-Pero sería bonito.-susurró.
-No.-dije tajante y me di media vuelta.-Me voy a casa.
No escuché sus llantos, ni sus desplantes. Él no podía amargarme más de lo que ya estaba. Anne se había puesto en contacto conmigo, me había enviado por correo los análisis de cómo estaba ella y el bebé. Me veía padre y con un inútil sentimental atado a mí. Nada más llegar a casa tuve una conversación ardua con mi madre.
-El sábado es la fiesta.-dijo como si nada.
-Lo sé.-respondí dirigiéndome a la cocina para evitarla y tomar algo para comer.
-Quiero que te pongas uno de esos trajes blancos que tienes, algo luminoso, no quiero que seas la réplica de tu padre en un evento como ese.-se cruzó de brazos observándome de arriba hacia abajo.-E irás a la peluquería, no quiero que tengas ese corte de pelo de tan poca clase.
-Lo usa papá y según tú siempre tuvo bastante clase.-lo que le molestaba era que yo era la réplica viviente de alguien que la había dañado, pero no tenía culpa de tener los mismos gustos y genes. Saqué un poco de leche y comencé a beber del cartón.
-¡Hizaki!-me metió un grito que me provocó que escupiera parte de la leche y la mirara desconcertado.-¿Desde cuando has comenzado a tener tan pocos modales?
-¿Qué más da? Hay poca y pienso beberme lo que queda.-me quitó el cartón de las manos mientras replicaba y echó lo que quedaba en un vaso.
-Me da igual, como si son dos litros de leche o no llega a un sorbo.-sus ojos fríos se clavaban en los míos.-No pago un colegio caro para que mi hijo termine como cualquier adolescente de hoy en día. Quiero que tengas clase, estilo y sobretodo modales.
-¿Y eso me asegurará un trabajo? ¿No eran los estudios?-interrogué alzando una ceja.
-Eso también, pero lo uno casa con lo otro.-dijo extendiéndome el vaso.-Por favor Hizaki, quiero que seas un chico educado y que deslumbres a todas las chicas.-acarició mi rostro y por un momento vi algo en ella parecido al calor maternal.
-Por favor Clarissa no me agobies con tu clasismo de “esto” y “lo otro”. Ya sé comer con todos los tenedores, no eructo en la mesa y hace años que no me tienes que cambiar el pañal. Pero esta es mi casa, quiero comportarme como soy al menos un minuto.-no sé si la cara de sorpresa era por lo que decía o porque la llamé por su nombre.
-Es mi casa.-respondió.
-Es la de papá.-le recordé quien había comprado la casa, aunque la decoración la pagó ella.
-¡No seas insolente!-noté que la saqué de sus casillas.
-Tranquila madre, me comportaré como un hombre educado y un gran anfitrión.-dije girándome terminándome el vaso de leche.
-Si tuvieras esos modales conmigo también te lo agradecería.-susurró caminando hacia el salón, pude notar sus tacones machacar las losas y como cerró la puerta del despacho al subir por las escaleras de forma precipitada.
Me sentí un monstruo al tratarla de esa forma. Seguramente había hecho que recordara como la trató mi padre. Simplemente me giré y fui hacia la cocina. Como pude busqué todos los ingredientes para hacer galletas y cuando me di cuenta Clara estaba detrás.
-¿Qué intentas hacer?-interrogó y yo seguí amasando.
-Galletas para mamá.-respondí y ella me puso un trapo en la cabeza para que no cayeran cabellos a la masa.
-Deja, te ayudo.-susurró probando la masa y notando que estaba bastante bien.
Dos horas después todo estaba recogido y las galletas frías. Hice un café y subí hacia su despacho. Toqué a la puerta y terminé abriendo antes que ella me diera permiso.
-Te traje galletas.-ella estaba con la vista pegada al ordenador.
-Déjalas ahí Hizaki.-dijo sin mirarme.
-Las hice yo, son de sabor de canela.-murmuré y me miró con cierto asombro.-Te juro que están buenas.
-Veamos.-dijo estirando el brazo para tomar una de las galletas.-No está mal.-respondió tras saborearla.
-Lamento lo que dije antes.-incliné mi cabeza como un perro apaleado, pero realmente había hecho daño y no tenía razones para ello.
-Tan sólo espero que cuides tus modales, sólo quiero lo mejor para ti.-siempre le escuchaba esa frase, ya era como una coletilla.-Soy tu madre Hizaki, quiero que tengas lo mejor y que logres cosas mejores que las que yo o tu padre hemos conseguido.
-Pero yo me conformo con ser feliz.-suspiró al escucharme decir aquello.
-Deja las cosas aquí, ya las llevaré a la cocina.-me aparté dejándolo en un lado que no manchara ni entorpeciera su trabajo.-Y ponte a estudiar, tienes parciales en breve.
-Lo sé.-dije girándome para salir del despacho.
Mi hermano bajaba correteando por la escalera, tenía las manos manchadas con carboncillo al igual que la cara. Entró en el despacho de nuestra madre a grito de “Mira”. Antes hacía eso con mi padre, era su costumbre más preciada. Mi padre no paraba de elogiarlo por horas, luego le llevaba a dar una pequeña vuelta al parque y regresaban unidos como padre e hijo. Él no tenía ese apoyo, así que se veía forzado a buscar a nuestra madre a pesar de que con ella no era lo mismo. Supongo que yo al ser el mayor siempre tuve más atenciones, siempre estaba armando jaleo y él se sentaba en un rincón a observar todo. Hero no quería crecer, quería seguir siendo un niño y lo notaba perfectamente.
