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-No es por eso.-intervino cortándome lo que estaba diciendo, lo que pensaba.-Verás hay cosas que una persona jamás cuenta, sucesos que no se conocen hasta el día de su muerte y en ocasiones ni de ese modo se consigue.
-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.
-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.
-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.
-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.
-¿Entonces?-dije sin comprender aún.
-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.
-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.
-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.
Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.
Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.
-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.
-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.
-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.
-¿Puedo fumar?-interrogó.
-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.
-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?
-Ambas.-respondí.
-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.
-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.
-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.
Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.
Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.
Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.
-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.
-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.
-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.
-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.
-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!
-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.
-Es divertido coquetear sin más.
Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.
Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.
-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.
-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.
Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.
Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.
-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.
-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji
-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.
Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.
Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.
Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.
-Paulo.-dije mirándole fijamente a los ojos mientras él acomodaba sus lentes, un tic habitual que después de aquel día pasó por inadvertido para mí. Es algo continuo, piensa que sus lentes se descuelgan o por simple nerviosismo.
-¿Sí?-preguntó con una sonrisa afable.
-¿Por qué me ayudas?-interrogué.-Dime que no es por mi padre.
-No es por tu padre.-respondió frunciendo el ceño.-Me molesta que pienses así.
-¿Entonces?-dije sin comprender aún.
-Por mero placer, por amor a la literatura y porque me muero de ganas qué es lo que quieres ocultar.-se giró hacia la barra americana y comenzó a sacar la comida.
-Eres peor que tus lectoras.-repliqué.
-La curiosidad mató al gato, pero yo soy la curiosidad en persona Hizaki.
Nos sentamos a comer mientras él simplemente leía los folios que iban saliendo de mi impresora. Decía que leer en la pantalla no le trasmitía nada, que necesitaba el papel y el contacto de sus yemas con él. Realmente era un tipo peculiar. Uno de esos empollones con suerte por tener la cara bonita. Me preguntaba si realmente era tan mujeriego como decían, si todas las mujeres caían rendidas a sus pies al igual que los hombres. Se hablaban de cientos de amantes, incluso de hijos que no reconocía, pero así era Paulo. Había miles de rumores entorno a su nombre, tantos como misterios que le rodeaba.
Tomaba con rapidez el ramen de ternera que había comprado, un bote para cada uno, además de aquellas verduras al tempura. No sabía como conocía mis gustos, tal vez porque mi padre le había hablado de mí alguna vez. Me conocía. Sabía ciertas cosas que yo jamás había dicho. Debo reconocer que me daba cierto escalofríos. Además aparecía cuando menos se esperaba, como si fuera un fantasma o un pervertido que te vigilaba.
-¿Y bien?-dije tras más de dos horas en silencio, le dejé leer aquellos folios y revisarlos mientras hacía anotaciones con una pluma que había sacado de su chaqueta. Iba de un lado a otro sus ojos, inclusive me miraba clavando su mirada en los míos. Parecía inspeccionarme e inspeccionar lo que mi cabeza había conseguido hacer, como si leyera una secuencia de comandos de un ordenador y pudiera descifrar toda la logística.
-¿Y bien qué?-dijo en un tono de voz que jamás le había escuchado, parecía retraído o más bien perdido en sus pensamientos.
-¿Cuál es tu opinión?-pregunté esperando que respondiera de una vez.
-¿Puedo fumar?-interrogó.
-No, estoy intentando dejarlo por enésima vez.-bebí un poco de sake y él hizo lo mismo con su té frío.
-De acuerdo.-dijo dejando el vaso en la barra americana y me miró acomodando sus gafas.-Veamos ¿quieres una crítica profesional o a nivel lector común?
-Ambas.-respondí.
-Como profesional te diría que necesito leer toda la historia, que tienes algunos fallos de léxico y varios diálogos se hacen demasiado extensos.-aquello fue un buen golpe a mi autoestima.-Pero teniendo en cuenta que es tu primera novela ¿no es así? Son fallos recurrentes y creo que puedes mejorar. La historia es buena, es muy buena, tiene algo que le da un toque cálido muy distinta a la arrogancia de los nóveles.-comentó antes de dar otro sorbo a su té.
-¿Y como lector?-dije intentando no mostrar mis nervios.
-Como lector compraría la novela y desearía ver más, ver lo próximo que harás. Además me haría fan tuyo de inmediato.-rió bajo.-Sobretodo esas escenas de sexo tan nítidas.
Después de esas palabras me dio varios consejos. Empecé el capítulo que llegaría al final de la historia y me aconsejó que buscara un buen ilustrador. Pensaba que la novela que yo llevaba tan fantasiosa debía tener dibujos que ilustraran fielmente la estética, la calidez, y el detalle que yo relataba. Cuanto más nítido tuviera el lector todo podría imaginárselo, meterse en ese mundo y bucear en él. Si bien me dijo que los personajes no los dibujara, que sólo fueran dibujos de los escenarios.
