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Nada más abrir la puerta me abrazó, el alma volvió a mi cuerpo cuando vi su reacción. Se abrazó a mí pegándose a mi cuerpo sin importarle nada. Lo estreché entre mis brazos mientras notaba como se aferraba a mí.
-Zanahoria.-murmuré acariciando la mano que tenía libre.-Te traje un regalo.-dije mostrando aquel pequeña zanahoria que valía como pelota antiestrés, y el ramo de rosas.-¿Me echaste de menos?-pregunté besando su sien, controlándome.
-Nada más tantito.-dijo separándose de mí mientras me daba un beso en la mejilla.-Pasa.-susurró tomando el ramo de rosas.-Soy muy lindas.
Entró dentro de su apartamento sosteniendo las rosas mientras las olía. Parecía encantado con aquel ramo y el pequeño regalo.
-Voy a ponerlas en agua.-dijo metiéndose en la cocina mientras yo entraba en el apartamento. Observé como tomaba un pequeño jarrón para colocarlas con agua mientras sonreía.-Yo también te tengo un regalo.-comentó saliendo de la cocina para quedar frente a mí y correr a hacia su habitación.-Toma.-dijo ofreciéndome un pequeño maletín parecido a uno de viaje.
Observé como iba y venía con media sonrisa. Me quité el sombrero y me quedé con los ojos clavados en él cuando me entregó el regalo, yo simplemente lo tomé por la cintura y lo besé dejándome llevar.
-Voy a tener que estar más tiempo lejos de ti para que me eches de menos.-susurré tomando el regalo que me ofrecía. Abrí el maletín y sonreí aún más. Eran muestras de colonias, cremas para después del afeitado, además de otras pequeñas lociones-Esto lo usaré únicamente para ti ¿lo sabes?
-No seas tonto Hiza.-dijo reclamándome lo que había dicho.-Todo mundo te olerá... es un aroma que creo te sentara perfecto, pero lo tienes que dejar para ocasiones especiales.-se apartó de mí para tomar el florero y juguetear con los pétalos de las rosas. Su rostro estaba algo sonrojado y eso siempre le daba un aspecto especialmente dulce.-¿Y donde iremos?-preguntó.-No sabía bien que ponerme y seguro que soy un desastre.-se encogió de hombros.
-Me debes un baile.-dije alzando su rostro al tomarlo del mentón.-¿No crees que es hora que me concedas el honor?.-me puse el sombrero, dejé el regalo en el suelo, y lo tomé por la cintura.-Vamos a la discoteca, a una sala privada, donde podamos tomar algo y bailar... después si quieres vamos a la sala normal.-me aparté de él.-Además, estás atractivo.-
-Yo pensé que querrías hacerlo aquí.-dijo carcajeándose y su rostro se iluminó una vez más.-Tu regalo no lo olvides.-lo tomó del suelo para dármelo de nuevo.-Pensaré que no te ha gustado.-hizo cara de puchero mientras tomaba las llaves de su apartamento y las llaves que estaba en la mesa de la entrada.-¿Nos vamos entonces?-preguntó sonriéndome para luego girarse hacia el espejo colocándose el cabello.
-Deja de mirarte, no hace falta ni que te arregles.-susurré tomándolo por la cintura.-Siendo tú, sin nada más, me gusta más que bien arreglado.-me aparté y tomé su mano para que me siguiera hasta el coche.-Anda vamos, la noche es nuestra.-había pedido una botella de champaña en la sala y también música que a él pudiera gustarle. Era un privado donde cabíamos unos diez, pero sólo estaríamos los dos, luego iríamos a la planta baja donde estarían mis amigos, se los presentaría de forma adecuada.
-Mentiroso.-siguió acomodándose el cabello para luego caminar a mi lado. Entrelazó sus dedos con los míos comenzando a decirme todo lo que había progresado en el viaje. Lo hizo subidos en ese estrecho ascensor y yo simplemente quería estrecharlo entre mis brazos.
Le escuchaba aunque no podía concentrarme con el reflejo de sus nalgas en el espejo. Daban ganas de agarrarlas, aunque yo simplemente sonreía como si escuchara.
