refugiarse de las bestias, de las personas, de todo. Era increíble. Sobretodo como describía la perdida de su virginidad con veinte años, como fue sodomizado prácticamente por un estúpido, y también la descripción increíble del reino Olvidado, un reino donde los dragones protegían ferozmente el secreto de la vida.

Wilde y Garwain eran mis escritores favoritos, escritores contemporáneos, después prácticamente no le hacía caso a otros. Leía, sí, pero no leía para sentirme en sus mundos, sino más bien por conocer a otros y tal vez encontrar esa magia en sus textos. Pero creo que no podía. No podía aceptar a otras personas en ese círculo. Ellos eran los que me motivaban, sus historias eran algo más que fechas y datos estúpidos sobre romanticismo.

Los autores más antiguos me gustaban. Creo que llegaban a ese extremo. Pero tan sólo un grupo reducido. Algunos como Lovecraft, Poe o Oscar Wilde. No es que desprecie su talento, el de los autores que iban naciendo y que aún están, sino que sus historias no me hacían sentirme el protagonista. Eran buenas, tenían cosas interesantes, pero nada que me hiciera caer en la cuenta de algo. Era literatura para pasar el rato, no literatura para pensar. A mí siempre me gustó aquella que me hiciera pensar.

-El de ese premio es compatriota mío ¿no?-murmuró.-Bueno, no tardaras en enterarte de donde se encuentra... chismosillo.-dijo estirando sus piernas.-Y no, quien dice gay no dice bisexual. A mí nunca me ha gustado una mujer, ni siquiera cuando adolescente. Las considero hermosas, pero no me mueven ni un pelo. Una sola mujer me ha besado en mi vida y fue como besar a mi hermana.-comentó con cierta cara de asco.-¿Habrá que invitar a Wilde a la fiesta no crees?

-Si tanto te gusta Wilde quédatelo... yo me quedo con el otro francés.-dije recostándome en la tumbona después de terminar. No le demostraría celos, porque ya me estaba molestando.-Además dicen que no tiene más de veinte años... claro que seguro que Wilde da con él.-reí bajo.-Según sé, más bien he escuchado, está frenético deseando encontrarlo para pedirle un trabajo conjunto...-lo de trabajo lo hice en un tono bastante irónico.

-No tiene más de veinte años ¿verdad? Quizás deba de ponerme en su búsqueda también.-dijo con una sonrisa.-He descubierto que me gustan los jovencitos, tienen mucha energía.-estiró su pie descalzado tocando mi muslo.-Aunque si Wilde lo encuentra quizás quiera compartirlo un poco ¿menage? ¿Cómo se dice Hizaki?

-Menage a troi.-murmuré con una sonrisa aguantando las ganas de destrozar a Wilde.-Aunque no te creas, no todos tienen mi energía.-dije recargado en la silla.-Además los tríos son aburridos, no son como lo pintan, o al menos eso noté. Lo pintan como algo innovador, pero no va muy allá, prefiero centrarme en una persona y hacer disfrutar como nunca.-le miré clavando mis ojos en él mientras acariciaba su pie masajéandolo.

Soltó un suspiro al sentir mis manos sobre su pie. Era muy sensible, eso era lo que más me gustaba de su comportamiento. No sólo era sensible hacia el arte, también su piel lo era.

-Pues habrás tenido una mala experiencia Hiza cariño.-murmuró.-Pero por mí, mientras no entre una mujer, he aprendido que hay ventajas de ser el pasivo. Son más manos, más bocas, más... tú sabes.-dijo entrecerrando los ojos mordisqueándose el labio inferior.

-No importa, prefiero estar con una sola persona.-masajeaba bien su tobillo, era el de la caída y lo hacía a conciencia. Ya estaba bien, pero siempre era bueno frotar en una zona afectada recientemente. Intentaba no mirarlo porque terminaría encima suya y le haría rectificar en todo.-En los tríos no hay amor, no hay nada, solo sexo... y yo de eso estoy harto.

-A veces es mejor Hiza, una persona de confianza con la que se puedan descargar impulsos. Cuando quieres a alguien todo se vuelve más complicado, y un beso no es sólo un beso. Ya una caricia no es nada más que eso. Llegar a la cama puede ser atemorizante.-lo escuché dejando el masaje por unos momentos mientras indagaba en cada palabra.-De todas maneras, una pareja puede invitar a un tercero y seguir demostrándose amor, ese tercero entra como un invitado, parte del fore-play... ¿Te imaginas? quieres tanto a alguien que deseas poder brindarle placer de mil maneras diferentes... lo considero todavía más amor si le dejas en manos de alguien que sabrá hacerle disfrutar, es confianza...

-No tenemos el mismo concepto.-dije serio observando su pie, intentaba concentrarme en su tobillo que en pensar como sería si me pidiera algo así. Jamás podría permitirle a otro tocarlo y si lo hiciera entonces yo me esfumaría, significaría que yo no era capaz de hacerle feliz.-Digamos que en ese sentido soy egoísta.-alcé la mirada con una sonrisa.-Soy clásico... salí en eso a mi padre.-también a mi madre, pero ella poco demostraba ese concepto de pertenencia, de amor recíproco y único protegido por uñas y dientes.-Creo que antes le cortaba las manos a quien sea que toque a Phoenix...-entonces eché a reír. Todos me miraban, pero no podía dejar de carcajearme.-Se pegó con el ex de Phoenix, bueno ambos como si fueran gallitos de corral en pleno hospital hace como un año... y la de vueltas que da la vida ¿no crees? Taylor se casará con su amado cura y mi padre con su...-entonces caí en la cuenta. Quedaba poco para la fecha, muy poco, y yo no tenía acompañante. Yo quería que me acompañara él, era necesario que fuera él y no otro.-La boda es en dos semanas ¿quieres venir conmigo?

-¿Dentro de dos semanas?-interrogó meditando y calibrando su agenda. Sabía que él era como mi madre, o tenía hueco o no tenía.-Salgo a París de nuevo el próximo fin de semana, deberé estar aquí para entonces. Si Clarissa no me mata antes, supongo que sí. Será un gusto acompañarte.-decía aquello con una sonrisa, pero su cerebro parecía seguir en su mundo.-¿Podré llevar a alguien más?

-¿Cómo?-interrogué.-¿A quién?-quería que él fuera mi acompañante, pero no podía decir que no porque quedaría como un celoso compulsivo, como el culo.-Puedes traer a quien gustes ¿pero de quién se trata?-me crispaba los nervios, toda la comida se revolvía en mi estómago.

-Que bien, Phi dijo que llegaba de Montereal en unos diez días. Se fue de vacaciones, aunque no sé a que va a Canadá. No es un destino turístico que yo elegiría, pero así está de loco.-rió bajo y me miró.-Si te había hablado de él ¿no? De Philippe.

-No recuerdo ¿o sí? a veces se me olvidan las cosas.-y más con los celos que tenía, estaba que mordía a alguien. Sin embargo, intentaba hacer el truco de mi madre... hielo por todas partes.-¿Quién es? ¿familiar? ¿hermano?-rogaba que fuera hermano.

-Sí, nunca me prestas atención.-dijo enfuruñando.-Phi, es diseñador industrial, tiene treinta años y es mi hermano. Philippe Jean Mursell. Y sí, te había hablado de todos ellos, es bueno saber que me haces caso.-la había cagado, metido la pata hasta el fondo y llenado de mierda hasta las orejas. Bajó su pie de mi regazo bastante molesto.-Es más te comenté ese día que estábamos en el bar, de seguro que ni recuerdas cuantos hermanos y hermanas tengo.

-Tienes dos sobrinas que le gustan jugar en la arena de la playa, tus padres siguen casados, adoras a tu familia y tienes una hermana.-dije mirándole fijamente más relajado.-A veces olvido cosas, pero es porque me pones nervioso.-murmuré incorporándome para besar su mejilla.-Anda... perdóname.

