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12/4/10

Alas de papel II


-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.

Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.

-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.

-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.

-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.

-¿Puedo fumar?-interrogó.

-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.

-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?

-Ambas.-respondí.

-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.

-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.

-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.

Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.

Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.

Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.

-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.

-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.

-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.

-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.

-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!

-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.

-Es divertido coquetear sin más.

Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.

Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.

-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.

-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.

Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.

Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.

-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.

-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji

-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.

Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.

Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.

Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.

6/4/10

Alas de papel I


Alas de papel

No podía más. No tenía nada que hacer. Él ya no estaba en la ciudad. Tenía que ensayar y hacerlo con toda mi alma. Sin embargo a encender la televisión tuve una fuerte bofetada en el rostro. El mando a distancia se escurrió de mis manos y mis ojos se quedaron fijos en el plasma. No podía articular palabra, las lágrimas salieron solas y me pregunté cuando ese hombre se hizo tan importante para mí.

De inmediato llamé a mi profesora de baile, y también amiga, ella sollozaba y yo intentaba averiguar algo más. No había nada más. Ese nada más era la incertidumbre, si bien el mundo se volvió más oscuro y la inocencia más amarga. Pronto se alzaron voces clamando al gran ídolo de masas y quienes lo insultaban guardaban silencio. Se había muerto la gallina de los huevos de oro, el chico de los pies mágicos, el muchacho que enamoraba con una tímida sonrisa y el criminal de muchos envidiosos.

Muere Michael Jackson. Era Junio. En pocos días daba un concierto y yo también. Era una coincidencia que me hizo sonreír cuando la supe, si bien en ese instante se hizo un crespón negro... un nudo intenso en mi garganta.

Para muchos era sólo un héroe de la música, no lo sentían como lo podemos sentir quienes nos dedicamos al mundo del espectáculo. Aquellos que le señalaban como buenos verdugos... vieron que era inocente. Quienes lo acusaban cambiaban su versión ante los flash de las cámaras. Se arrepentían. Todos pedían perdón. Todos lloraban la muerte del gran Rey del Pop.

Toda la mañana estuvieron emitiendo noticias de última hora, debates sobre su vida y los documentales sobre su música, o la gran huella que había dejado, se reflejaba en los televisores de miles de millones de personas en todo el mundo. La sonrisa de Jackson se borraba, las lágrimas de sus fans aparecían. El mundo entero se volvió oscuro y el firmamento aceptó una nueva estrella entre ellos.

En parte él tenía la culpa de mi pasión por el baile. Desde niño quería imitar esos pasos imposibles, ser tan bueno como él era mi sueño y creo que el de cientos de miles de bailarines. Quería brillar, deslumbrar, como él. Yo era uno más, alguien que quería rozar la excelencia.

Fui a la ducha aún con incredulidad. Un ídolo caía, pero yo tenía que seguir mi sueño. Seguiría ese sueño que emprendí gracias a él. Me afeité y corrí hacia el lugar del ensayo. Ese día lo hice a pie, no quedaba muy lejos de donde vivía. Corría como alma ante el mismísimo diablo. Lo hacía con la radio del mp4 activada. Hablaban de Billie Jean, una de las canciones que rompió barreras racistas en las radios de Estados Unidos. Porque fue la primera canción de cantante negro en la única emisora que quedaba por conquistar. Él rompió vallas racistas y aún así le colgaban la etiqueta de serlo con su mismas raíces, uno más de los bulos ilógicos y estúpidos como el propio ser humano.

Nada más llegar al estudio vi a todos mis bailarines pegados a una pequeña pantalla de televisor, de esos que se llevan portátiles. Todos veían las últimas noticias en la MTV. Yo entré quitándome la camiseta y puse orden. Se quedaron atónitos ante mi aspecto agitado y mis ojos llenos de una sensación extraña.

-Ha muerto un ídolo y ahora es leyenda.-comenté tras una fuerte palmada.-Quiero hacer algo en el concierto, algo que le recuerde, pero a la vez no quiero que sea como todos los que le harán.-les miré fijamente a los ojos, uno a unos.-A parte de ensayar lo de siempre hay que crear una nueva coreografía.-ellos asintieron y aplaudieron la idea.-¿Y Victoria?

-En el servicio.-dijo una de las chicas.-Sabes que lo adoraba.

-Está bien, ve a por ella y dile que tiene que ayudarnos. Contraté su profesionalidad y su pasión... la contraté porque ella ama el baile y lo ama con todas sus fuerzas. Recuérdale porqué es profesora y bailarina, recuérdale porqué está hoy aquí.-ella asintió para ir a los baños a buscarla.