Se quedó a mi lado toda la noche. Conversamos durante horas sobre pintura, literatura y música. Parecía un dotado en esos campos, también hablaba de cine y teatro. Descubrí que la fotografía era su pasión, su pasión más oculta, y que se lamentaba no tener suficiente dotes para ello.
Por unos momentos me di cuenta que si no hubiera conocido a Olivier no me habría resistido. Ese hombre tenía encanto. Pero me juraba estar soltero. Yo intentaba saber el porqué de aquello y entonces se volvió serio.
-Hace unos meses, nada más llegar a la ciudad, conocí a un chico.-comentó.-Era asiático.-añadió y sonrió.-Todo parecía decantado a tener algo estable, no estaba enamorado pero sí me atraía. Pocas personas llaman mi atención y él lo hizo.-echó hacia atrás la cabeza en el sofá y me miró.-Se marchó de la ciudad poco después de sus actuaciones, aunque prometió quedarse y buscar trabajo aquí. Puras mentiras. No debí creer nada.-se echó a reír.-Y ahora vivo la vida. Él no me importa en absoluto, el momento romántico desapareció, y no tengo ganas de conocer eso que llaman amor. Realmente creo que no existe o tal vez no existe para mí.
-Seguro que llegará la persona.-comenté como si nada.
-Tu padre me reprendió ayer por lo mismo, dijo que soy un estúpido y que el día que me enamore se reiría en mi cara.-rió bajo y me miró fijamente a los ojos.-Tienes suerte. Olivier es algo excepcional.
-Aún no somos nada.-murmuré encogiéndome en el sofá.
-No mientas. Se podía notar tus celos y los suyos. Esa posesividad en el ambiente. Hubiera jurado que me querías golpear.-comentó y entonces terminó carcajeándose en mi cara.-¡Sí! ¡Realmente querías!
-Coqueteaste frente a mis narices con él.-me di cuenta que habíamos dejado por completo el protocolo, por su parte y por la mía.
-Es divertido coquetear sin más.
Después de la charla se marchó. Me dejó con muchas incógnitas que aún tengo. No conozco bien a Paulo, como tampoco a Kamijo, después de tantos años. Sigo siendo el mismo niñato que no es capaz de saber descifrar a esos dos... nunca sé sus intenciones.
Las horas siguientes fueron preparativos, ensayos en pleno escenario y prisas. Entre ensayo y ensayo contestaba los mensajes de Bou. Quería venir pero no estaba seguro. Al final apareció cuando estaba en vestuarios terminando de colocarme el traje que me había hecho Olivier. Apareció con Shinji, ese niño siempre alborotaba demasiado.
-¿Ya empieza?-preguntó emocionado.-Yo quería verte un poco antes.-me abrazaron ambos y yo me quedé con cara de idiota.
-¡Mucha mierda!-gritó Shinji, que a veces podía parecer muy agradable.
Mi padre rondaba por allí, puesto que su grupo actuaba justo antes que yo como teloneros. Querían hacer ese pequeño guiño hacia mí, para que yo pudiera relajarme mientras los escuchaba. Me quedé tras las bambalinas con aquellos dos.
Fueron apareciendo uno a uno en el escenario, saludaron y se presentaron. Tan sólo tenían que cantar dos canciones y calentarme al público antes que yo saliera. Mi padre lo hizo con un atuendo extraño, al igual que todos, parecían encantados con volver a la escena musical. En vez de cuarentones veía quinceañeros con ganas de comerse el mundo.
-Tu padre se ve muy atractivo.-murmuró Victoria quedándose a pocos centímetros de mí.-Ya sé porqué las vuelve locas a todas, también a todos.-puso sus manos sobre mis hombros y me agitó leve.-¡Tiene el mismo encanto que su retoño!-gritó en forma de fan enferborecida.
-¡Déjate de bromas!-le reproché.-Te presento a Bou y a su primo Shinji
-Hola chicos.-dijo ella colocando sus manos sobre los cabellos de ambos, una mano en cada cabeza.-Venid os daré un par de refrescos.
Sin darme cuenta me tocaba. Me temblaba las piernas, la cabeza me daba vueltas y las manos me sudaban. Sin embargo hice mi mejor show. Mi madre no había podido estar, creo que simplemente no quería encontrarse frente a frente a mi padre. Miho y Hero también faltaban, mis hermanos me habían abandonado a mi suerte. Pero al menos Bou y su primo estaban apoyándome junto a mi padre.
Hicimos primeramente ese recuerdo a Jackson. El público reaccionó bastante bien. Yo la verdad es que estaba tan nervioso que ni los escuchaba. Pero cuando canté las primeras canciones fui tomando aplomo y los nervios se fueron. Al llegar a la última balada lo hice con todo el corazón, con toda la pasión que podía poner, porque quería que llegara a Olivier.
Bou grabó todo, sobretodo esa parte, además de mi padre y otros chicos del equipo de baile. Todos estaban pendientes de mí. Las fans gritaban mi nombre y me decían que me amaban, pero era algo que sólo quería escuchar de labios de ese maldito francés de aspecto delicado... de mi Oly.
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