-¡Sácate de aquí!-manoteó quitándome de su lado.-El caso es que Phi viene a visitarme y quiero presentarle a una chica. La mejor ocasión de todas es una boda ¿no? A ver si sienta la cabeza, bueno es lo que mi familia quiere. Sin embargo, les digo que aún no es su tiempo. Que mi hermana se haya casado tan joven es otra cosa.

Me eché a reír cuando dijo que quería hacer de celestino con su hermano. Era imposible que le gustaran las chicas que conocía mi madre, o que conocía yo. Eran chicas refinadas, chicas demasiado metidas en el ideal Barbie. Las que conocía mi padre eran pocas, bien escasas, y la mayoría estaban casadas.

-Las chicas que conozco no son para nada compatibles con él, seguro.-me senté frente a él de nuevo tomando asiento en mi lugar.-Pero quizás pueda presentarle alguna, aunque yo no tendré la culpa si se enamora de una tonta que solo dice "osea" .-dije riendo bajo.-De verdad, no creo que las chicas que conoce Clarissa le motiven.

-Mi hermano necesita una mujer que le guste la aventura, andar en kayak, la tirolesa, los rappels y todo eso. ¿Por qué crees que se fue a Canadá? Está loco te digo. Así que uno de estos ejemplares de colección, figurita de porcelana, se le rompe a la primera excursión que la quiera llevar.-comentó intentando describir su mujer ideal.-Es diseñador industrial y una vez tuvo que hacer entre los tres un proyecto, un proyecto de un puente en medio de una quebrada. Él andaba feliz como cabra brincando entre las pendiente. Mi padre y Ettiene casi le dejan ahí.-comenzó a reír y yo también.

-¡No jodas!-creo que se iluminaron mis ojos.-Dios ya tengo a alguien para llevármelo de escalada.-me senté feliz en la silla incorporándome hacia delante.-Rappels ¿has ido al río del Ángel? son geniales, sientes adrenalina por todo el cuerpo.-mis ojos brillaban de una forma increíble, estaba feliz.-Creo que más que una chica le voy a presentar la región

5/5/10

Tritones de piscina III


-¿De Trevor?-inclinó su cabeza intentando comprender, o al menos meter esa información en su mente.-¿Celoso de Trevor?-alzó leve la voz y empezó a reír a carcajadas.-¿Tienes idea de como es él y de cómo soy yo? Se no ta que no le conoces, ese tipo de hombre no coincide conmigo. Él es, él es...-no pudo reprimir su risa, así que volvió a reír a carcajadas. Yo tan sólo no entendía que había de imposible en ello.-En serio Hiza no sé de donde sacas eso.

-De mi madre... te dije que es cruel conmigo.-dije serio, pero luego me eché a reír.-Dios casi mato a alguien de camino al lavabo donde me acordé de...-seguí riendo.-Sólo me tranquilizó un poco de agua en la cara y un cigarrillo a escondidas... ni fumar me deja, bueno ya lo dejé.-comenté rascándome la cabeza.-Mi hermana me tiró la cajetilla por el inodoro.

-Bueno.-murmuró mirándome a los ojos.-Mucha gente pensó que él y yo, bueno que después de las fotos.-suspiró.-Sobretodo mi pareja, él creyó que yo me había acostado con Trevor y terminé, gracias a eso, con un brazo enyesado.-aquello me crispó los nervios, no podía mentir. Mis ojos llameaban por culpa de todo lo que había hecho ese cretino.-Él estuvo ahí conmigo, no sé si sentía culpable o qué.-yo también lo hubiera hecho, por culpabilidad y amistad.-Pero me ayudó, me ayudó con tu madre. Entonces entre los dos me convencieron para venir a esta ciudad. Por eso tal vez se quedó con esa idea.

-Vaya... así que un brazo roto.-las piernas le rompía yo a ese, o al menos es lo que pensé cuando lo observaba. Intentaba no mostrar mis sentimientos de ira, así que me intenté apaciguar y al menos tensarme demasiado.-A mí me pondría celoso unas fotos insinuantes, pero jamás te tocaría. Pienso que quien hace eso no tiene honor, ni orgullo y mucho menos derecho a nada.-lo miré y sonreí.-No te preocupes, tienes un guardaespaldas ahora.

-No son fotos insinuantes, de hecho es un trabajo bastante vulnerable, a mí me gustaron mucho y son las que te quería enseñar la noche en que te enojaste.-entonces me di cuenta que ese inútil y yo teníamos algo parecido, aunque su cólera la pagaba con él y yo simplemente me largaba.-Tengo un par de dibujos de otros amigos, conozco mucha gente que se dedica al arte y entre nosotros pues es normal ayudarnos e inspirarnos, por ejemplo tú en mi colección. Son favores nos vamos haciendo.-él me estaba inspirando para mi novela, también para mis canciones. No era por mera inspiración de amistad o favores, era porque le amaba y quería tenerlo conmigo aunque fuera por escrito. La imaginación me permitía sobrevivir a sus tira y afloja.

-Yo espero ser más que inspiración... aunque con los celos que te dan ya lo doy por hecho.-dije mostrándole mi mano aún con las marcas de sus uñas.-Mira que pensar que Bou era mi amante...

Eso hizo que cruzara los brazos sobre su pecho para echarse hacia atrás en la silla. Se molestó porque le recordara lo de la mano, pero momentos atrás también había demostrado posesivo. No le quería decir más, verlo un poco molesto me hacía sonreír.

-Eso fue por decirme idiota.-declaró.-Aparte tu padre no se explica bien. Aunque sabía que no podías tener gustos así, no es tu estilo.

-Mientras que sean inteligentes, agradables, delgados y diseñadores... me conformo.-sonreí deleitándome con su figura, se veía atractivo a pesar de no haberme dado lo que quería. No estaba en bañador, pero esa ropa le sentaba bastante bien..-Sobretodo franceses y vegetarianos.-me levanté y me quedé de rodillas en su silla de playa.-Ahora sólo me gustas tú, antes no tenía sentimientos.

-Bueno eso deja un grupo reducido.-se giró hacia mí para sonreírme.-Sería entre Jean Loutur y yo. Así que me aseguraré que no te topes con ese engreído come fresas pronto.-entonces se quedó pensativo como recordando algo.-Hablando de comida ¿podemos pedir algo? No desayuné nada más que un té negro ¿tienen servicio de cafetería aquí?

-Por supuesto.-dije con una sonrisa mientras me inclinaba levemente en una reverencia.-Si me acompañas te llevo.-puse mi brazo para que se enganchara a él.-Además hacen licuados de frutas tropicales, creo que te gustará.

-¿No pueden traerlo aquí?-preguntó sin hacer siquiera intento de levantarse.-Me gusta estar así. Tienen que tener servicio fuera del edificio.-susurró mirándome a los ojos.-Yo sólo quiero una ensalada y un té, sin azúcar.-dijo en un pequeño ruego y yo como idiota tan sólo asentía.-Mejor nos quedamos aquí ¿no?

-De acuerdo.-dije sentándome esperando que pasara algún camarero.

Solían venir algunos para traer los pedidos que se habían realizado en el restaurante. Cuando pasó uno cerca simplemente me levanté corriendo tras él. y cuando pasó un camarero me lancé a correr hasta llegar a él.

-Disculpa.-comenté quedando frente a él.-Sergio.-dije su nombre al ver la etiqueta que tenía puesta en el uniforme.-Me gustaría saber si podrías traerme un pedido.-indiqué el lugar donde estábamos.-Te pagaré propina.

-Por supuesto.-dijo con una sonrisa triunfal, sabía que yo dejaba buenas propinas y mi madre también.

-Quiero un sanwich vegetal, una cocacola, un té frío sin azúcar y una ensalada de frutas.-dije con una sonrisa y él asintió intentando memorizar todo.

-En unos diez minutos lo tienes señor Sakurai.-comentó.

-Te acuerdas de mi apellido.-me rasqué la cabeza.-Yo soy malísimo para eso.