-No.-dije tajante y me di media vuelta.-Me voy a casa.
No escuché sus llantos, ni sus desplantes. Él no podía amargarme más de lo que ya estaba. Anne se había puesto en contacto conmigo, me había enviado por correo los análisis de cómo estaba ella y el bebé. Me veía padre y con un inútil sentimental atado a mí. Nada más llegar a casa tuve una conversación ardua con mi madre.
-El sábado es la fiesta.-dijo como si nada.
-Lo sé.-respondí dirigiéndome a la cocina para evitarla y tomar algo para comer.
-Quiero que te pongas uno de esos trajes blancos que tienes, algo luminoso, no quiero que seas la réplica de tu padre en un evento como ese.-se cruzó de brazos observándome de arriba hacia abajo.-E irás a la peluquería, no quiero que tengas ese corte de pelo de tan poca clase.
-Lo usa papá y según tú siempre tuvo bastante clase.-lo que le molestaba era que yo era la réplica viviente de alguien que la había dañado, pero no tenía culpa de tener los mismos gustos y genes. Saqué un poco de leche y comencé a beber del cartón.
-¡Hizaki!-me metió un grito que me provocó que escupiera parte de la leche y la mirara desconcertado.-¿Desde cuando has comenzado a tener tan pocos modales?
-¿Qué más da? Hay poca y pienso beberme lo que queda.-me quitó el cartón de las manos mientras replicaba y echó lo que quedaba en un vaso.
-Me da igual, como si son dos litros de leche o no llega a un sorbo.-sus ojos fríos se clavaban en los míos.-No pago un colegio caro para que mi hijo termine como cualquier adolescente de hoy en día. Quiero que tengas clase, estilo y sobretodo modales.
-¿Y eso me asegurará un trabajo? ¿No eran los estudios?-interrogué alzando una ceja.
-Eso también, pero lo uno casa con lo otro.-dijo extendiéndome el vaso.-Por favor Hizaki, quiero que seas un chico educado y que deslumbres a todas las chicas.-acarició mi rostro y por un momento vi algo en ella parecido al calor maternal.
-Por favor Clarissa no me agobies con tu clasismo de “esto” y “lo otro”. Ya sé comer con todos los tenedores, no eructo en la mesa y hace años que no me tienes que cambiar el pañal. Pero esta es mi casa, quiero comportarme como soy al menos un minuto.-no sé si la cara de sorpresa era por lo que decía o porque la llamé por su nombre.
-Es mi casa.-respondió.
-Es la de papá.-le recordé quien había comprado la casa, aunque la decoración la pagó ella.
-¡No seas insolente!-noté que la saqué de sus casillas.
-Tranquila madre, me comportaré como un hombre educado y un gran anfitrión.-dije girándome terminándome el vaso de leche.
-Si tuvieras esos modales conmigo también te lo agradecería.-susurró caminando hacia el salón, pude notar sus tacones machacar las losas y como cerró la puerta del despacho al subir por las escaleras de forma precipitada.
Me sentí un monstruo al tratarla de esa forma. Seguramente había hecho que recordara como la trató mi padre. Simplemente me giré y fui hacia la cocina. Como pude busqué todos los ingredientes para hacer galletas y cuando me di cuenta Clara estaba detrás.
-¿Qué intentas hacer?-interrogó y yo seguí amasando.
-Galletas para mamá.-respondí y ella me puso un trapo en la cabeza para que no cayeran cabellos a la masa.
-Deja, te ayudo.-susurró probando la masa y notando que estaba bastante bien.
Dos horas después todo estaba recogido y las galletas frías. Hice un café y subí hacia su despacho. Toqué a la puerta y terminé abriendo antes que ella me diera permiso.
-Te traje galletas.-ella estaba con la vista pegada al ordenador.
-Déjalas ahí Hizaki.-dijo sin mirarme.
-Las hice yo, son de sabor de canela.-murmuré y me miró con cierto asombro.-Te juro que están buenas.
-Veamos.-dijo estirando el brazo para tomar una de las galletas.-No está mal.-respondió tras saborearla.
-Lamento lo que dije antes.-incliné mi cabeza como un perro apaleado, pero realmente había hecho daño y no tenía razones para ello.
-Tan sólo espero que cuides tus modales, sólo quiero lo mejor para ti.-siempre le escuchaba esa frase, ya era como una coletilla.-Soy tu madre Hizaki, quiero que tengas lo mejor y que logres cosas mejores que las que yo o tu padre hemos conseguido.
-Pero yo me conformo con ser feliz.-suspiró al escucharme decir aquello.
-Deja las cosas aquí, ya las llevaré a la cocina.-me aparté dejándolo en un lado que no manchara ni entorpeciera su trabajo.-Y ponte a estudiar, tienes parciales en breve.
-Lo sé.-dije girándome para salir del despacho.
Mi hermano bajaba correteando por la escalera, tenía las manos manchadas con carboncillo al igual que la cara. Entró en el despacho de nuestra madre a grito de “Mira”. Antes hacía eso con mi padre, era su costumbre más preciada. Mi padre no paraba de elogiarlo por horas, luego le llevaba a dar una pequeña vuelta al parque y regresaban unidos como padre e hijo. Él no tenía ese apoyo, así que se veía forzado a buscar a nuestra madre a pesar de que con ella no era lo mismo. Supongo que yo al ser el mayor siempre tuve más atenciones, siempre estaba armando jaleo y él se sentaba en un rincón a observar todo. Hero no quería crecer, quería seguir siendo un niño y lo notaba perfectamente.
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