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8/6/09

Se rompió el encanto IV





Al llegar al ascensor cerró la puerta de seguridad, marcó el piso tres e inició su juego. Mordisqueaba mi cuello y yo únicamente me aferraba su corbata. Cerré los ojos y mis labios produjeron leves gemidos entre suspiros. Ahora que lo recuerdo me siento idiota, un inútil, pero en ese momento me creía un Dios. El hombre del cual me había fijado hacía algo más de un año me hacía caso y de esa forma.

-Te haré mío.-susurró en mi oído y me quedé estático.

No, no quería. Parte de mí negaba que fuera a ser pasivo, no me veía en esa situación, pero él era experto en relaciones de ese tipo y yo un inexperto que se las afrontaba por primera vez. Busqué sus labios atrapándolos, lo besaba de forma alocada y una de sus manos se colocó sobre mi entrepierna.

-Ya llegamos.-se apartó de mí con aquella indicación, tiró de mí y me metió en una de las habitaciones.

Era un lugar barato, a un lado tenía un armario de esos desmontables y una barra americana que daba a una cocina. Frente a la puerta estaba la cama y junto a ella un televisor y un tocador. El televisor juraría que aún emitía en blanco y negro y el teléfono parecía de esos de catálogo de los ochenta. No es que hubiera imaginado que tuviera sexo alguna vez con un hombre, pero me imaginaba un lugar de alto nivel adquisitivo para alguien como yo. Iba a dar mi virginidad en un cuartucho que seguro que tenía cucarachas.

-Debo de irme, no me siento cómodo aquí.-me atrapó por las caderas y pude notar su erección, ya era tarde.

-No te vayas.-susurró besando mi sien, haciendo notar sus labios sobre mi piel y creándome un latigazo por toda mi columna vertebral. Ese latigazo de nerviosismo y excitación. Su colonia se hacía presente en mi ropa, quería huir y a la vez quedarme.

-Llegaré tarde a la fiesta.-dije como excusa barata.

-Te amo.-al decir aquello sentí como si el tiempo se detuviera. Nunca me habían dicho esas palabras, nunca. Buscaba en realidad alguien que lo hiciera de forma sincera, alguien que me amara sin importar su sexualidad o su posición en la cama. Quería un apoyo firme, nada más.

-¿Lo dices de verdad?-pregunté intentando pensar fríamente, pero no podía y menos con sus manos colándose por debajo de mi camisa oscura.

-¿Me has visto bromear alguna vez?-me giré y lo observé un instante.-No miento, te amo y no hay nadie más que pueda decírtelo de forma más sincera.-me aproximé a él y lo besé acariciando su rostro, él me rodeó entre sus brazos.-Te amo.-dijo de nuevo y yo sonreí, o eso recuerdo.

-Tú me gustas mucho.-no le amaba, pero algo en mí se removía.

-Entonces, pasemos a mayores.-caminó unos pasos seguros, yo me aferraba a él con pavor a lo que sucedería. Me tiró en la cama y comenzó a quitarse la ropa de chofer, revolvió sus cabellos engominados y yo únicamente me aferré a la colcha. Quería irme, pero no quería perder esos te amo. No me sentía seguro en el lado del pasivo, yo siempre me sentí activo y es más me agradaban los chicos dulces, no los que podían matarte de una mirada. -¿Sucede algo?-dijo mientras se desabotonaba la camisa.

-No.-respondí con los ojos bien abiertos y temblando.

-No debes de tener miedo, esto lo realizamos por mutuo acuerdo y sé que lo estás deseando.-se inclinó sobre mí y besó mis labios.

Quería gritar y escapar. Podía golpearle, hacerle una llave de cualquier técnica y dejarlo en el suelo prácticamente en coma. Sin embargo, quería saber qué es sentirse amado por una vez. Mientras me debatía entre irme o quedarme, él me desnudó. Ambos quedamos desnudos.

-Lo vas a disfrutar.-me dijo acariciando mis labios, para luego besarlos de forma intensa.

Empecé a notar sus manos por todo mi cuerpo. Acariciaba mi torso, mis costados, mi rostro, mis manos temblorosas y cualquier trozo de mi piel. Yo lo rodeé con mis brazos por el cuello mientras él abría mis piernas y coló uno de sus dedos.

-No.-dije llevando mi mano sobre la suya.-No, prefiero ir poco a poco. Quedemos para un té y…-entonces hizo algo que me estremeció y gemí. Eso que hizo fue un leve giro con su dedo sobre mi próstata.