Él sólo rió metiéndose dentro del local para traer el pedido. Yo regresé junto a Olivier con una sonrisa triunfal. Había conseguido lo que quería.

-Traerán el aperitivo en máximo diez minutos.-acerqué mi tumbona a la suya y miré el libro.-Oh el libro de tu amor...-dije en tono de burla.-¿Sabías que yo también escribo?

-¿En serio?-ese tono de voz fue “sí, te creo. Te creo, tú escribes y yo soy un alíen de otro planeta venido aquí para procrear”.-Si me hubieras dicho el otro día a lo que íbamos no hubieras batallado tanto conmigo para levantarme. Aparte, me hubiera vestido más decente.-alcé una ceja escuchándolo, sintiendo como no me creía.-¿Sabes qué deberíamos hacer? Estrenar tu loft.-me cambió radicalmente el tema.-Dando una fiesta, bueno el mío tampoco lo he inagurado.-dijo mirándome por encima del libro.-Invitas a tu padre y sus amigos, su pareja, a tu madre que se nos infarte, a Trevor, a Wilde... sería divertido.-sonrió y yo simplemente no podía dejar de pensar en su “ya, ya... te creo”

-No me crees.-dije algo molesto porque no me creía.-¿Quién crees que me hace las canciones?-comenté levantándome para ir a por mi mochila y buscar mi libreta. Era negra con una cruz plateada céltica. Siempre la llevaba conmigo a todos lados. Era especial. Necesitaba a veces dejar constancia de mis pensamientos y dejarlo en una nota siempre tenía la posibilidad de perderlo, desde que tenía el cuaderno me sentía más yo. Podía ver frases simples, poemas, canciones, escritos largos, comienzos de poemas.-Son míos, ten piedad. Están por fecha.-El primero era algo antiguo, dos años, pero siguiendo hacia delante había de todo, incluso tenía garabatos, había dibujado a mi padre y sus aventuras... cosas que me contaba y yo lo caricaturizaba.-La fiesta estará bien.

Tomó la libreta y comenzó a dejar pequeñas caricias sobre la pasta, dibujando las líneas de la cruz con sus finos dedos.

-No es que no te crea, sólo que nunca me habías dicho nada Hiza.-intentaba conciliarme como siempre hacía mi madre, empezaba a pensar que tenía complejo de Edipo.-Mira hacemos esto cher, no me gusta leer así esto. ¿Por qué no tenemos una cena y aprovechas para leerme algo cher?-sonrió haciéndome ojos de cordero.-¿S'il vous plaît?

-Oui.-dije resignado.-Si quieres puedes quedártela, leerla y decirme qué fallos encuentras. Mi padre tan sólo me adula, mi madre si tuviera existencia de la dichosa libreta la quemaría. No quiere que me dedique a escribir ni a cantar ni a bailar... tan sólo carreras, eso no me llena Oly.-comenté algo dolido porque no me comprendía mi madre, alguien que apreciaba a pesar de las diferencias que teníamos.-Yo quiero ser yo, no quiero que nadie me cambie.

Tomó mi mano mirándome a los ojos, la apretó leve y por unos instantes sentí escalofríos. Deseaba abrazarlo, pero sabía lo que pensaban ya muchos. Estaba cometiendo locuras por estar a su lado, por tener un poco de él.

-Quiere lo mejor para ti, ella cree que lo mejor es una carrera como la de tu padre. Aunque ahora se dedique a otras cosas.-sonrió leve.-Anda, sí vamos a desayunar con ella. Espero que puedan hablar de todo eso con calma.-suspiró y apartó su mano de la mía cambiando de tema.-Entonces cher ¿Cuándo quieres hacer la fiesta? Invitas a tus amigos, yo a los míos y que sea algo íntimo de no más de cincuenta personas.

Entonces apareció el camarero y él hizo el intento de pagar con su tarjeta.

-Mercí.-murmuró estirando la mano con la tarjeta de crédito.

-Ni se te ocurra cobrarle nada.-dije mirándole algo furioso. Yo le había hecho el pedido, a quién tenía que cobrar era a mí.

-Sí.-balbuceó.-Sí señor.-dijo tomando la mía que yo le ofrecía.

-Pagaste las bebidas de la otra noche ¿crees que voy a dejar que pagues esto? Al menos se equitativo.-ni de broma iba a dejar que pagara de nuevo, no quería que gastara dinero en nuestras salidas.

-Vengo en un momento... con...su tarjeta.-intervino el camarero antes de marcharse y yo simplemente sonreí relajando el rostro.

-Sobre la fiesta de acuerdo, no tengo más de diez amigos pero le diré a Miho que traiga a los suyos... no son muchos tampoco y me gustará conocerlos... -más bien madrear a uno de ellos. Quería golpear a Amaury, joderle todo el rostro y dejarlo para el arrastre. Me molestaba enormemente que mi hermana le tuviera cariño.

Tomó un tallo de apio mojándolo en el aderezo que traía, mientras se ponía pensativo. Esa pose me gustaba, me gustaba observarlo haciendo pequeños gestos que cualquiera pasaría por alto. Abrió su teléfono apuntando ciertas cosas, no podía ver bien qué anotaba pero simplemente veía sus dedos inquietos machacar las teclas.

-¿No crees que sería interesante tener una banda en vivo mon cour?

-Los salvajes de los amigos de mi hermana, ella puede cantar también y no olvides que tengo grupo.-sonreí de lado.-¿No sería bueno tocar nosotros? así verías nuestro talento.-después recordé a mi padre.-Puedo incluso invitar al viejo y que cante conmigo.-me gustaba que me hablara en francés, pero si yo hablaba en japonés no me entendería, yo sí a él porque sabía varios idiomas.-¿Te gusta el rock gotico y rock normal?... son los únicos grupos que conozco y que tocarían tan sólo por la comida... ah... y el hijo del novio de mi hermana toca el violín, el piano... podría dar un pequeño concierto ... pero sus piezas dudo que sean clásicas.

-No sé Hizaki, suena a mucha gente y si algo he aprendido con los grupos es que entre más sean más desastre. ¿Por qué no escoges tú a uno? Aparte, si tú estás tocando eso significa que no podrás ayudarme en las demás cosas que se presenten ¿no?

En ese momento mis celos se activaron. No cantaría yo. No tocaría yo. Sólo me pondría a su lado intentando no matar con la mirada a nadie. Se quedó viendo hacia el frente, a un punto fijo indefinido, y suspiró.

-Está bien.-murmuré, pero él siguió hablando.

-Yo no se´mucho de esa música pero ¿no es muy escandalosa? Digo si esa música dejaría hablar cómodamente a las personas, recuerda que los loft no son tan amplios.

-Entonces sólo le pediré a Eduart y a Cat, he oído que son buenos con los pianos y los violines. ¿Qué tal eso? Claro que si viene Cat vendrá su pareja... y el idiota de Amaury tendrá que venir.-murmuré el nombre de Amaury como un gruñido.-Pero si invito a mi hermana y a sus amigos este viene seguro, sí o sí.-sonreí ampliamente.-¿Qué tal así? Además conozco a alguien que sabe tocar jazz... el saxo... bastante bien.-ese era mi padre, era un vicio oculto, como muchos otros.

-Eso suena muy bien.-dijo con una sonrisa amplia.-Y los gatos de todo irán a partes iguales ¿eh?-me señaló con una tira de zanahoria, como si eso me amedrentara.-No haremos este despliegue de vanidad cada vez que necesite pagar algo.

-Los musicos vendrán gratis.-dije con una sonrisa bastante felina, una que recordaba a mi gato, el gato al cual pertenecíamos Miho, Hero, Jun y yo mismo... así lo llamaba mi hermana "gato sonrisas"-El que toca Jazz lo conozco desde que era niño, créeme lo hará gratis mientras haya sushi.

-Bueno, entonces creo que será perfecto.-se recostó sobre la silla cuando en un segundo brincó todo ilusionado.-¿Y si la hacemos temática? ¿Algo de los años veinte o treinta? Tú sabes, big bands, trajes, sombreros y demás.