Nos montamos en el coche, por supuesto para subirse le abrí la puerta y ayudé. Siempre me gustaba ser caballeroso con él a pesar que éramos ambos hombres. Tenía una imagen frágil, como de damisela en apuros, que me gustaba y quería preservar. No tardamos demasiado en llegar. Mientras estábamos en el coche tan sólo nos dejábamos guiar por la música, quería darle la sorpresa de encontrarse esa pequeña sala privada preparada para él y para mí. En menos de viente minutos estábamos en la puerta del local.
Fangoria era una discoteca exclusiva y extraña. Además de discoteca era sala de fiestas, se podía alquilar todo el local para una fiesta privada y montar un desmadre impresionante. También había conciertos pequeños, shows eróticos en verano en las noches de los domingos y una sensación de libertad increíble en la decoración de todo el lugar. No importaba si eras heterosexual, homosexual, bisexual o transexual... ibas allí a relacionarte sin importar estigmas, tabúes o estúpidos convencionalismos. Era el lugar ideal para redescubrirse y divertirse solo o en compañía.
Fuimos directos hacia el mostrador donde se podían dejar los abrigos y los bolsos. También allí daban las llaves de las salas privadas. Pedí mi sala, la había perdido horas antes y tuve suerte. Después de cruzar una pista de baile frenético, esquivar vasos de margaritas o ron con hielo, llegamos a la parte superior subiendo por unas escaleras decoradas a lo Warhol. Subimos a la sala y la abrimos, al entrar y cerrar la puerta únicamente se escuchaban nuestros pasos. Al fondo había una cadena de música, se podía poner de hilo musical los cds que había pedido.
-Pon la música que quieras... bailaré contigo lo que desees.-dije quedándome de pie frente a él.
-¿Esperamos a alguien más?-interrogó acercándose a mí, para luego ir hacia la botella.-Qué te parece si brindamos?-comentó dándome la bebida para que la descorchara mientras él levantaba las copas.-Por verte después de tantos días.
-Yo mejor brindaría por el labio roto pero mi billetera llena.-comenté con una sonrisa.-Nadie daba un duro por mí, pero fíjate que conseguí batirlo.-sonreí abriendo la botella con facilidad y vertí un poco en cada copa.-¿Por nosotros?
-Por nosotros y porque ese labio no tarde en sanar.-dijo pasando uno de sus finos dedos sobre mi herida. Tomó entonces la copa llena para darle un sorbo.-¿Tú pondrás la música?-interrogó.-Porque lo dejo a tu elección.
-¿Seguro?-pregunté tras dar un sorbo y sonreír con cierto descaro.-Podría bailar cualquier cosa, desde tango hasta danza clásica.-me quité la chaqueta tras dejar la copa en la mesilla auxiliar, para luego ir y poner algo lento. Una melodía bastante tranquila.-Empecemos con algo lento, después iremos acelerando el ritmo. Pienso cobrarme los pucheros y desplantes que me has hecho días atrás.-fui hasta él y lo tomé por la cintura.-No puedes negarte.
Pasó sus brazos alrededor de mi cuello, mientras sacudía su cabeza con una leve sonrisa en sus labios.
-¿Yo soy el que hizo desplantes?-preguntó con cierto asombro en su rostro.-¿Estás seguro Mr el-teléfono-que-usted-intenta-contactar-esta-fuera-del-área-de-servicio?-reí bajo al escuchar aquello, pero simplemente pensé que era lo mejor.-La verdad Hiza.-interrogó mirándome a los ojos mientras levantaba el rostro por la diferencia de estaturas.-¿Qué hice para que te enojaras conmigo?-parecía un cachorro desvalido y eso me enternecía.
-Tú no me necesitas.-dije moviéndolo lentamente.-Me quedó claro aquella noche.-dije con una sonrisa amarga.-Me centré en la lucha para conseguir dinero y no pensar.-acaricié su cintura levemente y después su rostro.-Pero... no he podido dejar de pensar en ti. Jamás te voy a tener, debo de alejarme de ti, pero quiero disfrutar de esta noche.
-¡No Hizaki!-dijo asustado pegándose a mí, aferrándose a mi pecho como una lapa.-¡No te puedes alejar, no puedes dejarme solo!-recargó su cabeza en mi pecho y yo simplemente acaricié sus cabellos con lentitud.-Yo si te necesito.-balbuceó.-Tú eres quien me hace reír, quien hace que todo se olvide.-se aferró un poco más y mi brazo rodeó bien su cintura.-No te importa que sea tan torpe, tan como yo.-susurró.-A ti te gusta como soy yo, con todas las idioteces que hago.-lo observaba y lo escuchaba, si bien tenía que hacer lo que había dicho.-¡Por favor Hiza no me vuelvas a dejar solo!