-Toma mi miembro y mastúrbalo para que pueda poder ponerme el condón.-asentí a su petición y comencé a realizar un ritmo suave, para luego intensificarlo y ralentizarlo de nuevo. Era como a mi me gustaba y pareció que a él también. Sus gemidos roncos fueron directos a mi oído.-Así, Hizaki.-murmuró mordisqueándome el lóbulo de mi oreja izquierda, tirando del pendiente que llevaba en ella.-Voy a entrar, ya no resisto más.-entonces recordé el preservativo.

-El condón, sin condón no te dejaré jamás entrar en mí.-lo dije serio a pesar de estar excitado y sudado por culpa de esos juegos en mi entrada.

-Pero nos amamos Hizaki, no debería haber barreras.-lo empujé al escuchar aquello y se levantó riendo.-Era una broma, nunca hago el sexo sin condón.-respondió yendo al aseo.

Me fijé que dentro de ese maldito cuartucho tenía una máquina expendedora de condones, se notaba para qué estaba el motel. Era un picadero, me había traído a un maldito picadero donde empresario se follaban a putas de bajo coste. En su regreso intentó entrar en mí, pero no estaba acostumbrado ni acomodado en absoluto. Estuvo un buen rato lamiendo mi entrada y jugando con ella, se le notaba impaciente y yo únicamente me sentía con la cabeza perdida. Cuando al fin se hizo hueco entre mis piernas, cuando sus movimientos lentos de inicio se volvieron desquiciantes y su boca mordisqueaba mis pezones, en ese momento dejé de ser yo para gritar su hombre rogando más.

Nada más terminar me acurruqué junto a él, quería un poco de calor. Él se levantó de la cama y comenzó a vestirse. No entendía porqué lo hacía, yo no estaba seguro de poder caminar. Me había desvirginado y no había sido para nada delicado.

-Hizaki debemos ir a la fiesta, si no vas su madre preguntará donde estuviste.-era cierto lo que decía, pero me apetecía quedarme a su lado.

-Yo creo que también te amo.-dije levantándome para abrazarlo.

-Sí, lo noto. Pero realmente estaremos en problemas si tu madre comienza a sospechar.-cerré los ojos y me abracé más, aún más.-En serio, tenemos que marcharnos.-me separó y me dio mi ropa.

En diez minutos estábamos de nuevo en la limusina. Yo intentaba hablar con él sobre lo nuestro, sin embargo él era esquivo. Tenía dieciocho años, era mi primer amor, no me juzguen por ello. Pero al menos, así lo creía. Que era el primero al que le daría mi alma.

4/6/09

Inicio I


Esta historia es parte de otra que se viene realizando en el Blog Lestat de Lioncourt


Después de presentarme, informalmente, creo que debería hacerlo de otra forma. Disculpen mi falta de tacto, mis errores o que termine confundiendo a todos con mis expresiones. Soy alguien joven, digamos que aún no he cumplido los diecinueve, y hasta hace poco mi vida se basaba en estudiar y vivir a costa de mis padres. No he trabajado, salvo en contadas ocasiones en la ONG que lleva mi madre. Son trabajos no remunerados y que hacía, a veces, a regañadientes.

Comencemos por mi personalidad y pasiones la cosa podría dividirse de este modo…

Mi personalidad es rebelde, quizás me definan como rebelde sin causa. Sin embargo tengo causas notorias para ser un antisistema, un chico fuera de ley. Odio que me digan lo que debo hacer, quiero tomar mis decisiones y dar mis pasos por el mundo a pesar de confundirme. Si me doy un golpe quiero levantarme solo, quiero hacerme a mí mismo como hizo mi padre una vez y como ha vuelto hacer. Reinventarme cada día, despertarme y pensar que merece la pena vivir cada segundo al límite.

Sé que muchos me habrán visto por la calle, o tal vez me imaginaran tras los rasgos que ya he dado. Un chico de bien, ropa de marca, vehículo propio bastante caro, música pop y estúpido con el “o sea” en los labios. Pero no soy así, creo que tan sólo me ven de ese modo los amigos de mi madre. Yo soy alguien bastante descuidado, me gusta vivir la vida tal cual viene y gritar a todos lo que opino. He tenido discusiones con mi madre, con un tono a veces elevado por mi parte. Odio su frialdad, es la reina de hielo. Me hubiera gustado más tener a una histérica que a ella. Sé que me quiere, pero su forma de demostrarlo me desconcierta. Por eso soy más afín a mi padre, alguien que es impulsivo y no mide las consecuencias de sus actos.