Reí a carcajadas al ver como se iluminaba. Parecía un niño pequeño frente a muchos paquetes de regalo.

-Perfecto, invitaré a mi profesora de baile para que nos ayude a decorar todo... ahora con los últimos acontecimientos está algo mal, pero una fiesta la reanimará, supongo.-era una buena amiga, quería verla sonreír de nuevo.-¿Te confieso un secreto? el saxofonista es mi padre, aunque ese secreto lo desconoce mi madre. No quería quitarse el look serio ante ella, tal vez por miedo al rechazo, no sé.

Movió los pedacitos de lechuga de un lado a otro, tomó un último cubito de pan tostado y dejó el plato a un lado. Terminó por recargarse en el respaldo de la silla subiendo los pies al asiento. Yo lo observaba mientras terminaba lo que me había pedido, observándolo bien sin perder detalle.

-Supongo que ninguno de los dos conoce suficientemente bien la historia como para ponernos a opinar sobre todo. Es más, ni ellos mismos la conocen. Cada quien tiene su versión, pero es triste que nunca pudieron compartir sus pasiones por miedo a algo. Es realmente triste si lo piensas bien Hizaki. Es triste que tus padres tuvieron miedo de ser ellos mismos durante tanto tiempo, incluso con la persona que más amaban. Digo tu padre por temor a no ser el hombre serio que creía que esperaba tu mamá, Clarissa por temor a no ser la mujer perfecta que él supuestamente esperaba. Es algo triste. Al menos tu padre ha tenido el valor de recuperar mucho.

Sí, era triste. Era lamentable que ambos desearan ser lo que el otro debía esperar, o más bien creía que esperaba. Mi padre cortó su cabello, algo que le hundió porque era terriblemente apegado al rock y a sus pintas de macarra. Sin embargo, siempre delante de mi madre se mostró alguien centrado y sin aspiraciones artísticas más allá de una simple afición pasajera. Mi madre ocultaba tantas cosas, tantos secretos, que jamás pude averiguar qué es lo que jamás le mostró a mi padre y que sí. Ella era un misterio en sí y se hacía la mujer de hielo porque así la educaron. Sabía que mi padre amaba cuando mi madre se enfurecía o reía a carcajadas, pero lo hacía sólo en momentos puntuales. Creo que él buscaba que fuera más ella, más humana, menos centrada y más libre. En parte se cansó de sus intentos y también de ponerse máscara, se cansó de todo y fue perdiéndose la magia. Tenía mi versión porque yo viví sus buenos y malos momentos, yo era el fruto de uno de los mejores momentos de mi familia... fui en parte uno de los logros de mis padres y por ello buscaban que fuera lo que ambos deseaban, cada uno me presionaba a su forma aunque no se dieran cuenta.

-Ella no hace su vida porque no quiere.-le dije mirándole fijamente.-Es mi madre, pero no por ello diría que es atractiva si no lo fuera. Sin embargo, no creo que esté por la labor de escoger rápidamente a cualquier hombre que pase por delante. Exclusiva es en su ropa imagina en un hombre.-mordisqueaba lo que me habían traído y luego sonreí.

-Sí, supongo que eso es cierto. Es bastante quisquillosa. Me la llevará a París cuando vaya a la semana entrante, a ver si le puedo servir de Matchmaker y con eso tal vez me congratulo con ella de nuevo.-sonrió de nuevo mientras bebía agua y yo deseé ser el borde de la botella.

-Sí, porque además dudo que haya hombres en la ciudad que sean de su gusto... el único que conozco es Wilde y tiene dos defectos que lo hace incompatible. Wilde es gay y amigo de mi padre.

-Así que Wilde nada más es gay.-dijo con cierto asombro.-Pensaría que es bi, con ese porte que tiene. Yo sé de varios que se pondrán felices de saber eso.-sonrió nuevamente y deseé saber qué demonios pensaba, juro aún que me podía apostar mis motos a que lo imaginaba semidesnudo frente a él con un letrero de “soy tuyo”

-Bueno quien dice gay, dice bisexual. Pero sé que ha tenido un desengaño con un chico en la ciudad.-dije encogiéndome de hombros.-Además he oído que hay otro escritor importante por las calles... el escritor de fantasía juvenil del año.-suspiré.-Aunque a ese no le conozco, si lo hiciera estaría pidiendo que firmara todos los libros que tengo de él.

27/4/10

Tritones de piscina II


Yo entonces recordé porque no solía ir a la piscina, porque todos me atosigaban y no los soportaba. Miré como gato acorralado a mi zanahoria, pero él seguía mirándolas con malos ojos.

-¡¿Has visto su videoclip?! ¡Yo quiero ser esa chica!-gritó otra y en menos de dos minutos había unas veinte chicas atosigándome.

-¡Olivier!-grité desesperado mientras tiraban de mí unas y otras. Incluso perdía equilibrio en el agua. Intenté salir y en mi salida fue peor. Todas me jalaban y arañaban.-¡Oly!

Por unos momentos pensé que dejaría que esas locas me ahogaran y despellejaran. Me sentía como en la escena de dibujos animados de Hércules, sólo faltaba que una gritara que tenía una gomilla mía del pelo. Era increíble como las hormonas femeninas podían desquiciarse tanto. Pero finalmente lo vi venir hacia nosotros totalmente calmado, y digno, haciendo gala de una templanza extrema para entrar en aquella maraña de locas en celo. Tiró de mí apartándolas y fulminándolas a la vez con la mirada.

-Lo siento chicas pero Hiza es alérgico a las gatas.-dijo con una sonrisa venenosa, pasó de ser zanahoria a gran pitón frente a ellas. Tiró de mí y me llevó algo apartado de aquel jaleo.

-Acabo de recordar porqué no venía aquí.-dije mirándome los brazos con arañazos. Tenía incluso sangre en el hombro y en una de las muñecas.-Puras locas... -murmuré dejando de mirarme para observarlo. Escuché tumulto a mis espaldas y me giré contemplando como venían todas a quejarse. Yo simplemente hice lo que tenía que hacer, mandé al carajo todo. Lo agarré de la cintura pegándolo bien a mí, cadera con cadera, para besarlo de forma pasional. Parecía un beso tórrido de esos de película romántica. Muchas comenzaron a chillar, no de felicidad precisamente y obviamente terminaron insultando a toda la estirpe masculina.

Él me echó los brazos al cuello y se quedó riendo bien pegado a mí al terminar el beso. Sin embargo de repente se callaron. Yo sólo miraba a él, así que no me percaté de porqué callaban todas. Una tosecilla me sacó de aquel momento dejándome como una piedra, parecía que había visto a Medusa y en realidad veía a mi madre.

-Olivier.-dijo en un tono de voz perspicaz que helaba la sangre.-Hizaki.-susurró dejándome aún más parado. Nos miró como si nos clavara mil puñales con sólo un vistazo.
-Clarissa.-se separó de mí limpiándose el agua de la cara e intentando estar presentable.-¿Cómo estás?

-No tan bien como ustedes ¿verdad?-dijo mirándonos por encima de sus gafas Chanel.

Finalmente me decidí a decir algo, aunque no era del todo coherente viendo el percal de la situación. Pero yo ya le había dicho cual era mi decisión, lo haría sí o sí. Ella no podía impedírmelo.

-Anda... que buen día para la piscina ¿no mami?-intentaba salir del encantamiento de estatua y poder enfrentarme a ella. En mal día decidí traerlo y sobretodo en buena hora comenzamos a besarnos.-¿Un refrescón?-ya me había dicho que no me acercara a Oly, pero a mi me importó bien poco. Tomé una de las botellas de agua de Oly.-¿Un poco de agua?

