15/4/10

Volvernos a encontrar II


-Tal vez ella venga a mí.-susurró.-Pero antes quería ver por mis propios ojos al chico de oro de la ciudad.-encendió uno de sus cigarros y se giró para marcharse.-Se feliz en la vida Hizaki Sakurai de la Rosa, disfruta de tu pareja y ámalo con toda tu alma. No jodas lo que tienes, no lo desperdicies, o te verás con la soga al cuello.

-No eres el apropiado para darme clases.-gruñí deseando golpearlo.

-No lo soy.-dijo parándose en seco.-Pero ten en cuenta que he experimentado lo que es el dolor de perder a quien amo.-se giró y me miró cara a cara.

-Eres un hijo de puta que no siente nada, que no te importa nadie.-apreté más los puños, estaba tenso y él parecía tranquilo. No había pizca de dolor, miedo, furia o cualquier otro sentimiento que delatara en sus movimientos.

-Soy un bastardo que jugó contigo y con tu madre. Un hijo de puta que delató a tu padre frente a tu madre. El mismo cabrón que te dijo te amo cuando no sentía nada más que ganas de venirse bien dentro de ti. Ese mismo. Pero a la vez me enamoré de ti. Quería estar contigo sí o sí. No sé porque fui tan idiota de hacer la doble jugada, tal vez porque primero me gustó tu madre y luego me gustaste tú. Eras un mocoso bastante apetecible que se mostró virginal y descolocado cuando le besé la primera vez.-sonrió de lado haciendo un breve inciso, pero yo ya no quería escuchar más.

Me fui hasta él y le golpeé duro en el rostro. Comencé a pegarle lo más fuerte posible. Me eché sobre él golpeándolo una y otra vez. Quería destrozarle el rostro, que ni su madre lo reconociera. Estaba frenético golpeándolo. Él intentaba pararme pero no podía. Cuando me di cuenta estaba totalmente magullado escupiendo sangre. Vi como echaba dos de sus dientes al suelo de aquel mirador.

-¡Vuelve a decir algo más y te juro que te reviento la cabeza!-grité molesto y él simplemente me tomó de la cintura.

-Al menos he conseguido alguna reacción en ti.-susurró llevando una de sus manos a mi rostro, tomándome por el mentón.-Esto y más es lo que me merezco.

-¡Déjame!-gruñí apartándome de él.

-Sólo quería verte una vez más, no esperaba otra reacción.-murmuró incorporándose.-Tal vez en otra vida volvamos a encontrarnos y te juro que no desaprovecharé la ocasión de tenerte sólo para mí.

-¡Vete de aquí! ¡No quiero volver a verte!-grité.-¡No quiero escuchar más mentiras!

-¡No son mentiras!-respondió quedando frente a mí una vez más.

-¡Aunque sea verdad! ¡Yo te detesto!-dije notando como él echó a caminar, esta vez no se giró.

Vi como se marchaba cojeando. Realmente lo había dejado bien magullado. No me sentía mal por ello, sino por todo lo que había dicho. Durante unos minutos me pregunté que hubiera sido de mí su hubiera seguido enganchado a él, deseando que me protegiera haciéndome olvidar incluso donde estaba. Me imaginé totalmente dependiente, creyéndome todo lo que él dijera y cornudo.

Me había vuelto fuerte. Conseguía todo lo que quería. No dependía de nada ni de nadie. Yo mismo me estaba forjando mi futuro. Era una persona firme en mis ideas. Para nada era el niño que se arrojó a una mentira sólo por sentirse bien, por capricho. Ya no era un caprichoso y estaba realmente enamorado de Olivier. Era yo quien protegía y no quien debía ser protegido. Los papeles se habían tornado y la ruleta seguía girando a mi favor.

Regresé a casa corriendo hacia la parada de taxi cercana. Pedí que me llevaran a una dirección e hice que parara en la calle. Pagué el viaje casi con el dinero justo que llevaba en mi bolsillo, pero no podía volver corriendo. Quería tirarme a la cama y llorar como un mocoso.

Al llegar noté los flash de algunas cámaras. Las preguntas de rigor, las tonterías habituales y pocos se preocuparon realmente porqué estaba tan serio. A pesar de todo lo que diluviaba siempre en mi vida mi sonrisa no se borraba, aunque dijeran tanta estupidez seguida. Sólo una persona podía hacer que dejara de sonreír y ese era Lexter.

-¿Es cierto que vas a ser padre?-preguntó una chica prácticamente metiéndome el micrófono por la boca.

-¿Te va la vida en ello? ¿Eres mi pareja para que eso te preocupe? ¿Tú eres la madre de mi hijo? No, a todo es no.-dije mirándola fijamente.-¿Por qué te interesa tanto mi vida? ¿Te puedo preguntar yo por la tuya?-la chica se quedó atónita.-¿Cual es tu condición sexual? ¿Te gusta ser pasiva o activa en la cama? ¿Es cierto que te has follado al cámara? ¿Es cierto que le eres infiel a tu novio de toda la vida con su hermana? ¿Estás embarazada? ¿Abortaste alguna vez? Responde.-la chica sólo se echó a llorar porque algo de todo aquello le afectó.-A nadie le gusta que mientan sobre su vida, que urgen en ella.-susurré bastante sereno.-Dejen de estar aquí en mi puerta si no es para preguntarme cuales son mis nuevos proyectos.-una nueva lluvia de flash cayó sobre mí.

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