-Pero no puedo estar a tu lado sin desear tenerte.-dije tomándole el rostro entre mis manos.-Tan sólo te hago daño, intento no ilusionarme pero soy incapaz... te necesito.-murmuré besando su frente mientras lo abrazaba pegándolo bien a mí.-Debo de alejarme para poder volver a tu lado... sin desear tocarte.
-Hiza... yo no quiero que te alejes.-recargó su cabeza sobre mi torso, podía mirar su perfil y sus ojos eran la expresión de la tortura.-Puedes hacer lo que tú quieras.-se abrazó más a mí temblequeando.
-Tan sólo quiero amarte.-dije tomándole mejor de la cintura mientras subía mis manos bajo la tela de su camisa.-Oly.-susurré antes de besarle lentamente hasta volverlo un beso pasional. Uno de esos que solía dejar sin aliento a mis antiguos amantes, al alejarme lo observé un instante.-No, no puedo.-dije apartándome.-Quiero que sea algo que desees, no quiero que hagas nada conmigo sólo porque yo quiera. Yo no soy así Oly... quiero que ante todo disfrutes tú y no yo.
-Entonces no te gusto tanto.-murmuró despacio con los ojos cargados en lágrimas que parecían no querer surgir.-Venga Hiza.-susurró.-Dijiste que bailaríamos.-me tomó de las manos mientras empezaba a sonar una música más rítmica.
-No es eso.-dije acariciando su cintura.-Si me gustas.-besé de nuevo sus labios, pero de forma rápida.-No quiero que sea así, simplemente eso.-me movía al ritmo de la música hasta que la paré y le miré fijamente.-Quiero que me escuches atentamente, no quiero que me bajes la mirada.-alcé su mentón e hice que me viera bien los ojos.-Te amo, no sólo me gustas, y por ello no voy a sacar provecho de algo que me ofreces por puro miedo.-coloqué de nuevo las manos en su cintura y besé su frente, para luego abrazarlo.-Cuando sientas lo mismo, si algún día lo haces, y estés preparado... sucederá lo que tenga que suceder. No es porque no me gustes... es simplemente que eso que me pides lo haría alguien sin honor, y yo tengo demasiado.
-Zanahoria.-murmuré acariciando la mano que tenía libre.-Te traje un regalo.-dije mostrando aquel pequeña zanahoria que valía como pelota antiestrés, y el ramo de rosas.-¿Me echaste de menos?-pregunté besando su sien, controlándome.
-Nada más tantito.-dijo separándose de mí mientras me daba un beso en la mejilla.-Pasa.-susurró tomando el ramo de rosas.-Soy muy lindas.
Entró dentro de su apartamento sosteniendo las rosas mientras las olía. Parecía encantado con aquel ramo y el pequeño regalo.
-Voy a ponerlas en agua.-dijo metiéndose en la cocina mientras yo entraba en el apartamento. Observé como tomaba un pequeño jarrón para colocarlas con agua mientras sonreía.-Yo también te tengo un regalo.-comentó saliendo de la cocina para quedar frente a mí y correr a hacia su habitación.-Toma.-dijo ofreciéndome un pequeño maletín parecido a uno de viaje.
Observé como iba y venía con media sonrisa. Me quité el sombrero y me quedé con los ojos clavados en él cuando me entregó el regalo, yo simplemente lo tomé por la cintura y lo besé dejándome llevar.
-Voy a tener que estar más tiempo lejos de ti para que me eches de menos.-susurré tomando el regalo que me ofrecía. Abrí el maletín y sonreí aún más. Eran muestras de colonias, cremas para después del afeitado, además de otras pequeñas lociones-Esto lo usaré únicamente para ti ¿lo sabes?
-No seas tonto Hiza.-dijo reclamándome lo que había dicho.-Todo mundo te olerá... es un aroma que creo te sentara perfecto, pero lo tienes que dejar para ocasiones especiales.-se apartó de mí para tomar el florero y juguetear con los pétalos de las rosas. Su rostro estaba algo sonrojado y eso siempre le daba un aspecto especialmente dulce.-¿Y donde iremos?-preguntó.-No sabía bien que ponerme y seguro que soy un desastre.-se encogió de hombros.