-No.-susurró.-Gracias.-añadió sin dejar de mirarnos como lo hacía.-Iba a un brunch con los accionista de una empresa, en la cual pienso invertir.-dijo mirándonos escrutadoramente.-Es bueno saber que estás en buenas manos Olivier.-aquel tono frío helaba la sangre de cualquier ser vivo.-Y tú Hiza siempre puedo confiar en tus decisiones ¿verdad?-dijo en un tono sarcástico bastante notable.

-Mamá es mi vida.-dije algo más tranquilo.-No debería de importarte lo que hago mientras sea feliz. No soy un niño pequeño, ya crecí.-mis palabras estaban cargadas de seriedad, cuando hablaba así era igual que mi padre.-Cada uno elije a quien desea tener en su vida ¿no es así? Igual que tú decidiste en su día a mi padre... yo tengo todo el derecho a elegirlo a él.-mis ojos se clavaban en los suyos, a pesar del miedo que me daba todo aquello.-Ya notaste que me gustaba, sé lo que hablamos y yo elegí. Esto no debería de ser una sorpresa.

Olivier cada vez estaba más rojo, más avergonzado. Podía notar como se sentía pequeño, como un niño regañado por romper algo de su madre. No sabía donde meterse y tampoco bien qué decir.

-Clarissa nosotros...-soltó un suspiro.-Supongo que estabas enterada que nos vemos, pero sólo eso.-ahí venía su cagada, la veía venir.-Sólo eso, no te preocupes... no.-creo que ya se preocupó porque salíamos, no hacía falta detalle de confesar si habíamos estado o no en la cama.

Ella levanto la ceja tras sus lentes, fue lo único que hizo. Permanecía allí parada impasible. Todos nos miraban sin decir nada más. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

-Bueno tengo cosas que hacer para estar dando un espectáculo gratuito en la piscina.-dijo encajando el golpe que había soltado Oly.-Así que a los dos.-levantó la mano despidiéndose.-Vayan a desayunar a mi casa, el miércoles, al medio día. Supongo que sigues siendo un dormilón ¿no Olivier?-dijo girándose leve sin dejar de mirarnos.-Platicaremos como es debido, y les agradecería que no hicieran espectáculos en un lugar tan delicado como es el club.-Sonrió sin dejarnos decir nada más, sólo nos quedamos contemplando como se iba.

-Aún...-le escuché balbucear.-¿Aún estoy vivo Hizaki?-preguntó sin poder moverse.

Caí de rodillas al piso jadeando, mientras la veía marcharse con su taconeo habitual.

-Estamos vivos... de momento.-dije poniéndome de pie, las piernas me fallaban por culpa de los nervios. No podía evitar sentir que el alma volvía a mí después que ella se fuera. Lo tomé del rostro observándole a los ojos, deseando que me mirara y me sonriera para poder tranquilizarme del todo.-Nos mata... esta bruja nos mata.-besé su frente, para luego volver a mirarle a los ojos.-Pero no me importa demasiado... créeme, yo creo que ya no soy su hijo.

-Hizaki.-me recriminó apartándose para ir hacia la mesa, tomó la botella de agua entre sus manos y me miró con cierto deseo de estampármela en la cabeza.-Eres muy cruel con tu propia madre, ya sabíamos que esto iba a pasar. Sólo tenemos que agradecer que es una dama y no hubo gritos. Se sentó poniendo los codos sobre la mesa y la cara pegada a sus manos.-Al final de cuentas es una de mis amigas más queridas, y siempre me ha apoyado. Por eso no es justo que hables así de ella.

-Nos va a despellejar.-dije quedándome frente a él.-No conoces a mi madre, se lo guarda todo y cuando puede te lo lanza. Dios recuerdo cuando mi padre metía la pata en cualquier cosa... lo mataba con una mirada.-suspiré sentándome a su lado.-¿Sabes? prefiero que le quede claro que no iba a seguir sus consejos... pienso salir con quien yo diga no con quien ella piense que es el mejor. Odio que me intente organizar en ese sentido mi vida. No es ella quien elije, además ella tomó a mi padre por esposo cuando no le agradaba demasiado a mi abuelo.

-No será mi madre, pero la conozco como amiga y ella me ha ayudado demasiadas veces. Veces en las cuales siquiera has tenido conocimiento de ello. Es generosa, entregada y sí una control freak.-se echó a reír entonces.-Dios me sentí peor que cuando mis padres me sorprendieron con mi primer novio en el jardín de mi casa.-murmuró relajándose al final, también relajándome un tanto a mí.-Iremos a desayunar Hiza, se lo debemos.

-Sé lo generosa que es, créeme. Pero también sé lo dura que puede ser y bien que casi me mata al saber mi bisexualidad, pero tan sólo tragó con orgullo y se lo guardó.-entonces cerré los ojos y me relajé.-Ella esto se lo veía venir, tanteó mis celos... cuando me habló de ese amigo vuestro fotógrafo.

-¿De Trevor?-inclinó su cabeza intentando comprender, o al menos meter esa información en su mente.-¿Celoso de Trevor?-alzó leve la voz y empezó a reír a carcajadas.-¿Tienes idea de como es él y de cómo soy yo? Se no ta que no le conoces, ese tipo de hombre no coincide conmigo. Él es, él es...-no pudo reprimir su risa, así que volvió a reír a carcajadas. Yo tan sólo no entendía que había de imposible en ello.-En serio Hiza no sé de donde sacas eso.

-De mi madre... te dije que es cruel conmigo.-dije serio, pero luego me eché a reír.-Dios casi mato a alguien de camino al lavabo donde me acordé de...-seguí riendo.-Sólo me tranquilizó un poco de agua en la cara y un cigarrillo a escondidas... ni fumar me deja, bueno ya lo dejé.-comenté rascándome la cabeza.-Mi hermana me tiró la cajetilla por el inodoro.

12/4/10

Volvernos a encontrar I


Volvernos a encontrar

Al día siguiente del concierto estaba completamente agotado. No podía ni pestañear. Tras el concierto fuimos a festejarlo a una discoteca bastante exclusiva. Mi padre se marchó a casa pero sus amigos vinieron conmigo, Bou y Shinji también tuvieron que dejarme. Finalmente me vi con cuatro hombres maduros que parecían incluso de mi edad si comparábamos nuestra madurez, exceptuando a Hidehiko. Ese hombre parecía el silencio en persona.

Desperté a eso del medio día, en casa, con la ropa mal colocada y tirado de mala manera en el sofá. Apestaba a whisky y ron. La cabeza estaba a punto de explotarme. Rogaba porque me hubieran traído a casa y no haber conducido ebrio, puesto que no me acordaba de nada. Mucho era que recordaba el concierto y pocas conversaciones de felicitaciones por parte de personas de la organización.

El timbre comenzó a sonar y mi cabeza comenzó a explotar. Me arrastré como pude hasta la puerta y al abrir me lo encontré ahí. A pesar de estar agotado, de no tener fuerzas para nada, di un fuerte portazo. La persona que no quería ver, la menos indicada, estaba ahí. Era Yue.

No sabía como había dado con mi dirección aunque teniendo en cuenta que toda la prensa rosa me perseguía era inevitable que diera conmigo, que encontrara mi madriguera o mi bunquer. Había dado conmigo. Yo no quería volverlo a ver en mi vida. Después de los numeritos que me había formado no quería saber nada de él.

-¡Hiza!-gritaba pulsando una vez y otra el timbre. La cabeza estaba a punto de explotarme.-¡Hizaki!-golpeaba fuerte la madera de la puerta retumbando en toda la casa, o al menos lo percibía así en mi estado de salud. No estaba bien. Aún me duraba la ebriedad y no quería aguantarlo.

Abrí la puerta y le miré como si mirara a un enemigo, en realidad él lo era. Le atravesé con la mirada de demonio y gruñí golpeando fuerte el marco de la puerta. Mi aspecto no era el mejor, creo que parecía que me había pasado por encima un tren.

-¡Vuelve a gritar una sola vez y te mato! ¡Te juro que saco un revolver y lo apunto a tu sien! ¡Maldito chupapollas! ¡No quiero saber más de ti! ¡No me molestes más joder!-entonces noté la lluvia de flashes.

