20/8/09

Hola Marimacho II


El suelo que pisábamos con nuestras motos, que hacíamos que temblara ante ese arrollador influjo de prepotencia y celeridad, era obra de mi padre. Él había invertido y pedido crearlo. Era un lugar donde se hacían competiciones ilegales, pero no por ello poco seguras. Lo de ilegalidad venía a que no pertenecía a un campeonato. Era un lugar al que se accedía mediante unos pases y esos pases valían dinero, claro. El estadio era gratuito para mirar las competiciones, salvo las oficiales, pero no para rodar sobre la pista.

Iniciamos una persecución tan intensa que nuestro padre se quedó atrás. Estábamos compitiendo sin más, pero para mí había algo más que el orgullo en juego. No quería ser el segundo. Desde que ella apareció él solía hablar de su “nueva hija” y se despreocupaba de mí, como de Hero. Quería demostrarle que yo aún existía y que no era sólo un lastre del pasado con mi madre.

Estábamos igualados cuando me quise dar cuenta tomé mal una curva y casi caigo. Estar lejos de las pistas tanto tiempo me hacía fallar. Me mordí el labio cuando vi que ella me superaba y yo quedaba atrás. Odiaba perder, pero más contra ella. No le permití respirar ni un segundo. Pasamos por la línea de meta a menos de medio metro de diferencia, si embargo ella ganaba. Llegué segundos detrás que ella y la miré con arrogancia, esa arrogancia perteneciente de los Sakurai.

-La suerte del novato.-miré entonces hacia las gradas, ahí estaba Yue.

-¿Novato? ¡Venga ya!-dijo mientras Yue se apresuraba con aquellos taper.-Hagamos otra y así te dejo como mierda.

-¡Hizaki! ¡Te traje el almuerzo!-gritó bajando por las gradas hasta llegar a la pista.-La hice yo. Come todo, también traje para tu padre.-temía que me hiciera escena frente a mi hermana, a la cual a penas conocía y a mi padre.

-Esta es mi hermana.-él le dio un beso en la mejilla y sonrió aún más.

-Me alegra conocer a la hermana de mi Hiza.-eso me hizo chirriar los dientes.- ¿Qué?-si las miradas matasen, él estaría fusilado. Se llevó los dedos a los labios y agachó la mirada.-Aún no se lo dijiste... ¿eh?-no se lo dije ni quería decirlo. Él me estaba obligando en ese mismo instante.

-No, no tengo porqué decirle a mi padre con todo chico o chica que salgo.-agachó más la cabeza y yo se la levanté para que me mirara.-No quiero verte triste, pero comprende que no es fácil para mí...-me bajé de la moto y lo tomé del brazo de forma suave para hablar con él, quería decirle que no me presionara aún más de lo que ya hacía.- Miho, discúlpanos.

-Sí, yo voy a llamar a una persona.-dijo dirigiéndose donde estaba mi padre, al sol intentando disfrutar de las vistas de aquel santuario de la velocidad.

Nos fuimos tras las gradas, en un lugar que daba acceso a la pista. Me besó temblando abrazándose a mí, y yo pensé que se caía. Sus mejillas ardían y cuando miró hacia donde estaba mi padre se quedó pensativo.

-Preséntame... yo ya le dije a mi madre y a mis hermanos.-estaba por salir corriendo, yo ya le dije que no quería decirlo. Sabía que lo había contado a todo el mundo, mi madre se enteraría tarde o temprano y me metería en un lío bastante gordo.

-¿Por qué?-pregunté algo frío.

-Porque te amo y me ha costado, pero... cuando me besaste a escondidas y me dijiste que querías hacerme el amor...-no era amor, sino sexo, le había mentido para que se abriera de piernas. Sabía cuanto me quería, no tenía que repetírmelo para engatusarme y hacerme sentirme como un desgraciado.-Yo.-balbuceaba con una sonrisa en los labios, acariciaba mi pecho y ocultaba su rostro sonrojado.-Me vi fácil, me sentí fácil al decirte que sí.-se mordisqueó el labio mirándome a los ojos.-Pero era mi sueño. Eres un caballero, un caballero dulce.-lo estreché simplemente porque lo que decía me hacía sentir bien.-Me gustó tanto ser tuyo...me gusta ser tuyo.-sus mejillas ya eran completamente rojas.

-Te presentaré como pareja.-dije tirando de él para que me acompañara. Notaba como temblaba y respiraba algo agitado. Quizás pensaba que eso era un paso más para esa boda que soñaba. Yo no pensaba casarme con él, pero por mucho que le decía él seguía soñando.-Papá este es Yue, ya lo conoces.-mi padre lo escrutaba. Mi pareja se veía tan rojo y nervioso, creí que se tropezaría.-Y bueno salgo con él.

-Le prefiero a él, antes que a las golfas con las que a veces sales o al idiota ese.-eso fue un golpe bajo.

-Hice comida para usted y su…sus hijos.-balbuceó y suspiró.-Estoy algo nervioso.-se agarró a mí y me sonrió. Sus ojos brillaban, parecía ser muy feliz con ese pequeño reconocimiento.-Yo no pensaba verle, sólo iba a dejar el paquete y me iba.-miró a mi padre y mi padre se quedó pensativo.

-Me recuerdas a alguien.-susurró.

-¿Sí? espero que sea por algo bueno.-apoyó su cabeza sobre mi hombro y miró el cuaderno que tenía mi padre entre sus manos. No reconocí aquel objeto, supuse que sería de mi hermana.