-¿Cual haremos?-interrogó.-¿O dejarás que elija ella?

-The way you make me feel.-respondí tras unos segundos meditándolo bien.

-Esa sonará bien.-dijo ella con una sonrisa apareciendo de la nada. Sus ojos estaban rojos de llorar, pero parecía entera.

Estuvimos ensayando más de tres horas esa misma canción. La coreografía era exacta al video. Además tuvimos que pedir permiso de derechos de autor y otros permisos necesarios para el evento. Tras el descanso y el papeleo volvimos a la rutina. Estuvimos bailando los seis temas que tendría que interpretar con el cuerpo de baile. Fueron seis horas intensas. Al ir al móvil tenía un mensaje de él pero contesté de forma formal, algo que no solía hacer. Estaba algo bajo de ánimos y con pocas ganas de hablar.

Al llegar a casa seguí con mi relato. Si bien, alguien me sacó de mi inspiración llamando a mi puerta. Se me hizo curioso que fuera Paulo, el mismísimo Paulo Wilde. Aquel que quería matar y a la vez intentaba pedir consejo. Apareció con unos jeas deslavados y rotos, una camisa fuera del pantalón y una americana negra. No nos llevábamos más de diez años, realmente en aquellos tiempos no sabía su edad, pero su corte intelectual no estaba salvo por sus gafas.

-Me pediste ayuda.-comentó levantando una bolsa de comida japonesa.-Llamé a tu padre y le pregunté cuándo estarías en casa.-le hice un gesto para que pasara y cerró la puerta tras él.-Quieres ayuda para explicarle al mundo tus sentimientos y que no sepan que son tuyos.

-No es eso.-repliqué.

-Quieres algo imposible Hizaki Sakurai.-dijo dejando la bolsa en la barra americana que dividía el salón con la cocina.-Hizaki.-colocó sus manos sobre mis hombros y suspiró.-Déjame ayudarte, tienes mucho talento y quiero que lo explotes. No sólo vales para canciones estúpidas, sé que hay algo más en ti.-sus ojos claros se clavaron en los míos y sonrió.-Deja que esa furia que leí en tu mirada el otro día se muestre, que el orgullo se haga renglón y que los sentimientos de desesperación ahoguen a tu lector.

-¿Y si no sé sacarlo?-interrogué.

-Oh, el miedo del primerizo.-dijo alejándose de mí para acomodar las gafas y reír bajo.-Es como el sexo Hizaki.-esa sonrisa que tenía de diablo me desconcertó.-Primero tiemblas con el primer avance. Crees que el corazón va a salir por tu boca y tus labios arden. Tus manos no saben donde deben ir pero al final llegan donde tienen que estar.-se pegó a mí tomándome de las manos y las miró.-Manos fuertes, manos inteligentes, que terminan siendo patosas y débiles. Pero luego de los primeros minutos, de llegar al momento de entrar, no se duda y se hace. Terminas gozando como un maldito demonio, gimiendo al son de tu pareja, y ah... el orgasmo.-me revolvió entonces el cabello.-No seas crío y rompe tu miedo, sino te quedarás virgen literariamente para siempre.

-Sí.-fue lo único que pude decir y él rió girándose para mirarme con su pose de nerd encantador.

-¿Comemos antes?-sonrió como si tuviera doble personalidad, ese hombre no podía ser el otro que casi me engulle contándome todo aquello.

-¿Qué eres?-pregunté intentando volver a ser racional.

-Depende de cómo me mires.-respondió.-Hay muchas cosas que no sabes de mí, muchas que no sabrás aunque me conozcas durante diez años.

-Supongo que es parte del encanto por el cual tantas mujeres se mueren por ti. Además no sólo mujeres. Sé que tus obras son reflejo de lo que eres, de quién eres en parte. Tu bisexualidad hace que parezcas más sensible tal vez, además de enigmático e imposible. Al tener tanto donde elegir...

-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.

-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.

-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.

-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.

-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.

-¿Entonces?-dije sin comprender aún.

-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.

-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.

-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.

27/6/09

Ser O No Ser X


Me excitó con facilidad y yo a él. Parecía que nos cumplimentábamos de alguna forma. Sus labios ardían y prendían a los míos, pronto los tuve pegados a mi entrepierna. Me agarré de sus cabellos pegándolo bien a mí, no quería que dejara de hacerlo. Era bueno con la boca, realmente bueno. Sin embargo, no me quedé quieto y terminé cogiéndomelo de forma que lo dejé roto en mis brazos. Me movía de forma brusca y él gemía buscando donde agarrarse.