-Este joven dice ser su amante ¿es cierto?-preguntó uno mientras le hacían fotos mientras él lloraba, yo sólo gruñía.

-¡No es cierto! ¡Es un maldito acosador y no tengo nada que declarar sobre él salvo que estoy harto!-cerré la puerta y me fui a la ducha arrancándome prácticamente la ropa.

Sabía la repercusión que eso tendría en la prensa. Ese maldito crío no dejaba de molestarme y me había hecho una encerrona. Estaba con ganas de agarrarlo a golpes. Ya no era sólo que no quería ser su amigo ni su amante, ya era simplemente que no quería que respirara el mismo aire que yo. Además estaba mintiendo en la prensa y Olivier podría pensar mal sobre ello. No quería que pensara que seguíamos juntos.

Mientras me duchaba sentía como la cabeza me retumbaba fuerte. El cabreo y la resaca hacían un efecto doloroso. Era como una bomba de relojería a punto de explotar. Me dolía la sien y sentía que todo mi cuerpo caía. Ese maldito idiota decía amarme pero sólo complicaba mi vida, la hacía una ruina.

Nada más salir de la ducha puse la televisión, aunque bajé bastante el volumen, y vi como los malditos programas del corazón me ponían a parir. Hablaban de cosas que ni sabían. Yo me quedé ojiplático ante todo lo que se montaba en los platós. El teléfono comenzó a sonar y acepté la llamada.

-Hijo pon la siete.-dijo mi padre.-Hazme caso y pon la siete.-era su móvil, no había visto el número. Tan sólo acepté la llamada para que no sonara más.

Al poner la siete vi como hablaban de un supuesto embarazo de una chica, una chica que decían que estaba embarazada y que al parecer yo era el padre de la criatura. Ahí no quedaba la cosa. Todo ese follón lo había empezado Yue. Sus berrinches y lloros en mi puerta estaba dando la vuelta a todo el maldito país.

-¡Yo a ese capullo lo mato!-grité molesto sin despedirme de mi padre, tan sólo apagué el móvil y furioso rompí un cojín haciendo que las plumas de este llenaran todo el salón.-¡Hijo de puta!

Durante horas los programas de televisión no paraban de emitir imágenes mías del concierto, pero entre ellas había comentarios sobre a quién cantaba realmente y si Olivier sabía que tenía un amante y un hijo esperándome. Algunas de las chicas de mi club de fans en la ciudad intentaron defenderme en vano porque las cortaban, hacían como si las llamadas se cortaran o ellas colgaran.

Finalmente los abogados de mi familia intervinieron. En los juzgados hubo movimientos rápidos puesto que denunciaron por una intromisión a mi privacidad, además de injurias y calumnias hacia mi persona. Los programas al día siguiente estaban tan acojonados que no hicieron nada. Esa era la valentía de la prensa rosa. Las mentiras se pagan caras, muy caras. Pero aquel día fue una pesadillla.

A mí no me importaba hacer declaraciones o conversar durante horas en un plató de televisión. Para mí ese mundo era algo brillante y su brillo me cegaba. Si bien, odiaba que hablaran únicamente de mi vida en vez de mi trabajo. Terminé por decepcionarme profundamente. Muchos de mis programas de música dejaron de emitir canciones mías y videos míos por el hecho de todo el revuelo que se había formado. Pensaban que yo mismo lo había hecho para darme repercusión. A mí no me hacía falta eso.

Tuve que darme varias duchas y correr bastante en mi bicicleta estática, incluso hice pesas durante casi todo el día y di buenos golpes al saco que tenía de boxeo. Cuando me relajé escribí un poco más de aquella novela. Ya iban más de quinientas páginas. No tendría más de setecientas, estaba llegando a los momentos culmen.

Sin embargo, en plena noche me puse mi ropa de deporte y salí a correr. La prensa no pensaba que podía salir a eso de las dos de la mañana, estaban dormitando en sus coches haciendo guardia. Pasé por sus lados arañando sus vehículos sin que se dieran cuenta de mi jugada. Sonreí de forma cínica guardando mis llaves y comenzando a correr como alma que se la llevaba el diablo.

Pasadas algunas calles me quité la capucha y abrí mi sudadera. Noté la humedad de la noche sobre mi cuerpo, más bien sobre mi piel. Corría por los parques cercanos hasta decidir ir a ver aquella maravilla de la naturaleza. Fui al mirador. Eran más de tres horas corriendo, pero no importó. Llegué casi al filo de las seis de la mañana y vi amanecer. Alcé mis brazos estirando las puntas de mis dedos hacia el cielo y tomé aire.

-¡Que os jodan a todos malditos bastardos! ¡Ojala os pudráis! ¡Maricones de mierda! ¡Desgracia social! ¡Me cago en la prensa de este puto país de mierda! ¡Que os follen!-grité a pleno pulmón aferrándome al puente de madera.

-Sabía que vendrías aquí.-escuché una voz familiar, pero no podía dar crédito que fuera él.

Al girarme vi a un hombre harapiento con barba mal cortada de al menos tres meses. Parecía ojeroso y no haber comido bien en semanas. Su ropa apestaba a alcohol barato. Era Lexter. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos las caras.

-¿Qué quieres?-dije asustado.

-Volverte a ver.-murmuró.-Te diría que no has cambiado nada, pero pareces un chico más seguro e incluso pareces haber crecido.-dijo con cierta melancolía en la voz.

-¿Para qué me querías ver?-pregunté maldiciéndome por no haber recurrido a uno de mis escoltas para aquella aventura.

-Quería ver de nuevo a la única persona que realmente he amado.-respondió.-El único hombre que me ha llevado a la locura y a la miseria.

-¡Cállate!-grité molesto.-¡¿Cómo puedes ser tan cínico?!-espeté.-¡Me usaste! ¡Usaste a mi madre!

-¡Estaba confundido! ¡Cuando supe que te amaba ya me habías echado de tu vida y tu madre me había largado a la calle!-gruñó.-Pero no te culpo porque es lo que me merezco.

-Te mereces la muerte.-dije desafiándolo con la mirada.

-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

Alas de papel II


-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.

Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.

-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.

-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.

-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.

-¿Puedo fumar?-interrogó.

-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.

-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?

-Ambas.-respondí.

-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.

-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.

-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.

Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.

Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.

Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.

-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.

-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.

-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.

-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.

-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!

-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.

-Es divertido coquetear sin más.

Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.

Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.

-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.

-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.

Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.

Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.

-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.

-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji

-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.

Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.

Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.

Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.

9/3/10

Lejos de ti II


-Un pez gordo.-gruñó.-De esos que me gusta golpear durante horas por creerse mejor que otros, por escupir en la cara de las chicas que le acompañan porque tiene tanto dinero que sabe que puede encontrar a otra y a otra. Esos niños ricos que no soporto porque son tan niños de papi que no ven a dos metros la realidad.-sonrió de lado y me miró.-Tienes suerte de no ser como ellos, porque entonces creo que tendrías el cuerpo lleno de magulladuras.

-Cállate.-gruñí.-Ni me los recuerdes.-él revolvió mis cabellos y me enganchó con su brazo.-Odio a los tipos de mi instituto, no sé como fui amigo de alguno de ellos y pensé que eran distintos.

-Niños ricos de papás superforrados y sin ganas de hacer nada bueno en la vida, claro que salvo dirigir las empresas de sus papás y decir en alguna revista que fueron hechos a sí mismos.-dijo sonriendo de lado.-Tú has aceptado cierta ayuda de tu padre, pero le has puesto huevos a decir que no quieres ser empresario.

-Mi padre es artista Max, por mucho que se vista con traje chaqueta lo es.-dije mirándolo de reojo.-Es algo que está en mis genes, corriendo por mi sangre hasta mi cerebro. No puedo evitarlo, es algo que tengo y algo que quiero explotar. No puedo estarme quieto y al final estoy escribiendo una novela.-suspiré bajo y le miré de reojo una vez más.-Te vas a reír pero el protagonista es Olivier.