Mi mayor sueño no es ir a la mejor universidad, como desearían mis padres, y mucho menos viajar por el mundo para recorrerlo viviendo a su costa. Mi mayor sueño es ser actor y músico. Vivir de mi talento, mi padre dice que lo tengo y debería intentarlo. Mi madre desconoce todo porque soy incapaz de decírselo. Yo aún soy su pequeño y su pequeño tiene que elegir caminos con futuro, o los que a ella le parecen mejores. Me protege con ese toque helado, pero me protege.

Yo soy un gato salvaje que cuando se encuentra panza arriba araña, acorralado puedo ser mortal y quizás llegar a ser alguien que puede causar pavor. Por ello, para liberarme, mi padre me impuso disciplina con artes marciales y deportes. Soy un excelente atleta. He ganado competiciones de varias técnicas de lucha, con y sin espada, además de torneos de arco y flecha. La batería también es una liberación. Lejos del pop que creen que escucho como banda sonora a mi vida… soy un amante del rock en cualquier estilo, también puedo llegar a mezclarlo con música más bailable o lenta, porque amo bailar. Puedo bailar cualquier cosa, no me importa el género sino el ritmo.

A parte de la música me apasiona el arte y la lectura. Devoro cualquier novela policiaca que cae en mis manos, también las de terror y misterio. El arte visual y escultórico es mi favorito. Puedo pasarme horas en una galería de arte contemporáneo, observando fotografías o pinturas de cualquier técnica. Las esculturas también me atraen, pero sin duda son las referentes a desnudos, temas mitológicos o místicos las que me cautivan. Seguramente tras lo anterior se sentirán confusos, pues podré ser un salvaje y destrozar todo en segundos… como disfrutar de algo tan delicado como la belleza que surge de una obra pictórica.

Mi talento no se basa únicamente en cantar lo que otros desean, son composiciones propias. Todas ellas tienen parte de mí, de mi filosofía, de mis deseos, de mis sentimientos y menos alguna creada por mi padre el resto lleva mi sello. Hay un gran cambio en mi escritura e inicio todo esto desde el día en que todo cambió.

Hacía unos meses que había cumplido mis dieciocho años. Era alguien abierto, desenfadado y mi madre decía que era un don. Ella era demasiado fría y supongo que también odiaba su palacete glacial. Todo iba bien en mi hogar, veía poco a mis padres y me dedicaba a ser el padre sustituto de mi hermano pequeño. Iba al instituto privado, porque mi madre así lo deseó y mi padre lo admitió, si bien yo quería ir al público. Odiaba ese asqueroso uniforme y me daban ganas de quemarlo. Por la tarde estudiaba y ayudaba a mi hermano con sus deberes, iba a clases de artes marciales, boxeo y también con los chicos de mi banda ya fuera para ensayo como para tomarme algo en el bar bohemio que habían abierto hacía semanas. Me metía en líos y no salía a los medios porque mi padre, además de rico, es influyente.

Soy un descortés, me acabo de dar cuenta que no dije como se llama mi familia… Sakurai, es el clan Sakurai, y mi segundo apellido es De la Rosa. Mi madre se llama Clarissa de la Rosa, mi padre es Atsushi Sakurai y mi hermano es Hero Sakurai de la Rosa.

Presentación

Empiezo desde cero hasta llegar al punto en el que se encuentra mi vida. No es divertido ver como el mundo te señala con el dedo, como te juzgan sin saber y es doloroso no ser tú mismo por el miedo de que tus padres terminen dañados.

Crecí en el seno de una familia normal, salvo por su dinero y su poder. Mi madre era y es europea, mi padre japonés. Vivo en una ciudad, a la cual llamaré Darkness, y en ella vi la luz por primera vez. He viajado cuando niño a varios lugares, todos quedaron en mi retina, pero no puedo marcharme de aquí. Con mi dinero, mi status, mi privilegio... debería ser feliz al ser famoso, rico, atractivo según dicen y tener cierto talento... pero no lo soy.

Los acontecimientos en mi vida no han hecho más que hacerme daño. Desde que era pequeño he creido en cuentos de principes y princesas, pero después de ver derrumbarse el matrimonio de mis padres no creo en nada y vivo la vida tal cual viene. Esoy logrando salir de mi letargo tras casi diecinueve años.

Aquí dejaré por escrito todo, todo lo que he vivido y vivo. Será mi cuaderno bitácoras... ¿quieres sumergirte en mi mundo? adelante, tan sólo pido respeto...























Hizaki Sakurai