-Me debes un baile.-dije alzando su rostro al tomarlo del mentón.-¿No crees que es hora que me concedas el honor?.-me puse el sombrero, dejé el regalo en el suelo, y lo tomé por la cintura.-Vamos a la discoteca, a una sala privada, donde podamos tomar algo y bailar... después si quieres vamos a la sala normal.-me aparté de él.-Además, estás atractivo.-
-Yo pensé que querrías hacerlo aquí.-dijo carcajeándose y su rostro se iluminó una vez más.-Tu regalo no lo olvides.-lo tomó del suelo para dármelo de nuevo.-Pensaré que no te ha gustado.-hizo cara de puchero mientras tomaba las llaves de su apartamento y las llaves que estaba en la mesa de la entrada.-¿Nos vamos entonces?-preguntó sonriéndome para luego girarse hacia el espejo colocándose el cabello.
-Deja de mirarte, no hace falta ni que te arregles.-susurré tomándolo por la cintura.-Siendo tú, sin nada más, me gusta más que bien arreglado.-me aparté y tomé su mano para que me siguiera hasta el coche.-Anda vamos, la noche es nuestra.-había pedido una botella de champaña en la sala y también música que a él pudiera gustarle. Era un privado donde cabíamos unos diez, pero sólo estaríamos los dos, luego iríamos a la planta baja donde estarían mis amigos, se los presentaría de forma adecuada.
-Mentiroso.-siguió acomodándose el cabello para luego caminar a mi lado. Entrelazó sus dedos con los míos comenzando a decirme todo lo que había progresado en el viaje. Lo hizo subidos en ese estrecho ascensor y yo simplemente quería estrecharlo entre mis brazos.
Le escuchaba aunque no podía concentrarme con el reflejo de sus nalgas en el espejo. Daban ganas de agarrarlas, aunque yo simplemente sonreía como si escuchara.
Nos montamos en el coche, por supuesto para subirse le abrí la puerta y ayudé. Siempre me gustaba ser caballeroso con él a pesar que éramos ambos hombres. Tenía una imagen frágil, como de damisela en apuros, que me gustaba y quería preservar. No tardamos demasiado en llegar. Mientras estábamos en el coche tan sólo nos dejábamos guiar por la música, quería darle la sorpresa de encontrarse esa pequeña sala privada preparada para él y para mí. En menos de viente minutos estábamos en la puerta del local.
Fangoria era una discoteca exclusiva y extraña. Además de discoteca era sala de fiestas, se podía alquilar todo el local para una fiesta privada y montar un desmadre impresionante. También había conciertos pequeños, shows eróticos en verano en las noches de los domingos y una sensación de libertad increíble en la decoración de todo el lugar. No importaba si eras heterosexual, homosexual, bisexual o transexual... ibas allí a relacionarte sin importar estigmas, tabúes o estúpidos convencionalismos. Era el lugar ideal para redescubrirse y divertirse solo o en compañía.
Fuimos directos hacia el mostrador donde se podían dejar los abrigos y los bolsos. También allí daban las llaves de las salas privadas. Pedí mi sala, la había perdido horas antes y tuve suerte. Después de cruzar una pista de baile frenético, esquivar vasos de margaritas o ron con hielo, llegamos a la parte superior subiendo por unas escaleras decoradas a lo Warhol. Subimos a la sala y la abrimos, al entrar y cerrar la puerta únicamente se escuchaban nuestros pasos. Al fondo había una cadena de música, se podía poner de hilo musical los cds que había pedido.
-Pon la música que quieras... bailaré contigo lo que desees.-dije quedándome de pie frente a él.
-¿Esperamos a alguien más?-interrogó acercándose a mí, para luego ir hacia la botella.-Qué te parece si brindamos?-comentó dándome la bebida para que la descorchara mientras él levantaba las copas.-Por verte después de tantos días.
-Yo mejor brindaría por el labio roto pero mi billetera llena.-comenté con una sonrisa.-Nadie daba un duro por mí, pero fíjate que conseguí batirlo.-sonreí abriendo la botella con facilidad y vertí un poco en cada copa.-¿Por nosotros?
-Por nosotros y porque ese labio no tarde en sanar.-dijo pasando uno de sus finos dedos sobre mi herida. Tomó entonces la copa llena para darle un sorbo.-¿Tú pondrás la música?-interrogó.-Porque lo dejo a tu elección.