-No me río.-comentó bastante serio.-Es normal que lo hagas eje de tu vida, centro de tu universo, y que dejes de mirarte el ombligo a ver si tienes pelusas nuevas.-dijo recostándose en el banco estirando sus piernas hacia la fila siguiente.-Verás todo color de rosa, aunque no lo sea, y querrás rescatar a la Julieta de su balcón.-me señaló con el dedo índice y sonrió.-No seas idiota, no te dejes engañar, pero mientras dure disfruta.

-No me dejo engañar, él no quiere nada conmigo y a la vez he podido sentir sus celos.-mascullé.-No sé que le pasa.

-Es un ni contigo ni sin ti.-replicó con una sonrisa burlona.-Eres un mocoso incluso para eso, aunque tengas la salchicha llena de pelos.

-¡Max!-grité molesto.

-¿Qué? A ver cuando lo podas un poco.-lo agarré por el cuello intentando asfixiarlo.-¡Hizaki que me despeinas!

-¡Te voy a despeinar a hostias!-grité molesto.

-¡Sólo te he dicho que rasurado gusta más!-dijo aquello en voz alta, y tan alta, varias personas se giraron hacia nosotros.

Me aparté de Max con rapidez quedándome rojo y con la vista pegada a los bancos. Él se reía a carcajada casi sin poder parar, creo que le dio el estúpido ataque de risa ante mi comportamiento infantil y atolondrado. Se acercó a mí y me tomó del mentón con una sonrisa en sus labios, esa maldita boca que soltaba verdades más duras que sus puñetazos.

-Max.-mascullé temblando.

-¿Qué? ¿Te avergüenzas?-interrogó y me enganchó de nuevo.-Piensa algo Hizaki el cuerpo humano es algo natural y sólo nos vestíamos para resguardarnos del frío.-decía aquello con total convicción, pero tenía razón.-Ser naturista es normal y más en un joven sin complejos. Yo ya soy alguien viejo como dijo Hero y he pasado por algo que no se lo desearía a nadie, ni al peor de mis enemigos.

-Tu transexualidad.-murmuré quedándome serio y relajado. La voz de Max tenía esa capacidad en cualquier persona. Un tono neutral entre hombre y mujer, una sonrisa de canalla y una mirada clara tan profunda como las palabras que iba susurrando.

-Es un paso duro, más si lo haces en edad tardía. Todo el mundo te señala, te conoce, y la mayoría no lo hace con sanas intenciones.-tomó aire y lo dejó ir en suspiro profundo.-No sabes lo que es enfrentarte a un espejo que no te quiere, o tal vez no lo quieres tú. Gritarle a Dios que te la ha jugado y a veces perder la fe, como también perder la cabeza.-me dio un beso sobre los cabellos y rió.-¡Pero eso fue hace tiempo! ¡Ahora celebremos que estamos tú y yo en un campeonato para darnos de leches con todo el mundo!

Max siempre hacía eso. Siempre me hacía sentir como un mocoso. Creo que me quería parecer a él, a parte de mi padre él era mi modelo a imitar. No tenía miedo al defender lo que creía correcto, era justo y valiente. Siempre tenía una palabra amable, incluso para las personas que no habían sido afables con él. Un hombre que vivía el día a día como un milagro, como un auténtico don. No sabía si creía en Dios o había dejado de creer en él. A veces uno deja de creer en Dios por motivos como ese, porque la naturaleza hace lo incorrecto. Pero supongo que él seguía creyendo en que algo predestinaba todo, que la transexualidad tal vez le había hecho ser más fuerte y más hombre que todos los que estábamos allí. Veía el cuerpo como algo usual, los desnudos no le imprimían vergüenza o preocupación. Él estaba completo, él siempre había sido un hombre... uno de los nuestros.

Nos quedamos en silencio observando como las chicas luchaban. Creo que sus ojos no estaban en la técnica, sino en la parte superior de las competidoras. Era un maldito diablo del porno, siempre estaba con la palabra sexo en la boca fuera por broma o como “Gurú del amor”. No comprendía a las mujeres, creo que para él eran un mundo a parte, y solía decir que ni ellas mismas se comprendían entre sí. Sin embargo, sabía hacerlas sonreír y calmarlas cuando deseaban llorar. Se podía decir que era un pervertido con cierta capa de dulzura. Era el tipo de personas afables que parecían felices porque sí, pero él en el fondo era oscuridad y pura soledad. Supongo que su sonrisa y sus bromas maquillaban la realidad cruel que se presentaba ante él cada día.

-¿Con quién compites?-pregunté zarandeándolo un poco.

-Con Jorge.-dijo señalando a un chico el doble de alto y ancho que él.

-Te aplastará.-dije alzando mis cejas para luego fruncirlas.-Jamás le vi competir.

-Yo tampoco, eso es lo que me preocupa.-sonrió girando su rostro hacia mí.-No me preocupa lo grande que sea, ni cuanto pese, ni lo enormes que sean sus manos y ni mucho menos si trae su ejército de fanáticas para sacar pompones y jalearlo.-tronó su cuello y sus manos.-Me preocupa su técnica.

-¿De qué academia es?-pregunté con curiosidad.

-De la misma del otro mastodonte que te toca.-comentó indicándome mi contrincante.

-¿Qué carajo comen esos tios?-pregunté mirándolos.

-No lo sé, pero no creo que sea normal. ¿Has visto los brazos?-me preocupaba quedar hecho un cuadro de Picasso cuando tenía una cita en unos días.

-Sí, son como dos cabezas nuestras.-noté como me abrazaba y empezaba a dramatizar.

-¡Nos van a matar! ¡Vamos a morir! ¡Al menos dime que tú no eres virgen!-cuando dijo aquello le golpeé bien fuerte en la cabeza.

-¡Vete a cagar Max!-le volví a dar un gancho de derecha y él simplemente lo paró con una de sus manos.

-No gracias, ya fui al trono esta mañana.-alzó un dedo con su sonrisa característica.

Noté como una mano golpeaba mi hombro y luego el de Max. Al girarnos vimos a Vincent. Era uno de nuestros amigos en aquel gimnasio. Su aspecto era el de un chico de raza negra, pero en realidad era mestizo. Su padre era japonés y su madre cubana. Él tenía grandes habilidades como su rapidez y su aguante, sin embargo aún no había perfeccionado sus golpes.

-A vosotros os ha tocado los mastodontes, a mí el flacucho con cara de chupar limones.-comentó indicándolo con un movimiento de cabeza.

-Pero ese es de nuestro gimnasio.-murmuré.

-Sí, pero es lo que ha tocado. No me gusta pegarme con compañeros, nunca me gusta usar las técnicas que sabe mi atacante. Pero bueno, es algo que tenemos que superar.

-Eres un capullo con suerte, tú eres algo y grande... pero te toca el pringao que mide la mitad que mi pene.-cuando hizo ese comentario el chico lo miró con muy mala cara, Max sólo sonrió abierta mente haciendo la señal de victoria.

-Un día te partirán la boca.-mascullé.

-Me la han partido tantas veces.-dijo encogiéndose de hombros.-Una más creo que no se notará.

-Dejaros de tonterías, que el campeonato femenino ya acabó.-nos indicó Vincent.-El primero en luchar eres tú Max.

-Eso lo sé, lo sé.-comentó levantándose para quitarse la parte de arriba del conjunto.-Mi especialidad es el boxeo, el boxeo va antes que las artes marciales.-nos guiñó colocándose los guantes.-Recordar mi cara para que luego le digáis al cirujano plástico lo guapo que era.

Nada más subirse al cuadrilátero sonó la campana. Esquivaba bien los golpes, uno tras otro. Ese hombre no se cansaba. Creo que deseaba aplastarlo allí mismo. Los músculos de Max demostraban que estaba en tensión, que deseaba golpear bien duro. Se movía con agilidad, una destreza increíble, su oponente era más pesado y tardaba en dar los golpes. En uno de esos giros pesados le dio bien con la derecha y luego con la izquierda. Max era ambidiestro y se le daba bien machacar al oponente con ambos brazos, usaba los dos con la misma certeza y brutalidad. Sin embargo, eso no era suficiente. La rabia no terminaba de surgir.