-A mí también me recuerdas a alguien, alguien muy familiar.-Yue se sonrojó ante las palabras de mi hermana.

Miho miró a nuestro padre dando una gran calada al cigarrillo. Ella parecía corresponder a los pensamientos de mi padre, se veían compenetrados en ese instante. Entonces supuse que ese “alguien” era Yutaka.

-Debo de marcharme.-susurró acariciando mi pecho con una de sus manos, separándose al fin. Mi rostro era frío, tanto o más como el de mi madre, no tenía amor en mis ojos y simplemente incomodidad. Todo me hacía sentirme mal, por él y por mí, además me preocupaba.

-Cierto, debes de ir con tu hermano mayor al desguace.-le recordé mirándole fijamente. Los ojos que usaba para mirarle eran los de prepotencia que usaba mi padre. Él se estaba dando cuenta, mi padre no era idiota y seguro que había notado que no lo amaba. Yue no tenía que ir a ningún desguace, simplemente lo estaba echando de allí de forma educada. No estaba enamorado, sólo lo usaba para no estar solo y sentir la carga amarga de la soledad. Odiaba la soledad, me oprimía el alma y hacía nulos mis intentos de componer algo.-Donde vais a conseguir la pieza para el deportivo.-él asintió para luego besarme en la cara.

-Nos vemos otro día.-se giró y comenzó a marcharse dejando las pequeñas fiambreras. Su rostro estaba iluminado cuando se giró y abatió su mano para terminar de despedirse. Parecía una quinceañera, es decir, parecía una chica. Él se comportaba conmigo como si fuera mi novia, no mi novio. Creo que eso era lo que me repelía de él. Me gustaban los hombres masculinos o afeminados, no me importaba su aspecto o forma de ser, pero él me trataba como si yo no supiera valerme por mi mismo en cosas “para chicas”. Cuando hablo de cosas para chicas aclaro que es la comida, zurcirse un botón o simplemente saber hacerse la cama. Muchos hombres creen que eso es para mujeres, un gran error, y él era algo machista en ese sentido aunque creo que lo hacía sin mala intención.

-Espero que seas feliz con él Hizaki.-cuando dijo eso me tumbé a su lado. Me coloqué las gafas de sol, puse pose de no quiero saber nada sobre ese tema y quise dejar la mente en blanco.

-Tu novio es bastante mono.-añadió Miho esperando que aquel comentario me hiciera sentirme orgulloso o que tomé una gran decisión. Pero, lo único que hizo fue recordarme lo hijo de perra que era con él y lo poco feliz que era.

-No seré feliz.-dije con rapidez.-No le amo.-aclaré siendo sincero por primera vez en muchos meses.-y no es mi novio formal. Simplemente salgo con él.-me incorporé tomando uno de los tapers de comida que nos había preparado.

-Pues lo deberías de tomar como novio.-dijo mirándome fijamente.-Quizás si no lo haces y llega otro o por circunstancias no disfrutas de su compañía... luego te arrepientes, te duele, te escuece y al pasar los años queda ahí la espina. Nunca podrás quitártela, jamás.-no pensaba así. Yo disfrutaba de Yue, pero no lograba amarlo.

-Lo quiero, pero no lo amo, y no puedo ser novio así.-me encogí observando la comida que había preparado. Mi estómago se revolvía al pensar que lo preparó sólo para complacerme.

-El amor no surge de la noche a la mañana ni se va de un día para otro, date tiempo.-me sermoneó sobre el amor. Yo sabía lo que era el amor, pero por él era casi imposible. Era como si tuviera un enorme y gran repelente.

-El viejo tiene razón.-ella seguía fumando y mi padre casi la mata por llamarla viejo, se notaba en su expresión de anciano Yakuza sin remedio.-Puede que si lo ilusionas con algo que no va a pasar la tome contra ti.-me quité las gafas y mantuvimos un duelo de miradas.-Y después tendrás a un pasivo tratando de separarte de tu nueva pareja, todo por no haberle dejado las cosas claras desde un principio.-pensé que era una tontería, no lo tomé muy seriamente.

-Eso no tiene nada que ver.-replicó a mi hermana.-No creo que las cosas se dejen sin explicar, los hechos lo dicen todo.-a mi simplemente me crucificó con su mirada.-No juegues con él, lo quieres para olvidar y si no olvidas a la basura. No hagas eso.

-No quiero empezar nada tan pronto, hace nada decía estar enamorado de un hijo de puta. Ahora no quiero volver a enfocarme en una relación y él lo sabe.-lo dije con total seriedad, pero mentía. Él no sabía nada de eso, él se ilusionaba solo.

-En fin.-dije estirándome mientras movía el cuello de un lado a otro, miré a ambos quedando frente a ellos. Realmente se parecían. Eran padre e hija sin necesidad de pruebas de paternidad como yo tuve que hacer. Entendía bien a mi padre. En parte comprendía que quería conocer a su hija y que era necesario. Sin embargo, me sentía como el imbécil que no sabe hacer nada y ella era la señorita perfecta a pesar de su disfraz de dura.-Estas cosas de las relaciones no se me dan muy bien que digamos.-a ningún Sakurai se les daba bien ese tipo de cuestiones. Mi madre decía que éramos demasiado cabezotas, irracionales y celosos.- ¿Y bien? ¿Qué hacemos ahora?

-En fin, ahí tú sabrás, yo sólo te digo que no es bueno que lo ilusiones y que le mientas. A nadie nos gusta que nos hagan eso ¿verdad?-interrogó apagando el cigarrillo al arrojarlo al suelo para luego pisotearlo.


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