-¿Seguro?-pregunté tras dar un sorbo y sonreír con cierto descaro.-Podría bailar cualquier cosa, desde tango hasta danza clásica.-me quité la chaqueta tras dejar la copa en la mesilla auxiliar, para luego ir y poner algo lento. Una melodía bastante tranquila.-Empecemos con algo lento, después iremos acelerando el ritmo. Pienso cobrarme los pucheros y desplantes que me has hecho días atrás.-fui hasta él y lo tomé por la cintura.-No puedes negarte.
Pasó sus brazos alrededor de mi cuello, mientras sacudía su cabeza con una leve sonrisa en sus labios.
-¿Yo soy el que hizo desplantes?-preguntó con cierto asombro en su rostro.-¿Estás seguro Mr el-teléfono-que-usted-intenta-contactar-esta-fuera-del-área-de-servicio?-reí bajo al escuchar aquello, pero simplemente pensé que era lo mejor.-La verdad Hiza.-interrogó mirándome a los ojos mientras levantaba el rostro por la diferencia de estaturas.-¿Qué hice para que te enojaras conmigo?-parecía un cachorro desvalido y eso me enternecía.
-Tú no me necesitas.-dije moviéndolo lentamente.-Me quedó claro aquella noche.-dije con una sonrisa amarga.-Me centré en la lucha para conseguir dinero y no pensar.-acaricié su cintura levemente y después su rostro.-Pero... no he podido dejar de pensar en ti. Jamás te voy a tener, debo de alejarme de ti, pero quiero disfrutar de esta noche.
-¡No Hizaki!-dijo asustado pegándose a mí, aferrándose a mi pecho como una lapa.-¡No te puedes alejar, no puedes dejarme solo!-recargó su cabeza en mi pecho y yo simplemente acaricié sus cabellos con lentitud.-Yo si te necesito.-balbuceó.-Tú eres quien me hace reír, quien hace que todo se olvide.-se aferró un poco más y mi brazo rodeó bien su cintura.-No te importa que sea tan torpe, tan como yo.-susurró.-A ti te gusta como soy yo, con todas las idioteces que hago.-lo observaba y lo escuchaba, si bien tenía que hacer lo que había dicho.-¡Por favor Hiza no me vuelvas a dejar solo!
-Pero no puedo estar a tu lado sin desear tenerte.-dije tomándole el rostro entre mis manos.-Tan sólo te hago daño, intento no ilusionarme pero soy incapaz... te necesito.-murmuré besando su frente mientras lo abrazaba pegándolo bien a mí.-Debo de alejarme para poder volver a tu lado... sin desear tocarte.
-Hiza... yo no quiero que te alejes.-recargó su cabeza sobre mi torso, podía mirar su perfil y sus ojos eran la expresión de la tortura.-Puedes hacer lo que tú quieras.-se abrazó más a mí temblequeando.
-Tan sólo quiero amarte.-dije tomándole mejor de la cintura mientras subía mis manos bajo la tela de su camisa.-Oly.-susurré antes de besarle lentamente hasta volverlo un beso pasional. Uno de esos que solía dejar sin aliento a mis antiguos amantes, al alejarme lo observé un instante.-No, no puedo.-dije apartándome.-Quiero que sea algo que desees, no quiero que hagas nada conmigo sólo porque yo quiera. Yo no soy así Oly... quiero que ante todo disfrutes tú y no yo.
-Entonces no te gusto tanto.-murmuró despacio con los ojos cargados en lágrimas que parecían no querer surgir.-Venga Hiza.-susurró.-Dijiste que bailaríamos.-me tomó de las manos mientras empezaba a sonar una música más rítmica.
-No es eso.-dije acariciando su cintura.-Si me gustas.-besé de nuevo sus labios, pero de forma rápida.-No quiero que sea así, simplemente eso.-me movía al ritmo de la música hasta que la paré y le miré fijamente.-Quiero que me escuches atentamente, no quiero que me bajes la mirada.-alcé su mentón e hice que me viera bien los ojos.-Te amo, no sólo me gustas, y por ello no voy a sacar provecho de algo que me ofreces por puro miedo.-coloqué de nuevo las manos en su cintura y besé su frente, para luego abrazarlo.-Cuando sientas lo mismo, si algún día lo haces, y estés preparado... sucederá lo que tenga que suceder. No es porque no me gustes... es simplemente que eso que me pides lo haría alguien sin honor, y yo tengo demasiado.
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