-¡Machácala! ¡Es una puta tia! ¡Machácala como dijo nuestro entrenador!-eso me hizo gruñir bajo, escuchar esas palabras del capullo que tenía que enfrentarse a mí me sacó de quicio.

-¡Maldito hijo de puta! ¡No es una mujer!-dije siendo sostenido por Vincent mientras me enfurecía más y más, no tenía control. Estaban burlándose de mi amigo, de uno de mis mejores amigos por no decir el mejor de todos.-¡Max! ¡Mátalo! ¡Quiero su cabeza! ¡Max!

Me di cuenta como golpeaba, daba golpes aún más fuertes y certeros. El tipo al final cayó. Un sólo asalto. Le duró un sólo asalto. Hizo que cayera redondo inconsciente. Tuvieron que llamar a los equipos de emergencia que estaban fuera del gimnasio. Estos tan sólo dijeron que debían llevarlo al hospital, puesto que parecía demasiado aturdido tras golpearse bien duro la cabeza contra el suelo del cuadrilátero.

-¡Y el ganador es Max!-dijo alzando su brazo izquierdo y él solo miró al público con una mirada propia de un dios. Esos ojos fulgurantes le daban un toque divino, casi imbatible.

Se bajó y caminó hacia el lugar donde estaba el repartidor del agua para los competidores. Se echó una botella encima y subió hacia donde estábamos subidos, pero se giró y subió de nuevo al cuadrilátero. Agarró el micro del juez y miró a los presentes.

-¡Si alguien más tiene dudas sobre mi masculinidad que me lo diga! ¡Encantado los mando junto a ese a la UVI!-gritó a pleno pulmón haciendo que todos se quedaran en silencio.-¡Y tú capullo si no te parte la crisma mi compañero lo haré yo mismo, con mis propias manos!-devolvió el micro y ya si subió hacia las gradas sentándose aún resoplando.

-Hizaki prométeme que actuaras con la mente clara.-dijo Vincent aún sin soltarme.

-Quiero arrancarle la cabeza a ese capullo, deseo que ni su madre lo reconozca cuando vaya a su funeral.-gruñí y vi a mi hermano venir hacia nosotros.

-¡Eres mi héroe!-gritó abrazándose a Max.-¡Como pegas! ¿Tú me defenderás cuando me peguen?-preguntó mirándole a los ojos.

-Estoy sudado niño.-dijo sentándolo a su lado.-¿Quieres que vayamos a comer helado luego?-comentó revolviéndole los cabellos.

-¡Helado! ¡Helado!-gritó de nuevo aferrándose a él.

-Yo cuidaré de tu hermano, tú cuídate ahí abajo.-fueron las últimas palabras que escuché antes de ir al rin.

Yo era otra categoría distinta, era competición de Akido. Mi oponente subió al cuadrilátero y yo me quité la parte de arriba del kimono. Miré con furia al tipejo y empezó a recibir bien fuerte. A mí me golpeó en la boca, hizo que mi labio sangrara, pero él se quedó para el arrastre. Golpe tras golpe iba debilitándolo, destrozándolo, dejándolo bien magullado.

-¡Arráncale la cabeza!-escuché por parte de Max.

Mi último golpe hizo que cayera antes que sonara el primer tiempo. El tipo cayó desplomado y con el rostro hinchado además de todo el cuerpo magullado. Yo sólo tenía el labio roto y si me hubieran permitido hubiera seguido golpeándolo hasta romperme los nudillos. De nuevo una camilla tuvo que retirar al combatiente. No era normal esa furia en nosotros, se ganaba y nada más, pero esos dos habían hecho algo que era innoble e impropio de un lugar como aquel. No sabía como habían descubierto lo de Max, aunque tuvo algunos problemas al inscribirse hacía un par de años.

Al subir los peldaños me encontré con mi primer club de fans. Mis fans eran Max, Hero y Vincent. Los tres me jaleaban mientras me limpiaba el golpe con la parte de arriba del kimono.

-Tú ve a la enfermería.-me dijo Max.-En serio, yo cuido al chico.-dijo sentándolo sobre sus piernas.-¿Quieres saber el mejor golpe que se puede dar a un capullo como ese?

-¿En la entrepierna?-cuando dijo eso mi hermano él se echó a reír a carcajadas.

-Mira, no caí en ello.

Las competiciones se sucedieron unas tras otras. Cinco horas más tarde, tres burritos en nuestros estómagos, llegó la final. Max cayó con el anterior competidor, también de nuestro gimnasio, y yo llegué casi entero. Como pude luché por el título, entre las distintas academias y gimnasios, y lo conseguí.

Hero se divirtió de lo lindo. Parecía disfrutar de las peleas de otro, aunque él decía que no se sentía preparado para luchar. Yo sabía que era un gran atleta, si bien deseaba ir por otros derroteros. Al vencer él bajó corriendo por las gradas y se abrazó a mí todo orgulloso. No tuve muchos desperfectos en la cara, pero sí en el cuerpo. Reconozco que me dieron una buena paliza los cinco con los que luché. Si bien, lo agradecí.

Max simplemente estaba con un ojo morado y un labio roto, el cuerpo casi perfecto. Vincent si bien estaba hecho un cristo. Pero era la diversión sana, o no tan sana, a la que nos entregábamos en cuerpo y alma.

Comimos en un puesto ambulante que habían montado frente al gimnasio, lo hacían cuando había este tipo de competiciones. La verdad es que jamás había comido tan barato y tan bien. Fueron unos burritos que jamás he olvidado, los mejores que comí en aquella época. Últimamente me alimentaba de comida precocinada, echaba de menos a Clara y sus guisos.

-¡Quiero helado! ¡Celebremos con helado!-gritó Hero alzando los brazos cuando nos marchamos hacia donde estaba el resto.

-¡Helado de chocolate!-exclamó Max como un niño pequeño.

-¡Comeremos helado! ¡Helado!-los dos a la vez parecían dos malditos críos.

Vincent y las chicas reían a carcajadas mientras yo intentaba no reír porque me dolía el labio. Fuimos todos en grupo a por unos helados, después llevé a Hero a casa con mi madre. Clara me cuidó el labio y dijo que un día me destrozarían la cara que tenía. Todo aquello hizo que el día se hiciera corto y olvidara que aún faltaba para volver a ver a Olivier.

Al llegar a casa me di una buena ducha y me tiré en la cama. Me acosté sin vestirme, desnudo como estaba, por culpa de no tener instalado aún el maldito aire acondicionado. Desperté varias veces y deambulé por la casa observando el reloj, parecían no moverse las malditas agujas. Una y otra vez fui a la nevera para sacar un refresco, agua, un helado, varios cubitos de hielo y por último un trozo de pizza que no me había comido el día anterior.

Nada más llegar la mañana llegó un calor más intenso. Al ser lunes llamé de inmediato a una tienda de electrodomésticos y rogué que se personaran rápidamente en mi casa, que pagaría el gasto de transporte y que me instalaran un aparato de aire acondicionado para tener refrescada la casa. Mientras no llegaban me di una nueva ducha y tomé un desayuno rápido. Al borde del medio día llamaron al timbre y en poco más de dos horas tenía la instalación completa que se regulaba en toda la vivienda. Me costó caro, pero no importó. Yo no podía con las temperaturas demasiado altas o bajas.

Faltaba un día para que él apareciese, un día para buscar una excusa para aparecer de la nada en su puerta y una disculpa elaborada. No tenía nada para disculparme, nada. Simplemente le quería para mí. No podía controlarme, por mucho que me dijera mi cerebro que me estuviera quieto mis manos se movían solas. Los impulsos eran más fuertes que la razón.