-¡Hizaki!-gritaba descontrolado.

-¡Muévete!-le reprochaba, mientras le maniataba las muñecas.

Era desquiciante el ritmo que tomábamos. Tanto era así que no tardamos demasiado en finalizar entre alaridos. Mis manos se aferraron con fuerza a sus nalgas, se aferró a la almohada, y su espalda se arqueó echando hacia atrás su cabeza para apoyarla a mi pecho. Juro que jamás vi a alguien contorsionarse tanto al momento de la eyaculación.

-Te quiero.-dijo girándose para quedar cara a cara.-Te quiero.-repitió besando mis labios con cierta ansiedad.

Yo por supuesto no dije nada, decir algo hubiera quedado falso y una mentira no era lo mejor. Tan sólo lo abracé arropándolo bien con las mantas, para dejar mi mente en blanco hasta que él se quedó dormido. No pude pegar ojo hasta pasadas las dos de la mañana, entonces caí en un sueño extraño del que sólo recuerdo fragmentos. Los fragmentos eran únicamente ojos café, un aroma agradable y la sensación de un abrazo lleno de dulzura. Ese sueño hizo que al despertar me sintiera bien, por primera vez en mucho tiempo me notaba lleno de paz.

Eran las ocho de la mañana, él dormía y yo decidí largarme sin decir nada. No dejé ninguna nota, no estaba acostumbrado a ello. Me di una ducha rápida antes de marcharme y al llegar a casa me inventé la excusa de que ensayaba para la obra. Mi madre se alegró de que hiciera algo artístico además de estudiar, que me desahogara de alguna forma. No sabía lo bien que me había desahogado la noche anterior, no tenía ni idea.

Los días fueron pasando, yo me fui preparando exámenes y el libreto. Él seguía mandándome mensajes, quedábamos para desfogarnos y también lo hacía con mujeres. Ellas me tentaban, a pesar de no querer nada con ellas siempre me apetecieron. Chicas descaradas o maduritas con demasiado bisturí encima, no importaba. Todas caían a mis pies, eso me hacía resarcirme de fracasos. Cuando llegó el día acordado para el casting, más bien para la designación de quién sería quién, me sentía bastante nervioso. Una semana completa había trascurrido, una semana de ensayos frente al espejo y al final lo logré.

Mario dijo que debíamos celebrarlo, que era un logro. Ambos habíamos conseguido papeles importantes dentro de la obra, yo por supuesto el del Tenorio y él mi contrincante. Por supuesto que lo festejamos y fue en los servicios del instituto en horas de clases. Allí volvió a pedirme salir formalmente, me dijo que lo necesitaba y yo acepté. Lo hice por la euforia que mantenía tras la prueba.

-Soy feliz.-susurró abrazándome con fuerza.-No te arrepentirás.

-Supongo que no.-dije acariciando su rostro antes de abrir la puerta de los baños.-Nos vemos a la noche, hoy tengo clases de baile y Aikido.-él sonrió apoyado en los lavabos mientras acomodaba la corbata del uniforme.

Pasadas las clases de Matemáticas e Historia del Arte llegó la hora de la comida. Solía comer en casa, pero iba con prisas así que fui al comedor. Había un buen menú mediterráneo con ensaladas y macedonia de frutas. Creo que repetí, no lo recuerdo bien, sin embargo sé que fue la primera vez que me sentí satisfecho de la comida de la cafetería. Después corrí hasta mi moto, Elena, la cual me esperaba dispuesta a que la montara hasta la academia en la zona nueva de la ciudad.

Digamos que la zona nueva es donde está parte dormitorio de la ciudad, hoteles caros y construcciones de más de veinte pisos. Por sus calles había tiendas de moda, cafeterías bohemias, el casino y galerías de arte. Se estaba convirtiendo en un lugar para descansar y para el ocio. Los trabajos serios estaban en el centro de la ciudad y en la zona norte, donde se encontraban las fábricas junto al campamento militar.

Nada más llegar a la academia “Apocalipsis in the Scene” me sentí como en casa. Fui hacia los vestuarios y me arranqué prácticamente el uniforme, colocándome la ropa de baile. La ropa era algo holgada y parecida a la que usaba en el gimnasio. Entré en el salón de baile donde estaba mi maestra y sonrió.

-Hola cariño-dijo caminando hacia mí.-Te eché de menos el otro día cuando no pudiste venir.-me abrazó y besó mi mejilla.-Te tengo una sorpresa, espero que sea de tu gusto.-me extendió entonces un Cd.-Tiene canciones que aprenderás a bailar, son de varios cds que tenía en casa y que opino que sacan lo mejor de uno mismo.-miré el listado que había en el dorso de aquella cajetilla y sonreí.

Las canciones que había escogido tenía distintos ritmos, pero predominaba el gran Michael Jackson. La primera de todas era sensual “In the closet”, la siguiente movida y que se podía aplicar a mi familia “Smooth Criminal”, seguida de la mítica “Thiller” y mi favorita “Bad”. También había algo de Elvis “Jailhouse” o “Heartbrak” añadiendo a James Brawn con “I feel good” y por supuesto como colofón “Let’s dance” de David Bowie. Ella tenía una filosofía bastante tajante a cerca de la música de baile, la que usábamos para aprender, y era que la buena música se había hecho en los ochenta y noventa, que ahora tan sólo eran ecos de vertederos. La entendía, mucho mejor de lo que ella pensaba.

-Vaya, menuda selección.-sonreí y ella me acarició el rostro.

-Lo mejor para mi mejor alumno, además hoy no vendrá nadie más.-comentó tomando el cd de mis manos.

-Genial, a veces me ponen de los nervios los que comienzan.-dije mientras ella daba a play a la minicadena y esta comenzó a resonar la voz del Rey.

-Lo sé y eso que solo damos clases con tres más durante tu estancia en el aula.-rió bajo quedándose frente a mí y sonrió.-¿Has visto alguna vez el videoclip?

-Sí, por supuesto.-he de ser sincero pues la primera vez que vi el video no me fijé en Michael, sino en Naomi.

-Bien, inténtalo conmigo y veremos en qué hay que corregirte.-inició esos movimientos provocadores y yo me quedé mirándola fijamente.

Mi profesora se llamaba Victoria, era de orígenes cubanos y su suave tono de piel canela me incitaba. Había sido mi amante de una noche, lo habíamos pasado bien y la verdad es que se movía mejor en la cama que en la pista de baile. Creedme era y es una gran bailarina, la mejor que haya conocido en mi vida, pero sobre el colchón era la mejor.

Los pasos surgieron de mis pies a medida que el ritmo llegaba a ellos, me movía parecido a él ya que igual era imposible. Se puede imitar, pero no igualar, y ella me lo dijo mil veces. Cada uno tiene un estilo, una forma de ser que deja en sus pasos. Nuestros cuerpos se tocaban, los pies se deslizaban por el parquet y al término de mis pasos me di cuenta que ella aplaudía algo alejada de mí.

-Lo has hecho muy bien.-se aproximó a mí y me besó en la mejilla.-Deberías de inscribirte en el concurso de baile, se hará en un mes y seguro que terminarás deslumbrando. Aunque deberemos de mostrar pasos nuevos, algo que sea interesante y atractivo.-se cruzó de brazos frente a mí y me miró de arriba hacia abajo.-Con esa pinta de gángster que siempre llevas podríamos hacer algo atrevido, que recuerde a Jackson pero que a la vez deslumbre.

-Siempre con él en los labios.-ella asintió con una sonrisa.

-Es mi ídolo y me alegro que a ti te guste, no te soportaría si no fuera así.-me revolvió los cabellos y fue hacia la minicadena pasando a una de las pistas de Brown.

-Cuando alguien es bueno, con tanto talento y pasión, hay que admirarlo sin más.-se giró con esa encantadora sonrisa y me tomó de la mano.

-Con esta canción haremos los pasos que te mostré el otro día, ya sabes cuales son, y te dije que debías de aprenderlos bien en casa.-eran difíciles, demasiado acelerado, pero un par de noches que no pude dormir me vinieron bien.

-Lo sé.-iniciamos el ritual frente al espejo que había en el fondo y comenzamos a movernos.

-Paso al frente, giro… paso.-su voz resonaba junto a “I feel good”.

Yo simplemente tarareaba mientras bailaba junto a ella. Terminamos riendo a carcajadas, pues nos estaba quedando bastante bien a pesar de unas leves equivocaciones mías.

Las horas pasaron con rapidez, dos horas inigualables. Amaba esa música de los cochenta, música que realmente valía la pena, y también la de los noventa junto a Elvis que siempre sería el rey de cualquier época. Tenía razón cuando decía todo aquello, lo notaba tras las clases. Al llegar a casa simplemente me di una buena ducha y estudié el resto de la tarde hasta la noche.